Imprimir este documento

ROLANDO LAZARTE

Nacido en Godoy Cruz, Mendoza, Argentina, hace ya tanto tiempo que no puedo acordarme, llegué a Brasil en 1977, traído por los vientos de la política y me fui quedando, quedando. Terminé mi carrera de sociología, encontré la mujer de mi vida, tuve cuatro hijos, y seguí cultivando el don de la amistad. Poesía, pintura, ensayos, formas de comunicarse con el mundo, marcan mi camino. En 1996 la Editora Cortez, de São Paulo, publicó Max Weber: ciencia e valores, mi tesis doctoral, que ya va en su segunda edición y está aún inédita en castellano. Acaba de salir Mosaico, mi primer libro de memorias, y la sensación es de que la cosa apenas empieza. Se apostó en la desaparición de una generación que sigue dando muestras de estar vivita y coleando, rehecha y con los sueños más vivos y amadurecidos que nunca. "No hay una cosa que no sea una letra silenciosa de la eterna escritura indescifrable cuyo libro es el tiempo", nos recuerda Borges. En 2001 dejé de dar clases para continuar aprendiendo. Hoy colaboro con la promoción de la salud pública en el Estado de Paraíba, Nordeste de Brasil, y publico en los diarios Consciência www.consciencia.net y La Insignia www.lainsignia.org en la revista electrónica Veneno www.veneno.org y en la Agencia Frei Tito de Informação para a América Latina www.adital.org.br

Sociólogo e escritor. Autor de Mosaico [João Pessoa: Editora da UFPB, 2003] e Max Weber: ciência e valores [São Paulo: Cortez Editora e Livraria, 2001, 2a. ed.] Voluntário na implantação da Saúde Mental no PSF de Cabedelo e membro do GEPSS-Grupo de Estudos e Pesquisas em Saúde e Sociedade do Programa de Pós-Graduação em Enfermagem da UFPB]. Parecerista ad hoc da revista latino-americana de economia Problemas del Desarrollo [Universidad Nacional Autónoma de Mèxico] e colaborador do jornal independente iberoamericano La insignia www.lainsignia.org Consciencia www.consciencia.net e Veneno – Razones y Pasiones de América Latina www.veneno.com Licenciado em Sociologia pela Universidad Nacional de Cuyo [Mendoza, Argentina] Bacharelado em Ciências Políticas e Sociais pela Escola de Sociologia e Politica de São Paulo. Mestrado em Sociologia [IUPERJ-Instituto Universitário de Pesquisas do Rio de Janeiro]Doutorado em Ciência [Sociologia] pela Universidade de São Paulo.
Correo electrónico: lazarte@sobral.org

24 de marzo de 1976-2008

Rolando Lazarte[1]

32 años atrás, un día como hoy, el País despertaba con una noticia horrenda: una junta militar había depuesto al gobierno constitucional de Isabel Perón, que debía, en octubre de ese mismo año de 1976, ceder lugar al gobierno constitucional elegido por el voto popular.

Diferentemente de los golpes militares anteriores que asolaron al país del Plata desde los años ’40, éste no se denominaba de “Revolución” (nacional, libertadora, argentina), sino de Proceso de reorganización nacional. El jefe, un egresado del hoy llamado Instituto de Seguridad Hemisférica de los Estados Unidos, Jorge Rafael Videla.

Sus compinches, Massera (Marina) y Agosti (Aeronáutica), inauguran un período inédito de la represión hoy llamada de “terrorismo de Estado”, oficialmente instaurada en Argentina por la propia ex - presidenta María Estela Martínez de Perón y su ministro de Bienestar Social, López Rega.

La desaparición de personas, que se constituyó en política de Estado, llegó a alcanzar la cifra de más de 30.000 casos, según fuentes insospechables como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA (CIDH-OEA). El más reciente, verificado dos años atrás, Julio López.

Hoy la Argentina vive un feriado que, según titulares en la Internet, seis de cada diez argentinos ignoran el motivo. Día nacional la memoria, la verdad y la justicia, el 24 de marzo es, en verdad, el día de la traición, la mentira y la deshumanidad. Los vendepatrias que lo consagraron, siguen impunes.

Videla sigue en su casa, en prisión domiciliaria. Apenas unos doscientos y más represores, están presos en cárceles comunes. Los demás, Galtieri inclusive, descansan en lugares públicos irreprensibles, como si fueran gente común. Como si fueran gente. Martínez de Hoz se prepara para un escrache público.

No hemos olvidado. No podríamos perdonar un genocidio. No tiene perdón. Si se fuera a perdonar al delincuente que roba y mata por interés personal, debería perdonarse también a quien mata por dinero o por poder o por ideología. En ese caso, el criminal y el hombre y la mujer comunes, estarían en pie de igualdad.

Pero no están. Quien se vendió por dinero, poder o ideología, es más delincuente que el mero asesino o ladrón comunes, pues ocupó posiciones de poder que la ciudadanía delega en sus representantes según los preceptos democráticos aprendidos en la escuela y en la casa.

Esos mercenarios merecen la cárcel de por vida. La condena moral de la humanidad de que se apartaron por interés mezquino y egoísta. Deben reparar el mal que hicieron, prestando servicios a la comunidad a la que traicionaron. Agradeciendo a la institucionalidad que violaron, los derechos que se les conceden.

Cuando las cabezas nacionales y extranjeras de la traición cumplan las penas que el Derecho internacional y nacional establecen para los crímenes de lesa humanidad y traición a la patria, los argentinos podrán celebrar el 24 de marzo, en verdad, como el día de la justicia y la memoria.
--------------------------------------------------------------------------------
[1] DNI 10.564.897 Licenciado en sociologia por la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza, Argentina). Dr. en sociologia por la Universidade de São Paulo. Autor de Max Weber, ciencia y valores (Buenos Aires: Homo Sapiens, 2005)


Más de 30.000 razones

Más de 30.000 personas desaparecieron durante la última dictadura militar en la Argentina. Ya sé que a usted no le interesa. Pero a mí no me importa. La mayoría de ellos eran gente del pueblo. Personas como usted y yo.

