HUGO ALBERTO DE PEDRO |
El futuro será más de lo mismo
por Hugo Alberto de Pedro
Los argentinos seguimos estando bendecidos por las decisiones inconsultas de quienes dirigen los fragmentos, por cierto descuartizados, de los partidos políticos. Unos pocos personeros y vividores de la política indican quienes deben ser los candidatos, a cualquier cargo electivo, para lo cual disponen de millonarios montos “públicos” para imponer a sus continuadores. Como si ellas o de ellos se trataran de los salvadores de nuestro futuro y no de los hacedores del actual estado de situación.
Han sido -cada vez lo son más- tan miserables, egocéntricos y autoritarios que ya ni les queda el pudor de intentar abrir el diálogo dentro de sus propias facciones para permitir que sean sus adherentes o afiliados quienes puedan opinar y decidir sobre las ofertas electorales.
En momentos donde las corruptelas, encubrimientos y mentiras políticas ya no pueden ser escondidas más, ni aún detrás de los embusteros índices y resultados de una gestión gubernamental como tampoco de la parafernalia dispuesta para demostrar éxitos incomprobables, para ellos la fiesta de “su politiquería” parece incólume para seguir perpetrándose en las turbias y malolientes aguas del poder que les permitimos conseguir.
El método perverso de ir cooptando a diferentes sectores del quehacer nacional (sindicatos, movimientos sociales, organizaciones de Derechos Humanos, empresariado, personajes de la cultura, periodismo y medios de comunicación rastreros, etc.) le ha permitido al gobierno de Kirchner tener una hegemonía pocas veces comprobable en nuestra historia. En virtud de la cual cada sector saca la tajada que le corresponde sin miramiento alguno sobre la totalidad de los interesados y beneficiarios de las bondades de la administración y cosa pública. Sin miramientos y sin objeciones, porque disentir es sencillamente sacar los pies de las dádivas y prebendas que consiguen y que son dispuestas y ofrecidas en cada uno de los escalones del poder.
Los criterios e ideales políticos que se están barajando desde los partidos y facciones políticas, a menos de cuatro meses de las elecciones presidenciales, están dotados de un vacío tan impresionante, como inmensamente mendaz son los mensajes que a diario se emiten desde la izquierda -complaciente, usufructuaria y enfermiza- hasta la derecha -arrogante, favorecida y cómplice-. Todos, los unos y los otros, conforman una caterva de advenedizos que únicamente pueden intentar reproducir un mensaje oficialista plagado de autoritarismo, más allá que intente presentarse como transformadora, transversal o con una identidad de concertación plural. Pacaterías sin más.
Ya conocemos de sus mentiras, tanto como de la forma en que se van enriqueciendo a medida que más espacios de poder van ocupando. Todos han perdido la vergüenza y la moralidad que les exige los sitiales que hoy gozan; y que han “ganado” en nombre de la supuesta representación que de nosotros ejercen.
El futuro será más de lo mismo, inexorablemente.
3 de julio del 2007
Votarlos o votar en blanco es una cuestión de memoria, principios y realidad
por Hugo Alberto de Pedro
¡Vayamos otra vez a las urnas. Viva la democracia! No gocemos del Estado de Derecho. No deliberemos ni gobernemos porque para ello están nuestros representantes y autoridades. Tampoco nos atribuyamos derechos del pueblo -aunque lo somos-, ni peticionemos -aunque sea en nuestro nombre- para no ser considerados sediciosos. No reclamemos por nuestros derechos más allá de lo que nuestros gobernantes están dispuestos a permitirnos, ni siquiera pidamos gozar de la protección de las leyes.
Pero eso sí: Tenemos que ir a votar. Debemos ir a votar. Porque así ejercitamos nuestros derechos políticos arreglándolos conforme a la soberanía popular. Además porque el voto es obligatorio. Reivindiquémosle su representativa y republicana forma de gobierno.
A esta altura ya no interesa que los partidos políticos nos informen sobre el origen y el destino que dan a sus fondos, como tampoco que den a publicidad sus patrimonios. En todo caso es un pequeño detalle. Porque ya sabemos que son las instituciones fundamentales del sistema democrático, tan democrático como exclusivamente representativo.
Además tenemos la garantía sobre la organización y funcionamiento democrático de los partidos políticos que han dado oportunidades a las minorías y sus candidatos han surgido de la competencia exigida para la postulación a los cargos públicos electivos. Léase elecciones internas inexistentes.
Sabemos además que han informado al pueblo y difundido sus ideas. Si algún fallo en ellas se ha producido es solamente un detalle sin menor importancia.
Todo esto lo sabemos, porque en más o en menos, así lo establece y ordena nuestra Constitución Nacional.
Pero como sostuvo Aristóteles que “La única verdad es la realidad” considero que estamos muy alejados de todas estas quimeras constitucionales. Aunque indudablemente debemos seguir defendiéndolas y protegiéndolas aunque más no sea para el beneficio de los “elegidos” políticos. Y vaya si es imprescindible para nosotros los habitantes de la República Argentina.
El próximo domingo un nuevo Jefe de Gobierno será elegido para la conducción política y ejecutiva de los destinos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sin más la Capital Federal. Será Macri o será Filmus. O será Filmus o Macri.
Algunos nos quieren hacer creer que existe un abismo entre ambas propuestas, la del autodenominado progresista y transversal gobierno nacional y la de la derecha vernácula, prebendaria e intolerante. Entonces tenemos todo el derecho de creer tal realidad (aunque no sea la verdad), porque de lo contrario deberíamos suponer que los millones de pesos gastados en afiches nos han mentido, que esas frases vacías por doquier o esas fotos de famosos han sido visiones de nuestra imaginación. Que las escasas y famélicas propuestas son producto de nuestra falta de entendimiento y capacidad de aprehender, no de aprender, los idearios de estos personajes de la política.
Pero también sabemos que el lunes próximo, y los otros tantos lunes venideros nos encontrarán en una situación similar a la que hemos padecido desde hace muchos años, casi tantos como los que podamos recordar en nuestra historia. Ellos, los políticos, nos podrán hablar de que “Va a estar bueno…” o bien “Porque tenemos convicciones…” y realmente están en todo su derecho de decirlo.
Tanto como está en nuestro derecho el no creerles.
Porque plegarnos masivamente y sin memoria a las consignas vacías, es tan peligroso como desestimarlas sin miramientos sobre las consecuencias que podrán producir en el futuro. La vuelta al pasado funesto o el aumento del hegemonismo asfixiante.
Que bueno y saludable sería para muchos poder ir a votar convencidos por una u otra opción, más allá que si escarbamos un poco nos costaría encontrar historias, compromisos y pertenencias que no los encuentren unidos en un mismo historial de pertenencias, corrupciones y mentiras. Cuan partícipes de un deleznable e injusto estado de la situación, tanto pasado como actual.
Pero también nos asiste el derecho de dejar que sean otros conciudadanos los que “convencidos ideológicamente” decidan sobre el futuro gobierno que quieren, y entonces que vayan y voten por cualquiera de estas opciones ofrecidas en éste mercado lucrativo e impúdico de la política nacional.
Es un derecho tan digno, el de ellos, como el que sostenemos los que pensamos que no debemos ser condenados y obligados por una de las dos opciones, cuando cualquiera de ellas es repugnante a nuestras convicciones sobre el futuro que deseamos; y porque sabemos perfectamente de donde vienen y hacia donde van.
Votarlos o votar en blanco es una cuestión de memoria, principios y realidad.
21 de junio del 2007
Ya basta. Carajo!
por Hugo Alberto de Pedro
Pido disculpas por la expresión del título, pero hay momentos que uno no encuentran otras palabras para manifestar la bronca que producen determinados acontecimientos. En mi querida Santa Cruz está sucediendo lo que muchos pensábamos que iba a pasar: REPRESIÓN AL PUEBLO.
El Gobierno Provincial, acéfalo e inmoral, es responsable de cada uno de los atropellos humanitarios que se están realizando contra la población pacífica de Santa Cruz. Su inacción, o bien su acción en pos de agudizar la confrontación lo ha colocado al margen institucional y, por supuesto, demasiado lejos de la vida democrática. Por eso que la policía provincial actúa reprimiendo al compás de las mentiras del poder.
El Gobierno Nacional, mentor y hacedor de la inmoralidad tanto como generador de la acefalía, es el responsable de que las fuerzas militares estén intimidando, golpeando y reprimiendo a los trabajadores como hace 87 años atrás en la misma provincia, o bien como cuando el actual Presidente era Intendente de la Ciudad de Río Gallegos y mandó a reprimir a los trabajadores municipales del corralón. Como, asimismo, cuando siendo Gobernador se encargó de apalear a los asambleístas. Siempre lo mismo.
No caben dudas que la cuestión está llegando a los mismos límites que imponen la inmoralidad y el quiebre de la representación de un Estado Provincial enfermo de poder, de corrupción y de mentiras. Está agonizando el sistema de opresión kirchnerista en la propia y mismísima cueva que lo vio nacer. De eso todos estamos seguros.
Pero la cuestión está centrada en conocer cuál será el costo que la sociedad santacruceña deberá pagar.
Para el Poder poco interesa que sean mujeres y niños los que participan de las movilizaciones a la hora que deciden gatillar y apalear, porque es desde ese miedo que tienen que no les permite advertir que en ésta oportunidad tienen los días contados. Porque sea de la forma que sea se van a tener que ir. El pueblo tiene siempre las herramientas necesarias para terminar con las opresiones y solamente es necesario que así lo decida más temprano que tarde.
Ellos, los diseñadores, ejecutantes y cómplices del actual estado de cosas, lo saben muy bien. Como también saben que ya han dejado de ser simples ciudadanos al servicio de la sociedad para haberse convertido en simplotes personajes de la opresión y el castigo hacia quienes pretenden vivir con dignidad y en libertad.
Solamente nos resta esperar lo inevitable, mientras que cada día debemos redoblar nuestras fuerzas y nuestro compromiso para refundar una nueva Santa Cruz.
11 de mayo del 2007
[Este artículo fue publicado como nota de tapa el 12/05/07]
Patética Santa Cruz
Por Hugo Alberto de Pedro
El hecho comprobado hace unas pocas horas, a través de la excelente cobertura periodística que está realizando OPI Santa Cruz, de que la Gendarmería Nacional continúa llevando personal y pertrechos antimotines a la provincia sigue demostrando la temeridad del Gobierno Nacional. Así como también de la irrefrenable incapacidad del Gobierno Provincial para encontrar los caminos del diálogo, la negociación y la comprensión de la situación instalada desde hace tanto tiempo.
La historia santacruceña puede contar con episodios detestables en contra de sus trabajadores. Cuando en la década del veinte del pasado siglo fueron también las fuerzas armadas quienes impusieron el peso de las balas y las metralletas para contener la justa y genuina protesta social.
En aquella oportunidad la represión seguida de muerte, cuan genocidio, tuvo como aliados a los sectores mejores posicionados en la vida económica patagónica, a los políticos nacionales dispuestos a servir los intereses de unos pocos. Porque de eso se trataba entonces cuando el radicalismo -de la mano del Presidente Hipólito Yrigoyen- no dudó en exterminar a los trabajadores anarquistas y socialistas.
Han pasado casi cien años, y sin embargo ahora es un gobierno peronista -de la mano del Presidente Néstor Kirchner- el que también hecha mano a la intimidación, él que desde la arrogancia autoritaria pretende hacer callar la protesta del pueblo santacruceño. Un pueblo que lleva adelante una gesta inusitada y justificada por tantos años de sumisión, y el que se ha visto despreciado constantemente en sus derechos y garantías.
Que hoy sea la Sociedad Rural de Río Gallegos el lugar donde la horda armada almacene sus medios de represión, como es el caso de los gendarmes, debe llamarnos a la más profunda reflexión y al máximo de nuestra repulsa ciudadana. Porque todo tiene su razón de ser. Si ayer fueron los estancieros y los acomodados quienes con el dedo acusador hicieron posible la masacre, hoy son los políticos y también los acomodados -dentro y fuera del poder de turno- quienes no dudarán en actuar en consecuencia.
Es probable, y por demás de deseable, que este momento histórico permita a la comunidad patagónica encontrar en la lucha, en la movilización y en el compromiso los caminos que permitan recobrar las libertades, derechos y garantías, junto a ese sentimiento de autodeterminación que desde el poder sistemáticamente se lo han negado.
El Poder enquistado desde hace 16 años en Santa Cruz creía que todo lo podía. Que desde su hegemonismo perverso sería capaz de domesticar a un pueblo trabajador, con sueños de libertad y ansias de progreso. El que considera como una cuestión de Estado permitir los ilícitos, la corrupción, la falta de justicia y el llevar al silencio a todo aquel considerado como opositor, cuando no acérrimos opositores, por no querer convalidar las prácticas despreciables surgidas desde las mismísimas esferas ejecutivas, legislativas y judiciales.
Que la movilización de docentes, municipales, estatales y demás miembros de la comunidad trabajadora santacruceña hayan llevado al ostracismo a los personeros del poder provincial y nacional no es una cuestión menor. Aquellos que hasta hace unos pocos días atrás se autoproclamaban abanderados del bienestar y hacedores de una “Santa Cruz en serio” hoy deben esconderse, llamarse al más cobarde de los silencios o intentar cualquier tipo de artimañas para contrarrestar los justos y debidos reclamos.
No nos equivocábamos cuando sosteníamos que los arrebatos presidenciales por montarse sobre la noble e inclaudicable causa y lucha por los Derechos Humanos era una farsa. Porque lo que ahora está demasiado claro, va de suyo para cualquiera que lo quiera comprender, es el desconocimiento y menosprecio que las autoridades nacionales y provinciales tienen sobre temas como la libertad y la justicia, la dignidad y los derechos fundamentales e inalienables del hombre, la libertad de palabra, expresión y de manifestación y del derecho a elevar el nivel de vida como la seguridad de todos.
