
Por Benjamin Szvalb
Definición: Bandoneón (del alemán Bandonion y, éste, acrónimo de Heinrich Band,
1821-1860, a quien se le adjudica el invento), variedad de acordeón de forma
rectangular y particular sonido; muy popular en la Argentina por su vinculación
con el tango.
Quien lo ejecuta recibe el apelativo de bandoneonista
Además de la notable diferencia sonora con el acordeón y demás instrumentos de
lengüetas sueltas (free-reed), el bandoneón utiliza botones en lugar de teclas;
por lo que se habla de botoneras en lugar de teclados. La versión utilizada en
Argentina y Uruguay, consta de 38 botones para el registro agudo (Discante) y 33
para el grave (Bajo). Existe una cantidad asombrosa de variantes y modelos de
bandoneón y cada uno tiene su historia. El bandoneón utilizado en Argentina se
conoce como Rheinische Tonlage 38/33 (142 tonos). Cada uno de los 71 botones de
galatita * que posee, emiten un sonido al apretarlos si (a la vez) se estira o
comprime el fuelle.
* La galatita es llamada también marfil artificial o hueso artificial, es un
plástico duro obtenido del cuajo de la leche.
En el año 1890,Adolph Sitteler trató de hacer una pizarra blanca para la escuela
mezclando leche agria con formaldehído. La caseína de la leche reaccionó
formando un material duro pero fácil de moldear. Tal fue el comienzo de los
plásticos de proteína, que se presentaron como sustancias brillantes, parecidas
al hueso y que se emplearon,entre otros, para la fabricación de hebillas,
peines, bolas de billar, botones de ropa y de bandoneón.
Los tubos y varillas de caseína no son de aplicación comercial; y se debe a que
éste es un material blando, soluble y muy susceptible a la putrefacción.
Para conseguir la galatita, se sumergen tubos y varillas de caseína en
formaldehído al 4.5% durante un tiempo dependiente del espesor del material, del
coeficiente de putrefacción y de su mayor o menor dureza. Después de dicho
tratamiento, el material queda duro y fuerte; insoluble en agua.
El tiempo requerido para conseguirlo puede llegar a tomar varios meses
(incluyendo el período de secamiento) El formaldehído debe penetrar
profundamente en el material y el secamiento debe efectuarse con gran lentitud;
las prisas en el secamiento tienen como consecuencia quebraduras o torceduras en
las varillas. Si durante el secado ocurren dichos contratiempos, se pueden
remediar sumergiendo el material en agua hirviendo,pasándolo luego a presión a
través de moldes y enfriándolo a presión.
El material resultante es termoplástico,por lo tanto puede moldearse al calor,
pero carece de flexibilidad, es resistente a las tensiones medias, pero no así a
los impactos, razón que explica por qué, cuando un botón de bandoneón cae al
piso, generalmente se parte; la plasticidad de la galatita es limitada y a pesar
que el calor ayuda a realizar el moldeado a presión, son pocos los artículos que
pueden moldearse con aristas agudas y huecos profundos. Los moldes para trabajar
la mezcla deben ser metálicos y refrigerados con agua. La presión de trabajo de
éstos debe ser de unos 200 Kg/cm2 y esta presión se ha de mantener hasta que el
material se haya enfriado lo suficiente como para conservar su forma.
Se dice del bandoneón que posee botonera cuádruple, ya que el sonido al abrir y
cerrar el fuelle es diferente, y por lo tanto, es necesario aprender la
ubicación de 71 botones abriendo el fuelle y 71 cerrándolo.
|
|
Para cada botón existe un sistema de lengüetas,
similar al de las armónicas (voces de acero remachadas a un peine de Zn o de Al)
El 142 en la cantidad de tonos no se refiere a la cantidad de botones, sino al
número de lengüetas que vibran (acorde a la afinación), X cantidad de veces por
segundo para producir el sonido. De fábrica la afinación del bandoneón fue
A4=435Hz, este A (La) es el que se encuentra cinco teclas blancas a la derecha
del C (Do)central del piano. Históricamente el gobierno de Francia dictó una ley
en 1859 para establecer A4=435 Hz. La ley dictada por el estado francés, acordó
la adopción de un patrón de diapasón de uso obligatorio en los establecimientos
musicales autorizados por el Estado; fue el primer intento de estandarizar las
afinaciones y evitar el caos de afinaciones de lugar en lugar; sobre todo por el
problema que representaba alterar la afinación en instrumentos como pianos, un
órganos, etc. La ley se volvió un estándar de afinación bastante popular aún
fuera de Francia (Alemania, por ejemplo) cuando aparecieron los primeros
bandoneones marca E.L.A en 1864 la ley de afinación francesa ya tenía 5 años en
vigencia, por lo que los bandoneones se afinaron así y se especificaron las
siglas NA (Normales Abstimmen) para especificar la altura de dicho A4=435Hz. Los
modelos de bandoneón que llegaron a la Argentina (de las 2 fábricas más
conocidas E.L.A y AA) de 142 voces y aún los de 152 voces, tenían dos notas
bajas en el teclado izquierdo; G (Sol) en la parte superior y A (La) en la parte
inferior, pertenecientes a la octava que se encuentra por debajo del C (Do)más
grave del bandoneón. Estas dos notas no tenían aplicación práctica ya que
estaban una octava más bajas que todo el teclado. Cuando mundialmente se propuso
A=440Hz en el año 1955 por ISO (se había propuesto el cambio de A4=435Hz a
A4=440Hz por ser más sencillo de reproducir en condiciones de laboratorio para
experimentos con ondas), en Argentina algunos músicos prefirieron aprovechar el
cambio completo de afinación para cambiar esas dos dos notas a F (Fa) y E (Mi)
de la octava del C (Do) grave, respectivamente, quedando F arriba del teclado y
E sobre el final hacia el lado del frente. De esta manera el teclado quedaba
completo para estudiar abriendo.Algunos bandoneonistas cambiaron también B (Si)
cerrando el fuelle de la última octava alta del teclado grave por A cerrando,
para así tener aún más coherente el teclado, pero de dicha manera se perdía B
(Si), ya que abriendo esa nota no existe en el teclado bajo. Por lo que quedaron
cambiadas dos notas en algunos instrumentos y tres en otros. La afinación
propuesta por ISO en 1955 (A4=440Hz) recién fue ley en 1975 y se conoce como ley
ISO16. Las fechas explican por qué hay tantos instrumentos ajenos a este cambio,
los bandoneones nunca afinados no solamente están por debajo de A4=440Hz, además
tienen las tres notas del teclado del bajo: G y A graves abriendo y B alto
cerrando. En el bandoneón las voces se pueden afinar en orden de terceras. Más
allá de la tercera, la voz vuelve otra vez a su nota básica, esta nota básica
está en relación con el largo y el ancho de la lengüeta. Reduciendo el espesor,
sólo es posible dar toda la vuelta dos veces como máximo en cada voz, más allá
de eso la lengüeta se debilita y se rompe con el uso normal. Existe otro modo
para poder cambiar la afinación, en lugar de retirar material, y consiste en
agregar material al acero de la voz. Se utiliza plomo para bajar de octava y
alterar el pitch, pero la soldadura de plomo hay que hacerla con gas.Debe ser
soldadura fuerte para que no se desprenda el plomo con el movimiento de la voz
al vibrar a más de 440 veces por segundo. "NA" es A=435Hz, mientras que "OS"
(las siglas de Orchester Stimmung) indican la afinación de 438hz y 440hz. Hoy en
día se pueden encontrar bandoneones subidos a 445Hz inclusive, pero la afinación
debe estar siempre en relación con la de aquellos instrumentos de afinación fija
que toquen junto con él. Existen bandoneones unisonoros, bisonoros y trisonoros;
los unisonoros responden a la primera época y a modelos más pequeños y livianos
para niños, los bisonoros son los más utilizados por su brillo y afinación
octavada, los trisonoros tienen una tercera voz para efecto de trémolo. El
material del peine otorga brillo a las voces, los primeros bandoneones eran
unisonoros y tenían peines de plomo, luego aparecieron los modelos con peines de
Zinc puro hasta 1922, cuando una de las fábricas alemanas más populares (E.L.A)
comenzó a fabricarlos también con peines de Aluminio; lo cual alivianaba el
instrumento, pero modificaba el tradicional y tajante sonido que exigían los
tangueros.
