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Ricardo Caprani y el Grupo Espartaco  |  Manifiesto del Grrupo Espartaco  |  Palabras iniciales, por Ricardo Carpani  |  Un revolucionario de la pintura argentina
Fragmentos de entrevista realizada por Marcelo Luna a Doris Halpin  | Ahora se anima a dibujarlo  |  Identificó el arte con la revolución


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Ricardo Carpani - Arte y revolución en América Latina


Ricardo Carpani y el grupo Espartaco

Ricardo Carpani nació el 11 de febrero de 1930 en la localidad de Tigre, provincia de Buenos Aires, pasó su infancia en Capilla del Señor hasta que en 1936 su familia se mudó a la ciudad de Buenos Aires, cursó sus estudios secundarios en el Colegio Rivadavia.
Comenzó los estudios de abogado pero los abandonó cuando en 1951 decidió radicarse en París, en la ciudad francesa comenzó a interesarse seriamente en la pintura, tomando cursos que luego continuó en Buenos Aires.
Vivió dos años en la capital francesa, a su regreso dedicó un tiempo a viajar por Chile y el interior de nuestro país. Una vez asentado en Buenos Aires retomó los estudios de pintura, esta vez con el maestro Emilio Pettoruti.
Expuso por primera vez en 1957 junto a Juan Manuel Sanchez (1930) y Mario Mollari (1930).
Su compromiso con la causa de los trabajadores lo expresó en obras como “Huelga” de 1958, en tanto que en 1961 realizó un mural para el sindicato de la Alimentación al que tituló: “Trabajo. Solidaridad. Lucha".
Carpani expuso sus obras en varios países: México(1960), Roma(1960), Londres (1961), Rìo de Janeiro(1961), Estocolmo(1962).

El grupo Espartaco

En 1959 conformó el Grupo Espartaco junto a Sanchez y Mollari, a los que se les sumaron Juana Elena Diz (1925), Raul Lara Torrez(1940) joven pintor de nacionalidad boliviana, Pascual Di Bianco (1930-1978), Carlos Sessano (1935), Esperilio Bute(1931-2003) y Franco Venturi, nacido en 1937 y desaparecido en 1976.

En 1961 Carpani y Di Bianco abandonan el grupo, el cuál se disolvió en 1968 con una exposición que fue su última actividad.
El grupo Espartaco planteó la necesidad de un arte con raíces en el país y atento a las necesidades y lucha del pueblo trabajador.
Su filiación política puede inscribirse en la llamada izquierda nacional que durante un largo período lideró Jorge Abelardo Ramos.
El grupo también fue expresión de la nacionalización de una porción de las clases medias que hasta 1955 había sido masivamente contraria al Movimiento Nacional, luego del golpe de estado autodenominado “Revolución Libertadora”, importantes sectores de la clase media detectaron las mentiras de la oligarquía liberal y su falsa democracia que condenaba a la mayoría del pueblo, particularmente a los más humildes, a una difícil situación económico-social y que además no les permitía expresarse políticamente, por la proscripción de movimiento mayoritario.

 
Caras y Caretas TV, El taller: Carpani

Señalaba el documento inicial del Grupo Espartaco: “Es evidente que en nuestro país, a excepción de algunos valores aislados, no ha surgido hasta el momento una expresión plástica trascendente, definitoria de nuestra personalidad como pueblo. Los artistas no podemos permanecer indiferentes ante este hecho, y se nos presenta con carácter imperativo la necesidad de llevar adelante un profundo estudio del origen de esta frustración.”

Ponía en duda los prestigios otorgados por interesadas críticas que monopolizaban supuestas elites que vivían al margen de las realidades cotidianas de un pueblo alejado a la fuerza de los temas políticos: “Si analizamos la obra de la mayor parte de los pintores argentinos, especialmente de aquellos que la crítica ha llevado a un primer plano, observaremos como característica común el total divorcio con nuestro medio, el plagio sistematizado, la repetición constante de viejas y nuevas fórmulas, que si en su versión original constituyeron auténticos hallazgos artísticos, al ser copiados sin un sentido creativo se convierten en huecos balbuceos de impotentes.”

“Las causas determinantes de esta situación están en la base misma de nuestra vida económica y política, de la cual la cultura es su resultado y complemento. Una economía enajenada al capital imperialista extranjero no puede originar otra cosa que el coloniaje cultural y artístico que padecemos. La oligarquía, agente y aliada del imperialismo, controla directa o indirectamente los principales resortes de nuestra cultura, y, a través de ellos, enaltece o sume en el olvido a los artistas seleccionando únicamente a aquellos que la sirven.”

El Grupo Espartaco hacía su aparición anunciando el fin del artista inmune a la realidad, preocupado con exclusividad por una estética vacía. De alguna manera tomaba la tradición del Grupo Boedo haciendo su opción por los trabajadores, pero a su vez introduciendo como tema central la cuestión nacional y ponía en el tapete el accionar del imperialismo en América Latina.

También incursionaba en un tema crucial por la que atraviesa cualquier artista con deseos de hacerse conocido: o limita su actividad creadora al gusto de las minorías pudientes que son quienes tienen los medios para adquirir las obras, o hace caso omiso a las modas y deja fluir toda su creatividad, aún a riesgo de no llegar al gran público.

“El resultado de todo esto es que el artista no tiene otro camino para triunfar que el de la renuncia a la libertad creadora, acomodando su producción a los gustos y exigencias de aquella clase, lo que implica su divorcio de las mayorías populares que constituyen el elemento fundamental de nuestra realidad nacional. Es así como, al dar la espalda a las necesidades y luchas del hombre latinoamericano, vacía de contenido su obra, castrándola de toda significación, pues ya no tiene nada trascendente que decir. Se limita entonces a un mero juego con los elementos plásticos, virtuosismo inexpresivo, en algunos casos de excelente técnica, pero de ninguna manera arte, ya que éste sólo es posible cuando se produce una total identificación del artista con la realidad de su medio.”

 
Persistencia de la utopía, de Watta Fernández

Otra característica de gran importancia del Grupo fue el haber hecho propia la concepción Latinoamericana de Nación.
“El problema del surgimiento de un arte nacional en nuestro país, determina el verdadero alcance que debe tener para nosotros el término nacional. Unidad geográfica, idiomática y racial; historia común, problemas comunes y una solución de esos problemas que sólo será factible mediante una acción conjunta, hacen de Latinoamérica una unidad nacional perfectamente definida.”

El Grupo Espartaco estuvo influenciado por los muralista mexicanos Orozco, Rivera y Tamayo, como así también por el ecuatoriano Guayasamín y el brasilero Portinari, pero adquirieron una personalidad propia, necesidad imprescindible de todo creador, como lo expresaron claramente en su documento inicial.
Cada uno de estos artistas manifestó en sus obras su compromiso social con los desposeídos, Sanchez mostraba es sus óleos un fondo de fábricas o su obra “Marines 65” con calaveras y un fondo de la bandera norteamericana, en Juana Elena Diz se visualiza la situación de la mujer con claros rasgos aindiados, Mario Mollari con sus cañeros o las mujeres del norte en sus tareas con amplios sombreros. O los hombres de brazos enormes y potentes, con expresiones duras.
El sufrimientos en las figuras de Carlos Sessano con sus brazos hacia el cielo como implorando por justicia.

Franco Venturi, estuvo detenido en 1972 en el penal de Rawson y se salvó de la Masacre de Trelew, pero desapareció el 20 de febrero de 1976, había nacido en Italia en 1937 y llegado a la Argentina en 1950, su obra de 1969 “En defensa de nuestra forma de vida” sintetiza los métodos violentos utilizados en la Argentina para silenciar a los movimientos populares.

El arte y la revolución en América Latina

En 1961 Ricardo Carpani desarrolló sus ideas ya expresadas en el manifiesto del Grupo Espartaco en un libro que tituló “Arte y Revolución en América Latina” editado por la Editorial Coyoacán donde se publicaban las obras de la izquierda nacional.

En este libro expresa su visión sobre el papel de un artista en un país semicolonial:
“El divorcio entre artista y sociedad, inherente a todo período histórico de transición y producto de la carencia de una base valorativa común, se ve agravado en nuestra época por el peculiar desarrollo del capitalismo. Éste, con su concepción individualista de los problemas del hombre y la exaltación de los valores de utilidad, ha tendido, desde su nacimiento mismo, a separar cada vez más al artista de la sociedad. La obra de arte dejó de ser un bien social para transformarse en mercancía. Perdió su carácter monumental y colectivo, dejando de estar en contacto directo con la comunidad, para pasar a ser el lujo de unos pocos.”
El rol de un artista en un país dependiente distaba de ser fácil, donde triunfar, es decir ser aceptado por el establishment cultural, implicaba renunciar a ideales y principios, esto era anunciado por Carpani con claridad: “El resultado de todo es que el artista triunfa en la medida en que, renunciando a su plena libertad creadora, acomodo su producción a los gustos y exigencias de aquella clase. Se divorcia así de las mayorías populares que constituyen el elemento fundamental de nuestra realidad. Con el pretexto de la universalidad del arte reniega de lo nacional, sin darse cuenta de que en última instancia, el arte que copia -el europeo- es un arte profundamente nacional.”