El dolor y la tristeza que a uno embargan los acontecimientos que se están sucediendo en nuestro sur querido, deben dejar paso a nuestro compromiso y solidaridad por quienes hoy sabemos que tienen la razón. Perdería toda razón de ser una comunidad, que impávida por los atropellos del Poder, permaneciera callada y atemorizada por quienes pretenden convertir la existencia misma de Santa cruz en el proyecto de unos pocos, de los mismos de siempre. Esos que han encontrado detrás de los sitiales del Poder y mediante sus prácticas feudales el camino hacia su propio bienestar, hacia la gloria pasajera conquistada con prácticas desleales e ilícitas, como asimismo pretender ser los dueños de la verdad y la vida en el desarrollo humano.
Queremos una Santa Cruz donde sus habitantes recobren los más elementales e inmutables derechos y libertades, donde sus hijos se formen como hombres libres y pensantes, donde los padres dejen de ser utilizados por las dádivas que el gobierno entrega como contraprestación del silencio y la inmunda complicidad, donde el futuro sea previsible y otorgue a todos las mismas posibilidades de progreso y bienestar.
Seguramente el futuro nos permitirá acabar con la “Patética Santa Cruz”.
25 de abril del 2007
Carta abierta a los Diputados de Santa Cruz
Buenos Aires, 19 de abril del 2007
Señores
Diputados Provinciales de Santa Cruz
Alcorta 431
(9400) Río Gallegos - Provincia de Santa Cruz
República Argentina
De mi consideración:
Me dirijo a Uds. a efectos de hacerles algunos comentarios, que pretenden llevarlos a una positiva reflexión por vuestra parte, sobre la situación por la que está atravesando mi entrañable y querida provincia.
Todos ustedes conocen perfectamente la calidad del Señor Carlos Alberto Sancho, actualmente a cargo de la Gobernación , tanto en lo que hace a su falta de preparación política y ética para dirigir los destinos provinciales; como asimismo respecto a su inconsistente cualidad y solidez ejecutiva que lo han convertido en un sujeto que pareciera desconocer la realidad y responsabilidad que lo obliga. Más aún cuando su intolerancia y negación sistemática al diálogo pone en riesgo la paz social y seguridad de los trabajadores a lo largo y ancho de la provincia.
La responsabilidad que Uds. tienen ante los acontecimientos públicos y notorios que se vienen desarrollando en los últimos tiempos no puede menos que obligarlos a actuar conforme a vuestras atribuciones establecidas por el texto constitucional provincial en los incisos 4, 5, 7, 24 y 27 del artículo 104.
La seguridad y bienestar de los "todos los santacruceños" -sin distinción de pertenencias políticas, partidarias o las propias de cargos ejecutivos, legislativos y judiciales que detenten- debería estar en estos momentos prevenida y contenida por vuestra actuación positiva y activa.
Llegar a ser legislador provincial conlleva en sí misma la responsabilidad política e institucional que cualquier ciudadano puede y debe exigirles, esa misma obligación que en estos momentos no puede convertirse de vuestra parte en silencios, inacciones o especulaciones espurias.
Sepan, entonces, legisladores que la sociedad espera de Uds. únicamente que sepan estar a la altura de las circunstancias, y que el incremento del distanciamiento entre el Estado Provincial y los Trabajadores se deba en gran medida a su falta de participación en los justos reclamos y en los conflictos.
Sin más los saludo respetuosamente.
Dr. Hugo Alberto de Pedro
DNI Nº 13.493.699
Buenos Aires – Argentina
Las tizas no se manchan de sangre
Por Hugo Alberto de Pedro
Con manos sucias de tiza siembras semillas de letras.
Y crecen abecedarios pacientemente maestra
Tu oficio, que lindo oficio, magia del pueblo en las aulas.
Milagro de alfarería sonrisa de la mañana
de la canción "Rosarito Vera, Maestra" - Félix Luna
Esta ha sido una de las consignas de las movilizaciones y marchas realizadas en toda la Argentina con motivo del fusilamiento del compañero profesor Carlos Fuentealba. En la realizada en la ciudad de Neuquén, en donde se produjo el bárbaro acto asesino, hemos podido ver las imágenes y escuchar las declaraciones de su viuda, Sandra Rodríguez, que no pueden más que consternarnos profundamente.
Ellas, y por supuesto el hecho en sí, nos deberían llevar a la necesidad de reafirmar mucho de lo que venimos sosteniendo sobre las miserias de nuestra democracia y sobre la institucionalidad de nuestro sistema político. Porque Sandra y sus hijas son hoy las víctimas de un estado de desprecio hacia la vida, como ayer lo han sido decenas de miles de seres en nuestro país.
¿Quién tiene el derecho de quebrar una vida o de fusilar a una familia entera?
¿Quién puede desconocer que lo sucedido no es un hecho aislado, sino simplemente uno que ha concluido en desgracia humana?¿Quién puede encontrar en la represión y la muerte la esencia de ser de un Estado y de sus fuerzas policiales y militares?
Seguramente que desde la mirada ética y humanista de la vida nadie. Absolutamente nadie.
Las tizas no se manchan de sangre / Hugo Alberto de Pedro
Pero la realidad y lo que vamos padeciendo desde siempre dice que ello es así. Que existen los asesinos y los intolerantes, que existe un Estado autoritario, represor y cómplice, que existen dirigencias de todo tipo de clase que se entregan al poder de turno sin interesar que sea éste militar, peronista, radical, pseudoprogresista o transversal. Acaso no nos debe llamar la atención que el "famoso movimiento obrero organizado" no haya tenido la capacidad y la valentía de establecer un paro general nacional con movilización en todas las ciudades por el compañero fusilado. Acaso tampoco que la calculista miopía de los partidos políticos -al menos los más representativos- se hayan hecho los distraídos. Vergüenzas argentinas sin más
Desde la Justicia se contribuye a permitir estas cuestiones, con sus lentos procesos -cuando no interminables- y siempre proclive a permitir las prescripciones como lo más natural del derecho. Si hasta dudan de cómo deben llevar adelante los juicios a todos los genocidas que ensangrentaron nuestra historia, familia y memoria. Que más pedirle sobre aquello que es obligatorio resorte moral y profesional de jueces y fiscales.
La clase política, vitalicia y enquistada en los parlamentos que supuestamente nos representan, tampoco se preocupa por llevar adelante la tarea de investigación y enjuiciamiento que terminen en los juicios de responsabilidad -juicios políticos- urgentes, indispensables y necesarios ante las denuncias como ante los hechos por sí mismos más que comprobados. Esta preocupante inacción, la que tiene en su origen y permanencia solamente en el leitmotiv de pensar que mañana serán ellos mismos los que estarán ocupando los idénticos sitiales y serían sujetos de las propias incriminaciones y denuncias, debe preocuparnos a los ciudadanos representados.
Una muerte injustificable es siempre detestable y no debería soportar el más mínimo análisis sobre las circunstancias del caso o bien de las situaciones reinantes en su conjunto. Una muerte hostil y contraria al género humano como la perpetrada contra nuestro compañero Fuentealba es un grito de terror y de miedo, que actúa como una advertencia hacia los que luchamos y no nos doblegamos.
La aborrecible muerte por fusilamiento enerva nuestras convicciones y demuestra la cobardía institucionalizada. Cuando la misma se produce sobre la existencia misma de un trabajador de la educación tiene una connotación especial, porque en definitiva no deja de ser un ataque a la enseñanza misma, a la formación y porvenir de nuestros hijos y a la libertad de maestros y profesores.
Si los ciudadanos no tomamos conocimiento interior del bien y del mal que esto produce y no tratamos de analizar la realidad, con su historia y su presente que nos dicta que está en el desprecio a la vida una de las madres del terror, no terminaremos jamás de comprender nada. Lo peor… todo seguirá igual.
Ahora bien. Hasta aquí la apretada realidad.
El tema es cómo podemos cambiarla entre todos. Y bueno… ahí se presenta el dilema, ahí la cuestión parece presentarse complicada para resolverla.
Sin embargo, existe una salida que debemos encontrarla en la lucha social y popular, en nuestra movilización constante, efectiva y progresiva, en la militancia por la vida, por la justicia y por los derechos y garantías constitucionales que tenemos todos los habitantes de la Nación. De ser así estos hechos lamentables no terminarán siendo una anécdota, porque será siguiendo muy triste y doloroso el futuro que no recoja las experiencias, y donde estas calamidades sigan siendo colocadas como referencia en el calendario y a la que se les eche mano al momento de mencionarlas como efemérides de tal o cual día.
Si nosotros, como pueblo que somos, no tomamos conciencia del poder que unidos poseemos la salida será de dudosa o nula resolución, porque sabemos muy bien que ninguna transformación puede terminar con revoluciones llevadas adelante por unos pocos, o por iluminismos e iluminados, o con actos de coraje que no encuentren un sustento popular serio y mantenido en el tiempo. El ganar las calles y no abandonarlas hasta que se haga justicia y se cambien las cosas será entonces imprescindible.
Son éstos los momentos oportunos, porque la sinrazón de terminar con la vida de cualquier ser humano debe hacernos renovar y recobrar nuestro poder de convicción de que "Nunca Más", el que sea detonante y dinamizante de las acciones futuras y necesarias en la lucha y protesta social que obligue a que se realicen los cambios que exige la vida en sociedad. Será entonces el momento de que la democracia encuentre en la participación del pueblo su razón de existencia, porque la mera e insignificante representación ya ha demostrado su impronta dañina.
Si la situación planteada con éste nuevo asesinato, cobarde e inhumano, termina siendo una sencilla bajada de banderas más, como sucedió con otros lamentables hechos de nuestro pasado no tan lejano, estaremos nuevamente rendidos al juego de los políticos "de turno" o de aquellos que están agazapados esperando "su turno" para proponer y llevar adelante recetas tan antiguas como inmundas.
Es imprescindible nuestra exigencia por el debido proceso que termine en la condena de los asesinos, fusiladores y genocidas, la renuncia de todos los responsables de las órdenes de represión, el procesamiento penal de cada eslabón de las cadenas del poder político llegando así a los verdaderos culpables y autores intelectuales directos e indirectos. Ya que de no ser así, será nuevamente la inmunidad de muchos de los que se consideran servidores públicos y con el derecho de actuar y decidir según les venga en gana. Obviamente sin responsabilidad alguna y habiéndose servido de lo público, eso que incuestionablemente debe ser de todos y para todos.
Solamente un desprevenido, un desinformado o bien un habitante del espacio sideral puede desconocer que la politiquería terminará tapando la verdad, que se encargará de ir imponiendo múltiples temas irrelevantes para así contribuir al inconsciente colectivo. Ése al que tenemos especial inclinación los argentinos. Y cuidado, porque acá estamos hablando de la vida, del respeto irrestricto por los derechos del hombre y del ciudadano, de la salvaguardia de la existencia de la vida por sobre la muerte y la desaparición de nuestros queridos hermanos.
Acá no es cuestión de exitismos económicos que puedan tapar la vida real y que pueda contener a un Poder y a unos pocos que puedan disfrutar de un bienestar amarrete y tacaño; porque tenemos presente ante nosotros a un sistema de exclusión permanentemente diseñado y rediseñado para elevar las diferencias entre ricos y pobres, entre incluidos y excluidos, y entre beneficiados y perjudicados.
Con "bastones largos", con "noche de los lápices", con las represiones indiscriminadas en todo el país sobre los docentes, con presupuestos raquíticos en materia de educación, con sueldos miserables, marginales y de hambre para todos los trabajadores de la educación, con la falta de infraestructura y deficiencias edilicias y mobiliarias, con la negación al suministro de los adelantos tecnológicos, informáticos y de telecomunicaciones en nuestras escuelas y universidades, con el sostenido desprecio en temas de ciencia y tecnología, con escuelas secundarias y universidades vacías de debate en los disentimientos y discrepancias, con nuestros menores en la calle mendigando, expuestos a la humillación diaria o siendo presa de los abusos y la drogadicción, entre muchísimos flagelos diversos; será imposible seguir pensando en las bondades que el actual sistema constitucional y democrático nos pueda ofrecer.
Todos sabemos que es así. Quedarnos quietos e impávidos producto de la situación pasajera, que solamente a algunos contiene por conveniencia, es en sí mismo el nido de la ignominia. Es ese mismísimo caldo de cultivo del pensamiento y prácticas autoritarias y fascistas que siempre está disponible a la hora de mantener el status quo.
Cambiémoslo entonces. Luchemos sin descanso. Utilicemos todos los medios y elementos que tenemos disponibles y a nuestro alcance.
Saber que el Poder es como un viajero transeúnte, tal trashumante, no alcanza. Pensar en esas mentiras de que la situación cambiará paulatinamente tampoco alcanza. Esperar pacientemente y con los brazos cruzados la redistribución del ingreso y la justicia social tampoco alcanza. Debemos cambiar sus ejes, sus métodos, sus mentiras y fundamentalmente debemos comprender que será posible una transformación social y una revolución de las ideas que parta desde nuestras más íntimas convicciones.
¿Llegará o no llegará? Eso es en todo caso una cuestión reservada a la historia que cada uno de nosotros deberá decidir. Pero debemos que saber que está en nosotros cambiarla.
Seguramente la pérdida de la vida de Carlos Fuentealba encontrará una respuesta, aunque triste sin dudas, si somos capaces de que no nos dobleguen.
Seguramente si lo intentamos y logramos en nuestra Argentina las tizas no se mancharán con sangre.
¡NUNCA MÁS!