Los teclados del bandoneón se tocan con cuatro dedos de cada mano, no se utiliza
el pulgar para las botoneras. Del lado derecho y por fuera, el bandoneón
standard posee una palanca para pulsar con el pulgar derecho; esta palanca
cumple la función de embrague: Deja pasar aire y corta el sonido para poder
mover el fuelle sin tener que apretar uno o más botones.
|
|
Para componer un acorde, hay que pulsar varios botones a la vez. Se considera al bandoneón como un instrumento inseparable de las orquestas de tango en Argentina. Llegó al país hacia 1900, exportado de Alemania por inmigrantes.Entre las más reconocidas fábricas de bandoneón, se encuentran las fábricas de la dinastía Arnold. En 1864 Ernst Louis Arnold adquiere la fábrica de C. Zirmmermmann y comienza la producción de bandoneones E.L.A. Ernst Louis Arnold se retira en 1880 y deja el cargo a uno de sus hijos varones Ernst Hermann Arnold.
Ernst Louis Arnold (El padre) muere en 1910 y en
1911 Paul y Alfred (otros dos hijos de Ernst Louis Arnold) abren su propia
fábrica en el mismo pueblo (Carlsfeld).
La fábrica nueva comienza a producir los emblemáticos "AA", "A", "Premier" y
"Alfa" Paralelamente se sigue fabricando la línea E.L.A por parte de Ernst
Hermann Arnold quien al morir deja a cargo a su hijo Otto Arnold; la fábrica
E.L.A cierra en 1959.
Alfred Arnold muere en 1933 y Paul Arnold muere en 1952. De los descendientes de
la dinastía Arnold siguen Arno Arnold (Hijo de Paul Arnold) y Horst Arnold (Hijo
de Alfred Arnold) que toman posesión de la fábrica AA y en 1949, deciden cerrar
la fábrica para que se coloque en su lugar una fábrica de bombas para la
industria automotriz. En 1950 Arno Arnold abre su propia fábrica en Alemania del
Oeste y produce la línea de bandoneones Arno Arnold.
Actualmente el bandoneón se sigue fabricando tanto en Alemania como en el resto
del mundo a manera industrial y artesanal. Entre los nuevos fabricantes de
bandoneones alrededor del mundo, se cuentan: Harry Geuns, Klaus Gutjahr, Uwe
Hartenhauer y la La Bandonion & Concertinafabrik Klingenthal, entre otros.
No cabe duda que el bandoneón encontró un lugar insustituible en el tango En
Argentina, el bandoneón es conocido como "fueye" entre los tangueros (destacando
la "y" en lugar de la "ll"; acentuando el acento porteño) El "fueye" es el alma
de las orquestas de tango. Un tango de Pascual Contursi (letra) y Juan Bautista
Deambroggio (música), compuesto en 1928 y que Carlos Gardel incorporó a su
repertorio, trata ya al bandoneón como a un hijo adoptado: "Bandoneón
arrabalero, / viejo fuelle desinflado, / te encontré como a un pebete (niño)/
que la madre abandonó". Entre los más importantes bandoneonistas argentinos y
uruguayos se cuentan Eduardo Arolas, Pedro Maffia, Pedro Laurenz, Eduardo
Rovira, Ciriaco Ortíz, Osvaldo Fresedo, Anibal Troilo, Roberto Di Filippo, Astor
Piazzolla, Alejandro Barletta, José Libertella, Leopoldo Federico y René Marino
Rivero.
Aspectos a tener en cuenta a la hora de comprar un bandoneón:
1) La disposición del teclado: Tiene que tener al menos 71 botones en total y no
tiene que ser cromático, los botones más gruesos son de 11 milímetros y los más
finos de 10mm, deben ser coherentes las pendientes del teclado y no esté muy
despareja la altura general, cuando un botón está mucho más alto que otro o es
porque se ha gastado el botón con el uso, o es porque la tapa de la botonera ha
sido cambiada por otra más tosca o es porque hay algún problema dentro con el
eje del pívot de madera donde apoya el botón. Al sacar la tapa, los resortes de
presión, de tracción y de los muñequitos no deben tener óxido ni estar torcidos.
Los botones tienen que apuntar todos en el mismo sentido con pendiente creciente
hacia el frente y decreciente hacia abajo en ambos teclados.
2) El estado de la madera: No tiene que haber sufrido mojaduras de líquidos, no
tiene que tener grietas, ni partes pegadas con adhesivos extraños, la madera
interna a simple vista debe ser de un color claro y uniforme, sin nudos; en
madera pino o de haya, lo más importante es que sea la original. Se aconseja
consultar previamente en una maderera o a un carpintero de confianza para tener
una idea básica de los tipos de madera y distinguirlas entre sí, el color no
siempre dice mucho pues un buen artesano hace buenas falsificaciones buenas con
tinturas muy claras, lo importante es la dirección de las vetas, la densidad y
el peso; es lo que influye en el sonido.Si las cajas armónicas tienen rotas las
orejas de madera que apoyan en la caja de resonancia quiere decir que el
bandoneón se cayó al piso, ojo con éso. Es importante la madera exterior, tiene
que tener el lustre original, no importa si está gastado o algo cuarteado, lo
importante es que no haya sido repintado; se verán llamativos algunos
bandoneones repintados, pero los barnices y pinturas afectan el sonido y cuando
está mal hecho el trabajo, el instrumento termina pareciendo de plástico. Se
debe mirar el aspecto externo general, si hay partes estéticamente distintas o
algún agregado, si hay raspones en el exterior, golpes y si están todas las
liras en las ochavas y éstas son iguales entre sí. Si el exterior está cuarteado
o con pequeñas fisuras, quiere decir que ha sido expuesto de manera brusca a
cambios de temperatura; cuidado.
