Ricardo
Carpani y el grupo Espartaco
Ricardo Carpani nació el 11 de febrero de 1930 en la localidad de Tigre,
provincia de Buenos Aires, pasó su infancia en Capilla del Señor hasta que en
1936 su familia se mudó a la ciudad de Buenos Aires, cursó sus estudios
secundarios en el Colegio Rivadavia.
Comenzó los estudios de abogado pero los abandonó cuando en 1951 decidió
radicarse en París, en la ciudad francesa comenzó a interesarse seriamente en la
pintura, tomando cursos que luego continuó en Buenos Aires.
Vivió dos años en la capital francesa, a su regreso dedicó un tiempo a viajar
por Chile y el interior de nuestro país. Una vez asentado en Buenos Aires retomó
los estudios de pintura, esta vez con el maestro Emilio Pettoruti.
Expuso por primera vez en 1957 junto a Juan Manuel Sanchez (1930) y Mario
Mollari (1930).
Su compromiso con la causa de los trabajadores lo expresó en obras como “Huelga”
de 1958, en tanto que en 1961 realizó un mural para el sindicato de la
Alimentación al que tituló: “Trabajo. Solidaridad. Lucha".
Carpani expuso sus obras en varios países: México(1960), Roma(1960), Londres
(1961), Rìo de Janeiro(1961), Estocolmo(1962).
El grupo Espartaco
En 1959 conformó el Grupo Espartaco junto a Sanchez y Mollari, a los que se les
sumaron Juana Elena Diz (1925), Raul Lara Torrez(1940) joven pintor de
nacionalidad boliviana, Pascual Di Bianco (1930-1978), Carlos Sessano (1935),
Esperilio Bute(1931-2003) y Franco Venturi, nacido en 1937 y desaparecido en
1976.
En 1961 Carpani y Di Bianco abandonan el grupo, el cuál se disolvió en 1968 con
una exposición que fue su última actividad.
El grupo Espartaco planteó la necesidad de un arte con raíces en el país y
atento a las necesidades y lucha del pueblo trabajador.
Su filiación política puede inscribirse en la llamada izquierda nacional que
durante un largo período lideró Jorge Abelardo Ramos.
El grupo también fue expresión de la nacionalización de una porción de las
clases medias que hasta 1955 había sido masivamente contraria al Movimiento
Nacional, luego del golpe de estado autodenominado “Revolución Libertadora”,
importantes sectores de la clase media detectaron las mentiras de la oligarquía
liberal y su falsa democracia que condenaba a la mayoría del pueblo,
particularmente a los más humildes, a una difícil situación económico-social y
que además no les permitía expresarse políticamente, por la proscripción de
movimiento mayoritario.
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Señalaba el documento inicial del
Grupo Espartaco: “Es evidente que en nuestro país, a excepción de algunos
valores aislados, no ha surgido hasta el momento una expresión plástica
trascendente, definitoria de nuestra personalidad como pueblo. Los artistas no
podemos permanecer indiferentes ante este hecho, y se nos presenta con carácter
imperativo la necesidad de llevar adelante un profundo estudio del origen de
esta frustración.”
Ponía en duda los prestigios otorgados por interesadas críticas que
monopolizaban supuestas elites que vivían al margen de las realidades cotidianas
de un pueblo alejado a la fuerza de los temas políticos: “Si analizamos la obra
de la mayor parte de los pintores argentinos, especialmente de aquellos que la
crítica ha llevado a un primer plano, observaremos como característica común el
total divorcio con nuestro medio, el plagio sistematizado, la repetición
constante de viejas y nuevas fórmulas, que si en su versión original
constituyeron auténticos hallazgos artísticos, al ser copiados sin un sentido
creativo se convierten en huecos balbuceos de impotentes.”
“Las causas determinantes de esta situación están en la base misma de nuestra
vida económica y política, de la cual la cultura es su resultado y complemento.
Una economía enajenada al capital imperialista extranjero no puede originar otra
cosa que el coloniaje cultural y artístico que padecemos. La oligarquía, agente
y aliada del imperialismo, controla directa o indirectamente los principales
resortes de nuestra cultura, y, a través de ellos, enaltece o sume en el olvido
a los artistas seleccionando únicamente a aquellos que la sirven.”
El Grupo Espartaco hacía su aparición anunciando el fin del artista inmune a la
realidad, preocupado con exclusividad por una estética vacía. De alguna manera
tomaba la tradición del Grupo Boedo haciendo su opción por los trabajadores,
pero a su vez introduciendo como tema central la cuestión nacional y ponía en el
tapete el accionar del imperialismo en América Latina.
También incursionaba en un tema crucial por la que atraviesa cualquier artista
con deseos de hacerse conocido: o limita su actividad creadora al gusto de las
minorías pudientes que son quienes tienen los medios para adquirir las obras, o
hace caso omiso a las modas y deja fluir toda su creatividad, aún a riesgo de no
llegar al gran público.
“El resultado de todo esto es que el artista no tiene otro camino para triunfar
que el de la renuncia a la libertad creadora, acomodando su producción a los
gustos y exigencias de aquella clase, lo que implica su divorcio de las mayorías
populares que constituyen el elemento fundamental de nuestra realidad nacional.
Es así como, al dar la espalda a las necesidades y luchas del hombre
latinoamericano, vacía de contenido su obra, castrándola de toda significación,
pues ya no tiene nada trascendente que decir. Se limita entonces a un mero juego
con los elementos plásticos, virtuosismo inexpresivo, en algunos casos de
excelente técnica, pero de ninguna manera arte, ya que éste sólo es posible
cuando se produce una total identificación del artista con la realidad de su
medio.”
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Otra característica de gran importancia del Grupo fue el haber hecho propia la
concepción Latinoamericana de Nación.
“El problema del surgimiento de un arte nacional en nuestro país, determina el
verdadero alcance que debe tener para nosotros el término nacional. Unidad
geográfica, idiomática y racial; historia común, problemas comunes y una
solución de esos problemas que sólo será factible mediante una acción conjunta,
hacen de Latinoamérica una unidad nacional perfectamente definida.”
El Grupo Espartaco estuvo influenciado por los muralista mexicanos Orozco,
Rivera y Tamayo, como así también por el ecuatoriano Guayasamín y el brasilero
Portinari, pero adquirieron una personalidad propia, necesidad imprescindible de
todo creador, como lo expresaron claramente en su documento inicial.
Cada uno de estos artistas manifestó en sus obras su compromiso social con los
desposeídos, Sanchez mostraba es sus óleos un fondo de fábricas o su obra
“Marines 65” con calaveras y un fondo de la bandera norteamericana, en Juana
Elena Diz se visualiza la situación de la mujer con claros rasgos aindiados,
Mario Mollari con sus cañeros o las mujeres del norte en sus tareas con amplios
sombreros. O los hombres de brazos enormes y potentes, con expresiones duras.
El sufrimientos en las figuras de Carlos Sessano con sus brazos hacia el cielo
como implorando por justicia.
Franco Venturi, estuvo detenido en 1972 en el penal de Rawson y se salvó de la
Masacre de Trelew, pero desapareció el 20 de febrero de 1976, había nacido en
Italia en 1937 y llegado a la Argentina en 1950, su obra de 1969 “En defensa de
nuestra forma de vida” sintetiza los métodos violentos utilizados en la
Argentina para silenciar a los movimientos populares.
El arte y la revolución en América Latina
En 1961 Ricardo Carpani desarrolló sus ideas ya expresadas en el manifiesto del
Grupo Espartaco en un libro que tituló “Arte y Revolución en América Latina”
editado por la Editorial Coyoacán donde se publicaban las obras de la izquierda
nacional.
En este libro expresa su visión sobre el papel de un artista en un país
semicolonial:
“El divorcio entre artista y sociedad, inherente a todo período histórico de
transición y producto de la carencia de una base valorativa común, se ve
agravado en nuestra época por el peculiar desarrollo del capitalismo. Éste, con
su concepción individualista de los problemas del hombre y la exaltación de los
valores de utilidad, ha tendido, desde su nacimiento mismo, a separar cada vez
más al artista de la sociedad. La obra de arte dejó de ser un bien social para
transformarse en mercancía. Perdió su carácter monumental y colectivo, dejando
de estar en contacto directo con la comunidad, para pasar a ser el lujo de unos
pocos.”
El rol de un artista en un país dependiente distaba de ser fácil, donde
triunfar, es decir ser aceptado por el establishment cultural, implicaba
renunciar a ideales y principios, esto era anunciado por Carpani con claridad:
“El resultado de todo es que el artista triunfa en la medida en que, renunciando
a su plena libertad creadora, acomodo su producción a los gustos y exigencias de
aquella clase. Se divorcia así de las mayorías populares que constituyen el
elemento fundamental de nuestra realidad. Con el pretexto de la universalidad
del arte reniega de lo nacional, sin darse cuenta de que en última instancia, el
arte que copia -el europeo- es un arte profundamente nacional.”
