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Envar El
Kadre: "Rebeldía ante la injusticia"
Envar "Cacho" El
Kadre
(1941-1998) fue uno de los símbolos de la militancia popular desde antes de los 60. Fundador de la Juventud Peronista, participó activamente de lo que se conoció como la Resistencia Peronista, siendo uno de los primeros en llevar a cabo la lucha armada en nuestro país.
Nació en Río Cuarto un 1º de mayo de 1941. Tuvo su infancia feliz durante los gobiernos de Perón, y al poco tiempo de ser éste derrocado por la Revolución Libertadora comenzó su militancia. Los bombardeos a la Plaza de Mayo, los fusilamientos de José León Suárez y la proscripción del peronismo fueron acontecimientos que lo marcaron a fuego.
Apenas salido de la adolescencia, junto a un puñado de compañeros fundó la Juventud Peronista. Al principio, las acciones que llevaban a cabo consistían en juntarse en la calle Florida y colgar algún retrato de Perón y de Evita, y desafiando al decreto-ley 4161 que prohibía a ambos nombrarlos en público gritaban consignas en su favor y cantaban la marcha peronista.
Más adelante se organizaron en todo el país en el Movimiento de la Juventud Peronista, que luego originaría a las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), intentando en 1968 realizar un foco guerrillero en Tucumán, que no se pudo concretar al ser descubiertos por el ejército siendo encarcelados.
Fue preso político entre los años 60-63, 68-73 y exiliado a partir del 75 en Francia, desde donde denunció internacionalmente los crímenes de la dictadura militar. Con el retorno de la democracia se dedicó a temas culturales, adoptando como oficios la producción cinematográfica y la dirección de un sello discográfico, pero siempre intentando aportar a la reconstrucción del movimiento nacional y popular.
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Sus obsesiones fueron el recuerdo de los compañeros caídos y la voluntad de configurar la memoria histórica de nuestro pueblo, en ese sentido su aporte a través de charlas y encuentros (sobre todo con los jóvenes), sea en barrios, universidades o actos en todo el país, fue invalorable.
No se calzaba el traje de militante para hablar en un acto o tener una discusión política, la militancia de Cacho era la vida misma. Siempre decía que para luchar no se necesitaba "leer algún manual" ni que la revolución se hacía "con escuadras o tiralíneas", sabía que bastaba identificarse con la lucha del pueblo y que sólo "hay que sentir como propia cualquier injusticia que se cometa contra cualquiera en cualquier parte del mundo", haciendo suya con total autoridad la frase del Che Guevara. No dividía a las personas de acuerdo a su carácter ideológico o partidario: "Las personas se dividen en buenas o malas personas", con humildad y con todas esas premisas buscó hasta el final "cavar la propia trinchera donde luchar".
Como muestra del significado que tiene para el movimiento popular, hay que decir que al día siguiente de su muerte en paredones de Buenos Aires, al lado de consignas partidarias, se podía leer: "Aguante Cacho El
Kadre", que en Rosario se constituyó el Centro de Estudios para la Transformación Social "Envar El
Kadre", compañeros suyos de capital se agruparon bajo su nombre, en la plaza del barrio de toda su vida una plaqueta lo recuerda, y algunas zonas del conurbano la corriente de desocupados Envar El
Kadre lo homenajea cotidianamente entre piquetes y cortes de ruta. Su nombre ya es bandera.
El 19 de julio del 98 ese corazón grande que tenía le dijo basta, tenía 57 años cargados de lucha, solidaridad y ternura. Al día siguiente cientos de familiares y compañeros lo lloraron y despidieron; era el día del amigo. Sus restos descansan en el cementerio islámico con tierra que él mismo había traído del Líbano, el lugar de sus antepasados. Su memoria está siempre presente.
Javier Torres Molina
Artículo publicado en Tintas del Sur nº 4, revista de la agrupación Galpón Sur, integrante de la COPA
[Nota: La grafía correcta del apellido de Envar es "Kadre", pero erróneamente se ha difundido y generalizado "Kadri"]
Entrevista realizada en agosto de 1996
¿Cuales fueron las principales motivaciones que tuviste vos y tu generación para participar activamente en la política?
Creo que la primera de todas es un profundo sentido de rebeldía ante la injusticia. Habíamos visto como el gobierno constitucional de Perón era derribado por un grupo que se arrogaba la representación de todo el pueblo argentino, y que como sabían que por el lado de las urnas no podían vencer al peronismo de aquella época, decidieron dar un golpe salvaje. Esto nos movió mucho internamente ¿Cuál era nuestro sentido? ¿Qué debíamos hacer? ¿Quedarnos en nuestras casas y aceptar pasivamente eso que estaba ocurriendo?. Entonces muchos jóvenes de mi época decidimos que no, que había que levantar las banderas de nuestros ideales, que no podíamos admitir que hubiera ciudadanos de primera que eran los "democráticos", y ciudadanos de segunda que éramos los peronistas
Entonces dijimos que esto no nos deja otro camino, otra forma de participación que el de la lucha, y ahí fue cuando nos organizamos ya por los años 57, 58 en los primeros comandos de la Juventud Peronista.
¿Que hechos concretos realizaban?
Era más bien ganar la calle y hacer actos de presencia, lo que después de llamaría agitación.
Nosotros no conocíamos esos nombres, lo hacíamos empíricamente, un poco inorgánicos, como una forma de decir "aquí estamos".
¿Como evoluciona en ustedes la idea de la lucha armada?
Brevemente te diré que es el método de la prueba y cada prueba que hacés vas fracasando entonces vas pasando a otro método. El primero fue de agitación. El segundo fue el de acompañar como grupo de civiles a los intentos de golpes de militares llamados peronistas; nosotros decíamos "así como a Perón lo derribaron por medio de una conspiración y con elementos civiles que lo apoyaron, si nosotros tenemos militares peronistas que dan un golpe, hacen una conspiración, sublevan las tropas y nosotros apoyamos, va a ser posible que Perón vuelva". Varias veces nos convocaron y se reunían y se preparaban los planes, que eran planes de papel nomás, porque en la práctica... Perón anunció que volvía al país para colaborar a la unión nacional, nosotros decíamos: "general no lo van a dejar venir, es imposible" yo había estado con Perón en octubre del 63, entonces como venía con todas las ideas de la revolución y que teníamos que organizarnos, Perón dijo: "Yo vuelvo como prenda de unidad y paz entre todos los argentinos y voy a anunciar públicamente que el año 64 va a ser el año del retorno. Si este gobierno, que dice ser democrático no me permite el retorno entonces quedará abierto el camino de la violencia", finalmente Perón tomó un avión a Río de Janeiro, los militares brasileños lo detuvieron a pedido del canciller argentino y lo mandaron de vuelta para allá, nosotros a partir de esa fecha quedamos en libertad de acción y dijimos que algo vamos a hacer, no es posible que siga el peronismo proscripto. En el año 66 quedó abierta la vía de la lucha armada por todos los medios, los militares prometen gobernar por veinte años, prometen ser los reorganizadores del país, van a ser una nueva república y van a ser un voto calificado ¿por qué?
¿nosotros que somos?, y otra vez, con ese gobierno militar de Onganía la variante de ajuste pasaban a ser los trabajadores, otra vez la misma excusa de que había una necesidad de cerrar los ingenios que eran estatales, que había que privatizarlos, había que echar a la gente a la calle, entonces allí hubo para nosotros un punto de inflexión y ahí fue donde decidimos organizarnos para la lucha armada, una parte rural otra parte urbana, y enfrentar a los militares en el único terreno que ellos nos dejaban, que era el de la lucha armada.
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COMUNICADO FUERZAS
ARMADAS PERONISTAS (FAP) 1973 |
¿Qué fue Taco Ralo?
Taco Ralo fue parte de esa experiencia, los compañeros del Movimiento de la Juventud Peronista de todo el país, éramos los más concientizados o más convencidos de que éste era el único camino, no por haberlo leído, sino por experiencia propia de vivir nuestra historia, de sufrir nuestra propia historia contemporánea. Nos organizamos, un grupo iba a preparar un campamento en la zona de Tucumán, previamente se instalaban en un lugar para aclimatarse y para prepararse físicamente, una vez que estuviera completado el adiestramiento, la capacitación y la preparación física pensábamos dirigirnos a la zona de El Cochuna, en los montes tucumanos, para iniciar esta presencia guerrillera y simultáneamente con eso en las ciudades iban a aparecer los destacamentos, que se iban a llamar Destacamentos Descamisados Eva Perón, para hacer acciones espectaculares, propaganda armada y con todo eso pensábamos que íbamos a movilizar y arrastrar a todo el peronismo y a toda la gente, lo cual de alguna manera fue así aunque no bajo nuestra dirección, sino que se dio en una forma más espontánea, más generalizada, con la aparición de otras organizaciones peronistas y no peronistas.
¿ Lo de Taco Ralo, lo tomaron como un fracaso?
Desde el punto de vista de lo que fuimos a hacer fue un fracaso, no hay que tenerle miedo a las palabras, para nosotros fue como un mazazo, de esos que te dejan drogui. Después vino el reconocimientos de toda la gente, se hizo un plenario, el mayor Alberte que era delegado de Perón en esa época sacó un comunicado diciendo que era mentira que éramos comunistas y queríamos suplantar la bandera argentina por el trapo rojo como decía el gobierno; y eso nos reconfortó, hubo una repercusión de ese fracaso. Uno con el fracaso puede hacer una novela de llorar y estar lamentándose toda la vida, o puede convertirla en una campana de largada de algo, en nuestro caso de inmediato la solidaridad de la gente, el hecho de que nos reconocieran como militantes, el hecho de que no hubiera ninguna duda de que todo lo que habíamos hecho estaba en función de la lucha y la revolución hizo que nos sintiéramos reconfortados. La cárcel fue en ese sentido una especie de beca, una beca para aprender, estudiar, estar cada vez más convencidos de que teníamos razón, Perón también nos hizo llegar una hermosa carta de solidaridad en el año 69, todo eso nos llevaba a nosotros a sentirnos como parte del movimiento que se puso en marcha. De manera que fue un fracaso pero fue como una campana de despertar y de ponerle frente al hecho consumado, concreto, que un grupo de jóvenes argentinos sin ayuda de nadie, sin apoyo exterior, sin el oro de Moscú o la plata de Cuba, había tomado la decisión de llevar adelante una lucha revolucionaria y la habían empezado a hacer, no se habían quedado en un palabrerío, por supuesto que estaban dadas las condiciones objetivas y subjetivas, había una dictadura, se habían anulado todas las actividades políticas, se había intervenido a la universidad, no es que nosotros un día nos despertamos como rebeldes o violentos y decidimos cambiar el mundo, sino que veníamos de esa larga militancia a pesar de nuestra juventud y de haber sido contemporáneos de todo ese proceso de ataque a los valores de la soberanía popular, de la democracia y conquista de los trabajadores.