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Para luego adentrarse a explicar en detalles este mecanismo para domesticar al artista: “Esta renuncia a la libertad creadora no siempre la realiza el artista de una manera consciente. Es el resultado de un proceso que actúa sobre él, a través de múltiples presiones, encauzándolo sin que se de cuenta. Así, por ejemplo, el joven pintor desconocedor de las fuerzas que gravitan en la sociedad, de los intereses que respaldan a dichas fuerzas y de los fines que ellas persiguen, se ve sometido a su acción deformante desde el momento mismo que ingresa a las academias del Estado o al taller de algún prestigioso figurón. Esta acción deformante continúa soportándola luego en los Salones Oficiales, mediante la parcialidad de los jurados, o cuando desea conseguir salas para exponer y debe someterse al criterio del marchand, que lógicamente exige lo más vendible y menos comprometedor ante su clientela. Posteriormente le toca el turno a la crítica, esa suprema hacedora de prestigios, venal las más de las veces, aunque sería injusto pretender de ella otra cosa en una sociedad desgarrada por la lucha de clases, dada su dependencia a uno de los términos de esa lucha. Y finalmente están los salones en el extranjero, las becas y otras formas de estímulo al artista, que, en manos de los agentes oligárquico imperialistas, se convierten en otras tantas formas de corrupción.”

Carpani introduce un concepto que no contará con la adhesión de muchos artistas despreocupados por la situación social y de aquella crítica a medida de la sociedad dependiente, nos referimos al concepto de arte nacional y la necesidad que la obra del artista muestre la realidad que lo rodea:

“No todos los pueblos poseen el mismo grado de desarrollo histórico, ni desenvuelven su actividad en un medio geográfico similar, ni son producto de una misma amalgama de razas, ni hablan y piensan en el mismo idioma, ni rinden culto a una tradición y cultura idénticas. Cada uno de ellos tiene, en relación con estos factores, características propias, determinantes de la nacionalidad. Y estas características nacionales no pueden menos que estar presentes en las manifestaciones artísticas, siendo como es el arte un producto social. Podemos afirmar entonces que el arte, por el hecho de ser una expresión social, necesariamente ha de ser también una expresión nacional.”

Pero la idea que tenía Carpani de lo Nacional incluía toda América Latina, no sólo por el origen, la lengua y una tradición común; esas características nos convertían en un pueblo al que los intereses imperiales llevaron a la separación, en tanto que la lucha de los trabajadores y de los artistas comprometidos con su pueblo debía retomar las banderas de Bolivar, San Martín y Artigas, entre otros.

“Es indispensable que fijemos con precisión los verdaderos alcances que tiene para nosotros el término «nacional». América Latina constituye una unidad nacional con características bien definidas. En efecto, a factores permanentes y determinantes por sí mismos de una nacionalidad -como son el hecho de poseer un territorio ininterrumpido en el que prácticamente se habla el mismo idioma (ya que el portugués y el español no ofrecen diferencias esenciales), poblado por razas afines y con un pasado histórico y cultural común- se unen otros factores de carácter actual, que imponen la necesidad de la unificación política de América Latina. Las distintas regiones o países latinoamericanos poseen problemas económicos, sociales y políticos análogos. Esta analogía está determinada por su sometimiento a un explotador común: el imperialismo.

Y la liberación del yugo imperialista sólo será factible mediante una acción conjunta y unificada que permita contrarrestar en forma efectiva el poderío del opresor. Es por eso que nosotros, cada vez que hablemos de lo nacional, se entiende que lo hacemos en escala latinoamericana.”
Será el accionar del imperialismo el que Carpani denunciará con claridad, y la función que cumple el arte en los países centrales que lejos de ser inocuos para nuestra cultura también forman parte de plan delineado por los poderes centrales:

“Ahora bien, si es cierto que la difusión dada a su producción cultural por las países imperialistas fue altamente beneficiosa para el desarrollo de las artes en el resto del mundo, no es menos cierto que esta acción benéfica se vio contrarrestada cuando convirtieron la cultura en un arma más de vasallaje y opresión colonial. En efecto, junto con sus manufacturas exportaran su literatura y su arte, pero no para enriquecer las culturas nacionales ya existentes en las regiones colonizadas, sino para destruirlas o neutralizarlas, contando en esto con la obsecuencia de las oligarquías nativas.”

Pero también Carpani era un militante de la libertad sin la cual el artista quedaba limitado en su más genuina expresión, enemigo del “realismo socialismo” e implacable crítico del stalinismo , manifestaba su compromiso con la libertad, contrario a toda forma de control de los “comisarios políticos” sobre la expresión del artista :” Para el logro de un arte representativo de nuestra realidad, un arte auténtico, en este caso un arte nacional latinoamericano y revolucionario, es imprescindible dar al artista la más absoluta libertad en la elección de sus medios formales de expresión. Hay que dejar de lado todo dogmatismo en materia estética. Que cada cual utilice los elementos plásticos de la manera que considere más acorde con su temperamento, enriqueciéndose con las últimas experiencias formales que se realizan en el mundo. Pero, eso sí, utilizándolas con un sentido creativo personal”

Pero ante el accionar de la oligarquía asociada al imperialismo en el campo de la cultura era difícil que aquellos artistas no contaminados por la ideología imperial pudieran a conocer su obra. Carpani daba su consejo que él mismo aplicó al trabajar en conjunto con el sindicalismo combativo.

Por eso mismo, es indispensable dar la mayor difusión posible, especialmente entre la clase trabajadora y los sectores sociales más progresistas, a las creaciones de quienes, con dignidad y sacrificio, trabajan por un verdadero arte. Sólo a través de una intensificación del contacto entre la obra artística y la sociedad, que ejercite de manera constante la sensibilidad de los hombres familiarizándolos con las nuevas formas creadas por el artista, logrará superarse la incomprensión de que éste es objeto. Esa será la manera más efectiva de hacer que el arte intervenga activamente en el proceso revolucionario. El arte actúa por la vía sensible, y la sensibilidad artística, como todo en el hombre, se desarrolla con el ejercicio. Mal puede exigirse una comprensión inmediata de la obra moderna a quienes escasas oportunidades han tenido de conectarse con ella. Se dirá que para eso están los museos, pero no olvidemos que a la gente que trabaja poco tiempo le queda para asistir a ellos, y nada se hace por interesarla en el arte. El orden establecido tiende más bien a alejar al pueblo de las manifestaciones del espíritu, dándole en su reemplazo y en cantidades crecientes, productos embrutecedores, neutralizantes de su sensibilidad. Se hace así del arte lujoso vicio solitario, reservado a determinadas élites de iniciados, alejándolo de su verdadera misión.”

Para completar su idea con : “No queda por lo tanto, al artista revolucionario, más solución que la que las organizaciones obreras pueden y deben brindarle. En las manos de estas organizaciones está la posibilidad del surgimiento de un vasto movimiento muralístico con características nacionales y revolucionarias. Abrigamos la certidumbre de su próxima aparición.”

El compromiso con los trabajadores

La compañera de Carpani, Doris Halpin, expresó sobre la labor del pintor que su tarea era expresar la dignidad de los trabajadores y desposeídos: “No trató de pintar los lados oscuros de la realidad: nunca pintó la tortura, ni al aldeano pobre y subsumido. Siempre pintó al hombre que está dispuesto a combatir, al hombre en lucha.”
Halpin también explicó porque Carpani daba importancia al muralismo, en tanto que la pintura de caballete termina en posesión de alguien, el mural pertenece a todos o por lo menos a muchos. Esa era el símbolo que entusiasmaba a un artista alejado de la figuración y el negocio.

Muchos de los dibujos de Carpani, fueron dados en forma gratuita para ilustrar los volantes y documentos de sindicatos, organizaciones obreras en general y organismos de Derechos Humanos.


Desde la izquiera: Ricardo Carpani, Anibal Cedron y Luis Felipe Noé, en la inauguración de la muestra La presencia del ausente en el Centro Cultural Recoleta, octubre a diciembre de 1996

Seguramente, muchos de nosotros hemos visto dibujos de Carpani, sin saber que pertenecían a él, esta fue la obra de un artista plástico que dedicó su vida a servir a una causa, la de los más necesitados.

Según el crítico de arte Salvador Linares, las obras de Carpani puede dividirse en dos épocas, una de piedra y la otra de metal.
“En la primera los personajes adquieren una apariencia rocosa, que abarca el período en el que todavía frecuentaba la temática campesina.” “Luego la piedra deviene en metal y los hombres son vistos como articuladas máquinas o revestidos por corazas sobre las que músculos y nervios se traslucen sobre la bruñida superficie, en una suerte de mágica filigrana vital.”

Producido el golpe de estado de Onganía en 1966, derrocando al presidente radical Arturo Illia, gran parte de la burocracia sindical apoyará al golpe, iniciando una de las etapas más vergonzosas del sindicalismo, ante ellos se levantó un grupo de dirigentes que llamaron a combatir a la Dictadura tras un plan nacional y popular, dicho sector se encolumnó en la CGT de los Argentinos que lideraba Raimundo Ongaro.

