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FLORENCIA GUERRERO

Nació en Quilmes, en una década complicada: octubre de 1978. Actuando contra el mandato paterno que la veía como próspera abogada, a la edad de elegir y como creía que lo suyo era ser corresponsal de guerra, comenzó la Licenciatura en Comunicación Social, que está terminando en la Universidad de Buenos Aires, donde también cursa Ciencia Política.
Actualmente es productora periodística en AM 990 Radio Splendid y AM 570 Radio Argentina, donde además es columnista en temas sindicales y periodista del programa “Tambores en la noche”. Anteriormente ha producido programas periodísticos en TV de aire (Canal 7) y cable. Además de su labor en gráfica donde se desempeña como corresponsal de diarios del interior y colabora en revistas como Hecho en Buenos Aires y El Tangauta.
También participa en la investigación del proyecto documental “La palabra robada”, sobre movimientos sociales y cultura en Argentina.
Cuando se aburre, toca el saxo y espera que haciendo fuerza, desde donde esté, pueda generar algún cambio... Porque en el Cono Sur también hay guerras cotidianas que contar.

Correo electrónico: mflorenciaguerrero@yahoo.com.ar

Patti no tiene banca

Ya no soy de aquí; apenas me siento una memoria de paso. Mi confianza se apoya en el profundo desprecio por este mundo desgraciado. Le daré la vida para que nada siga como está”. Francisco Urondo

No me lo contaron

Se veía venir. Llevaba meses con pronóstico reservado, pero finalmente una mayoría de 164 votos contra 62 cerraron la puerta de ingreso a la diputación nacional que el año pasado había ganado el ex comisario Luís Patti. Ante el hecho, múltiples voces se alzan recordando las atrocidades vividas en las décadas más oscuras en la historia de éste país. Muchos no podremos recordarlo desde la experiencia empírica, no por haberlo vivido directamente, aunque si desde las ausencias y dolores presentes.
Cuando nací, el país palpitaba un Mundial de fútbol, festejaba la final en El Monumental y marchaba a favor del gobierno de Videla repitiendo que en Argentina éramos “derechos y humanos”. Una parodia de país, aparentando la vida feliz, practicando la negación absoluta mientras a la sombras lo despojaban de sus hijos. Muchos de nosotros, crecimos sabiendo de ausencias. Ese tío tan querido, ese amigo del alma, que era padre de mi amigo, que cada vez que lo recuerda llora…

De sus pagos

Hace 7 años que Escobar denuncia con pancartas sus víctimas y victimarios. En ellas, los familiares de desaparecidos pegaron imágenes de esos seres queridos que les arrebató el gobierno dictatorial.

Las cifras oficiales dicen que hubo 46 desaparecidos en la ciudad donde Patti fue comisario durante el gobierno militar entre 1976 y 1983. Durante el proceso en la Cámara de Diputados, uno de los testigos clave fue el pintor Hugo Jaime, militante de la Juventud Peronista en la década del 70 y compañero de trabajo de Gastón Gonçalves y a su esposa, Ana María del Carmen Granada, en el barrio de Villa Angelica, Garín.
“Estoy convencido de que Abelardo Patti es el responsable de sus desapariciones. Además, en un trabajo que se ha hecho con los familiares de los desaparecidos, hay testimonios y versiones de ellos que dicen que Abelardo Patti estaba ahí”, había dicho Jaime durante su testimonio frente a la Comisión de Peticiones, Poderes y Reglamento.
Ante los diputados, este hombre comentó todas las instancias en las que vio al ex comisario durante los años anteriores al 74 y lo que vino después. “Abelardo Patti estaba ahí. Y quiero dejar constancia de la lista de trabajos realizados con los familiares de desaparecidos en Escobar, donde se hizo una exposición de los compañeros”, dijo.
El expediente que analizó la comisión de diputados dice que Gonçalves fue secuestrado en Zarate el 24 de marzo de 1976. De allí fue trasladado a la comisaría de Escobar fue torturado y golpeado. Ana María, fue asesinada el 19 de noviembre de 1976, en un operativo conjunto entre el Ejército y las policías Federal y Bonaerense. La pareja dejaba a dos hijos Gastón y Claudio, hijo de un primer matrimonio de Gonçalves, que fueron separados y se reencontraron muchos años después cuando con la colaboración del Equipo Médico Forense, HIJOS consiguió identificar su parentesco.
“Mi viejo dio la vida, Patti tenía que empezar a responder por sus crímenes impunes”, dijo el día después de conocer la dedición del Congreso Gastón Gonçalves en declaraciones a “Al Compás de las Noticias”(Radio Argentina). Gastón fue el único sobreviviente de ataque que en el 76 se llevó la vida de su madre. La historia se completa recordando que Ana María antes de morir lo envolvió en mantas y escondió en un placard para que no se asfixiara.
Para Gastón, hoy baterista de Los Pericos, “este es el principio. Ahora nos toca desandar lo más doloroso, debemos reabrir las causas y que este como otros actores funcionales de la cruenta dictadura respondan, en parte, por la matanza organizada y el terror que impusieron en este país”.