¿Qué impresión tuviste cuando saliste en libertad en el '73?
La verdad que muy buena. Había un ascenso tan grande de las movilizaciones populares y de la lucha armada que parecía que estábamos al borde de la revolución.
Esta idea del borde de la revolución es buena, porque también uno puede estar al borde del precipicio, estábamos al borde y confundimos ese gran apoyo y esa gran participación popular en todo el movimiento que sirvió de resistencia a la dictadura y que la acorraló y la obligó a dar elecciones y permitir que participara el peronismo y que Cámpora ganara en la primera vuelta. Esa fue una gran confusión de creer que todo el gran apoyo que había al movimiento de revuelta y resistencia a las dictaduras de Onganía, Levigston y Lanusse era un apoyo directo a los postulados de cada organización, llámese Montoneros, ERP, FAP o FAR que ya tenían, por un mecanismo interno de ideologización otros objetivos, que no eran solamente el retorno de Perón por ejemplo como el caso nuestro, sino que también eran el retorno de Perón, la toma del poder, la patria socialista, la construcción del socialismo nacional, la expropiación a la oligarquía, un cambio realmente revolucionario, prácticamente era como si el que hubiera tomado el poder hubiera sido el pueblo en armas, cuando en realidad era una retirada del gobierno militar con condicionamientos, que igual Cámpora no aceptó ninguno, pero que estaban allí intactas, no eran que habían sido derrotadas y diezmadas en una batalla, están los tipos acumulando bronca que después iban a desatar en 1976, aún antes con el apoyo que le daban a la Triple A y todos los grupos paramilitares que salieron a matar a los compañeros.
¿ Fue un revés de esas organizaciones o del pueblo que no quiso hacer suyas esas reivindicaciones?
Los pueblos en ese sentido tienen tiempos diferentes a los de la organizaciones. Las organizaciones que están conformadas por hombres de carne y hueso que tienen una vida concreta, muchos habían muerto, habían dado su vida en aquellas batallas, termina uno creyendo que todo se mide con la corta vida de uno, que el cambio tenía que hacerse ahí, en ese momento, en esa hora, en esa encrucijada histórica. La revolución es un proceso lento, es un proceso de acumulación, ese proceso de acumulación las organizaciones lo apresuraron, creyendo que porque movilizaban 50 mil personas en una manifestación ya era suficiente para vencer la estructura del estado capitalista demoliberal-burgués e instaurar este gobierno revolucionario que por supuesto iba a ser conducido por los dirigentes de esas organizaciones. En el fondo se trataba de imponer la voluntad de esas organizaciones, no había un plan de convocar a todo el pueblo.
En nuestro país se creía que porque se leía un manual de marxismo-leninismo ya se estaba en condiciones de saber como se tomaba el poder o se manejaba un país y ya todos éramos economistas o ministros. Creo que en ese momento la gente quería un respiro, veníamos de ocho años de dictadura, la gente quería mejorar su situación. La revolución se mide también por reformas que se van acumulando hasta un punto que esas reformas son tantas que más que reformas es una revolución.
Quisimos forzar los tiempos de la historia, no fuimos capaces de ver que los pueblos tienen otros tiempos, y había que haber respetado esos tiempos. La gente entre el tiempo y la sangre elige el tiempo, dice que no vamos a sacrificar lo poco que tenemos, consolidémoslo. No es tan lineal todo, porque hubo muchos grupos que trataron de parar eso, el Peronismo de Base con esa idea de construir una organización independiente de los burócratas o de los traidores y trabajar con las bases, dentro de Montoneros también hubo expresiones que veían eso y trataban de parar la pelota, pero ya los tiempos se habían agotado y la dictadura militar se instauró para acabar con cualquier tentativa aún reformista o contestataria, no hablemos ya de una tentativa revolucionaria.
A partir del golpe militar se consolida un modelo de país distinto al que ustedes tanto pelearon ¿Cómo vivís esa derrota?
Mal, muy mal. Porque es cierto, como modelo de país no es este el que soñamos, no es este el país por el cual lucharon y entregaron su vida nuestros compañeros, este es el país del individualismo, del no te metás, del sálvese quién pueda, de la exclusión social, del modelo económico que beneficia a unos poco y deja con el rótulo ahora de marginales a la mayoría de la población. Éste es el mayor mérito de la dictadura, que a pesar de haber sido derrotada políticamente, su proyecto económico, el proyecto económico que ya sustentaron en el 55 cuando nos quisieron meter de prepo al Fondo Monetario Internacional, éste organismo creado por los norteamericanos sobre todo para distribuir las ganancias y hacer que siempre el producto del comercio de las naciones fuera a parar a sus manos. Todo eso lo vivo con una gran tristeza, pero al mismo tiempo no nos han vencido, porque somos muchos los que inorgánicos, independientes, fuera de los partidos o modelos existentes seguimos pensando que es posible construir otro país, que es posible transformar las relaciones de competencia, de pisarle la cabeza al que está al lado, de trepar, de ganar, este modelo que nos han puesto como el único posible, el modelo del triunfador, del que viaja al extranjero, toda esa obscena exhibición de riqueza al lado de gente que no tiene ni para el mate cosido ni para el transporte, creo que es posible todavía un país diferente y hacer de esta gran derrota, de éste gran terrible modelo económico y militar que aplicó la dictadura, ir construyendo una esperanza, ser pacientes, perseverantes, innovadores, ser capaces de construir herramientas diferentes de transformación de la realidad, más chiquitas, sin soñar con las grandes organizaciones que quieren cambiar todo de una vez y para siempre, sino seguir cambiándolas de a poco en nuestro barrio, en nuestra facultad, reaccionando ante cualquier injusticia, siendo capaz de comprometerse, de ensuciarse, de meterse donde aparentemente a uno le dicen: "no, ¿para que te metés?, ¿vos que tenés que hacer en esto?, vos no sos villero, no sos obrero", no, yo siento como propia esta injusticia, yo me meto para cambiarla. Así creo que esa derrota de un proyecto de país liberado, de un proyecto de país con justicia social, con soberanía política y con independencia económica se va ir revirtiendo en la medida de que cada uno de nosotros seamos capaces de construir desde nosotros mismos ese mundo solidario, más justo, más fraterno, más igualitario que soñamos y por el cual luchamos.
Tenés que contarme tu vida, dijo Caparrós mirándome fijo.
¿A quién le puede interesar? le dije, el pasado es lo que fue y no volverá; y por ahí algún despistado se engancha y cree que se puede volver a hacer lo que hicimos... motivos no faltan, pensé, pero los tiempos son otros.
-Tenés que contarme tu vida, volvió a repetir Martín Caparrós, con un tono entre imperativo y cargoso.
-Sos sordo o te hacés el que no entendés, le respondí con firmeza no exenta de molestia. Nuestras vidas son nuestras, podemos compartirla con amigos, cuando nos sentimos a gusto y se nos da la gana de recordar. Lo que hicimos fue, como dicen ahora, y además por hablar del pasado, perdí a alguien que me andaba enamorando...
-Tenés que contarme tu vida, insistió don Martín, desde lo alto de su figura, llevando una mano al bolsillo, para extraer un ridículo grabador a pilas, creyendo que podía correrme con la vaina del hecho consumado.
Me puse a preparar unos mates, como para reflexionar. Por qué me insiste tanto el Martín si es de buena familia y sabe que la insistencia no se estila entre gente educada. Me lo arruinó el periodismo, pensé mientras acomodaba la bombilla para el primer mate.
-¿Y para qué querés que te cuente mi vida?, le dije, ya medio enojado.
-Para hacer un libro contando por qué lucharon, pero no desde el discurso heroico, sino desde la vida misma, chiquita, grande, no importa, la que vivieron... y así me ganó la voluntad para trabajar en La Voluntad.
Lo vi tan entusiasta y confiado que no pude decirle que no, ni reírme de su optimismo, porque aunque dijera que a nadie le iban a interesar nuestras historias o historietas, en realidad deseaba que sí, que tantos esfuerzos y trabajos les interesaran a muchos y no quedaran en el olvido. y así fue, ya vamos por el tercer tomo y no faltan los inconscientes que piden ¡otro, otro!.
Ahora, no conformes con habernos exprimido tanto, nos piden que escribamos algo para el final. Me pongo a hacerlo y casi me sale otro libro... no soy lo que se dice de hablar poco, y cuando me entusiasmo las coplas me van brotando como agua de manantial. Carlitos siempre decía: -a éste lo lejan hablar y no lo fusilan.
Pero la verdad es que fue lindo contar estas historias de vida, de amor, de pasión, compartirlas con lectores conocidos y desconocidos, saber que una hija recuperaba una anécdota de su papá, un romance de su mamá, aventuras y desventuras, enfrentamientos ideológicos y acercamientos fraternos, peleas a muerte olvidadas con un abrazo; y que desde Río Gallegos a Tres Arroyos te llamen los compañeros para decirte -estos días estuve tomando mate con vos leyendo La Voluntad....
Al mismo tiempo, fue difícil encontrar el equilibrio entre el pudor y las ganas de contar. En mi caso, coincidieron dos circunstancias: que fuera Martín el que me "provocara" -en el doble sentido, de dar ganas y de molestar para contarle cosas, como si fuera un hermano menor preguntón y molesto cebando mates que no pasarán a la historia; y, por otra parte, que acabara pasar por un infarto, de esos que casi te mandan al otro lado, y en una cama
del Hospital Francés pensara: si me voy, quién se acordará de lo nuestro y lo nuestro es esto, las historias banales o trascendentes, creíbles o increíbles, de los Juan Pueblo, los compañeros de abajo, de la segunda o quinta línea, los conocidos y sobre todo, los menos conocidos, sin cuya participación esta Historia no hubiera sido posible. Aquí trabajamos como sus voceros, para darles el lugar que siempre merecieron.