Para luego adentrarse a explicar en detalles este mecanismo para domesticar al
artista: “Esta renuncia a la libertad creadora no siempre la realiza el artista
de una manera consciente. Es el resultado de un proceso que actúa sobre él, a
través de múltiples presiones, encauzándolo sin que se de cuenta. Así, por
ejemplo, el joven pintor desconocedor de las fuerzas que gravitan en la
sociedad, de los intereses que respaldan a dichas fuerzas y de los fines que
ellas persiguen, se ve sometido a su acción deformante desde el momento mismo
que ingresa a las academias del Estado o al taller de algún prestigioso figurón.
Esta acción deformante continúa soportándola luego en los Salones Oficiales,
mediante la parcialidad de los jurados, o cuando desea conseguir salas para
exponer y debe someterse al criterio del marchand, que lógicamente exige lo más
vendible y menos comprometedor ante su clientela. Posteriormente le toca el
turno a la crítica, esa suprema hacedora de prestigios, venal las más de las
veces, aunque sería injusto pretender de ella otra cosa en una sociedad
desgarrada por la lucha de clases, dada su dependencia a uno de los términos de
esa lucha. Y finalmente están los salones en el extranjero, las becas y otras
formas de estímulo al artista, que, en manos de los agentes oligárquico
imperialistas, se convierten en otras tantas formas de corrupción.”
Carpani introduce un concepto que no contará con la adhesión de muchos artistas
despreocupados por la situación social y de aquella crítica a medida de la
sociedad dependiente, nos referimos al concepto de arte nacional y la necesidad
que la obra del artista muestre la realidad que lo rodea:
“No todos los pueblos poseen el mismo grado de desarrollo histórico, ni
desenvuelven su actividad en un medio geográfico similar, ni son producto de una
misma amalgama de razas, ni hablan y piensan en el mismo idioma, ni rinden culto
a una tradición y cultura idénticas. Cada uno de ellos tiene, en relación con
estos factores, características propias, determinantes de la nacionalidad. Y
estas características nacionales no pueden menos que estar presentes en las
manifestaciones artísticas, siendo como es el arte un producto social. Podemos
afirmar entonces que el arte, por el hecho de ser una expresión social,
necesariamente ha de ser también una expresión nacional.”
Pero la idea que tenía Carpani de lo Nacional incluía toda América Latina, no
sólo por el origen, la lengua y una tradición común; esas características nos
convertían en un pueblo al que los intereses imperiales llevaron a la
separación, en tanto que la lucha de los trabajadores y de los artistas
comprometidos con su pueblo debía retomar las banderas de Bolivar, San Martín y
Artigas, entre otros.
“Es indispensable que fijemos con precisión los verdaderos alcances que tiene
para nosotros el término «nacional». América Latina constituye una unidad
nacional con características bien definidas. En efecto, a factores permanentes y
determinantes por sí mismos de una nacionalidad -como son el hecho de poseer un
territorio ininterrumpido en el que prácticamente se habla el mismo idioma (ya
que el portugués y el español no ofrecen diferencias esenciales), poblado por
razas afines y con un pasado histórico y cultural común- se unen otros factores
de carácter actual, que imponen la necesidad de la unificación política de
América Latina. Las distintas regiones o países latinoamericanos poseen
problemas económicos, sociales y políticos análogos. Esta analogía está
determinada por su sometimiento a un explotador común: el imperialismo.
Y la liberación del yugo imperialista sólo será factible mediante una acción
conjunta y unificada que permita contrarrestar en forma efectiva el poderío del
opresor. Es por eso que nosotros, cada vez que hablemos de lo nacional, se
entiende que lo hacemos en escala latinoamericana.”
Será el accionar del imperialismo el que Carpani denunciará con claridad, y la
función que cumple el arte en los países centrales que lejos de ser inocuos para
nuestra cultura también forman parte de plan delineado por los poderes
centrales:
“Ahora bien, si es cierto que la difusión dada a su producción cultural por las
países imperialistas fue altamente beneficiosa para el desarrollo de las artes
en el resto del mundo, no es menos cierto que esta acción benéfica se vio
contrarrestada cuando convirtieron la cultura en un arma más de vasallaje y
opresión colonial. En efecto, junto con sus manufacturas exportaran su
literatura y su arte, pero no para enriquecer las culturas nacionales ya
existentes en las regiones colonizadas, sino para destruirlas o neutralizarlas,
contando en esto con la obsecuencia de las oligarquías nativas.”
Pero también Carpani era un militante de la libertad sin la cual el artista
quedaba limitado en su más genuina expresión, enemigo del “realismo socialismo”
e implacable crítico del stalinismo , manifestaba su compromiso con la libertad,
contrario a toda forma de control de los “comisarios políticos” sobre la
expresión del artista :” Para el logro de un arte representativo de nuestra
realidad, un arte auténtico, en este caso un arte nacional latinoamericano y
revolucionario, es imprescindible dar al artista la más absoluta libertad en la
elección de sus medios formales de expresión. Hay que dejar de lado todo
dogmatismo en materia estética. Que cada cual utilice los elementos plásticos de
la manera que considere más acorde con su temperamento, enriqueciéndose con las
últimas experiencias formales que se realizan en el mundo. Pero, eso sí,
utilizándolas con un sentido creativo personal”
Pero ante el accionar de la oligarquía asociada al imperialismo en el campo de
la cultura era difícil que aquellos artistas no contaminados por la ideología
imperial pudieran a conocer su obra. Carpani daba su consejo que él mismo aplicó
al trabajar en conjunto con el sindicalismo combativo.
Por eso mismo, es indispensable dar la mayor difusión posible, especialmente
entre la clase trabajadora y los sectores sociales más progresistas, a las
creaciones de quienes, con dignidad y sacrificio, trabajan por un verdadero
arte. Sólo a través de una intensificación del contacto entre la obra artística
y la sociedad, que ejercite de manera constante la sensibilidad de los hombres
familiarizándolos con las nuevas formas creadas por el artista, logrará
superarse la incomprensión de que éste es objeto. Esa será la manera más
efectiva de hacer que el arte intervenga activamente en el proceso
revolucionario. El arte actúa por la vía sensible, y la sensibilidad artística,
como todo en el hombre, se desarrolla con el ejercicio. Mal puede exigirse una
comprensión inmediata de la obra moderna a quienes escasas oportunidades han
tenido de conectarse con ella. Se dirá que para eso están los museos, pero no
olvidemos que a la gente que trabaja poco tiempo le queda para asistir a ellos,
y nada se hace por interesarla en el arte. El orden establecido tiende más bien
a alejar al pueblo de las manifestaciones del espíritu, dándole en su reemplazo
y en cantidades crecientes, productos embrutecedores, neutralizantes de su
sensibilidad. Se hace así del arte lujoso vicio solitario, reservado a
determinadas élites de iniciados, alejándolo de su verdadera misión.”
Para completar su idea con : “No queda por lo tanto, al artista revolucionario,
más solución que la que las organizaciones obreras pueden y deben brindarle. En
las manos de estas organizaciones está la posibilidad del surgimiento de un
vasto movimiento muralístico con características nacionales y revolucionarias.
Abrigamos la certidumbre de su próxima aparición.”
El compromiso con los trabajadores
La compañera de Carpani, Doris Halpin, expresó sobre la labor del pintor que su
tarea era expresar la dignidad de los trabajadores y desposeídos: “No trató de
pintar los lados oscuros de la realidad: nunca pintó la tortura, ni al aldeano
pobre y subsumido. Siempre pintó al hombre que está dispuesto a combatir, al
hombre en lucha.”
Halpin también explicó porque Carpani daba importancia al muralismo, en tanto
que la pintura de caballete termina en posesión de alguien, el mural pertenece a
todos o por lo menos a muchos. Esa era el símbolo que entusiasmaba a un artista
alejado de la figuración y el negocio.
Muchos de los dibujos de Carpani, fueron dados en forma gratuita para ilustrar
los volantes y documentos de sindicatos, organizaciones obreras en general y
organismos de Derechos Humanos.
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Seguramente, muchos de nosotros hemos visto dibujos de Carpani, sin saber que
pertenecían a él, esta fue la obra de un artista plástico que dedicó su vida a
servir a una causa, la de los más necesitados.
Según el crítico de arte Salvador Linares, las obras de Carpani puede dividirse
en dos épocas, una de piedra y la otra de metal.
“En la primera los personajes adquieren una apariencia rocosa, que abarca el
período en el que todavía frecuentaba la temática campesina.” “Luego la piedra
deviene en metal y los hombres son vistos como articuladas máquinas o revestidos
por corazas sobre las que músculos y nervios se traslucen sobre la bruñida
superficie, en una suerte de mágica filigrana vital.”
Producido el golpe de estado de Onganía en 1966, derrocando al presidente
radical Arturo Illia, gran parte de la burocracia sindical apoyará al golpe,
iniciando una de las etapas más vergonzosas del sindicalismo, ante ellos se
levantó un grupo de dirigentes que llamaron a combatir a la Dictadura tras un
plan nacional y popular, dicho sector se encolumnó en la CGT de los Argentinos
que lideraba Raimundo Ongaro.
Ricardo Carpani fue la expresión artística de ese sindicalismo honesto y
combativo, los volantes y documentos de la CGT de los Argentinos llevaban las
ilustraciones de Carpani donde trabajadores de expresiones duras manifestaban
toda su bronca y deseos de restituir la justicia perdida.
En 1966 y 1969 viajó a Europa donde participó de muestras colectivas. En 1972
viajó al Chile Socialista de Salvador Allende y a Cuba, para encuentros de
artistas plásticos.