3) El instrumento no tiene que tener pérdidas de aire importantes ni hacer
ruídos al moverlo; coloque el bandoneón sobre las piernas, remoje los labios y
con las manos en las correas pase bien cerca la boca a lo largo del fuelle en
todas las uniones (sin que la boca toque el fuelle), si hay alguna pérdida de
aire va a sentir una corriente de aire en la boca al oprimir o estirar el
fuelle. Si las pérdidas de aire están en los marcos centrales de madera es muy
probable que el instrumento se haya caído al piso, haya sido maltratado o el
cartón fuelle haya estado muy expuesto a la humedad y esté despegándose por
dentro. No tiene que haber pérdidas de aire en la zapata de la válvula (donde va
la placa con el nombre del instrumento) hacer lo mismo que se hizo para el
fuelle, si hay corrientes de aire es porque la guarnición (burlete) de cuero
interna está gastada y hará falta cambiarla, o puede deberse a un problema de
apoyo con la zapata interna, o falta de presión de los resortes, etc.
4) Al cerrar el fuelle debe quedar compacto, no tiene que estar hinchado en
ninguna parte, si no cierra bien puede deberse a que han puesto un parche por el
lado de adentro del fuelle o porque se ha pandeado el cartón con la humedad. Los
60 esquineros del fuelle deben estar todos a la misma altura y deben quedar
parejos al cerrar el fuelle, tienen que ser del mismo color y de la misma forma
todos, las viras negras tienen que ser del mismo color y material, el papel
externo no tiene que tener raspones, si el fuelle es varillado fijate que las
varillas estén parejas y los dientes del varillado no hayan roto las viras.El
fuelle mismo no tiene funcion acustica, salvo la de actuar como resonador de
frecuencia oscilante y que no tiene mayor repercusion.
5) No tiene que haber pérdidas de aire por el calado de los lados (por donde
sale el sonido) si hay pérdidas es porque la tapa hace juego con la máquina y
deja pasar aire. Tampoco tienen que haber pérdidas por debajo de las aristas de
contorno si hay pérdida en las que están del lado interno es porque el fuelle
está despegándose de la caja, si hay pérdidas en las del lado externo es porque
la guarnición (burlete) de la caja de resonancia está gastada, rota o
directamente no está presente.
6) En la máquina no tienen que haber clavos verticales que sujeten partes,
suelen reparar mal la máquina algunos y colocan clavos para que las zapatas no
se muevan hacia los lados. Un crimen.
7) Si el bandoneón es marca Premier o AA los peines son siempre de Zn (Cinc). Si
le dicen que el bandoneón es de esa marca y tiene peines de aluminio es porque
los han cambiado o lo están engañando vilmente. Los peines de aluminio venían en
dos tipos blando (puro) y duro (duraluminium), los de aluminio blando no son muy
estables y se afectan considerablemente a los cambios de temperatura, se rayan
con facilidad al pasar cualquier herramienta. Los peines de aluminio tienen
aspecto brilloso.Los peines de Cinc son pesados, algo opacos (aunque se pueden
pulir) ELA produjo bandoneones exclusivamente con peines de Zn hasta el año
1922, crearon una línea paralela de mayor precio con peines de aluminio para
exportación. El precio era mayor debido a que, en aquella época, el aluminio era
caro de producir a nivel industrial, ya que requería de un proceso eléctrico a
gran escala. Con el paso del tiempo y llegada de la segunda guerra mundial, el
aluminio fue tornándose cada vez más barato y fácil de producir, lo que produjo
la situación inversa y los bandoneones con peines de aluminio pasaron a ser más
baratos que los que se hacían con peines de Zn. El Zinc es un metal más pesado y
transmite mal el calor; por razones de inercia oscila a una frecuencia más baja,
lo cual produce un sonido más tajante y le da un toque especial al conjunto de
la madera y las voces de acero remachadas a los peines, es el sonido con el que
insistió la fábrica AA para el mercado del Río de la Plata, y el sonido que se
utiliza en el tango. Una manera para determinar mediante el tacto el material de
los peines es tocándolos, si éstos están fríos, quiere decir que son de Zn, si
están a temperatura ambiente son de Al.
|
|
8) Las voces que van en los peines no deben estar oxidadas, ni muy raspadas, ni
dobladas, deben estar todas, no tiene que haber voces partidas, las válvulas de
cuero que van en los peines tiene que estar planas o a lo sumo un poco
levantadas, pero nunca con vueltas o chuecas. Algunas de las notas más agudas
(los aceros más cortos) no llevan cueros, pero todas las demás sí. Recuerda que
al levantar la máquina y darla vuelta, los peines que ves pertenecen a las voces
cerrando, para ver las voces abriendo hacen falta sacar los peines girando las
escarpias (ganchos) pero éso sólo se aconseja hacerlo si se va con alguien que
esté al tanto.
9) Si el dueño no quiere mostrar el bandoneón por dentro por algo es. A veces te
dan excusas como: "El instrumento se desafina al abrirlo" No es cierto.
10) No tiene que haber pegotes de adhesivos cianocrilatos en la madera pues no
son resistentes a la humedad ni a los impactos, y si bien pueden sujetar las
piezas, con el uso las partes se despegan.
11) Si el bandoneón no ha sido afinado nunca, va a estar con afinación por
debajo de 440Hz, es un problema a la hora de tocar junto a otro bandoneón que sí
está afinado más arriba; va a tener que gastar algo más de dinero para hacerlo
afinar completo por un profesional, por lo que se puede discutir el precio final
con el vendedor. Si el bandoneón ha sido afinado, hay que fijarse si hay algún
sello del "luthier" que haya hecho el trabajo. Usualmente el bandoneón de 71
botones traía con un Sol grave y un La grave abriendo en el teclado de los
bajos, conviene pasarlos a Fa grave y Mi grave de la octava siguiente al
llevarlo a afinar, con el fin de tener un teclado más coherente.
12) Las rinconeras (uniones de cuero entre pliegues del fuelle) no tienen que
estar apolilladas porque implica tener que cambiarlas, mira bien cada unión y
fijate que tampoco estén resecas, porque si es así, se van a ir rompiendo con el
movimiento a medida que toques.
