Biografía
Artículo en Historia del País:
Juan Facundo Quiroga nació en 1778, en San Antonio, departamento de Los Llanos,
en la provincia de La Rioja. A los 16 años comenzó a conducir las arrias de su
padre, el estanciero José Prudencio Ouiroga. Tras un breve paso como voluntario
por el Regimiento de granaderos a caballo, en Buenos Aires, regresó en 1816 a La
Rioja, donde colaboró activamente con el ejército del norte que luchaba contra
los realistas, proveyéndolo de ganado y tropas. En 1818 recibió de Pueyrredón el
título de "benemérito de la Patria" y a fines de ese año intervino
destacadamente para sofocar un motín de prisioneros españoles en San Luis.
A partir de 1820, con el cargo de jefe de las milicias de Los llanos, se inició
en La Rioja la preponderancia de Quiroga. Convertido en árbitro de la situación
riojana, contribuyó a colocar en el gobierno provincial a Nicolás Dávila, quien
en ausencia de Quiroga intentó apoderarse de la artillería y el parque de Los
Llanos. El caudiillo derrotó al Gobernador en el combate de El Puesto y aunque
asumió la gobernación sólo por tres meses - 28 de marzo al 28 de Junio de 1823 -
continuó siendo, en los hechos, la suprema autoridad riojana.
Quiroga brindó su apoyo entusiasta al Congreso de 1824 reunido en Buenos Aires,
pero pronto se produjo su ruptura con los unitarios porteños. En esos momentos,
el gobierno de La Rioja se asoció con un grupo de capitalistas nacionales
encabezados por Braulio Costa, a quien se otorgó la concesión para explotar las
minas de plata del cerro de Famatina. Facundo, como comandante del Departamento,
fue también accionista de la compañía y, por el convenio, quedó encargado de
asegurar la explotación, con cuyo producto se acuñaría moneda a través del Banco
de Rescate y la Casa de Moneda de La Rioja. Sin embargo, la designación de
Rivadavia como Presidente de la República, en 1826, alteró estos planes. El
Presidente, que durante su permanencia en Inglaterra había promovido la
formación de una compañía minera, nacionalizó la riqueza del subsuelo y también
la moneda, prohibiendo la acuñación a toda institución que no fuera el Banco
Nacional, por él creado. La reacción de Quiroga fue inmediata. Junto a los otros
gobernadores que resistían la política centralista de Rivadavia que culminó con
la sanción de la Constitución unitaria, se levantó en armas contra el
presidente, enarbolando su famoso lema de Religión o Muerte. Su lucha contra los
unitarios había comenzado, en realidad, en 1825, cuando Quiroga derrotó a La
Madrid - usurpador del gobierno de Tucumán - en El Tala y Rincón de Valladares.
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Caído Rivadavia, Quiroga apoyó la efímera gestión de Dorrego, cuyo fusilamiento
volvió a encender la chispa de la guerra civil. Facundo se convirtió entonces en
figura descollante del movimiento federal y, en el interior, enfrentó a las
fuerzas unitarias del General Paz. El Tigre de Los Llanos, como lo llamaban
amigos y adversarios, cayó derrotado en La Tablada y en Oncativo. En Buenos
Aires, con la ayuda de Rosas, formó una nueva fuerza, llamada División de Los
Andes, Al frente de ella ocupó San Luis y Mendoza, en Córdoba persiguió a La
Madrid - el jefe de las fuerzas unitarias después de la captura de Paz - y, ya
en tierra tucumana, lo derrotó completamente en La Ciudadela. En esos momentos
su poder y su prestigio alcanzaban el punto más alto. Después de participar en
la etapa preparatoria de la campana del desierto realizada por Rosas, permaneció
con su familia en Buenos Aires durante un tiempo. En 1834, a pedido de Maza,
gobernador de Buenos Aires, y del propio Rosas, medió en un conflicto entre
Salta y Tucumán. En Santiago del Estero se enteró del asesinato de De La Torre,
gobernador salteño. Cumplida su misión en el norte, Quiroga emprendió el regreso
hacia Buenos Aires, desoyendo las advertencias sobre la posibilidad de que se lo
intentara asesinar y rechazando el ofrecimiento de protección que le hizo
Ibarra, el gobernador santiagueño. Su coraje lo condujo, una vez más, a
enfrentarse con la muerte. Pero en esta oportunidad, el Tigre perdió la partida:
en Barranca Yaco fue ultimado por un grupo de asesinos enviados por los hermanos
Reynafé, a la sazón dueños del gobierno de Córdoba.
Fuente: www.historiadelpais.com.ar
Artículo en Wikipedia, enciclopedia libre:
Juan Facundo Quiroga, (San Antonio, provincia de La Rioja, 1788 - Barranca
Yaco, provincia de Córdoba, 16 de febrero de 1835), político y caudillo militar
argentino, partidario de un gobierno federal durante las guerras instestinas en
su país, posteriores a la declaración de la independencia.
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Hijo de un hacendado de la norteña provincia de La Rioja, jefe de las milicias
de la comarca, Facundo Quiroga heredó el título militar de su padre y participó
en las luchas por la independencia.
Establecido el gobierno criollo, aumentó su fortuna mediante la concesión,
obtenida del gobierno local, para explotar las minas de cobre y plata de la
región y acuñar moneda. Cuando el ministro de gobierno de la provincia de Buenos
Aires, Bernardino Rivadavia, licita esas minas a inversores británicos, sobre
las cuales no tenían derechos, más la leva forzada realizada por el general
Gregorio Aráoz de Lamadrid en Tucumán y Catamarca para la Guerra del Brasil, y
el tratado realizado por el gobierno de Buenos Aires (como Representante de las
Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina) con Gran Bretaña por el
cual se establece la libertad religiosa, lo deciden a tomar partido en la lucha
entre unitarios (partidarios de un gobierno liberal fuerte establecido en Buenos
Aires) y federales. Bajo la bandera de Religión o Muerte cae sobre la provincia
de Tucumán, derrota al ejército unitario y toma la provincia de San Juan.
En 1829, tras la toma de la provincia de Córdoba por parte del general unitario
José María Paz, Quiroga invade esa provincia pero es vencido en la batalla de La
Tablada. Refugiado en Buenos Aires, encabeza un ejército que intenta nuevamente
derrocar al general Paz, pero es vencido en la Batalla de Oncativo. Sin embargo,
Quiroga realiza un nuevo intento, en 1831, esta vez evitando la provincia de
Córdoba. Invade las provincias de San Luis y Mendoza a través de territorio
indígena, y esta vez tiene éxito. Desde allí, Quiroga avanza hacia el norte
hasta que vence a los últimos reductos del ejército unitario, liderados por
Lamadrid, en la batalla de La Ciudadela, en la provincia de Tucumán.
Quiroga juega un papel relevante en Buenos Aires en los años siguientes. Allí se
debate si el país debe darse o no una Constitución federal. Quiroga es
partidario de una rápida organización nacional, pero otros caudillos, entre
ellos Rosas, no están de acuerdo, sostienen que aún debe esperarse a que maduren
las condiciones.
Enviado al norte para mediar en un conflicto entre las provincias de Salta y
Tucumán, es emboscado en los breñales de Barranca Yaco y asesinado de un balazo
en un ojo. Su cuerpo es luego tajeado y lanceado. Aunque capturó y ajustició a
los asesinos, encabezados por Santos Pérez (un oficial de las milicias de
Córdoba, los salvajes unitarios intentaron convencer de que Rosas, el poderoso
caudillo bonaerense, estuvo tras el homicidio. No obstante, no hubo pruebas de
ello y el enigma quedó insoluble.
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Facundo_Quiroga
Artículo en Todo Argentina:
Nació en La Rioja y murió en Barranca Yaco
asesinado, el 16 de febrero de 1835.
Acusado de bárbaro por Sarmiento, conocido por el nombre de "Tigre de los
Llanos", Quiroga jugó un papel prominente en la vida política de la Argentina
(1818-1835).
Combatió contra la constitución centralista de Rivadavia, pero fue derrotado por
los efectivos de éste, bajo el mando de Lamadrid. Sin embargo, por el año 1828,
Quiroga controlaba las provincias norteñas desde Catamarca hasta Mendoza.
Se unió con otros caudillos bajo la firme determinación de establecer el
federalismo, especialmente después de la ejecución de Manuel Dorrego (diciembre
de 1828), de destruir las fuerzas unitarias comandadas por Lavalle, ahora
gobernador de Buenos Aires.
Quiroga sufrió la derrota de manos del general unitario Paz, en La Tablada, el
23 de junio de 1829, y en Oncativo, el 25 de febrero de 1830.
Impedido transitoriamente de regresar, Quiroga vio el modo de pasar furtivamente
a Cuyo en 1831 dirigiéndose rápidamente a Tucumán para hacer frente a las
fuerzas unitarias que se hallaban bajo el mando de Lamadrid, desde que el
general Paz inesperadamente había sido hecho prisionero en El Tío.
La batalla librada en La Ciudadela (famosa fortaleza de Tucumán) el 4 de
noviembre de 1831, concluyó con la victoria de Quiroga y puso término a la
guerra civil, pues Rosas había vencido simultáneamente a Lavalle en Buenos
Aires.
Al trasladarse a Buenos Aires, Quiroga dedicó el resto de su vida a intentos
(solo o con otros federales) de convocar un congreso constituyente para formar
la estructura orgánica de una república federal.
Rosas se opuso enérgicamente a tal designio, arguyendo que una organización
formal de esa naturaleza era prematura e insensata hasta tanto las provincias no
hubieran creado sus estructuras políticas individuales y una saludable vida
institucional, citando el ejemplo de los Estados Unidos, que no admitía que un
territorio tomase plena participación en la vida política nacional hasta haber
formado su propio gobierno. Las discusiones se interrumpieron en 1834 mientras
Quiroga era enviado en una misión pacificadora en la esperanza de que el poder y
prestigio de que gozaba en el norte le permitirían impedir la guerra civil que
se cernía amenazante entre los gobernadores de Tucumán (Felipe Heredia) y Salta
(Pablo Latorre).
Cumplida su misión con éxito y regresando a Buenos Aires, desdeñó obstinadamente
las advertencias sobre conspiración en Córdoba, fue sorprendido y asesinado por
efectivos al mando de Santos Pérez en Barranca Yaco, el 16 de febrero de 1835.
La azorada opinión pública dividió las inculpaciones del crimen entre Rosas,
López y los hermanos Reinafé, pero José Vicente Reinafé, gobernador de Córdoba,
su hermano, Santos Pérez y otros fueron convictos de la conspiración y
ejecutados (1836).
La muerte de Quiroga dejó a Rosas como única autoridad subsistente.
Fuente: www.todo-argentina.net
Juan
Facundo Quiroga
Fue grande. Estaba hecho de la sustancia de los grandes conductores, con su
intuición incomparable, el conocimiento de sus paisanos que le había dado un
intenso comercio con los hombres, su valentía y ese magnetismo que le infundía
calidades de jefe nato.
Juan Facundo Quiroga pudo ser la gran figura de la organización nacional. Lo
traicionó su salud, lo domesticó Rosas, y Buenos Aires gastó su impulso vital.
EL Tigre de los Llanos fue un hombre excepcional. Descubrir esta condición fue
el gran mérito de Sarmiento. El sanjuanino plagó su "Facundo" de errores,
infundidos y mentiras pero acertó en lo sustancial al revelar la naturaleza
impar del personaje y lo demoníaco e infernal de su índole secreta. Lo demoníaco
en los imprevistos, que es una de sus singularidades mágicas: aparecer a diez
cuadras del campamento de Lamadrid cuando todos lo hacen a cien leguas, o caer
de improvista en la fiesta donde los unitarios de La Rioja celebran su derrota
de La Tablada.
Facundo nació en 1788 en San Antonio, un caserío situado al pie de la sierra de
los Lanos de La Rioja (esa región no es una llanura, sino una comarca, el nombre
le viene de la Sierra de los Llanos que domina la zona, cuya toponimia deriva de
una vieja familia pobladora).
Su padre era un importante hacendado de la región: durante varios años fue
capitán de las milicias de la comarca y su hijo empezó su carrera militar
heredando el cargo. Esto ocurrió en 1816 cuando Facundo tenía 28 años. Hasta
entonces había sido un mozo andariego y jugador. También estuvo en Buenos Aires,
según parece como enganchado del Regimiento de Granaderos a Caballo, siempre
guardó una particular consideración por San Martín.
Pero hacia 1817 terminan las andanzas juveniles de Quiroga, ahora es capitán de
las milicias de los Llanos, contrae matrimonio y se dedica a las tares rurales.
Su personalidad, sus aventuras juveniles y su cargo lo han convertido en un
hombre importante dentro de la política provincial.
Las facciones oligárquicas que pugnan por el poder en La Rioja la halagan y lo
llaman para contar con el apoyo del cuerpo de "llanistas" que comanda. Así
contribuye a deponer el gobernador Ocampo y a instalar a Dávila, al que
derrocará dos años después en 1823. Para esa época había reforzado sus milicias
con una parte del batallón de Cazadores de los Andes, que venían desde San Juan
sublevado y al que Quiroga derrotó quedándose con parte del contingente. Para
esa época, también había ayudado a sofocar la sublevación de los españoles
prisioneros en San Luis.
Su fama se extendía por Cuyo y el Noroeste como el hombre fuerte de La Rioja.
Dueño virtual de la situación provincial, Quiroga declina la gobernación y se
dedica a enriquecerse. Aumenta el giro de sus negocios, funda una empresa local
para la explotación de las minas del Famatina y acuñación de monedas y obtiene
de la Legislatura catamarqueña la concesión de los yacimientos mineros de esa
provincia.
Las cosas que están pasando en el país lo obligan a asomarse al escenario
nacional.
Los desaciertos de los unitarios, empeñados en organizar el país en un sistema
de centralismo y la torpe política de Rivadavia le hacen comprender que los
hombres como él deben defenderse para no ser barridos. Le informan que Rivadavia
ha concedido la explotación del Famatina a una compañía inglesa que él mismo ha
promovido; con el pretexto de la guerra con Brasil, Lamadrid, que fue enviado
por el Congreso a Tucumán para enganchar soldados, ha derrocado al gobernador
federal y se prepara a liquidar todas las situaciones provinciales que pueden
resistir el plan unitario. El cordobés Bustos, el santiagueño Ibarra y el
riojano Quiroga serán los primeros destinatario del golpe, todos lo saben pero
el Congreso aparenta ignorarlo.