No eran, como se trató de convencer a la gente, de "agentes del caos y del desorden", "enemigos de la civilización occidental y cristiana", sea lo que se pudiera querer decir con eso.

La Iglesia argentina es mantenida por el Estado. Su complicidad en el genocidio está comprobada. Pero se trata de a cúpula de aquella época. Pocos saben que las Madres de Plaza de Mayo tuvieron misa oficiada por obispos brasileños en pleno exterminio.

Esta mañana leía las palabras de Adalberto Barreto, un psiquiatra comunitario que trabaja en la expansión de la salud mental comunitaria desde Ceará, Nordeste de Brasil. Tuve la nítida sensación de que los 30.000 desaparecidos no murieron en vano.

Muchos fuimos obligados a emigrar. Arrancar las raíces. Despersonalizarse. Perder la identidad. Escucho los Beatles. Mientras unos recuperan el tiempo perdido volviendo al origen, a lo que la dictadura pareció haber exterminado, otros reclaman que los traidores paguen sus culpas.

Uno y otro son caminos correctos. No puede quedar impune la traición. Para nosotros tomar el camino de Mangabeira a la mañana, como el de Cabedelo ayer, es lo mismo que en 1973 rumbear para Polvaredas, La Dormida, Rodeo del Medio.

Una universidad del pueblo. Hacer entre todos una vida mejor. No ya a los tiros ni volteando trolleys. Ni tirando sillas al agua en el lago del Parque San Martín. O echándole bolitas a los caballos en Rosario.


She's like a rainbow

Rolando Lazarte
La Insignia. Brasil, febrero del 2004.

El piano de She's like a rainbow era una escalera al cielo. Ella te llevaría al niño que vuela. Al gorrión que llora al virar la puerta de embarque. Duelos despedidos por tarjeta, reverberaban las palabras de Cortázar. Pero el avión no estallaría. Levantaría vuelo como un pájaro blanco y se iría y ahora la voz de Mick Jagger te trae de vuelta todos los instantes, toda la vida hecha casita de barro en Coqueirinho, y escribes para vos las cosas que te guardan. Un niño recuperado.

Sabes que estás loco. Que la guerra te dio vuelta. Pero eso es tu orgullo. No sabrías qué hacer sin esa medalla de sinrazón, esa puerta al todo y a la nada que se abrió en tu cabeza cuando empezaste a esperar el falcon gris esa noche de 1976. No tienes derecho a dañar a nadie con tu locura pero tu mente gira y da más vueltas. Pobrecito Fermín, quiere ser feliz. No tienes pena de quien no tuvo esa historia. Quien no conoció la familia grande que nos espera a la puerta de casa.

Veías sus ojos llorando en el aeropuerto en el mismo lugar donde despidieras tu padre. Tu hermano. Tu hermano. El lugar donde te despidieras tantas veces y todos los rostros estaban ahí. Ramón. Rodrigo. Mamina. Chogo, a quien nunca más verías porque un día de junio de 1963, un día de junio dejó de atender a un paciente en su consultorio de San Genaro y se fue al lugar donde estarás un día, al mundo ese que vislumbras atrás de todo. Y recordabas Soy de Borges y Yos de ti, parido en Pacheco cuando atravesabas la frontera al son de Charly García y la luz blanca y la luz anterior eran un aviso.

La reina de la sucata. Cardoso llama al segundo escalón. Poco sabemos de la percepción. Todo es desconfiable. La cuerda se estira al máximo. Ofendes con tu desconfianza. Pero, ¿en qué confiarías? ¿Por qué confiarías? Entonces Budapeste y Bruno y los ojos del gorrión y de María en la noche antes. The night before. ¿Quién estará loco, ellos o yo? Pones una vez más la canción de Rodrigo. Dejas que el piano magistral te lleve de vuelta a tu lugar. Te traiga a un aquí y ahora sin filósofos ni gurúes. Entonces no apuntas el dedo a los caretas ni a los yanquis ni a los I. de I.

Conoció el dolor. Fue feliz. Cantó. Llevó una herida en el pecho y nació una flor. Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao.

Y Nina viniendo otra vez. Como en 1973. A mi nieto, sociólogo, poeta, y pintor. Un cuarto propio. Jane Eyre. Gracias. Era la última vez que escucharía ese piano y la mujer que viene en colores por todas partes, que es como un arco iris, te pregunta qué te recuerda la canción y recuerdas Diego lavando el auto en la calle Clark a la vuelta de la facultad y miras los mosaicos que te miran y recuerdas esa música que empezó a componerse cuando pasaste la frontera en aquél mítico -no lo sabías entonces, no lo sabrías-8 de diciembre de 1977 en busca de la vida. Un lugar sin balas y sin miedo. Primero conocí la tristeza. Yosoy. Soy tierra cielo agua y sol. Soy un montón de cosas santas mezcladas con cosas mundanas, cosas humanas.

El 13 de noviembre de 2003 el libro Mosaico era anunciado en el sindicato docente de Paraíba con estas palabras: Lo importante en la vida no es el triunfo o el fracaso, pero sí el dar un testimonio. La dictadura militar en Argentina quiso que desaparecieran hasta los sobrevivientes. Mosaico está ahí para demostrar lo contrario. En Mendoza lo recibiría un baile y una reunión de 38 personas, el 5 de enero de 2004. Una semilla sobrevivirá de generación en generación, escuchó. Mick Jagger cantaba ahora Satisfaction. El himno de una generación.


 


Argentina 1976-2006

Por Rolando Lazarte

Todos los años, recurrentemente, cuando llega marzo vuelve el recuerdo de 1976. El terror de Estado. La infamia. La mentira. La traición. El espanto, el estado de terror.

La vida renacida en el exilio. La cáscara rota a la fuerza. El nacimiento a una vida nueva. Impensada. Imprevista. Improbable. El encuentro del amor de mi vida.

Antes –y a veces todavía- me entrego a la autocompasión, la culpa, el llanto, la rabia. La pregunta ¿Por qué? La pregunta ¿Cómo pudo ocurrir tamaña felonía?