En julio de 1974 fue a Suecia a una exposición, tenía previsto un viaje de
cuatro meses, pero ya no pudo volver, la Argentina se había convertido en un
lugar muy peligroso por el accionar de la banda paramilitar de ultraderecha la
triple A que asesinaba a intelectuales y militantes populares.
El exilio fue muy duro para Carpani como lo fue para la mayoría de los exilados,
y particularmente para aquellos que habían hecho de la militancia una forma de
vida.
Retornó al país en 1984, las últimas composiciones de Carpani muestran una
región selvática donde se mezclan animales salvajes con paisajes y personajes
porteños.
Poco tiempo antes de su muerte realizó un retrato del Che Guevara que se
encuentra en la Plaza de la Cooperación de Rosario o pocas cuadras del lugar en
que nació el Che.
Realizó la escenografía para un espectáculo musical llamado “Tango Pasión” que
se ha presentado con éxito en Europa.
En 1996 fue declarado ciudadano ilustre de la ciudad de Buenos Aires.
Se publicaron los libros : "Carpani" , con textos del Dr Rafael Squirru y de
Manuel Vicent ; y "Carpani : Gráfica política" , con textos de Ernesto Laclau y
Luis Felipe Noé.
Murió el 9 de septiembre de 1997, la Argentina perdía a un gran artista y los
trabajadores que siguen luchando, a un aliado incondicional, pero su obra nos
sigue mostrando a esos hombres y mujeres que nunca se rendirán.
Fuentes :
http://pintores.is.com.ar/pintores_web/carpani/indice.html
http://www.icarodigital.com.ar/numero11/entrevistas/dorishalpin.htm
http://www.villacrespomibarrio.com.ar/CARPETA%20NOTAS/ARTE%20Y%20CULTURA/Ricardo%20Carpani.htm
http://www.paginadigital.org/articulos/2004/2004cuart/varios/carpani25-10.asp
http://www.cta.org.ar/base/article.php3?id_article=4550
http://www1.hcdn.gov.ar/proyxml/expediente.asp?fundamentos=si&numexp=1586-D-2006
www.izquierdanacional.org/publicaciones/libros/pdf/SL-L005.pdf
http://www.lanacion.com.ar/archivo/Nota.asp?nota_id=640159
Fuente: www.elforjista.unlugar.com/ricardocarpani.htm
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Manifiesto
del Grupo Espartaco
En 1959, el mundo de la cultura - y especialmente, el de la plástica - en la
Argentina se conmueve por el lanzamiento del Grupo "Espartco". Lo integran
Ricardo Carpani, Juan Manuel Sánchez, Mario Mollari, Carlos Sessano, Espirilio
Butte, Juana Elena Diz y Pascual Di Bianco. Con él, los trabajadores -
proscriptos de la escena política y gremial por la contrarrevolución - ingresan
al arte, con sus gestos airados, su mirada amenazante, sus puños de hierro.
La exposición del grupo se acompañó con la fundamentación ideológica a través de
la cual estos jóvenes pintores planteaban la síntesis entre la vanguardia formal
y los contenidos populares y latinoamericanos. El manifiesto fue redactado, en
sus partes fundamentales por Ricardo Carpani y sostenía lo siguiente:
Por un arte revolucionario
Ubicación Latinoamericana
MANIFIESTO DEL GRUPO "ESPARTACO"
Es evidente que en nuestro país, a excepción de algunos valores aislados, no ha
surgido hasta el momento una expresión plástica trascendente, definitoria de
nuestra personalidad como pueblo. Los artistas no podemos permanecer
indiferentes ante este hecho, y se nos presenta con carácter imperativo la
necesidad de llevar adelante un profundo estudio del origen de esta frustración.
Si analizamos la obra de la mayor parte de los pintores argentinos,
especialmente de aquellos que la crítica ha llevado a un primer plano,
observaremos como característica común el total divorcio con nuestro medio, el
plagio sistematizado, la repetición constante de viejas y nuevas fórmulas, que
si en su versión original constituyeron auténticos hallazgos artísticos, al ser
copiados sin un sentido creativo se convierten en huecos balbuceos de
impotentes.
Las causas determinantes de esta situación están en la base misma de nuestra
vida económica y política, de la cual la cultura es su resultado y complemento.
Una economía enajenada al capital imperialista extranjero no puede originar otra
cosa que el coloniaje cultural y artístico que padecemos. La oligarquía, agente
y aliada del imperialismo, controla directa o indirectamente los principales
resortes de nuestra cultura, y, a través de ellos, enaltece o sume en el olvido
a los artistas seleccionando únicamente a aquellos que la sirven. Constituye,
además, por ser la clase más pudiente, el principal mercado comprador de obras
artísticas. En virtud de los intereses que representa se caracteriza en el plano
cultural por una mentalidad extranjerizante, despreciativa de todo lo
genuinamente nacional y por lo tanto popular.
El resultado de todo esto es que el artista no tiene otro camino para triunfar
que el de la renuncia a la libertad creadora, acomodando su producción a los
gustos y exigencias de aquella clase, lo que implica su divorcio de las mayorías
populares que constituyen el elemento fundamental de nuestra realidad nacional.
Es así como, al dar la espalda a las necesidades y luchas del hombre
latinoamericano, vacía de contenido su obra, castrándola de toda significación,
pues ya no tiene nada trascendente que decir. Se limita entonces a un mero juego
con los elementos plásticos, virtuosismo inexpresivo, en algunos casos de
excelente técnica, pero de ninguna manera arte, ya que éste sólo es posible
cuando se produce una total identificación del artista con la realidad de su
medio.
No se piense que esta última sea una afirmación arbitraria: constituye un
problema que hace a la esencia misma del arte. En efecto, un arte nacional es la
única posibilidad que existe de hacer arte. A través de las mejores obras de los
más grandes artistas de la historia, percibimos ante todo, el espíritu de la
sociedad que las engendró. No puede ser de otra manera, ya que el artista es un
hombre y todo hombre se conforma fundamentalmente según los elementos sociales
que gravitan sobre él: productor de la sociedad, al expresarse artísticamente,
si lo hacen en un sentido profundo y con sinceridad, dará expresión, de un modo
inevitable, al medio que lo rodea.
El ritmo del crecimiento histórico es variable para cada sociedad y esa
variación es el principal elemento incidente en el origen de las nacionalidades.
En consecuencia toda obra artística, por el hecho de ser una expresión social,
necesariamente ha de ser también una expresión nacional. Generalizando, podría
decirse que el arte surge como el resultado de una necesidad de expresión
individual, que al concretarse será una expresión nacional, pues el individuo
fundamentalmente es producto de la nación, y culminará finalmente, en expresión
universal, ya que los problemas trascendentes del hombre son universales.
El problema del surgimiento de un arte nacional en nuestro país, determina el
verdadero alcance que debe tener para nosotros el término "nacional". Unidad
geográfica, idiomática y racial; historia común, problemas comunes y una
solución de esos problemas que sólo será factible mediante una acción conjunta,
hacen de Latinoamérica una unidad nacional perfectamente definida. La gran
Nación Latinoamericana ya ha tenido en Orozco, Rivera, Tamayo, Guayasamín,
Portinari, etc., fieles intérpretes que partiendo de las raíces mismas de su
realidad han engendrado un arte de trascendencia universal. Este fenómeno no se
ha dado en nuestro país salvo aisladas excepciones.
El arte latinoamericano, considerando las características sociales y políticas
de nuestro continente, ha de estar necesariamente imbuido de un contenido
revolucionario, que será dado por el libre juego de los elementos plásticos en
sí, prescindiendo de la anécdota desarrollada, si es que la hay. La anécdota
podrá tener una importancia capital para el artista cuando aborda una temática
que siente profundamente y en la cual encuentra inspiración; pero en última
instancia no constituye el elemento que justifica y determina la validez
intrínseca de la obra de arte, ni es de ella que emana el contenido de su
trabajo. De ahí lo absurdo de cierto tipo de pintura pretendidamente
revolucionaria que se limita a describir escenas de un revolucionarismo dudoso,
utilizando un realismo caduco y superado. No es de extrañar entonces que por su
misma inoperancia esta pintura sea tolerada, y hasta en cierto modo favorecida,
por aquellos mismos que combaten toda expresión artística auténticamente
nacional y revolucionaria.
Es imprescindible dejar de lado todo tipo de dogmatismo en materia estética;
cada cual debe crear utilizando los elementos plásticos en la forma más acorde
con su temperamento, aprovechando los últimos descubrimientos y los nuevos
caminos que se van abriendo en el panorama artístico mundial y que constituyen
el resultado de la evolución de la Humanidad, pero eso sí, utilizando estos
nuevos elementos con un sentido creativo personal y en función de un contenido
trascendente.
Todo intento de creación de un arte nacional, es consecuentemente combatido por
ciertos críticos al servicio de la prensa controlada por el capital
imperialista. Se ha apelado a todos los recursos, desde el ataque directo, en
nombre de una universalidad abstracta, hasta la rumbosa presentación de algo
que, como arte nacional, ni siquiera es arte.