Quiroga intuye que los pueblos desprecian ese régimen que ataca la religión
tradicional, roba fuentes de trabajo al interior, agrede las autonomías
conquistadas el año 20 y estafa los anhelos de Constitución. Se lanza sobre
Tucumán. En la primera campaña fuera de su provincia que afirmará el naciente
mito de Facundo. En pocas semanas deshace al gobernador de Catamarca (aliado
deLamadrid), y derrota al jefe unitario en el Tala. Luego ocupa Tucumán por uno
o dos meses para retornar hacia Cuyo.
Basta su aproximación a San Juan para que caiga el gobierno unitario local:
basta los mendocinos sepan que Quiroga está en la provincia vecina para que su
gobierno se pronuncie contra su Constitución unitaria que acaba de sancionar el
Congreso. En cuatro meses, Quiroga a sublevado todo Cuyo y el Noroeste contra
Rivadavia, tal como Ramírez seis años antes, todo el litoral contra el
Directorio.
Pero Lamadrid ha vuelto a hacerse fuerte en Tucumán: se prepara a atacar
Santiago, contando con la ayuda de unos mercenarios colombianos. Quiroga
descansa en San Antonio y luego se abalanza sobre Lamadrid. En julio de 1827,
con la batalla del Rincón, el régimen presidencialista desaparece: Rivadavia
renuncia, el congreso se disuelve, la provincia de Buenos Aires recupera su
autonomía. Con una bandera negra que dice "Religión o Muerte", el riojano ha
destruido el plan unitario. Se ha convertido en el jefe virtual del partido
federal y su influencia es decisiva en una liga de once provincias creada para
integrar un nuevo Congreso que constituya el país bajo el sistema federal.
Pero un año después el país se ve de nuevo convulsionado. Los unitarios inducen
a Lavalle a tomar el poder por asalto. El fusilamiento del gobernador de Buenos
Aires indigna a la nación y enajena todo apoyo popular al golpe: pero los
unitarios cuentan con un hombre inteligente y resuelto, el General José María
Paz. El manco marcha al interior para reducir a las provincias mientras Lavalle,
en Buenos Aires, se va enredando en las intrigas de Rosas.
En el invierno de 1829 avanza Quiroga desde La Rioja para enfrentar a Paz, otra
vez la parte más pesada en la lucha contra los unitarios. Hábilmente elude
Quiroga el ejército enemigo, lo deja atrás y ocupa Córdoba sin disparar un tiro,
mediante un convenio con defensores. Luego espera al manco en las afueras,
conforme al compromiso contraído con la guarnición rendida. En La Tablada se
traba la lucha tremenda y agotadora, dura tres días, participa en ella: el
Chacho, enlazando los cañones enemigos. Es el primer desastre. Quiroga retorna a
su provincia. Cuando llega a La Rioja se entera que los unitarios festejan su
derrota. Su rabia se desata: hace fusilar a diez caracterizados vecinos. Luego
organiza un nuevo ejército. Mientras tanto Lavalle termina por exiliarse vencido
por las intrigas en que durante un año lo envolvió Rosas. (mapa nº9).
Ahora es el Restaurador de las Leyes quien domina la primera provincia del
país…y su pingüe aduana. Por su parte, Estanislao López entra en tratativas con
Paz un agravio que facundo no olvidará. Se instala en San Juan, enfermo, lo
acompaña su familia, y desde allí dirige la reconstitución de su ejército. Todos
los medios son buenos para reconstituir el mismo: contribuciones forzosas,
amenazas. Baja luego a Mendoza para concentrar sus efectivos y seis mese después
de La Tablada está en condiciones de volver a dar batalla al jefe unitario. A
fines de febrero las tropas de Quiroga están de nuevo a pocas leguas de Córdoba,
en Oncativo esperando el resultado de una comisión mediadora. Súbitamente el
campamento es atacado por Lamadrid, segundo de Paz, que ardía en deseos de
venganza. Cada cual escapa por donde puede. Facundo toma el camino de Buenos
Aires: Paz le había infligido una nueva derrota. Ahora, todo el interior queda a
merced de los jefes unitarios.
Cuando llega a Buenos Aires, Rosas le recibe triunfalmente, y comienza un asedio
que termina por rendir al riojano ante su astucia. Durante el año 30, vive
Facundo en Buenos Aires, preocupado por su mujer y sus hijos, que debieron pasa
a Chile ante la aproximación de los unitarios, y furioso por el saqueo que
Lamadrid hace en San Antonio, y por las vejaciones que tiene que sufrir su
madre. Durante su estancia su aspecto personal se modifica. Se afeita la barba,
usa trajes cortados por los mejores sastres y alterna con la sociedad porteña
sin problemas. Su figura es habitual en el juego donde pierde cantidades de
onzas de oro. Hace la vida sosegada y divertida de un hacendado rico en la
ciudad pero anhela enfrentar de nuevo a Paz.
Sin embargo no tiene ejército, sus recursos se están agotando, su salud no es
buena; entre tanto Paz, sigue ocupando provincias y persiguiendo a los amigos de
Quiroga.
El riojano decide salir, en la que va a ser su más increíble campaña. En enero
de 1831 los gobernadores de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos firman el "Pacto
Federal": que expresa el propósito de constituir la nación bajo el sistema que
desean los pueblos, para ello la única fuerza adversa que había que desaparecer
era Paz. Ésta será la misión de Quiroga…
Rosas y López arman lentamente sus tropas y avanzan sobre Córdoba. Facundo en
Buenos Aires recluta un centenar de voluntarios y unos doscientos forajidos
extraídos de las cárceles y comisarías de campaña que formarán: La División
Auxiliar de los Andes.
Un mes después de firmado el Pacto Federal, sale Quiroga de pergamino, llega a
Río Cuarto y toma el pueblo; luego derrota a Pringles en Río Quinto y ocupa San
Luis. En Rodeo del Chacón lo enfrenta uno de los mejores lugartenientes de Paz:
Quiroga debe dirigir la batalla desde una carreta, torturado por el reuma.
Triunfa: Mendoza es suya. Refuerza sus huestes con hombres, con dinero y
animales. Luego sube a San Juan y se reúne con su familia, que retornan de
Chile, después baja a Mendoza nuevamente, y allí se entera que han asesinado a
Villafañe, su viejo camarada, el hombre que le guarda las espaldas en La Rioja.
Se enloquece Quiroga. Y pagan por este asesinato los prisioneros del Chacón; los
veintisiete oficiales unitarios que son fusilados sin saber por qué.
El remordimiento por este hecho, estará en el ánimo de Facundo hasta su muerte.
Llega a Mendoza la noticia increíble: Paz ha caído prisionero de López. Tendrá
que ser con Lamadrid el encuentro. Quiroga avanza hacia Tucumán, donde Lamadrid
lo espera con el resto de las fuerzas de Paz. Los dos ejércitos se avistan en la
ciudadela; en noviembre de 1831, dos horas dura la lucha; finalmente el ejército
unitario abandona las líneas y sus jefes huyen hacia las fronteras de Bolivia.
La guerra civil que comenzó tres años antes, con el fusilamiento de Dorrego, ha
quedado cerrada.
Si bien Facundo reconquisto su influencia en el panorama nacional, no está
contento; la suerte le permitió a López quedarse con Córdoba, cuando en justicia
la provincia debería haber ingresado al sistema de las adictas a Quiroga. Pronto
gobernarán allí los Reynafé, clan arribista protegido por el santafesino y los
amigos de Quiroga serán sordamente hostilizados. Además Facundo se enteró que
López se quedó con su caballo (por el que sentía una increíble debilidad) al
apropiarse del botín del ejército vencido.
Y para completar el amigo Rosas anda chicaneando la reunión del Congreso
previsto por el Pacto Federal y demorando la organización del País.
Después de cerrar este ciclo de la lucha civil, retorna a su provincia desde
Tucumán, y luego a San Juan. Allí lo reclama otra empresa: la expedición contra
los indios del sur, que aprovechando las continuas luchas civiles de los
cristianos están creciendo en osadía. Pero no podrá dirigirla aunque figure como
su director: el reuma lo tiene a mal traer. Será Rosas quien emprenda la
conquista del Desierto. (mapa nº10).
Casi todo el año 33 vive Quiroga en San Juan o Mendoza, en alternativas penosas
de salud manteniendo correspondencia con sus amigos de todo el país y ayudando
al éxito de la expedición contra los indios.
A fines de 1833 llega a Buenos Aires conduciendo la División de Auxiliares de
los Andes, que devolverá formalmente al gobierno de Buenos Aires. Ahora viene
con su familia a instalarse definitivamente. Rosas ha terminado su mandato el
año anterior, y existe una dura lucha por el poder entre federales netos y
lomonegros.
En esta lucha Rosas necesita más que nunca de la amistad de Quiroga, y este se
la brinda aunque se niega a hospedarse en la residencia de Rosas.
El año 34 asiste a la completa transformación de Facundo. Él y su familia se
relacionan con la sociedad porteña. Facundo expone ideas de conciliación,
defiende a sus adversarios en las conversaciones; intenta saludar y ayudar a
Rivadavia que ha regresado de su exilio sin lograr desembarcar en Buenos Aires.
De vez en cuando tiene diálogos ásperos con Rosas. No ostenta ninguna
representación ni tiene ejército a su mando, pero su palabra pesa.
Todo el país clama por la constitución, el partido unitario ha desaparecido,
nadie se opone a la organización federal de la República. La legislatura de
Mendoza invita a San Juan y San Luis a unirse para entrar en la Federación bajo
la protección de Quiroga. Muchos federales que temen a Rosas, piensan que el
riojano puede ser una solución viable. Quiroga está a favor de una rápida
organización del país, pero tampoco ignora la tesis de su amigo Rosas y jamás lo
contradice públicamente, a partir de 1833. La tesis de Rosas afirma que el país
no está en condiciones de constituirse; que hay que dejar que el tiempo facilite
una evolución natural hacia la organización definitiva.
En diciembre de 1834 emprende Quiroga un viaje al norte. Había estallado un
guerra local entre Salta y Tucumán, el gobernador provisorio de Buenos Aires
pide a Quiroga que intervenga como mediador en el conflicto. Rosas se suma al
pedido. Facundo acepta pese a su enfermedad.
Se dirige hacia el norte, no quiere escolta. Los gauchos bonaerenses,
santafesinos, cordobeses caen a las postas del camino para ver pasar al famoso
general.
En Nochebuena llega a Córdoba: no quiere quedarse, en poco más de dos semanas
llega a Santiago. Antes de arribar se entera que la guerra entre salteños y
tucumanos ha terminado. Pero su viaje no ha de ser inútil. Durante el mes de
enero se reúnen en Santiago bajo su presidencia, los representantes de las
provincias del Norte y convienen oponerse a todo intento de segregación de
Jujuy, factor oculto de esta querella local que debía mediar Quiroga.
El seco verano santiagueño alivia sus males. En vísperas de su regreso alcanza a
recoger algunos rumores sobre extraños movimientos de los Reynafé: vagos planes
para matarlo, y que la rapidez de su viaje había frustrado.
Quiroga sabe que los gobernantes de Córdoba lo odian. El 13 de febrero parte de
Santiago, el pueblo avisa en cada posta el peligro que lo aguarda apenas cruce
el límite de Córdoba. El ciego empecinamiento del general, su negativa a
desviarse, a aceptar una escolta, la espera de la partida de asesinos en los
solitarios breñales de Barranca Yaco. El 16 de febrero de 1835 al medio día lo
voltea un pistoletazo en el ojo y después le cargan el cuerpo, ya exámine de
tajos y puntazos. Facundo Quiroga muere en Barranca Yaco: su temeridad
inconsciente le llevó a la muerte. Después de una tormenta de verano encuentran
la diligencia a unas cuadras del camino, vacía y ensangrentada, y los cuerpos
diseminados de Facundo y sus compañeros.
La noticia golpea fuerte en todo el país. La intuición popular señala desde el
principio el clan gobernante de Córdoba: partidas de llanistas riojanos invaden
el noroeste cordobés, clamando venganza. Pero el responsable moral del crimen no
aparecerá nunca. Rosas procesó y condenó a los autores materiales del crimen:
Santos Pérez, sus compañeros y los Reynafé.
¿Quién los habría mandado? Los sospechosos son muchos. Indudablemente, en este
momento de la vida política del país, para Rosas el mejor Quiroga, es un Quiroga
muerto. Y muerto de ese modo, bárbara y misteriosamente. Cuando llega la noticia
del crimen a Buenos Aires, Rosas acepta ser gobernador, se hace conceder la Suma
del Poder Público y promete tremendas venganzas contra los unitarios. Pero fuera
del buen provecho que sacó a lo de Barranca Yaco, no hay ningún indicio serio de
su culpabilidad. (mapa nº11).
El santafesino López y su ministro Cullen - habilidoso en intrigas - intentan al
principio una débil defensa de los Reynafé: la verdad es que López y su ministro
tuvieron sospechosas entrevistas con los cordobeses antes de la tragedia, la
cual se festejó en Santa Fe sin el menor pudor y era notoria la malquerencia
entre Quiroga y el santafesino. Pero nada más, no hay otra prueba. En cuanto a
los unitarios no tenían ningún motivo para eliminar a Quiroga. El enigma
subsiste y probablemente no se devele jamás.
Fuente: www.oni.escuelas.edu.ar
Cartas de Facundo Quiroga a Juan Manuel de Rosas
Los caudillos asumirían un rol de intermediación con respecto al pueblo
soberano, que las minorías ilustradas de las ciudades no podrían alcanzar. Su
autoridad devendría de su condición de héroe, de arquetipo humano y, al mismo
tiempo, de compartir la aguerrida y dura vida militar con sus subordinados, al
margen de las fracciones ideológicas que regían la época. En las presentes
correspondencias, el debate gira en torno a la necesidad o no de constituir una
Comisión Representativa que moderaría el poder de los gobernadores porteños
frente a las demás provincias y en las diferencias entre ambos caudillos.
Tucumán, enero 12 de 1832
SEÑOR DON JUAN MANUEL DE ROSAS.
