
Fusilados en junio de 1956. La generación de una causa. Un libro de Daniel Brión
El autor es hijo de Mario Brión, oficinista, casado, quien encontró la muerte en los basurales de José León Suárez el 10 de junio de 1956, a los 33 años. El libro relata detalladamente, lugar por lugar, donde fueron sucediéndose y como fueron asesinados y fusilados quienes intervinieron en el Movimiento de Recuperación Nacional 9 de Junio que, encabezado por los generales Valle y Tanco y los dirigentes sindicales Andrés Framini y Armando Cabo, quienes se levantaron contra la dictadura en un intento por restablecer la vigencia de la Constitución Nacional.
El presidente duerme fue presentado en 2001 en
un acto en el que hablaron Mario O´Donnell e Inés Pérez Suárez. El título fue
tomado de un poema escrito en junio de 1956 por el periodista José Gobello,
que había sido diputado nacional y estaba entonces preso en la cárcel de Caseros.
Aludía a la infructuosa gestión que intentó una noche la esposa de uno de los
fusilados. Decía: "La luna se ha escondido de frío o de vergüenza,/ya sobre
los gatillos los dedos se estremecen/una esperanza absurda se aferra a los teléfonos/y
el presidente duerme".
Prólogo
Por Gerónimo Venegas
“Recordar estos episodios nos hace recordar la
lucha misma del pueblo trabajador por la defensa de sus derechos y de una patria
socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana. De ese pueblo
que, ‘con su presencia activa y multitudinaria en las plazas, con su fervor
político, con su organización gremial, con su inalterable lealtad al líder,
obliga a la oligarquía a soportar un gobierno que ha desalojado a sus hombres
de la función pública y ha cortado los vínculos económicos con el Imperio Británico,
su aliado, amo y sostén’. [1]
“Trae
a la memoria también como, poco a poco, esa misma oligarquía liberal fue primero
ajustando la mira, luego trazando el plan para recuperar el poder y, alcanzada
la meta, como pretendió asegurar su permanencia.
“Comienza el General (R) Benjamín Menéndez, militar aficionado a las conspiraciones,
que encabezó el 28 de septiembre de 1951 un intento golpista, junto con la Escuela
de Caballera de Campo de Mayo, impulsados por personalidades civiles de la poca,
con un frustrado vuelo de aviones de la marina, que despegaron desde Punta Indio.
Si bien el intento fracasó, fue marcando el camino que pretenda retrotraer el
país a su condición, previa a la llegada de Perón.
“Años más tarde, el 16 de junio de 1955, nuevamente los aviones de la marina,
ametrallan y bombardean a mansalva al pueblo, en Plaza de Mayo, bajo la excusa
de querer matar al Gral. Juan Domingo Perón, era el inicio de una ola de terror
que pretenda inhibir el obstáculo de ese pueblo en el próximo intento golpista.
“Meses más tarde, el 16 de septiembre de 1955,
concretan su intención instaurando en el país la autodenominada revolución libertadora.
“Para afirmarse deciden, nuevamente, sembrar terror, como el mismo general Valle
dice en su carta póstuma; asesinando y fusilando a los civiles y militares que,
con el Movimiento de Recuperación Nacional 9 de Junio, pretendieron retornar
el camino perdido, castigando de esta manera al pueblo que intervenía políticamente
y a los militares que soñaban la revolución nacional.
“El pueblo sufre una profunda herida que le dejaba en el corazón y para siempre
la memoria de esos treinta y dos patriotas que murieron con honor.
“Dijo el Gral. Perón: ‘El peronismo se ha llenado de mártires y entre ellos
no
hay un solo hombre que, como nuestros enemigos, pueda ser tildado de asesino
con fundamento, como podemos llamarlos a ellos con razón. La sangre generosa
de estos compañeros cados por la infamia "libertadora" ser siempre el pedestal
de Abel, que los seguir hasta su tumba, llenándolos de remordimiento y de vergüenza’.
[2]
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“La Constitución Nacional de 1949 haba realizado
importantes reformas en materia poltica, econmica, social y cultural que no
estaban dispuestos a mantener. Un da antes de reemplazarla, el dictador Aramburu
haba aprobado por decreto-ley 7.756 las recomendaciones contenidas en los documentos
‘Moneda sana o inflación incontenible’ y ‘Plan de reestablecimiento económico’,
que propiciaban la vuelta al liberalismo económico y el abandono de los principios
de la Constitución de 1949. El pueblo trabajador y la patria toda, nuevamente,
caían ante los intereses financieros orquestados por el Fondo Monetario Internacional,
cuya carta de creación el gobierno militar no tardó en ratificar por decreto-ley
15.070/56.