Se hará Justicia…

La misma noche de la dedición de los diputados, el asesor de un diputado del PRO repetía muy serio “ahora si, se le viene la noche”, es que para nadie es una novedad que no solo podrían reabrirse las investigaciones por su intervención en las muertes de Gonçalves y las desapariciones de Eduardo Cambiasso y Ricardo Pereyra Rossi, sino algunas otras que darían lugar a un proceso mucho mayor.
Ahora, la Jueza Federal María Servini de Cubría tendrá que decidir si da o no lugar al amparo interpuesto por los abogados defensores de Patti que se apoyan en el Pacto de San José de Costa Rica, puntualmente en el artículo 23 que establece que nadie puede ser privado de sus derechos políticos si no media una condena penal dispuesta por un juez competente.
“Nadie debe ser sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Toda persona privada de libertad será tratada con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano”. Este es también un artículo del Pacto de San José, que se ve, en la década del 70 al ex comisario Luís Patti poco le importaba respetar.   


Sobre leyes, logros y engaños…

Este es año del nuevo aniversario de uno de los máximos logros femeninos.
En noviembre de este 2006 se cumpleirán 15 de la sanción de la Ley de cupo femenino, que allá por 1991 implicó un verdadero debate entre quienes la tildaban de discriminatoria y aquellos que la preferían a la nada absoluta en la materia. Desde aquel momento, la norma pareció democratizar un espacio que hasta entonces era usufructuado por hombres, casi en forma excluyente, concretando el sueño femenino de ampliar su participación activa.

Sin ir lejos en el tiempo, el año pasado las candidaturas femeninas encabezaron la intención de voto para las legislativas en Capital y Provincia de Buenos Aires, que reúnen entre ambos la mitad del electorado del país. La norma prevé que las listas deben tener mujeres en un mínimo del 30% en posiciones con posibilidad de resultar electas.

¡Este es año del nuevo aniversario de uno de los máximos logros femeninos!

Pero los logros femeninos continuaron. Dos años después, el Congreso volvió a la carga, esta vez cediendo territorio dentro de los sindicatos. Entonces se sancionó la ley 25.674 que contempla la participación femenina en las instancias de negociación colectiva, además de su integración en los cargos electivos y representativos de las asociaciones sindicales. El articulado define además que la representación del género en los cargos electivos sindicales, debe ser de un mínimo del 30 por ciento del total de los trabajadores, y solo cuando la cantidad de afiliadas no alcance ese porcentaje en el padrón gremial será menor.