Ricardo Carpani fue la expresión artística de ese sindicalismo honesto y combativo, los volantes y documentos de la CGT de los Argentinos llevaban las ilustraciones de Carpani donde trabajadores de expresiones duras manifestaban toda su bronca y deseos de restituir la justicia perdida.
En 1966 y 1969 viajó a Europa donde participó de muestras colectivas. En 1972 viajó al Chile Socialista de Salvador Allende y a Cuba, para encuentros de artistas plásticos.

En julio de 1974 fue a Suecia a una exposición, tenía previsto un viaje de cuatro meses, pero ya no pudo volver, la Argentina se había convertido en un lugar muy peligroso por el accionar de la banda paramilitar de ultraderecha la triple A que asesinaba a intelectuales y militantes populares.

El exilio fue muy duro para Carpani como lo fue para la mayoría de los exilados, y particularmente para aquellos que habían hecho de la militancia una forma de vida.
Retornó al país en 1984, las últimas composiciones de Carpani muestran una región selvática donde se mezclan animales salvajes con paisajes y personajes porteños.

Poco tiempo antes de su muerte realizó un retrato del Che Guevara que se encuentra en la Plaza de la Cooperación de Rosario o pocas cuadras del lugar en que nació el Che.

Realizó la escenografía para un espectáculo musical llamado “Tango Pasión” que se ha presentado con éxito en Europa.
En 1996 fue declarado ciudadano ilustre de la ciudad de Buenos Aires.

Se publicaron los libros : "Carpani" , con textos del Dr Rafael Squirru y de Manuel Vicent ; y "Carpani : Gráfica política" , con textos de Ernesto Laclau y Luis Felipe Noé.

Murió el 9 de septiembre de 1997, la Argentina perdía a un gran artista y los trabajadores que siguen luchando, a un aliado incondicional, pero su obra nos sigue mostrando a esos hombres y mujeres que nunca se rendirán.

Fuentes :

http://pintores.is.com.ar/pintores_web/carpani/indice.html
http://www.icarodigital.com.ar/numero11/entrevistas/dorishalpin.htm
http://www.villacrespomibarrio.com.ar/CARPETA%20NOTAS/ARTE%20Y%20CULTURA/Ricardo%20Carpani.htm
http://www.paginadigital.org/articulos/2004/2004cuart/varios/carpani25-10.asp
http://www.cta.org.ar/base/article.php3?id_article=4550
http://www1.hcdn.gov.ar/proyxml/expediente.asp?fundamentos=si&numexp=1586-D-2006
www.izquierdanacional.org/publicaciones/libros/pdf/SL-L005.pdf
http://www.lanacion.com.ar/archivo/Nota.asp?nota_id=640159

Fuente: www.elforjista.unlugar.com/ricardocarpani.htm

Manifiesto del Grupo Espartaco

En 1959, el mundo de la cultura - y especialmente, el de la plástica - en la Argentina se conmueve por el lanzamiento del Grupo "Espartco". Lo integran Ricardo Carpani, Juan Manuel Sánchez, Mario Mollari, Carlos Sessano, Espirilio Butte, Juana Elena Diz y Pascual Di Bianco. Con él, los trabajadores - proscriptos de la escena política y gremial por la contrarrevolución - ingresan al arte, con sus gestos airados, su mirada amenazante, sus puños de hierro.

La exposición del grupo se acompañó con la fundamentación ideológica a través de la cual estos jóvenes pintores planteaban la síntesis entre la vanguardia formal y los contenidos populares y latinoamericanos. El manifiesto fue redactado, en sus partes fundamentales por Ricardo Carpani y sostenía lo siguiente:

Por un arte revolucionario
Ubicación Latinoamericana

MANIFIESTO DEL GRUPO "ESPARTACO"

Es evidente que en nuestro país, a excepción de algunos valores aislados, no ha surgido hasta el momento una expresión plástica trascendente, definitoria de nuestra personalidad como pueblo. Los artistas no podemos permanecer indiferentes ante este hecho, y se nos presenta con carácter imperativo la necesidad de llevar adelante un profundo estudio del origen de esta frustración.

Si analizamos la obra de la mayor parte de los pintores argentinos, especialmente de aquellos que la crítica ha llevado a un primer plano, observaremos como característica común el total divorcio con nuestro medio, el plagio sistematizado, la repetición constante de viejas y nuevas fórmulas, que si en su versión original constituyeron auténticos hallazgos artísticos, al ser copiados sin un sentido creativo se convierten en huecos balbuceos de impotentes.

Las causas determinantes de esta situación están en la base misma de nuestra vida económica y política, de la cual la cultura es su resultado y complemento. Una economía enajenada al capital imperialista extranjero no puede originar otra cosa que el coloniaje cultural y artístico que padecemos. La oligarquía, agente y aliada del imperialismo, controla directa o indirectamente los principales resortes de nuestra cultura, y, a través de ellos, enaltece o sume en el olvido a los artistas seleccionando únicamente a aquellos que la sirven. Constituye, además, por ser la clase más pudiente, el principal mercado comprador de obras artísticas. En virtud de los intereses que representa se caracteriza en el plano cultural por una mentalidad extranjerizante, despreciativa de todo lo genuinamente nacional y por lo tanto popular.

El resultado de todo esto es que el artista no tiene otro camino para triunfar que el de la renuncia a la libertad creadora, acomodando su producción a los gustos y exigencias de aquella clase, lo que implica su divorcio de las mayorías populares que constituyen el elemento fundamental de nuestra realidad nacional. Es así como, al dar la espalda a las necesidades y luchas del hombre latinoamericano, vacía de contenido su obra, castrándola de toda significación, pues ya no tiene nada trascendente que decir. Se limita entonces a un mero juego con los elementos plásticos, virtuosismo inexpresivo, en algunos casos de excelente técnica, pero de ninguna manera arte, ya que éste sólo es posible cuando se produce una total identificación del artista con la realidad de su medio.

No se piense que esta última sea una afirmación arbitraria: constituye un problema que hace a la esencia misma del arte. En efecto, un arte nacional es la única posibilidad que existe de hacer arte. A través de las mejores obras de los más grandes artistas de la historia, percibimos ante todo, el espíritu de la sociedad que las engendró. No puede ser de otra manera, ya que el artista es un hombre y todo hombre se conforma fundamentalmente según los elementos sociales que gravitan sobre él: productor de la sociedad, al expresarse artísticamente, si lo hacen en un sentido profundo y con sinceridad, dará expresión, de un modo inevitable, al medio que lo rodea.

El ritmo del crecimiento histórico es variable para cada sociedad y esa variación es el principal elemento incidente en el origen de las nacionalidades. En consecuencia toda obra artística, por el hecho de ser una expresión social, necesariamente ha de ser también una expresión nacional. Generalizando, podría decirse que el arte surge como el resultado de una necesidad de expresión individual, que al concretarse será una expresión nacional, pues el individuo fundamentalmente es producto de la nación, y culminará finalmente, en expresión universal, ya que los problemas trascendentes del hombre son universales.

El problema del surgimiento de un arte nacional en nuestro país, determina el verdadero alcance que debe tener para nosotros el término "nacional". Unidad geográfica, idiomática y racial; historia común, problemas comunes y una solución de esos problemas que sólo será factible mediante una acción conjunta, hacen de Latinoamérica una unidad nacional perfectamente definida. La gran Nación Latinoamericana ya ha tenido en Orozco, Rivera, Tamayo, Guayasamín, Portinari, etc., fieles intérpretes que partiendo de las raíces mismas de su realidad han engendrado un arte de trascendencia universal. Este fenómeno no se ha dado en nuestro país salvo aisladas excepciones.

El arte latinoamericano, considerando las características sociales y políticas de nuestro continente, ha de estar necesariamente imbuido de un contenido revolucionario, que será dado por el libre juego de los elementos plásticos en sí, prescindiendo de la anécdota desarrollada, si es que la hay. La anécdota podrá tener una importancia capital para el artista cuando aborda una temática que siente profundamente y en la cual encuentra inspiración; pero en última instancia no constituye el elemento que justifica y determina la validez intrínseca de la obra de arte, ni es de ella que emana el contenido de su trabajo. De ahí lo absurdo de cierto tipo de pintura pretendidamente revolucionaria que se limita a describir escenas de un revolucionarismo dudoso, utilizando un realismo caduco y superado. No es de extrañar entonces que por su misma inoperancia esta pintura sea tolerada, y hasta en cierto modo favorecida, por aquellos mismos que combaten toda expresión artística auténticamente nacional y revolucionaria.

Es imprescindible dejar de lado todo tipo de dogmatismo en materia estética; cada cual debe crear utilizando los elementos plásticos en la forma más acorde con su temperamento, aprovechando los últimos descubrimientos y los nuevos caminos que se van abriendo en el panorama artístico mundial y que constituyen el resultado de la evolución de la Humanidad, pero eso sí, utilizando estos nuevos elementos con un sentido creativo personal y en función de un contenido trascendente.