Y otras veces como que bendigo el dolor que –como a todo argentino vivo en aquellos años que parecía que nunca acabarían- me abrió al mundo más allá de mi casa.

No hace mucho. Apenas hace diez años, la destrucción planeada por el ingenio del odio se hizo evidente. Empecé a vivir la desaparición invisible (OPAS/OMS, La salud mental en el mundo, 1997).

Dos años después, en una tierra del sol que es Ceará (Brasil) y no Mendoza (Argentina) comprendí lo que había pasado. Empecé a entender la dimensión de lo ocurrido.

Yo no estaba loco. No era un fijado en el pasado. No estaba infectado de rencor. No deseaba una patria guerrillera. No era zurdo ni de izquierda. Apenas había reaccionado normalmente a la destrucción psicológica ejecutada por los carniceros militares y sus secuaces "civiles" (muy poco civilizados).

Recuerdo como si fuera hoy, cuando –junto a María- me dispuse a volver a ser el que era antes del golpe. Antes de que la normalidad patológica se enseñoreara en nuestras vidas ("Aquí no pasó nada", "Algo habrán hecho", "Por algo será").

No hubo guerra. No hay olvido. Pero se pueden trabajar las consecuencias del trauma. Como bien dice Eduardo Mugnagna, en 1976 "todos tuvimos que exilarnos. Los que se fueron y los que se quedaron." Y muchos ni se dieron cuenta de que se habían exilado.

¿Dónde, dónde se han ido? Pregunta la canción. Todavía cantamos. Lo importante es saber que se puede volver. Que no se vuelve solo. Que hay recaídas.

Y que somos vencedores. Porque quien sobrevivió a la atrocidad videlista es un héroe, una heroína. Y a esto ha de agregarse: quien sobrevivió a la continuación neoliberal (menemista), con la destrucción de valores y lazos sociales, es igualmente heroico/a.

En Brasil se rescata la humanidad amenazada por el capitalismo (neoliberal o salvaje, como se quiera llamar) de varias formas. Algunas de ellas pueden evidenciarse en actividades como la Terapia Comunitaria y otras prácticas de recuperación de la autoestima, la identidad y la memoria.

Creían –los genocidas, sus financiadores y apologistas- haber matado el espíritu de utopía, el coraje de sabernos capaces de construir una sociedad nueva, fraterna, diversa, plural. Y hasta en eso se equivocaron. No sólo fueron incapaces de matar aquello que no muere, sino expurgaron de la gente los errores del pasado.

En vez del izquierdismo reaccionario inútil y funcional al fascismo oligárquico, experiencias vivas de funcionamiento exitoso de la capacidad de los de abajo en gestionar con eficiencia sus propios valores e intereses. Fábricas bajo control obrero. Huertas comunitarias. Cooperativas de cartoneros. Redes solidarias. Ruptura del falso dilema "revolución social o de la persona (individual)."

Toda una nueva Argentina se yergue al margen de lo muerto. Por las grietas de un Estado y una política de espaldas a lo nuevo, renace sin ambigüedades, lo mejor de nosotros mismos. La capacidad de crecer, de confiar, de construir juntos relaciones humanas plenificantes, donde el otro no es un enemigo sino un colaborador. Donde el diferente no es algo a destruir sino un desafío a enfrentar.

Entonces, quienes tuvimos la gracia de sobrevivir para contar la historia –y lo hemos hecho de distintas y variadas maneras- podemos, con la memoria puesta en los desaparecidos y la esperanza en los renacidos, decir, sin temor a equivocarnos: se hizo justicia. Valió la pena. Vencimos.

Y si este marzo de 2006 me es personalmente menos arduo que muchos anteriores, se lo debo antes de más nada a personas cuyos nombres, si fuera a citar, llenarían páginas y páginas, pero cuyos rostros, palabras y sentimientos no olvidaré nunca. Son quienes me ayudaron a comprender que hay flores que nacen de la sangre, como dice León Felipe. Y que la resiliencia es la fuerza que nace de los golpes recibidos.

El de 1976 fue, sin duda, el más duro. El más doloroso. El más vasto. Porque fue el más extenso y el más intenso. El que desconoció todas las fronteras de humanidad que se puedan concebir. El que pervirtió todos los valores individuales y colectivos. El que se ensañó con los inocentes, violó a los muertos, vendió la Patria y defecó sobre sus ruinas. Y aún tuvo segunda vuelta con Menem y sus 10 años de dólar y narcotráfico.

Pero de esa tumba nació, en las grietas, una flor.

Por eso festejamos. Por eso agradecemos. Por eso sabemos que venció la humanidad. Que somos victoriosos, mientras no sigamos el camino de la víctima o el verdugo. Ni venganza ni rendición. Una moral victoriosa se yergue sobre el país, y la escriben silenciosamente todos aquellos y aquellas que aprendieron a valorizarse a sí mismos y a la vida, a lo largo de estos largos 30 años.

Marzo 2006


Marginalidade sociológica [1]

Por Rolando Lazarte

Em 1988 escrevi um texto chamado "La sociología en sus márgenes", que posteriormente daria lugar, entre outras coisas, ao célebre A cidadela sociológica, publicado pela revista Humanidades, da UnB. Muita água correu sob as pontes desde então. A vontade de dizer desde entonces cede ao dever de escrever não em portunhol, esse magnífico entrelaçamento de línguas que vêm se construindo pelas margens dos idiomas oficiais, da oficialidade idiomática definida por um governo, normas acadêmicas e convenções, usos sociais. O que já introduz o tema com mais jocosidade do que se esperaria de um texto sério, desses que garantem ao seu autor anos e anos de repetência do mesmo em salas de aula, congressos de sociologia, reuniões ditas científicas onde supostos figurões banalizam tudo às custas do dinheiro público e privado. Poderoso Caballero es Don Dinero.