Porque este libro es, antes que nada, el de todos ellos, aunque a veces no aparezcan sus nombres y apellidos. Claro que también fue difícil meterse con el pasado, recordar hechos, incluso recordarlos sin contarlos (perdón Martín), porque son esos recuerdos que pertenecen a lo más íntimo tuyo que uno quisiera no tener que haberlos vivido nunca y que sin embargo volvían a aparecer, con su carga de dolor y angustia, porque costaron vidas
nuestras y de ellos. y como dice Don Fierro: -la sangre que se derrama no se olvida hasta la muerte. y entonces, le decía a Martín que abandonaba que buscara otros, que ya le había dicho lo esencial, y me juraba que no volvería a verlo. Hasta que quince días después Martín me llamaba, me aseguraba que no era para hablar de nuevo, sino para -completar unos datos y me volvía a enganchar...
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Tres experiencias
de guerrilla rural en Argentina en los años 60: Uturuncos, EGP y FAP Las FAP reaparecieron en 1969 y 1970 con varias acciones de guerrilla urbana. En el año 1971 las FAP sufrieron una división debido a la cual fueron expulsados los integrantes de un amplio sector liderado por Eduardo Moreno, Ernesto Villanueva, el sacerdote Soler y Alejandro Peyrou. Este sector se integró entonces a Montoneros. El 22 de mayo de 1973 las FAP ejecutaron al dirigente sindical Dirk Kloosterman secretario general del sindicato de trabajadores mecánicos (SMATA-CGT). |
Porque otro gran mérito de La Voluntad es el de reflejar estos dolores alegrías, estas afirmaciones y vacilaciones, que también fueron las nuestras de entonces. Cuenta la vida de aquellos tiempos, tal como era, sin el embellecimiento que le dan los años, ni la fealdad que a veces asoma en los derrotados. Nos muestra cómo somos, aunque hable del pasado y deba decir cómo fuimos. Pero da la casualidad de que muchos de los que trabajamos en este libro seguimos siendo los de entonces. Desensillamos, pero no vendimos el caballo.
Por eso estas líneas son de agradecimiento a sus autores: por habernos hecho existir, por permitirnos transmitir lo que fuimos/somos sin eufemismo ni subtítulos, ni intérpretes autorizados, sino con nuestras dudas/ certezas/ aciertos/ errores/luces y sombras de chicas y muchachos que un día abrieron los ojos y decidieron no volver a cerrarlos más...
Lo necesario que era/es este libro queda demostrado en el hecho de que en este ambiente de fin de siglo, en que se consolidan el individualismo, la resignación, el todo es igual, el libro de Martín y Eduardo, apoyado por Fernando Fagnani, el Quijote de la editorial, navegó contra la corriente y toda lógica marketinera: miles de páginas, letra chiquita, ninguna receta sobre cómo triunfar en la vida, ni un miserable horóscopo.
Solamente la vida, pedacitos de vida de los que están y los que no están, que por eso mismo siguen viviendo, y no en el recuerdo nostálgico, sino en la celebración de su razón de vivir, que era la lucha para cambiar el mundo. Nada menos.
Y por ser necesario y por la forma original que le dieron sus autores a nuestras conversaciones, el mamotreto se vendió, circuló, se leyó, hizo reír y llorar, despertó lo mismo que sentimos nosotros al ir haciéndolo: pasión. Algunos se enojaron por las cosas que conté (eso no se dice), otros porque los nombré (- ¿y si se entera la cana?), otros porque no.
A todos les pido disculpas, si por acción u omisión, los molesté en algo. Si les sirve de consuelo,sepan que mucho más lo molesté a Martín para que cambiara tal nombre o sacara tal hecho, hasta que me convencía (o viceversa). Y, al fin de cuentas lo que importa es que lo contado sea verdad. Al menos la que honestamente pienso que es la verdad, aunque la memoria me traicione a veces con fechas, nombres o circunstancias.
A la confianza que me merecía Martín se sumaba la de saber que su coautor, Eduardo Anguita, era un compañero de los de antes, que quería rescatar la historia de nuestras luchas, desde la dimensión de -lo humano y cotidiano en la guerra del pueblo.
La salida de los primeros tomos, las sucesivas presentaciones, me confirmaron esa confianza y tengo para mí, como una de las más bellas consecuencias de esta colaboración, la amistad que fuimos construyendo y nos brindamos.
La misma que siento por Roberto Baschetti que, con sus Documentos de la Resistencia Peronista 1955~1970, documentos. 1970-1973 y Documentos. 1973-1976, viene demostrando que no teníamos solamente coraje, sino también ideas. No importa cuánto se coincidiera o no con ellas; ahí están, documentadas para siempre, las que nos llevaron a la pelea, las generosas utopías con que soñamos el retorno de Perón, la construcción de una Patria Justa, Libre y Soberana, del Socialismo Nacional, de la Revolución Socialista, de esos ideales de solidaridad y fraternidad que alimentaron nuestro accionar, por encima de siglas o banderas, como lo demuestran Caparrós y Anguita, porque la sangre de los que caían no fue nunca patrimonio de un grupo, sino de esa cosa tan bella que se llama Revolución.
Y ahora que esta historia se termina, pienso que la verdad que transmiten estas hojas, quedar para siempre como testimonio de vida de miles de otros, que nosotros contamos por ellos. Por los miles de Felipes, Carlitos, Gerardos, Lucías, Adas o Irenes, Marcelas, Brunos, Diegos y Manolos, Julios, Titos y Chiquis, Guidos y Flacas, Negros, Jorges, Pochos, y tantos otros que, como dice Yupanqui, -vienen con nosotros/ pa'que naides quede atrás; por todos aquelos que fueron los cumpas de carne y hueso que compartieron estas opciones y ya forman parte de la Historia.
La verdadera. La de los que no ganamos nada. Pero ¿acaso no teníamos en la apuesta la razón de nuestra vida?
Aquí están también y todavía mis compañeros, el Águila, el Abuelo, Jaja, el Chancho, el Utu, el Tuerto, la Inesa, Checha, la Cristina, la Negra, la Nelly, el Gitano, el Patas, Rubén, el Ciego, Giorgio, la Correntina, Miguel, Raúl, Cachito, Bera, el Indio, los Néstor, Mirta y el Pájaro, Nacho, Ramón, Carlos, Héctor, el Juan; también los de la Banda Oriental del Uruguay, los del paisito, esos Ñatos, Viejos, Sordos, Pepes, Tamberos, Ingenieros, Gracielas y Marías, y tantos otros -que no los puedo contar... Todos pervivientes, orgullosamente vivos y pobres, que se alimentaban con un sandwich y abajo de la cama tenían millones de pesos, expropiados y de la Orga, es decir, sagrados.
De todos aquellos que compartieron nuestros sueños y siguen vivos, muy pocos renegaron de su elección de vida, pasaron a ser funcionales al modelo y llegaron incluso a recordar sinceramente a nuestros compañeros caídos como si los compañeros hubieran muerto para que triunfaran los ideales de nuestros eternos enemigos: la oligarquía y el imperialismo, disfrazados hoy de economía de mercado y globalización.
Anguita y Caparrós nos han rescatado del olvido, nos han devuelto una identidad medio perdida, confundida entre tantos charletas, arrepentidos, avergonzados. Confundida también por la insidiosa teoría de los dos demonios, que pretende culpabilizar a víctimas y victimarios, torturados y torturadores, explotados y explotadores, como si todo fuera un cambalache y la lucha por la Revolución pudiera equipararse al terrorismo de Estado.
-Perdimos, no pudimos hacer la Revolución. Pero tuvimos / tenemos / tendremos razón en intentarlo. Y ganaremos cada vez que algún joven lea estas líneas y sepa que no todo se compra ni se vende, y sienta ganas de querer cambiar el mundo.
El
recuerdo de Envar "Cacho" El Kadre
Miguel Bonasso, 1998
Ayer sonó el maldito teléfono con la noticia. Y no me imaginé a Cacho El
Kadre muerto en Tilcara. Ni siquiera oyendo los sollozos de Roberto Baschetti. Se me cruzaron, frescas, vivas, imágenes de un Cacho siempre sonriente. Desde la última hace pocos días hasta la primera hace demasiados años. Cuando el nombre Envar el
Kadre guardaba para los militantes de la segunda ola de la JP el aura romántica de los fundadores, el prestigio de su propio sonido oriental, la saga de la guerrilla peronista truncada en Taco Ralo. Y me costó recordar algo que ya sabía, que él mismo me había dicho: teníamos los dos la misma edad. Sólo que yo había sido un adolescente alejado de la política por la literatura y el escepticismo sobreprotector de mis padres y él había sido uno de esos muchachitos de quince o dieciséis años que habían salido a inventar la Juventud Peronista (junto con el anarquista Jorge Rulli o el inolvidable Gustavo Rearte). Por eso, aunque teníamos la misma edad, yo lo miraba en 1973, cuando liberamos a los presos en el gobierno de Cámpora, como un mayor, un histórico que venía del territorio imaginado y no vivido de la primera resistencia peronista. Después los caminos habrían de cruzarse y muchas veces, separarse, por influjo de la militancia y de esa particularidad que han tenido todas las izquierdas de la Tierra --incluyendo la peronista-- para discutir con ferocidad por comas, palabras y paternidades. Valga una curiosa digresión: el diccionario que carga el Word de Windows no reconoce la palabra militancia que acaba de aparecer en la pantalla de mi computadora subrayada con el clásico fideo rojo de los vocablos incorrectos. (Un dato de los tiempos de Bill Bates, nombre que sí reconoce el Larousse electrónico.) Aunque también una continuidad, renovada, distinta, de aquella militancia, que las máquinas bobas insisten en subrayar con un fideo rojo, habría de mantenernos unidos, en estos tiempos de Bill Gates, a la hora de celebrar la inmensa humanidad de Germán Abdala o evocar, para las nuevas generaciones, la melancólica saga de la revolución masacrada, desde una posición vertical, ajena a las agachadas de los conversos. En esos minutos secos, negros, que sucedieron a las primeras llamadas de dolor, se me aparecieron por suerte otros Cachos: el que nos hablaba, a mi mujer, Ana, y a mí, en el hotel Nacional de La Habana, de la película que nunca pudo hacer sobre la fuga de los Tupas en el penal de Punta Carretas; el que nos contó en una cenas de kepes y garbanza (en el club Siriolibanés de la calle Melo) el viaje que había hecho con su padre a ese Líbano del que procedían. Del que procedía ese nombre prodigioso. Envar el
Kadre, que había adornado los relatos de la Resistencia con un plus evocador de hazañas salgarianas. También recordé con remordimiento las pocas veces en que discutimos, en público. Por ese Perón que los dos quisimos y con el que nos peleamos en circunstancias distintas, como buenos perucas: Cacho, en los setenta, en la época de la Alternativa Independiente que levantaban las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), yo en estos tiempos duros de Bill Gates, en que se me dio por pasarle facturas históricas al Padre Eterno. Y agradecí haberlo visto en el homenaje a Germán, donde nos abrazamos con el cariño de siempre. Esta gran burrada que es la muerte lo derribó en Tilcara, cuando se levantaba de la mesa amiga, que compartía con ese otro tipazo que es Miguel Angel Estrella. Videla, Bussi o Etchecolatz, en cambio, siguen respirando. Y uno no puede dejar de hacer esas reflexiones sin sentido. Dentro de unos minutos me voy a levantar del teclado para cumplir el viejo ritual de la despedida en el Centro Islámico. Y temo, lo confieso, asomarme al rostro vaciado de Cacho. Entonces, mientras busco consuelos contra el absurdo, escucho lo que me dice, desde su entereza y sabiduría, Laura Bonaparte; que van a crear un centro de documentación sobre derechos humanos y va a llevar como nombre Envar el
Kadre. Ese nombre que escuché, por primera vez, una tarde de 1968. Que evocaba tigres y alfanjes, huríes y fuentes incesantes en los patios de mayólica, pero también la saga gigantesca y aún inédita de las luchas populares. El amanecer de humo y frío de las volanteadas, las cargas de la Montada, el símbolo del Vuelve en los muros del Sur. El viento del pueblo que Cacho seguía escuchando, terco y sonriente, a pesar de los gerentes.