Se trata en verdad de refractar en el campo de la creación artística, el
sometimiento económico y político de las mayorías, pero simultánea e
indisociablemente, sus luchas por emanciparse. Porque en la medida en que el
arte llama y despierta el inconsciente colectivo de la humanidad, pone en
movimiento las más confusas aspiraciones y deseos, exalta y sublima todas las
represiones a que se ve sometido el hombre moderno, es un poderoso e
irresistible instrumento de liberación. El arte es el libertador por excelencia
y las multitudes se reconocen en él, y su alma colectiva descarga en él sus más
profundas tensiones para recobrar por su intermedio las energías y las
esperanzas. De ahí que para nosotros el arte sea un insustituible arma de
combate, el instrumento precioso por medio del cual el artista se integra con la
sociedad y la refleja, no pasiva sino activamente, no como un espejo sino como
un modelador.
De las manos de la nueva generación de artistas latinoamericanos habrá de salir
el arte de este continente, que aún no ha realizado su unidad; quizá le esté
reservado por este arte revolucionario realizarla antes en la esfera creadora
como síntoma de la inevitable unificación política. Pues no sería la primera vez
en la historia que el arte se anticipa a los hechos económicos o políticos; y
tal vez en ello reside su grandeza. Partiendo de la realidad, la prefigura y la
renueva.
Estos objetivos se cumplirán mediante una doble acción: el arte, no puede ni
debe estar desligado de la acción política y de la difusión militante y
educadora de las obras en realización. El arte revolucionario latinoamericano
debe surgir, en síntesis, como expresión monumental y pública. El pueblo que lo
nutre deberá verlo en su vida cotidiana. De la pintura de caballete, como lujoso
vicio solitario hay que pasar resueltamente al arte de masas, es decir, al arte.
GRUPO "ESPARTACO". Abril de 1961
Fuente: www.discepolo.org.ar
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Palabras
iniciales
[Del Semanario de la CGTA, 1973]
Por Ricardo Carpani
Marzo 1968 - Marzo 1973. CGT DE LOS ARGENTINOS
A partir del golpe contrarrevolucionario de setiembre de 1955, la lucha de la
clase obrera argentina ha estado jalonada por una serie de momentos culminantes,
que determinaron cambios sustanciales en la continuidad de su accionar político.
Cada uno de ellos fue marcando, al mismo tiempo que la irreductible voluntad
popular de no aceptar pasivamente la estabilización del sistema
bugués-imperialista en crisis, el ascenso permanente de la conciencia de sus
finalidades históricas por parte de los trabajadores y, de ese modo, la
irreversibilidad de nuestro proceso de liberación nacional y social, pese a las
condiciones adversas generadas por la restauración oligárquica en el transcurso
de los últimos 18 años.
El carácter masivo del repudio peronista a la dictadura de los monopolios,
expresado en las urnas el 11 de marzo de 1973, hizo de esta fecha uno de esos
momentos; sus consecuencias pueden constituir, a partir del 25 de mayo el inicio
de un nuevo período de aceleración y profundización de aquel proceso,
incalculable en sus alcances. Pero si ese acto de repudio fue posible, y con él
la esperanza actual en que una nueva y superior etapa llegue a consolidarse, no
se debió al repentino descubrimiento, por parte de los generales de la entrega,
de una insospechada vocación de respeto a las mayorías populares ni mucho menos
a una espontánea intención de abandonar las palancas del poder que ejercen
representando al imperialismo y sus socios nativos.
En efecto, las elecciones del 11 de marzo expresan el fracaso rotundo del
régimen militar instaurado en 1966, con su política de saqueo imperialista de
las riquezas nacionales, superexplotación del trabajo y hambreamiento para los
sectores populares. Y la razón fundamental de ese fracaso está en la resistencia
activa y sin cuartel de los trabajadores argentinos a lo largo de estos últimos
años, impidiendo la imposición de una "paz social" fundada en la prepotencia de
las bayonetas, que garantizara sin sobresaltos la rentabilidad expoliadora de
las inversiones monopolistas internacionales.
Estas elecciones fueron, pues, una conquista de los trabajadores, arrancada a la
dictadura militar en la persistencia de una lucha sangrienta y sacrificada, que
forzó a ésta a buscar una salida perpetuadora del sistema en la negociación con
los sectores claudicantes y traidores del propio Movimiento Nacional. Y fue esa
persistencia de la lucha lo que permitió a la conducción estratégica del general
Perón ir desmontando una a una todas las trampas tendidas por el régimen, en
colaboración con esos sectores claudicantes, hasta enredar al continuismo en su
propio juego tramposo, hacer irreversible el proceso electoral y posibilitar la
expresión masiva del repudio popular pese al carácter fraudulento y condicionado
de dicho proceso.
La presente recopilación de algunas declaraciones y artículos es un testimonio
vivo de esa lucha de los trabajadores argentinos, escrito día a día, al calor de
la batalla, durante los últimos decisivos 5 años. En sus páginas están
presentes, explícita o implícitamente, todos los héroes y mártires que pagaron
con su vida, la tortura o la cárcel el derecho a pelear por la libertad y la
dignidad humana. Están también aquellos momentos culminantes que jalonaron esa
lucha. Es más, dichas páginas comenzaron a escribirse en uno de esos momentos:
como consecuencia del Congreso Normalizador de la CGT Amado Olmos, reunido del
28 al 30 de marzo de 1968.
Inmediatamente después de la restauración oligárquica del 55, la militancia
obrera peronista, lejos de resignarse ante la derrota momentánea, inicia una
larga lucha por la recuperación popular del poder. Masacres y fusilamientos,
tortura y prisiones, serán las respuestas sistemáticas del régimen vendepatria.
Cambiarán los hombres y los ropajes -"constitucionales" o "de facto"-, pero no
cambiarán sus métodos represivos ni la esencia reaccionaria, burguesa,
dependiente y proimperialista que lo caracterizan.
Sin embargo, la represión no será su única respuesta. Habrá también otra más
sutil y efectiva: la corrupción y el soborno, directos o indirectos, de las
direcciones sindicales. Muchos dirigentes entrarán en el juego, transformándose
en burócratas y traicionando a su clase. Para quienes permanezcan fieles a ella
y para el resto de la militancia revolucionaria peronista la lucha se planteará
en el futuro en un doble frente: contra el régimen y contra la burocracia
sindical y política del Movimiento, objetivamente aliados en la defensa de sus
bastardos intereses coincidentes.
Sobre la base de esa lucha y respondiendo a la voluntad crecientemente combativa
de los trabajadores, la tendencia revolucionaria del peronismo obrero consigue
desplazar a los burócratas traidores en el mencionado Congreso Normalizador.
Estos, con el apoyo gubernamental, desconocen el Congreso y dividen al
movimiento obrero. Nace así la CGT de los Argentinos y con ella comienzan a
escribirse a través de su periódico las páginas de esta recopilación.
Desde el "Mensaje a los Trabajadores y el Pueblo", el 1º de mayo de 1968,
pasando por la descripción de las luchas que durante todo ese año y el siguiente
encabeza la CGT de los Argentinos y que van preparando el clima de rebelión que
desemboca en el "Cordobazo" (otro momento culminante del proceso), hasta el paso
de ésta a la clandestinidad, el encarcelamiento de sus militantes, la
descripción de las luchas obreras posteriores -tomas de fábricas, insurrecciones
populares a lo largo y ancho del país, consolidación de las organizaciones
armadas, etc.-, en fin, todo lo que fue determinando el fracaso del régimen
militar, se expresa en esas páginas como persistencia inalterable de una lúcida
conciencia revolucionaria y una insobornable conducta al servicio de los
trabajadores, algunas de cuyas manifestaciones se hace necesario destacar. Y no
ya por lo que significaron en su momento como prueba de la madurez de conciencia
de la clase obrera argentina, sino, principalmente, por la significación que
adquieren ante la futura lucha que se avecina. Puede decirse que dichas
manifestaciones de los sectores revolucionarios del peronismo obrero expresados
en los últimos 5 años por la CGT de los Argentinos, prefiguran el carácter de la
lucha en la nueva etapa que se abre el 25 de mayo de 1973.
Destaco en primer término el lúcido reconocimiento de que nuestra lucha de
liberación nacional contra el imperialismo es inseparable de la lucha de clases,
ya que éste ejerce su dominio expoliador a través de sus socios subordinados: la
gran burguesía nativa y un ejército supuestamente nacional, pero, en los hechos,
mero brazo armado de esa burguesía y los monopolios internacionales.
Siendo la lucha de liberación nacional una lucha de clases, sólo a los
trabajadores unidos y organizados corresponde la dirección hegemónica del
proceso, que no podrá por lo tanto detenerse en la simple expulsión de los
monopolios imperialistas, sino que implica también el desplazar simultáneamente
del poder a todos los sectores de la burguesía nativa -esencialmente
dependiente- destruyendo el sistema capitalista e iniciando la construcción del
socialismo en nuestra Patria.