Todo intento de creación de un arte nacional, es consecuentemente combatido por ciertos críticos al servicio de la prensa controlada por el capital imperialista. Se ha apelado a todos los recursos, desde el ataque directo, en nombre de una universalidad abstracta, hasta la rumbosa presentación de algo que, como arte nacional, ni siquiera es arte.

Se trata en verdad de refractar en el campo de la creación artística, el sometimiento económico y político de las mayorías, pero simultánea e indisociablemente, sus luchas por emanciparse. Porque en la medida en que el arte llama y despierta el inconsciente colectivo de la humanidad, pone en movimiento las más confusas aspiraciones y deseos, exalta y sublima todas las represiones a que se ve sometido el hombre moderno, es un poderoso e irresistible instrumento de liberación. El arte es el libertador por excelencia y las multitudes se reconocen en él, y su alma colectiva descarga en él sus más profundas tensiones para recobrar por su intermedio las energías y las esperanzas. De ahí que para nosotros el arte sea un insustituible arma de combate, el instrumento precioso por medio del cual el artista se integra con la sociedad y la refleja, no pasiva sino activamente, no como un espejo sino como un modelador.

De las manos de la nueva generación de artistas latinoamericanos habrá de salir el arte de este continente, que aún no ha realizado su unidad; quizá le esté reservado por este arte revolucionario realizarla antes en la esfera creadora como síntoma de la inevitable unificación política. Pues no sería la primera vez en la historia que el arte se anticipa a los hechos económicos o políticos; y tal vez en ello reside su grandeza. Partiendo de la realidad, la prefigura y la renueva.

Estos objetivos se cumplirán mediante una doble acción: el arte, no puede ni debe estar desligado de la acción política y de la difusión militante y educadora de las obras en realización. El arte revolucionario latinoamericano debe surgir, en síntesis, como expresión monumental y pública. El pueblo que lo nutre deberá verlo en su vida cotidiana. De la pintura de caballete, como lujoso vicio solitario hay que pasar resueltamente al arte de masas, es decir, al arte.

GRUPO "ESPARTACO". Abril de 1961

Fuente: www.discepolo.org.ar

Palabras iniciales

[Del Semanario de la CGTA, 1973]