Fuente: Página/12
Por qué somos peronistas (documento de las FAP, 1969)
En 1945 el país está en un período de progreso y ascenso económico. Está creciendo por dentro: en el interior del país se levantan focos industriales y el gobierno cuenta con buenas reservas monetarias en el exterior. Esta situación general posibilita el surgimiento del fenómeno peronista y principalmente a través de tres factores:
1) El surgimiento de la industria nacional, fruto de la prosperidad general, de las condiciones del mercado internacional de posguerra principalmente y de las condiciones del mercado interno por falta de material manufacturado.
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2) Los comienzos de penetración yankee a consecuencia del debilitamiento del imperio británico y de la expansión del norteamericano.
3) Las migraciones internas. A consecuencia del surgimiento industrial aparece un nuevo proletario urbano llegado del interior del país, de origen criollo y no politizado y en una total situación de desarraigo, ya que a pesar de la floreciente prosperidad económica la situación de la clase trabajadora era de explotación, malas condiciones de empleo, ausencia de reglamentaciones laborales, jubilaciones y protección social.
El coronel Perón se pone a la cabeza del movimiento nacionalista -integrado por sectores de la burguesía nacional y del ejército- y de la clase trabajadora organizada con ese nuevo proletariado urbano, tomando como banderas la defensa de la naciente industria nacional, la lucha contra la penetración yankee y las reivindicaciones sociales de la clase trabajadora.
El 17 de octubre de 1945 es la primera acción masiva de la clase trabajadora argentina, es el despertar político de los descamisados, es el encuentro del Pueblo con su líder, quien lo llevará a alcanzar el más alto nivel de conciencia, conciencia de su misión y destino histórico. Cientos de miles de hombres y mujeres se movilizan en forma masiva para imponer su voluntad y reconquistar al caudillo; es la fuerza pujante y nueva de los trabajadores contra los valores caducos de la oligarquía imperialista y explotadora.
El peronismo tiene su nacimiento por la irrupción de los trabajadores en la vida nacional como copartícipes en la construcción de la nueva Argentina. En el campo internacional significa una avanzada de los países del Tercer Mundo, que buscan su propio camino al margen de las dos hegemonías.
A partir de 1945, como movimiento antiimperialista, popular y nacionalista, el peronismo iniciará en el país el proceso democrático burgués. En el orden económico representa la defensa de las riquezas del país de las manos extranjeras: la deuda exterior es reembolsada (sumaba el 40% de nuestros recursos y divisas); los transportes, gas, teléfono, electricidad, fueron nacionalizados; la nacionalización del Banco Central permitió disponer del ahorro nacional para el desarrollo del país: a través del IAPI se aseguraba el precio de las materias primas exportadas e importadas.
Sin embargo, en el aspecto económico, las estructuras del poder oligárquico no fueron modificadas.
En el orden social se manifiesta una serie de reivindicaciones auténticas; se reglamentan los derechos del trabajador, la familia, los ancianos y la educación; se da participaciones en la cosa pública al Pueblo otorgándose el voto a las mujeres y a los indígenas; la clase trabajadora participa directamente en el poder político, y hay ministros y gobernadores, diputados, senadores, diplomáticos obreros; la distribución de la renta nacional permite elevar el nivel de vida de la clase trabajadora. Esta proporción se invierte a favor de los trabajadores quienes reciben el 66% de la renta nacional.
Políticamente se dio al proletariado conciencia de clase y conciencia de su fuerza y, por lo tanto, de su posibilidad de participar en la conducción del país.
Con la desaparición de las condiciones de prosperidad de posguerra comienzan los enfrentamientos: es la lucha de clases dentro del Movimiento Peronista: el Ejército es partidario de la industrialización pero no de una política social avanzada; la burguesía desea aumentar aun más sus beneficios propios negociando con el imperialismo; y los burócratas no hacen mas que estancar el proceso. Frente a ellos los "cabecitas negras" y los "grasitas" -como ellos llaman al Pueblo- tienden a radicalizar la política social. El avance del grado de conciencia política exige la profundización de las consignas y de la política revolucionaria nacional como también la plana participación de los trabajadores en las determinaciones de la conducción.
Sin embargo la dirección del movimiento permanece en manos de sectores de la burguesía nacional y de la burocracia sindical y política todopoderosa. Falta combatividad de clase, falta la presencia revolucionaria de Evita, abundan las conquistas fáciles, el Pueblo vive la euforia de un progreso sin límites, no se toma conciencia de la necesidad de destruir las estructuras que sostienen a la oligarquía y sus intereses para logran un efectivo reparto de los bienes de producción; se paraliza la democratización del Movimiento.
Es así que el proceso se estanca y las fuerzas, antes unidas en un amplio frente antiimperialista, se van dispersando para terminar en choque; el Frente se rompe.
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"No
somos leyenda, fuimos militantes políticos"
PROYECTO DE LEY DE REPARACION
HISTORICA PARA PERSEGUIDOS POLITICOS DE 1955 A 1976 (octubre 2005) |
Desde 1955 han pasado 14 años que las minorías oligárquicas tomaron el poder despojando al pueblo y a PERON DEL GOBIERNO, En estos 14 años el Peronismo se planteo la lucha en los más diversos frentes para reconquistar el Poder. Durante estos 14 años los caminos empleados no estaban a la altura de su condición revolucionaria y tienen en común el espontaneismo. Fueron: el golpismo, el electoralismo, la burocracia reformista o traidora en contacto muchas veces con jefes militares, el terrorismo y el sabotaje y solo condujeron a callejones sin salida. Las sucesivas crisis militares, el triunfo militar, el triunfo popular y masivo del Peronismo el 18 de marzo de 1962, el derrocamiento de Frondizi, las nuevas crisis militares así lo demuestran.
El 18 de marzo demostró que la oligarquía no estaba dispuesta a entregar el gobierno, ni tampoco el Poder, por cuestión de votos mas o menos. El golpe del 28 de junio de 1966 representa la continuación genuina de la política de la oligarquía despojada ahora de falsos mascarones, por medio de las Fuerzas Armadas que, en esta coyuntura, son la única estructura capaz de defender efectivamente los intereses de la oligarquía y el imperialismo.
La falta de una ideología coherente y de una estrategia revolucionaria que encuadraran los distintos métodos desarticuladamente empleados, provocó la actual dispersiones el peronismo, y fue lo que lo llevó una y otra vez al fracaso.
Pero estos años de lucha permitieron aprender, permitieron ver que la situación de la Argentina y del Peronismo forma parte de los procesos de Liberación de marca Latina. Estos años de lucha y rebeldía han permitido formar un nuevo Peronismo que intenta integrar todos sus fracasos, todas sus experiencias.
Hoy, que la burguesía es incapaz de encabezar ningún proceso histórico revolucionario, hoy que el proceso se presenta bajos los términos inseparables de la Revolución Social y Liberación Nacional, es innegable la vigencia histórica del Peronismo como expresión de la clase trabajadora.
SOMOS PERONISTAS porque, creyendo en la vigencia del Peronismo, debemos continuar y profundizar su acción de acuerdo con las nuevas exigencias de la historia y de las nuevas coyunturas nacionales e internacionales.
SOMOS PERONISTAS porque existe una clara continuidad entre el camino de grandeza nacional que inició el Peronismo en el gobierno y el que reabrirá con nuevas y superiores formas de lucha pero integrando las banderas iniciales. A la estrategia contrarrevolucionaria de opresión y miseria, de vergüenza y privilegio del régimen a partir de 1955 opondremos la estrategia revolucionaria de la toma del poder mediante la lucha armada.
Los que ven en Perón un obstáculo para llevar adelante la lucha armada, no tienen claridad para ver la continuidad que existe históricamente entre el proceso 45-55, la búsqueda del camino que llevase al Poder en estos últimos 14 años y el nuevo camino a través de la guerra revolucionaria que iniciara el Peronismo y que es la culminación de esas dos etapas anteriores.
SOMOS PERONISTAS y afirmamos la bandera del retorno de Perón porque es una auténtica reivindicación popular. Porque más allá de la forma, la apariencia, el pueblo no pide el retorno de un hombre sino de lo que él encarna o sea, la participación en la conducción del país.
Porque Perón es un fenómeno no encuadrable en el sistema, Porque la posibilidad de negociación entre Perón y el régimen no tiene existencia real, pues el significado de Perón en la Argentina son miles y miles de descamisados en la calle. Por esto Perón y el Peronismo es la oposición no asimilable al régimen, y esta realidad es independiente incluso del mismo Perón.
SOMOS PERONISTAS y luchamos por el retorno de Perón por que confiamos en el Pueblo, sentimos con él y no lo consideramos como algo "arrastrable" por una secta de iluminados. Nuestro método puede ser solo uno: tomar las reivindicaciones populares como bandera y alcanzar con el Pueblo hacia otras superiores.