Las páginas de esta recopilación son terminantes al respecto. En ellas puede
leerse: "La clase trabajadora argentina no reprueba una forma determinada del
capitalismo, las cuestiona a todas". Y más adelante: "La clase tabajadora tiene
como misión histórica la destrucción hasta sus cimientos del sistema capitalista
de producción y distribución de bienes". Y para precisar el contenido específico
de este cuestionamiento del sistema capitalista, como así también del socialismo
que se intenta construir: "La historia del movimiento obrero, nuestra situación
concreta como clase y la situación del país nos llevan a cuestionar el
fundamento mismo de esta sociedad: la compraventa del trabajo y la propiedad
privada de los medios de producción". Está claro, entonces, que, mal que les
pese a los burócratas reformistas y a los políticos del nacionalismo burgués,
para el peronismo obrero verdaderamente nacionalista y revolucionario la lucha
de liberación nacional se identifica en un mismo proyecto histórico con la lucha
de liberación social de los trabajadores, la destrucción del sistema capitalista
y la construcción de una patria socialista.
Cabe señalar, además, el carácter eminentemente político revolucionario y, por
lo tanto, antiburocrático, que imprimió a su accionar la CGT de los Argentinos
desde sus orígenes: "El movimiento obrero no es un edificio ni cien edificios;
no es una personería ni cien personerías; no es un sello de goma ni es un
comité; no es una comisión delegada ni es un secretariado. El movimiento obrero
es la voluntad organizada del pueblo y como tal no se puede clausurar ni
intervenir".
Concretamente, la lucha sindical adquiere real sentido revolucionario tan sólo
si se la considera como un aspecto de la lucha política contra el imperialismo y
el sistema capitalista. De ese modo, toda argumentación tendiente a justificar
la inactividad política o la conciliación con el sistema en aras de preservar
una supuesta defensa sindical de los trabajadores, demuestra su verdadero
carácter reformista; mera argucia de burócratas amarillos cómodamente instalados
en dicho sistema. Frente a ella la CGT de los Argentinos afirma: "Preferimos
honra sin sindicatos que sindicatos sin honra". Así: "La lucha por mejores
condiciones de vida es inseparable de la lucha por el poder". Y esa lucha por el
poder es para el movimiento obrero el factor fundamental al cual todos los otros
deben estar subordinados.
Es de destacar también la constante desmistificación de la violencia, realizada
por la CGT de los Argentinos desde su periódico y en los hechos, como asimismo
de las consignas de unidad y organización. En el primer caso señalando a la
violencia como algo inherente a toda sociedad estratificada en clases opresoras
y clases oprimidas, distinguiendo además de la violencia represiva del régimen,
la violencia de la explotación cotidiana que el sistema impone a los
trabajadores, y contraponiendo a esa violencia reaccionaria la necesidad de
ejercer por parte de éstos todas las formas de violencia revolucionaria, como
único camino capaz de conducir a su liberación.
En el segundo caso afirmando que no puede haber unidad con los enemigos del
pueblo ni con los traidores a la clase obrera; que la única unidad posible y
deseable sólo puede darse en la lucha constante y efectiva contra el sistema;
que sólo de esa lucha puede surgir una auténtica organización revolucionaria de
la clase obrera peronista; y que esa organización no habrá de resultar de la
aplicación mecánica, hecha desde arriba, de modelos abstractos, sino de la
experiencia concreta y viva de las bases, templadas en la diaria pelea.
Retengamos todas estas manifestaciones pues insisto en que ellas constituyen
ejes esenciales en torno a los cuales girará la batalla en la próxima etapa que
se inicia el 25 de mayo.
A no ser que los sectores más gorilas de las fuerzas armadas, desesperados en su
odio de clase, intenten exitosamente impedirlo, todo hace suponer que el 25 de
mayo el peronismo accederá nuevamente al aparato del gobierno después de 18 años
de proscripción y lucha popular. Se cumplirá así uno de los objetivos de esa
larga lucha, sacrificada y sangrienta. Sin embargo, el saldo que ella dejó
trasciende ampliamente los límites de ese objetivo. La experiencia de la derrota
del 55 y la adversidad de la lucha posterior fueron templando en la militancia
obrera peronista una conciencia revolucionaria de la cual las páginas de esta
recopilación son un ejemplo. Y es precisamente esa conciencia obrera de los
fines perseguidos y de cómo llegar a ellos lo que modifica totalmente el cuadro
en el cual deberá el peronismo ejercer nuevamente el gobierno.
Está claro que ya no podrá reeditarse la misma experiencia que llevó a la
derrota del
55. Está claro que no bastará con el control del aparato gubernamental burgués,
pues ese control será siempre necesariamente condicionado y neutralizado por
todos los reaseguros para el sistema, derivados del propio carácter burgués del
aparato estatal. Está claro, entonces, que lo único que puede garantizar el
desarrollo y cumplimiento de nuestra lucha de liberación no es ya el control
-obligadamente relativizado- del gobierno, sino el poder real y efectivo de los
trabajadores organizados, como punto de arranque hacia la construcción de un
socialismo nacional de proyección latinoamericana. Ello implica necesariamente
el desmantelamiento de la vieja maquinaria gubernamental burguesa y su reemplazo
por otra, en la cual ese poder de los trabajadores y el pueblo pueda realizarse
en forma directa, pasando éstos a ser los verdaderos constructores de su propio
destino. Tal es la perspectiva de lucha que se abre en esta nueva etapa al
peronismo revolucionario y a la que podemos caracterizar como de lucha abierta y
definitiva contra todo tipo de reformismo. Revolución o reformismo, constituye
el dilema fundamental que deberán resolver los trabajadores argentinos, y de que
se imponga uno u otro depende la realización o frustración de nuestra liberación
nacional y social en el corto o mediano plazo.
Esta opción, sin embargo, no es enteramente nueva. El nacimiento mismo de la CGT
de los Argentinos está signado por ella, y las batallas contra la conciliación
de clases, el burocratismo sindical y político, el "desarrollismo" económico de
los sectores burgueses del movimiento, etc., junto con las pautas ideológicas
que señalé más arriba, así lo prueban a lo largo de toda su trayectoria.
Simplemente sucede que con el acceso del peronismo al gobierno, las
contradicciones de clase que éste lleva en su seno adquieren una dimensión
realmente nacional. Y con ello la opción entre revolución o reformismo se
transforma en la opción política fundamental en el país.
Sintetizando, las elecciones fraudulentas y condicionadas del 11 de marzo no son
una panacea ni garantizan por sí mismas una profundización del proceso de
liberación de nuestro pueblo. Pero el aplastante triunfo peronista hace que se
inserten como momento táctico de gran importancia dentro de la estrategia de
guerra revolucionaria integral por la construcción del socialismo, que impulsan
los sectores revolucionarios del peronismo.
Se abren así nuevas perspectivas de lucha que pueden permitir el paso de la
etapa de resistencia al régimen militar vendepatria a una ofensiva creciente y
definitiva contra el sistema burgués-imperialista. Pero el acceso del peronismo
al gobierno no significa todavía la derrota del sistema, ya que éste tiene sus
representantes en las propias filas y puestos directivos del Movimiento;
simplemente polariza las opciones fundamentales y clarifica la lucha. Las clases
dominantes no abandonan pacíficamente la escena política; mucho menos si detrás
de ellas se encuentran intereses de tal magnitud como son los del capital
financiero internacional capitaneado por el imperialismo yanqui.
La derrota definitiva del sistema implica, pues, la construcción de un ejército
del pueblo, el ejército peronista, capaz de oponerse y derrotar al ejército del
sistema. Implica también la organización revolucionaria de la clase obrera
peronista, como dirección natural de ese ejército y de todo el proceso. Y ello
es inalcanzable sin el desplazamiento simultáneo de los burócratas
conciliadores, sindicales y políticos, que pululan en puestos directivos del
Movimiento. La lucha por concretar este proceso se inserta en lo que el Gral.
Perón definió como "etapa de derrota y persecución del enemigo". Dicha etapa no
será aún la etapa de construcción del socialismo pero por la índole de las
tareas que deberá encarar la militancia, éste ya debe estar presente y
clarificado en ella como objetivo, e, incluso, en parcial ejecución. La
responsabilidad mayor de dicho proceso corre por cuenta del peronismo obrero
revolucionario, en la organización y movilización permanente de las bases, como
única garantía de su cumplimiento.
Los postulados y las acciones de la CGT de los Argentinos en su breve y fecunda
historia prefiguraron cualitativamente las características de la lucha futura.
La nueva etapa implicará un aumento cuantitativo y una profundización y
enriquecimiento de esos postulados y acciones. Se cumplirá así con la mayor
aspiración de los trabajadores argentinos: "CON PERÓN Y ELPUEBLO AL PODER -POR
LA CONSTRUCCIÓN DE UNA PATRIA JUSTA, LIBRE Y SOBERANA -LA PATRIA SOCIALISTA". La
ruta que conduce a ella se encuentra en la verdad fundamental de aquella
consigna que dice: "SOLO EL PUEBLO SALVARÁ AL PUEBLO".
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Un revolucionario de la
pintura argentina
“Podría decirse que el arte es
utopía pura porque uno está creando mundos. Y en esos nuevos mundos depositamos
nuestras ilusiones. Depositamos nuestras utopías en las obras que crean nuevos
mundos. Y así le damos vigencia a esas utopías, vigencia social. En ese sentido,
pienso que sí, en determinadas épocas, el último refugio que le queda a las
utopías es el de la creación artística.”