11 de abril del 2007
Así nuestra Argentina
Por Hugo Alberto de Pedro
En la Argentina , en donde el ciudadano Jorge Julio López -principal testigo en la causa que terminó en la justa y necesaria reclusión perpetua del genocida comisario Etchcolatz- se encuentra desaparecido desde hace más de 200 días sin que familiares y compañeros sepamos absolutamente nada sobre su vida. Así mucho nos duele en este país tan castigado por las desapariciones.
Para los voceros institucionales y comprados del gobierno del presidente Kirchner todo marcha de forma excelente: inversiones, control de la inflación y de la cotización del dólar, aumento de la recaudación, crecimiento económico, incremento de las reservas, balanza comercial favorable, etc. Así económica y únicamente se presenta el éxito de una gestión.
Pero en las calles, en los trabajos y en los hogares la realidad se presenta de manera no tan buena, solamente basta comprobarlo con la realidad a la que están expuestos las decenas de millones de trabajadores, desempleados, pobres, hambreados y excluidos por el persistente sistema capitalista de mercado. Obviamente para observarlo no debemos dejarnos llevar por la propaganda y publicidad oficialista sino por la realidad misma. Así la verdadera situación reinante que nos pesa.
Hace pocas horas el trabajador de la educación, Carlos Fuentealba, fue asesinado por la policía provincial neuquina en el marco de una protesta gremial por el sólo hecho de manifestarse en el marco de esta tibia democracia representativa y bien disfrazada de participativa. Solamente la casualidad, también por temas de conflictos laborales, ha permitido que en las tierras santacruceñas y militarizadas del presidente el incendio de un vehículo de los sindicalistas y una bomba molotov no haya terminado con la vida de otros trabajadores. Es en la provincia de Salta donde también los docentes experimentan las amenazas y las persecuciones del poder, por cierto algo muy habitual. Así reciben las bofetadas del estado de derecho los que luchan por un trabajo digno y bien remunerado.
Los acontecimientos que se van sucediendo en torno a las plantas contaminantes de celulosa emplazadas por Uruguay frente a la ciudad entrerriana de Gualeguaychú no encuentran límites en la arrogancia de ambos presidentes "mercosureños" y "sudamericanos". El enviado del rey de España tampoco ha sido, al menos por el momento, el medio suficiente para lograr que ambos ejecutivos se sienten en una mesa de negociación que los ciudadanos al sur de la América exigimos a cada momento. Pero claro, también ante las protestas de los asambleístas aparece como hace dos días la represión policial. Así la hermandad de los pueblos latinoamericanos y el respeto por el medioambiente.
La inseguridad en todas las ciudades, pueblos y rutas argentinas es algo que no tiene límite, mientras un Estado ausente pretende ofrecernos estadísticas que demuestran lo contrario. Claro está que las mismas se nutren de quienes realizan la efectiva denuncia pero que se contradice con aquello que minuto a minuto debemos padecer los ciudadanos. Así se concibe la garantía entonces la defensa de la integridad humana.
Para este año el Gobierno Nacional ha diseñado un sistema de ajuste de sueldos en la actividad privada, cooptado y coercitivo, con la anuencia de los popes sindicales -otrora menemistas- y de la mano del mismísimo Ministro de Trabajo, que no tiene en cuenta la inflación real que está duplicando el 15% de la pauta establecida por las autoritarias autoridades oficiales en las paritarias. Así la redistribución del ingreso y el bienestar ciudadano.
Los nichos de corrupción abrigados a la sombra del poder y desde el poder mismo ya no toleran la más mínima investigación de los organismos administrativos y parlamentarios de control. Todo se ha convertido en un "tomo y daca" insultante ante las penurias de gran parte del pueblo, llegando al límite de estar comprometidas las inversiones de otros Estados internacionales, como es el caso de Venezuela, España y Francia. Así la falta de límites en la codicia de los funcionarios del Estado.
El presidente Kirchner, sin embargo, ha tenido el tiempo suficiente para dar la espalda a los actos conmemorativos de la guerra mantenida con el Reino Unido en el año 1982, hace tan sólo 25 años, por las Islas Malvinas Argentinas. El motivo muy sencillo: no querer tolerar las manifestaciones en contra que hubiera recibido en las tierras australes. Para la máxima investidura de la Nación el recuerdo por nuestros caídos y de quienes estuvimos dispuestos a combatir contra ese funesto imperio no existió en un día tan especial y emotivo, tampoco para dejar bien en claro que nuestros derechos es una cuestión de Estado irrenunciable que trasciende los olores políticos de turno. Así, más temprano que tarde, con las actitudes mezquinas se perderán las instancias para nuestros derechos internacionales sobre las islas.
Mientras esto y muchas otras cuestiones nos agobian el día a día de los habitantes del pueblo de la Nación Argentina , la politiquería está de parabienes. Los cruces de alianzas, acuerdos, conveniencias y pactos que están llevando adelante los partidos políticos dejarán como moraleja unas listas de candidatos tan inconsistentes como lo son las propias propuestas de acción política que poseen. De una u otra forma, el eje del actual y pasajero poder ha sabido como inmiscuirse en todas las internas políticas. Ya sea por la debilidad ideológica de los políticos opositores que es repugnante por cierto, ya sea por la utilización de los fondos nacionales derivados arbitrariamente hacia las provincias y municipios cooptados. Así la nauseabunda forma de hacer política que nos ofrecen.
Así las cosas. Así nuestra Argentina.
7 de abril del 2007
Papeleras: Estos son unos atorrantes
por Hugo Alberto de Pedro
Cuando en otra oportunidad, hace dos meses largos, me refería al tema suscitado por la instalación de las plantas de pasta de celulosa en la República Oriental del Uruguay dejaba planteada la cuestión de los conflictos con otros pueblos hermanos (Papeleras: El único responsable es el gobierno).
Ahora todo se presenta como un hecho concreto, triste y desmesurado.
La realidad nos pone en blanco sobre negro, aún a pesar de los celestes y blancos de nuestras banderas, la indolencia de los gobiernos argentino y uruguayo.
La terquedad de los presidentes Kirchner y Tabaré es una ilustración, una de las tantas, de que las insensibilidades que la política y las relaciones exteriores pueden producir hasta llegar al límite del enfrentamiento entre pueblos hermanos. Advertimos que el conflicto se sustenta en la expansión depredadora capitalista sobre el medio ambiente, a manos del Uruguay, por un lado. Y por el otro tenemos a un Estado argentino que pretendió hacerse el desentendido sobre su obligación constitucional de preservar el medio ambiente.
Argentina y Uruguay tienen centenares de parlamentarios que no han sido capaces de hacer lo más mínimo por contribuir al dialogo inteligente y productivo, para crear determinadas condiciones para hacer del entendimiento el camino propicio para una solución sustentable, lógica, equitativa, institucional y democrática del conflicto.
Los miembros de la Justicia de ambos países tampoco han querido comprometerse en la cuestión, que sin dudas tiene aristas jurídicas insoslayables, a partir de los Tratados Internacionales y del andamiaje legal de nuestros Estados, como asimismo de los acuerdos del Mercado Común del Sur.
O sea, la cuestión del medio ambiente equilibrado, el comprometer a las generaciones futuras y la preservación del ecosistema "ES UNA CUESTIÓN DE ESTADO", y Estado son los tres poderes que afortunadamente, aunque se muestren sólo en apariencia, están vigentes en nuestras patrias.
Cualquiera podría preguntarse en qué quedaron aquellos días de acercamiento político y trato cordial, tanto como efusivo y oportunista, donde ambos presidentes, funcionarios y legisladores cruzaban el Río de la Plata para demostrarse "amistades progresistas" que hoy no pueden sostener ni en los sueños más trasnochados.
El pretender querernos convencer que los asambleístas entrerrianos pueden convertirse en "bonzos", "hombres bombas" o "kamikazes" es tan estúpido de creer, como que los militares uruguayos tengan información de inteligencia que permitan advertir riesgos por posibles ataques a la fábrica de Botnia en Fray Bentos. La única justificación, mendaz por cierto, es una incoherente nota periodística aparecida el 24 de noviembre pasado en un diario del imperio como The Washington Post que comienza así: "Cuando una mujer de 88 años ofrece convertirse en bomba suicida para acabar con una fábrica, parece evidente que se ha permitido que una situación polémica se salga de control".
Pretender achacar a los vecinos ribereños del Río Uruguay, como de los que apoyamos sus reclamos, de ser los culpables del actual estado de situación es ofender a la inteligencia del ser humano, cuando simplemente hacen aquello que los gobernantes no quisieron y no supieron hacer, para que se cumplan los acuerdos bilaterales firmados en el Tratado de Límites del Río Uruguay que tiene más de 45 años de vigencia.
Simplificar el tema a las decisiones que pueda tomar el Tribunal Internacional de Justicia, con sede en la Haya , con sus comprobadas ineficientes actuaciones a lo largo del tiempo, para dar cumplimiento al artículo 38 de su Estatuto para dar soluciones a las controversias de las convenciones internacionales, sean generales o particulares, que establecen reglas expresamente reconocidas por los Estados litigantes, es tan ridículo, como pretender que sea un organismo de crédito internacional, el Banco Mundial, el encargado de establecer un límite sobre cuestiones medioambientales, cuando no es resorte de su función. Además, ha demostrado que siempre ha estado detrás de las decisiones más perversas sobre el destino, implementación y cuestiones financieras de los países marginados del bienestar imperante en el norte rico y expoliador.
La displicencia con que el presidente uruguayo trató al enviado "facilitador" -Antonio Yánez Barnuevo- del rey de España, Juan Carlos de Borbón, es una muestra más de lo que éste gobierno está dispuesto a dialogar en torno del pingüe negocio, con negociado incluido, de la pastera finlandesa.
La cuestión no es de Dios, ni de los dolores, como tampoco de los golpes al corazón como pretende hacernos creer Kirchner. Porque si alguien manifiesta querer a los hermanos uruguayos tiene que actuar en consecuencia, y no justamente desde los palcos de la politiquería. Debe hacerlo desde la política activa que impone y obliga a una hermandad bien concebida y de la que los conciudadanos argentinos y uruguayos hemos dados sobradas muestras desde nuestros primeros días de la existencia como pueblos que pretendieron ser libres y más aún desde que nos convertimos en pueblos independientes de cualquier dominación extranjera.
Kirchner, un advenedizo del progresismo; y Tabaré, un olvidadizo socialista, tienen un mandato de sus conciudadanos, de sus pueblos. En la actualidad están colocados como los máximos responsables de la conducción de la vida institucional de nuestras naciones hermanadas por un "pasado" de luchas por nuestras independencias y en contra de los gobiernos dictatoriales y genocidas como de pertenencias por demás de importantes y sólidas, por un "presente" indeseable alimentado por cuestiones económicas que no tienen ningún miramiento por el desarrollo sustentable de nuestros países; y un "futuro" que jamás podría quedar manchado y dañado por posiciones políticas intolerantes de las que sea muy difícil regresar.
Considero impostergable, por una necesidad humana y social, que ambos presidentes hagan los esfuerzos necesarios para entablar un diálogo fructífero y sano; directo, sereno y urgente que el tema requiere y obliga.
En definitiva, Kirchner y Tabaré, serán unas simples referencias que quedarán anotadas en las páginas de la historia de la Argentina y del Uruguay por sus aciertos y sus errores, pero lo que importa para el futuro de las patrias del sur latinoamericano, las de José de San Martín y la de José Gervasio Artigas, es la convivencia y el poder estrechar los lazos de amistad y hermandad que siglos de historia les obligan a respetar y cumplir.
¿Quién puede asegurar que las cosas no pasarán a mayores?
¿Quién puede creer tantas mentiras?
¿Quién no advierte que unos cuantos dólares están infringiendo Tratados?
¿Quién puede estar tranquilo con la desidia de estos presidentes?
Bien decía Joan Manuel Serrat en la letra de "Las malas compañías", mis amigos son unos atorrantes, mis amigos son unos sinvergüenzas y mis amigos son unos malhechores.
1 de diciembre del 2006
Papeleras: El único responsable es el gobierno
por Hugo Alberto de Pedro
¿Qué responsabilidad por daños pueden tener los ciudadanos libres de Argentina?
¿Quién, y desde dónde, puede amenazar a un conjunto independiente de ciudadanos?
¿Cuáles son los verdaderos motivos para pretenden acallar a los asambleístas entrerrianos?
¿Dónde estuvieron los que tenían la obligación de proteger un ambiente sano?
¿A qué le tienen miedo las autoridades argentinas?
Es imposible agotar el sinnúmero de preguntas que uno puede realizar sobre el tema de la instalación de las plantas de pasta de celulosa en la República Oriental del Uruguay y del comportamiento del gobierno de la República Argentina.
Para la presidencia de Argentina, tan acostumbrada al monólogo coercitivo permanente, pereciera que miles de ciudadanos autoconvocados para defender el medio ambiente los coloca en una situación de ilicitud: "El gobierno nacional y el de la provincia de Entre Ríos expresan su desacuerdo con la decisión de la Asamblea de Gualeguaychú de promover el corte de las rutas que unen a nuestro país con la República Oriental del Uruguay. Tal decisión contradice, no sólo los intereses provinciales y nacionales, sino también la posición asumida por la República Argentina ante tribunales y organismos internacionales en defensa de la preservación de nuestros derechos. Siendo así, los daños que ocasione tal accionar a los intereses argentinos, correrán por cuenta de quienes así procedan".
Éste comunicado, que pretende hacer responsables a los vecinos de Gualeguaychú de los "intereses provinciales y nacionales", es una manifestación temeraria al mejor estilo de quienes desde el poder ejercen la autoridad con autoritarismo, o al menos gozan al confundir autoritarismo con autoridad.