Por Ricardo Carpani

Marzo 1968 - Marzo 1973. CGT DE LOS ARGENTINOS

A partir del golpe contrarrevolucionario de setiembre de 1955, la lucha de la clase obrera argentina ha estado jalonada por una serie de momentos culminantes, que determinaron cambios sustanciales en la continuidad de su accionar político.
Cada uno de ellos fue marcando, al mismo tiempo que la irreductible voluntad popular de no aceptar pasivamente la estabilización del sistema bugués-imperialista en crisis, el ascenso permanente de la conciencia de sus finalidades históricas por parte de los trabajadores y, de ese modo, la irreversibilidad de nuestro proceso de liberación nacional y social, pese a las condiciones adversas generadas por la restauración oligárquica en el transcurso de los últimos 18 años.
El carácter masivo del repudio peronista a la dictadura de los monopolios, expresado en las urnas el 11 de marzo de 1973, hizo de esta fecha uno de esos momentos; sus consecuencias pueden constituir, a partir del 25 de mayo el inicio de un nuevo período de aceleración y profundización de aquel proceso, incalculable en sus alcances. Pero si ese acto de repudio fue posible, y con él la esperanza actual en que una nueva y superior etapa llegue a consolidarse, no se debió al repentino descubrimiento, por parte de los generales de la entrega, de una insospechada vocación de respeto a las mayorías populares ni mucho menos a una espontánea intención de abandonar las palancas del poder que ejercen representando al imperialismo y sus socios nativos.
En efecto, las elecciones del 11 de marzo expresan el fracaso rotundo del régimen militar instaurado en 1966, con su política de saqueo imperialista de las riquezas nacionales, superexplotación del trabajo y hambreamiento para los sectores populares. Y la razón fundamental de ese fracaso está en la resistencia activa y sin cuartel de los trabajadores argentinos a lo largo de estos últimos años, impidiendo la imposición de una "paz social" fundada en la prepotencia de las bayonetas, que garantizara sin sobresaltos la rentabilidad expoliadora de las inversiones monopolistas internacionales.
Estas elecciones fueron, pues, una conquista de los trabajadores, arrancada a la dictadura militar en la persistencia de una lucha sangrienta y sacrificada, que forzó a ésta a buscar una salida perpetuadora del sistema en la negociación con los sectores claudicantes y traidores del propio Movimiento Nacional. Y fue esa persistencia de la lucha lo que permitió a la conducción estratégica del general Perón ir desmontando una a una todas las trampas tendidas por el régimen, en colaboración con esos sectores claudicantes, hasta enredar al continuismo en su propio juego tramposo, hacer irreversible el proceso electoral y posibilitar la expresión masiva del repudio popular pese al carácter fraudulento y condicionado de dicho proceso.
La presente recopilación de algunas declaraciones y artículos es un testimonio vivo de esa lucha de los trabajadores argentinos, escrito día a día, al calor de la batalla, durante los últimos decisivos 5 años. En sus páginas están presentes, explícita o implícitamente, todos los héroes y mártires que pagaron con su vida, la tortura o la cárcel el derecho a pelear por la libertad y la dignidad humana. Están también aquellos momentos culminantes que jalonaron esa lucha. Es más, dichas páginas comenzaron a escribirse en uno de esos momentos: como consecuencia del Congreso Normalizador de la CGT Amado Olmos, reunido del 28 al 30 de marzo de 1968.
Inmediatamente después de la restauración oligárquica del 55, la militancia obrera peronista, lejos de resignarse ante la derrota momentánea, inicia una larga lucha por la recuperación popular del poder. Masacres y fusilamientos, tortura y prisiones, serán las respuestas sistemáticas del régimen vendepatria. Cambiarán los hombres y los ropajes -"constitucionales" o "de facto"-, pero no cambiarán sus métodos represivos ni la esencia reaccionaria, burguesa, dependiente y proimperialista que lo caracterizan.
Sin embargo, la represión no será su única respuesta. Habrá también otra más sutil y efectiva: la corrupción y el soborno, directos o indirectos, de las direcciones sindicales. Muchos dirigentes entrarán en el juego, transformándose en burócratas y traicionando a su clase. Para quienes permanezcan fieles a ella y para el resto de la militancia revolucionaria peronista la lucha se planteará en el futuro en un doble frente: contra el régimen y contra la burocracia sindical y política del Movimiento, objetivamente aliados en la defensa de sus bastardos intereses coincidentes.
Sobre la base de esa lucha y respondiendo a la voluntad crecientemente combativa de los trabajadores, la tendencia revolucionaria del peronismo obrero consigue desplazar a los burócratas traidores en el mencionado Congreso Normalizador. Estos, con el apoyo gubernamental, desconocen el Congreso y dividen al movimiento obrero. Nace así la CGT de los Argentinos y con ella comienzan a escribirse a través de su periódico las páginas de esta recopilación.
Desde el "Mensaje a los Trabajadores y el Pueblo", el 1º de mayo de 1968, pasando por la descripción de las luchas que durante todo ese año y el siguiente encabeza la CGT de los Argentinos y que van preparando el clima de rebelión que desemboca en el "Cordobazo" (otro momento culminante del proceso), hasta el paso de ésta a la clandestinidad, el encarcelamiento de sus militantes, la descripción de las luchas obreras posteriores -tomas de fábricas, insurrecciones populares a lo largo y ancho del país, consolidación de las organizaciones armadas, etc.-, en fin, todo lo que fue determinando el fracaso del régimen militar, se expresa en esas páginas como persistencia inalterable de una lúcida conciencia revolucionaria y una insobornable conducta al servicio de los trabajadores, algunas de cuyas manifestaciones se hace necesario destacar. Y no ya por lo que significaron en su momento como prueba de la madurez de conciencia de la clase obrera argentina, sino, principalmente, por la significación que adquieren ante la futura lucha que se avecina. Puede decirse que dichas manifestaciones de los sectores revolucionarios del peronismo obrero expresados en los últimos 5 años por la CGT de los Argentinos, prefiguran el carácter de la lucha en la nueva etapa que se abre el 25 de mayo de 1973.
Destaco en primer término el lúcido reconocimiento de que nuestra lucha de liberación nacional contra el imperialismo es inseparable de la lucha de clases, ya que éste ejerce su dominio expoliador a través de sus socios subordinados: la gran burguesía nativa y un ejército supuestamente nacional, pero, en los hechos, mero brazo armado de esa burguesía y los monopolios internacionales.
Siendo la lucha de liberación nacional una lucha de clases, sólo a los trabajadores unidos y organizados corresponde la dirección hegemónica del proceso, que no podrá por lo tanto detenerse en la simple expulsión de los monopolios imperialistas, sino que implica también el desplazar simultáneamente del poder a todos los sectores de la burguesía nativa -esencialmente dependiente- destruyendo el sistema capitalista e iniciando la construcción del socialismo en nuestra Patria.
Las páginas de esta recopilación son terminantes al respecto. En ellas puede leerse: "La clase trabajadora argentina no reprueba una forma determinada del capitalismo, las cuestiona a todas". Y más adelante: "La clase tabajadora tiene como misión histórica la destrucción hasta sus cimientos del sistema capitalista de producción y distribución de bienes". Y para precisar el contenido específico de este cuestionamiento del sistema capitalista, como así también del socialismo que se intenta construir: "La historia del movimiento obrero, nuestra situación concreta como clase y la situación del país nos llevan a cuestionar el fundamento mismo de esta sociedad: la compraventa del trabajo y la propiedad privada de los medios de producción". Está claro, entonces, que, mal que les pese a los burócratas reformistas y a los políticos del nacionalismo burgués, para el peronismo obrero verdaderamente nacionalista y revolucionario la lucha de liberación nacional se identifica en un mismo proyecto histórico con la lucha de liberación social de los trabajadores, la destrucción del sistema capitalista y la construcción de una patria socialista.
Cabe señalar, además, el carácter eminentemente político revolucionario y, por lo tanto, antiburocrático, que imprimió a su accionar la CGT de los Argentinos desde sus orígenes: "El movimiento obrero no es un edificio ni cien edificios; no es una personería ni cien personerías; no es un sello de goma ni es un comité; no es una comisión delegada ni es un secretariado. El movimiento obrero es la voluntad organizada del pueblo y como tal no se puede clausurar ni intervenir".
Concretamente, la lucha sindical adquiere real sentido revolucionario tan sólo si se la considera como un aspecto de la lucha política contra el imperialismo y el sistema capitalista. De ese modo, toda argumentación tendiente a justificar la inactividad política o la conciliación con el sistema en aras de preservar una supuesta defensa sindical de los trabajadores, demuestra su verdadero carácter reformista; mera argucia de burócratas amarillos cómodamente instalados en dicho sistema. Frente a ella la CGT de los Argentinos afirma: "Preferimos honra sin sindicatos que sindicatos sin honra". Así: "La lucha por mejores condiciones de vida es inseparable de la lucha por el poder". Y esa lucha por el poder es para el movimiento obrero el factor fundamental al cual todos los otros deben estar subordinados.
Es de destacar también la constante desmistificación de la violencia, realizada por la CGT de los Argentinos desde su periódico y en los hechos, como asimismo de las consignas de unidad y organización. En el primer caso señalando a la violencia como algo inherente a toda sociedad estratificada en clases opresoras y clases oprimidas, distinguiendo además de la violencia represiva del régimen, la violencia de la explotación cotidiana que el sistema impone a los trabajadores, y contraponiendo a esa violencia reaccionaria la necesidad de ejercer por parte de éstos todas las formas de violencia revolucionaria, como único camino capaz de conducir a su liberación.
En el segundo caso afirmando que no puede haber unidad con los enemigos del pueblo ni con los traidores a la clase obrera; que la única unidad posible y deseable sólo puede darse en la lucha constante y efectiva contra el sistema; que sólo de esa lucha puede surgir una auténtica organización revolucionaria de la clase obrera peronista; y que esa organización no habrá de resultar de la aplicación mecánica, hecha desde arriba, de modelos abstractos, sino de la experiencia concreta y viva de las bases, templadas en la diaria pelea.
Retengamos todas estas manifestaciones pues insisto en que ellas constituyen ejes esenciales en torno a los cuales girará la batalla en la próxima etapa que se inicia el 25 de mayo.
A no ser que los sectores más gorilas de las fuerzas armadas, desesperados en su odio de clase, intenten exitosamente impedirlo, todo hace suponer que el 25 de mayo el peronismo accederá nuevamente al aparato del gobierno después de 18 años de proscripción y lucha popular. Se cumplirá así uno de los objetivos de esa larga lucha, sacrificada y sangrienta. Sin embargo, el saldo que ella dejó trasciende ampliamente los límites de ese objetivo. La experiencia de la derrota del 55 y la adversidad de la lucha posterior fueron templando en la militancia obrera peronista una conciencia revolucionaria de la cual las páginas de esta recopilación son un ejemplo. Y es precisamente esa conciencia obrera de los fines perseguidos y de cómo llegar a ellos lo que modifica totalmente el cuadro en el cual deberá el peronismo ejercer nuevamente el gobierno.
Está claro que ya no podrá reeditarse la misma experiencia que llevó a la derrota del
55. Está claro que no bastará con el control del aparato gubernamental burgués, pues ese control será siempre necesariamente condicionado y neutralizado por todos los reaseguros para el sistema, derivados del propio carácter burgués del aparato estatal. Está claro, entonces, que lo único que puede garantizar el desarrollo y cumplimiento de nuestra lucha de liberación no es ya el control -obligadamente relativizado- del gobierno, sino el poder real y efectivo de los trabajadores organizados, como punto de arranque hacia la construcción de un socialismo nacional de proyección latinoamericana. Ello implica necesariamente el desmantelamiento de la vieja maquinaria gubernamental burguesa y su reemplazo por otra, en la cual ese poder de los trabajadores y el pueblo pueda realizarse en forma directa, pasando éstos a ser los verdaderos constructores de su propio destino. Tal es la perspectiva de lucha que se abre en esta nueva etapa al peronismo revolucionario y a la que podemos caracterizar como de lucha abierta y definitiva contra todo tipo de reformismo. Revolución o reformismo, constituye el dilema fundamental que deberán resolver los trabajadores argentinos, y de que se imponga uno u otro depende la realización o frustración de nuestra liberación nacional y social en el corto o mediano plazo.
Esta opción, sin embargo, no es enteramente nueva. El nacimiento mismo de la CGT de los Argentinos está signado por ella, y las batallas contra la conciliación de clases, el burocratismo sindical y político, el "desarrollismo" económico de los sectores burgueses del movimiento, etc., junto con las pautas ideológicas que señalé más arriba, así lo prueban a lo largo de toda su trayectoria. Simplemente sucede que con el acceso del peronismo al gobierno, las contradicciones de clase que éste lleva en su seno adquieren una dimensión realmente nacional. Y con ello la opción entre revolución o reformismo se transforma en la opción política fundamental en el país.
Sintetizando, las elecciones fraudulentas y condicionadas del 11 de marzo no son una panacea ni garantizan por sí mismas una profundización del proceso de liberación de nuestro pueblo. Pero el aplastante triunfo peronista hace que se inserten como momento táctico de gran importancia dentro de la estrategia de guerra revolucionaria integral por la construcción del socialismo, que impulsan los sectores revolucionarios del peronismo.
Se abren así nuevas perspectivas de lucha que pueden permitir el paso de la etapa de resistencia al régimen militar vendepatria a una ofensiva creciente y definitiva contra el sistema burgués-imperialista. Pero el acceso del peronismo al gobierno no significa todavía la derrota del sistema, ya que éste tiene sus representantes en las propias filas y puestos directivos del Movimiento; simplemente polariza las opciones fundamentales y clarifica la lucha. Las clases dominantes no abandonan pacíficamente la escena política; mucho menos si detrás de ellas se encuentran intereses de tal magnitud como son los del capital financiero internacional capitaneado por el imperialismo yanqui.
La derrota definitiva del sistema implica, pues, la construcción de un ejército del pueblo, el ejército peronista, capaz de oponerse y derrotar al ejército del sistema. Implica también la organización revolucionaria de la clase obrera peronista, como dirección natural de ese ejército y de todo el proceso. Y ello es inalcanzable sin el desplazamiento simultáneo de los burócratas conciliadores, sindicales y políticos, que pululan en puestos directivos del Movimiento. La lucha por concretar este proceso se inserta en lo que el Gral. Perón definió como "etapa de derrota y persecución del enemigo". Dicha etapa no será aún la etapa de construcción del socialismo pero por la índole de las tareas que deberá encarar la militancia, éste ya debe estar presente y clarificado en ella como objetivo, e, incluso, en parcial ejecución. La responsabilidad mayor de dicho proceso corre por cuenta del peronismo obrero revolucionario, en la organización y movilización permanente de las bases, como única garantía de su cumplimiento.
Los postulados y las acciones de la CGT de los Argentinos en su breve y fecunda historia prefiguraron cualitativamente las características de la lucha futura. La nueva etapa implicará un aumento cuantitativo y una profundización y enriquecimiento de esos postulados y acciones. Se cumplirá así con la mayor aspiración de los trabajadores argentinos: "CON PERÓN Y ELPUEBLO AL PODER -POR LA CONSTRUCCIÓN DE UNA PATRIA JUSTA, LIBRE Y SOBERANA -LA PATRIA SOCIALISTA". La ruta que conduce a ella se encuentra en la verdad fundamental de aquella consigna que dice: "SOLO EL PUEBLO SALVARÁ AL PUEBLO".