El CHE planteaba que no se puede ir demasiado lejos del Pueblo, ni confundirse totalmente con él, dejando de ser vanguardia. Hacer lo mismo seria no ver las necesidades reales del Pueblo y tomar otras que hasta el momento son pura teoría y el Pueblo no siente como suyas. Lo segundo sería aceptar que Perón tiene que venir para hacer la Revolución, sin explicar que sólo una Revolución en marcha puede traer a Perón.
SOMOS PERONISTAS y por eso afirmamos que del seno del Peronismo debe surgir la Vanguardia Revolucionaria capaz de conducir al Pueblo hacia la única salida para el país y las clases trabajadoras, LA TOMA DEL PODER POLITICO Y ECONOMICO, para la creación de una Argentina Justa, Libre y Soberana.
Fuente: www.cedema.org
FAP:
con Perón y con las balas
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La ejecución de Dirk Kloosterman
Dirk
Kloosterman se recibió de ingeniero mecánico en la Universidad
Nacional de La Plata. En 1964 comenzó a actuar en el movimiento
sindical como delegado de fábrica en le empresa Peugeot. En 1966 fue
elegido para formar parte del Consejo Directivo del SMATA, sindicato
nacional de los trabajadores mecánicos, en cuyo ámbito se organizan
los trabajadores de las empresas fabricantes de automóviles. En 1968
fue elegido Secretario General del sindicato, posición que ejercía
en el momento en que fue asesinado. |
Y desde hoy, ¿cómo ven ustedes todas esas tácticas empleadas por el Movimiento?
No totalmente estériles pero sí insuficientes. Creemos que llevaron al
movimiento obrero a un desgaste pero también a un gran aprendizaje.
¿En qué consiste ese aprendizaje?
Bueno, que entrar en la variante militarista, entrar en e1go1pe de estado,
entrar en la perspectiva insurreccional, hace que los sectores más honestos, más
combativos del Movimiento analicen toda esa experiencia y comience una nueva
metodología que se ve sustentada y enriquecida, además, por las experiencias
internacionales: como la Revolución Cubana y la Revolución Argelina, que
tuvieron mucha influencia en la juventud peronista.
¿Las posiciones que aquí sostuvo la izquierda, tradicional en su valoración del
fenómeno peronista no entorpeció la asimilación de esas experiencias?
La desconfianza que existió en el Movimiento hacia 1a izquierda argentina, no lo
privó de absorber la experiencia de otras organizaciones revolucionarias
triunfantes en otros lados, a pesar, de que como usted dice, acá la izquierda
siempre estuvo de la otra acera. Simultáneamente se dio el proceso de que la
izquierda comenzó a comprender el proceso nacional, y acercarse al peronismo.
¿Cómo se reflejó todo esto en el movimiento obrero?
Nosotros pensamos que el movimiento obrero fue el que verdaderamente se
sacrificó para que llegáramos hoy a abrir los ojos a esta nueva metodología,
porque sufrió en carne propia la experiencia que llevó adelante. Es decir, a
nivel de masas se experimentó que por el lado de los militares no hay salida,
que por el lado de las elecciones tampoco, que por el lado de las grandes
huelgas y las grandes movilizaciones, tampoco va. Es decir que todo eso puede
servir pero dentro de una estrategia de conjunto. Y que era necesario pelear con
mayores perspectivas e ir conformando organizaciones que posibilitaran, en una
guerra larga, el triunfo final, es decir la reconquista del poder.
Cuando ustedes habla de reconquista del poder, ¿no se refieren a un retorno a
1955, verdad?
Nosotros hablamos de reconquista del poder para referimos a una experiencia que
hizo nuestro pueblo que, en alguna medida, compartió el poder. O sea que las
tres banderas del peronismo: Justicia Social, Independencia Económica y
Soberanía Política, sintetizan una política de Liberación nacional. Y para el
pueblo entender eso, en el último escalón de los sectores explotados, lo menos
politizados es, por lo menos, volver a la época del 45 al 55. Pero a nivel de la
gran mayoría del pueblo argentino está bastante claro que de volver no se puede
volver a repetir lo mismo. El retorno al poder signif1ca tomar el poder para
profundizar lo que se dejó en un momento, con una metodología distinta, can un
alcance totalmente diferente.
Toda la experiencia de que hablaba no ha caída en saco roto, sino que es una
experiencia que ha sida asimilada por la gente: nosotros tenemos la suerte de
tener un movimiento obrero muy capaz, muy lúcido, que discute todos las
problemas y habiendo vivido en fábricas, habiendo partícipado en reuniones en
las barrios, uno se da cuenta que el nivel político de nuestra clase obrera es
muy grande. Y es un movimiento nacional, que no está concentrado aquí en Buenos
Aires, sino que se extiende a todo el País. Pensar que cuando se plantea la
vuelta de Perón o el retorno al poder de la clase obrera puede pensar que es
retornar a una política que se hizo hasta 1955 es despreciar el nivel alcanzada
por nuestro pueblo. En esto nuestro pueblo está conciente. Lo dice todo el
mundo: "acá Perón tenía que haber amasijado a todos los gorilas". Es una
expresión clara de que es la única forma de seguir adelante en un proceso de
este tipo, para mantener las conquistas y para profundizarlas.
¿Y eso podría hacerse hoy dentro marco capitalista?
Nosotros entendemos que no, que no es factible. Es decir que la única manera es
liquidando toda la estructura capitalista.
¿Entonces ustedes consideran que los propósitos de liberación nacional están
ligados a los propósitos de liberación social?
Completamente.
¿Creen que esto también lo entiende así la oligarquía y el imperialismo, que el
retorno de Perón significaría en sí mismo un hecho revolucionario, es decir, que
Per6n, a esta altura, no es encuadrable dentro del sistema?
Nosotros creemos que no es encuadrable. Es decir: esto es un supuesto. Este
supuesto parte de la confianza que le tenemos a Perón como líder, confianza que
no depende de un nivel de conocimiento psicológico, ni a nivel subjetivo de
Perón, sino que arranca de su trayectoria, del compromiso que Perón ha asumido
con su pueblo. En el supuesto caso de que Perón estuviera, subjetivamente, en
una variante de negociación, de renunciar a todo lo que ha venido planteando, de
entongarse con el régimen, a ese nivel creemos que no tendría ninguna
posibilidad política y por lo tanto creemos que, por su compromiso con el
pueblo, por su compromiso con1as masas, ,Perón no es encuadrable.
En la misma medida en que el margen de maniobra política para los sectores
dominantes se estrecha ellos podrán considerar su última carta posible para
integrar al peronismo...
No sólo lo consideran sino que están buscando la forma de lograrlo. Creemos que
el gran problema que tiene la oligarquía, y el imperialismo en este país es cómo
hacen para encuadrar el movimiento peronista.
Sí, está claro es el gran problema que han tenido durante los últimos 15 años.
No es casualidad que metan a Luco en la Secretaría de Trabajo, no es casualidad
que estén metiendo gobernadores, que estén metiendo gente peronista que se ha
autoexduído del Movimiento.
Todo esto obedece a una intención par parte de la oligarquía de convertir el
peronismo en un movimiento estéril, de domesticarlo, de quitarle toda
perspectiva porque si no ellos no pueden seguir haciendo la que están haciendo.
Saben que puede surgir y está surgiendo inexorablemente una fuerza que va a
acaudillar al movimiento obrero. Es un problema de clase. El problema que puede
tener cualquier otro gobierno burgués, pero que aquí en la Argentina se acentúa
por la existencia de un movimiento que plantea consignas de liberación nacional
y que va detrás de esas consignas. Si bien es cierto que en este momento todavía
no visualiza claramente cuál es la perspectiva de triunfo, de qué manera se
puede llegar al poder, ve por lo menos, que ningún gobierno le ha dado lo que le
diera el peronismo, ve claramente de qué lado está el movimiento peronista y de
qué lado está la oligarquía y el imperialismo.
Sí, toda esa está muy claro: es evidente el fracaso de los sectores dominantes
en todos sus intentos de integrar el peronismo. Toda esta historia de
elecciones, golpes, elecciones, golpes, se repite coma un, ritornello durante 15
años y en el fondo de la cuestión está siempre el problema del peronismo. El
factor nuevo y que pienso que pueda considerarse irreversible en esta coyuntura
de hoy, es, precisamente la lucha armada, que esa sí, por definición, no es
encuadrable en el sistema, independientemente de los extremos a que estuviera
dispuesto a comprometerse el propio Perón. Y me pregunto si, precisamente, ante
el fracaso de integración del peronismo y enfrentados al hecho armado, los
sectores de poder no podrían jugar al retorno de Perón, justamente como última
carta para poner freno a la lucha armada en el país, por lo menos a la lucha
armada de organizaciones peronistas.
Nosotros no creemos que haya posibilidades concretas de traerlo a Perón. Porque
si Perón regresara, tendría que regresar como candidato a elecciones, o tendría
que venir con alguna perspectiva. Es decir él dice que va a venir "cuando estén
las condiciones dadas". ¿Qué quiere decir con esto? No está muy claro. Pero lo
que parece es que Perón juega, maniobra para forzar al gobierno a una
definición. No es casualidad que Paladino vuelva de la entrevista con Perón y
venga acá a decir que Perón regresa. Esto es para apresurar una definición por
parte del gobierno.
Pero precisamente Paladino, el Jefe Político del Movimiento en Argentina, por
designación de Perón, vuelve al país planteando que "las condiciones para el
regreso de Perón están dadas (aunque tampoco especifica claramente cuáles son) y
que la alternativa electoral es la única forma de poner fin a la "violencia en
el país". ¿Esto no es una forma de contribuir al juego aparentemente aperturista
de Levingston, no contribuye objetivamente a la maniobra del gobierno en
contradicción con la línea armada de ustedes?
Nosotros entendemos que el retorno de Perón es una reivindicación concreta.
Cualquier individuo que llama a esa reivindicación es un individuo que ayuda al
proceso de liberación nacional. Tenga en cuenta que el retorno de Perón no está
descolgado, no está fuera del contexto de las reivindicaciones de las tres
banderas del peronismo: Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia
Social. El retorno de Perón incluye el planteo de las tres banderas. Cualquiera,
de cualquier manera que lo haga y de cualquier forma, por carta, por una poesía,
por un cantito, como se le ocurra, que plantee el regreso de Perón, contribuye,
para nosotros, al proceso de liberación nacional. Hay que entender que el
proceso de liberación nacional que nosotros vivimos tiene diez mil facetas, no
tiene la organicidad que idealmente pudiéramos desear que tuviera. Por eso,
vengan de donde vengan las reivindicaciones de las consignas fundamentales del
Movimiento, contribuyen.