Debería saber, o al menos conocer, el presidente argentino que la reforma constitucional del año 1994 elevó a la categoría de derecho constitucional el gozar de un "medio ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo" (Art. 41 Constitución de la Nación Argentina ). Por lo menos haciendo un poco de memoria pueda recordar que junto con su esposa, la actual senadora Cristina Fernández, fueron legisladores constituyentes por la Provincia de Santa Cruz. Ellos votaron a favor de la reforma, esa misma que le otorgaba a su aliado Carlos Menem la reelección.
Pero, aún para el caso que no lo supiera, no la conociera o no la recordase debemos como ciudadanos repudiar cualquier medio que se utilice desde el gobierno para intimidar al pueblo, en un tema que para los gualeguaychenses se ha convertido en una cuestión primordial para la defensa de los futuros intereses de sus pobladores.
Las amenazas, un estilo propio del totalitarismo, no pueden ser admitidas jamás. Un gobierno hecha mano a la presión cuando ha perdido toda posibilidad de llegar a través de su acción a desarrollar políticas de acción y de consenso para y con los ciudadanos. La incapacidad, abonada por el capricho, de no atender el tema a nivel de los gobiernos conducidos por Tabaré Vázquez y Néstor Kirchner para poder solucionar la cuestión no es una situación menor. Nadie puede concebir, a menos que pierda el sano juicio, que dos pueblos hermanos como el uruguayo y el argentino se encuentren enfrentados por decisiones de neto corte económico, en tanto que éste sea en definitiva un gran negocio empresarial para foráneos que pretenden instalarse en nuestra región para seguir degradando el ecosistema y el medio ambiente sustentable, contando como es debido y sabido con la colaboración de los organismos internacionales de crédito.
El actual gobernador de Entre Ríos desde el año 2003, no es un ignoto entrerriano más.
Jorge Busti ha sido 11 años gobernador provincial, 2 años senador nacional, 2 años diputado nacional, 8 años intendente municipal de Concordia, 2 años relator en el comisión de asuntos jurídicos de ese municipio y además secretario de Juzgado civil y Comercial; y si por si fuera poco convencional constituyente en la reforma constitucional de 1994. Además participó de la intervención federal de la provincia de Santiago del Estero durante la presidencia de Carlos Menem.
En consecuencia, no le hacía falta más que mirar para ver lo que se estaba instalando en la ciudad uruguaya de Fray Bentos, tampoco le hacía falta más que escuchar para conocer la opinión de sus comprovincianos. Y con un poco más de imaginación comprobar como el Uruguay estaba desarrollando el plan de monocultivo forestal desde el año 1987, unas 750.000 hectáreas de superficie plantada, con los consabidos rumores desde el año 2000 de la instalación de las fábricas de celulosa (Ence y Metsa-Bonia).
Claro está que muchas veces el árbol tapa al bosque, pero la clase dirigente argentina se ha comportado en todos estos años como un "tronco", rígido y duro en su Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, aunque el culto en éste caso ha sido justamente el no hacer nada para defender los intereses de nuestra República. La misma a la que se han cansado de esquilmar económicamente desde sus abultados presupuestos con sus gastos de representación, viajes, comitivas exorbitantes y demás erogaciones protocolares. Pero claro, para muchos políticos y secuaces del poder de turno Uruguay comienza y termina en la balnearia y exclusiva ciudad de Punta del Este.
Para qué entonces tuvimos la decisión de conformar un Mercado Común del Sur (MERCOSUR) sí dentro de su ámbito no se generaron las vías necesarias para la atención de los problemas comunes, si hasta ex presidentes han llevado adelante nuestra representación en él, Eduardo Duhalde y Carlos Álvarez, que justamente también fueron congresales constituyentes en la reforma de nuestra constitución del año 94. Acaso sabrán los gobiernos de ambos países que el mismísimo Tratado de Asunción del año 1991 establecía como objetivo alcanzar el proceso del desarrollo económico con justicia social mediante el equilibrado y eficaz aprovechamiento de los recursos disponibles y la "preservación del medio ambiente".
Supongamos que el MERCOSUR no contenía al conflicto, pero el gobierno argentino no podía desconocer el Estatuto del Río Uruguay firmado entre las dos naciones en el año 1975, hace 31 años: CAPITULO VII - Aprovechamiento de las Aguas; CAPITULO IX - Conservación, Utilización y Explotación de otros Recursos Naturales; y CAPITULO IX – Contaminación.
En definitiva lo que molesta al gobierno argentino no es un corte de ruta, o muchos de ellos, porque no podemos olvidar que hace cinco meses atrás los apoyó, convalidó y hasta llegó al extremo de prácticamente desfilar con todos sus máximos funcionarios y representantes legislativos del pueblo por el corsódromo de Gualeguaychú, a lo que sumó a muchos gobernadores e intendentes de todo el país -cooptados e independientes-. Lo que le molesta al poder es que sean ciudadanos, vecinos, ambientalistas y asambleístas los que tomen en sus manos temas que no supieron o no quisieron asumir ellos.
En el siglo XXI una de las formas de participación ciudadana es justamente la "asamblea", donde no aparecen -al menos en lo visible- posiciones hegemónicas que lleven al resto a aceptarlas sin debate ni participación, como bien sucede a diario con la politiquería responsable de muchos de los males que padecemos.
Tanto Kirchner como Vázquez están dando un ejemplo de intolerancia en política exterior, pretenden dejar en manos de jueces internacionales, Tribunal de La Haya , cuestiones que solamente deben ser resueltas desde la mirada histórica, latinoamericana y de la realidad actual. De la que nos hace estar obligados a no renunciar nunca sobre nuestras pertenencias comunes, en las históricas luchas libertadoras por nuestras independencias, las vicisitudes que hemos pasado con las genocidas dictaduras cívico-militares, como del entrelazado que hijas e hijos del Uruguay tienen con las hijas e hijos de la Argentina.
Deberían saber los gobernantes que ni un árbol, ni un gramo de pasta de celulosa, ni una hoja de papel valen más que la concordia y hermandad de los pueblos del Río de la Plata , y desde ya del Río Uruguay. Sencillamente porque las Repúblicas de Argentina y la Oriental del Uruguay son naciones libres y deben autodeterminarse para logar el bienestar de sus pueblos, y no para permitir que los negocios sin control, piedra angular del evidente por nefasto sistema capitalista, de las multinacionales, de los inversionistas en tierras ajenas y la banca internacional hagan aquello que les venga en gana y conveniencia.
Estos terribles desencuentros que los gobiernos no quieren tomar a su cargo para resolverlos siempre los terminan pagando los ciudadanos, a los que quieren ahora hacer responsables. Los argentinos hemos sido llevados a guerras y conflictos con otros pueblos hermanos, como el paraguayo y el chileno, justamente por los gobiernos derechistas y autoritarios que en su oportunidad produjeron las más atroces consecuencias de vida y convivencia.
Definitivamente no puede haber un poder sobre nuestras tierras que supere el derecho de los pueblos de defender los intereses comunes, así lo establece nuestra máxima ley y lo reconoce el sentido común que tanta falta le hace a quienes, con un poder prestado, no pueden hacer absolutamente nada más que llevarnos a caminos sin retorno en la vida solidaria que nos merecemos los uruguayos y los argentinos.
Que triste imaginación la de aquellos gobernantes que en lugar de solucionar estas cuestiones están diseñando formas para infiltrarse y partir al movimiento asambleario de los pobladores de las costas del Río Uruguay, para lo cual ponen a ese servicio los fondos públicos, las envestiduras y los peores sesgos del autoritarismo demagógico que día a día les cuesta más disimular. Pero ahí están queriéndoles exigir a los vecinos que "busquen formas creativas de movilización", una hipocresía más del gobierno argentino porque para crear está justamente Poder Ejecutivo, porque para movilizarse siempre estará el pueblo al que el poder sabe darle muy bien la espalda, salvo claro está que lo necesiten para llenar estadios o cargarlos en micros para "sus movilizaciones".
Ojala que los asambleístas entrerrianos no aflojen, que sigan dando el ejemplo de lucha que tanta falta nos hace en infinidad de otras cuestiones, porque será justamente el futuro el que les dará la razón de la protesta mantenida.
15 de octubre del 2006
Marchas vacías
por Hugo Alberto de Pedro
En Argentina no es una novedad que la situación de la seguridad y el estado de violencia desde hace muchos años pasa por una crisis, sin resolución desde lo institucional, que diariamente impone muertes y colocan a las personas en un estado de miedos zozobra que no les permiten disfrutar del conjunto de los derechos y libertades públicas que se merecen.
Para muchos miembros de nuestra sociedad se hace imprescindible aumentar la acción del Estado para terminar con el flagelo a través de una mayor actuación de las fuerzas del orden público, incrementando las sanciones penales, disminuyendo la edad de imputabilidad por los delitos cometidos y otras medidas orientadas en el sentido represivo. Además de algunos, muy pocos, matices en las acciones preventivas.
Para otros muchos la cuestión encontraría su solución cuando se acaben las causas, que llevan a que los delitos se extiendan por doquier, que determinan la inseguridad del ciudadano sin distinción de situaciones personales, sociales y económicas. Ahí tenemos el problema que genera el desempleo, la falta de viviendas o la precariedad de las existentes, las inocuas políticas sociales, la drogadicción y el alcoholismo más la prostitución organizada, la falta de perspectivas y de un futuro previsible para nuestros más jóvenes y de un futuro digno y humano para todos en general, entre otras dentro de la economía de mercado y del capitalismo reinante e impuesto a rajatabla sin miramientos.
Por un lado aparecen los damnificados y víctimas de la inseguridad, a los cuales se suman los sectores más reaccionarios de la vida social, política, económica y uniformada de nuestro país que tienen una responsabilidad muy importante en las causas del problema. Convirtiendo la cuestión en un asunto político, partidario y especulativo que no hace más que deteriorar, o beneficiar según como se mire, la comprensión y atención del tema.
Por otro lado están aquellos que con base en los oportunismos pretenden acallar cualquier demostración de preocupación y búsqueda de soluciones, sin permitir generar los debates y discusiones necesarias para atender las causas que sabemos son perfectamente corregidas de implementarse, claro está, aquellas políticas estatales que permitan desvanecer la exclusión social generada por la indigencia y la pobreza.
Nadie puede negar que en Argentina existen grupos, sectores y organizaciones delictivas perfectamente organizadas para llevar delante de diferente forma los delitos contra la persona humana. Estos tienen siempre la complicidad y actividad de personajes relacionados, componentes también, de las mismas instituciones que deberían actuar en la prevención y en contra del delito. Además padecemos como sociedad de un sistema correccional perverso y deficiente con un actuar de la justicia que por lo general impide el debido castigo y la conveniente investigación en las causas procesales, junto a la falta de vocación de subir la escalera de las responsabilidades habidas.
No existe sociedad en el mundo que no esté amenazada por los delitos que conllevan al quebrantamiento de la seguridad y la paz, o a la sensación de un estado de inseguridad colectiva. Pero ello no es justificación en lo más mínimo para pretender convertir al Estado en un represor público-institucional permitiendo los excesos y pérdidas de libertades y derechos, como tampoco del proceso judicial justo y debido.
Los Derechos Humanos de todos es una materia de altísima consideración y de permanente lucha de las mujeres y hombres comprometidos en la defensa de la vida y de los derechos individuales y colectivos del género humano. Entre esos derechos están los concernientes a las libertades de expresión y de información, como asimismo los de peticionar a las autoridades públicas, los cuales están particular, expresa y tácitamente establecidos tanto en la Constitución Nacional como en los Tratados Internacionales con igual jerarquía con ésta.
Que nadie se equivoque en el camino por buscar las imperiosas y necesarias soluciones, porque ello nos conducirá a que nada pueda ser corregido, nuestro sistema democrático con todas las falencias propias de su falta de participación y con las representaciones diseñadas e impuestas para la conveniencia de las políticas de turno debe hacerse cargo del problema en forma integral. Es necesario un debate abierto, sin mezquindades ni excluidos, donde se permita oír todas las voces; y donde desde cada postura ideológica se aporte todo aquello que sea necesario.
No será negando el problema de la violencia y de la inseguridad, y menos minimizándolas a meras estadísticas, como se resolverá la cuestión tratada.
Será posible solamente si desde las políticas de los distintos gobiernos se solucionan los problemas de las necesidades básicas y humanas insatisfechas, porque ahí es justamente donde veremos cumplidos todos nuestros anhelos de una sociedad justa, libre y fraternal que termine con las violencias y violaciones de cualquier tipo.
En el día de hoy los que marchen en uno u otro sentido por las calles y plazas no deberían desconocer estas cuestiones mínimas, para no caer así en estériles enfrentamientos que conducen inevitablemente a que en el mañana el problema siga sin resolverse.
La sociedad imperiosamente debe saber marchar y luchar por una vida mejor.
31 de agosto del 2006
Eje del poder
por Hugo Alberto de Pedro
En Argentina cuando falta más de un año para las elecciones nacionales algunos políticos van poniendo en condiciones las maquinarias propias y las partidarias que, como sucede frecuentemente, tenderán a forjar nuevos intentos para hacerse del poder o mantenerlo a cualquier costo; y particularmente buscando el menor compromiso con el ciudadano. Ese compromiso que tanto les molesta y que su ausencia los libera.
Una vez más la cuestiones partidarias pasarán por la fuerza, ahora abonada por las reiteradas amenazas emitidas desde el "eje del poder", que un grupo de supuestos iluminados pueda imponer sobre aquellos que necesitan de los pactos y acuerdos impunes para no perder los beneficios de todo tipo que supone gobernar y legislar.
Hasta el día de las elecciones la participación ciudadana estará como siempre nuevamente ausente, salvo para los actos y concentraciones que se irán haciendo para demostrar fortalezas, las que contarán con la disposición de medios, dineros y presiones de cualquier tipo provenientes de las rentas públicas. Esas tristes imágenes de humanos trasladados como ganado, o bien un chorizan reemplazando a la zanahoria nos recuerda la fábula.