Un revolucionario de la pintura argentina

“Podría decirse que el arte es utopía pura porque uno está creando mundos. Y en esos nuevos mundos depositamos nuestras ilusiones. Depositamos nuestras utopías en las obras que crean nuevos mundos. Y así le damos vigencia a esas utopías, vigencia social. En ese sentido, pienso que sí, en determinadas épocas, el último refugio que le queda a las utopías es el de la creación artística.”                                                                                                         Ricardo Carpani

Nació en Tigre, Provincia de Buenos Aires, el 11 de febrero de 1930. Su infancia y adolescencia transcurrieron en una atmósfera mansa, sin relación directa con el arte. Cursó sus estudios primarios y secundarios en Capital Federal, adonde se había trasladado con sus padres a partir de 1936. Era aficionado a hacer copias a partir de su enorme habilidad para dibujar. Luego ingresó en la facultad de derecho de la Universidad de Buenos Aires, abandonándola poco después. Para eludir el servicio militar obligatorio viajó a los veinte años a Europa.
En 1950 se radica en París, donde inicia también sus estudios de pintura. Entonces detona la vocación por ella.
Ya en París, sobrevive en oficios diversos, hasta que aterriza en los ateliers para trabajar como modelo en una academia (la Grande Chaumière). Posó desnudo y podría conjeturarse que comenzó a imbuirse en la figura anatómica, en especial de los músculos.
Regresa a Buenos Aires y continúa sus estudios en el taller de Emilio Pettoruti. Expone por primera vez en 1957 junto con Juan Manuel Sánchez y Mario Mollari. Con ellos y con los pintores Elena Diz, Pascual Di Bianco, Sessano y Bute, fundan el Grupo Espartaco.
Con Di Bianco se separan del grupo en 1961 por diferencias conceptuales. Realizan murales en Sindicatos, al tiempo que comienza su maduración ideológica.
Lo plantea en l964, con su visión diferente de un Martín Fierro ilustrado (Ediciones Programa). Advierte que Fierro está apresado entre dos opciones: la más sencilla, perpetuarse como mito, como evocación sin riesgos de un tiempo irrecuperable y concluido. La otra es la de establecer una vinculación de Fierro con el presente.
Carpani ve, entonces, un gaucho plantado frente a la ley de vagancia, un peleador -en rigor, un combatiente- acosado, enorme, perdido pero invencible.
Su concepción estética se inserta en la corriente del muralismo latinoamericano (junto a los mexicanos Siqueiros, Rivera y de Portinari, Guayasamín y Spilimbergo entre otros) oponiéndose a la tendencia abstractizante de la época, a las vanguardias, así como también al "realismo socialista". Su actividad ligada a los sindicatos le permite concretar la idea de una imagen al servicio de las luchas concretas de los trabajadores argentinos, con un sentido latinoamericano y revolucionario.
Carpani recorre los sindicatos ofreciéndose a pintar murales -puños al viento, gestos crispados- que son elaborados gratuitamente, sólo con el costo de los materiales. Pero esa expresión rebelde y revolucionaria no se agota en el pincel o la espátula. "Llegan entonces, las palabras con las que el artista explica y se explica: Arte y Revolución en América Latina (1963) y El Arte y la Vanguardia Obrera (l965)".
En los años de plomo, el artista se exilia en París. Confiesa que..."a veces, el exilio es destierro", lo vive catastróficamente.
Forma parte de la Comisión Argentina de Defensa de los Derechos Humanos -también la integra Julio Cortázar- y alza su voz para denunciar la situación que imperó en la Argentina de ese lapso.
Se queda diez años y allí lo acribilla el tango, como autoafirmación de la propia identidad. Fue entonces cuando Carpani recurrió a sus orígenes, la infancia, la adolescencia, el barrio, la simbología del porteño. Y el tango fue su cable a tierra durante su exilio.
A su etapa clásica (1952-1974) la calificó como la de la ilusión, la lucha y la esperanza. La del exilio fue la de los fantasmas y la recuperación de la memoria personal y de la infancia. A la tercera, a la que adscribió a su regreso, la dibujó como la etapa de los interrogantes, utilizando un lenguaje pictórico concreto y preciso.
Sin dudas, aquella etapa militante de Carpani, encadenada a la inmediatez de los acontecimientos y con fuerte carga militante, fue la que fijó su imagen... "No es menos cierto que el artista lega una obra tan amplia, como amplia es la subjetividad humana".
Incluye los temas universales: La mujer, el amor, la muerte, las lejanías, la niñez extraviada, las fracturas, algunas de ellas abordadas con formidable rigor y nitidez. Su producción está indisolublemente ligada a la época que les dio entidad. Sus obras contienen una ética militante desde una estética original.
"Prefiero un arte viejo que participe activamente en la creación de un hombre nuevo, antes que un arte nuevo que no modifica la situación del hombre viejo."
Habla de un tiempo en que las fábricas producían las 24 horas, los obreros peleaban por mejoras y por un cambio profundo en la sociedad. Esta aspiración, resuelta mediante imágenes de gran potencia, es el rasgo característico y perdurable del grupo Espartaco.
Algunas obras emblemáticas:
"Política" que editara por entonces Jorge Abelardo Ramos-, y que pronunciara conferencias en Buenos Aires y en el interior del país.
"Desocupados" (1964) los trazos aparecen más estilizados y la preocupación en los rostros se concentra en los ojos que serán, más adelante, el eje de varias composiciones.
Realizó también numerosos murales en locales sindicales, a la vez que en los temas pasionales, como Amantes (1964), las enérgicas imágenes van adquiriendo tonos cálidos.
En 1966 y 1969 viajó a Europa donde participó de muestras colectivas. En 1972 viajó al Chile Socialista de Salvador Allende y a Cuba, para sendos encuentros de artistas plásticos y en 1974 nuevamente a Europa, de donde ya "supone", no puede regresar.
En Argentina, se derechiza el tercer gobierno peronista, por lo que debió comenzar un largo exilio de 10 años. Durante éste, Carpani "barroquiza" sus producciones: se sobrecargan los dibujos, donde es notable una minuciosa precisión en las contexturas corporales y en las articulaciones de las manos y dedos, al tiempo que incorpora caballos en las obras (Hombre con caballo, 1976).
En 1984 lo tuvo de regreso en el país, abriendo una nueva etapa de su vida artística.
Las 40 (1985), de la Serie Tango, expresa la potencialidad alcanzada en los gestos y en la temática porteña, que desarrollará ampliamente en los '90 a través de las composiciones que analizo más arriba, y también en la Serie Tango Pasión.
Regresa a Buenos Aires en 1984.
Invitado en 1994 al Premio TRABUCCO.
Se realiza la escenografía del show musical "Tango Pasión", que actualmente recorre Europa en base a imágenes suyas.
Se publican sus libros: "Carpani", con textos de Rafael Squirru y de Manuel Vicent; y "Carpani: Gráfica política", con textos de Ernesto Laclau y Luis Felipe Noé.
Realizó numerosos murales en ciudades del interior, en el Aeropuerto de Viedma y para la Casa Rosada (Casa de Gobierno).
Ricardo Carpani fue declarado "Ciudadano ilustre de la Ciudad de Buenos" Aires en 1996.
Murió en ella al año siguiente.
La Fundación "Ricardo Carpani", dirigida por su compañera Doris Halpin, continúa dando a conocer la obra y el pensamiento de este gran artista argentino.

[Imagen: Ricardo Carpani frente al mural del Cordobazo]

Fuente: /www1.hcdn.gov.ar/proyxml/expediente.asp?fundamentos=si&numexp=1586-D-2006


Fragmentos de entrevista realizada por Marcelo Luna a Doris Halpin, esposa de Ricardo Carpani

Acceder a la profundidad y la riqueza de Ricardo Carpani es una tarea monumental y descubridora. La temática obrera de los murales, las series de "Los desocupados", "Los amantes", el "Martín Fierro" y los "Porteños en la jungla" integran la profusa producción de este artista argentino en la plástica y también el ensayo artístico. Todo parece colarse por los pasillos y paredes del departamento de su compañera Doris Halpin, quien lo acompañó hasta su fallecimiento en 1997. Digo mal: lo acompaña, porque Carpani sigue existiendo a través de Doris. Ella ha tomado manos a la obra: dirige la Fundación Ricardo Carpani y ha conseguido de un banco algo trabajoso: una cuenta para realizar aportes modestos a la entidad y "alimentarse de pequeños fondos para que sea realmente de origen popular"; también está compilando los textos del artista para editar "Conversaciones con Ricardo Carpani", junto al registro audiovisual para un vídeo. Hay intensidad en la mirada de esta mujer de pelo blanco, de agudos ojos azules y voz pausada. No ha querido hablar de ella como artista; tampoco accedió a fotografiarse por su delicada sencillez. Nos regaló su palabra que perfila a Carpani haciendo del arte y la vida una sola cosa.

¿Y cómo surge un cuadro? ¿Cómo es el momento singular de la creación?

- Sabés que yo tengo una sensación totalmente a flor de piel (no sé si es real o no, no la he tratado de profundizar con gente que podría ayudarme), pero para mí el acto de creación de cualquier manifestación artística tiene algo de locura. Creo que hay algo del desborde de la locura en el arte cuando es genuino.

Y de la creación surge, también, el momento de la corrección, verdad?