“Sin Aramburu, Rojas y Presbich, seguramente no hubiéramos sufrido a Videla,
Massera y Martínez de Hoz.
“Es el mismo hilo conductor el que va de la muerte del Cabo Faria, casi anónimo
héroe popular cado, en la defensa de la democracia y el orden constitucional,
por las balas de la oligarquía golpista en septiembre de 1951; pasa por los
muertos en Plaza de Mayo del 16 de junio 1955; y llega a su cúspide de sangre
con los asesinatos y fusilamientos de estos patriotas que, Daniel Brión, autor
de libro, hijo de uno de los asesinados en José León Suárez en esas jornadas,
narra descarnadamente y en su totalidad, sin rencor, pero con memoria y conciencia
popular.
“Valga también como reconocimiento a tantos compañeros trabajadores que han
regado con su sangre el camino de la liberación; no quiero dejar de rendir también
mi homenaje a quienes, desde la conducción sindical, en aquellos difíciles momentos,
oyeron el clamor popular desde las bases y estuvieron al frente de ellas, poniendo
el cuero a lo que sostenían con sus palabras, me refiero a Don Andrés Framini
y Don Armando Cabo, ejemplos de conducción para todos los trabajadores”.
Gerónimo Venegas
[1] Salvador Ferla, "Mártires y Verdugos"
[2] Juan Domingo Perón, "La fuerza es el derecho de las Bestias"
MILITARES
Gral. de División JUAN JOSE VALLE
Coronel RICARDO SANTIAGO IBAZETA
Coronel ALCIBIADES EDUARDO CORTINES
Coronel JOSE ALBINO IRIGOYEN
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Tte. Coronel OSCAR LORENZO COGORNO
Capitán ELOY LUIS CARO
Capitán DARDO NESTOR CANO
Capitán JORGE MIGUEL COSTALES
Tte. Primero JORGE LEOPOLDO NORIEGA
Tte. Primero NESTOR MARCEL OVIDELA
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CLEMENTE BRAULIO ROSS
NORBERTO ROSS
OSVALDO ALBERTO ALBEDRO
DANTE HIPOLITO LUGO
ALDO EMIR JOFRE
MIGUEL ANGEL MAURIÑO
ROLANDO ZANETTA
RAMON RAULVIDELA
CARLOS IRIGOYEN
CARLOS ALBERTO LIZASO
NICOLAS CARRANZA
FRANCISCO GARIBOTTI
MARIO Brión
VICENTE RODRIGUEZ
El presidente duerme
Por Hugo Presman
El general Aramburu duerme. Ha desbaratado una sublevación que reivindicaba al “régimen depuesto” como califican los diarios. Querían la vuelta del “tirano prófugo” eufemismo con el que se mencionaba sin nombrarlo al general Juan Domingo Perón. Es el 12 de junio de 1956. La Penitenciaría de las Heras parece un escenario que remeda los campos de Navarro, ciento veintiocho años antes. El general Juan José Valle espera ser fusilado como Dorrego.(1) Se había entregado para parar la matanza de sus seguidores y le habían prometido cuidar su vida. El general Aramburu duerme. Desconoce que está por convertirse en Lavalle. No sabe que esos disparos que terminarán con Valle, tendrán un replay catorce años más tarde, que terminarán con su vida, posiblemente en una estancia de Timote. Sueña con el poder que hoy tiene.
Otro hombre, sin interés por la política
y mucho por el ajedrez, no sabe que estos hechos que están por suceder,
lo arrancarán del anonimato. Es Rodolfo Walsh.
La historia entreteje su trama. Descarnada y sangrienta.
El general Juan José Valle empieza a escribir su carta de despedida.
Su verdugo, el general Pedro Eugenio Aramburu duerme.
El general Juan José Valle recuerda que con su verdugo entraron juntos al
Colegio Militar. Fueron compañeros de banco hasta el grado de subteniente.
Sus familias veraneaban juntas en Mar del Plata. Incluso fueron socios,
con otros generales, en una empresa de construcción.
Pero ahora todo esto no cuenta.
“Los democráticos” darán una lección de dureza. De eso saben mucho. Hace
menos de un año han bombardeado a la población indefensa en Plaza de Mayo.
“Se acabó la leche de la clemencia” dirá después el dirigente “socialista”
Américo Ghioldi.