Ricardo Carpani
Nació en Tigre, Provincia de Buenos
Aires, el 11 de febrero de 1930. Su infancia y adolescencia transcurrieron en
una atmósfera mansa, sin relación directa con el arte. Cursó sus estudios
primarios y secundarios en Capital Federal, adonde se había trasladado con sus
padres a partir de 1936. Era aficionado a hacer copias a partir de su enorme
habilidad para dibujar. Luego ingresó en la facultad de derecho de la
Universidad de Buenos Aires, abandonándola poco después. Para eludir el servicio
militar obligatorio viajó a los veinte años a Europa.
En 1950 se radica en París, donde inicia también sus estudios de pintura.
Entonces detona la vocación por ella.
Ya en París, sobrevive en oficios diversos, hasta que aterriza en los ateliers
para trabajar como modelo en una academia (la Grande Chaumière). Posó desnudo y
podría conjeturarse que comenzó a imbuirse en la figura anatómica, en especial
de los músculos.
Regresa a Buenos Aires y continúa sus estudios en el taller de Emilio Pettoruti.
Expone por primera vez en 1957 junto con Juan Manuel Sánchez y Mario Mollari.
Con ellos y con los pintores Elena Diz, Pascual Di Bianco, Sessano y Bute,
fundan el Grupo Espartaco.
Con Di Bianco se separan del grupo en 1961 por diferencias conceptuales.
Realizan murales en Sindicatos, al tiempo que comienza su maduración ideológica.
Lo plantea en l964, con su visión diferente de un Martín Fierro ilustrado
(Ediciones Programa). Advierte que Fierro está apresado entre dos opciones: la
más sencilla, perpetuarse como mito, como evocación sin riesgos de un tiempo
irrecuperable y concluido. La otra es la de establecer una vinculación de Fierro
con el presente.
Carpani ve, entonces, un gaucho plantado frente a la ley de vagancia, un
peleador -en rigor, un combatiente- acosado, enorme, perdido pero invencible.
Su concepción estética se inserta en la corriente del muralismo latinoamericano
(junto a los mexicanos Siqueiros, Rivera y de Portinari, Guayasamín y
Spilimbergo entre otros) oponiéndose a la tendencia abstractizante de la época,
a las vanguardias, así como también al "realismo socialista". Su actividad
ligada a los sindicatos le permite concretar la idea de una imagen al servicio
de las luchas concretas de los trabajadores argentinos, con un sentido
latinoamericano y revolucionario.
Carpani recorre los sindicatos ofreciéndose a pintar murales -puños al viento,
gestos crispados- que son elaborados gratuitamente, sólo con el costo de los
materiales. Pero esa expresión rebelde y revolucionaria no se agota en el pincel
o la espátula. "Llegan entonces, las palabras con las que el artista explica y
se explica: Arte y Revolución en América Latina (1963) y El Arte y la Vanguardia
Obrera (l965)".
En los años de plomo, el artista se exilia en París. Confiesa que..."a veces, el
exilio es destierro", lo vive catastróficamente.
Forma parte de la Comisión Argentina de Defensa de los Derechos Humanos -también
la integra Julio Cortázar- y alza su voz para denunciar la situación que imperó
en la Argentina de ese lapso.
Se queda diez años y allí lo acribilla el tango, como autoafirmación de la
propia identidad. Fue entonces cuando Carpani recurrió a sus orígenes, la
infancia, la adolescencia, el barrio, la simbología del porteño. Y el tango fue
su cable a tierra durante su exilio.
A su etapa clásica (1952-1974) la calificó como la de la ilusión, la lucha y la
esperanza. La del exilio fue la de los fantasmas y la recuperación de la memoria
personal y de la infancia. A la tercera, a la que adscribió a su regreso, la
dibujó como la etapa de los interrogantes, utilizando un lenguaje pictórico
concreto y preciso.
Sin dudas, aquella etapa militante de Carpani, encadenada a la inmediatez de los
acontecimientos y con fuerte carga militante, fue la que fijó su imagen... "No
es menos cierto que el artista lega una obra tan amplia, como amplia es la
subjetividad humana".
Incluye los temas universales: La mujer, el amor, la muerte, las lejanías, la
niñez extraviada, las fracturas, algunas de ellas abordadas con formidable rigor
y nitidez. Su producción está indisolublemente ligada a la época que les dio
entidad. Sus obras contienen una ética militante desde una estética original.
"Prefiero un arte viejo que participe activamente en la creación de un hombre
nuevo, antes que un arte nuevo que no modifica la situación del hombre viejo."
Habla de un tiempo en que las fábricas producían las 24 horas, los obreros
peleaban por mejoras y por un cambio profundo en la sociedad. Esta aspiración,
resuelta mediante imágenes de gran potencia, es el rasgo característico y
perdurable del grupo Espartaco.
Algunas obras emblemáticas:
"Política" que editara por entonces Jorge Abelardo Ramos-, y que pronunciara
conferencias en Buenos Aires y en el interior del país.
"Desocupados" (1964) los trazos aparecen más estilizados y la preocupación en
los rostros se concentra en los ojos que serán, más adelante, el eje de varias
composiciones.
Realizó también numerosos murales en locales sindicales, a la vez que en los
temas pasionales, como Amantes (1964), las enérgicas imágenes van adquiriendo
tonos cálidos.
En 1966 y 1969 viajó a Europa donde participó de muestras colectivas. En 1972
viajó al Chile Socialista de Salvador Allende y a Cuba, para sendos encuentros
de artistas plásticos y en 1974 nuevamente a Europa, de donde ya "supone", no
puede regresar.
En Argentina, se derechiza el tercer gobierno peronista, por lo que debió
comenzar un largo exilio de 10 años. Durante éste, Carpani "barroquiza" sus
producciones: se sobrecargan los dibujos, donde es notable una minuciosa
precisión en las contexturas corporales y en las articulaciones de las manos y
dedos, al tiempo que incorpora caballos en las obras (Hombre con caballo, 1976).
En 1984 lo tuvo de regreso en el país, abriendo una nueva etapa de su vida
artística.
Las 40 (1985), de la Serie Tango, expresa la potencialidad alcanzada en los
gestos y en la temática porteña, que desarrollará ampliamente en los '90 a
través de las composiciones que analizo más arriba, y también en la Serie Tango
Pasión.
Regresa a Buenos Aires en 1984.
Invitado en 1994 al Premio TRABUCCO.
Se realiza la escenografía del show musical "Tango Pasión", que actualmente
recorre Europa en base a imágenes suyas.
Se publican sus libros: "Carpani", con textos de Rafael Squirru y de Manuel
Vicent; y "Carpani: Gráfica política", con textos de Ernesto Laclau y Luis
Felipe Noé.
Realizó numerosos murales en ciudades del interior, en el Aeropuerto de Viedma y
para la Casa Rosada (Casa de Gobierno).
Ricardo Carpani fue declarado "Ciudadano ilustre de la Ciudad de Buenos" Aires
en 1996.
Murió en ella al año siguiente.
La Fundación "Ricardo Carpani", dirigida por su compañera Doris Halpin, continúa
dando a conocer la obra y el pensamiento de este gran artista argentino.
[Imagen: Ricardo Carpani frente al mural del Cordobazo]
Fuente: /www1.hcdn.gov.ar/proyxml/expediente.asp?fundamentos=si&numexp=1586-D-2006
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Fragmentos
de entrevista realizada por Marcelo Luna a Doris Halpin, esposa de Ricardo
Carpani
Acceder a la profundidad y la riqueza de Ricardo Carpani es una tarea monumental
y descubridora. La temática obrera de los murales, las series de "Los
desocupados", "Los amantes", el "Martín Fierro" y los "Porteños en la jungla"
integran la profusa producción de este artista argentino en la plástica y
también el ensayo artístico. Todo parece colarse por los pasillos y paredes del
departamento de su compañera Doris Halpin, quien lo acompañó hasta su
fallecimiento en 1997. Digo mal: lo acompaña, porque Carpani sigue existiendo a
través de Doris. Ella ha tomado manos a la obra: dirige la Fundación Ricardo
Carpani y ha conseguido de un banco algo trabajoso: una cuenta para realizar
aportes modestos a la entidad y "alimentarse de pequeños fondos para que sea
realmente de origen popular"; también está compilando los textos del artista
para editar "Conversaciones con Ricardo Carpani", junto al registro audiovisual
para un vídeo. Hay intensidad en la mirada de esta mujer de pelo blanco, de
agudos ojos azules y voz pausada. No ha querido hablar de ella como artista;
tampoco accedió a fotografiarse por su delicada sencillez. Nos regaló su palabra
que perfila a Carpani haciendo del arte y la vida una sola cosa.
¿Y cómo surge un cuadro? ¿Cómo es el momento singular de la creación?
- Sabés que yo tengo una sensación totalmente a flor de piel (no sé si es real o
no, no la he tratado de profundizar con gente que podría ayudarme), pero para mí
el acto de creación de cualquier manifestación artística tiene algo de locura.
Creo que hay algo del desborde de la locura en el arte cuando es genuino.
Y de la creación surge, también, el momento de la corrección, verdad?
Carpani decía que cuando se termina un trabajo, uno ya sabía cómo hacerlo mejor.