Carpani decía que cuando se termina un trabajo, uno ya sabía cómo hacerlo mejor. Estando satisfecho o no con un trabajo terminado es necesario guardar una distancia con respecto a la propia obra, porque después, con el tiempo, cuando se vuelven a observar las producciones de uno, a veces se encuentra que aquello que no satisfizo en su momento era más importante de lo que uno pensaba. O tenía más sentido de lo que uno creía. En otras palabras, es difícil pronunciarse con respecto al producto terminado cuando es el resultado de una creación. Porque uno gobierna parte de ese proceso, pero no todo. Cuando a Ricardo le preguntaban por qué las manos, amén por ser un elemento expresivo, es muy difícil para un artista genuino explicar en palabras lo que las formas y los contenidos de éstas expresan. Porque la obra no es sólo una expresión del artista, sino también una interpretación del que lo mira. Entonces está sujeto a una infinidad de subjetividades, y va a depender de cada mirada el contenido real, final y concreto dado a esa obra, y del momento en que se la realiza. "Hay una parte que controlo", decía Ricardo. Añadía, si le preguntaban qué quería representar: "la dignidad del hombre en esa tensión entre su conocimiento amargo de la realidad, y su necesidad de transformarla y humanizarla". Y la obra de Carpani ha sido pintar esa dignidad. No trató de pintar los lados «oscuros» de la realidad: nunca pintó la tortura, ni al aldeano pobre y subsumido. Siempre pintó al hombre que está dispuesto a combatir, al hombre en lucha.

Un lenguaje personal de vanguardia

Doris se maneja segura entre la pila de libros y hojas que nos separan mientras registramos la charla. Cuando lo necesita estira una mano y encuentra libros que muestra y hojea para completar mejor sus afirmaciones. Contra una pared hay apilados otros tantos, cuyos títulos se pierden a lo largo de la sala. A un lado de donde estoy alcanzo a leer algunos lomos: "Evita, la tumba sin paz", otro con el título "Carpani", "Una sociedad colonial avanzada" de Luis Felipe Noé, y "El Príncipe" de Nicolás Maquiavelo. Hacia adentro, en el living, hay un sillón que está frente a un televisor, rodeado de estatuas del artista.

¿Estima que recibió un reconocimiento la trayectoria de Ricardo Carpani?

¿Por parte de quién? Desde el establishment fue muy poco reconocida. Carpani es uno de los pocos pintores argentinos que tiene un lenguaje particular, personal, muy diferente y muy «nuestro», sin ser «nacionalista» claro está. Gutiérrez Zaldívar siempre decía que era un caso único en la pintura argentina porque no se parecía más que a sí mismo; y, además, profundamente porteño. Para él era importante el tema de la identidad. Por otra parte, en el manifiesto de "Espartaco" argumentaban que el muralismo era una forma de arte social, que está a la vista y al alcance de todos. La pintura de caballete, que es una obra que normalmente en posesión de alguien, que la tiene guardada en un ámbito cerrado, ya no cumple la misma función. Desde el punto de atención por la población en general, fue considerado muy importante, a tal punto que los trabajadores se consideraban expresados por él, así como en los sectores estudiantiles y universitarios.

Fuente: La Tecl@ Eñe. Revista Digital  | http://www.icarodigital.com.ar/numero11/entrevistas/dorishalpin.htm

Carpani: Ahora se anima a dibujarlo

Revista Primera Plana, 2 de mayo de 1972

El dibujo mostraba el perfil de Eva Perón. A un costado, también en primer plano, una lanza tacuara y un fusil moderno. Al pie de la lámina, abarcando casi el infinito, masas obreras, clase trabajadora.
La asociación simbólica de Ricardo Carpani, autor del afiche, había sido lograda. Un joven peronista, después de observarlo le preguntó: "¿No piensa, Carpani, que a su dibujo le falla el perfil de Perón?". La verdad -reconoció el artista-, todavía no me animo a dibujarlo.

La respuesta es una prueba de la incapacidad que hay aún en artistas que militan en la corriente nacional, para interpretar la figura de Perón. Pero, en este caso, ello no es un inconveniente. A pesar de aquellas tribulaciones ("cada vez menores", afirman allegados a Carpani), la producción de este muralista, dibujante y escultor de cuarenta y dos años es asumida como propia por el Movimiento.

Desde hace años, Carpani desarrolla una comprometida actividad artístico-política al lado de lo que él llama "peronismo revolucionario". De ahí que sea igualmente conocido como artista y como militante. Convencido hace ya mucho tiempo de que existe una relación indisoluble entre lo ético y lo estético -entre la forma y el contenido-. Carpani expresa en todas sus obras la realidad de un pueblo sometido, "Los que conciben la actividad artística como algo más o menos desligado de otras esferas sociales, como elaboración autosuficiente de formas «puras», incontaminadas y abstractas -afirma el dibujante-, están lejos de atribuir al arte un rol a cumplir ante la concreta y brutal opresión de la clase trabajadora y su correlato, la dependencia económica y política de su país. Es decir, frente al problema de la liberación nacional y social."

Su estilo es casi prepotente: brazos de trabajadores musculosos, agresividad contenida, rostros enérgicos madurados al sol y al sufrimiento.
Fundador del Grupo Espartaco, sus tareas artísticas tienen, desde 1961, estrecha vinculación con las luchas obreras. Colaboró en la CGT del primer Alonso, "en la medida en que adoptaba posturas de lucha", y fundó, en 1964, la revista Programa, con Alberto Belloni y Rubén Bornik. Un año después enfrentó al Martín Fierro Eudeba-Castagnino, una edición por él ilustrada al precio popular de 350 nacionales. "Había que mostrar algo que el sistema ocultó sistemáticamente en la obra de Hernández: el gaucho perseguido por el aparato político." Para eso estaban sus dibujos.

A DESMITIFICAR

En noviembre pasado, Carpani viajó a Europa, como representante personal de Raimundo Ongaro. La misión: hacer conocer, en nombre del dirigente gráfico, "la situación de la lucha revolucionaria en la Argentina y ofrecer, además, un panorama real sobre el alcance que tienen en el país la represión y la tortura".
Cinco meses duró su estadía en el continente, durante los cuales recorrió París. Estocolmo, Bruselas, Londres, Roma, Milán, Argelia y finalmente Madrid y Puerta de Hierro, para visitar a Perón. Hizo contactos a nivel sindical, político, periodístico y artístico. Entabló conversaciones con organizaciones políticas y de lucha en favor del Tercer Mundo, dio conferencias en Essex. Oxford, invitado por el Centro de Estudios Latinoamericanos, y, como broche final del periplo, mantuvo una larga charla con Perón. Como recuerdo de su paso por la Quinta 17 de Octubre, Carpani obsequió al líder un dibujo que muestra a un trabajador recogiendo, con ambas manos, un fusil caído. La dedicatoria dice: Al general Perón, con todo afecto, en mi nombre y en el de muchos otros compañeros que luchan por la liberación de nuestra patria.
A su regreso, el artista dialogó con PRIMERA PLANA.

P.P.: ¿Qué resultados obtuvo en su viaje a Europa? ¿Encontró trabas para concretar la misión que le encomendó Ongaro?
RC: Los resultados fueron, sin duda, positivos, pero tropecé con inconvenientes. El más importante es el desconocimiento, notable y generalizado, que tienen los europeos de la realidad argentina. El régimen que gobierna nuestro país ha dado una imagen distorsionada, "democrática", y allá todos creen que aquí rige la "mano blanda". Toda la propaganda oficial tiende a fomentar, en el exterior, las diferencias entre nuestro Gobierno y el brasileño. Y a eso colaboran los sectores de izquierda tradicional. Es así que en el Viejo Mundo "el gran acuerdo nacional" aparece como una posibilidad concreta. Esa es la imagen que tienen de nosotros en Europa, digitada por el Gobierno de Lanusse y la izquierda antinacional y cipaya.

P.P.: ¿Qué opinión recogió en Europa de las explosiones populares, de la muerte de Sallustro y Sánchez . . .?
RC.: La presión de las bases, la actividad de sus cuadros más esclarecidos y honestos, sólo se conoce allá a nivel informativo, cuando aparecen hechos como el Cuyanazo. Pero todo eso es excluido sistemáticamente de los análisis periodísticos de fondo. De ahí que subsista, parece mentira, una imagen distorsionada del papel del peronismo en el país.

P.P..: ¿Se insiste en acusar a Perón de fascista?
R.C.: Esa predisposición es fácil de encontrar. Inclusive en círculos intelectuales y sindicales hay notorias inclinaciones a confundir peronismo con fascismo. Por momentos, debo confesar que la tarea de desmitificar al peronismo resultó agobiadora. Costaba un verdadero triunfo explicar que entre el fascismo y el peronismo no existe relación posible.