13) Probar que funcionen bien todos los botones abriendo y cerrando el fuelle en
ambos teclados; y que éstos no estén unos más duros que otros.
Fuente: Benjamin Szvalb web site, http://ar.geocities.com/benszv/szvalbsite.html
De
fueyes perdidos
Por Julio Nudler
Pasó treinta años entrevistando mas de 300 bandoneonistas, grabando sus
confesiones y sus solos secretos. Ahora, OSCAR ZUCCHI elige los 8 fueyes de oro
y explica cómo construyó un documento enorme y único de la historia del tango.
Ya de chico lo impresionaba un bandoneonista ciego llamado Juancito Díaz, que
visitaba su casa paterna se ganaba la vida con su oído absoluto: como afinador
de pianos en Napoleón de Barbieri. A los diez años estudiaba escuchando por
radio los discos de Gardel, con el libro abierto sobre el lomo de su perro, que
dormía sobre el escritorio. Por esa época, Oscar Zucchi ya tenía decidido ser
veterinario, pero amores siempre tuvo dos: además de los animales, el tango. Y
dentro del tango, su alma: el bandoneón. A esa caja jadeante, a veces desinflada
-según imaginó Pascual Contursi-, Zucchi le consagró la vasta obra que
Corregidor comenzará a editarle en abril: una serie de diez tomos, en los que
deberán caber las más de dos mil páginas apretadamente escritas por Zucchi a
máquina, a un espacio, donde retrata personal y artísticamente a 360
bandoneonistas, a cada uno de los cuales entrevistó (y el número sigue
creciendo, con los pibes nuevos). La obra comienza por una historia del
instrumento, al que además desarma y analiza minuciosamente. Sigue con su
controvertida llegada al Río de la Plata, y deriva luego hacia sus precursores
criollos, y a los cortes generacionales: los del 10, los del 25, los del 40, los
del 55, hasta llegar a los actuales.
Tras dejar la universidad, Zucchi se vinculó a Luis Adolfo Sierra (el primer
gran crítico que tuvo el tango, el hombre que definió estéticamente sus estilos,
aunque sin disimular nunca su corazón decareano). Sobre la Guardia Vieja
aprendió con Raúl Lafuente, que presidía la peña El Organito. Una vez que se
decidió a historiar el tango, hace ya treinta años, Zucchi no se limitó a los
bandoneonistas. Empezó entrevistando a los grandes autores, para que le contaran
cómo habían creado cada uno de sus tangos. Quería que Rafael Rossi le pintase
las circunstancias en que Gardel le cantó Senda florida o Como abrazado a un
rencor. Que Francisco Pracánico le hablase de cómo Ignacio Corsini le cantó
Sombras y Azucena Maizani Monte Criollo. Además, lo obsesionaba precisar la
formación de cada orquesta en cada momento: a veces el cambio de un solo músico
alteraba el carácter de todo un conjunto. Por entonces le interesaba, sobre
todo, la época de los sextetos (como los de Cayetano Puglisi, Luis Petrucelli o
Elvino Vardaro), que abarcó las décadas de los veinte y los treinta.
Con el tiempo Zucchi fue concentrándose cada vez más en los bandoneonistas.
"Curiosamente, la mayoría de los arregladores del tango han sido bandoneonistas.
De ser los que menos música sabían, en los comienzos del tango, los
bandoneonistas pasaron a ser los más conocedores, quizá porque el bandoneón
encierra una pequeña orquesta en sí mismo", dice hoy, a modo de explicación. Y
cuenta que primero pensó en los más característicos pero después se interesó
especialmente en los grandes olvidados (tanto que fue postergando a las figuras
más célebres hasta que un día de 1975 lo sorprendió la muerte de Anibal Troilo,
y recordó que los dioses griegos eran mortales). Algo tímido, un poco retraído,
se presentaba a sus entrevistados como historiador y estudioso del tango. Y en
esa calidad lo recibían todos, hasta volverse amigos suyos. "Mi agenda, en vez
de minas, está llena de bandoneonistas jubilados. Todos los días tengo que estar
borrando a alguno que se fue para el otro lado", dice con su voz apagada. En las
entrevistas pretendía enterarse de todo. De los orígenes familiares, de las
razones para haber elegido el bandoneón, de los maestros, de la trayectoria. Al
visitarlos llevaba a cuestas un grabador Odeón-Marconi semiprofesional, enorme y
pesadísimo, con el que alguna tarde imposible de tormenta rodó por una vereda.
En aquellas cintas expuestas recogió solos de Angel Ramos, de Antonio Ríos, de
Federico Scorticati, de Alfredo De Franco. Hasta el día de hoy conserva más de
doscientos pequeños recitales inéditos, solos únicos que guardan testimonios
irrepetibles. La Academia Nacional del Tango fijó como prioridad la edición
escrita y sonora de toda esta obra, pero luego se le traspapeló entre otras
menos trascendentes.
Mientras tanto, Zucchi dio a conocer su primer libro La bandoneonía porteña, un
ensayo publicado por el Centro Editor de América Latina en 1970. Luego fue el
turno de El bandoneón en el tango (Corregidor); más tarde, un ensayo sobre los
estribillistas de los años veinte y luego otros dos, sobre las trayectorias
completas de Francisco Lomuto y de Edgardo Donato (siempre en Corregidor).
Osvaldo Fresedo ocupa casi cuarenta páginas de los archivos de Zucchi. Leopoldo
Federico cubre treinta, Pedro Laurenz más de veinte. Otros deben conformarse con
unas pocas carillas. Para entrevistar a algunos debió viajar muchos kilómetros.
Otros, como Armando Pontier o Héctor Varela, fueron humildemente hasta su casa,
entonces en Saavedra. No pudo hablar con todos, claro: al mítico Ciriaco Ortiz,
por ejemplo, no llegó a entrevistarlo, pero lo reconstruyó a través de los
músicos que tocaron con él. Con el tiempo llegó a conocer a casi todos, y
comprendió que era cierto lo que alguien dijo alguna vez: "Que el músico de
tango es una mezcla de ángel e hijo de puta. A veces prevalece el ángel. 0 puede
ser angelical con los compañeros y un hijo de puta con una mujer. Uno escucha el
sexteto de Julio De Caro y piensa que, para tocar tan maravillosamente, debía
haber mucho afecto entre ellos. Y sin embargo hubo épocas en que ni se dirigían
la palabra".
Piazzolla se mostró bastante agresivo cuando Zucchi fue a verlo por primera vez.