Amigo de todo mi aprecio: contestando a su favorecida del 14 de diciembre digo a
usted: que el no haberle dicho nada del parecer que me pedía en su apreciable de
4 de octubre con respecto a la formación de la Comisión Representativa y de la
oportunidad para la reunión del Congreso, fue creyendo que mi silencio mismo le
debía hacer entender el motivo; pero ya que no lo ha comprendido se lo explicaré
claro y terminante. Usted sabe, porque se lo he dicho varias veces, que yo no
soy federal, soy unitario por convencimiento; pero sí con la diferencia de que
mi opinión es muy humilde y que yo respeto demasiado la de los pueblos
constantemente pronunciada por el sistema Federal; por cuya causa he combatido
con constancia contra los que han querido hacer prevalecer por las bayonetas la
opinión a que yo pertenezco, sofocando la general de la República; y siendo esto
así, como efectivamente lo es, ¿cómo podré yo darle mi parecer en un asunto en
que por las razones que llevo expuestas necesito explorar a fondo la opinión de
las provincias, de las que jamás me he separado, sin embargo, de ser opuesta a
la de mi individuo? Aguarde pues un momento, me informaré y sabré cuál es el
sentimiento o parecer de los pueblos y entonces se lo comunicaré, puesto que es
justo que ellos obren con plena libertad, porque todo lo que se quiera, o
pretenda en contrario, será violentarlos, y aun cuando se consiguiese por el
momento lo que se quiera, no tendría consistencia, porque nadie duda de todo lo
que se hace por la fuerza o arrastrado de un influjo no puede tener duración
siempre que sea contra el sentimiento general de los pueblos(...)
Saluda a usted con la consideración que acostumbra, su amigo afectísimo que besa
su mano.
JUAN FACUNDO QUIROGA
Tucumán, enero 12 de 1832
Señor Don Juan Manuel de Rosas
Muy señor mío y amigo: tengo a la vista su favorecida de 13 del pasado que voy a
contestar en cuatro palabras diciendo a usted que en balde se ha mortificado en
explanar sus ideas y razones para convencerme que debo retrogradar en mi
resolución, así que usted ha tenido bastante motivo para conocer, que no sé
volver atrás en mis propósitos. Usted me dice que no pertenezco a mí mismo; pero
yo quisiera que usted me diga a quién pertenecía Don Juan Manuel Rosas, y Don
Estanislao López, cuando hicieron la guerra al Ejército sublevado a consecuencia
de orden de la Convención Nacional y cuál la causa porqué dejaron las armas de
la mano estando existente el motivo porque las empuñaron, y cuál la razón porque
se me abandonó, y se me dejó solo en el campo del compromiso, y si era o no
honroso a la República que si bien se ponen en la balanza de la justicia, nadie
es responsable sino ustedes de cuanta sangre se ha vertido, y de tantas fortunas
arruinadas; pero como nadie ve la paja en su ojo, no advierten que se
contentaban con tranquilizar las provincias de Buenos Aires y Santa Fe, dejando
al resto de las demás bajo el yugo de la opresión, y ahora sólo yo debo ser
quien voy a causar perjuicios a la República con mi separación del mando, bien
que no dejan de tener razón en parte, pues que por sí solos no arribarían al
objeto que se proponen, si yo separado del mando quisiera desentenderme
enteramente de trabajar por el bien del país, en que no cesaré, puesto que para
ello ya no es preciso tener la lanza enristrada, y puede ser, sin ser milagro,
que recién me haya colocado en una posición en que pueda ser útil al país en
general como pronto lo veremos, explorada que sea a fondo la voluntad de las
provincias en orden a la constitución de la República.
Páselo usted bien y mande a su afectísimo servidor y amigo que besa su mano.
JUAN FACUNDO QUIROGA
[ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. 5-28-2-1]
Barranca Yaco
Acerca de los episodios conocidos como Barranca Yaco donde resultaría asesinado
el federal Juan Facundo Quiroga.
El 16 de febrero de 1835, en el paraje cordobés de Barranca Yaco, una partida al
mando de Santos Pérez asesinó alevosamente al brigadier general don Juan Facundo
Quiroga (nacido en 1788 en San Antonio, un caserío situado al pie de la sierra
en La Rioja).
Una década después Domingo Faustino Sarmiento publicó Facundo, civilización y
barbarie, una de las obras más singulares y significativas de la literatura
hispanoamericana. Plagada de falacias y mentiras para denigrar al gran caudillo
y para desacreditar el régimen rosista, se inscribe sin embargo en la gran
tradición militante de nuestras mejores letras, junto a los cielitos de Hidalgo
y El Matadero, e incluso el mismísimo Martín Fierro. Y es que pese a su polémico
y enérgico alegato político opositor, nos trasmite, aún a pesar del propio
autor, la grandeza y los latidos auténticos del espíritu estremecedor del Tigre
de los Llanos.
Transcribimos algunos párrafos introductorios y su dramático relato de Barranca
Yaco.
¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que, sacudiendo el
ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida
secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble
pueblo! Tú posees el secreto: ¡revélanoslo! Diez años aún después de tu trágica
muerte, el hombre de las ciudades y el gaucho de los llanos argentinos, al tomar
diversos senderos en el desierto, decían: "¡No, no ha muerto! ¡Vive aún! ¡El
vendrá!". ¡Cierto! Facundo no ha muerto; está vivo en las tradiciones populares,
en la política y revoluciones argentinas; en Rosas, su heredero, su complemento:
su alma ha pasado a este otro molde, más acabado, más perfecto; y lo que en él
era sólo instinto, iniciación, tendencia, convirtióse en Rosas en sistema,
efecto y fin. La naturaleza campestre, colonial y bárbara, cambióse en esta
metamorfosis en arte, en sistema y en política regular capaz de presentarse a la
faz del mundo como el modo de ser de un pueblo encarnado en un hombre, que ha
aspirado a tomar los aires de un genio que domina los acontecimientos, los
hombres y las cosas.
Facundo, en fin, siendo lo que fue, no por un accidente de su carácter, sino por
antecedentes inevitables y ajenos de su voluntad, es el personaje histórico más
singular, más notable, que puede presentarse a la contemplación de los hombres
que comprenden que un caudillo que encabeza un gran movimiento social no es más
que el espejo en que se reflejan, en dimensiones colosales, las creencias, las
necesidades, preocupaciones y hábitos de una nación en una época dada de su
historia.
El hombre de la campaña, lejos de aspirar a semejarse al de la ciudad, rechaza
con desdén su lujo y sus modales corteses, y el vestido del ciudadano, el frac,
la silla, la capa, ningún signo europeo puede presentarse impunemente en la
campaña.
Los argentinos, de cualquier clase que sean, civilizados o ignorantes, tienen
una alta conciencia de su valer como nación; todos los demás pueblos americanos
les echan en cara esta vanidad, y se muestran ofendidos de su presunción y
arrogancia. Creo que el cargo no es del todo infundado, y no me pesa de ello.
¡Ay del pueblo que no tiene fe en sí mismo! ¡Para ése no se han hecho las
grandes cosas!
El vencedor de la Ciudadela [Quiroga a Lamadrid en 1831] ha empujado fuera de
los confines de la República a los últimos sostenedores del sistema unitario.
Las mechas de los cañones están apagadas y las pisadas de los caballos han
dejado de turbar el silencio de la Pampa. Facundo ha vuelto a San Juan y
desbandado su ejército, no sin devolver en efectos de Tucumán, las sumas
arrancadas por la violencia a los ciudadanos. ¿Qué queda por hacer? La paz es
ahora la condición normal de la República, como lo había sido antes un estado
perpetuo de oscilación y de guerra.
Las conquistas de Quiroga habían terminado por destruir todo sentimiento de
independencia en las provincias, toda regularidad en la administración. El
nombre de Facundo llenaba el vacío de las leyes; la libertad y el espíritu de
ciudad habían dejado de existir, y los caudillos de provincias reasumídose en
uno general, para una porción de la República. Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca,
La Rioja, San Juan, Mendoza y San Luis reposaban, más bien que se movían, bajo
la influencia de Quiroga.
¿Cuál es el pensamiento secreto de Quiroga? ¿Qué ideas lo preocupan desde
entonces? El no es gobernador de ninguna provincia; no conserva ejército sobre
las armas; tan sólo le quedaba un nombre reconocido y temido en ocho provincias
y un armamento. A su paso por La Rioja, ha dejado escondidos en los bosques,
todos los fusiles, sables, lanzas y tercerolas que ha recolectado en los ocho
pueblos que ha recorrido; pasan de doce mil armas. Un parque de veinte y seis
piezas de artillería queda en la ciudad, con depósitos abundantes de municiones
y fornituras; diez y seis mil caballos escogidos van a pacer en la quebrada de
Huaco, que es un inmenso valle cerrado por una estrecha garganta. La Rioja es,
además de la cuna de su poder, el punto central de las provincias que están bajo
su influencia. A la menor señal, el arsenal aquel proveerá de elementos de
guerra a doce mil hombres. Y no se crea que lo de esconder los fusiles en los
bosques es una ficción poética. Hasta el año 1841, se han estado desenterrando
depósitos de fúsiles, y créese todavía, aunque sin fundamento, que no se han
exhumado todas las armas escondidas bajo la tierra, entonces.
El interior tenía, pues, un jefe; y el derrotado de Oncativo [la victoria del
unitario José María Paz sobre Quiroga en febrero de 1830], a quien no se habían
confiado otras tropas en Buenos Aires que unos centenares de presidarios, podía
ahora mirarse como el segundo, si no el primero, en poder.
Una poderosa expedición de que él se había nombrado jefe [Juan Manuel de Rosas y
su Campaña del desierto] , se había organizado durante el último período de su
gobierno, para asegurar y ensanchar los límites de la provincia hacia el sur,
teatro de las frecuentes incursiones de los salvajes. Debía hacerse una batida
general bajo un plan grandioso; un ejército compuesto de tres divisiones obraría
sobre un frente de cuatrocientas leguas, desde Buenos Aires hasta Mendoza.
Quiroga debía mandar las fuerzas del interior, mientras que Rosas seguiría la
costa del Atlántico con su división.
En estas transacciones se hallaba la ciudad de Buenos Aires y Rosas [el
ofrecimiento del gobierno por la Sala de Representantes tras la renuncia de
Viamonte y del doctor Maza, y el reclamo de la suma del poder público], cuando
llega la noticia de un desavenimiento entre los gobiernos de Salta, Tucumán y
Santiago del Estero, que podía hacer estallar la guerra. Cinco años van corridos
desde que los unitarios han desaparecido de la escena política, y dos desde que
los federales de la ciudad, los lomos negros, han perdido toda influencia en el
Gobierno; cuando más, tienen valor para exigir algunas condiciones que hagan
tolerable la capitulación.
Sus relaciones con López de Santa Fe son activas, y tiene además, una entrevista
en que conferencian ambos caudillos; el Gobierno de Córdoba está bajo la
influencia de López, que ha puesto, a su cabeza, a los Reinafé. Invítase a
Facundo a ir a interponer su influencia, para apagar las chispas que se han
levantado en el norte de la República; nadie sino él está llamado para
desempeñar esta misión de paz. Facundo resiste, vacila; pero se decide al fin.
El 18 de diciembre de 1835 sale de Buenos Aires, y al subir a la galera dirige,
en presencia de varios amigos, sus adioses a la ciudad. "Si salgo bien -dice,
agitando la mano-, te volveré a ver; si no, ¡adiós para siempre!" ¿Qué
siniestros presentimientos vienen a asomar en aquel momento a su faz lívida, en
el ánimo de este hombre impávido? ¿No recuerda el lector algo parecido a lo que
manifestaba Napoleón al partir de las Tullerías, para la campaña que debía
terminar en Waterloo?
Apenas ha andado media jornada, encuentra un arroyo fangoso que detiene la
galera. El vecino maestre de posta acude solícito a pasarla: se ponen nuevos
caballos, se apuran todos los esfuerzos, y la galera no avanza. Quiroga se
enfurece, y hace uncir a las varas, al mismo maestro de posta. La brutalidad y
el terror vuelven a aparecer desde que se halla en el campo, en medio de aquella
naturaleza y de aquella sociedad semibárbara.
Vencido aquel primer obstáculo, la galera sigue cruzando la pampa, como una
exhalación; camina todos los días hasta las dos de la mañana, y se pone en
marcha de nuevo a las cuatro. Acompáñanle el doctor Ortiz, su secretario, y un
joven conocido, a quien a su salida encontró inhabilitado de ir adelante, por la
fractura de las ruedas de su vehículo. En cada posta a que llega, hace preguntar
inmediatamente: "¿A qué hora ha pasado un chasque de Buenos Aires? -Hace una
hora. -¡Caballos sin pérdida de momento!" -grita Quiroga. Y la marcha continúa.
Para hacer más penosa la situación, parecía que las cataratas del cielo se
habían abierto; durante tres días, la lluvia no cesa un momento, y el camino se
ha convertido en un torrente.
Al entrar en la jurisdicción de Santa Fe, la inquietud de Quiroga se aumenta, y
se torna en visible angustia, cuando en la posta de Pavón sabe que no hay
caballos y que el maestre de posta está ausente. El tiempo que pasa antes de
procurarse nuevos tiros es una agonía mortal para Facundo, que grita a cada
momento: "¡Caballos! ¡Caballos!" Sus compañeros de viaje nada comprenden de este
extraño sobresalto, asombrados de ver a este hombre, el terror de los pueblos,
asustadizo ahora y lleno de temores, al parecer, quiméricos. Cuando la galera
logra ponerse en marcha, murmura en voz baja, como si hablara consigo mismo: "Si
salgo del territorio de Santa Fe,"no hay cuidado por lo demás". En el paso del
Río Tercero, acuden los gauchos de la vecindad a ver al famoso Quiroga, y pasan
la galera, punto menos que a hombros.
Últimamente, llega a la ciudad de Córdoba, a las nueve y media de la noche, y
una hora después del arribo del chasque de Buenos Aires, a quien ha venido
pisando desde su salida. Uno de los Reinafé acude a la posta, donde Facundo está
aún en la galera, pidiendo caballos, que no hay en aquel momento; salúdalo con
respeto y efusión; suplícale que pase la noche en la ciudad, donde el Gobierno
se prepara a hospedarlo dignamente. "¡Caballos necesito!", es la breve respuesta
que da Quiroga. "¡Caballos!", replica a cada nueva manifestación de interés o de
solicitud de parte de Renaifé, que se retira, al fin, humillado, y Facundo parte
para su destino, a las doce de la noche.
La ciudad de Córdoba, entretanto, estaba agitada por los más extraños rumores:
los amigos del joven que ha venido, por casualidad, en compañía de Quiroga, y
que se queda en Córdoba, su patria, van en tropel a visitarlo. Se admiran de
verlo vivo, y le hablan del peligro inminente de que se ha salvado. Quiroga
debía ser asesinado en tal punto; los asesinos son N. y N.; las pistolas han
sido compradas en tal almacén; han sido vistos N. y N. para encargarse de la
ejecución, y se han negado. Quiroga los ha sorprendido con la asombrosa rapidez
de su marcha, pues no bien llega el chasque que anuncia su próximo arribo,
cuando se presenta él mismo y hace abortar todos los preparativos. Jamás se ha
premeditado un atentado con más descaro; toda Córdoba está instruida de los más
mínimos detalles del crimen que el Gobierno intenta, y la muerte de Quiroga es
el asunto de todas las conversaciones.