La caterva dirigencial de los partidos y movimientos políticos irán buscando colocarse a uno u otro lado del "eje del poder", desde donde mezquinamente articularán las formas de hacer todo aquello que deba ser hecho, por supuesto que en sus propios beneficios. Léase traicionar al ciudadano y relegarlo a la condición de "pone votos".
Durante estos tres años de hegemonía kirchnerista tan adornada por interminables y penetrantes vociferaciones y con algunas decisiones acertadas en los hechos llevados adelante -aunque muy vacías de una definición ideológica clara y precisa- donde el autoritarismo y patoterismo se hizo carne desde el presidente hasta los eslabones más lejanos del poder real, muchos personajes han tenido que adoptar decisiones que se encuentran peleadas con un pasado y con las pertenencias logradas en el campo político, sindical, social, popular, periodístico, empresario, etc.
Solamente un hecho imprevisible, o la suma de ellos, pueden torcer el acompañamiento cívico que el kirchnerismo tendrá en los tiempos futuros -mediatos e inmediatos-. La fauna política preferirá, una vez más, convalidar cualquier tipo de políticas con sus abigarradas intenciones antes que oponerse desde una posición crítica y superadora, convalidando así un modelo democrático no participativo en donde la representatividad está ajustada a las mentiras y fraudes ideológicos que no lograrán quebrar la dirección del proyecto vigente. O sea, el mantenimiento del "eje del poder".
Con una caja superabundante, con todas las manos necesarias en las cámaras del Congreso para convalidar las políticas presidenciales y con los representantes y ejecutivos en cada una de las provincias rendidos al "eje del poder" es muy poco lo que se puede esperar de la aparición de aires nuevos. Menos aún, la posibilidad de que se produzca una construcción de nuevos espacios de representación que pongan freno y límites a los abusos del poder y que puedan diseñar, o esbozar al menos, un esquema creíble para la proposición de cambios de rumbos para lograr saltar las barreras de las injusticias sociales, ampliar el campo del trabajo y las posibilidades del pueblo, lograr el mejoramiento de la educación y de la seguridad social, entre otros asuntos urgentes.
Claro está que nadie puede, a esta altura de los acontecimientos y del conocimiento de quién es Kirchner, pensar que bajo el pretexto de un progresismo disfrazado no serán muchos los que se opongan al poder dominante y decidan construir o reconstruir, como en muchos casos es necesario, espacios que disputen el poder, tanto desde la izquierda como desde la derecha.
La bonanza en la recaudación del Estado, el contexto regional favorable, los grandes negocios y negociados logrados con una política económica y cambiaria ajustada a las necesidades de las grandes concentraciones de capital; junto con políticas activas desarrolladas al amparo de superpoderes, con escaso o inexistente debate político parlamentario y preferentemente armadas desde la necesidad y la urgencia dentro de una emergencia económica y social endémica, donde los parches que se van poniendo a medida que los reclamos sociales se hacen insoportables son hechos de la realidad que nadie puede desconocer o soslayar. Salvo, seguramente, que sea un beneficiario más del modelo imperante.
La publicidad y la propaganda perfectamente impuestas, diseñadas, contratadas y generosamente pagadas por el "eje del poder" martilla incansablemente sobre la opinión pública: la forma, la moldea y la domestica a su real y reverendo antojo. Cuando cualquiera, y desde donde sea, alza la voz para emitir juicios o prédicas que no agradan al gobierno son tapados, impugnados y descalificados al mejor estilo que el autoritarismo impone sin sonrojarse, alentado por aplausos y risas de todo el funcionariato.
En este contexto reinante se hace prácticamente imposible generar otras opciones o al menos conseguir cambios y consensos en los caminos a seguir. Porque la respuesta es y seguirá siendo siempre la misma: "comparen con lo que sucedía antes". Claro que ése antes tuvo como protagonistas, socios y acompañantes a los mismos que hoy reniegan de su pasado complaciente y que los encontraba ayer apoyando a los que hoy critican, no sin razón por supuesto. Ahora de vil manera se hacen los distraídos y los inocentes desde una posición tan mendaz como intolerable, cuándo no echan mano a supuestas, que conocemos falsas e indignas, defensas anteriores de los Derechos Humanos.
En fin, la cuestión del futuro es clara. No habrá ningún cambio posible y menos siquiera la perspectiva de su construcción en el corto plazo si como pueblo no nos decidimos a que así sea.
Quizás sea posible y esperable, tanto como deseable, que el futuro no sea tan previsible, que la Argentina pueda vivir momentos de mayor participación, y que entre todos podamos cambiar este "eje del poder" para que sea posible el "eje del pueblo" el que ponga a los representantes al servicios de un país digno, justo, libre y soberano.
Perder estas esperanzas en algún sentido sería perder nuestro derecho de ser ciudadanos libres.
25 de agosto del 2006
Por favor, más HUMANIDAD
por Hugo Alberto de Pedro
Durante más de un mes las mujeres y hombres de todo el mundo hemos sido espectadores de una nueva embestida del imperialismo sobre los territorios de Medio Oriente. En esta reiterada forma de dominación estratégica, económica-financiera y energética las víctimas del ejército israelí/norteamericano han sido cientos de miles de civiles libaneses e israelíes.
Casi toda una nación destruida, millones de desplazados, decenas de miles de heridos y muertos, pérdidas económicas de decenas de millones de dólares, infraestructuras desechas y tan necesarias para la vida normal de los pueblos, etc. ha sido la demostración más cruel de una nueva invasión orquestada por los países más poderosos del orbe.
Por un lado por aquellos que tiene una necesidad imperiosa de seguir sembrando odio en cada sitio donde caen sus misiles y bombas, donde sus artefactos aéreos de todo tipo e incalculable tecnología atraviesan los cielos de los pueblos del mundo, y donde sus buques convertidos en verdaderas fortalezas de la muerte flotan por los mares más extraños a sus propias aguas.
Por otro lado aquellos grandes países desarrollados del primer mundo, que teniendo la obligación de poner freno y límites al genocidio de pueblos enteros, se hacen los distraídos y únicamente actúan cuando el daño ya está realizado, luego de haber ajustado convenientemente sus posiciones financieras y económicas sin el menor atisbo de humanidad, desde esa mirada impúdica del capitalismo en cierne que supieron conseguir. Sin más, solamente hace falta comprobarlo con la tramposa y tardía acción de la ONU y sus manejadores e inescrupulosos de siempre, desde siempre y para siempre desde sus antecedentes en la Sociedad de Naciones.
No hace falta, seguramente en lo más mínimo, ser un erudito en las cuestiones del Medio Oriente y de los criterios religiosos de aquella parte del mundo musulmán y hebreo para comprender que la paz y la concordia en la región únicamente tendrá una solución cuando los pueblos puedan ser libres y dueños totales de sus territorios que por historia, pertenencia y luchas les corresponden.
La humanidad siempre ha dado soberanas muestras que allí donde se siembran injusticias, donde se crean insalvables diferencias entre ricos y pobres, entre dominadores y dominados, entre pertenecientes y despojados, entre invasores y ocupados, entre explotadores y explotados es donde aparecen las milicias de los pueblos, los revolucionarios dispuestos a enfrentar todo aquello que necesariamente es malo y perjudicial por tener la finalidad de terminar con las libertades el albedrío de los pueblos. Algunas son alimentadas desde las ideologías y otras por cuestiones religiosas hasta límites tan mesiánicos que necesariamente se van transmitiendo de generación en generación. Se convierten en eternas e invencibles, cada vez mejor equipadas para enfrentar a las otras fuerzas técnicamente mejor dotadas de los países imperialistas y capitalistas.
Las ciudades al norte y al sur de la línea imaginaria que divide a la República del Líbano de la de Israel han sido el blanco de las certeras y eficaces bombas y misiles que con artera precisión han caído en casas y edificios ocupados por civiles: niñas, niños, mujeres, hombres y ancianos que perdieron toda oportunidad de participar del futuro, o sea de la vida del mañana. Esa vida que de un lado y del otro dicen querer preservar.
No caben dudas que este tipo de conflictos nos produce a todos un estremecedor dolor, ver a los pueblos hundidos en el sufrimiento, víctimas de los desplazamientos y éxodos forzados, quebrantados los proyectos de vida y presos del hambre y desasosiego. Porque aquello es conclusión inevitable del uso de las armas de la muerte, las cuales son utilizadas sin el respeto humanitario que se exige en las terribles y temibles andanzas de las guerras.
Ya no debe haber en el mundo un lugar para establecer el "eje del mal", tampoco para seguir desarrollando teorías sobre el "eje del terrorismo imperialista", solamente deben existir conciencias por doquier para terminar con la destrucción del hombre y de los pueblos por los medios más sofisticados de la industria de la muerte bélica.
Los pueblos seguirán luchando, y bien que lo deben seguir haciendo, por la independencia y la libre determinación dentro de las fronteras establecidas caprichosamente para conseguir una vida digna y en paz, procurando el bienestar indispensable para las próximas generaciones. Ese insigne bienestar tan general como humano deseable y lograble, en ese otro mundo que sabemos que es posible.
Los pueblos deben consolidar sus gobiernos y sistemas políticos que decidan las mayorías de sus ciudadanos, y no aquellos que desde los viejos libros deshilachados y hediondos algunas poderosas naciones quieren imponer con la misma frialdad y el mismísimo cálculo arrogante que son incapaces de llevar adelante en la práctica en sus propios países.
Ya no más muertes evitables de civiles en cualquier sitio del plantea, porque una niña o un niño israelí, inglés o norteamericano vale tanto para la humanidad como una niña o un niño libanés, iraquí, palestino o afgano.
Los que no valen, aunque estén diseñando permanentemente el horror y la muerte, son aquellos asesinos que les toca el turno de estar en el poder de las potencias terroristas internacionales.
Por favor, más humanidad.
15 de agosto del 2006
Rumba de gusanos y de ratas
por Hugo Alberto de Pedro
Desde la noche del 31 de julio próximo pasado los ciudadanos del mundo tomaron conocimiento de que el Compañero Comandante Fidel Castro Ruz había sido intervenido quirúrgicamente y, en consecuencia, obligado a alejarse de sus responsabilidades y cargos en la República de Cuba.
A partir de ese momento, lejos de cualquier mínima ética, moral y principios, por doquier aparecieron aquellos que comenzaron a velar por anticipado a Fidel, a la Revolución Cubana y a las conquistas logradas tras 47 años de perseverancia, bravura e hidalguía del pueblo caribeño.
Para muchos, sin lugar a dudas las mayorías de las mujeres y hombres del planeta, no era una de esas noticias buenas, sino de aquellas que nos llevan a la conturbación y preocupación. Porque dejar de reconocer lo que Fidel significa y significará en el desarrollo de los acontecimientos del siglo pasado, del actual y de los futuros no es una cuestión menor. Menos aún, poder desconocer y menospreciar la impronta que la vida de lucha y principios dispuestos en aquellas islas del caribe que solidariamente se han propagado por todo el centro y sur del continente americano, y llegado a los sitios más alejados del orbe.
Sin embargo, los mismos de siempre y los que ahora se acuerdan de algunos de los principios democráticos, esos que jamás han defendido, se han convertido en analistas de la realidad social y política de Cuba. Claro que desde el palmario desconocimiento de lo que es Cuba, de lo que son las cubanos y cubanos hermanos. De lo que son mis entrañables y queridos amigas y amigos, compañeros todos.
Aquellos que desde hace casi cincuenta años han perdido toda posibilidad de usufructuar de esas bellísimas tierras cubanas, de sus riquezas y condiciones especiales que tiene la perla del caribe han salido a festejar, principalmente desde las mismas entrañas del Imperio terrorista, y desde cualquier lugar se han convertido en adalides de las libertades y las democracias que no han sabido defender en sus propios terruños.
Nosotros, los revolucionarios socialistas, sabemos muy bien lo que piensa el pueblo cubano, lo que quiere ese pueblo luchador y comprometido con la más ejemplificadora de las enseñanzas de ese mundo que consideramos posible y realizable.
Claro, es muy difícil de abstraerse de las mentiras -presentadas como verdades supuestamente irrefutables- que nos quieren vender las ratas y los gusanos sobre esa revolución que será siempre un ejemplo de vida, de solidaridad y de humanidad para los hombres libres del mundo.
Conozco muy bien al hermano pueblo cubano, conozco cada región y muchísimas de sus historias para renegar de todas las mentiras que hoy brotan con verbosidad incontenible y mediatización dispuesta a sus efectos.
Será, una vez más, ese pueblo de amigos y de compañeros los que se pondrán al frente de las circunstancias y esperando que el Compañero Comandante se reponga para seguir adelante en la "Batalla de las Ideas", esa lucha de todos los días que los hombres libres del mundo consideramos indispensables para conseguir la liberación y que ya es tema de análisis y debate a nivel internacional.
Que nadie se confunda, que nadie mienta y que nadie niegue, aunque sea por un solo segundo, de que es el pueblo cubano el artífice de la más gloriosa y honorable de las revoluciones que tiene la historia de la humanidad. Esa por la que nos sentimos parte por el sencillo y simple motivo de ser revolucionarios socialistas. Por es sencillo sentimiento de humanidad que nos abraza a muchos.
Que los gusanos y las ratas festejen aquello que les será negado por una condición de vida, de principios y de solidaridad. O sea, por la inclaudicable condición de los cubanos y de los que somos sus hermanos que hemos acompañado en este medio siglo al pueblo de cubanas y cubanos.