"Ah, usted es el que se dedica a coleccionar voces de bandoneonistas", lo
menospreció y, acto seguido, le dijo: "¿Entrevista a todos, o sólo a los que
tocan bien?". A pesar de todo, aceptó darle cuarenta minutos, tiempo que cumplió
puntillosamente por reloj. Sin embargo, en aquel reportaje Astor hizo algo
sorprendente, herético para cualquier devoto del buen tango: ponderó corno
bandoneón solista a Juan Sánchez Gorio, con quien había tocado en la pobre
orquesta del "Tano" Francisco Lauro. Y le contó a Zucchi que Sánchez Gorio y él
se consolaban en aquel entonces haciendo dúos.
Cuando se le pregunta si se puede establecer un ranking de bandoneonistas, éste
es el veredicto de Zucchi: "Como virtuoso, lo máximo fue Roberto Di Filippo, que
en los cincuenta ejecutaba arreglos de Astor que ni éste podía aún tocar. Los
solistas que más me impresionaron en general fueron Federico Scorticati, Armando
Blasco y Gabriel Clausi. Y, como creadores, y por su gravitación, Pedro Maffia y
Pedro Laurenz. Aparte están los bandoneonistas de orquesta, como Troilo, y
dentro de este rubro los especialistas: primeros bandoneones como Osvaldo
Ruggiero (en la orquesta de Pugliese) o Héctor Varela (en la orquesta de
D'Arienzo) fueron insuperables. Todos éstos dentro de una tendencia virtuosista.
Pero además están los estilistas, los que crearon una modalidad propia, como
Máximo Mori (que fue quizá quien más hermosos arreglos concibió para bandoneón
solo), Antonio Ríos, Julio Ahumada. En cuanto a Eduardo del Piano, nadie podía
escribir como él para la fila de cuatro bandoneones a tres voces".
Cuando se le pregunta por qué hubo tan pocas mujeres bandoneonistas, Zucchi
contesta: "Quizá porque el bandoneón exige mucha fuerza fisica, y no es
apropiado para tocar con pollera. De todos modos, hubo bandoneonistas mujeres,
además de la famosa Paquita Bernardo. La más evolucionada fue Nélida Federico,
que hasta incursionó como concertista, pero la mejor fue Fermina Maristany, que
tocaba con su orquesta en el Western Bar. Quizá no se la mencione porque era
negra y hombruna".
Y, para el final, Zucchi guarda una anécdota: en su boda tocó uno de los
grandes, el "Chula" Clausi. Parece que, cuando el cura vio llegar el bandoneón,
le advirtió, algo alarmado: "¡No me vaya a tocar ninguna milonga!" La idea del
tango pecaminoso no se había disipado del todo. Pero, para la tranquilidad
eclesiástica, Clausi hizo el Rêverie de Schumann y el Ave María. "El bandoneón,
bien tocado, da para todo", dice Zucchi.
LOS OCHO MAS GRANDES según ZUCCHI
En los comienzos del tango, los bandoneonistas eran los que menos sabían de
música, pero con el tiempo pasaron a ser los mejores arregladores. "Quizá porque
el bandoneón encierra una pequeña orquesta en sí mismo, sostiene OSCAR ZUCCHI,
autor de una obra monumental sobre la evolución del tango a través de sus
grandes bandoneones. Zucchi elige lo ocho bandoneones más representativos del
tango y cuenta el porqué de su inmoderada afición. Estos son:
Eduardo Arolas, Pedro Maffia, Pedro Laurenz, Federico Scorticatti, Aníbal
Troilo, Roberto Di Filippo, Astor Piazzolla, Leopoldo Federico.
Una
historia del Bandoneón
Por Juan Ángel Russo
Argentina - Tango - Bandoneón, son tres conceptos difíciles de separar. Tres
palabras que a través de los años se han ido ensamblando de tal manera, que ya
nada las podrá separar.
Es bien sabido que Europa extendió sus brazos y vino a América a ayudamos a
fundar la patria, pero que lejos estaban esos rubios germanos que a mitad del
siglo XVIII y tratando de mejorar la calidad tonal a sus instrumentos
regionales, dieron origen a la jaula sonora que entregó alma y sonido al tango
argentino.
Sí, seguramente usted ha de saber que el origen del bandoneón se remonta
aproximadamente a 1850 en Alemania. Fue llevado a la Argentina quien sabe por
quién, pero de algo estamos seguros: ese alguien debía tener una personalidad a
la que el sonido de esa caja con botones y canto de gorrión, remontaba a sus
praderas o a sus montañas, es decir, lo llevaba en su ensoñación musical a su
lejano terruño.
José Santa Cruz, "El Pardo" Sebastián Ramos Mejía, Antonio Chiappe, Mazzuchelli,
Zambrano y otros nombres que han quedado en el polvo del olvido, fueron los
primeros instrumentistas del fuelle en estos lares. A esos primitivos siguieron:
"El Tano" Genaro Expósito, Vicente Greco, Juan Maglio "Pacho", Eduardo Arolas,
Manuel Pizarro y otros nombres legendarios y famosos en la historia del tango,
quienes lo acunaron en sus rodillas y lo incorporaron y para siempre, a sus
agrupaciones de música popular.
La mujer no podía quedar al margen de esa historia y así, Paquita Bernardo,
Fermina Marystani, Margarita Sánchez Casquet, Haydée Gagliano, Aurora Claudino,
Aída Rioch, fueron las antecesoras de Ebe Bedrune ("La Dama Blanca"), Nélida
Federico y Eva Méndez, en el arte de sacar notas del teutón instrumento.
Los nombres de Pedro Mario Maffia, Anselmo Alfredo Aieta, Luis Petrucelli,
"Ciriaquito" Ortíz, Carlos Marcucci, Gabriel Clausi, Minotto di Cicco, fueron
los que tomaron la posta de los primitivos del arrugado en las décadas
gloriosas. El resto es más sabido: Aníbal Troilo, Astor Piazzolla, Raúl Garello,
Néstor Marconi y muchos más, fueron transformando el sonido del gusano, a medida
que se producía la evolución estilística del mismo.
Argentina-Tango-Bandoneón
El tango, la música ciudadana argentina, hoy tiene un sello que lo distingue y
que motiva que los auténticos representantes de esa música sean admirados y
solicitados de todas las latitudes del mundo. Siempre juntos Argentina - Tango -
Bandoneón.
Ayer alemán, hoy argentino y ciudadano del mundo. ¿Lo habrán pensado aquellos
rubios germanos del siglo XIX? ¿Habrán pensado esos señores alemanes, allá por
mediados del siglo XIX, que un instrumento musical, que ellos fabricaron,
reformando otros elementos existentes que por sus condiciones ya les resultaban
insuficientes para sus inquietudes, se iba a constituir, con el correr de los
años, en el instrumento clave de la música representativa del sur del continente
americano? La respuesta indudablemente, es no.
Las dificultades que ocasiona la falta de información, y la repetición de datos
-la mayoría de las veces erróneos- han hecho que no sea tarea fácil elaborar una
historia, cierta y concreta sobre el bandoneón.