La realidad es que hasta entonces los espacios de decisión gremial eran ostentados casi exclusivamente por hombres. El anecdotario de época dice que cuando se aprobó la ley de cupo sindical, el Departamento de la Mujer en la CGT de Daer era dirigido por un hombre y que entre 1991 y 2000 los espacios que ocupaban las mujeres en la CTA eran informales. Fue solo con la apertura del nuevo milenio cuando la Central de Trabajadores Argentinos reformuló su estatuto creando la secretaría de Equidad de Género e Igualdad de Oportunidades y estableció un cupo mínimo del 20 por ciento en los cargos directivos a nivel local, provincial, regional o nacional. Ese mismo año, un alubión de 400 mujeres ingresó a la dirección del sindicato.

En 1994, la reformada Constitución Nacional incorporó al articulo 37 “la igualdad real de oportunidades entre varones y mujeres para el acceso a cargos electivos y partidarios”, un concepto que jamás hubieran imaginado los mentores de la carta magna en 1853.

¿Este es año del nuevo aniversario de uno de los máximos logros de quién?

Las leyes se votaron y eso está bien, al menos en apariencia. La realidad es que a pesar del fugaz protagonismo de ciertas mujeres en la política legislativa, la cantidad sobre el total de hombres en cada cámara del Congreso sigue siendo el mínimo contemplado por la ley, y qué decir de la actividad sindical, donde son pocos los casos en los que la femineidad se alza con las secretarías generales. Las cifras dicen que desde 1983, solo diez mujeres han estado al frente del algún ministerio del poder ejecutivo. De acuerdo a un estudio realizado por la consultora Nueva Mayoría, entre 1983 y 2005, siendo la primera Susana Ruiz Cerrutti, nombrada por el presidente Alfonsín el 26 de mayo de 1989 al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores” cargo que ocupó breves 43 días. Luego, en la segunda presidencia menemista, Susana Decibe tomó la conducción de la cartera educativa. Durante la gestión de Fernando de la Rúa fueron dos, en la de Eduardo Duhalde tres y que en el actual gabinete, Nilda Garré en Defensa y Felisa Micheli al frente de economía representan al género.

Frente a los datos, la pregunta debería ser... cual fue el verdadero logro, poner el tema en una agenda que casi nadie recupera o procurar el perfil progresista de una ley que lejos de responder a las demandas del género, implica lo mismo, y más de lo mismo.


La ciudad de las tumbas abiertas

Porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad, como la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia del miedo. Ese aire que se resiste a volver después del peligro como los designios de todo un pueblo que marcha hacia la victoria o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a defenderse, a rescatar lo suyo, su realidad". Paco Urondo

Dicen que Jujuy alguna vez fue la "Capital Nacional de la Minería", aunque hoy los índices señalan que la provincia exhibe el 70 por ciento de la población bajo el nivel de pobreza, casi el 40 en la indigencia y el mayor índice de suicidios, especialmente en el segmento de jóvenes. En ese contexto, a las puertas de la Quebrada de Humahuaca se levanta Tumbaya, un pequeño pueblo que cuenta con 1600 habitantes. Al recorrer sus calles polvorientas, sin vidas, lo impactante de esas cifras se vuelve presencias en medio de la nada.  

Con la excusa de participar en la inauguración de una cooperativa, un fin de semana a fines de 2005, Jujuy recibió al contingente de militantes del movimiento social promotor del emprendimiento, que en este lugar, en esas condiciones tomó gran relevancia porque significó la reapertura de una mina y una planta que procesa sulfato de sodio y borato, generando un centenar de empleos genuinos. Toda una proeza en un país donde el desempleo y la pobreza forman parte de "los problemas estructurales" con pocas soluciones a la vista.