Entre esses textos, que acredito não perderam vigência, e o dia de hoje, muita água correu sob as pontes. Talvez a principal seja a de ter percebido que eu mesmo sou um sociólogo marginal, assim como marginais são, em outro sentido, as mediocridades que reproduzem a sua inanidade ou a sua serventia aos interesses das classes dominantes desde posições de poder institucionais nas universidades, no governo, nas agências de fomento à pesquisa, no sindicalismo burocratizado, na imprensa domesticada, nas revistas do corporativismo profissional. E aqui, já temos uma distinção importante para começar a discussão do tema. Eu sou marginal no sentido de que exerço a sociologia desde abaixo e desde dentro. Desde as margens da sociedade, por serem bairros populares onde coexisto e insisto em ideais e práticas profissionais que foram deixados para trás, esquecidos, por sociólogos que --como um certo acadêmico super star que foi mudando de valores e lealdades de um aparente "marxismo" até o neoliberalismo, obtendo como resultado desse troca-troca, nada mais nada menos do que a Presidência da República por dois períodos consecutivos, e mais alguns louros na sua já coroadíssima cabeça.

A sociologia não nasceu para exercer o poder mas para contesta-lo. Para ajudar às pessoas a perceberem as armadilhas da dominação e a elas se oporem com eficácia. Isto desde Comte até Durkheim, passando por Marx e Weber. Entende-se agora, em que sentido marginalizou-se a sociologia oficial, aquela que viaja de passagem paga por governo e fundações, a das eternas renovações de bolsas para pesquisa concedidas entre amigos que se perpetuam indefinidamente em cadeiras vitalícias de fato, aquilo que apropriadamente fora chamado do "mandarinato acadêmico." Marginal, desde esse ponto de vista, é o livro que escrevi sobre Max Weber: ciência e valores, editado pela segunda vez pela Cortez e renascido na Argentina em edição castelhana pela Homo Sapiens, prefácio de Guillermo O'Donnell. Mas por quê marginal? Porque a ética weberiana é oposta à safadeza que se esconde na sociologia institucionalizada, essa que se vende a quem paga mais, não importa quem seja. Weber mesmo foi um marginal.

Leal a si mesmo, sem concessões. Rigoroso, apaixonado, em meio a ambientes em que uma risada incomoda, destoa do tom monocórdio próprio das nulidades que perderam a alegria de viver, trocada por um prato de lentilhas –tomara que sejam transgênicas. E talvez seja necessário retornar mais uma vez a esse estilo fogoso, capaz de despertar o melhor nos outros, por aquela generosidade que brota de quem sabe que não tem nada a perder, quem percorre, como Dom Juan Matus ensinava, caminhos com coração. Numa vida em que a morte é a conselheira, não há lugar para ambigüidades. Cada ato reveste-se de um poder especial, aquela qualidade que Weber tanto admirava e soube conhecer como ninguém: o carisma. Na minha caminhada atual, pelas margens da oficialidade sociológica, posso registrar a dominância desse caráter na personalidade e atuação de profissionais, agentes de saúde, gente do povo que se reconstrói cotidianamente em lutas coletivas que não encontram espaço nos jornais. Essa humanidade pulsa em pequenos círculos. Aqueles valores supremos que dão sentido à vida estão presentes no trabalho de pessoas do meio popular que rompem o isolamento e dão as mãos, recuperando a sua autoimagem, as suas histórias, as suas memórias, as suas linguagens, as suas linhagens.

Essas pessoas moram em bairros marginais, quando se olha desde a capital, desde o centro, mas fazem de tudo para escapar da marginalidade que o sistema cria: aquela que empurra para a drogadição e a violência doméstica, o alcoolismo e o desespero, a prostituição infantil e a depressão. E o fazem de maneira comunitária. Reúnem-se em locais como Postos de Saúde do Programa de Saúde da Família ou salas de Associações de Moradores. Contam com a participação de enfermeiras do Departamento de Enfermagem em Saúde Pública e Psiquiatria da UFPB formadas em terapia comunitária, criada pelo médico cearense Adalberto Barreto. Umas e outro, também, marginais para os códigos da ética privatista e consultorial, voltadas para o benefício pessoal e corporativo. Estas práticas não são isoladas. Hoje acontecem no bairro dos Ambulantes de Mangabeira, mas já houve experiências parecidas em Cabedelo, e há trabalhos dessa ordem em Tibiri, Alto do Mateus e outros locais da Paraíba. Irmãs e missionárias, médicos sanitaristas e psicólogos, agentes comunitários de saúde e população organizada constroem redes de apoio psicossocial resgatando pessoas do isolamento e da anomia. São antídotos contra certas formas de alienação que rondam todo ser humano no sistema capitalista.

Vale a pena continuar na exploração destes caminhos à margem dos cursos de mestrado e dos grupelhos mediocráticos enquistados nas instituições, quaisquer que sejam. Há ares de renovação vindos de baixo e de dentro. Retomar a sociologia de Max Weber é um caminho a oferecer instigantes possibilidades para quem não quiser morrer se arrependendo de não ter vivido. As contribuições do seu pensamento e ação para uma vida melhor não podem ser menosprezadas, sob o risco de perdermos um importantíssimo aliado na tarefa da construção, manutenção e crescimento das práticas sociais humanizantes que nos protejam da robotização rotinizadora, da mecanização desalmada, do isolamento que mata, da incomunicação em que podemos afundar quando esquecemos que ao nosso lado há alguém como nós, alguém que como eu necessita ser amado e amar, crer em si mesmo e saber do seu valor. Saber que não há pessoa alguma que careça de sentido nesta existência e que os sentidos que nos fazem viver são feitos na luta diária contra outros que seguem ideais diferentes dos nossos.