Es un hecho coincidente e incontrovertible que el nombre proviene de uno de sus
primeros fabricantes: Heinrich Band, oriundo de la ciudad de Krefeld.
Insistentemente se menciona a C. Zimmermann como el padre de la criatura y quien
habría entregado esa creación a Ernst Louis Arnold para su fabricación.
¿Qué se sabe de Heinrich Band?
Heinrich Band nació en Krefeld el 4 de abril de 1821 y falleció de una afección
pu1monar en el mes de diciembre de 1860. Segundo varón de dieciséis hermanos, su
padre, Peter Band, era un artesano tejedor de sedas, actividad que dejó para
convertirse en violinista y dueño de una tienda de venta de instrumentos
musicales.
Heinrich Band, que se casó con Johanna Siebourg con quien tuvo tres hijos,
tocaba el violoncelo en una orquesta de cierta importancia que dirigía el
maestro Heinrich Geul (virtuoso violinista que fue comparado en forma positiva
con el célebre Nicolás Paganini, a la sazón casado con Maria Gertrud Mayer,
hermana de la madre de Heinrich Band).
Heinrich Geul parecería que influyó para que Peter Band cambiara la profesión de
tejedor por la de violinista y vendedor de elementos que tenían que ver con la
música.
Heinrich Band heredó de su padre el establecimiento musical, y a su
fallecimiento, su viuda Johanna Siebourg formó una sociedad con Jakob Cupont,
violinista y director del coro de Liederhalle y además, comerciante de cigarros.
Disuelta esta sociedad y posteriormente fallecida la señora Siebourg, la tienda
y además la editorial que integraba esa firma pasaron a ser regenteadas por
Alfred Band, primogénito del matrimonio, y a posteriori por la hija de éste,
María (1887-1926), única descendiente que lo sobrevivió y continuó con la
editorial hasta su muerte, momento en que desapareció el apellido Band de la
industria y el comercio musical.
La primera noticia de la fábrica de bandoneones por parte de Heinrich Band fue
un anuncio publicitario de diciembre de 1850 (conviene tener en cuenta que ese
aviso no destacaba en ningún momento que H. Band fuera el inventor del nuevo
instrumento, ni que el mismo se llamara "bandonión"). Esa palabra sólo apareció
en 1856 en las páginas del anuario de Krefeld, diciendo textualmente:
"Acordión's Concertino's, por algunos llamado Bandonio's".
¿Quién era C. Zimmermann y qué hizo?
Muy poco se sabe de él, y hasta se ignora qué significa la letra "C" de su
nombre. En 1849, durante la "Exposición Industrial de París", en un informe
publicitario publicado por C. Zimmermann, apareció la promoción de un
instrumento por él creado, basado en la concertina alemana de Carl Friedrich
Uhlig, con formato redondo u octogonal y con la fundamental diferencia de mayor
número de voces y ordenamiento distinto.
En Sajonia, en la ciudad de Carlsfeld, lugar natal de Zimmermann, se denominó a
este nuevo instrumento "Carlsfelder Konzertina", a diferencia del creado por
Uhlig, que se denominaba simplemente concertina. La concertina de Krefeld
comenzó a llamarse "bandonión", y se extendió ese nombre hacia el sur y luego a
toda Alemania. La muerte de Band, acaecida en 1860 y la emigración de C.
Zimmermann a los EE.UU. en 1864, presumiblemente a Philadelphia, hizo que la
denominación de "bandonión" y posteriormente "bandoneón", quedara como nombre
definitivo del instrumento musical que nos ocupa y por ende, la creación del
mismo como obra de Heinrich Band, ya que su nombre fue el adoptado por los
distintos fabricantes de este nuevo y solicitado instrumento musical. C.
Zimmermann antes de irse a los EE.UU. vendió su fábrica a alguien cuyo apellido
tendría mucho que ver con el futuro industrial del bandoneón: Ernst Louis
Arnold.
El apellido Arnold
Al adquirir en 1864 la fábrica a C. Zirmmermann, Ernst Louis Arnold (1828-1910)
la bautizó con el nombre: "Ernest Louis Arnold Babdonion und Konzertina Fabrik".
De esa fábrica salieron los bandoneones marca "ELA" que en los primeros años del
siglo XX introdujo en la Argentina Maz Epperlein, un exportador de Liepzig que
terminó radicándose en Buenos Aires, ciudad de la que se enamoró.
Retirado Ernst Louis Arnold, la fábrica quedó en manos de su hijo Ernst Hennann
(1859-1946). En 1911, Paul (1866-1952) y Alfred (1878-1933), hermanos de Ernst
Hennann y por lo tanto hijos de Ernst Louis Arnold, se instalaron con otra
fábrica a la que designaron con el nombre de "Alfred Arnold Bandonion und
Konzertina Fabrik". De esta empresa salieron los bandoneones "AA" (Doble A), los
de mayor prestigio por su fortaleza, buen mecanismo y calidad de voces. También
los denominados "Premier" eran producto de la misma casa.
Kurt Muller, uno de los ocho afinadores, además de los cien operarios que tenía
la empresa, llegó a ser bandoneonista de la muy afamada "Juan Lloras Original
Argentinische Tango Kapella" y afirmó que por esa época salían centenares de
bandoneones para la Argentina (ésto era entre 1920 y 1925).
Al morir en 1933 Alfred Arnold, la fábrica quedó en manos de su hijo Horst
Alfred (1905-1979) y de Arno (1893-1970), hijo de Paul. Ellos la dirigieron
hasta después de la Segunda Guerra Mundial. En ese momento la fábrica dejó de
producir instrumentos musicales para dedicarse a algo más utilitario: bombas de
nafta para la industria automotriz.
Arno Arnold, que se había trasladado a Alemania del Oeste, en 1950 se instaló en
Obersthaussen con su "Arno Arnold Bandonion Fabrik", empresa de escasa
producción, que en 1971 al fallecer su propietario, cerró sus puertas. De esta
manera la dinastía Arnold llegó a su fin, como así también la marca más afamada
de bandoneones.
Otras marcas, otros nombres
La prestigiosa casa "Hohner" envió a América bandoneones de las marcas
"Germania", "Tango", "Concertista" y "Cardenal", importados por la casa
"Oehrtmann", ubicada en la calle Humberto 1° N° 1561 de Buenos Aires. Los
bandoneones "Germania" tuvieron gran aceptación cuando el fabricante de voces de
Arnold, de apellido Dik, los construyó para la fábrica "Hohner".
La casa "Oehrtmann" también importaba los bandoneones "38", elaborados por la
fábrica "Mainer und Herold", y también los "ELA" fabricados por el pionero Ernst
Louis Arnold. En la Argentina hubo un intento de fabricación por parte Luis
Mariani y su hijo Duilio que vendían, afinaban y reparaban bandoneones y
acordeones. Esos bandoneones fueron promocionados por artistas de primera línea,
pero no pasó de ser un intento, ya que el matrizado de las voces fue un
obstáculo insalvable.