¿y si esa jugada política se intentara sin el retorno de Perón, tratando de
canalizar al peronismo detrás de otras fuerzas, o de algún militar providencial,
sacado de la manga?
Nosotros creemos que no hay cabida para ningún movimiento que no incluya a
Perón. El nivel de conciencia del pueblo alcanza perfectamente para comprender
que cualquier individuo que acá plantee un peronismo sin Perón, no tiene
posibilidades.
Paladino habló varias veces del radicalismo: ¿una nueva versión del pacto
Perón-Frondizi, con un pacto Perón-Balbín, por ejemplo, no tiene posibilidades
de darse?;
Nosotros entendemos que ese pacto no puede darse. No descartamos la posibilidad
de que en una determinada coyuntura el Movimiento se exprese electoralmente,
creemos que quien descarta esa posibilidad es el régimen, que no puede dejar que
el peronismo se exprese masivamente. Porque para que se exprese masivamente el
peronismo tiene que ser detrás de un candidato que más o menos refleje una
política de liberaci6n porque si no, la gente no lo va a votar. Y si apareciera
un candidato con planteamientos peronistas, sería el régimen el que lo
rechazara.
¿Se puede hablar de una posición compacta del peronismo en esta coyuntura?
A nivel orgánico existe una conducción del Movimiento, esa conducción está en
manos de Perón y del Comando Superior Peronista, que aunque a veces parezca
contradictoria, da los lineamientos generales, lineamientos generales en los que
se encuadran todas las corrientes.
De ahí precisamente la confusión que se crea frente al Movimiento Peronista. . .
Claro, porque se piensa que el Movimiento' Peronista es un Partido y el
Movimiento Peronista no es un partido. Y tanto es así, que dentro de su seno
existen corrientes contradictorias y hasta antagónicas.
Estos días lo vemos: la Dirección del Movimiento propone la salida electoral
para poner fin a la violencia, mientras esa violencia revolucionaria se ejerce
por otro sector del propio peronismo. Una contradicción evidente.
Correcto. Pero mientras Paladino no se pronuncie específicamente contra la
violencia que ejercemos los peronistas... es decir, él dice qué la violencia es
producto del sistema. Y creemos que, bueno, mientras esté diciendo eso está
bien.
Bien, pero más allá o más acá de todo este análisis, ¿cuál es, para ustedes, la
vía que efectivamente garantizará el desarrollo de un proceso de liberación
nacional en el país?
Nosotros creemos que todo este movimiento de liberación nacional no tiene
perspectivas de triunfo si no se construye un ejército del pueblo a partir de
una organización armada político. No, de ninguna manera. Taco Ralo fue una
experiencia directamente influida por el ejemplo de la Revolución Cubana que
repercutió dentro del peronismo e impulsó a su vanguardia a concretar su acción
dentro de las normas de la guerrilla rural. Esa derrota táctica no supone que
nosotros descartemos en nuestro país el método de la guerrilla rural. En
Argentina tenemos grandes concentraciones urbanas, por un lado y zonas
geográficas y políticamente adecuadas para la lucha rural, por otro, lo que
determinará que la lucha armada, que en esta etapa se desarrolla
fundamentalmente en las ciudades, se extenderá también al medio rural.
¿Y el "Cordobazo"? ¿Puede considerarse un factor detonante de la lucha armada en
el país?
Se podría decir que desde el 66, desde el Onganiato hasta el "Cordobazo", hay
aparentemente un repliegue y una ausencia de la clase obrera argentina, de la
lucha. Lo que significa el "Cordobazo", a nivel de las organizaciones armadas es
un llamado de atención, en cierta manera, sobre la presencia del pueblo: que el
pueblo no estaba ni domesticado, ni dormido, ni quebrado. El "'Cordobazo" tiene
mucha influencia, sobre todo en algunos sectores, pero la raíz de las
organizaciones ya estaba dada.
Pero impulsa mucha gente, ¿no?
Impulsa mucha gente, indudablemente. Mucha gente participa en el "Cordobazo",
que no fue sólo Córdoba, fue Rosario, Santa Fe, Tucumán y esa experiencia le
demuestra todo lo militar.
¿Cuáles son los factores que a juicio de ustedes abren la perspectiva armada que
hoy vive el país?
Le decía que toda esa experiencia recopilada del movimiento peronista nos llevó
a buscar una nueva metodología, que tuviera una perspectiva de triunfo, que
diera una posibilidad real de ganar el poder para el pueblo'. Ante toda esa
experiencia desgastante del movimiento obrero, las huelgas sin salida, los
compromisos fallidos, la Resistencia sin eficacia, nosotros creemos que en este
momento hay que plantearse las cosas de diferente manera y que hay que organizar
y desarrollar la lucha armada.
El peronismo ya tiene en el país varios antecedentes de lucha armada, ¿qué
experiencia extrajeron ustedes de esos antecedentes y en qué se diferencia de la
práctica armada actual?
Como usted bien dice el peronismo fue de los primeros que se planteo en la
Argentina la lucha armada. La primera expresión de lucha armada fueron los
Uturuncos, en 1959, el campamento guerrillero peronista que es copado en el
Plumerillo; el Policlínico Bancario, del sector nacionalista y después Taco
Ralo. La resistencia misma de 1955 a 1957 fue una expresión de lucha armada, muy
incipiente, muy rudimentaria, pero lo fue. Aquí se colocaron bombas como no creo
qué se hayan colocado en la época de los anarquistas. La gente se jugó.
La derrota táctica que ustedes, sufrieron en Tucumán, en Taco Ralo, que tengo
entendido marca el inicio de la FAP y la reapertura de sus acciones en las
ciudades en 1969 Y 1970, ¿supone que la estrategia de ustedes excluye la
guerrilla rural?
Positivo que tiene y también todo lo negativo. Concluye que el "Cordobazo" no es
el camino. Pasada la euforia del "Cordobazo" se plantea el problema de la
metodología que, forzosamente tiene que pasar a través de la organización
clandestina, que no en todos los casos tiene que ser armada, pero que las formas
que van adoptando, en cierta medida, son las formas de las organizaciones
armadas.
¿Cómo se asimila, concretamente, esa metodología?
Se constituyen células pequeñas de cinco a seis militantes de un sector político
y que paulatinamente se van planteando la lucha armada. Hoy, en la Argentina,
están operando cuatro organizaciones grandes y dos más pequeñas. Esas
organizaciones no son las que hacen todas las operaciones: uno lee-que acá
pusieron una bomba, que al1á le sacaron un arma a un policía: éstas no son
siempre acciones de alguna organización. Aunque muchos de esos comandos se
incorporen en algún momento a alguna de las organizaciones armadas, hay muchos
que todavía están actuando aisladamente y que son en cierta medida, producto del
"Cordobazo".
Para la FAP, específicamente, ¿qué significó el "Cordobazo'''?
La necesidad de apresurar el proceso de consolidación de nuestra organización y,
analizando el hecho, la necesidad de que la organización armada diera una
perspectiva al "Cordobazo", como forma de aprovechar todo ese estado de
concientización masiva que se había dado. Nos preguntábamos cómo era posible
que se hubiera dado un fenómeno de masas como el "Cordobazo" sin que las
organizaciones armadas estuvieran ahí presentes, transmitiendo su metodología.
Y ese trabajo con las masas, ¿cómo lo encaran ustedes ahora?
El eje de nuestra política es organizar la guerra del pueblo. Todo tiene que
confluir a eso. La organización de la guerra del pueblo tiene aspectos complejos
en lo que respecta a la ligazón de las masas. Nosotros nos consideramos una
parte de esa guerra, de ninguna manera su élite y creemos que una tarea
fundamental nuestra como organización política militar es responder a la
necesidad que tiene planteada el movimiento obrero de poder organizarse, de
adoptar una metodología diferente. Nuestra tarea está concentrada, entonces, en
establecer formas organizativas de ligazón con el pueblo que garanticen, por un
lado, la continuidad y la compartimentación de la organización armada y, por
otro, una real interrelación entre el pueblo y la organización. Este problema,
complejo como es, creemos que está tomando formas precisas a través del trabajo
que estamos realizando.
¿Se puede conocer cómo?
Aportando cuadros con mentalidad político-militar al proceso de lucha que se da
al nivel de masas y tratando de extender la metodología de la organización
armada a todos los niveles en que se da el enfrentamiento de las masas can el
régimen. Es decir nosotros no desenchufamos el trabajo político del militar;
decimos que se complementan, que siempre deben ir unidos; que lo que necesita
nuestro pueblo es que se le de una metodología que le sirva para pelear.
Ese intento de vinculación con las masas los tiene que llevar a ustedes también,
a determinar los objetivos de sus acciones considerando cuidadosamente la
receptibilidad popular. ¿Cuáles son los criterios en la elección de los
objetivos de las acciones, cuáles son los blancos que ustedes consideran de más
rendimiento político?
Bueno, nosotros estamos buscando tipos de operaciones políticas que sean
comprendidas inmediatamente por nuestro pueblo. No quiero decir que hayamos sido
siempre eficaces en ese terreno producto de nuestras propias limitaciones y otro
factor que tenemos en cuenta, que nos parece muy importante: un tipo de acciones
que sea considerada por nuestro pueblo no sólo como factible de ser realizada
por una organización armada, sino por cualquiera que se decida realmente a
hacerlas. Es decir no nos interesa tanto las grandes operaciones aparatosas
donde aparece una organización con un gran nivel técnico y que quien se proponga
hacerlas solamente pudiera hacerlo habiendo alcanzada ese nivel técnico. Sino
que, por el contrario, tratamos de que en las acciones se visualice fácilmente
de que con intención de se, y con coraje se pueden llevar las cosas adelante.
Ustedes dentro de la preocupación que tienen de que las acciones armadas lleguen
a las masas habrán analizado no sólo las acciones de ustedes sino las de las
otras organizaciones revolucionarias, por lo tanto, ¿cómo ven ustedes el
secuestro y la ejecución de Aramburu, a partir de esta?