O quanto a literatura e especificamente a poesia podem oferecer à pessoa um espaço, um lugar de reconhecimento e reconstrução de si mesma. "Da tua dor, faz uma flor," diz um antigo ditado. E posso dar testemunho, sem necessidade de contar historias tristes, do quanto me foi possível sair das funduras da depressão –um mal tão comum nos dias de hoje—graças às letras. Como se abrem pontes quando somos capazes de enfrentar uma folha em branco ou pautada e nela deixar-nos vir. Mosaico é um exemplo vivo disso. São pedaços de mim que foram vindo em distintos momentos da minha vida. Alguns paridos na beira mesmo, com a garra que da essa vontade do ser humano que não quer sucumbir, que se agarra no que pode, seja a margem de um caderno, sejam os interstícios de uma folha, para pôr-se ali. Mas para se trazer de volta, se recuperar, se refazer. Ver-se a si mesmo, re-conhecer-se. Descobrir que vale. Que faz sentido. Que se pode. Que pode construir uma ponte de palavras para se comunicar com o outro, tão perto e tão inapreensível como o touro na areia, pra pegar emprestada de Cortázar a metáfora do Manual de instruções nas Histórias de Cronópios e de Famas. Não importa o resultado, mas o movimento. O processo. Um pequeno giro que quebre a monotonia do repetido. Respirar ao ler um poema de Borges, ao ler Angústia, de Graciliano Ramos. Ao ver as palavras com que Fernando Pessoa vem dizer a que veio. Meter-se nesses mundos e ali viver. Saber que há infinitos mundos a serem habitados, e eles podem ser criados por você mesmo. Somos criadores do paraíso ou do inferno em que decidimos viver. E a hora é o instante. Este instante de agora. Posso fazê-lo meu ou deixá-lo ir embora. E não poderei culpar ninguém pela vida que perdi. De algum lugar, Karl Marx, Carlitos, John Lennon, acenam. Boa noite. Bem vindos, bem vindas. The show must go on. El show debe continuar.

--------------------------------------------------------------------------------

[1] In Revista Acauã, Fortaleza/CE-João Pessoa,/PB, ano 10, n. 14, abril 2005-set-2006, p. 21.


Cria corvos

Por Rolando Lazarte

Não posso deixar de expressar a minha indignação com a notícia estampada na Folha On Line, do dia 14 de junho de 2005, às 18.29 horas, intitulada Fim de anistia é passo "importante" contra impunidade, diz Kirchner

Esse dia 14 de junho, a Suprema Corte de Justiça argentina declarou inconstitucionais as leis de impunidade que protegiam os militares genocidas no País do Sul, leis arrancadas ao governo Alfonsín a ponta de fuzil

Fuzis apontados contra a população civil que, em volta dos quartéis sublevados contra os processos movidos pelo governo, atirava pedras contra os torturadores, seqüestradores, ladrões e assassinos fardados. Quase vinte anos atrás.

Passamos quase trinta anos insistindo para que se investiguem os crimes da ditadura. É uma hora de júbilo para a Humanidade. Não apenas para os argentinos, não apenas para os movimentos de direitos humanos. Não apenas para a esquerda.

A Folha On Line, entretanto, frisa no parágrafo quarto do artigo em pauta, que as tais leis de impunidade declaradas inconstitucionais pela justiça argentina, protegiam "centenas de militares no país –evitando que eles fossem processados por seqüestro, tortura e assassinato contra integrantes da esquerda entre os anos de 1976 e 1983, durante a ditadura militar."

Numa hora como ésta, é imprescindível evitar que os oportunistas e aproveitadores de toda laia, distorsionem as informações, tentando levar água para os seus moinhos. Em primeiro lugar, é necessário caracterizar com precisão quem foram as vítimas da ditadura militar: foi a humanidade, o conjunto da população civil. Não "a esquerda", como suspeitamente desliza o artigo que comento.

Foi uma das linhas de defesa dos genocidas, recuperada pela matéria que censuramos, dizer que o alvo da repressão ilegal foram ativistas e militantes de esquerda, como coloca o texto da Folha. Toda uma linha de defesa da matança e aterrorizamento da população, ainda hoje veiculada pelo jornal La Nación, reza essa cartilha.

Mariano Grondona, notório defensor da carniceria videliana, é um dos jornalistas que não perde oportunidade de dizer que os argentinos fomos salvos pelas forças armadas de nos tornarmos um novo Soviet. A Folha On Line retoma essa linha, muito disfarçadamente, num estilo que lhe é bem peculiar.

Mais insinua que aponta, mais enlameia que decanta. Não vamos permitir, os que somos sobreviventes –e todo argentino é—da maior operação de amedrontamento coletivo em toda a História da América, que um diário qualquer, a serviço de interesses inconfessáveis, tire partido do sacrifício que nos foi imposto.

Os alvos da repressão ilegal, dos campos de concentração e dos centros clandestinos de detenção que funcionaram durante a ditadura de Videla e Cia, foram as lideranças sociais (sindicalistas, jornalistas, mobilizadores, militantes de base), mas, em um 90%, os fuzis do gloriosíssimo Exército Argentino apontaram para a população em geral.

E aqui que me desculpem todos que inútilmente trataram de fazer sua a reivindicação da justiça que hoje começamos a vislumbrar, porque há estudos insuspeitos, como o levantamento da CONADEP-Comisión Nacional sobre Desaparecimiento de Personas, o informe da CIDH-OEA (Comisión Interamericana de Derechos Humanos, e o relatório de 1997 da OPAS/OMS (Organização Mundial da Saúde), que atestam o que digo.

Na Argentina, a intimidação foi de massa. Evidentemente houve a seletiva, individualizada, mas o grosso apontou para pessoas que nada tinham a ver com qualquer movimento revolucionário ou organização popular, e que apareciam como alvejadas por acaso ou por acidente.

Hipótese ésta afastada pelos estudiosos da OPAS/OMS, que revelam a estratégia do terror nas suas minúcias, qual fosse a de manter a população como um todo num estado de amedrontamento que impossibilitasse qualquer reação, qualquer organização de resistência.

Em segundo lugar, é necessário destacar que a ditadura militar contou com um vasto contingente civil –embora certamente muito incivilizado—de cúmplices e apoiadores: empresários, banqueiros, capelães e bispos, jornalistas, intelectuais, estudantes, que tiraram proveito da caçada humana hoje no banco dos réus.

Em nome dos nossos mortos, daquela parte nossa que morreu e hoje ressuscita ao sabor do triunfo conseguido pela massa da população organizada em inúmeros frentes e iniciativas, que ninguém pode querer monopolizar em benefício particular, denuncio a manobra confusionista que pretende continuar legitimando o genocídio.