En la década de 1960, en Brasil, la fábrica "Danielson" lanzó al mercado
bandoneones con esa marca, pero la calidad tonal de los mismos no era la
requerida por los instrumentistas. A su vez, la fábrica italiana de acordeones
"Pangotti" con el asesoramiento de Luis Mariani, se dedicó a la fabricación del
instrumento que nos ocupa, pero su calidad no fue positiva.
En Alemania actual el músico y compositor Klaus Gutjahr, fabrica artesanalmente
bandoneones, con resultado aún no determinado.
El uso del bandoneón en Alemania
Se ha afirmado que el bandoneón era un instrumento que usaban los campesinos
alemanes para alegrar sus fiestas e interpretar música folklórica. Pero la
realidad investigativa demuestra que no era así.
Las más antiguas partituras alemanas para bandoneón están impresas en papeles de
alta calidad, con ilustraciones a todo lujo, y dedicas a música sacra, danzas de
salón (valses, polcas, gavotas y cuadrillas) y fragmentos de óperas.
Circa 1880, con el afianzamiento de la economía germana, los mineros de la
cuenca del Ruhr y los trabajadores industriales, crearon sus instituciones
bandoneonísticas, las que se extendieron por toda Alemania. Así nacieron la
"Federación de Clubes de Música de los Trabajadores Alemanes" y la "Federación
Alemana de la Concertina y el Bandoneón". Esta última se ocupó de normalizar la
fabricación del instrumento, dotándolo en forma uniforme de 144 voces.
Anteriormente se fabricaba de 142 voces, que fue la adoptada por los músicos de
tango y por excepción se siguió fabricando para la exportación hacia América, y
en especial para la Argentina.
Nomenclatura y parte técnica
Como instrumento musical, el bandoneón debe ser clasificado como aerófono
portátil, o sea que el aire mismo es puesto en vibración. Se ejecuta con ambas
manos simultáneamente, y consiste en dos cajas armónicas unidas por un fuelle en
los extremos interiores de esas cajas. Por acción de la presión del aire vibran
unas lenguetas metálicas brindando el particular sonido que ha unido el sentir
musical de Alemania, con la música ciudadana por excelencia de Buenos Aires.
El modelo normal o normalizado de bandoneón posee 71 (33 para la mano izquierda,
38 para la mano derecha), que significan 142 voces, ya que abriendo es un sonido
y cerrando es otro. Las cajas armónicas están construidas en madera de haya,
pino o abeto y enchapadas en jacarandá, ébano o abedul, pudiendo ser negros,
marrones y ocasionalmente blancos (llamados "lecheritos"). La medida de estas
cajas es de 24 centímetros por lado, con una profundidad desde la botonera hasta
el fuelle de 22 centímetros. De acuerdo con los adornos de nácar incrustados se
denominan "nacarado", "tres cuartos nacarado", "medio nacarado" y en ausencia
del exquisito material, simplemente "lisos". En la parte media de las tapas de
las cajas armónicas, están colocadas unas correas con hebillas ajustables dentro
de las cuales el ejecutante aloja sus manos. En el interior de las cajas está
ubicado el corazón, la parte vital del instrumento: los peines. Esos peines, 14
en total (8 en la mano derecha -voces-, y 6 en la mano izquierda -bajos-), son
básicamente chapas metálicas de cuya aleación (y ahí está el secreto) depende el
sonido. Esas chapas poseen hendiduras, obturadas por un lado con una lengüeta de
acero y por el otro, con sopapas de cuero. Los botones que pulsa el
instrumentista están colocados en la parte exterior de las cajas, y al ser
accionados ponen en funcionamiento unas piezas de madera, llamadas zapatillas,
que son las que cierran las lengüetas o sopapas que producen el particular y
encantador sonido. La entrada y salida del aire que ocupa el fuelle y por
extensión las cajas armónicas, están reguladas por un dispositivo valvular
mecánico, colocado en la parte derecha o de las voces, y es accionado por el
dedo pulgar correspondiente.
De la habilidad del ejecutante en maniobrar con sus dedos buscando el sonido
adecuado y la regulación ejercida por el citado pulgar, para abrir y cerrar el
instrumento, dependerá la continuidad armónica y musical del sonido y el jadeo
que provocaría el hecho de comprimir aire y no eliminarlo con el dispositivo
valvular mecánico.
Todo parece muy simple pero de acuerdo con la forma de realizar todo esto, se
deberá la magnificencia artística del bandoneonista o su mediocridad. En lo que
respecta a la parte artística, conviene apuntar que primero fue la música
alemana y luego el tango, los géneros musicales que utilizaron el bandoneón.
Pero en la actualidad la música nativa argentina, la denominada música clásica o
culta y la música de actualidad, utilizan el instrumento.
Todos estos elementos, los históricos, los relativos a materiales empleados,
técnicas de construcción y lógicamente, procedencia y estado, son los conceptos
que deben tenerse en cuenta para fijar la calidad y por lo tanto, el valor de la
pieza en cuestión.
Conclusión
Volviendo al principio, ¿habrán pensado aquellos germanos del 1800 y tantos, que
ese instrumento que ellos fueron modificando, llegaría a ser el símbolo de una
música que ha recorrido el mundo y que luego de ser la expresión musical por
antonomasia de la Argentina, renace como el ave Fénix de sus cenizas y se
entroniza en las salas de espectáculos de todo el orbe? Hoy, si bien la
fabricación del bandoneón se ha tornado cada vez más difícil y cada vez más
inexistente, en la historia de los instrumentos musicales será un símbolo más de
la unión de los pueblos, mediante ese idioma, esa expresión artística universal
que es la música.
©Historia del Tango, Instituto de Investigaciones del tango, Bs. Aires 1995.
www.webcom.com/reporter

Por Gabriel Plaza
En 1840 vio la luz en Alemania una suerte de
órgano portátil pensado para las misas que terminó recalando en el puerto de
Buenos Aires dándole patente de identidad propia al tango. Pero fueron los
de Alfred Arnold (de allí los famosos Doble A, en su fábrica fundada en 1911
en la ciudad alemana de Carsfeld, los que se terminaron transformando en los
fueyes favoritos de los tangueros. La empresa llegó a exportar solamente al
Río de la Plata unos 20 mil bandoneones hasta su cierre definitivo en los
años cuarenta. Ahora Horacio Ferrer y Juan Fabri, dueño de La Esquina del
Tango, anunciaron sin fecha de comienzo la instalación de una fábrica
argentina de bandoneones bajo la tutela del luthier alemán Klaus Gutjahr,
que trabaja en Berlín. "Es un proyecto de mucha magnitud que llevará su
tiempo, pero que permitirá fabricar bandoneones acá con la calidad que
requiere un profesional. Gutjahr es un luthier reconocido por su trabajo en
la fabricación de bandoneones. Hace poco, Juan José Mossalini le encargó
cinco bandoneones para la Orquesta Escuela que tiene en París. La calidad de
Karl está en la primera línea."