Respecto a Aramburu nosotros nos adherimos a los criterios de ajusticiamiento
revolucionario de los Montoneros. Partimos de un hecho específico y concreto lo
que significó Aramburu para el Movimiento, para el país y para la clase obrera.
Lo que creemos sí es que lo que no se evaluó claramente por los compañeros
Montoneros fue la perspectiva de continuidad de un proceso desencadenado a ese
nivel. Nosotros opinamos que está bien muerto Aramburu, pero que era una acción
más para culminar un proceso que para iniciarlo. De todas formas, le insisto, lo
reivindicamos en el sentido de que Aramburu había hecho méritos suficientes para
ser condenado a muerte por el movimiento revolucionario.
¿Y el caso de Alonso?
Bueno, el caso de Alonso ya es un caso más complicado. Porque a pesar de que
quedó claramente evidenciada de que Alonso era un instrumento del régimen, un
funcionario del imperialismo, creemos que la lucha contra la burocracia sindical
es una lucha que debe darse por el movimiento obrero argentino en los términos
del enfrentamiento antipatronal y antiimperialista. Que si el movimiento obrera
no tiene fuerza para sacudirse sus parásitos de encima, en ningún caso va a
tener fuerza para hacer la revolución. Entendemos que, una vez desatado ese
proceso y cuando los traidores estén muy claramente marcados por el movimiento
obrero va a haber que ejecutarlos, pero entendemos también que el nivel del
proceso no estaba para ajusticiar a Alonso. Claro, a nivel de pueblo, la muerte
de Alonso no le importó a nadie, lo lloró más Levingston que cualquier obrero.
Entonces: ¿esa indiferencia popular ante la muerte de un supuesto líder obrero
no puede considerarse un índice aprobatorio de la ejecución?
Si, no cabe duda. Es decir, Alonso estaba perfectamente evaluado más, la
oligarquía, contribuyó a que quedara bien clarito quién era. Pero por otro lado
nosotros no podemos olvidarnos de que Alonso era peronista. Tomando en cuenta
esto hay que tener mucha cuidada, en un momento dado, cómo se orienta a la lucha
contra elementos peronistas que pueden ser visualizados como traidores.
¿Piensan la mismo del caso Vandor?
Lo mismo. Las cosas que hizo Vandor en el gremio metalúrgico son directamente de
epopeya hizo barbaridades. Pero hay que ver cómo manejamos este tipo de cosas
porque Vandor es otro peronista burócrata, traidor, todo lo que se pueda decir,
pero creemos que a esa gente la mejor forma de combatirla es poniéndola en
evidencia ante el movimiento obrero, con una lucha clara e insobornable.
Entrar en el juego de las ejecuciones de esta gente ahora es desaprovechar
esfuerzos, desviar la atención del enemigo principal y darle herramientas al
régimen.
¿Quién ejecutó a Vandor y a Alonso?
¿Sinceramente? No sabemos. Ahora queremos aclarar que si bien los compañeros
Montoneros estuvieron en la operación Aramburu, no participaron ni en la muerte
de Vandor, ni en la de Alonso.
¿Cómo se plantean ustedes la relación con las otras organizaciones armadas?
Nosotros hemos; tenido una posición amplia, hecha pública, hacia las otras
organizaciones armadas. Quizás hayamos sido los primeros en reivindicar la
necesidad de tener en cuenta a las demás organizaciones. Incluso con una
organización con la que nos separan diferencias de interpretación política de la
realidad, las FAL, a pesar de que no nos conocíamos entonces, cuando tomamos la
Prefectura del Tigre declaramos que desde nuestra trinchera peronista nos
sentíamos hermanados con los compañeros de las, FAL. Esto provocó un posterior
acercamiento.
Nosotros planteamos las relaciones entre las organizaciones armadas dentro de un
marco de absoluto respeto y señalamos la necesidad de un "intercambio político"
de discusión, no solamente a nivel de dirección, sino a nivel de toda la base.
Hemos puesto en vigencia un acuerdo, propuesto por nosotros, de que cada
destacamento, equipo o comando, o como se llame cada organización, produzca
críticas por escrito a los documentos de las demás organizaciones
¿Qué los une y qué los separa de las demás organizaciones? ¿Existe la
posibilidad de llegar a constituir un frente de liberación con la unificación de
las distintas organizaciones armadas que actúen en el país?
Nosotros pensamos, por la interpretación que damos a la realidad del país, que
aquí la única forma de hacer la revolución es siendo peronista. Eso no significa
que le quitemos el menor mérito a otros compañeros que no piensan así; al
contrario: creemos que son compañeros absolutamente honestos y que están,
evidentemente, al mismo nivel operacional que nosotros. Lo que nos separa,
creemos, no es de fondo problemas políticos que no son fundamentales y lo que
nos une sí es fundamental: 1) la metodología, 2) el enemigo y 3) el objetivo
final. Estos tres aspectos fundamentales nos unen pero nosotros no consideramos
la necesidad en esta etapa de crear ningún organismo artificial. El Frente va a
ser producto de todo un proceso. Lo que nos interesa, por ahora, es que no haya
competencia entre las organizaciones revolucionarias, que se dé en la medida
que se pueda todo el intercambio político y técnico.
¿Y esta misma pregunta a nivel latinoamericano?
Creemos que la derrota del imperialismo debe darse a nivel latinoamericano: el
enemigo es común para todos los pueblos latinoamericanos y eso condiciona el
destino de sus organizaciones revolucionarias. En esta etapa concebimos la
relación al nivel político que las fronteras geográficas nos permiten y la
comunidad del enemigo nos hace sentir aliados de todas las organizaciones
revolucionarias latinoamericanas.
Imprescindiblemente esto alcanzará niveles organizativos, acuerdos concretos.
Cuando se presenta la oportunidad de conversar con organizaciones de otros
países la hacemos y buscamos entendimientos a partir de criterios críticos. La
fraternidad revolucionaria la entendemos en el sentida de n o hacer ningún tipo
de concesiones, no ocultar las críticas.
Las relaciones entre las organizaciones revolucionarias argentinas, por suerte,
marchan muy bien: no hay competencia, hay preocupación real por expresar una
política de confraternización, de colaboración.
¿Y la Revolución Cubana?
Merece toda nuestra simpatía y toda nuestra confianza.
América Latina en Armas, Ediciones M.A., Buenos Aires, enero de 1971
Fuente: www.elhistoriador.com.ar

Cristianismo y Revolución nº 25 - Septiembre 1970
12 preguntas
En las 12 preguntas hechas a las FAP éstas definen su condición de peronistas y su vocación revolucionaria, que no nace en ellas sino en la trayectoria histórica del movimiento. También muestran su vocación de dialogar a nivel militante con las demás fuerzas revolucionarias que, sin ser peronistas, luchan por la liberación nacional. Un principio que, por cierto, descarta a los conglomerados que desde posturas seudorevolucionarias aceptan los modos de convivencia del régimen, y son la "claque" de nuevos parlamentos, de promisorias salidas políticas. La esquela de Juan Perón representa un inconfundible espaldarazo a los militantes del organismo armado periodista: Perón los alienta a continuar en la lucha contra el régimen hasta el triunfo total. En suma, Perón los reconoce como los únicos militantes que desde el peronismo no pretenden heredar el sistema sino que se han convertido en constructores de un mundo nuevo.
- Suele sorprender, sobre todo en el extranjero, que una de las manifestaciones más importantes de las guerrillas en la Argentina, sea peronista y esgrima como consigna el retorno de Perón al país y al gobierno. Sectores del peronismo reformista también reclaman ese retorno y lo han procurado inútilmente por la vía del pacto político, las elecciones, etc. Tales sectores, por otra parte, se conformarían con un regreso al gobierno peronista de tipo constitucional y parlamentario de 1945 al 55 y con una revolución nacional burguesa similar a la que se desarrollo pacíficamente en ese periodo, pero no reclaman e incluso rechazan una revolución social o más claramente, socialista. ¿Qué clase de retorno y qué clase de gobierno propugnan las FAP?
FAP: Su pregunta se refiere específicamente a que resolvamos la contradicción que significa que tanto sectores reformistas como organizaciones revolucionarias del movimiento peronista levante simultáneamente las mismas banderas.
Toda la resistencia peronista, a partir de 1955, ha tenido un denominador común: oponerse a la ofensiva oligárquica y a la penetración imperialista. Los métodos y las formas que llevó a la práctica son los métodos y formas que puede producir un movimiento nacional de un país dependiente que reúne en su seno a la casi totalidad de la clase trabajadora y simultáneamente a sectores burgueses. (Hasta 1955 la dirección del movimiento estuvo preponderantemente en manos de sectores de la burguesía nacional).
Lo importante es que todo este periodo de resistencia ha servido no sólo para decantar hombres y marginar a los sectores burgueses, sino también para profundizar a nivel masivo una metodología de lucha, cada vez mas protagonizada por la clase trabajadora.
El movimiento peronista esta constituido esencialmente por la clase trabajadora. El peronismo es la mayor y más clara identificación de clase de nuestro pueblo. A su vez el antiperonismo identifica a la oligarquía. La presencia insobornable del peronismo explica la dictadura militar en nuestro país. El peronismo sinónimo de pueblo impide cualquier maniobra reformista o seudodemocrática. Si esto es así, si en los últimos 25 años el peronismo ha constituido sin lugar a dudas, la más consecuente oposición antioligárquica y antiperonista; así junto a la realidad incuestionable se verifica un profundo odio por parte de la oligarquía y simultáneamente un profundo amor y respeto, por parte del pueblo, hacia el líder máximo e indiscutible, así, a través de todos estos años, ha quedado demostrado que Perón no es encuadrable de ninguna manera dentro del sistema; está claro que significa el retorno de Perón y, además, que esto sólo es posible en el transcurso de un proceso revolucionario.
El retorno de Perón, es, entonces, una consigna revolucionaria porque es la más clara identificación de clase y porque esta supeditado a la derrota total de la oligarquía por el pueblo en armas. La existencia de sectores, dentro del movimiento, que aun siguen manteniendo planteos reformistas se debe a que desde su origen integraron el peronismo sectores de la burguesía nacional que todavía subsisten y a cuyos planteos se adhieren dirigentes sindicales burocratizados. La representatividad de todos estos sectores está hoy en franco deterioro y su conducción es mas aparente que real.
Respecto a la segunda parte de su pregunta: es evidente que la humanidad marcha hoy en lo económico hacia formas socialistas de producción. Nosotros no nos contentaríamos con una perspectiva de mera distribución de riqueza. La liberación total, la creación del hombre nuevo que buscamos trasciende los marcos puramente económicos.