SOCIALISMO NACIONAL

P.P.: ¿Cómo explicó a los europeos las relaciones políticas y sociales que en la Argentina produjeron el llamado "gran acuerdo nacional" por parte del Gobierno?
R.C.: Dije que, en el plano político, el "gran acuerdo" no era más que la expresión política del fracaso del Ejército, que quiso imponer una "paz social" fundada en el filo de las bayonetas, para facilitar el ingreso masivo de capitales extranjeros. Y que esa "paz social" era una ficción, pues el régimen se hallaba trabado en contradicciones internas sólo posibles de solucionar a través de un cambio profundo de estructuras, que este régimen no llevaría a cabo, pues tocaba su misma base de sustentación: la propiedad privada sobre los medios de producción y la riqueza social. Concretamente, dije que en el país no había salida independiente del imperialismo sin la instauración de un socialismo nacional, latinoamericano y revolucionario.

P.P.: ¿Cómo explicó usted el socialismo nacional? ¿Cuál es el contenido concreto que usted le da?
R.C.: A mi entender, el socialismo nacional -resultado necesario del nacionalismo revolucionario, que el peronismo revolucionario expresa en estos momentos- se manifiesta en sus líneas más generales a través de la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y distribución de la riqueza social; socialización de dichos medios y riquezas mediante el control obrero de la producción, en el marco de una economía planificada y estimulada por la más amplia democracia obrera. Todo esto implica rescatar, efectivamente y concretamente, la nación para y por quienes históricamente la crearon y permanentemente la recrean: la clase trabajadora.

P.P.: Su entrevista con Perón, ¿tuvo algún carácter específico?
R.C.: Hacía mucho tiempo que tenía ganas de conocer al jefe del movimiento nacional de masas argentino. Aprovechando mi paso por Madrid, le pedí una entrevista. Aproveché para informarlo de mi misión desmitificadora en el Continente.

P.P.: ¿Qué temas trató con el ex Presidente?
R.C: Estuve con el general unas dos horas y media. Perón hizo una extensa exposición de su gestión gubernamental y un análisis integral histórico y geopolítico de la situación argentina actual y sus relaciones con la situación política mundial. Un aspecto sumamente interesante de su exposición fue el contenido latinoamericano bajo el cual enfocó la solución de los problemas sociales y políticos argentinos. Luego describió los alcances de su política del Frente Cívico de Liberación Nacional. . .
P.P.: ¿Qué piensa Perón del FCLN?
R.C.: Según interpreté, por lo que dijo el general, los alcances del FCLN son eminentemente tácticos y tienden a agudizar las contradicciones del régimen y privar a la camarilla militar, como dice Perón, de una base de sustentación política, que le permita su subsistencia, directa o indirecta, como factor de poder. Deduzco que es arbitrario atribuirle al Frente un contenido estratégico general. Eso sería un abuso y sería, al mismo tiempo, limitar de antemano el accionar y los fines políticos del movimiento. Tan es así, que el propio Perón dijo, delante mío, que cabe la posibilidad de una guerra total y abierta contra el régimen, que culminaría en lo que él llama el "argentinazo". Ello en el caso de que la camarilla militar no entregue el poder total al pueblo, como lo viene publicitando, y tergiversara el proceso de institucionalización, instrumentándolo a su favor.

P.P.: ¿Fijó plazos Perón?
R.C: Sí, y esos plazos y esas fechas precisas no van más allá de 1972.

PERÓN Y LA GUERRILLA

P.P.: ¿Se refirió el ex Presidente en algún momento a las organizaciones armadas y su función dentro del peronismo?
R.C: El general Perón recalcó bien que las organizaciones armadas peronistas cuentan con una autonomía absoluta y total respecto de la conducción del movimiento. Según explicó, esa autonomía se deriva del carácter específico del accionar de las OAP, que no permite ningún tipo de verticalismo. El planteo es militar, y obviamente, obedece a razones militares. Recuerdo que Perón destacó que las formaciones especiales deben actuar con absoluta independencia de las negociaciones tácticas que en el terreno político pueda llevar a cabo la dirección del movimiento. Dijo que, al margen de esas negociaciones, es deber de las organizaciones armadas continuar su acción.

P.P.: ¿Esa independencia de acción, lo es incluso del propio Perón?
R.C: Sí, por lo menos es lo que yo interpreté. Claro que eso no significa un aislamiento anárquico de las formaciones especiales. Ellas están incrustadas en el movimiento a través de su engarce dialéctico con la estrategia general del peronismo.

P.P.: ¿Precisó Perón los objetivos estratégicos del movimiento que lidera?
R.C.: El general hizo especial hincapié en lo que él llama "trasvasamiento generacional'". Insistió en que los contenidos revolucionarios del movimiento serán dados por la juventud. Pero aclaremos esto: Perón entiende por juventud no sólo un fenómeno biológico sino también ideológico. Para el general, la juventud se expresa en la capacidad de reactualización doctrinaria, en la combatividad y en la militancia.

Primera Plana, 2/V/72  |  Fuente: www.magicasruinas.com.ar

Identificó el arte con la revolución

Nota de Jiorge Gottling publicada en Clarín el 10/09/97 con motivo de la muerte del artista

Murió el pintor Ricardo Carpani

Masas obreras en pie de lucha son el elemento protagónico de su obra más conocida.
Representó el arte propagandístico de los años 60 y 70.
En su exilio en París, el tango y el barrio fueron sus temas.

Por Jorge Gottling

Estaba genéticamente diagramado para pintor y no pudo evitarlo, pero sí postergarlo. Ricardo Carpani -que murió ayer- se definía como un plástico tardío: no tuvo academia y su marco de referencia fue un abuelo que pintaba sólo en domingo. Nació en el Tigre, en 1930, y su infancia y adolescencia transcurrieron en una atmósfera mansa, sin relación directa con el arte. A contrapelo de su destino, Carpani frecuentó con poco entusiasmo la vieja Facultad de Derecho de la que egresó por aburrimiento. Tras la muerte de su padre, parte a la aventura europea, con más proyectos que dinero. En París, sobrevive a lo inmigrante, en oficios diversos, hasta que aterriza en los atelieres del otro lado del ojo y del pincel, para trabajar como modelo. Entonces detona la vocación. A su regreso a Buenos Aires, en el 52, ingresa al taller de Emilio Pettoruti, al tiempo que comienza su maduración ideológica. Carpani funda el movimiento Espartaco -con Bute, Sessano y otros- del que se aparta por diferencias conceptuales. La militancia, una constante en su historia y en su obra, puede presentirse bastante antes de lo que podía denominarse como su etapa de grafía política. Masas obreras en pie de lucha son los elementos protagónicos de la obra de aquellos años. Propietario de una nueva perspectiva plástica, Ricardo Carpani se distingue por su óptica más abarcativa. Identifica pintura y revolución, entendiendo que ése es el lugar que le corresponde al arte. Desde entonces, en todas sus etapas, su obra fue militante y comprometida. Lo plantea antes, en l964, con su visión diferente de un Martín Fierro ilustrado (Ediciones Programa). Advierte que Fierro está apresado entre dos opciones: la más sencilla, perpetuarse como mito, como evocación sin riesgos de un tiempo irrecuperable y concluido. La otra es la de establecer una vinculación de Fierro con el presente. Carpani ve, entonces, un gaucho plantado frente a la ley de vagancia, un peleador -en rigor, un combatiente- acosado, enorme, perdido pero invencible. Accede, casi por fatalidad, a su etapa afichista. Carpani recorre los sindicatos ofreciéndose a pintar murales -puños al viento, gestos crispados- que son elaborados gratuitamente, sólo con el costo de los materiales. Pero esa expresión rebelde y revolucionaria no se agota, en Carpani, con el cincel o la espátula: llegan, entonces, las palabras con las que el artista explica y se explica: Arte y Revolución en América Latina (1963) y El Arte y la Vanguardia Obrera (l965). En los años de plomo, el artista se exilia en París. Confiesa que, a veces, el exilio es destierro, lo vive catastróficamente. Forma parte de la Comisión Argentina de Defensa de los Derechos Humanos -también la integra Julio Cortázar- y alza su voz para denunciar la situación que imperó en la Argentina de ese lapso. Se queda diez años y allí lo acribilla el tango, como autoafirmación de la propia identidad. Fue entonces cuando Carpani recurrió a sus orígenes, la infancia, la adolescencia, el barrio, la simbología del porteño. Y el tango fue su escalera de incendio. A su etapa clásica (1952-1974) la calificó como la de la ilusión, la lucha y la esperanza. La del exilio fue la de los fantasmas y la recuperación de la memoria personal y de la infancia. A la tercera, a la que adscribió a su regreso, la dibujó como la etapa de los interrogantes, utilizando un lenguaje pictórico concreto y preciso. Sin dudas, aquella etapa militante de Carpani, encadenada a la inmediatez de los acontecimientos y con fuerte carga militante, fue la que fijó su imagen. No es menos cierto que el artista lega una obra tan amplia como amplia es la subjetividad humana. Incluye los temas universales, la mujer, el amor, la muerte, las lejanías, la niñez extraviada, las fracturas, algunas de ellas abordadas con formidable rigor y nitidez, en esa última etapa tanguística, acaso porque respondieron al tiempo interior de Carpani.
 
Fuente: Clarín | http://www.clarin.com/diario/1997/09/10/e-04701d.htm

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