Para algunos es esperanzador; para otros, los instrumentos no funcionarán,
pero es demasiado pronto para diagnósticos. Ferrer promete: "Queremos tener
un centro del bandoneón que aúne la fábrica, la reparación, el museo y un
espacio de enseñanza. Y queremos hacer convenios para que los jóvenes
adquieran los fueyes . Salvar el bandoneón, significa salvar el tango. Es
lindo ilusionarse en el siglo XXI con una fábrica de bandoneones en la
Argentina
La falta de fueyes en el mercado, el alza de los precios y, sobre todo, la
fuga de instrumentos al exterior plantean un escenario crítico en medio del
resurgir del género
En el Día del Bandoneón, Raúl Garello donó un instrumento que era de Troilo
a la Academia Nacional del Tango. Fue un gesto de buena voluntad en un
escenario crítico para el instrumento que le dio al tango un sello de
identidad en todo el mundo. Sin una ley efectiva que lo proteja, la fuga
indiscriminada de fueyes al exterior, el alza de los precios que lo hacen
inaccesible para cualquier músico novato y el disminuido sector de luthiers
que hacen de todo, hasta lo imposible, para que los bandoneones recuperen su
esplendor original, el panorama es preocupante.
"Hubo años en los que llegaron a emigrar como cien bandoneones al exterior
por la desidia de muchos músicos que buscaban hacer una diferencia, pero no
sabían lo que estaban generando. Ahora se nota la escasez. Hay que tener en
cuenta que en el país dejaron de ingresar fueyes a fines del treinta y los
conocidos Doble A, que son los que se usan para el tango, no se fabricaron
más. Se hace difícil para el músico nuevo encontrar un buen fueye , y esto
termina frenando el crecimiento del tango en general", dice Oscar Fischer,
luthier y responsable de La Casa del Bandoneón.
Para los profesionales del fueye cada vez es más difícil encontrar un
instrumento a un precio que no sea cotizado en euros y que además suene
bien, ya que la mayoría pasó los ochenta años de existencia. Según la cara
del comprador y el oído del músico, un instrumento puede oscilar entre tres
mil y siete mil pesos, cosa que lo transformó en un bien de lujo y escaso.
Carlos Corrales, uno de los brillantes intérpretes de su generación, que
toca en la Orquesta de Tango de Buenos Aires y en el trío de Osvaldo
Berlingieri, dice: "Ya prácticamente no hay instrumentos buenos para
comprar. En un momento yo llegué a tener ocho bandoneones, pero me quedé con
dos que son los que toco habitualmente. Prefiero que me afanen el auto y no
un bandoneón porque son contados los buenos fueyes . Debe haber diez o
quince que valgan la pena".
En este contexto, el anuncio de Horacio Ferrer, presidente de la Academia
Nacional del Tango de instalar una fábrica de bandoneones en el país (ver
recuadro) y el proyecto de protección del fueye impulsado por varias
asociaciones tangueras como la Unión de Orquestas Típicas (UOT) apuntan a
contrarrestar este escenario crítico. Sin embargo, para el destacado
bandoneonista Pablo Mainetti esta situación puede ser aprovechada
beneficiosamente. "Creo que esta escasez de instrumentos se nota porque hay
más demanda y más gente que quiere estudiar el bandoneón acá y afuera lo que
en un punto no me parece negativo sino todo lo contrario. Así como aparece
la necesidad de bandoneones va a aparecer la necesidad de fabricarlos y de
que haya más gente que los sepa reparar, que ése sí es un grave problema
actual", apunta el músico.
Julio Pane, compositor, arreglador y reconocido docente tiene una visión
menos trágica del asunto. "No es fácil conseguir un buen bandoneón, pero
tampoco significa que sea imposible. Hay muchos que han quedado en el
interior del país o en la zona bonaerense. Una vez hice un cálculo y creo
que deben haber llegado entre 50 y 60 mil bandoneones al país hasta que vino
la guerra. Se pueden haber vendido muchos afuera, pero tampoco creo que haya
tantos bandoneonistas para tocarlos. Habría que hacer un censo", sostiene.
Corrales aporta otro punto de vista: "Hay casas de música que tienen hasta
200 bandoneones, pero no encontrás ninguno bueno. Lo más común para alguien
que está en el ambiente es conseguir a través de un familiar de un músico
que murió. A veces hay excelentes instrumentos sin uso guardados en un viejo
placard del abuelo. Es una lástima porque es como tener una Ferrari guardada
en un garaje".
La problemática va más allá. Horacio Ferrer reconoce que el fueye se
transformó en un instrumento de culto, pero también en un objeto deseado por
los extranjeros. "Es verdad que muchos instrumentos se fueron a Japón, pero
tampoco hay tantos músicos tocando. Lo que sí hay es un interés por el
instrumento como objeto de colección. Viajando conocí gente que tiene diez o
doce bandoneones, pero que no toca. Acabo de ver en Noruega un médico que
tiene una colección de 35 instrumentos. Y una vez Piazzolla me contó que
había estado en la casa de un hombre que tenía como 200 bandoneones. Es como
un berretín."
Ante la merma, en el mercado hubo personas que se transformaron en una
suerte de cazadores. "Hace diez años ya venían los japoneses y prácticamente
asaltaban las casas de música para llevarse todos los bandoneones que había
y si no les alcanzaba se alquilaban una combi y viajaban al interior para
comprar más", cuenta Oscar Fischer que en ese momento trabajaba en una
conocida casa musical del centro porteño. Esa fuga de instrumentos y el
crecimiento de los robos movilizó al luthier, que comenzó a realizar un
registro de los bandoneones que caen en sus manos a manera de censo y
protección contra el mercado negro.
"El robo de instrumentos creció mucho, pero como el ambiente es chico, a
partir del registro de los fueyes el otro día logramos recuperar el que le
habían robado a un bandoneonista de la Fernández Fierro. Este censo queremos
hacerlo, pero a escala general, llevando un seguimiento de quién es el
poseedor del instrumento, porque además de protección contra el robo también
sirve para regular cuáles son los fueyes que salen del país y qué cantidad
circula actualmente", dice Fischer que impulsa junto a la UOT la creación de
una ley que regule la cantidad de bandoneones que salen del país por año. En
definitiva, para que no se transforme en una especie en peligro de
extinción.
De la Redacción de LA NACION, julio 2006