10 de agosto del 2006
Los que no sirven
por Hugo Alberto de Pedro
En Argentina para la dupla presidencial (Kirchner/Fernández de) las leyes y el control parlamentario no sirven. Los periodistas no genuflexos no sirven. Los opositores políticos no sirven.
En consecuencia, a menos de que todos pasemos a formar parte de "los K" no serviremos. Esto realmente es una conclusión inmediata y primaria, aunque necesaria.
Lo relevante en la cuestión de "los que no sirven" está sencilla y desgraciadamente en la definición de quienes serían "los que sirven", en un país muy próximo a cumplir dos siglos de la gesta de mayo de 1810.
El ánimo opositor, la lucha por la libertad, la actuación del periodismo y el establecimiento de normativas nacionales fueron algunas de las bases que sentaron los principios del futuro independentista, a más claro está, de las necesarias luchas contra invasores y colonialistas de entonces. Poco más de un lustro después se declaraba la independencia de todo dominio, y aquella revolución fue imprescindible como antecedente contra la opresión. Eso hoy parece ciencia ficción para muchos.
Los argentinos conocemos, por experiencias desgraciadas, lo que significa conculcar las libertades y los derechos cuando ejercieron el poder los matrimonios, las ternas genocidas militares y los unicatos uniformados como para estar alertas en el presente y futuro. También recordamos a quienes con mentiras y cómplices de entonces regalaron el patrimonio nacional y quienes entregaron centenarios principios políticos al neoliberalismo.
El travestismo de amplios, amplísimos, sectores de la vida política, gremial, social y cultural para subirse a la "nueva ola progresista" no es una novedad por estos pagos.
Ayer sucedieron y duraron muy poco tiempo después de haber alcanzado las prebendas, privilegios, prerrogativas y beneficios buscados.
Hoy muchos impensados personajes se desviven por las gratitudes de la dupla presidencial y van entregando los compromisos, luchas y reconocimientos públicos y populares por estar en los escenarios, palcos y bancas que "generosamente" permite y entrega el poder.
Mañana, cuando los personeros de los derechos humanos abandonen el protagonismo de la actividad política ejecutiva y legislativa, quedará para muchos los vestigios de "el haber pertenecido" y las ansias por volver a pertenecer a cualquier "pagador" de turno, sea quien sea, provenga de donde provenga y vaya a donde vaya.
Ahí, sin embargo, están y estarán los 129 artículos de una magna ley que se refiere a la forma de estar constituidos como Nación y desde donde se establecen los principios de la argentinidad, junto a las más altas garantías y derechos de todos los habitantes. Sí, aún de los que no pertenecemos al grupúsculo de oráculos, bufones, contratados, pagados y vendidos al poder por unos cuantos cientos, miles, o millones de pesos dispuestos arbitrariamente por el responsable político de la administración general del país y administrados sin control por el ministro jefe de gabinete.
Pero resulta sorprendente, y por que no sospechoso, que no se puedan lograr los consensos necesarios -para permitir poner un freno a las arbitrariedades, terminar con los miedos que produce el no estar arrimados al poder y exigir que no se haga aquello que sabemos que será nefasto y dañino- desde la oposición política y de los que somos independientes de cualquier pertenencia partidista. No ideológica por supuesto.
¿Serán las "necesidades y urgencias" las que establecen "superpoderes" para acallarnos?
¿Serán los miedos insinuados desde el poder lo que inmoviliza al periodismo crítico?
¿Serán las contraprestaciones de todo tipo y cuantía recibidas por los legisladores, gobernadores e intendentes las que hacen bajar los principios otrora defendidos?
¿Serán todos ellos los que no sirven y no justamente nosotros?
19 de julio del 2006
¡No pasarán!
por Hugo Alberto de Pedro
Después de la movilización popular del pasado 24 de marzo convocada por el "Encuentro 30 años, Memoria, Verdad y Justicia" de la que participaron más de 100.000 personas, ha quedado un sabor amargo con las desuniones, los insultos y las declaraciones públicas y mediáticas algunas organizaciones de Derechos Humanos y partidos políticos. Una cuestión no menor, sin dudas, pero que necesariamente deberá ser conciliado entre quienes desde siempre han tomado a su cargo la iniciativa de las convocatorias, las que históricamente han sido abonadas con una trayectoria inclaudicable en la lucha por la verdad y la justicia.
Sin embargo, el actual gobierno -"neoderechohumanista" por cierto- lejos de mantenerse al margen ha tomado posiciones antes, durante y después del masivo acto. Antes pretendiendo convertir a la movilización en un acto de gobierno, durante enviando a sus sectores cooptados a romper con la armonía que siempre ha caracterizado a este tipo de movilizaciones y después haciendo declaraciones, análisis y señalando con el dedo tan temerario como acusador y condenador.
El jefe de gabinete, Alberto Fernández, se arroga el derecho de hablar del "respeto por los muertos y desaparecidos" como también manifestar "deberían sentir vergüenza de decir lo que dijeron" con referencia al documento consensuado por más de 300 organizaciones, a lo que sumó la crítica al considerar todo como "un espantoso uso del dolor colectivo".
El ministro del Interior, Aníbal Fernández, fue un poco más allá al manifestar que "la izquierda siniestra pretendió agarrar de tontos a quienes han padecido este dolor durante 30 años" y que abundó diciendo "mostraron lo que son". Digno de una apreciación maccartista.
Estos dos funcionarios que tienen tras de sí una trayectoria política indudablemente muy alejada, por comportamiento y pertenencias, al tema de los derechos humanos no tienen autoridad alguna para hacer cuestionamientos de éste tipo, y menos aún cuando han sido ellos mismos los promotores de los problemas suscitados. Ellos forman parte de un gobierno donde la gran mayoría de sus representantes, con el presidente Néstor Kirchner a la cabeza, se han enterado, preocupado y han encontrado en este tema tan caro para nuestra memoria y nuestras luchas, una veta de indudable posicionamiento político que cualquiera puede comprobar y asegurar que no está sostenida por ninguna acción anterior. Ninguna, absolutamente ninguna.
Eso no es una cuestión menor porque la historia argentina está plagada de acciones y actos de los gobiernos que lejos de pretender hacer aquello de lo que están convencidos realizan puestas en escena tendientes a mimetizarse con el sentimiento popular. En este caso, un sentimiento que jamás pidió permiso a poder alguno y menos toleró las tentaciones hechas por él para coaptar voluntades y tampoco que le establezcan los discursos y los contenidos de las declaraciones consensuadas.
Cualquiera que haya participado de las movilizaciones populares relacionadas con la lucha por los Derechos Humanos sabe perfectamente bien que las consignas siempre han superado el tema por el cual se realizó la convocatoria. Sencillamente porque así debe ser y porque los Derechos Humanos no están relacionados solamente con la condena a la genocida dictadura y al terrorismo de Estado, a sus personeros y a sus móviles políticos, económicos, culturales y sociales. Los Derechos Humanos, que tienen su razón de ser en la defensa de la dignidad y la integridad de la persona humana, están y deben estar presentes cuando los gobiernos democráticos con sus acciones u omisiones violentan y transgreden estos elementales principios con muertes, persecuciones, procesamientos y judicialización de la protesta social; como así también los más elementales y obligatorios criterios de solidaridad con quienes en cualquier lugar del mundo ven vilipendiados sus derechos. También corresponde acompañar a los pueblos que luchan por su independencia, dignidad y autodeterminación contra el imperialismo y el terrorismo de cualquier calaña.
Sabemos muy bien que los gobiernos pasan, que sus representantes ejecutivos y legislativos terminan siempre haciendo aquello que satisface a sus intereses personales y de las facciones políticas de las que se sirvieron, se sirven y se servirán y que dejan tras de sí todo sin resolver -en el mejor de los casos- y agudizando los padecimientos de las mayorías como una constante política.
En consecuencia, debemos estar alertas de esta nueva forma de accionar del poder de turno. Sabemos que pueden existir personas y organizaciones que puedan sacar algún partido u obtener algunas prebendas que necesariamente terminarán por socavar los principios y los históricos años de sostenida lucha con dignidad.
En las cuestiones de los Derechos Humanos no necesitamos que ningún grupúsculo de advenedizos nos marque el camino y mucho menos que nos pretendan establecer las miradas, formas, modos y comportamientos a seguir.
Quienes ayer, hoy y mañana defendimos, defendemos y defenderemos la vida; que nos opusimos a cualquier artilugio político-legal para perdonar a los genocidas y sus cómplices no necesitamos más que reconocernos en las calles, en las plazas y en los actos públicos y cotidianos. Vemos que con determinación y fuerza como se incorporan los jóvenes para compartir desde la memoria y la historia las luchas con ese fervor tan puro como inusitado. Sabemos por el convencimiento de la lucha militante que será una quimera cualquier acción por dividirnos y pretender crear discordias entre nosotros.
Sencillamente deben saber ellos que ¡No pasarán!
29 de marzo del 2006
Más de 30 años de memoria argentina
por Hugo Alberto de Pedro
En el año 1976, a 165 años de la muerte del revolucionario Mariano Moreno, el primer asesinato político producido en lo que después sería la República Argentina, se producía un golpe de Estado que durante más de siete años impuso silencio, persecución, exilio, cárcel, torturas, desapariciones forzadas de personas y decenas de miles de muertos.
Aquel 24 de marzo el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional terminó con el gobierno democrático peronista que había instalado en su seno a los personajes y sectores más reaccionarios de la derecha, y que ya había comenzado con las prácticas fascistas de persecución y muerte con los grupos parapoliciales y la paraestatal funesta Triple A. Los generales, almirantes y brigadieres genocidas tuvieron a su cargo el diseño del terrorismo de Estado mientras los sectores concentrados del poder industrial, agropecuario y financiero participaban y diseñaban el camino la destrucción de la industria nacional, de la entrega al capital extranjero y la instauración de la especulación financiera.
Vastos sectores de la sociedad nacional acompañaron, de una u otra forma, el período más triste y oscuro de la historia argentina; para muchos connacionales la desaparición de niños, jóvenes, y adultos; estudiantes, trabajadores, militantes políticos, científicos, artistas, periodistas, religiosos e intelectuales encontraba la cómplice respuesta en el "Por algo será". Vaya si por algo sería. Porque gran parte de la juventud argentina, ese generación que hoy hace falta, se oponía al modelo económico, cultural y social impuesto, el que dejaba tras de sí a muchos años de trabajo argentino, de su educación, de su cultura y de encuentros entre ciudadanos.
El contexto latinoamericano por aquellos tiempos no era muy diferente al nacional y los diferentes gobiernos militares contaban con la colaboración, ayuda económica e instrucción militar para la muerte y el miedo de parte de los EE.UU. haciendo que el continente se convirtiera en una terrible cárcel dirigida desde el instaurado Plan Cóndor. No importaba la nacionalidad de los muertos y desaparecidos porque solamente tenía como consigna terminar con aquellos "imberbes", "díscolos", "delincuentes subversivos", cuando en realidad se trataba de revolucionarios dispuestos a impedir con su vida ese nefasto plan continental, que era la impronta de la Doctrina de Seguridad Nacional. Ese mismo modelo que durante los años siguientes fue llevado a los extremos inmorales por todos conocidos, que hundieron en la pobreza y la exclusión social a las mayorías de los 400 millones de hermanos latinoamericanos.
La democracia instaurada en el año 1983, reconociendo algunos de los avances producidos en materia de los Derechos Humanos, no supo -y tampoco quiso- revertir las prácticas económicas y sociales que aún perduran en Argentina. Los avances y retrocesos producidos en el proceso democrático en estos últimos 23 años así lo confirman, y así lo padece el pueblo argentino.
La dependencia del exterior verificada a través de los organismos internacionales de crédito, la destrucción de las empresas nacionales por las concesiones y privatizaciones llevadas adelante durante el menemismo y los gobiernos que le sucedieron, las políticas económicas de entrega y sumisión al capital económico y financiero concentrado en pocos grupos empresarios, junto con el abandono total de las políticas educacionales y de salud hicieron posible llegar al actual estado de pobreza e indigencia, como asimismo a la pérdida de millones de fuentes de trabajo digno.
Esa criminal y aciaga dictadura del terror, más allá de todo lo mencionado, tuvo por finalidad terminar con un estado de movilización y acción política-social que se venía gestando desde la década del 60. Muchos políticos fueron cómplices y acompañaron a las diferentes Juntas Militares socavando el accionar de los militantes que por diferentes razones se fueron alejando de la participación política. Las consecuencias están a la vista por quienes representaron luego a los partidos políticos, personajes vacíos de principios, desconocedores de dogmas, carentes de ideologías, faltos de luchas, adoradores del bienestar económico y del que brinda el poder, de la corrupción, etc., etc., etc.
Fundamentalmente por el agotamiento de los militares en el ejercicio del poder usurpado y la absurda -desde el punto de vista militar y político- guerra contra Inglaterra, EE.UU. y la OTAN en las Islas Malvinas Argentinas, se llegó a una nueva etapa democrática que solo adquirió el carácter representativo de hecho y de derecho. Así se posibilitó que las cúpulas políticas sobrevivientes se hicieran cargo del centro de la acción partidaria, y en consecuencia de la política nacional con los resultados nefastos en lo humano, social, laboral, cultural, educacional y salud pública que se mantienen hasta nuestros días.
Las marchas y contramarchas en materia de los Derechos Humanos, los acuerdos y pactos con los militares y con los sectores reaccionarios, la connivencia con la derecha vernácula por parte de los partidos mayoritarios, el mantenimiento de las políticas económicas que fueron el sostenimiento del andamiaje y las prácticas de la entrega del patrimonio nacional y la especulación financiera, entre otras cosas más, no han sabido dar tributo en lo más mínimo a nuestros desaparecidos, muertos y torturados que lucharon por otra Argentina muy diferente. Esas luchas que debemos recuperar para que nuestros sueños de liberación nacional y continental se hagan realidad.