Somente a verdade poderá trazer paz a um país enlutado, socavado na sua mais íntima constituição (pessoal, familiar, social, política), um país que a partir de 14 de junho de 2005 pode outra vez começar a se pensar a sério. Não pode haver vida sem justiça. A imprensa venal antigamente clamava ser "vingança" o nosso apelo.

Hoje pretendem faze-lo passar por uma causa pequena, esquerdista. Cuidado! Estamos atentos e vigilantes.


Os Trabalhadores Sem Partido comemoram seu dia

Por Rolando Lazarte

Ahora sí la Historia tendrá que contar con los pobres de América, con los explotados y vilipendiados en todos los sentidos, que han decidido empezar a escribir ellos mismos para siempre su historia. Los que acumulan con su trabajo las riquezas, crean los valores y hacen andar las ruedas de la historia.

Ernesto Che Guevara

Não importa se as palavras foram ou não ditas por Ernesto Che Guevara, nem se um partido que usa o nosso nome virou partido da exploração, da enganação, da maracutaia. Importa que hoje lembramos de nós mesmos, da nossa dignidade, da eternidade que se refugiou na nossa fragilidade para confundir os podersosos.

A todos vocês, a todas vocês, àqueles de vocês que estão entre nós na memória inapagável, na lealdade indestrutível, na sobrevivência daquilo que nem a morte pode matar nem o dinheiro pode comprar, dirijo o meu sentimento na certeza de que a nossa hora não é uma hora de relógio nem o nosso dia um dia na agenda.

Nós somos a própria vida renascendo a cada instante das suas cinzas. Mais além de banderias e partidismos, siglas e crachás fácilmente intercambiáveis no seu oposto, o que nos une é a diversidade, a sabedoria popular e científica, a tradição humana que supera ideologias e sectarismos, ainda aqueles pessoais ou maneirismos.

O jovem que se eletrizara ao ouvir as palavras do Comandante Heroico em 19.. (já seu corpo era escondido pelos cruéis assassinos), como qualquer jovem, não media esforços em combater como podia, a tirania que assolava e esfomeava, atropelava e humilhava as terras do Prata. Cruzaria anos depois as fronteiras para renascer em verdes terras brasileiras.

E a carnificina interna, aquela que parecia eterna, aos poucos deixava ver uma verde relva. As florezinhas do campo e o canto dos pássaros volviam a alegrar o sepulcro aberto. Sim, tinha ressuscitado. Andava outra vez no mundo dos vivos. Não para pregar uma doutrina mas para pregar peças nos poderosos, na seriedade mortuória.

Sim, amigos e amigas, estivestes presentes a cada passo desta caminhada de regresso à vida. Estáis presentes em cada hausto de ar a reparar o corpo que busca o sol e a chuva com afoiteza de recém nascido. Milhares de vozes silenciadas de maneira cruel cantam em coro no dia de hoje: Hossana, Hossana nas alturas e Paz na Terra aos homens e mulheres de trabalho.

Aos homens e mulheres de boa vontade. Paz.


O saque aos aposentados e a indecência governamental

Por Rolando Lazarte

E agora vocês, ricos, comecem a chorar e gritar por causa das desgraças que estão para cair sobre vocês. (...) Vejam o salário dos trabalhadores que fizeram a colheita nos campos de vocês: retido por vocês, esse salário clama, e os protestos dos cortadores chegaram aos ouvidos do Senhor dos exércitos. Tiago

Os homens fazem a história, mas não em circunstâncias que eles escolhem, e sim em circunstâncias dadas.
Karl Marx

O governo do "Partido dos Trabalhadores" impôs aos aposentados uma imoral taxação com a qual o slogan de campanha "Quero um Brasil decente" mostrou-se apenas isso: um slogan de campanha eleitoral. A moda de trocar lealdades por vantagens não é o único que assemelha o governo Lula ao governo que lhe antecedeu. Os aposentados são roubados para cobrir rombos de quadrilhas impunes, para financiar privilégios imunes.

A fé ativa, entretanto, é a que se reflete nas palavras do apóstolo Tiago. Mentir, roubar, enganar, abusar do mais fraco, são antivalores contra os quais devemos nos insurgir sob risco de nos tornarmos cúmplices. Professores universitários aposentados são obrigados a pagar para a previdência social mesmo já ?fora da atividade,? punidos por terem cumprido com o dever, como bem remarcara um colega em recente assembléia da ADUFPB-JP.

Na Argentina, semelhante confisco foi barrado pela mobilização dos aposentados, que obrigou o governo daquele país a respeitar os parcos vencimentos de quem "se retirou da vida ativa". Tal inatividade, todo aposentado sabe, e muito mais uma força de expressão do que uma realidade. Deixar de trabalhar é um luxo reservado a esses ricos que vivem do trabalho dos demais.

Escolher no quê trabalhar, um luxo de quem, após ter contribuído à geração da riqueza cultural do seu povo, ainda pode decidir em quê setor de atividade se somar, quer de forma gratuita ou remunerada. Trabalhos voluntários, frequentemente comunitários, recebem de bom grado a experiência, o saber e o sabor de quem deixou boa parte da sua saúde nas salas de aula. A expressão artística renasce. Floresce.

Não se suplica um direito. Não se pede sensibilidade a quem vive da miséria do seu próprio povo. Resiste-se com a força da moral e da dignidade, do trabalho de formiga, freqüentemente anônimo, mas nem por isso menos fecundo ou menos socialmente útil. Em tempos antigos, os sábios eram chamados para aconselhar a comunidade. Nos dias de hoje, descartados como sucata. Agredidos pela dureza de um sistema sem alma.

Tratados de "vagabundos" pela ?socialdemocracia? amarela recentemente apeada do Poder com as suas excessivas luzes intelectuais. Tratados de "otários" por uma sucessão governamental à qual, por respeito a uma militância de base decentíssima, nos vemos obrigados a tratar ainda com respeito. Que comam os que têm fome. E os professores aposentados, que continuem a resistir, um ofício em que são craques.