Quiroga, en tanto, llega a su destino, arregla las diferencias entre los
gobernantes hostiles y regresa por Córdoba, a despecho de las reiteradas
instancias de los gobernadores de Santiago y Tucumán, que le ofrecen una gruesa
escolta para su custodia, aconsejándole tomar el camino de Cuyo para regresar.
¿Qué genio vengativo cierra su corazón y sus oídos y le hace obstinarse en
volver a desafiar a sus enemigos, sin escolta, sin medios adecuados de defensa?
¿Por qué no toma el camino de Cuyo, desentierra sus inmensos depósitos de armas
a su paso por La Rioja y arma las ocho provincias que están bajo su influencia?
Quiroga lo sabe todo: aviso tras aviso ha recibido en Santiago del Estero; sabe
el peligro de que su diligencia lo ha salvado; sabe el nuevo y más inminente que
le aguarda, porque no han desistido sus enemigos del concebido designio. "¡A
Córdoba!", grita a los postillones, al ponerse en marcha, como si Córdoba fuese
el término de su viaje.
Antes de llegar a la posta del Ojo de Agua, un joven sale del bosque y se dirige
hacia la galera, requiriendo al postillón que se detenga. Quiroga asoma la
cabeza por la portezuela, y le pregunta lo que se le ofrece. "Quiero hablar al
doctor Ortiz". Desciende éste, y sabe lo siguiente: "En las inmediaciones del
lugar llamado Barranca Yaco está apostado Santos Pérez con una partida; al
arribo de la galera deben hacerle fuego de ambos lados y matar en seguida de
postillones arriba; nadie debe escapar; ésta es la orden". El joven, que ha sido
en otro tiempo favorecido por el doctor Ortiz, ha venido a salvarlo; tiéne el
caballo allí mismo para que monte y se escape con él; su hacienda está
inmediata. El secretario, asustado, pone en conocimiento de Facundo lo que acaba
de saber, y lo insta para que se ponga en seguridad. Facundo interroga de nuevo
al joven Sandivaras, le da las gracias por su buena acción, pero lo tranquiliza
sobre los temores que abriga. "No ha nacido todavía -le dice en voz enérgica- el
hombre que ha de matar a Facundo Quiroga. A un grito mío, esa partida, mañana,
se pondrá a mis órdenes y me servirá de escolta hasta Córdoba. Vaya usted,
amigo, sin cuidado".
Facundo, con gesto airado y palabras groseramente enérgicas, le hace entender
[al doctor Ortiz] que hay mayor peligro en contrariarlo allí, que el que le
aguarda en Barranca Yaco, y fuerza es someterse sin más réplica. Quiroga manda a
su asistente, que es un valiente negro, a que limpie algunas armas de fuego que
vienen en la galera y las cargue: a esto se reducen todas sus precauciones.
Llega el día, por fin, y la galera se pone en camino. Acompáñale, a más del
postillón que va en el tiro, el niño aquel, dos correos que se han reunido por
casualidad y el negro, que va a caballo. Llega al punto fatal, y dos descargas
traspasan la galera por ambos lados, pero sin herir a nadie; los soldados se
echan sobre ella, con los sables desnudos, y en un momento inutilizan los
caballos y descuartizan al postillón, correos y asistente. Quiroga entonces
asoma la cabeza, y hace, por el momento, vacilar a aquella turba. Pregunta por
el comandante de la partida, le manda acercarse, y a la cuestión de Quiroga
"¿Qué significa esto?", recibe por toda contestación un balazo en un ojo, que le
deja muerto.
Entonces Santos Pérez atraviesa repetidas veces con su espada al malaventurado
secretario y manda, concluida la ejecución, tirar hacia el bosque la galera
llena de cadáveres, con los caballos hechos pedazos, y el postillón, que con la
cabeza abierta se mantiene aún a caballo. "¿Qué muchacho es éste? -pregunta,
viendo al niño de posta, único que está vivo-.
-Este es un sobrino mío -contesta el sargento de la partida-; yo respondo de él
con mi vida". Santos Pérez se acerca al sargento, le atraviesa el corazón de un
balazo, y en seguida, desmontándose, toma de un brazo al niño, lo tiende en el
suelo y lo degüella, a pesar de sus gemidos de niño que se ve amenazado de un
peligro.
Este último gemido del niño es, sin embargo, el único suplicio que martiriza a
Santos Pérez; después, huyendo de las partidas que lo persiguen, oculto en las
breñas de las rocas, o en los bosques enmarañados, el viento le trae al oído el
gemido lastimero del niño. Si a la vacilante claridad de las estrellas se
aventura a salir de su guarida, sus miradas inquietas se hunden en la oscuridad
de los árboles sombríos, para cerciorarse de que no se divisa en ninguna parte
el bultito blanquecino del niño; y cuando llega al lugar donde hacen encrucijada
dos caminos, lo arredra ver venir por el que él deja, al niño animando su
caballo. Facundo decía también que un solo remordimiento lo aquejaba: la muerte
de los veintiséis oficiales fusilados en Mendoza.
¿Quién es, mientras tanto, este Santos Pérez? Es el gaucho malo de la campaña de
Córdoba, célebre en la sierra y en la ciudad, por sus numerosas muertes, por su
arrojo extraordinario, por sus aventuras inauditas. Mientras permaneció el
general Paz en Córdoba, acaudilló las montoneras más obstinadas e intangibles de
la Sierra, y por largo tiempo, el pago de Santa Catalina fue una republiqueta,
adonde los veteranos del ejército no pudieron penetrar. Con miras más elevadas,
habría sido el digno rival de Quiroga; con sus vicios, sólo alcanzó a ser su
asesino. Era alto de talle, hermoso de cara, de color pálido y barba negra y
rizada. Largo tiempo fue después perseguido por la justicia, y nada menos que
cuatrocientos hombres andaban en su busca. Al principio, los Reinafé lo
llamaron, y en la casa de Gobierno fue recibido amigablemente. Al salir de la
entrevista, empezó a sentir una extraña descompostura de estómago, que le
sugirió la idea de consultar a un médico amigo suyo, quien informado por él, de
haber tomado una copa de licor que se le brindó, le dio un elixir que le hizo
arrojar, oportunamente, el arsénico que el licor disimulaba.
Al fin, una noche lo cogieron dentro de la ciudad de Córdoba, por una venganza
femenil. Había dado de golpes a la querida con quien dormía: ésta, sintiéndolo
profundamente dormido, se levanta con precaución, le toma las pistola y el
sable, sale a la calle y lo denuncia a una patrulla. Cuando despierta, rodeado
de fusiles apuntados a su pecho, echa mano a las pistolas, y, no encontrándolas:
"Estoy rendido -dice con serenidad-. ¡Me han quitado las pistolas!". El día que
lo entraron a Buenos Aires, una muchedumbre inmensa se había reunido en la
puerta de la casa de Gobierno.
A su vista gritaba el populacho: ¡Muera Santos Pérez!, y él, meneando
desdeñosamente la cabeza y paseando sus miradas por aquella multitud, murmuraba
tan sólo estas palabras: "¡Tuviera aquí mi cuchillo!" Al bajar del carro que lo
conducía a la cárcel, gritó repetidas veces: "¡Muera el tirano!"; y al
encaminarse al patíbulo, su talla gigantesca, como la de Dantón, dominaba la
muchedumbre, y sus miradas se fijaban, de vez en cuando, en el cadalso como en
un andamio de arquitectos.
El Gobierno de Buenos Aires dio un aparato solemne a la ejecución de los
asesinos de Juan Facundo Quiroga; la galera ensangrentada y acribillada de
balazos estuvo largo tiempo expuesta al examen del pueblo, y el retrato de
Quiroga, como la vista del patíbulo y de los ajusticiados, fueron litografiados
y distribuidos por millares, como también extractos del proceso, que se dio a
luz en un volumen en folio.
[Textos según la edición de la Serie del siglo y medio, Eudeba, Buenos Aires,
1961]
Ya en el siglo XX, otro autor, también de ideas antagónicas a las de Facundo,
escribió:
El general Quiroga va en coche al muere
El madrejón desnudo ya sin sed de agua
y una luna perdida en el frío del alba
y el campo muerto de hambre, pobre como una araña.
El coche se hamacaba rezongando la altura;
un galerón enfático, enorme, funerario.
Cuatro tapaos con pinta de muerte en la negrura
tironeaban seis miedos y un valor desvelado.
Junto a los postillones jineteaba un moreno.
Ir en coche a la muerte ¡qué cosa más oronda!
El general Quiroga quiso entrar en la sombra
llevando seis o siete degollados de escolta.
Esa cordobesa bochinchera y ladina
(meditaba Quiroga) ¿qué ha de poder con mi alma?
Aquí estoy afianzado y metido en la vida
como la estaca pampa bien metida en la pampa.
Yo, que he sobrevivido a millares de tardes
y cuyo nombre pone retemblor en las lanzas,
no he de soltar la vida por estos pedregales.
¿Muere acaso el pampero, se mueren las espadas?
Pero al brillar el día sobre Barranca Yaco
sables a filo y punta menudearon sobre él;
muerte de mala muerte se lo llevó al riojano
y una de puñaladas lo mentó a Juan Manuel.
Ya muerto, ya de pié, ya inmortal, ya fantasma,
se presentó al infierno que Dios le había marcado,
y a sus órdenes iban, rotas y desangradas,
las ánimas en pena de hombres y de caballos.
Jorge Luis Borges, Luna de enfrente, 1925
Fuente: Alejandro Pandra, Agenda de Reflexión Nº 159
Facundo,
civilización y barbarie: panfleto épico
Apuntes para una poética del racismo, el autoritarismo y la egomanía en la
Argentina.
Por Pablo Baler
University of California at Berkeley
En la novela El Farmer, Andres Rivera pone en boca de Juan Manuel de Rosas, ya
viejo y exiliado en Inglaterra, un desafío meramente retórico: "Que se escriba
qué diferencia al general Rosas del señor Sarmiento". Y en esta sola frase puede
encontrarse la clave para entender todo el Facundo y revelar el acertijo que tan
abnegadamente se plantea Sarmiento: ¿cómo explicar la Argentina?
No es otro el objetivo con el que Sarmiento invoca a Quiroga sino el de instarlo
a que nos explique "la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran
las entrañas de [este] noble pueblo". Un enigma que reverbera desde el siglo XIX
en la Argentina. Para alcanzar una resolución, sin embargo, no basta con aceptar
la ofrecida en la superficie del Facundo; se hace necesario explorar aquellas
estrategias literarias utilizadas por Sarmiento que puedan ayudarnos a
reconstruir una posible semántica sarmientina.
El Facundo esta vertebrado sobre un doble sistema semántico tendiente, por un
lado, a la profundización y multiplicación de antagonismos (civilización /
barbarie), y por otro a forzadas conexiones (el frac es civilización / el
colorado es barbarie). Una doble poética de la escisión social y del anclaje de
significados, respectivamente relacionados a ese racismo y a ese autoritarismo
que preside el espíritu argentino desde sus inicios hasta la actualidad y
probablemente bien entrado el futuro.
Sarmiento produce con Facundo la ilusión de nombrar un territorio mudo, anónimo,
cuyas huellas sólo él, demiurgo letrado en un universo ilusoriamente
pre-lingüístico, puede rastrear, leer y plasmar. En medio de sus delirios
mesiánicos, Sarmiento rescata el recurso bíblico del génesis verbal del universo
y escribe la serie de artículos que publica en 1845 en el diario chileno El
Progreso con el título de Civilización y Barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga.
Quizá el gesto literario más radical de Sarmiento es el de hacer desaparecer con
un mismo gesto todos los ensayos barrocos, clásicos, neoclásicos o hasta
románticos con características propias que se habían sucedido en el Río de la
Plata desde la época colonial, haciéndonos creer (con excepción quizá de alguna
referencia a Esteban Echeverría) que él construye la Argentina desde el vacío.
"Poseyendo algo de lo profético y de lo utópico," escribió Ricardo Piglia,
"[Sarmiento] produce el efecto del espejismo: en el vacío del desierto, todo lo
que uno espera ver, brilla como si fuera real". La pregunta que se impone es:
¿cuál es el espejismo que produce Sarmiento?
Sarmiento de frac
Todo aquel que se acerca al Facundo reconoce sobre el eje doble de la
civilización y la barbarie, el esquema exasperantemente maniqueo que lo
sustenta. Algunos podrán ver en ello una influencia de El último de los
Mohicanos de Fenimore Cooper (Ricardo Rojas, Raúl Orgaz), un producto "del
choque entre el idealismo de la generación del 37 y la realidad política; entre
las primeras actuaciones del grupo euro-argentino y el caudillaje." (Eduardo
Brizuela Aybar), o se remontarán hasta el determinismo de Montesquieu (Jaime
Pellicer). No deja de ser evidente, de todas maneras, que la escisión es la
infraestructura discursiva que sostiene este gigantesco proyecto nacional que es
el Facundo. Naturalmente, el propio Sarmiento, su ideología y su visión de mundo
comparten el espacio privilegiado de la civilizada gloria, mientras Quiroga y
Rosas y todo lo que no brilla con barniz europeo están condenados a la eterna
barbarie. Basta con llegar al final del texto para comprender que, en realidad,
todo apunta hacia el sanctosanctorum de la presentación de una plataforma
política, de una propuesta de gobierno que barrena la ola frustrada del ataque
del general Paz a Rosas.
Para graficar este esquema de oposiciones, basta contrastar una muestra del
rosario infinito de analogías que se alistan en las filas paralelas de uno u
otro paradigma y que lejos de circunscribirse al espacio argentino alcanza toda
la historia y la geografía universal: Quiroga/Paz, Rosas/Rivadavia,
gaucho/doctor, poncho/frac (!), siglo XII/siglo XIX, caftán y bombachas/
pantalón y corbata, montonera/ejército, Mahometanos/Grecia, beduinos, tártaros,
tribus árabes, Marruecos, Túnez, Argel, etc./ Francia e Inglaterra... y así de
seguido en un juego de espejos enfrentados que se autoreflejan hasta el infinito
y cuyo inevitable contacto, el origen de la tragedia argentina, queda ilustrado
por ese emblemático momento en que Juan Manuel de Rosas "clava en la culta
Buenos Aires el cuchillo del gaucho".