Por ello que en estos 30 años desde el golpe militar del terror y la muerte el diseño de la dependencia, la injusticia en la distribución del ingreso, la renta y las riquezas, el hambre y la indigencia, el desempleo, el descalabro del sistema educativo, el abandono de la cultura nacional y popular y las políticas de seguridad social han confirmado todo aquello comenzado por el peronismo de derecha que traicionó el voto popular del año 1973 y que diera pie al "Proceso", Una cuestión que hay que volverla a remarcar. No estuvo ausente la complicidad de los líderes sindicales que se mantuvieron en sus sitiales aún después de 1983, cuando poco tiempo atrás habían entregado a cuanta comisión gremial interna pudieron, y con ello la vida de miles de delegados de base, con la consabida ayuda y agradecimiento de la oligarquía nacional interesada y de las empresas multinacionales que veían peligrar sus negocios y negociados.
Las banderas y las luchas de nuestros desaparecidos y vilipendiados hoy siguen vigentes y no permitiremos que sean bajadas, aún a pesar de esta democracia representativa y mentirosa que pretende día a día tapar todas y cada una de nuestras miserias impuestas hasta el hartazgo. Porque tapar es simplemente mantener los criterios de dependencia y sumisión más allá de los discursos de ocasión tan mendaces como impúdicos, y que sólo persiguen seguir ganando tiempo.
No debemos dejarnos llevar y dejarnos cautivar por quienes hoy nos quieren hacer creer que fueron luchadores y que se jugaron en todo y por todos en cualquier momento. Porque sabemos que sus historias, comportamientos y oportunismos políticos en nada hacen honor a quienes hoy no están junto a nosotros en vida. Nosotros no necesitamos de monumentos, museos, feriados ni de discursos baratos y mediáticos para encontrarnos unidos en la lucha y los ideales con aquellos que respetamos, extrañamos, necesitamos y que nunca olvidaremos.
Tener memoria sirve para no olvidar cada una de las entregas perpetradas durante los últimos 30 años. Para no olvidarnos de las leyes de obediencia debida y punto final ni de los indultos a los genocidas. Es indispensable esa memoria para los que luchamos y militamos por otra Nación, Indoamericana sin dudas, más justa, equitativa, igualitaria y solidaria que los argentinos tenemos la obligación de construir todos los días.
Tener memoria es imprescindible para no seguir sometidos a las mentiras y falacias del aquel peronismo, de la asesina y salvaje dictadura y la mezquina democracia representativa sobreviniente y actual. Ésta que cierra política y socialmente cualquier camino de la ciudadanía hacia un esquema participativo en el poder y las decisiones nacionales y provinciales.
Tener memoria es insistir sobre nuestro derecho de participación, el que no por casualidad se conculcó al aplicar los delitos de lesa humanidad contra decenas de miles, con la muerte, la desaparición, el miedo impuesto, los arreglos de las cúpulas políticas partidarias para hacer posible que hoy estén los que están. No es menor la cuestión y no necesita más análisis que recorrer las nóminas de funcionarios y legisladores, las de ayer y las de hoy, a lo largo y ancho de nuestro país.
Tener memoria es necesario para estar atentos de lo que está sucediendo y puede suceder si se mantienen los procesos populares en Latinoamérica, que hoy están intentando romper con años de la lógica imperial capitalista sostenida por las "democracias representativas" y de cuyo devenir muchos estamos esperanzados en que generará una estructuración en Indoamérica donde los pueblos ocuparán el centro de la acción y definición de un nuevo orden de cosas.
Tener memoria es justamente decir ¡Nunca Más!
Tener memoria es exigir sobre los que nos han robado nuestras vidas más queridas y nuestros sueños más profundos su ¡Juicio y Castigo!
Tener memoria es seguir sosteniendo ¡Compañeros Presentes, ahora y siempre!
21 de marzo del 2006
Tras la huida de gobernador Sergio Acevedo
El pueblo de la Provincia sólo gobierna por medio de sus representantes y autoridades, en la forma establecida por esta Constitución, pero conserva los derechos de reunión pacífica y de petición individual o colectiva.
Art. 7 de la Constitución de la provincia de Santa Cruz
por Hugo Alberto de Pedro
La renuncia del gobernador de la provincia de Santa Cruz, Sergio Edgardo Acevedo, confirma que la democracia representativa en la República Argentina está herida de muerte.
Ese hecho inédito que no está motivado en ir a ocupar otro cargo o función, me obliga a preguntarme por ejemplo: ¿Qué importancia y significado adquiere la decisión popular cuando somos obligados a votar a nuestros representantes? ¿Qué intereses políticos, económicos y corruptivos están colocados por sobre un gobierno provincial constitucionalmente elegido? ¿Qué trampas puede hacer y colocar un gobierno nacional a las instituciones provinciales?
Más allá de las disidencias que uno pueda tener con el ex gobernador a partir de su pertenencia política y las formas de conducir los destinos de Santa Cruz, su inconcluso mandato había adquirido una nueva manera de gobernar el feudo que el presidente Néstor Carlos Kirchner construyó durante doce años de mandato gubernamental ininterrumpido merced a dos reformas constitucionales. Esos aires nuevos, en la ventosa provincia patagónica, nos permitían pensar -y porqué no soñar- que otra forma en el manejo de la cosa pública era posible por aquellos lares.
Las relaciones políticas entre el renunciante y/o renunciado gobernador Acevedo y el actual presidente Kirchner durante muchos años no fueron pocas, a saber: dos veces legislador provincial y presidente de la Cámara de Diputados provincial y por lo tanto vicegobernador de Kirchner, dos veces convencional constituyente provincial, dos veces diputado nacional y dos veces intendente del municipio de Pico Truncado, además de haber sido designado a cargo de la Secretaría de Inteligencia de Estado al inicio de la gestión kirchnerista hasta su postulación a gobernador de la austral provincia, y a la que accedió tras un rotundo e incuestionable triunfo electoral.
Con este manantial de relaciones políticas, institucionales y representativas -más allá de provenir de una agrupación interna del peronismo que conformó alianzas con el kirchnerismo desde el año 1991- nadie en su sano juicio y en su buen saber y entender puede sostener y suponer que Acevedo desconocía la forma autoritaria con que el "mandamás provincial" manejaba y maneja la política partidaria y las cuestiones atinentes a los poderes del Estado en aquella región de la patagonia. Muchos ciudadanos, sin duda alguna, ya lo están comprobando a nivel nacional, aunque sea harina de otro costal, pero permite inferir con bastante acierto y aproximación -aún ser conocer sobre la realidad santacruceña- como se desenvuelven los temas políticos e institucionales en Santa Cruz.
Ahora bien, sucede que un cuadro político con probada experiencia ejecutiva y legislativa como Acevedo que siempre ha contado con el respeto político de propios y extraños, una cuestión no menor dentro de la miserable política argentina, debe retirarse y hacerse a un costado para dejar en su lugar a un personaje advenedizo en la política, incapaz, prepotente y sin experiencia ejecutiva, más allá del manejo compartido de los negocios inmobiliarios en Río Gallegos -incluidos los de la familia feudal- como es Carlos Alberto Sancho. Éste en su paso como concejal riogalleguense dio sobradas muestras de ineptitud, incapacidad legislativa y ser titular de un servilismo verticalista kirchnerista que permitieron un manejo comunal comprobadamente corrupto, y que como diputado provincial dio un vergonzoso ejemplo trabajo y de acción legislativa.
La salida de Acevedo, de cuyos supuestos motivos dan cuenta las versiones de fuentes opositoras y las anónimas del poder, tanto como las periodísticas, con seguramente un grado satisfactorio de aciertos y verdades, es la palmaria confirmación del hegemonismo que impone Kirchner y del modo perverso de actuar de cada uno de sus "vasallos" tanto dentro de la provincia como desde el gobierno nacional. Seguramente que determinadas acciones llevadas adelante con independencia política por parte de Acevedo producían en el temeroso e inseguro presidente Kirchner el fantasma de su posible mantenimiento en el poder ejecutivo provincial más allá del año 2007, ergo el proyecto de la feudalidad entraría en crisis y podría mutarse hacia rumbos no deseados y menos permitidos por el "señor".
Desde ahí pueden comprenderse muchas cuestiones que en los últimos tiempos han sucedido en Santa Cruz como han sido los excesos policiales, las digitadas y entregadas a medidas obras públicas en su territorio, la imposición de políticas sociales, el manejo, ocultación y repatriación de los fondos provinciales evadidos sospechosamente al exterior, las constantes presiones, las indiferencias y faltas de consideración a su investidura; y muchas otras acciones y cuestiones políticas verificadas en los últimos dos años y tres meses pasados desde que asumió la gobernación. Obviamente sin hacer referencia a las arbitrariedades perpetradas y llevadas a cabo desde el año 1991 por el "Amo del feudo".
Para quienes conocemos la realidad santacruceña ninguna de las mentiras, manifestaciones contrarias a lo que se cree, se piensa y se sabe, que se propagan y se manejan desde hace mucho tiempo puede sorprendernos, pero sí el hecho de haber llegado a un estado de situación tal que un gobernador deba renunciar por el acorralamiento presidencial y por el accionar de sus secuaces en ejercicio de cargos ejecutivos.
La vergüenza que han protagonizado los diputados provinciales del peronismo al considerar la renuncia de Acevedo y no haber exigido explicaciones sobre los motivos, que uno sabe muy bien que en absoluto han sido por "razones estrictamente personales", dan una cabal y perfecta muestra de la falta de respeto hacia la voluntad popular por parte de los "levantamanos" en esa muy bien definida "Cueva de las Manos" en la que han convertido a la legislatura provincial.
Tanto Acevedo al no informar a la ciudadanía los motivos verdaderos por los cuales huyó del cargo con el que fuera honrado por el pueblo, como de los legisladores que actuando como "siervos" se apresuraron a reemplazarlo sin ir hasta el fondo de la cuestión y que han permitido violentar una decisión soberana del pueblo, aunque las formalidades se hayan cumplido y respetado.
Aunque algunos piensen que con, y por, la huida del gobernador Acevedo se produce un triunfo del kirchnerismo más puro o de "paladar negro", ésta no debería ser la cuestión más importante a considerar aunque es significativamente importante y preocupante. El único perdedor es el pueblo santacruceño que a partir de estos momentos retomará, al extremo sin dudas, las prácticas del autoritarismo, la nefasta hegemonía, el impuesto silencio, el miedo de hablar, manifestarse y a disentir, junto con la falta de debate que ya se ha experimentado en un pasado no lejano y que se potenciará con la omnipresencia y omnipotencia que impone del presidente Kirchner.
El proyecto feudal santacruceño a partir de ahora tendrá un camino libre de obstáculos, a nadie "nunca más" se le ocurrirá hacer o pensar aquello que no agrade los oídos y bolsillos del poder kirchnerista. Porque las posibles, comprobables por cierto, consecuencias han quedado al desnudo de la forma más temeraria y repugnante.
El "ex intendente" Sergio Edgardo Acevedo tiene la obligación moral, cívica y política de informarle a la población sobre los motivos reales de su dimisión, de no hacerlo se convertirá en un funcional más del sistema de opresión y sumisión que necesariamente debe ser desterrado en las prácticas políticas y de la vida bajo el imperio de las constituciones y el estado de derecho, tanto en las provincias como en los municipios.
Si el "ex convencional" constituyente Sergio Edgardo Acevedo no dice la verdad, sus veintitrés años ininterrumpidos de actividad política en democracia lo colocarán junto a quienes se han subido a ella para la satisfacción de los deseos personales, esos que no hacen con sus actos más que minar y destruir el futuro de la vida democrática por y mediante la cual han ejercido altos cargos públicos electivos. Sin más a esa democracia, aunque solamente representativa, que pregonan defender y representar la estaría traicionando.
Una verdadera explicación de los motivos por parte del "ex legislador" Sergio Edgardo Acevedo lo exige el sano criterio cívico, porque el silencio y el no afrontar las consecuencias de decir la verdad no hacen más que posibilitar y facilitar los proyectos, que cómo el de Kirchner, desnaturalizan a la republicana, representativa y federal Nación misma.
El silencio del "ex gobernador" Sergio Edgardo Acevedo contribuirá a convertirnos en "presidiarios cívicos" en una Argentina que desde 1983 no puede sacarse de encima a todos estos repugnantes "pastores políticos", como repugnantes son sus prácticas políticas que han logrado un estado de apatía y desidia ciudadana tal que permitió que la representación sea decidida, mantenida, reelegida y terminada según proyectos personales de unos pocos.
A pesar de todo, y de todos, confío que el abogado Doctor Sergio Edgardo Acevedo, a quién reitero respeto más allá de mis diferencias ideológicas y políticas, más temprano que tarde haga ese aporte necesario e indispensable para la vida democrática en libertad y con justicia, porque de lo contrario no tendrá autoridad ética, moral ni profesional para impartir enseñanza en la instrucción cívica a nuestros jóvenes santacruceños en los colegios, y más aún después de haber perdido su autoridad política lograda justamente en uso de las prerrogativas que debería suponer el voto popular.
17 de marzo del 2006
El juicio político es necesario
por Hugo Alberto de Pedro
La hipocresía de la política vernácula ha llegado a límites inimaginables en todo el tema que ha rodeado a la tragedia producida en el local de República Cromagnon, que tuvo el lamentable costo de 194 víctimas, hace ya 14 meses.
Absolutamente a nadie se le ocurre pensar que la magnitud del hecho se podría haber evitado si se hubiesen realizado las tareas de control y prevención sobre las condiciones de funcionamiento de ese sitio, si las inspecciones y habilitaciones hubiesen estado en regla, si los organismos de contralor hubiesen trabajado en sus funciones específicas, si la Policía Federal -y sus organismos dependientes- hubiesen realizado aquello que les ordenan las reglamentaciones y leyes y si los funcionarios de todo nivel del gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hubiesen cumplido con sus responsabilidades y obligaciones.