Estando satisfecho o no con un trabajo terminado es necesario guardar una
distancia con respecto a la propia obra, porque después, con el tiempo, cuando
se vuelven a observar las producciones de uno, a veces se encuentra que aquello
que no satisfizo en su momento era más importante de lo que uno pensaba. O tenía
más sentido de lo que uno creía. En otras palabras, es difícil pronunciarse con
respecto al producto terminado cuando es el resultado de una creación. Porque
uno gobierna parte de ese proceso, pero no todo. Cuando a Ricardo le preguntaban
por qué las manos, amén por ser un elemento expresivo, es muy difícil para un
artista genuino explicar en palabras lo que las formas y los contenidos de éstas
expresan. Porque la obra no es sólo una expresión del artista, sino también una
interpretación del que lo mira. Entonces está sujeto a una infinidad de
subjetividades, y va a depender de cada mirada el contenido real, final y
concreto dado a esa obra, y del momento en que se la realiza. "Hay una parte que
controlo", decía Ricardo. Añadía, si le preguntaban qué quería representar: "la
dignidad del hombre en esa tensión entre su conocimiento amargo de la realidad,
y su necesidad de transformarla y humanizarla". Y la obra de Carpani ha sido
pintar esa dignidad. No trató de pintar los lados «oscuros» de la realidad:
nunca pintó la tortura, ni al aldeano pobre y subsumido. Siempre pintó al hombre
que está dispuesto a combatir, al hombre en lucha.
Un lenguaje personal de vanguardia
Doris se maneja segura entre la pila de libros y hojas que nos separan mientras
registramos la charla. Cuando lo necesita estira una mano y encuentra libros que
muestra y hojea para completar mejor sus afirmaciones. Contra una pared hay
apilados otros tantos, cuyos títulos se pierden a lo largo de la sala. A un lado
de donde estoy alcanzo a leer algunos lomos: "Evita, la tumba sin paz", otro con
el título "Carpani", "Una sociedad colonial avanzada" de Luis Felipe Noé, y "El
Príncipe" de Nicolás Maquiavelo. Hacia adentro, en el living, hay un sillón que
está frente a un televisor, rodeado de estatuas del artista.
¿Estima que recibió un reconocimiento la trayectoria de Ricardo Carpani?
¿Por parte de quién? Desde el establishment fue muy poco reconocida. Carpani es
uno de los pocos pintores argentinos que tiene un lenguaje particular, personal,
muy diferente y muy «nuestro», sin ser «nacionalista» claro está. Gutiérrez
Zaldívar siempre decía que era un caso único en la pintura argentina porque no
se parecía más que a sí mismo; y, además, profundamente porteño. Para él era
importante el tema de la identidad. Por otra parte, en el manifiesto de
"Espartaco" argumentaban que el muralismo era una forma de arte social, que está
a la vista y al alcance de todos. La pintura de caballete, que es una obra que
normalmente en posesión de alguien, que la tiene guardada en un ámbito cerrado,
ya no cumple la misma función. Desde el punto de atención por la población en
general, fue considerado muy importante, a tal punto que los trabajadores se
consideraban expresados por él, así como en los sectores estudiantiles y
universitarios.
Fuente: La Tecl@ Eñe. Revista Digital |
http://www.icarodigital.com.ar/numero11/entrevistas/dorishalpin.htm
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Carpani:
Ahora se anima a dibujarlo
Revista Primera Plana, 2 de mayo de 1972
El dibujo mostraba el perfil de Eva Perón. A un costado, también en primer
plano, una lanza tacuara y un fusil moderno. Al pie de la lámina, abarcando casi
el infinito, masas obreras, clase trabajadora.
La asociación simbólica de Ricardo Carpani, autor del afiche, había sido
lograda. Un joven peronista, después de observarlo le preguntó: "¿No piensa,
Carpani, que a su dibujo le falla el perfil de Perón?". La verdad -reconoció el
artista-, todavía no me animo a dibujarlo.
La respuesta es una prueba de la incapacidad que hay aún en artistas que militan
en la corriente nacional, para interpretar la figura de Perón. Pero, en este
caso, ello no es un inconveniente. A pesar de aquellas tribulaciones ("cada vez
menores", afirman allegados a Carpani), la producción de este muralista,
dibujante y escultor de cuarenta y dos años es asumida como propia por el
Movimiento.
Desde hace años, Carpani desarrolla una comprometida actividad
artístico-política al lado de lo que él llama "peronismo revolucionario". De ahí
que sea igualmente conocido como artista y como militante. Convencido hace ya
mucho tiempo de que existe una relación indisoluble entre lo ético y lo estético
-entre la forma y el contenido-. Carpani expresa en todas sus obras la realidad
de un pueblo sometido, "Los que conciben la actividad artística como algo más o
menos desligado de otras esferas sociales, como elaboración autosuficiente de
formas «puras», incontaminadas y abstractas -afirma el dibujante-, están lejos
de atribuir al arte un rol a cumplir ante la concreta y brutal opresión de la
clase trabajadora y su correlato, la dependencia económica y política de su
país. Es decir, frente al problema de la liberación nacional y social."
Su estilo es casi prepotente: brazos de trabajadores musculosos, agresividad
contenida, rostros enérgicos madurados al sol y al sufrimiento.
Fundador del Grupo Espartaco, sus tareas artísticas tienen, desde 1961, estrecha
vinculación con las luchas obreras. Colaboró en la CGT del primer Alonso, "en la
medida en que adoptaba posturas de lucha", y fundó, en 1964, la revista
Programa, con Alberto Belloni y Rubén Bornik. Un año después enfrentó al Martín
Fierro Eudeba-Castagnino, una edición por él ilustrada al precio popular de 350
nacionales. "Había que mostrar algo que el sistema ocultó sistemáticamente en la
obra de Hernández: el gaucho perseguido por el aparato político." Para eso
estaban sus dibujos.
A DESMITIFICAR
En noviembre pasado, Carpani viajó a Europa, como representante
personal de Raimundo Ongaro. La misión: hacer conocer, en nombre del dirigente
gráfico, "la situación de la lucha revolucionaria en la Argentina y ofrecer,
además, un panorama real sobre el alcance que tienen en el país la represión y
la tortura".
Cinco meses duró su estadía en el continente, durante los cuales recorrió París.
Estocolmo, Bruselas, Londres, Roma, Milán, Argelia y finalmente Madrid y Puerta
de Hierro, para visitar a Perón. Hizo contactos a nivel sindical, político,
periodístico y artístico. Entabló conversaciones con organizaciones políticas y
de lucha en favor del Tercer Mundo, dio conferencias en Essex. Oxford, invitado
por el Centro de Estudios Latinoamericanos, y, como broche final del periplo,
mantuvo una larga charla con Perón. Como recuerdo de su paso por la Quinta 17 de
Octubre, Carpani obsequió al líder un dibujo que muestra a un trabajador
recogiendo, con ambas manos, un fusil caído. La dedicatoria dice: Al general
Perón, con todo afecto, en mi nombre y en el de muchos otros compañeros que
luchan por la liberación de nuestra patria.
A su regreso, el artista dialogó con PRIMERA PLANA.
P.P.: ¿Qué resultados obtuvo en su viaje a Europa? ¿Encontró trabas para
concretar la misión que le encomendó Ongaro?
RC: Los resultados fueron, sin duda, positivos, pero tropecé con inconvenientes.
El más importante es el desconocimiento, notable y generalizado, que tienen los
europeos de la realidad argentina. El régimen que gobierna nuestro país ha dado
una imagen distorsionada, "democrática", y allá todos creen que aquí rige la
"mano blanda". Toda la propaganda oficial tiende a fomentar, en el exterior, las
diferencias entre nuestro Gobierno y el brasileño. Y a eso colaboran los
sectores de izquierda tradicional. Es así que en el Viejo Mundo "el gran acuerdo
nacional" aparece como una posibilidad concreta. Esa es la imagen que tienen de
nosotros en Europa, digitada por el Gobierno de Lanusse y la izquierda
antinacional y cipaya.
P.P.: ¿Qué opinión recogió en Europa de las explosiones populares, de la muerte
de Sallustro y Sánchez . . .?
RC.: La presión de las bases, la actividad de sus cuadros más esclarecidos y
honestos, sólo se conoce allá a nivel informativo, cuando aparecen hechos como
el Cuyanazo. Pero todo eso es excluido sistemáticamente de los análisis
periodísticos de fondo. De ahí que subsista, parece mentira, una imagen
distorsionada del papel del peronismo en el país.
P.P..: ¿Se insiste en acusar a Perón de fascista?
R.C.: Esa predisposición es fácil de encontrar. Inclusive en círculos
intelectuales y sindicales hay notorias inclinaciones a confundir peronismo con
fascismo. Por momentos, debo confesar que la tarea de desmitificar al peronismo
resultó agobiadora. Costaba un verdadero triunfo explicar que entre el fascismo
y el peronismo no existe relación posible.
SOCIALISMO NACIONAL
P.P.: ¿Cómo explicó a los europeos las relaciones políticas
y sociales que en la Argentina produjeron el llamado "gran acuerdo nacional" por
parte del Gobierno?