Las FAP no propugnan formas de gobierno. Las FAP fundamentan su estrategia en la construcción de una organización político-militar revolucionaria que se consolide en una guerra prolongada con la participación masiva del pueblo. Esta participación consciente del pueblo determinará la calidad y las formas de gobierno.
- Entre 1955 y 1959, principalmente sectores obreros peronistas libraron contra los regímenes que sucedieron a Perón una lucha armada heroica pero rudimentaria, a la que se llamó resistencia. Hoy se ve con claridad que aquella primera resistencia peronista fue negociada por los dirigentes políticos y sindicales que llegaron al pacto con el Frondicismo. ¿En qué es distinta la situación en 1970 y por qué es imposible la repetición de aquel proceso?
FAP: Todos los métodos de lucha adoptados en la permanente actividad de resistencia del peronismo tuvieron como protagonista y ejecutor principal al conjunto de la clase trabajadora, y efectivamente esa lucha fue negociada, y a veces traicionada por algunos de los dirigentes del peronismo. Pero todo este proceso produjo, por un lado, la progresiva participación de la clase trabajadora en la conducción misma de la lucha y, por otro un nivel de conciencia que determina que hoy no exista la posibilidad de repetir experiencias ya agotadas. De aquí mismo han surgido los militantes y activistas que hoy conforman la organización revolucionaria peronista. Simultáneamente se produce el deterioro de las conducciones burocráticas, su pérdida de representatividad y de mando real. Todos los elementos, añadidos a la agudización de las condiciones objetivas, determinan la imposibilidad de repetición de procesos al estilo resistencia.
- La resistencia obrera peronista a partir de 1955 se vio aislada e incluso enfrentada con los sectores estudiantiles y profesionales que hoy parecen acompañarla o por lo menos mirarla con simpatía. ¿Hasta qué punto es permanente la actual alianza obrero-estudiantil y en qué medida influirá sobre las luchas de masas y sobre la lucha armada en la Argentina?
FAP: Efectivamente desde tu tiempo a esta parte se ha dado un salto cualitativo en el movimiento estudiantil, en la medida de su acercamiento a lo nacional y a las luchas concretas de los trabajadores además de una progresiva comprensión del peronismo. Esto brinda perspectivas optimistas en cuanto a una alianza obrero-estudiantil, cuya permanencia estará determinada fundamentalmente por la profundización de las luchas mismas de la clase obrera, lo que, obviamente, fortalecerá tanto las luchas de masas como la lucha armada.
- En 1969 se dieron en la Argentina especiales acciones de masas, obrero-estudiantiles, que ocuparon ciudades enteras- Córdoba y Rosario- y derrotaron momentáneamente a la policía. A partir de ese momento la teoría de la insurgencia general como la vía revolucionaria para la Argentina se sumó a la teoría de la creación de un ejército popular y la lucha armada prolongada. Esas dos concepciones, ser reparten hoy el campo revolucionario. ¿Son excluyentes o bien deben reforzarse mutuamente las acciones de masas y las luchas armadas?
FAP: Nuestra estrategia se opone a la teoría de la insurrección popular como vía revolucionaria. Y es erróneo fundamentar esa teoría en hechos como las acciones masivas de 1969 en nuestro país, que tampoco fueron guiadas por esa concepción. Tampoco se inscribieron en una estrategia de lucha armada. El nivel en que actualmente se desarrolla la ofensiva contrarrevolucionaria impone la lucha armada como una vía conducente al triunfo. Durante toda una primera etapa de la lucha de masas se seguirán dando en forma no coordinada con las acciones armadas de las organizaciones revolucionarias.
Este accionar el pueblo, es de toda maneras, conducente, en la medida en que aporta a uno de los objetivos de la guerra: el debilitamiento del enemigo. Es una tarea de los revolucionarios encontrar la manera de unificar, en una estrategia de conjunto, todas las formas y niveles de lucha.
Nuestra tarea política fundamental en este momento es tratar de incorporar a las luchas reivindicativas métodos similares a los de la guerra revolucionaria. De allí que nuestras operaciones tienden a demostrar la viabilidad del método, por un lado, y la vulnerabilidad del régimen, por el otro. El grado a que lleguen las represiones policiales y la prepotencia patronal le imponen a la clase obrera la implementación de formas organizativas de clandestinidad y seguridad similares a las de las organizaciones armadas. Si bien asi este proceso es incipiente, es evidente que en la medida en que la clase trabajadora vaya adoptando nuevos métodos se han de elevar la calidad y la eficacia de la lucha de masas.
- Las FAP se iniciaron en 1968 con un fracaso en la guerrilla rural -Taco Ralo, en la provincia de Tucumán- y reaparecieron en 1969 y 70 con varios triunfos en medios urbanos. Aparte del factor azar, que siempre puede pasar sobre operaciones aisladas, ¿es posible extraer de esa experiencia opuesta a Taco Ralo, algunas lecciones más generales sobre la guerrilla argentina?
FAP: Taco Ralo se tiene que colocar dentro de la experiencia de la vanguardia latinoamericana. El ejemplo de la revolución cubana repercutió dentro de las filas del peronismo, impulsando a su vanguardia a concretar las normas de la guerrilla rural. La derrota de Taco Ralo, no significa que en nuestro país se dé por fracasado el método de la guerrilla rural. Las características especificas de la Argentina -grandes núcleos de concentración urbana, por un lado, y zonas geográficas y políticamente aptas para la lucha rural, por otro, determinan que la lucha armada se ha de verificar tanto en el terreno rural como en el urbano.
- La experiencia de Taco Ralo sugiere que las FAP pasaron por un periodo foquista. ¿Ha sido superada esa etapa? En caso afirmativo, ¿en qué etapa se encuentran hoy las FAP?
FAP: En Taco Ralo cometimos el error estratégico fundamentalmente referido a los aspectos militares: inexistencia de redes logísticas y falta de consolidación de la estructura urbana. Nuestra confianza fundamental a nivel político se basaba en la gran capacidad de lucha del pueblo peronista. De cualquier manera entendemos que existió una tendencia foquista en la medida en que confiamos excesivamente en la organización espontánea del pueblo para este tipo de lucha. Es a partir de aquí que se empieza a consolidar en términos más precisos nuestra estrategia. En la actual etapa las FAP se proponen la consolidación de la organización y la propagando del método y de las posiciones políticas dentro del desarrollo de las operaciones armadas y de las acciones de masas.
- Aparte de las FAP otros grupos que también esgrimen la consigna de "Perón Vuelve" han realizado acciones contra objetivos menores, ¿Es un fenómeno de contagio o el resultado de las aplicaciones conscientes de la descentralización de las acciones dentro de la unificación de la doctrina, similar a la que se propuso en Brasil Carlos Marighela?
FAP: Más que un fenómeno de contagio, lo que demuestra la sucesión de acciones armadas realizadas por diferentes organizaciones con nuestras mismas consignas, es el nivel de madurez de la vanguardia del movimiento peronista para asimilar una metodología correcta. Carlos Marighela llevó al plano de la enunciación teórica una característica de la realidad brasileña. Esta característica se está dando también en nuestro país. No es el resultado de una aplicación consciente, planificada. Es el fruto del desarrollo de un proceso: Los sectores más claros de nuestro movimiento, influenciados por nuestro accionar y por el peso de la realidad, han comenzado a desarrollar autónomamente organizaciones armadas. Nuestro objetivo en este orden de cosas es tratar de lograr una unificación en el plano de la estrategia común.
- Las FAP se han referido con respeto y sin sectarismo a otras organizaciones no peronistas que han emprendido el camino de la lucha armada en la Argentina. ¿Esto indica a mediano o largo plazo, la posibilidad de reunificar las acciones y eventualmente el comando de la guerra revolucionaria en la Argentina?
FAP: Nuestro respeto hacia organizaciones no peronistas es la obligación que tenemos para con cualquier núcleo de argentinos que inicia concretamente el camino de la lucha armada revolucionaria. El hecho de que no se proclamen peronistas indica una diferencia política que no es lo que nos inquieta fundamentalmente en este momento, pues no nos creemos dueños de la revolución. Lo que nos preocupa es evita el riesgo que significarían actitudes de competencia o desinteligencia entre las organizaciones armadas que hoy estamos doblando nuestro esfuerzo en debilitar a un enemigo común. Esta actitud, que implícitamente requerimos a toda organización revolucionaria, implicaría en un futuro la concreción de un sólido Frente de Liberación Nacional.
- Dentro de América Latina, la clase trabajadora argentina ha demostrado una capacidad excepcional de movilización y organización. ¿Eso crea condiciones distintas ara la guerra revolucionaria que en otros países del continente? Concretamente, ¿Es posible así quebrar la constante que caracteriza a los restantes movimientos guerrilleros, integrados principalmente por universitarios, intelectuales, estudiantes y en mucho menor grado pro obreros? FAP: En las experiencias de lucha armada del peronismo, Uturuncos (primera guerrilla aparecida en 1959 en Tucumán), Taco Ralo, tuvieron relevante participación los compañeros trabajadores. La excepcional capacidad de organización y movilización que tiene nuestra clase trabajadora determina desde ya que solamente ha de quebrarse la citada constante de la composición de los grupos guerrilleros sino que nos hacen prever un desarrollo de la guerra del pueblo con características muy particulares.
- Se ha observado una presencia casi invariable de algunas mujeres en los grupos de acción de las FAP. ¿Qué significado se le da a este hecho?
FAP: Nosotros partimos por principio de una amplia concepción revolucionaria da cuerdo a la cual la mujer tiene que tener el mismo grado de participación que el hombre en todos los procesos de la sociedad y, sobre todo, en el proceso de cambiar una sociedad que la ha sumergido en una situación de marginación y dependencia. Es por ello que en las FAP, mujeres y hombres tenemos el mismo grado de participación en todas las tareas revolucionarias y en todo tipo de responsabilidades, especialmente en la primera línea de combate. Además es la continuación de toda una trayectoria en nuestro movimiento, ejemplificada no sólo por Eva Perón sino también por las medidas concretas del gobierno peronista que elevaron a la mujer argentina en todos los ordenes especialmente el político.
-En varios países de América Latina se han desarrollado acciones armadas de organizaciones revolucionarias que se plantean objetivos de liberación nacional. ¿Existe ya una idea o estrategia de continentalización de la guerra revolucionaria?