La Brava

En 1998, la compañía minera La Brava S.A. suspendió sus actividades y envió a los 40 trabajadores de planta telegramas de suspensión por un mes. Durante ese plazo, un clásico. La empresa fue vaciada totalmente y sus accionistas desaparecieron. Los empleados respondieron continuando con la producción en la planta, extrayendo el mineral, procesando y vendiéndolo. La actividad duró hasta que una de las empresas a las que se proveía, Celulosa Jujuy, se declaró en quiebra con una deuda de 60 mil dólares. Esa fue la sentencia final para la empresa, que dejó a todo un pueblo sin su única fuente de empleo. El circulo negativo continuó con la emigración de la gran mayoría de los trabajadores a distintos lugares de la provincia y la dependencia del asistencialismo estatal para quienes se quedaron.

Como respuesta el movimiento social MTL conformó una cooperativa integrada por ex trabajadores de La Brava y trabajadores desocupados que en septiembre del 2004 recibieron la matrícula nacional ante el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social. El proyecto proponía recuperar la mina y ponerla en manos de desocupados y de las comunidades aborígenes que habitan la zona. Como antecedente cercano, a los jujeños aun les duele el recuerdo de los Altos Hornos Zapla que durante décadas representó uno de los máximos símbolos del sueño de la industria pesada en Argentina, un imperio siderúrgico que generaba más de 5 mil puestos de trabajo. "Muchas familias de Jujuy dependían de esas fuentes de empleo, pero durante la época menemista se cerraron la mina, y los Altos Hornos que eran orgullo nacional y hoy se han transformado en una mera recicladora de chatarra donde trabajan apenas 400 compañeros. Hoy queremos dar vuelta la historia" reflexionó Carlos Chile referente nacional del MTL unas horas antes de la ceremonia inaugural de la nueva mina.

Las cautivas

Tumbaya significa tumba y en los hechos durante mucho tiempo fue el cementerio principal de Palpalá. Los pobladores le dicen la bella. Eso se confirma con un cartel pintado sobre las Quebrada de Humahuaca, que todos explican asegurando que los hijos de antiguos caciques visitaban el pueblo y siempre, casi como ley divina, caían perdidos de amor por alguna tumbayeña. De ese modo estas tierras áridas los retenían hasta el día en que la pachamama decretaba su muerte.

Aunque hoy hay fiesta, toda la ciudad parece abandonada, ninguno de los moradores camina por sus callecitas, ni miran por las ventanas de esas casas hechas con adobe y madera. Entonces, sorpresivamente durante la recorrida curiosa del contingente que visita la provincia aparece Marta. Se nota que quiere hablar, parece aburrida, presa del letargo en un lugar del que quisiera irse. Rápidamente toma confianza y cuenta que es la mayor de cuatro hermanos, que trabajará en la mina y que quiere irse a estudiar. Es delgada y bajita. Su tez oscura, los ojos negros y enormes delatan su procedencia kolla. Es muy clara al explicar como vive, quiere contar, casi como impulso frente a quien recién llega y aun no sabe, está decidida a que la escuchemos, a abrir las puertas de esta su gran tumba durante 22 años.

En el pueblo Marta es una de las pocas chicas de su edad que no tiene hijos, ni marido a la vista. Otra diferencia es que aunque por cuestiones económicas no ha podido estudiar la Licenciatura en Trabajo Social que se dicta en San Salvador de Jujuy y que forma parte de sus sueños, ha leído mucho. En este pueblo no hay colegio secundario así que son pocos los afortunados que cuentan con el dinero para seguir los estudios una vez terminado el primer ciclo. Marta sorprende a cualquier prejuicioso, hablando en términos de "desigualdad", "diversidad" he "injusticia". Además, menciona su definición de "progreso" que en pocas palabras se reduciría a "escapar de Tumbaya".