Cuando Sarmiento quiere "conocer a fondo los hechos sobre que fundo mi teorías"
en cuanto el estado de La Rioja, incluye una pregunta que revela, en su capciosa
ingenuidad, todo su sistema: "¿Cuántos hombres visten de frac?". Según
Sarmiento, La Rioja perdió el tren de la civilización porque ya no hay hombres
que vistan frac; Mendoza, por el contrario, era "un pueblo eminentemente
civilizado" porque "formóse una maestranza, en la que se construían espadas,
sables, corazas, lanzas, bayonetas y fusiles". El poncho es barbarie, la
violencia organizada es civilización.
Este esquema dual ya complejo, como se ve, desde su concepción; tiene, sin
embargo, conexiones subterráneas que lo complican aún más y desde donde se
proyecta la verdadera fuerza literaria de la obra de Sarmiento. Facundo Quiroga,
"el hombre bestia", es también "el hombre grande, el hombre genio", equiparable
al propio "César, el Tamerlán, el Mahoma"; mientras que "si levantáis un poco
las solapas del frac con que el argentino se disfraza, hallaréis siempre el
gaucho más o menos civilizado". Hay, en fin, una anfibología que transita el
fondo de esta novela donde la oposición y el oxímoron son intercambiados con
imperturbable indiferencia: "Facundo, genio bárbaro"; Rosas: "un poeta, un
Platón".
Sarmiento gaucho malo
Por otro lado, en concordancia con este flagrante dualismo que invade todos los
niveles del Facundo (más allá de flujos y reflujos internos), encontramos un
impulso inverso a nivel lingüístico que intenta reforzar conexiones arbitrarias
al punto de impedir todo desplazamiento. La novela está plagada de figuras
retóricas que se proponen intensificar esta ilusión: El propio Rosas "no es un
hecho aislado, una aberración, una monstruosidad" (Saussure diría: no es
arbitrario) "Es, por el contrario (…) una fórmula de una manera de ser de un
pueblo". "El terreno, el paisaje, el teatro sobre que va a representarse la
escena", ya revela al personaje "sin comentarios ni explicaciones". Sarmiento
refuerza muy a su favor esta conexión inamovible entre la materia y la idea,
entre lo palpable y lo inteligible.
Entre la materia (espacio territorial) y el espíritu de un pueblo (historia,
política, etc), hay una conexión íntima y profunda que Sarmiento va a intentar
revelar. Mas allá de las pampas aún no alambradas, las extensiones sin límites,
los ríos no navegados; hay una indefinición aún más radical y problemática que
la topográfica. Respetando la lógica de la tierra, Sarmiento intenta abarcar con
Facundo una geografía más vasta que la del espacio. Todas las actividades
referidas a la tierra virgen: arar, surcar, labrar, sembrar; se pueden entender
aquí como metáforas del proyecto literario/político de Sarmiento consistente en
producir la ilusión que la Argentina de mediados del siglo XIX constituye un
espacio aún no "gramaticalizado", cuya representación discursiva se le ha dado
concebir a él de manera exclusiva. La pampa, escribe, "es la imagen del mar en
la tierra (...) la tierra aguardando todavía que se le mande producir plantas y
toda clase de simiente." Hay que admitir que Sarmiento ha logrado proyectar el
género de la propaganda política hacia el universo poético; y quizá allí radique
gran parte de su originalidad.
Facundo es una novela de especulación, de conceptualización de un espacio
aparentemente vació pero lleno de "huellas" que la palabra puede alcanzar no
sólo a descifrar, sino también a moldear. De esta manera, el yo narrativo
desproporcionado que desborda en esta obra literaria/panfleto político no es un
hecho aislado; pues el protagonista principal de Facundo no es el héroe epónimo
sino el propio autor. Es Sarmiento el Rastreador de huellas, el Baquiano, el
Gaucho malo, el Payador de esa otra extensión que él mismo define como
"inteligencia" en contraste con el plano material.
Facundo podría verse así, como una obra épica; pero no sólo en términos de esa
épica nacional que remite al romanticismo europeo; sino más interesante aún como
un texto épico que recorre, a vuelo de pájaro, este campo de batalla secreto que
conecta lo material con lo discursivo. Es revelador que esta obra fundacional de
la literatura argentina se presente como una épica cuya mayor violencia se
expresa no sólo en el choque de armas o el tropel de caballerías (Tala, Rincón,
La Tablada, Oncativo, Chacón, Ciudadela, etc.), sino sobre todo, en el terreno
de las lucubraciones filosóficas. Argentina también tendría, de esta manera, su
texto épico, con características que no le serían extrañas al temperamento
especulativo de gran parte de su producción posterior, de Macedonio Fernández a
J.J. Saer por el camino de Borges.
Civilización es Barbarie
Facundo es el resultado de un intento por demarcar la llanura inmensa de una
historia que es enigma, y para eso recurre Sarmiento a estos dos gestos
retóricos que parecerían contradictorios: por un lado, una construcción de
simetrías irreconciliables; y por el otro, un enlace irreversible, una
concepción lingüística que tiende a anclar los polos del signo (huella de la
realidad/significado) en una presentación incontestable.
Desde esta perspectiva, se nos ofrece como un hecho elocuente el que Sarmiento
haya finalmente develado el enigma de la Argentina no tanto gracias a ese
intento casi científico por entender la relación entre civilización y barbarie
sino justamente, y de manera más insospechada, por el racismo y autoritarismo
que su propio discurso destila. Es revelador que los dos gestos retóricos a que
recurre Sarmiento (la división y el nudo), remitan respectivamente a los dos
polos que sustentan el temperamento racista (violencia por escisión) y
autoritario (violencia por fijación) de la obra. Es allí finalmente, en el
temperamento, donde se encuentra la idiosincrasia argentina, donde se resuelve
el enigma que ingenuamente plantea el Facundo. Diría aún más, el inconfesado
proyecto de Sarmiento (inconfesado a sí mismo), parece ser el de dar forma
poética a ese inveterado racismo y autoritarismo de que se fue haciendo la
Argentina y cuya patogenia, él mismo especula, viene de España: "¡Mirad que sois
españoles y la Inquisición educó así a la España! Esta enfermedad la traemos en
la sangre. ¡Cuidado pues!".
Pero la enfermedad que desde España traemos en la sangre, la fobia hacia el otro
y la violencia con que se expresa, tiene en Argentina un matiz particular; pues
no se trata de un miedo, una repulsión hacia el otro como probablemente era el
caso durante la Inquisición, sino más singularmente un miedo, una repulsión a
ser confundido con el otro. ¿Qué diferencia a Rosas de Sarmiento? Uno se tienta
en contestar la pregunta retórica formulada en El Farmer, desdeñando toda
diferencia; porque en Argentina civilización es barbarie y esa es la tragedia
velada que narra la épica (bioépica, autobioépica) fundacional del Facundo.
Aprovechando una comunicación de un funcionario de Rosas que definía la cinta
colorada como "un signo que su gobierno ha mandado llevar a sus empleados en
señal de conciliación y de paz", Sarmiento ironiza "Las palabras Mueran los
salvajes, asquerosos, inmundos unitarios, son por cierto muy conciliadoras.".
¿Se le habrá pasado por alto a Sarmiento la naturaleza hostil, caprichosa e
inflexible de su propia escritura? Juan Manuel de Rosas hace el mal sin pasión:
"calcula en la quietud de su gabinete, y desde allí salen las órdenes a sus
sicarios" (escribe Sarmiento). Sarmiento, por su parte, "escribió desde el
silencio de un escritorio: 'Derrame sangre de gauchos, que es barata'" (citado
por Rivera en El Farmer). Tanto en Rosas como en Sarmiento hay una violencia
sistemática y en ambos parecen estar ellas coreografiadas como actos literarios.
De hecho, como dice David Viñas: "El estilo de Sarmiento adquirirá definición
política a través de una eficiente centralización del poder; él acompaña este
progreso con sistemáticos llamados a la guerra a muerte contra los paraguayos,
los Indios, y las montoneras entre 1863 y 1879".
No se trataría como propone Ricardo Piglia que Facundo, Civilización y Barbarie
esté escrito en el borde entre la conjunción y la disyunción, donde la
aproximación política nos haría ver "civilización Y barbarie" cuando en realidad
se propone "civilización O barbarie". El soslayado mensaje del Facundo se cifra
en el oxímoron "civilización ES barbarie". No se trata siquiera de una figura
retórica sino de una realidad: ni la conjunción ni la disyunción sino la
compenetración ontológica de dos dimensiones que se pretenden irreconciliables:
ese es el enigma aún no resuelto de la Argentina, y esa es la razón por la cual
el Facundo gana en dimensión literaria con el tiempo; pues su fuerza poética
reside justamente en las conexiones secretas que Sarmiento enlaza entre ambos
paradigmas más allá de todo antagonismo.
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Sarmiento:
"La novela del prócer de cartón"
Por Guillermo Mircovich
Sarmiento era hijo de Doña Paula Albarracín y del peculiar José Clemente Quiroga
Sarmiento, el que luego usará solamente el último apellido, muy posiblemente no
era un hombre de andar mintiendo, porque el mismo Sarmiento en “Recuerdos de
Provincia”, hace referencia a los dichos de su padre “... la familia de los
Sarmiento tiene en San Juan una no disputada reputación que han heredado de sus
padres a hijos, dírelo con mucha mortificación mía, de embusteros. Nadie les ha
negado esta cualidad y yo les he visto dar tan relevantes pruebas de esta innata
y adorable disposición, que no queda duda de que es alguna cualidad de Familia”.
Muy interesante apreciación del tutor de la familia, que se nos hará dudoso en
el tiempo pensar, si es realmente el prócer que dicen ser y si Sarmiento
cambiase su forma de, a pesar de lo escribía su propio padre
Dice de Paoli, en su libro, “Domingo Faustino, sí, él ha sido embustero, como ya
lo veremos. Y es que mentiroso es, quien sostiene algo que no es exacto, pero
sin intención dañosa; mientras que el embustero usa artificio en su embuste y
tiene intención dañina”.
2 - UNA DOCENCIA CON MUCHAS DUDAS
La historia nos explica que concurrió a la escuela desde 1816 y sale en 1824,
con trece años de edad, y su asistencia era perfecta, pero en 1820 es llevado a
Córdoba, y anotado en el Colegio de Montserrat, Sarmiento dice que “... regresé
muy luego, por enfermedades que me atacaron”, pero resulta que en el Catálogo de
Alumnos del Colegio Montserrat , publicado por el historiador R. P. Ignacio
Greñón, el nombre del niño Sarmiento no figura como inscripto en ese colegio y
tampoco en otro importante de la zona.
El meticuloso Sarmiento se jacta de fundar en San Francisco del Monte una
escuela de primeras letras y es curioso el tema ya que contaba solamente con
quince años y al frente de esa localidad estaba el cura José de Oro, que era
justamente el que le enseña latín, gramática, etc. a él mismo, esto contado por
Sarmiento, es decir, muy presuntamente se quedó con la obra del fraile.
Siendo Presidente, funda una gran escuela en La Rioja, y por decreto nombra a
todos los responsables de las áreas, la escuela funcionaba desde hace rato y las
autoridades eran las mismas que estaban, en 1866 le dice a Mann, “en todos estos
años solamente pude fundar dos escuelas”
Hablando de su niñez en Recuerdo de Provincia, dice, ”... era yo unitario”, no
debemos olvidar que salió de la escuela en 1824 y que en 1827, tenía dieciséis
años justamente cuando el unitario Rivadavia siembra una actuación fraudulenta
en el Congreso Constituyente de ese entonces en Buenos Aires, y Sarmiento ya
tomaba parte de lo que sería la historia negra de Buenos Aires, la fama de
embustero la ha de dejar bien sentada, no solamente en San Juan, sino en lugar
que pise por su larguísima actuación política y de escritor lo ha de acreditar
con creces.
3 - LAS MENTIRAS DE PATAS CORTAS
Con motivo de unas escaramuzas en Pilar, Sarmiento con el grado de teniente
unitario, cuenta con verborragia de novela todo lo que ha sucedido con su ser,
su espectacular fuga entre las filas enemigas, la súplica de Laprida para
sacarlo de tan embarazosa situación, hasta había que pasar sobre el cadáver de
un comandante para llegar al joven Sarmiento, historia develada por Jorge A.
Calle, testigo y actor de esos mismos hechos, que cuenta que Sarmiento huye del
combate, y en su huida lo toma prisionero un negro de San Juan y lo entrega a un
oficial.
Así, más o menos finaliza la joven vida de Sarmiento en su adolescencia, en
1936, vuelve a San Juan “... Comiéndome privaciones llegué por la amistad de mis
parientes a colocarme entre jóvenes que descollaban en San Juan”, anoten la
expresión “llegué por amistad”, no hay mucha diferencia al día de hoy.
4 - EL PERIODISMO DIFAMADOR
Una de las manifestaciones más elocuentes en aulas escolares escuchadas por los
docentes, es la creación del diario “El Zonda”, de San Juan, con el cual
Sarmiento aparece como un periodista de suma fama que a través del periódico
informó al pueblo de los sucesos acaecidos en Buenos Aires, cuando la verdad es
que el Zonda apareció el 20 de julio de 1839 y desapareció el 12 de agosto del
mismo año, es decir que estuvo en la calle solamente 24 días con 25 ejemplares
por tirada.
Pero si su historia periodística es folletinesca, más aun lo es, su cuento “...
estando preso y engrillado en un calabozo inmundo, lleno de ratas, un grupo de
unas seis niñas, alumnas del Colegio del que es director, lo visitan”. Y “... a
la luz de una vela de sebo, porque es el anochecer, colocada sobre los adobes,
recitan sus lecciones de geografía, de francés, de aritmética y de gramática y
mostraban los ensayos de dibujos de dos semanas”, lo cuenta en “Recuerdos de
Provincia”. Hagamos la situación de la escena, de noche, entremedio de ratas,
engrillado y por lo menos debe haber otros presos, las “mamitas” dejan ir a sus
“pobres hijitas” a ver a su maestro a la cárcel para recitarle sus deberes, pues
creemos que Sarmiento se adelantó a la época y descolocó a Alberto Migre, Abel
Santa Cruz, y hasta la mismísima editorial Corin Tellado.
5 - UN POLITICO CON FINES EQUIVOCADOS
Sarmiento se va a Chile, desde allí comienza su obra contra el “dictador Rosas”,
trabajando justamente para el “dictador Portales”, ¿comodidad? ¿Desahogo?