Ahora el máximo y suspendido gobernante de la ciudad, Aníbal Ibarra, pretende hacernos creer que todo es meramente una cuestión de persecución política al estilo maccarthista o bien de una cacería política, cuando simplemente lo que se está llevando a cabo es un Juicio Político dentro de los lineamientos que dispone la constitución de la Ciudad. Por supuesto, y así debe ser, que el mismo se hace dentro del ámbito político y son los legisladores porteños los juzgadores constituidos en una cámara per se.
Cuando Ibarra convocó a un referéndum a los 30 días de la tragedia para plebiscitar su mandato -una quimera por juntar tan sólo 520 mil firmas fracasó- era un hecho político. Cuando durante todos estos meses se alzaron las voces únicamente para cuestionar a los legisladores que entendían necesario hacer un juicio político también era un hecho político. Cuando en estos días leemos solicitadas y adhesiones de legisladores de todo el país reclamando un supuesto respeto a las instituciones -que ellos mismos violentan diariamente- es un hecho político sin dudas.
La pregunta obligada entonces es la siguiente: ¿Qué es político y no político?
Los que acceden a los cargos públicos institucionales por la voluntad democrática representativa de los ciudadanos "son políticos", sus funciones "son políticas", sus responsabilidades "son políticas", sus obligaciones "son políticas", sus prebendas y beneficios "son políticos", sus quehaceres diarios "son políticos"; y el uso y abuso que hacen de sus cargos, como asimismo sus mentiras, "son políticos".
Sería ingenuo y estúpido pensar que no existen quienes, de las muertes seguramente evitables, quieren sacar provecho partidario y político, porque las miserias de la política argentina así lo demuestran a cada momento. Pero eso no es motivo suficiente ni excluyente para que no se lleve adelante el juzgamiento por el mal desempeño en la función pública de los funcionarios que nos representan.
Una vez más la verdad y la justicia deben ser reivindicadas, más allá de cualquier especulación política que se le quiera dar en uno u otro sentido, y sabemos que la historia de nuestra patria hubiese sido muy diferente de haberse realizado tantos juicios políticos como comisiones de delitos en el ejercicio de las funciones y mal desempeño de ellas han realizado nuestros gobernantes, legisladores y jueces.
2 de marzo del 2006
¿En qué anda la Argentina?
por Hugo Alberto de Pedro
La Argentina real seguía en y con sus "realidades" la semana pasada mientras la música y las luces de los ingleses Rolling Stones entretenía a muchos, se verificaba en las zonas aledañas al concierto que algunas de las miserias de la exclusión económica, social y cultural se convertían en vandalismo y que la policía realizaba justamente lo que menos sabe hacer, la prevención; reconvirtiendo la agresión en represión indiscriminada.
La "honorable" Cámara de Diputados de la Nación convertía en ley la modificación del Consejo de la Magistratura que aún, pese a las mentiras del oficialismo kirchnerista y "neo-chequera-kirchnerista" establece un retroceso institucional y la bandera de largada de una nueva colonización de la justicia vernácula.
El Gobierno Nacional anuncia, con bombos y platillos ante la atenta mirada y complacencia de los dirigentes gremiales que lo consideran "memorable", que el salario mínimo para los docentes de todo el país será de 840 pesos por mes y que ello hará posible que "ningún docente estará por debajo de la línea de pobreza" según el presidente Néstor Carlos Kirchner. Toda una política de Estado que reniega de considerar que la buena y correcta remuneración de los trabajadores de la educación es un elemento esencial e indispensable para conseguir la excelencia de la instrucción abandonada desde hace décadas en el país.
La Confederación General del Trabajo -capitaneada por personajes impresentables como Moyano, Barrionuevo, Lingeri, Viviani, Zanola, Genta, Martínez, Palacios, Baldassini, Rodríguez y Piumato entre otros- tiene su "única" preocupación fijada en la modificación del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias. El motivo está a la vista y tiende a sacar del tema de discusión a la cuestión salarial y la imprescindible convocatoria a las paritarias, para dejar a los trabajadores sumergidos en la indefección y desesperación de no poder establecer remuneraciones y condiciones dignas de trabajo.
El conflicto generado por la instalación de las plantas de pasta de celulosa en la República Oriental del Uruguay está muy lejos de resolverse dentro del marco de la buena voluntad y amistad entre dos pueblos que están unidos, justamente unidos, por una historia común de luchas por las independencias nacionales y la solidaridad y confraternidad entre hermanos demostrada en los momentos difíciles de dictaduras y exilios. Hoy sus respectivos gobiernos se empecinan en no rendir honor a esos lazos que unen a sus pueblos, dejando que los negocios se lleven adelante a cualquier costo, aún el ecológico, o bien para dejar en manos de organismos internacionales el entendimiento debido y obligado entro nosotros. De no arribar a una solución inmediata, justa y equilibrada las consecuencias serán nefastas y así otra vez, como si no conociéramos las contradicciones de los conflictos con los pueblos hermanos, los pueblos serán arrastrados a disputas estériles e innecesarias.
En tema del juicio político al jefe de Gobierno porteño Aníbal Ibarra sigue transitando y transformándose cada día que avanza en una obra teatral que podrá terminar con cualquier resultado. Menos, claro está, el que debería resultar de una herramienta institucional tan útil como es la de juzgar mal desempeño de los funcionarios. Prebendas, aprietes, marchas, dineros y demás yerbas reemplazan el debate en la sala juzgadora que debe respetar la contradicción y la defensa según lo ordena la constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Las políticas económicas internas del Ejecutivo Nacional se entregan diariamente a ligeros e inmediatos acuerdos sobre precios con las empresas monopólicas y oligopólicas, nacionales y extranjeras, de productos y servicios básicos que para el ciudadano no se traducen en una mejora en su nivel de vida. Las políticas de obras públicas siguen el camino de los "retornos" y las "licitaciones a medida" según las necesidades de los funcionales cajeros. Ni las unas, ni las otras están siendo diseñadas para reconstruir todo lo que el neoliberalismo ha avasallado y destruido, porque en definitiva el sistema y modelo aplicados no está siendo cuestionado en su concepción, implementación y consecución.
La autonomía institucional, política, económica, financiera y fiscal de las provincias argentinas y de sus municipios está siendo vulnerada a diario por la acción del Gobierno Nacional que en forma hegemónica y autoritaria, con la asistencia de sus abultadas reservas, se inmiscuye en los asuntos internos de sus territorios. Indudablemente que cualquier acción se le está permitida dentro del juego político que tiene como horizonte el enquistamiento y la perpetuación de Kirchner, su familia, allegados y de quienes el pueblo exigió "que se vayan todos" pero que la politiquería y las listas sábanas hicieron posible "que se queden todos", en y con el poder.
La tan mentada nueva política, la transparencia e independencia de las instituciones, la participación ciudadana en la vida democrática, la recuperación de los recursos, rentas y trabajo nacionales y demás mendaces propuestas de todo el arco político sigue ausente. Únicamente se puede advertir como se pasan de los sitiales del poder los políticos para conservar los beneficios que el sistema democrático representativo les otorga y como abandonan las ideologías y principios según las necesidades personales los gobernadores, intendentes, senadores, diputados y concejales.
La protesta social y obrera sigue siendo intimidada con las armadas fuerzas de seguridad en todo el país, los líderes perseguidos y los luchadores descalificados, amedrentados y judicializados. Los funcionarios encargados de los ministerios claves -trabajo, interior, justicia, desarrollo social, economía y planeamiento- no desarrollan ninguna actividad "activa" sino que simplemente se limitan a demorar las cuestiones de fondo, para que una vez llegado al insoportable límite de las injusticias y las barbaridades permitidas aparezca la figura presidencial, cual salvadora y comprometida con los más altos intereses de la Patria.
Los políticos que tanto se preocupan de aumentar sus poderes y dominios, los legisladores que entregan sus votos y convicciones por unos cuantos pesos para sus provincias -en el mejor de los casos- y la justicia que pareciera estar diseñada para investigar y fallar hacia lo justo en otro planeta no tienen en cuenta la imprescindible necesidad de entregar a los empleados y obreros, organizados de diferentes formas, las fábricas recuperadas, administradas y puestas en actividad por sus trabajadores. Cada día el sistema diseñado demuestra su perversidad de forma palmaria, elocuente y clara, no permitiendo la tranquilidad de un futuro asegurado para aquellos que han tomado a su cargo el mismísimo derecho al trabajo y la dignidad proletaria.
Estas son algunas de las cosas en las que anda la Argentina.
27 de febrero del 2006
Sin más Kirchner va por el Consejo de la Magistratura
por Hugo Alberto de Pedro
El próximo miércoles la Cámara de Diputados de la Nación tratará el proyecto de modificación de la Ley del Consejo de la Magistratura de la Nación (CMN), que ya cuenta con media sanción del Senado Nacional. La propuesta fue presentada por la senadora y abogada Cristina Fernández -esposa del presidente Néstor Carlos Kirchner- y ya a nadie sorprende de que se trata de violentar el equilibrio entre la representación de los órganos políticos, jueces, abogados, científicos y académicos que ordena la Constitución Nacional en su artículo 114. Sin más otro nuevo y reiterado atropello institucional.
Es imposible, y por lo tanto muy poco creíble, que los legisladores no conozcan la forma en que ex gobernador Kirchner manejo a su gusto y antojo la justicia en la provincia patagónica de Santa Cruz desde el año 1991 hasta el 2003, y por eso intentaré recordarlo. Sin más que con un poco de memoria y verdad.
Entre el año 1991 y la actualidad cualquier denuncia contra el poder provincial y sus excesos de todo tipo que se realizó ante los tribunales santacruceños, y los que llegaron al Tribunal Superior de Justicia de Santa Cruz (TSJSC), tuvieron el destino obligado de su archivo, sin investigación ni condenas. Sin más la siempre presente falta de mérito, la consabida prescripción del caso y la revocación de los fallos de los tribunales inferiores.
Desde 1991 hasta el año 1995 Kirchner demoró todos y cada uno de los procesos judiciales iniciados a instancias del Procurador General o de las denuncias que encontraron eco en la justicia todavía no "adquirida" como propia en temas de corrupción, ilícitos de funcionarios en organismos y empresas públicas provinciales, reducción de sueldos y reclamos de deudas de los empleados públicos, pagos de honorarios por el juicio de regalías y otros muchos más. No se cubrían las vacantes en los juzgados lo que obligaba a los jueces a atender varios a la vez, el TSJSC funcionaba con dos miembros de los tres que establecía la Constitución Provincial (CPSC) y todo lo que era necesario desestimar y revocar lo hacían las Cámaras. Sin más se iniciaba el camino hacia el control total de la justicia provincial.
En el año 1994 se reformó la CPSC posibilitando aumentar el número de jueces supremos -como correspondía a las imitaciones y seguimientos que efectuaba Kirchner de la impronta de su "mejor presidente" Carlos Saúl Menem-, además de establecer su reelección como gobernador y luego en el año 1998 establecer que la misma sería indefinida. Por supuesto que designó a miembros de su riñón político y confianza como ministros, funcionarios, candidatos, sus esposas, convencionales y apoderados del Frente para la Victoria Santacruceña; además de abogados con comprobada actuación judicial durante la dictadura genocida. El artículo 126 de la CPSC no establece la cantidad de miembros del TSJSC sino simplemente que sea un número impar superior a tres, siendo actualmente 4 jueces y 5 conjueces y para comprobar lo sostenido basta ver el historial de los mismos y sus inexistentes carreras judiciales anteriores. Sin más muchos de aquellos altruistas convencionales hoy son altos funcionarios, legisladores y gobernador.
En el año 1995 el Procurador General de la provincia, fue separado del cargo en un artilugio posterior a la reforma constitucional, habiendo dicha arbitraria decisión merecido que la Corte Suprema de Justicia de la Nación haya ordenado la reposición en el cargo del ex Jefe de los Ministerios Públicos en cinco oportunidades, la última en abril del 2005. Obviamente que el TSJSC hizo oídos sordos, o sea, hizo todo conforme a las instrucciones recibidas del poder político institucional kirchnerista estableciendo que no había partida presupuestaria para su cargo, aunque sí para pagarle 1.200.000 de pesos como indemnización. Además estableció "que de cumplir con el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, provocaría en Santa Cruz una grave situación de trastorno en el orden público". Sin más justificación que el orden público.
Con respecto al Consejo de la Magistratura de Santa Cruz (CMSC), cuyo funcionamiento se rige por la Ley 2.552 del año 2000, cabe mencionar que está integrado por 7 miembros en su mayoría directamente relacionados con el Poder Ejecutivo, salvo dos que son representantes de los abogados de la matrícula y de los empleados de la justicia. El artículo 128 bis de la CPSC establece que su integración deberá hacerse "preservando la pluralidad, la diversidad y el equilibrio entre sectores evitando hegemonías". Sin más una traición del subconsciente político reformista al mencionar a la hegemonía.
Podríamos seguir escribiendo páginas enteras sobre los atropellos de la justicia santacruceña, de quienes son sus miembros, sus relaciones y compromisos con el poder político, de la forma que se han manejado cada uno de los procesos en los cuales estaban involucrados quienes se oponían al hegemonismo y autoritarismo de Kirchner en la provincia, las persecuciones ideológicas contra ciudadanos -con querellas millonarias incluidas-, las presiones sufridas por los magistrados independientes, la falta de investigación de los negociados y enriquecimientos ilícitos, la fuga de ahorros públicos al exterior, la incorrecta y parc