Cuando habla, la joven kolla lamenta no haber heredado la lengua de sus antepasados. Para explicarse, abre más grandes los ojos, y mueve enérgicamente las manos, le importa que se la escuche cuando dice "aquí estamos lejos de todo. Los diarios llegan solo el domingo, no hay televisión por aire y la única radio es oficialista". A la geografía comunicacional se sumó el año pasado un Cyber gestionado con el plan nacional Manos a la Obra que aportó cuatro máquinas, pero pocos tumbayeños pueden pagar los $2 que cuesta la hora. "Nos toman como ignorantes. Queremos pensar y nos apagan las ideas. La gente no estudia, no sabe, no tenemos información por eso nadie dice nada, porque todos tienen miedo", sentencia y argumenta "el día de las elecciones es feo, te buscan te obligan a ir y en la puerta te dan la boleta para que votes al candidato oficial. Aquí no hay libertad de decidir".

Pero Tumbaya esconde otras historias. Cuando hace 33 años Soledad Ramos llegaba a este mundo, una Argentina socialmente convulsionada abandonaba la dictadura militar y se aprestaba a recibir al presidente electo en las urnas, Héctor Cámpora, bajo la promesa del regreso de Perón. En aquel entonces, cuando en su provincia comenzaba a hacerse el balance de desaparecidos que dejaba la dictadura de Lanusse, la historia para esta madre de cuatro hijos estaba escrita.

Soledad es tan tímida como la mayoría de las mujeres locales. Por momentos se deja ver, habla, y luego vuelve a esconderse. Cuando se cuenta, rememora los días en que viajó a Buenos Aires tras el sueño de trabajo y crecimiento personal, que a los 16 años no parecen tan lejanos y resultan un imperativo. "No pude terminar el secundario y tuve que irme sola a buscar trabajo", en la Capital donde fue operaria y también limpió casas hasta que cinco años después quedó embarazada. Eso marcó la hora de volver a casa.

En Tumbaya rearmó la vida. Su actual pareja trabajará en la nueva cooperativa minera. Hasta su reapertura, todos los pobladores han subsistido con changas y Planes Trabajar. "Nosotros somos pobres, pero tenemos dignidad. Sentimos muchas cosas, tenemos fuerza pero ocurren tantas cosas, sentimos tantas presiones políticas que terminamos silenciados". Ahora soledad reflexiona, va y viene con sus impresiones. Su teoría es que el silencio "se origina en el miedo" y éste, a la procedencia aborigen. "Mis antepasados fueron indios, esclavos y eso sigue de otra manera. Ese temor que los ahogaba nos lo heredaron" piensa en voz alta.

Ni lo básico

En cuestiones sanitarias, los números disparan que actualmente Palpalá es el punto en el continente donde existe el índice más alto de SIDA, y que es uno de los lugares con mayor porcentaje de mortalidad infantil en Argentina; a esto se suma que en la provincia, Tumbaya es la ciudad con el índice de maternidad adolescente más alto.

"La vida en este pueblo se acabó. Estamos todos marginados. Tumbaya es la muerte". La frase no es menor en ella, que hace dos años lucha con un cáncer terminal en el útero. Desde entonces Soledad padece otro de los flagelos que se repite en distintas provincias argentinas: en Tumbaya solo hay atención sanitaria los lunes, cuando un médico general visita el pueblo. Pero su enfermedad requiere de cuidados que allí no encuentra, por ello debe viajar cuarenta minutos en colectivo al hospital que queda en Maimará. "Estar enferma es un verdadero presupuesto-dice- solo de viaje tengo 4 pesos, cada estudio oncológico suma pesos 5 más. Eso si no tengo que ver al especialista que atiende en San Salvador de Jujuy", hacia donde el viaje representa unos seis pesos. Todo un dineral para familias que no superan el ingreso promedio de los 200 pesos que les dejan los planes sociales provistos por el gobierno provincial. Mientras habla, la joven mira a su hija de cuatro años que llora caprichosamente. Soledad habla y sus frases, su desesperanza, golpean. Tumbaya golpea. Entonces, aunque se quiera creer los mitos sobre la belleza del lugar, aunque ya de noche se escuche el festejo de los pobladores realizando la consagración de la mina a la madre tierra, este lugar ahora próximo, duele.

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