Sabemos que não há déficit da Previdência social, ao contrário, ela é superavitária. Quando o governo se torna o lugar da amoralidade, a cidadania insiste em resistir com o que têm: sua força moral, a certeza da verdade, a satisfação do dever cumprido. Não nos aposentamos depois de quatro anos de atividade, como os marajás que sugam o nosso sangue e danificam a nossa capacidade de sustentarmos as nossas famílias.

Carecemos de decência governamental. Não há juiz que levante a balança em favor dos que somos roubados pela instituição que deveria zelar pelos nossos direitos. Há um tempo para tudo, sim. Verdadeiramente há um tempo de falar e um tempo de calar. Mas há horas em que calar é ser conivente com o delinqüente. Com quem assalta, rouba, mata, suprime o futuro dos nossos filhos, trafica com a fé.

Como cidadão, como contribuinte, como sobrevivente de uma das maiores operações de intimidação coletiva sofridas por qualquer população do mundo ?a ditadura militar argentina e suas predecessoras, as oligarquias tão parecidas ao Governo Lula na sua forma de espremer o povo, mentindo, enganando, roubando?não temo o que a autoridade ilegítima possa fazer para me calar. Há organismos de direitos humanos que falarão.

A Universidade Pública definha de forma continuada, por falta de recomposição salarial que dignifique o trabalho docente e dos funcionários competentes, por falta de concursos para professor efetivo ?ao invés dos professores descartáveis instituídos pelo antecessor do atual governo--, por falta de uma política decente e honesta de preservação de um patrimônio público que vem sendo deixado às traças, ou, dando nome aos bois, à iniciativa privada.

Um país sem educação superior aberta é um país sem identidade e sem memória. Um país sem universidade pública, gratuita e de boa qualidade, é um país entregue à dominação estrangeira. Ao invés de salário mínimo digno, esmola. Vale gás, vale escola, vale tudo. Menos a decência. Em um mundo em que os valores superiores migraram da cena pública para se refugiarem em pequenos círculos de relações fraternais e íntimas, é dever cidadão abrir a boca, denunciar o rumo errado, a política antissocial, destrutora da família e da tradição,

Sras e Sres., isto é uma vergonha.


Argentina. No hubo guerra

Por Rolando Lazarte

La Insignia*. Argentina, diciembre del 2004.

No hubo guerra, y sin embargo más de 30.000 personas desaparecieron. Secuestradas, torturadas y asesinadas por las fuerzas armadas. Las distintas tentativas de caracterizar la masacre como conflicto bélico ("guerra sucia", "guerra de baja intensidad, " guerra interna") tropezaron en una dificultad insalvable: apenas había un bando armado. Era el ejército "argentino".

Las víctimas, hasta donde se pudo averiguar (CIDH-OEA, CONADEP) eran en su mayoría gente del pueblo. Una pequeña parte militantes sindicales o dirigentes políticos y figuras proeminentes de la cultura y el arte. La tentativa de caracterizar como "subversivos" o "subversivas" a las personas desaparecidas, tropezó con otra dificultad insalvable: no había, al tiempo de su desaparición, ninguna organización opositora al régimen militar.

La banda montonera había sido asumida por la inteligencia militar en 1973, según testimonios incuestionables de los Giussani y Juan Gelman. De modo que lo que ocurrió en Argentina a partir de 1976 oficialmente --extraoficialmente al menos desde 1972-- fue lisa y llanamente una operación masacre, un genocidio, como vienen insistiendo las organizaciones de derechos humanos.

Alemania, España, Italia, Suecia, Francia, vienen reclamando lo que los argentinos y las argentinas vienen exigiendo: que se investigue a fondo la represión estatal, el terrorismo de estado, la vasta operación de amedrentamiento colectivo ejecutada contra la población civil desarmada por el ejército de Videla, la cúpula empresarial y la jerarquía eclesiástica, con apoyo del gobierno de Estados Unidos.

Esos países viene pidiendo que se castigue a los asesinos de ciudadanas y ciudadanos de su bandera, que perdieron la vida bajo la tiranía videlista. Palestinos y árabes comparten nuestra suerte, pues a su favor no hubo unas Naciones Unidas que pudiera protegerlos, aunque sí hubo la protesta mundial contra la agresión constante de que son víctima.

¿Víctima? No sé si es la palabra correcta. Creo que no. La víctima es un derrotado. Los argentinos no hemos sido derrotados. Al contrario. No sólo conseguimos juzgar y condenar a los genocidas, mediante la condena civil que los obliga a vivir escondidos y en perpetua fuga de la civilidad que donde los reconoce los escupe. También conseguimos remover la Corte de Justicia servil que los protegía.

Extinguimos el servicio militar obligatorio que ponía en manos de los asesinos la juventud del país. Estamos obligando al Fondo Monetario Internacional a moderar su ansia devoradora. Y, lo que no es poco, recuperamos la dignidad nacional al recuperar la alegría de la solidaridad fraterna que siempre nos caracterizó. Dejamos el dólar y recuperamos de a poco el valor del trabajo.

La fe, la confianza, otra vez vuelven a ser la nota básica de la sociabilidad, fuertemente erosionada en los períodos militar y menemista. Los valores básicos se levantan nuevamente desde abajo y desde adentro. Y la hermandad con Brasil en diversos campos -entre los cuales la atención psicosocial, la promoción de la salud comunitaria- viene consolidando un destino común que supera barreras nacionales y enemistades artificialmente estimuladas.

Quem viver, verá.