R.C.: Dije que, en el plano político, el "gran acuerdo" no era más que la
expresión política del fracaso del Ejército, que quiso imponer una "paz social"
fundada en el filo de las bayonetas, para facilitar el ingreso masivo de
capitales extranjeros. Y que esa "paz social" era una ficción, pues el régimen
se hallaba trabado en contradicciones internas sólo posibles de solucionar a
través de un cambio profundo de estructuras, que este régimen no llevaría a
cabo, pues tocaba su misma base de sustentación: la propiedad privada sobre los
medios de producción y la riqueza social. Concretamente, dije que en el país no
había salida independiente del imperialismo sin la instauración de un socialismo
nacional, latinoamericano y revolucionario.
P.P.: ¿Cómo explicó usted el socialismo nacional? ¿Cuál es el contenido concreto
que usted le da?
R.C.: A mi entender, el socialismo nacional -resultado necesario del
nacionalismo revolucionario, que el peronismo revolucionario expresa en estos
momentos- se manifiesta en sus líneas más generales a través de la abolición de
la propiedad privada sobre los medios de producción y distribución de la riqueza
social; socialización de dichos medios y riquezas mediante el control obrero de
la producción, en el marco de una economía planificada y estimulada por la más
amplia democracia obrera. Todo esto implica rescatar, efectivamente y
concretamente, la nación para y por quienes históricamente la crearon y
permanentemente la recrean: la clase trabajadora.
P.P.: Su entrevista con Perón, ¿tuvo algún carácter específico?
R.C.: Hacía mucho tiempo que tenía ganas de conocer al jefe del movimiento
nacional de masas argentino. Aprovechando mi paso por Madrid, le pedí una
entrevista. Aproveché para informarlo de mi misión desmitificadora en el
Continente.
P.P.: ¿Qué temas trató con el ex Presidente?
R.C: Estuve con el general unas dos horas y media. Perón hizo una extensa
exposición de su gestión gubernamental y un análisis integral histórico y
geopolítico de la situación argentina actual y sus relaciones con la situación
política mundial. Un aspecto sumamente interesante de su exposición fue el
contenido latinoamericano bajo el cual enfocó la solución de los problemas
sociales y políticos argentinos. Luego describió los alcances de su política del
Frente Cívico de Liberación Nacional. . .
P.P.: ¿Qué piensa Perón del FCLN?
R.C.: Según interpreté, por lo que dijo el general, los alcances del FCLN son
eminentemente tácticos y tienden a agudizar las contradicciones del régimen y
privar a la camarilla militar, como dice Perón, de una base de sustentación
política, que le permita su subsistencia, directa o indirecta, como factor de
poder. Deduzco que es arbitrario atribuirle al Frente un contenido estratégico
general. Eso sería un abuso y sería, al mismo tiempo, limitar de antemano el
accionar y los fines políticos del movimiento. Tan es así, que el propio Perón
dijo, delante mío, que cabe la posibilidad de una guerra total y abierta contra
el régimen, que culminaría en lo que él llama el "argentinazo". Ello en el caso
de que la camarilla militar no entregue el poder total al pueblo, como lo viene
publicitando, y tergiversara el proceso de institucionalización,
instrumentándolo a su favor.
P.P.: ¿Fijó plazos Perón?
R.C: Sí, y esos plazos y esas fechas precisas no van más allá de 1972.
PERÓN Y LA GUERRILLA
P.P.: ¿Se refirió el ex Presidente en algún momento a las
organizaciones armadas y su función dentro del peronismo?
R.C: El general Perón recalcó bien que las organizaciones armadas peronistas
cuentan con una autonomía absoluta y total respecto de la conducción del
movimiento. Según explicó, esa autonomía se deriva del carácter específico del
accionar de las OAP, que no permite ningún tipo de verticalismo. El planteo es
militar, y obviamente, obedece a razones militares. Recuerdo que Perón destacó
que las formaciones especiales deben actuar con absoluta independencia de las
negociaciones tácticas que en el terreno político pueda llevar a cabo la
dirección del movimiento. Dijo que, al margen de esas negociaciones, es deber de
las organizaciones armadas continuar su acción.
P.P.: ¿Esa independencia de acción, lo es incluso del propio Perón?
R.C: Sí, por lo menos es lo que yo interpreté. Claro que eso no significa un
aislamiento anárquico de las formaciones especiales. Ellas están incrustadas en
el movimiento a través de su engarce dialéctico con la estrategia general del
peronismo.
P.P.: ¿Precisó Perón los objetivos estratégicos del movimiento que lidera?
R.C.: El general hizo especial hincapié en lo que él llama "trasvasamiento
generacional'". Insistió en que los contenidos revolucionarios del movimiento
serán dados por la juventud. Pero aclaremos esto: Perón entiende por juventud no
sólo un fenómeno biológico sino también ideológico. Para el general, la juventud
se expresa en la capacidad de reactualización doctrinaria, en la combatividad y
en la militancia.
Primera Plana, 2/V/72 | Fuente: www.magicasruinas.com.ar
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Identificó
el arte con la revolución
Nota de Jiorge Gottling
publicada en Clarín el 10/09/97 con motivo de la muerte del artista
Murió el pintor Ricardo Carpani
Masas obreras en pie de lucha son el elemento protagónico de su obra más
conocida.
Representó el arte propagandístico de los años 60 y 70.
En su exilio en París, el tango y el barrio fueron sus temas.
Por Jorge Gottling
Estaba genéticamente diagramado para pintor y no pudo evitarlo, pero sí
postergarlo. Ricardo Carpani -que murió ayer- se definía como un plástico
tardío: no tuvo academia y su marco de referencia fue un abuelo que pintaba sólo
en domingo. Nació en el Tigre, en 1930, y su infancia y adolescencia
transcurrieron en una atmósfera mansa, sin relación directa con el arte. A
contrapelo de su destino, Carpani frecuentó con poco entusiasmo la vieja
Facultad de Derecho de la que egresó por aburrimiento. Tras la muerte de su
padre, parte a la aventura europea, con más proyectos que dinero. En París,
sobrevive a lo inmigrante, en oficios diversos, hasta que aterriza en los
atelieres del otro lado del ojo y del pincel, para trabajar como modelo.
Entonces detona la vocación. A su regreso a Buenos Aires, en el 52, ingresa al
taller de Emilio Pettoruti, al tiempo que comienza su maduración ideológica.
Carpani funda el movimiento Espartaco -con Bute, Sessano y otros- del que se
aparta por diferencias conceptuales. La militancia, una constante en su historia
y en su obra, puede presentirse bastante antes de lo que podía denominarse como
su etapa de grafía política. Masas obreras en pie de lucha son los elementos
protagónicos de la obra de aquellos años. Propietario de una nueva perspectiva
plástica, Ricardo Carpani se distingue por su óptica más abarcativa. Identifica
pintura y revolución, entendiendo que ése es el lugar que le corresponde al
arte. Desde entonces, en todas sus etapas, su obra fue militante y comprometida.
Lo plantea antes, en l964, con su visión diferente de un Martín Fierro ilustrado
(Ediciones Programa). Advierte que Fierro está apresado entre dos opciones: la
más sencilla, perpetuarse como mito, como evocación sin riesgos de un tiempo
irrecuperable y concluido. La otra es la de establecer una vinculación de Fierro
con el presente. Carpani ve, entonces, un gaucho plantado frente a la ley de
vagancia, un peleador -en rigor, un combatiente- acosado, enorme, perdido pero
invencible. Accede, casi por fatalidad, a su etapa afichista. Carpani recorre
los sindicatos ofreciéndose a pintar murales -puños al viento, gestos crispados-
que son elaborados gratuitamente, sólo con el costo de los materiales. Pero esa
expresión rebelde y revolucionaria no se agota, en Carpani, con el cincel o la
espátula: llegan, entonces, las palabras con las que el artista explica y se
explica: Arte y Revolución en América Latina (1963) y El Arte y la Vanguardia
Obrera (l965). En los años de plomo, el artista se exilia en París. Confiesa
que, a veces, el exilio es destierro, lo vive catastróficamente. Forma parte de
la Comisión Argentina de Defensa de los Derechos Humanos -también la integra
Julio Cortázar- y alza su voz para denunciar la situación que imperó en la
Argentina de ese lapso. Se queda diez años y allí lo acribilla el tango, como
autoafirmación de la propia identidad. Fue entonces cuando Carpani recurrió a
sus orígenes, la infancia, la adolescencia, el barrio, la simbología del
porteño. Y el tango fue su escalera de incendio. A su etapa clásica (1952-1974)
la calificó como la de la ilusión, la lucha y la esperanza. La del exilio fue la
de los fantasmas y la recuperación de la memoria personal y de la infancia. A la
tercera, a la que adscribió a su regreso, la dibujó como la etapa de los
interrogantes, utilizando un lenguaje pictórico concreto y preciso. Sin dudas,
aquella etapa militante de Carpani, encadenada a la inmediatez de los
acontecimientos y con fuerte carga militante, fue la que fijó su imagen. No es
menos cierto que el artista lega una obra tan amplia como amplia es la
subjetividad humana. Incluye los temas universales, la mujer, el amor, la
muerte, las lejanías, la niñez extraviada, las fracturas, algunas de ellas
abordadas con formidable rigor y nitidez, en esa última etapa tanguística, acaso
porque respondieron al tiempo interior de Carpani.
Fuente: Clarín | http://www.clarin.com/diario/1997/09/10/e-04701d.htm
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