¿Interés?, vaya a saber que, pero él, el gran defensor de la libertad,
emancipación, autonomía, escribe en un ataque de furia desplegando quizás su
pensamiento oculto sobre los gobiernos que él pretende “... es preciso emplear
el terror para vencer en la guerra. Debe darse muerte a todos los prisioneros y
los enemigos. Debe manifestarse un brazo de hierro y no tener consideración...
“, si según él, Rosas era eso justamente lo que hacía, Sarmiento, ¿En contra de
que estaba?, y para terminar con la historia del ilustre luchador de la
“libertad”, el 14 de noviembre de 1841, escribe “... nosotros pensamos que en
los países sudamericanos la palabra libertad importa sainete ridículo, melodrama
horrible y larguísima comedia que no manifiesta tener fin”, esto es, el
pensamiento del gran luchador de las libertades individuales.
Ya en 1942, el gran maestro asocia a su pensamiento liberal-golpista, el de la
traición a la patria, en el diario “El Progreso” de chile, publica , “...seamos
francos, esta invasión es útil a la civilización y al progreso”, Inglaterra
había invadido las Islas Malvinas, este es el prócer de lata, encumbrado por la
docencia que no es capaz de informar debidamente a los alumnos argentinos, y no
le echemos culpa a la educación porque nadie está obligado a no contar lo que
sabe y además está escrito ¡¡ y por el mismo Sarmiento !!, pero su triste
designo sigue con el estrecho de Magallanes, aconseja al General chileno Bulnes
“...mandar al estrecho algunas compañías de soldados y los víveres necesarios
para su mantenimiento”, los chilenos toman Magallanes y dictan un bando tomando
posesión en nombre del gobierno chileno ¿ si el Estrecho de Magallanes era
chileno para que labren un acta de posesión ?, es decir, sabían que el estrecho
no era chileno.
Como no quería volver a Buenos Aires porque gobernaba Rosas, se dedica a
realizar campaña desde Chile, el 11 de enero pública “...los argentinos
residentes en Chile pierden desde hoy su nacionalidad. Los que no se resignen a
volver a la Argentina deben considerarse chilenos desde ahora. Chile puede ser
en adelante nuestra patria querida. Debemos vivir totalmente para Chile y en
esta nueva afección deben ahogarse las antiguas afecciones nacionales”, palabras
que repetiría el 15 de abril de 1884, representando al gobierno argentino en
forma oficial.
No son casualidades los pensamientos de Sarmiento, el Estrecho de Magallanes es
chileno, insinúa tratar el asunto de la Patagonia, la posesión de San Juan y
Mendoza, todos estos territorios para Chile. Está de acuerdo con la logia de
Montevideo e Inglaterra por el cual Corrientes y Entre Ríos pasen a ser
territorios de la Banda Oriental, que Misiones pasara a Brasil, Jujuy y Salta a
Bolivia y hasta habla en “La Crónica” de “...los Andes chilenos”, y escribe en
ese mismo diario el 11 de noviembre de 1849 “...es preciso reconcentrar sus
fuerzas en poco espacio para tener poder, es preciso aumentar la población para
ser fuerte y entonces imponerle la ley a los vencidos”. Dice Arturo Jauretche
“---y esta imagen de Sarmiento imponiendo la ley a los vencidos, a los países
cuya separación promoviera, como se concilia con el Sarmiento que nos han
vendido”. En ese momento Rosas, según Ricardo Rojas , decía”...es preciso
conquistar Tarija, Magallanes, Montevideo y Paraguay, esta es la diferencia que
siempre marcamos, los unitarios pensando en su negocio comercial en una patria
chica, y los Federales pensando en una Patria Grande donde el hombre americano
goce de las libertades individuales. Recomendamos leer “En Ejército y Política,
la Patria Grande y la Patria Chica”
6 - UNA CONFUNSION DE IDEAS
Su odio a España, lo representa admirando a Francia o a Inglaterra, pues más
adelante hablará de la “... gran Albión”, las frases de Sarmiento sobre España
lo dicen todo”...tengo que luchar con la raza española, tan incapaz de
comprender el gobierno libre, crearlo y sostenerlo, aquí como en España (...)
España, condenó a la barbarie a los descendientes de europeos en América (...)
el castellano es barrera infranqueable para la transmisión de las luces (...) no
ha habido en España un hombre que piense (...) España no ha tenido un solo
escritor de nota, ningún filósofo, ningún sabio, no posee un escritor que pueda
educarnos, ni tiene libros que nos sean útiles”. Sarmiento dice cosas que rayan
la locura, ataca a España por sus letras y sus costumbres culturales ignorando
que en ese momento tenía 1800 años más que nosotros, por lo tanto su
conocimiento sobre ese país era totalmente nulo, sorprendente en un hombre que
acá en Argentina es denominado “ el maestro de las aulas”, pero lo peor en
Sarmiento es no entender la lucha comenzada por San Martín y seguida por Rosas,
es decir, confundió la lucha de la Independencia y la Soberanía Nacional con la
impresión de un libro escrito por españoles, ¿no sabía Sarmiento que ya existían
Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Miguel de Cervantes, Santa Teresa de
Ávila, los pintores Murillo, Velázquez, Goya y pensadores como Jovellanos,
Feijoo, Vitoria ?, este hombre, es al que hoy lo recordamos en el día del
maestro.
7 - COMIENZA A CONFUNDIR SU VIDA COMO ESCRITOR
Se hace evidente que Sarmiento va perdiendo su posición política, se afianza un
nuevo gobierno en Chile, Rosas maneja la Confederación en Argentina, y él sigue
autoexiliado en Chile, es entonces que se le presenta la oportunidad de su vida,
muere el General Félix Frías Aldao, “ el Fraile Aldao”, combativo y
sobresaliente figura de la época, y Sarmiento comienza a escribir la “ Vida de
Aldao”, dice Pedro de Paoli en la hoja 75 de Sarmiento y el Desarrollo Nacional
“...todo lo tergiversa Sarmiento en esta biografía: Las supuestas borracheras,
la crueldad, el despotismo. Llega hasta hacer una verdadera novela con la
asistencia médica que tiene Aldao en el proceso de su enfermedad y muerte.
Lástima de pluma y de imaginación tan dominados por el espíritu de la mentira y
el ensañamiento”. No debemos olvidar que decía que España no tenía escritores y
que no podía enseñar nada.
Así todo, comienza a publicar en un diario chileno, la vida de Juan Facundo
Quiroga, Caudillo Federal Argentino, hombre de ideas de libertad y religión,
debemos recordar que el estandarte de lucha del General Quiroga era “ RELIGIÓN O
MUERTE” , Sarmiento lo enfoca desde su escritorio cómodamente sentado luchando
por la libertad ¿ de quien ?, su publicación la denomina “ civilización y
barbarie “, que luego cobraría inusitado interés por parte de los unitarios, y
hoy es considerada una obra de extraordinario valor cultural, notablemente, los
escritos de Sarmiento a pesar de ser mentirosos, aberrantes en sus
apreciaciones, incoherentes referentes a la cultura argentina y todo lo que
proceda del campo, aun hoy sus obras son consideradas leíbles, es muy común que
un chico de escuela solicite por pedido de su docente “ Recuerdos de Provincia”
o “ Facundo”, como si en esos libros encontrarán los objetivos nacionales que
necesita un país para encontrar su verdadera identidad.
Un dato por más elocuente de las fantasías de Sarmiento, es que comienza su “
Facundo “, a solo diez años de la muerte del caudillo, cual es la información
que posee para hacer la biografía de “...este bárbaro hombre que pobló nuestro
suelo”, es muy posible que haya consultado amigos, pues por escritos no se pudo
asesorar ya que estaba en Chile, se hace entonces más entendible “ la consulta
con amigos”, que por supuesto eran unitarios y no amigos precisamente de Facundo
Quiroga
Su comparación es tan irreal, como despreciable, porque habla de su raza, de su
país, de sus antecesores, pero a él, nada le importa, escribe “... puede ser muy
injusto exterminar salvajes, sofocar civilizaciones nacientes, conquistar
pueblos que están en posesión de un terreno privilegiado (...) Caupolicán,
Colocolo y Lautaro no son más que unos indios asquerosos, a quienes habríamos
hecho colgar ahora, si aparecieran ahora en una guerra de los araucanos contra
Chile”. El maestro de maestros le escribe a Mitre el 20 de septiembre de 1861
“...no trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso
hacer útil al país, la sangre de esta chusma criolla, incivil, bárbara y ruda,
es lo único que tienen de seres humanos”.
De Paoli dice en hoja 79, en su libro, “... con tales ideas sobre habitantes y
los problemas de la República Argentina, era lógico que titulara, como lo hizo,
a su folletín: “Civilización y Barbarie”. La premisa era falsa, y falsas tenían
que ser las conclusiones a que llegara (...) gobierna la campaña, la gente de
frac piensa en los europeos; los ingleses y los franceses; aman la cultura, el
progreso, las bellas artes y las ciencias. Esos eran Rivadavia, del Carril,
Varela, Rivera Indarte, Echeverría. Esos eran el partido unitario, el partido de
las luces; mientras que Rosas y Quiroga, que son la barbarie, la campaña, son el
partido federal, el partido del atraso; el resabio de España. Así va
desarrollando su pensamiento Sarmiento.
8 - EL MUNDO CAMBIA PARA MAL DE SARMIENTO
Es tan calamitoso lo de Sarmiento, que ignora que en el mundo se han sucedido
episodios que han cambiado en muchas de sus formas, las vidas, las culturas, las
políticas: Ha comenzado la lucha de clases, las revoluciones sociales, la
igualdad de condiciones ante las injusticias a la clase obrera, aparece Henales,
Rousseau, Engels, con su manifiesto comunista, Carlos Marx, con el marxismo, ¿En
donde vive Sarmiento?, seguramente dentro de una botella, lógicamente con
corcho.
En 1848, Engels denunciaba la economía capitalista y la situación de la clase
obrera y al estado burgués, Blanc predica en el mismo año a favor de los
derechos obreros, Owen (1771-1858), dueño de un establecimiento fabril, trabaja
sobre la organización obrera, Fourier (1772-1835) había publicado el “ Tratado
de asociación doméstica agrícola”, Saint-Simón (1760-1825), realizo una gran
labor a favor de las nuevas ideas sociales, mientras Sarmiento el 20 de
septiembre de 1861 le escribe a Mitre “...tengo odio a la barbarie popular...la
chusma y el pueblo gaucho nos es hostil ”, ya había escrito en 1841 “...es un
bien de la oligarquía chilena, formada por la clase pudiente e ilustrada”.
Si Sarmiento es escritor instruido, si gusta de los adelantos sucedidos en la
Europa, si aboga por las costumbres europeas, como puede ser que ignore lo que
sucede en el mundo de esa época, hipocresía, simulador, impostor, falsedad, solo
la mente distorsionada de Sarmiento puede concebir semejante posición política,
porque se hace muy elocuente que en el mundo las ideas sociales ya estaban
cambiando la forma de vida y el seguía con su hostilidad al gaucho, que al fin y
al cabo, él, y solo él, le debía enseñar nuevas costumbres, ya que él, era el
gran maestro.
“...que servicio prestan a la patria las huérfanas, hijas de padres viciosos o
extraviados, ¿Por qué ha de gastar el estado su dinero en alimentar a nadie? Son
dineros mal gastados los destinados a colegios de huérfanos, si los pobres se
han de morir que se mueran, que importa que el estado deje morir al que no puede
vivir a causa de sus defectos”, discurso de Sarmiento en el Senado de la Nación
el 13 de septiembre de 1859.
El ocultamiento del verdadero Sarmiento lo podemos leer en la “Historia
Argentina” de José C. Ibáñez, el cual de la página 211 hasta la 214, no dice
absolutamente nada sobre lo escrito en estas páginas, como si esto no hubiese
sucedido, pero debe ser casi seguro, que si analizamos lo escrito sobre otros
presidentes, figuras o próceres, seguramente encontraremos que esa historia
tiene decididamente inclinaciones políticas que no reflejan un sentido Nacional
y Popular.
Los escritos de Sarmiento sobre Facundo Quiroga, la campaña y el gaucho, tienen
tal rechazo, que Valentín Alsina, Florencio Varela, Juan Bautista Alberdi, entre
otros, profesos declarados unitarios, manifiestan que es inexacto todo como lo
describe Sarmiento.
Esta política de desmerecimiento encarada por Sarmiento, cuesta entender como un
fin político, en ese momento, pero tengamos en cuenta que años después Sarmiento
sería nombrado Presidente de la Nación, se puede concebir en una mente humana,
que el pensamiento de este hombre haya sido el que dirigió los destinos del país
entre 1868 y 1874, pensemos en los avatares que estamos viviendo en la vida
moderna por las ideas que impuso Sarmiento hace 150 años atrás y que todavía
siguen rondando en las mentes de algunos argentinos.
Lo escrito por Sarmiento en el Facundo toma interés inusitado para la oligarquía
liberal y masónica que gobierna el país. El Facundo se convierte en un
instrumento de propaganda política e ideológica al necesitar esa oligarquía
aniquilar todo vestigio de tradición católica, hispánica y criolla. Hay que
transformar este país, comenzando por transformar la conciencia de sus
habitantes, cambiar sus mentes, borrar de su memoria la verdad del pasado
argentino, sobre todo la grandeza moral del gaucho y la libertad y el bienestar
de que gozaba.
Solamente al iniciarse el siglo XX, se edita el Martín Fierro, la antítesis del
Facundo, ahí se reivindica al gaucho y se cuenta sus penurias.
Sarmiento nunca llegó a comprenderlos.
9 - COMIENZA A DIVAGAR SOBRE GOBERNABILIDAD
Sarmiento comienza a posesionarse pensando en la caída de Rosas, y fluyen sus
ideales de lo que debe ser una nación escribiendo un “Proyecto de Reorganización
de la República”, en una de sus partes especifica “...quien no reconozca el
gobierno del General Paz, debe ser ahorcado”, escribe “...un gobierno despótico,
tirano y sanguinario”. El gobierno de Chile comienza a dudar de las facultades
mentales de Sarmiento y le inventan un viaje a Europa con el fin de estudiar el
sistema educativo europeo.
En Europa lo que menos visita son los ministerios de educación, a el le importa
solamente la caída de Rosas, está obsesionado con esa idea, se acerca a
políticos como Thiers y Guizot, pero resulta que son Rosistas a pesar de estar a
miles de kilómetros de Buenos Aires, por intermedio del General Las Heras
consigue entrevistar al General san Martín que ya se encuentra viviendo en Grand
Bourg, cuando comienza a hablar mal de Rosas, San Martín lo recrimina y sostiene
el pensamiento del restaurador sobre su patriotismo. Nuevamente su pensamiento
de gobernabilidad sufre un duro revés y justamente con San Martín.