(*) Publicado originalmente en: El Zonda (Argentina)
(1) Doctor en sociologia por la Universidad Nacional de Cuyo. Autor de "Max Weber: ciencia e valores" (São Paulo: Cortez, 2001, 2a. ed.) - DNI 10.564.897 - Rua Edvaldo B. Pinho, 2747 - 58045-270 João Pessoa, PB - Brasil


Siete años

Por Rolando Lazarte

¿Y ahora? Los dos chicos se habían ido a Embalse y se había quedado solo. Al fin solo. ¿Solo? Sí. Solo. La casa era inmensa y extraña. Vacía. Sólo habitada por fantasmas que pasaban de aquí para allá y había que hacer silencio y había siempre algo que retenía a papá allá afuera o allá adentro pero no aquí. O era el hospital o las reuniones. Se había roto la camaradería con Leo y Arturo. La complicidad de dibujar a Tica en la pared ahorcada: la empleada que nos servía el café con leche hirviendo. Las subidas al rincón florido o al techo con Daniel a fumar puros de bellotas. Ese fue el puente que me salvó. Ese chico pelirrojo sonriente e inteligente que, al reencontrarlo en 2001, se recordaba de charlas nuestras en la puerta del hospicio 555 sobre los Beatles revolucionarios y los juegos de palabras que le preanunciaban un escritor.

Daniel se fue a Estados Unidos en 1977 año en que me fui a la colimba empujado por la suspensión de la prórroga por estudios, interrumpida por la expulsión de la Universidad por ?subversivo?. Brrrr. Gardelito canta ahora y anoche Joan Manoel Serrat traía de vuelta los sones de Fiesta, que alegraron esos años de alborecer en medio de metrallas y anuncios de utopías de todo tipo: político, espiritual, social, todo era utopía. Hippies, revoluciones cubanas, Che, estudiantes, Cordobazo, conciencia espiritual, drogas, sexo, arte psicodélico. Y a uno lo agarraba saliendo del invernadero. Las chicas, esa rareza. El baile, esa imposibilidad (disculpame, Vivi). El canto, esa salvación. Cantábamos como locos. Cantábamos todo el tiempo. Cantábamos de todo y en todas partes. Siete años. Sete anos. La avalancha verbal. Armando, Carlitos.

Qué hacés ino. Todo bien aventurado. ¿Cómo le va ntada? Era nuestra forma de deshacer la presión opresiva de tanto discurso liberador. Era un aluvión de verbo libertario. Sociología. Crisis. Cortázar. Abelardo Ramos. Che. Perón. Revolución. Marcuse. Sartre. Waxemberg. Silo. Bancátelas. Y todos presionando por que te tornaras adepto. Para que te liberaras. Yo dibujaba tratando de ganarme la simpatía de las chicas lindas que pintaban por la Universidad. Alguna todavía guarda esos ensayos. Gardelito canta y canta una vez más como si el tiempo no hubiera pasado y la memoria de la chica que seguí en la playa esta mañana me recuerda que YOY. La vida se compactó. Las palabras, las letras, los signos resumen todo. El que pueda ver á.


Ambulantes

Por Rolando Lazarte

Intentaría. Sí. Una vez más intentaría guardar para sí las razones no tan recónditas que le llevaban a volver a transitar el camino de la Asociación de Moradores de los Ambulantes, en esa Mangabeira tórrida de las dos de la tarde. Aninha y María llegando como un ritual a la casa verde amarela da Rua da Mata. El susurro de los galhos y el mar intermitente. Un reloj casi callado y el eco de las risas. El clima de alegría. Furico se dice así. Es la parte mejor hecha del ser humano. Para de tagarelar nesse celular e vamos embora. Celeste, Djair se parapetaba del sol escaldante. Ramón en el aire. Su amor. Esa su manera sin igual de dejarse en las palabras. Como un poeta. Bajar de madrugada a escribir lo que los Maestros le dictaban. Nos dejó su perfume. Esta sala. Exhala. El floral de madreselva, rocky water. Flor de mamón. Digerir los rencores. El asfalto era una quentura só y el laberinto abigarrado de ciclistas y ómnibus acelerados indicaba que otra vez el cuarteto llegaba a la casa. La casa del pueblo. Donde hace más de un año se recogen los moradores, la mayoría mujeres, y la gente del PSF, a juntar sus pedazos. A juntarse. A cantar. A bailar. A contar casos. Qué te hace sufrir. Una tela de araña dibujada a giz en el piso repetía las grietas del cemento. Juntos podemos. Solos impotentes. La televisión estaba ahí. Waglânia al microfone. Doña y Don muñecos encenando climaterio y menopausa. Andropausa. Ese calor que arde en las orejas. Hidrogimnasia es cara. Metete al mar. Viejos rostros conocidos. Sonrisas. Abrazos. Nilda. Socorro. Denise. Esos labios. La médica. Seu João. Canta el gallo y el sol clarea. La entrevista disfraza la esperanza entrada en la sala mientras el son de la mañana disipa las tinieblas del Día del Señor. Había llegado tu quinto hijo. Max Weber en castellano. ¿No sería un castellano? Monopolio. Rosario. Vamos a compartir un lanche. Agua fresca en la tarde quente. Vânia. Teresía saludando al sol y todos repitiendo. Saludando al cielo. Al mar. Al hermano. A la hermana. Abrazos. No había mucho que contar. Recordaría Djair el remedio del amor. Las risas y las charlas. Doña Zefiña, de cabelo branquíssimo, vino a darme su bendición. Era. Sí. Sería para siempre mamá. Abuelita. La virgen María. Cristo. La fuente de la vida. Echa al mar tus penas. Están sanando. Ya sanaron. Una presencia te merodea. Perdonas al llorar. Te protege. El viento susurra que es tiempo de hojas y de trabajar. Cuatro días de obediencia. Nada está perdido. No hay una cosa que no sea una letra silenciosa de la eterna escritura indescifrable cuyo libro es el tiempo. Lejos de aquí los hijos. Las penas se alejan cuando oigo Don João: Venho porque gosto. Me faz bem. Un mundo tan cerca. Sin estridencia de militâncias. El canto cordial y el ruido de las hojas te recuerdan. Hoy es veinticuatro. Día de María. Viaje a Uruguay. No escribes pa'los diarios. Es un diarito de nós mesmos. Bom día, Sol. Las cigarras se preparan para traer la lluvia.

VOLVER A COLUMNAS

Todos los libros están en Librería Santa Fe

 Solo10.com: Dominios - Registro de Dominios - Alojamiento Web - Hospedaje Web - Web Hosting