10 – EL PACTO PARA QUE SARMIENTO SEA PRESIDENTE
El sistema político que comienza a imperar en Buenos Aires le es muy conocido a
Sarmiento, pues ya estuvo en todos los pensamientos sediciosos de los unitarios,
no desconoce como se mueven entre las sombras las fuerzas políticas, las
financieras, el ejército, la marina, ya tiene en claro como llegar a lo más alto
del poder.
Sarmiento se fue al Partido Conservador, porque el Partido Liberal ofrecía abrir
un camino hacía las ideas populares, y él, de ninguna forma aceptaría ese tipo
de ideas, y lo escribirá en sus memorias “...las huelgas son invenciones de los
ociosos que buscan motivos de alarma. El socialismo las usa como instrumento de
perturbación... ”, Es decir, nunca se dignó a pensar que tras un conflicto
laboral, había una necesidad pendiente.
El único hombre que se le oponía en el mismo partido era Adolfo Alsina el cual
era él mas querido de todos los candidatos. Pero la oligarquía no le tiene
confianza, y los intereses solamente se los defenderá Sarmiento, el 12 de junio
de 1868 es elegido presidente. En Buenos Aires no contó con un solo elector, el
pueblo no votaba libremente. Y en esta elección la violencia a favor de
Sarmiento fue tan brutal que Mitre tuvo que destruir al General Arredondo por
sus excesos armados a favor de Sarmiento. Para ser gobernador de San Juan fue
necesario degollar al Chacho, para ser presidente, fueron necesarios los sables
del General Arredondo.
Llega a presidente, pero contrariamente a lo que se conoce, no es el gran
maestro que lleva adelante la educación, en España, país odiado por Sarmiento
conoce a Torres, el cual será el técnico del ministerio de Educación durante la
presidencia de Sarmiento, Fue Torres el de las iniciativas en las escuelas
normales y colegios nacionales. Este gran aporte a la enseñanza en la
presidencia de Sarmiento se debe, pues, a esa España educacional, que tanto
denigrara Sarmiento. Es Torres el que restablece la disciplina del colegio
Nacional de Buenos Aires; que ocupa con gran eficacia la Inspección de Colegios
Nacionales de la Nación; inculca las nociones y los métodos de Montesino y
Pestalozzi en nuestro país, hombres que Sarmiento en su viaje a España no los
consideró importantes para la enseñanza. Sarmiento era el presidente.
No ha de extrañar estos altos y bajos en los pensamientos de Sarmiento, porque
él, está alejado de esa figurita escolar a la cual estamos ligados docentemente,
porque él mismo será la contradicción de sus pensamientos, y a pesar de tomar
parte de una Constitución a la norteamericana, a pesar de su disgusto, la
gobernabilidad de el pasa por su propia constitución. Siendo gobernador de San
Juan arrasa Entre Ríos, siendo presidente persigue a López Jordán hasta los
cantones de la frontera, pone precio a las cabezas de los jefes jordanistas y
persigue a José Hernández, el autor del Martín Fierro, cosa para el lógica, pues
Hernández era opositor a sus ideas.
Ya tiene el poder que necesitaba, era presidente, y amuebla parte de su despacho
con los muebles que el ejército brasileño ha saqueado en la residencia de Madame
Linch, de Asunción, y que se venden en subasta pública en Buenos Aires. Son
muebles robados.
Le niega el subsidio al Ferrocarril del Oeste, una iniciativa argentina y le
brinda el apoyo al Ferrocarril Pacífico que es inglés, la gran iniciativa
argentina en ferrocarriles, fundada por argentinos, dirigido por argentinos y
con capitales argentinos, era la demostración inexcusable de la falsedad de la
tesis de Sarmiento de que los argentinos éramos incapaces de dirigir el progreso
del país. La competencia ferroviaria cesa, y los ingleses quedan dueños
exclusivos del tráfico ferroviario.
Ante el monumento de Belgrano, siendo presidente, en uno de sus párrafos
expresa,”...la poderosa Albión, la enérgica raza inglesa, cuya misión es someter
al mundo bárbaro del Asia, África, y nuevos continentes e islas”. Entre esos
nuevos continentes, lógicamente, está América del Sur, nuestro país.
Lo escrito en este informe no se encuentra en los libros escolares, ellos están
automatizados en contar una historia que ocultan las verdades que harían cambiar
de pensamiento a quienes la lean.
Por eso, se hace necesario desenmascarar las identidades que encubren estas
falsedades, lo peor que le puede pasar a la Patria y a su Pueblo que oscuros
intereses desinformen con propósitos inconfesables, pero que mayormente están
dirigidos a perder la Identidad Nacional, decía San Martín “...seamos libres,
después no importa nada”, y esta es la libertad que nos quieren quitar, el del
Pensamiento Nacional, fuera de las figuras de cartón que enseñan en las
escuelas, por definiciones políticas, San Martín, nunca estaría al lado de
Rivadavia y de Sarmiento, no, por lo que contemos nosotros, sino, por lo que
escribió San Martín de ellos, por eso nos atrevemos a contar una historia por la
cual lucharemos toda la vida: por la Independencia, por la Soberanía Nacional,
por la Justicia Social y por la Patria Grande .
Bibliografía consultada
Pedro de Paoli, Sarmiento y el Desarrollo Nacional.
Juan A. Bustinza/Gabriel A. Ribas, Las Edades Moderna y Contemporánea
José C. Ibáñez, Síntesis de Historia Argentina
Mariano de Vedia y Mitre, Páginas inéditas de Sarmiento, año 1931
Arturo Jautetche, Manual de Zonceras Argentinas
Adolfo Saldías, Un Siglo de Instituciones.
Raúl Scalabrini Ortiz, La Historia de los Ferrocarriles Argentinos
Fuente:
www.peronvencealtiempo.com.ar
Gloria
y loor al gran cipayo argentino
Algunos dichos del ilustre sanjuanino
SOBRE LA PATRIA: "Los argentinos residentes en Chile pierden desde hoy su
nacionalidad. Chile es nuestra Patria querida. Para Chile debemos vivir. En esta
nueva afección deben ahogarse todas las antiguas afecciones nacionales" (El
Progreso, 11/10/1843). "Fui chileno, señores, os consta a todos" (5/4/1884).
SOBRE LA PATAGONIA AUSTRAL: "He contribuido con mis escritos aconsejando con
tesón al gobierno chileno a dar aquel paso... El gobierno argentino, engañado
por una falsa gloria, provoca una cuestión ociosa que no merece cambiar dos
notas, Para Buenos Aires tal posesión es inútil. Magallanes pertenece a Chile y
quizá toda la Patagonia... No se me ocurre después de mis demostraciones, como
se atreve el gobierno de Buenos Aires a sostener ni mentar siquiera sus
derechos. Ni sombra ni pretexto de controversia les queda". (El Progreso 11 al
28 de Nov. 1842 y La Crónica 11/3 y 4/8/1849). "Es una guerra desértica, frígida
e inútil. No vale la pena gastar un barril de pólvora en su defensa. ¿Por qué
obstinarse en llevar adelante una ocupación nominal?" (1868; 30/5/1881 y El
Nacional, 19/7/1878)
SOBRE LA MARINA NACIONAL: "El día que Buenos Aires vendió su Escuadra hizo un
acto de inteligencia que le honra. Las costas del Sur no valdrán nunca la pena
de crear para ellas una Marina. Líbrenos Dios de ello y guardémonos nosotros de
intentarlo". (El Nacional, 12/12/1857 y 7/6/1879).
SOBRE LAS COLONIAS EXTRANJERAS Y LAS MALVINAS: "La Inglaterra se estaciona en
las Malvinas. Seamos francos: esta invasión es útil a la civilización y al
progreso" (El Progreso, 28/11/1842). "Propicio una colonia yanqui en San Juan y
otra en el Chaco hasta convertirse en colonias norteamericanas de habla inglesa
(años 1866 y 1868) porque EEUU es el único país culto que existe sobre la
tierra. España, en cambio, es inculta y barbara. En trescientos años no ha
habido en ella un hombre que piense... Europa ha concluido su misión en la
historia de la humanidad". Por último se lamenta que hallamos vencido a los
ingleses en las invasiones. (Cf. Gálvez, 449, 90 y 132)
SOBRE EL GAUCHO: "Se nos habla de gauchos...La lucha ha dado cuenta de ellos, de
toda esa chusma de haraganes. No trate de economizar sangre de gauchos. Este es
un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esta chusma criolla
incivil, bárbara y ruda, es lo único que tienen de seres humanos".(Carta a Mitre
de 20 de Septiembre de 1861 y "El Nacional" 3/2/1857)
SOBRE LA IGUALDAD DE CLASES: "Cuando decimos pueblo, entendemos los notables,
activos, inteligentes: clase gobernante. Somos gentes decentes. Patricios a cuya
clase pertenecemos nosotros, pues, no ha de verse en nuestra Cámara (Diputados y
Senadores) ni gauchos, ni negros, ni pobres (interesante apreciación de
Sarmiento descendiente de negros, por parte materna y nacido pobre, N. del A.).
Somos la gente decente, es decir, patriota" (Discurso de 1866)
SOBRE LOS DESHEREDADOS SOCIALES: "Si los pobres de los hospitales, de los asilos
de mendigos y de las casas de huérfanos se han de morir, que se mueran: porque
el Estado no tiene caridad, no tiene alma. El mendigo es un insecto, como la
hormiga. Recoge los desperdicios. De manera que es útil sin necesidad de que se
le dé dinero. ¿Qué importa que el Estado deje morir al que no puede vivir por
sus defectos?. ¿Los huérfanos son los últimos seres de la sociedad, hijos de
padres viciosos, no se les debe dar más que de comer". (Discurso en el Senado de
Buenos Aires, 13 de Septiembre de 1859)
SOBRE LA MASA: "Tengo odio a la barbarie popular... La chusma y el pueblo gaucho
nos es hostil... Mientras haya un chiripá no habrá ciudadanos, ¿son acaso las
masas la única fuente de poder y legitimidad?. El poncho, el chiripá y el rancho
son de origen salvaje y forman una división entre la ciudad culta y el pueblo,
haciendo que los cristianos se degraden... Usted tendrá la gloria de establecer
en toda la República el poder de la clase culta aniquilando el levantamiento de
las masas". (En Buenos Aires, 1853; Carta a Mitre del 24 de Septiembre 1861; en
EEUU., 1865)
SOBRE EL INDIO AMERICANO: "¿Lograremos exterminar los indios? Por los salvajes
de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa canalla
no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si
reapareciesen. Lautaro y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así son
todos. Incapaces de progreso, su exterminio es providencial y útil, sublime y
grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya
el odio instintivo al hombre civilizado". (El Progreso, 27/9/1844; El Nacional,
25/11/1876)
SOBRE LA PALABRA DE HONOR: "Si miento lo hago como don de familia, con la
naturalidad y la sencillez de la verdad" (Carta a M. R. Garcia, 18/10/1868)
(Palabra de honor del presidente de los argentinos e historiador nacional)
SOBRE EL LIBRO FACUNDO: "Jovencito: no tome como oro de buena ley todo lo que he
escrito contra Rosas" (Consejo dado a Ramos Mexía). "Los muchos errores que
contiene son una de las causas de su popularidad" (La Crónica, 26/12/1853).
"Lleno de inexactitudes, a designio a veces" (Carta a Paz, 22/12/1845). "Cada
pagina revela la precipitación con que ha sido escrito" (Rec. de Pcia.). "Sin
documentos a la mano y ejecutado con propósitos de acción inmediata" (Carta a V.
Alsina, 7/4/1851).
SOBRE EL "MODELO" DE ESTUDIANTE: "La plana (libreta escolar) era abominablemente
mala, tenia notas de policía (conducta deficiente), había llegado tarde, me
escabullía sin licencia (se rateaba) y otra diabluras con que me desquitaba del
aburrimiento" (Mi defensa, año 1843)
SOBRE LA FUNDACION DE ESCUELAS: "En Buenos Aires SOLO LOGRE FUNDAR 2 ESCUELAS"
(Carta a M. Mann, 15/5/1866). "De treinta jóvenes que era la dotación de la
Escuela de Preceptores que dirigía en Chile, veintiocho fueron expulsados" (El
Monitor, 15/8/1852). "En Santa Rosa de Chile fui real maestro de escuela, no
habiéndolo sido antes ni después" (8/4/1884) . "En la ciudad de Buenos Aires se
han construido solo dos edificios de escuelas en estos veinte años (de 1858 a
1878). Mientras tanto no se intenta nada. En la única escuela normal de varones
el 95% son ineptos; el 30% debió ser expulsado, y el resto solo concurre por el
aliciente del viático con que se premia su asistencia a clase. De las dos
escuelas normales de mujeres se debió suprimir una" (Informe de 1878).
SOBRE LOS UNIVERSITARIOS: "Si algo habría de hacer por el interés publico seria
tratar de contener el desarrollo de las universidades... En las ciudades
argentinas se han acumulado jóvenes que salen de las universidades y se han
visto en todas las perturbaciones electorales... Son jóvenes que necesitan
coligarse en algo porque se han inutilizado para el comercio y la industria. La
apelación de "Doctor" contribuye a pervertirles el juicio... El proyecto de
anexar colegios nacionales a la universidad es ruinoso y malo, pues contribuirá
a perturbar las cabezas de los estudiantes secundarios e inutilizarlas para la
vida real que no es la de las universidades ni de los doctores. La educación
universitaria no interesa a la nacion ni interesa a la comunidad del país...
Generalmente en todo el mundo las universidades son realmente libres. Nada tiene
que ver ni el estado ni nadie con las universidades" (Senado Nacional, 27/7/1878
y 19/9/1878)
SOBRE LA MASACRE PATRIOTICA: "Necesitamos entrar por la fuerza en la Nacion, la
guerra si es necesario" (año 1861). "Los sublevados serán todos ahorcados,
oficiales y soldados, en cualquier numero que sean" (año 1868. "Es preciso
emplear el terror para triunfar. Debe darse muerte a todos los prisioneros y a
todos los enemigos. Todos los medios de obrar son buenos y deben emplearse sin
vacilación alguna, imitando a los jacobinos de la época de Robespierre" (año
1840). "A los que no reconozcan a Paz debiera mandarlos ahorcar y no fusilar o
degollar. Este es el medio de imponer en los ánimos mayor idea de la autoridad"
(año 1845). "Hemos jurado con Sarmiento que ni uno solo ha de quedar vivo"
(Mitre en 1852).
SOBRE KA DEMOCRACIA SANGUINARIA: La muerte del gobernador Benavidez "es acción
santa sobre un notorio malvado. !Dios sea loado" (El Nacional, 23/10/1858).
"Acabé con el Chacho(el General Peñaloza). He aplaudido la medida precisamente
por la forma. Sin cortarle la cabeza a ese pícaro, las chusmas no se habrían
aquietado" (Carta a Mitre, 18/11/1863).
"Córteles la cabeza y déjelas de muestra en el camino" (Carta a Arreondo,
12/4/1873). "Si el coronel Sandes mata gente(en las provincias) cállense la
boca. Son animales bípedos de tan perversa condición (esos provincianos que
defienden sus autonomías) que no se que se obtenga con tratarlos mejor" (Informe
a Mitre, 1863). El fusilamiento en masa de un batallón correntino: "brillante
conducta". A los sublevados enterrianos en 1868. "Proceda a diezmarlos, pasando
por las armas a los que le toque en suerte". El degüello de Santa Coloma: "acto
de que gusté" (año 1852). Asesinato del gobernador Virasoro que él instigó desde
Buenos Aires: "San Juan tenia derecho a deshacerse de su tirano" (año 1860).
Aprobó el asesinato en masa en Villamayor el 2/2/1856 y como presidente ofreció
$100.000 por la cabeza de López Jordán y entre las cabezas valuadas a 1000
patacones estaba la de José Hernández, que acababa de publicar el "Martín
Fierro", y era un ferviente antirrosista.
SOBRE EL SOCIALISMO : "Las huelgas son invenciones de los ociosos que buscan
motivos de alarmar. El socialismo las usó como instrumento de perturbación; pero
el socialismo es una necedad en América". (El Nacional, 14/9/1878).
SOBRE LA LIBERTAD DE SUFRAGIO: "Después de la caída de Rosas, Buenos Aires fue
educada en la practicas de la libertad por demagogos. El fraude, la
falsificación de las urnas electorales vienen de 1852 por los comicios
organizados por Mitre. Después de veinte años de este sistema Mitre se ha
quedado solo en la República con sus paniaguados. En Buenos aires hay tal
libertad de sufragios que ni a palos harán que el pueblo concurra a elecciones".
(Año 1872 ¡El era presidente!).
SOBRE LA DEMOCRACIA LIBERAL: "Aquí en América la palabra libertad importa
sainete ridículo; Riquísima comedia que no manifiesta tener fin" (14/11/1841).
"Esta demostrado que no puede haber mas política que la del garrote y la macana"
(año 1880). "A quien no quiere pagar lo soplo a la cárcel. En materia de
contribución directa hago peor, pues les rasco el bolsillo" (Gobernado de San
Juan en carta a Mitre, 1862).
"Una Constitución pública no es una regla de conducta para todos los hombres. La
Constitución de las masas populares son las leyes ordinarias, los jueces que las
aplican y la policía de seguridad. No queremos exigir a la democracia más
igualdad que la que consienten la diferencia de raza y posiciones sociales.
Nuestra simpatía para la raza de ojos azules."(OO. CC., 1886)
SOBRE EL CONGRESO DE TUCUMÁN: "Formado en su mayoría por curas de aldea,
ignorantes de la historia contemporánea. Era un niño que declara la
independencia; pues no se necesita inteligencia ni ciencia para emanciparse y
constituirse una fracción de pueblo independiente de otra" (Tomo 48º, p. 103 y
302 de OO.CC)
SOBRE LAS LAS PROVINCIAS: "Son pobres satélites que esperan saber quien ha
triunfado para aplaudir. La Rioja, Santiago del Estero y San Luis son piltrafas
políticas, provincias que no tienen ni ciudad, ni hombres, ni cosa que valga.
Son las entidades mas pobres que existen en la tierra" (El Nacional, 9/10/1857).
SOBRE LOS PORTEÑOS: "Las elecciones de 1857 fueron las mas libres y mas
ordenadas que ha presentado la América". (El Nacional, 13/10/1857). "Para
ganarlas, nuestra base de operaciones ha consistido en la audacia y el terror,
que empleados hábilmente han dado este resultado (de las elecciones del 29 de
marzo). Los gauchos que se resistieron a votar por nuestros candidatos fueron
puestos en el cepo o enviados a las fronteras con los indios y quemados sus
ranchos. Bandas de soldados armados recorrían las calles acuchillando y
persiguiendo a los opositores. Tal fue el terror que sembramos entre toda esa
gente, que el día 29 triunfamos sin oposición. El miedo es una enfermedad
endémica de este pueblo. Esta es la palanca con que siempre se gobernara a los
porteños, que son unos necios, fatuos y tontos". (Carta a D. Oro 17/6/1857)
SOBRE SAN MARTÍN: "San Martín el ariete desmontado ya que sirvió a la
destrucción de los españoles; hombre de una pieza; anciano batido y ajado por
las revoluciones americanas, ve en Rosas el defensor de la independencia
amenazada y su ánimo noble se exalta y ofusca... Fastidiado estoy de los grandes
hombres que he visto... Hace tiempo que me tienen cansado los héroes
sudamericanos (como si el fuera europeo), personajes fabulosos todos... La
expatriación de San Martín fue una expiación. Sus violencias se han vuelto
contra él y lo han anonadado... Pesan sobre él ejecuciones clandestinas...
Dejemos de ser panegiristas de cuanta maldad se ha cometido. San Martín,
castigado por la opinión, expulsado para siempre de la América, olvidado por
veinte años, es una digna y útil lección". (Año 1845. La Crónica, 26/12/1853;
carta a Alberdi 19/7/1852; y año 1885)
SOBRE ROSAS: ... falso, corazón helado, espíritu calculador... Tirano sin rival
hoy en la tierra,...... una aberración, una monstruosidad... legislador de esta
civilización tártara... el tirano... el lobezno que se está criando aún...... el
caníbal de Buenos Aires... las miradas suspicaces del tirano... el azote del
verdugo... otros execraban aquel monstruo sediento de sangre y de crímenes,...
el despotismo de Rosas... tirano semibárbaro.... Degüella, castra, descuartiza a
sus enemigos para acabar de un solo golpe... el execrable Nerón, el tirano
brutal.... la sangre derramada ahogue al tirano!... Rosas con sus atrocidades...
ese monstruo,... los bandidos, desde Facundo hasta Rosas... este genio maldito
... el monstruo... horrible monstruo... del execrable tirano... sus mismas
brutalidades y su desenfreno... un forajido, un furioso, o un loco frenético...
SOBRE URQUIZA : "No deje cicatrizar la herida de Pavón. Urquiza debe desaparecer
de la escena, cueste lo que cueste. Southampton o la horca. El es la única nube
negra que queda en el horizonte". (Carta a Mitre, dic. 1861). "Además es preciso
acogotar a Alberdi, del Carril, Gutiérrez y Fragueiro con Vicente F. López,
Cané, Luis Domínguez y Tejedor". (Carta a J. Posse, mayo 1860). "Urquiza es el
verdugo vendido a Rosas. Su historia es negra y salpicada de sangre. Un reguero
de sangre señala su camino. Después de despoblar la tierra con sus atrocidades,
la despuebla con sus rapiñas. Suscita secuaces donde quiera haya un bárbaro. Es
un escuerzo, un viejo montonero, un ambicioso, un cacique y soldado
desvergonzado, un padrillo inmundo, un gaucho mazorquero e insolente: monstruo
de carnicerías humanas". (Tomo 17, p. 93 y 121 y Tomo 49, p. 295)
SOBRE EL CHACHO
“Quedaron en nuestro poder el mayor don Cicerón Quiroga , jefe de la infantería,
y siete oficiales, los que fueron pasados por las armas a día siguiente; se
cuentan treinta hombres muertos” (Parte de Sandes 13-2-1862) “ Ha sido una
repetición de o de Cañada de Gómez (Informa Sandes a Mitre) “El coronel Sandes
llevó orden por escrito del infrasripto de pasar por las armas a todos los que
se encontrase con las armas en la mano, y lo ha ejecutado en jefes y oficiales”
(Carta de Sarmiento a Mitre 15-2-1862) Más tarde, siendo presidente Sarmiento,
la oposición (Mitre) reproduce la carta La Nación Argentina el 25-11/1868.
Sarmiento atribuye a matanza al ejercito de Mitre que él “por un acto de
generosidad… puso a cubierto de reproches” (JMR tVI p.24)
Don Juan Facundo
Quiroga - Romance histórico
Anónimo
Don Juan Facundo Quiroga
1° Parte
Don Juan Facundo Quiroga,
General de mucho bando,
Que tuvo tropas de líneas
Muchos pueblos a su mando.
Hombre funesto y terrible
Que fue el terror de Los Llanos,
Era feroz, sanguinario,
Bárbaro, cruel e inhumano.
Tenía por apodo "El Tigre",
Por su alma tan alevosa,
Por su presencia terrible
y su crueldad espantosa.

Salta, Tucumán, Santiago,
Se hallaban desavenidos.
Marchó Quiroga a arreglarlos
Para dejarlos unidos.
Al partir le dice al pueblo
Como algo que ya presiente:
Sí salgo bien, volveré,
Si no ¡Adiós, para siempre!
Al ausentarse Quiroga
Ya le anunciaba el destino
Que había de perder la vida,
En ese largo camino.
Llevaba por compañero
A su secretario Ortiz,
Y apuraba la galera
En aquel viaje infeliz.
A pocas horas de andar
En un arroyo fangoso,
Se le agarró la galera,
Y allí se puso penoso.
Acude el maestro de posta,
Mas no pudiendo salir,
Al maestro mismo, Quiroga,
A las varas lo hizo uñir.
Al fin pudieron zafar,
Y como una exhalación
Cruzaba el coche la pampa,
Sin hallar interrupción.
En cada posta que llega,
Pregunta muy afligido
La hora que ha pasado un chasqui
De Buenos Aires venido.
Le contestan que hará una hora,
Entonces, con duro acento,
¡Caballos!, les pega el grito,
¡Sin pérdida de momento!
Y su marcha continúa,
Mas quiso también el cielo,
Molestar a ese bandido
Que había ensangrentado el suelo.
Durante tres días seguidos
Le hace llover permanente;
Se pone el camino horrible
Convertido en un torrente.
Al entrar en Santa Fe,
Se le aumenta su inquietud
Y en desesperada angustia,
Se pone con prontitud.
Le avisan que no hay caballos
En la "Posta de Pavón"
Y que el maistro estaba ausente,
Para mayor confusión.
Sufre una horrible agonía
Al prever una parada,
Y grita ¡Traigan caballos!
Con una voz angustiada.
Causaba asombro de ver
En este hombre tan terrible,
Ese extraño sobresalto
Donde el miedo era visible.
Después que logran marchar
Dice, viendo para atrás:
-"Si salgo de Santa Fe
No temo por lo demás."
Al pasar el río Tercero
Todos los gauchos acuden,
A ver a ese hombre famoso,
Tal vez que en algo le ayuden,
De alli lo hicieron pasar
Casi alzando la galera.
Por último, llega a Córdoba,
Donde Reinafé lo espera.
Estando en la posta ya,
Pidiendo a gritos caballos,
Ha llegado Reinafé,
Solícito a saludarlo.
Quiroga a las nueve y media
Había a este punto llegado,
No encontró caballo pronto,
Por su arribo inesperado.
Muy amable Reinafé
Lo invitaba atentamente:
-Pase en la ciudad la noche,
Lo atenderé dignamente.
Pero el salvaje Quiroga,

Sin ninguna educación,
Dice: ¡Caballos preciso,
Para mejor atención!
Viéndose así Reinafé,
Por ese hombre, despreciado,
Se regresó a la ciudad
Enteramente humillado.
Le llevaron los caballos
A las doce de la noche,
Hora en que siguió su viaje
Con Ortiz dentro del coche.
Al fin Quiroga llegó,
A Tucumán y Santiago,
Arregló todas las cosas
Y emprende su viaje aciago.
¡A Córdoba! pega el grito,
Y los postillones tiran,
Resuenan los latigazos
Y los caballos se estiran.
Quiroga lo sabe todo,
Hasta el peligro salvado,
Sabe el grande que le espera
Del enemigo burlado.
2° Parte
Mientras tanto Reinafé
Le prepara los puñales,
Que habían de acabar con él
En desiertas soledades.
Proponen los Reinafé.
Como hombres muy advertidos,
Llamar a un tal Santos Pérez
Y a otros gauchos pervertidos.
Santos Pérez se presenta,
Como mozo de obediencia
Y ¡Santas noches!, le dice:
¿Cómo se halla Vuecelencia?
Allí mismo le proponen
El matar a Don Facundo,
Haciéndole ver el bien
Que hará a la patria y al mundo.
Y le dice Santos Pérez:
-"Yo he de rendir obediencia
Pero si lleva la firma
de manos de Vuecelencia."
Al escritorio se entraron,
Estos hombres ya entendidos,
A trabajar este plan,
Sin que puedan ser sentidos.
Y le dice Santos Pérez,
Al acabar de firmar:
Preciso en este momento
Un chasqui para mandar.
Y manda al Totoral Grande
Que vuelvan por El Chiquito,
Que le llaman a su gente,
Yaques, Juncos y Benito.
Yaques, juncos y Benito,
Estos eran los bomberos,
Que marchaban adelante
Señalando el derrotero.
Hacia el sud de "El Ojo de Agua"
Al correo habían topado,
Le preguntaron del coche,
Que a dónde lo había dejado.
Y le responde el correo,
Hablando por sus cabales:
En la posta "El Ojo de Agua"
Quedan mudando animales.
3° Parte
Quiroga seguía su viaje
Sin mayor inconveniente,
Fía en el terror de su nombre
Y su orgullo de valiente.
Un poco antes de llegar,
A la posta "El Ojo de Agua"
Un joven salió del monte,
Pidiendo que se pararan.
Quiroga asomó primero
Preguntando: ¿Qué se ofrece?
-"Señor, quiero hablar a Ortiz,
Si inconveniente no hubiese."
Baja Ortiz de adentro el coche
Para saber lo siguiente:
"Deben matarlos a ustedes
"Santos Pérez con su gente.
"Se hallan en Barranca Yaco
"Aguardando a la galera,
"Del camino a los dos lados
"Se han colocado de espera.
"Tienen orden de matar
"De postillones arriba,
"Ninguna debe salvar
"Ni los caballos con vida.
"Aquí tiene este caballo
"Que le traigo para usted,
"Con el deseo de salvarlo
"A casa lo llevaré."
Era un