Faltan minutos para que la orden de fusilamiento se cumpla.
La proclama del levantamiento dice entre otras cosas: “... Se vive en una
cruda y despiadada tiranía”; se persigue, se encarcela, se confina, se excluye
de la vida cívica a la fuerza mayoritaria; se incurre en “ la monstruosidad
totalitaria” del decreto 4161( que prohibía siquiera mencionar a Perón);
se ha abolido la constitución para suprimir el artículo 40 que impedía “la
entrega al capitalismo internacional de los servicios públicos y las riquezas
naturales”; se pretende someter por el hambre a los obreros “ a la voluntad
del capitalismo” y “ retrotraer el país al más crudo coloniaje, mediante
la entrega al capitalismo internacional de los resortes fundamentales de
su economía” (2)
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El ensayista Horacio González sospecha que
la redacción de la proclama pudo haberla escrito Leopoldo Marechal.
El general Valle sabe que está recorriendo los minutos finales de su vida.
Toma la estilográfica y le escribe a su ex amigo y hoy presidente:
“Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado.
Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro
que un grupo de marinos y de militares, movidos por ustedes mismos, son
los únicos responsables de lo acaecido.
Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y
sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar
la treta. Así se explica que nos esperaran en los cuarteles, apuntándonos
con las ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aun antes de
estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales
comprometidos en nuestra revolución. Con fusilarme a mí bastaba.
Pero no, han querido ustedes, escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad
confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso
de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de
los diarios y desahogar una vez más su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible
y monstruosa ola de asesinatos.
Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen y los besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años sus victimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el terror constante de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones.
| "Eran
ya las 21.15 cuando la joven (Susana Valle) atravesó los portales
temibles de las Heras. Breves instantes después vio llegar a
su padre dentro de un cerco de marinos que caminaban apuntándole
con ametralladoras, guarnecidas las cabezas con cascos de guerra.
En una sala contigua un enfermero tenía a punto varios chalecos
de fuerza por si la niña o el padre padecían arrebatos paroxísticos".(Hernán
Benitez) "Susanita, si derramas una sola lágrima no eres digna de llamarte Valle". Con estas palabras el General saludó a su hija. Su faz era tan majestuosa con el daguerrotipo de un prócer. Largas patillas. Hondas huellas en el ceño y la frente de muchas noches insomnes. Pálida serenidad en el rostro. Parecía aurorearle un halo de serena beatitud, claro anticipo de la gloria que habría de ceñirlo para siempre". "La escena era tan inmensa que parecía condensar años enteros. Los hombres de las ametralladoras gemían sin rebozo. Algunos se apoyaban en sus armas para no desmayarse. Fue preciso sacar de la sala a varios de ellos, incapaces por la emoción de mantenerse en pie. Sólo los oficiales de marina que, sentados en torno a la mesa, controlaban los minutos de aquella despedida, se mostraban insensibles. Un oficial tirante y seco, dijo entonces: -es hora. Valle, más sereno que hasta entonces, se sacó el anillo y lo colocó en la mano de su hija. Le entregó unas cartas. Y le dio un beso intenso, tan intenso que la joven lo sintió en su rostro durante muchos días. Entonces se irguió y avanzó hasta la puerta. Desde ésta hizo un gesto de despedida a su hija, y se internó por los largos corredores del penal rodeado siempre del cerco de ametralladoras, sin volver ni una sola vez la cabeza hacia atrás. Caminaba radiante hacia la gloria. Allá lejos, la pobre joven no era más que un manojo de amor envuelto en lágrimas" (Relato del Padre Hernán Benítez, recopilado en el libro "Compañeros" de Pablo José Hernández). |
La palabra "monstruos" brota incontenida de cada argentino a cada paso que da.
Conservo toda mi serenidad ante la muerte.
Nuestro fracaso material es un gran triunfo moral. Nuestro levantamiento
es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría
del pueblo argentino esclavizado. Dirán de nuestro movimiento que era totalitario
o comunista y que programábamos matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama
radial comenzó por exigir respeto a las Instituciones y templos y personas.
En las guarniciones tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes. Y
hubiéramos procedido con todo rigor contra quien atentara contra la vida
de Rojas, de Bengoa, de quien fuera. Porque no tenemos alma de verdugos.
Sólo buscábamos la justicia y la libertad del 95% de los argentinos, amordazados,
sin prensa, sin partido político, sin garantías constitucionales, sin derecho
obrero, sin nada. No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido.
Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto,
y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no
hay memoria. Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo
el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad
de la mayoría, y un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones
de nuestro país. Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta
el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen ustedes los días
contados, para librarse del propio terror, siembran terror.
Pero inútilmente. Por este método sólo han logrado hacerse aborrecer aquí
y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina
por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes.
Como cristiano me presento ante Dios que murió ajusticiado, perdonando a
mis asesinos, y como argentino, derramo mi sangre por la causa del pueblo
humilde, por la justicia y la libertad de todos no sólo de minorías privilegiadas.
Espero que el pueblo conocerá un día esta carta y la proclama revolucionaria
en las que quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así nadie podrá
ser embaucado por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con
que el gobierno trata de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos
sucias es sangre. Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos.
Viva la patria."
Juan José Valle. Buenos Aires, 12 de junio
9 de junio de 1956
El alzamiento había sido infiltrado por el gobierno que conocía todos los
movimientos. Podría haberlo abortado, pero decidió que emergiera para reprimirlo
con fiereza. Aún lamentaban no haber bombardeado la cañonera paraguaya en
que se había refugiado Perón en septiembre del año anterior.
Juan José Valle y Raúl Tanco habían pasado a la clandestinidad hacía meses.
El movimiento cívico militar se había empezado a planear en el barco-cárcel
Washington.
| Cronología
de 27 fusilamientos "...El soldado Blas Closs, el infante de marina Bernardino Rodríguez y el inspector de policía provincial Rafael Fernández son muertos a causa de la insurrección, en tanto que la represión se cobra la vida de Ramón Raúl Videla, Carlos Irigoyen, Rolando Zaneta y Miguel Angel Mouriño. La nómina más extensa y siniestra, sin embargo, no es la que integran los muertos de ambos bandos caídos en combate sino, por el contrario, la de quienes fueron fusilados luego de haber sido detenidos. El fusilamiento de Valle el 12 de Junio en la penitenciaria de la calle Las Heras, en efecto, era sólo la culminación de un baño de sangre. El 10 de Junio, en Lanús, habían sido ejecutados el teniente coronel José Albino Irigoyen, el capitán Jorge Miguel Costales y los civiles Dante Hipólito Lugo, Clemente Braulio Ross y Osvaldo Alberto Albedro. En la misma fecha, pero en los basurales de José León Suárez, habían corrido la misma suerte Carlos Alberto Lizazo, Nicolas Carranza, Francisco Garibotti, Mario Brión y Vicente Rodríguez, cinco ciudadanos algunos de los cuales no tenían ni idea, siquiera, de que horas antes se había producido un reducido levantamiento. El 11, en tanto, fue el turno de los militares. El teniente coronel Oscar Lorenzo Cogorno fue muerto en La Plata, mientras que en campo de Mayo eran fusilados los coroneles Eduardo Alcibíades Cortines y Ricardo Santiago Ibazeta, los capitanes Néstor Dardp Cano y Eloy Luis Caro, el teniente primero Jorge Leopoldo Noriega y el Teniente de banda Nestor Marcelo Videla. Son siete los suboficiales -cuatro e la escuela de Mecánica del Ejercito y tres en la Penitenciaria- que completan la macabra lista de ese día: Hugo Eladio Quiroga, Miguel Angel Paolini, Ernesto Garecca, José Miguel Rodríguez, Luciano Isais Rojas, Isauro Costa y Luis Pugnetti. El 12, en tanto, al igual que Valle pero en La Plata, le llegaría el turno al subteniente de reserva Alberto Juan Abadie. A la gravedad de los veintisiete fusilamientos se le suma, además, las irregularidades de diversa índole que violan hasta los propios decretos y resoluciones emanados del gobierno dictatorial que encabezan el general Aramburu y el almirante Isaac Francisco Rojas. La Ley Marcial, por ejemplo, no fue anunciada por ningún medio antes de las 24 del 9 de junio, por lo cual no correspondía que fuera aplicada a quienes se hubiera detenido antes de su difusión. Fueron muertos en los basurales de José León Suárez, sin embargo, un grupo de civiles detenidos la noche del 9 mientras escuchaban un match de boxeo en una sencilla casa de Florida. Al día siguiente, en tanto, se reúne en Consejo de Guerra que, presidido por el general Juan Carlos Lorio, juzga a los militares rebeldes que actuaron en Campo de Mayo. El fallo, terminante, los absuelve: "Este Consejo ha resuelto que no ha lugar la pena de muerte". Desde el Ministerio del Ejercito le comunican a Lorio que, pese a lo resuelto por el tribunal, es orden del gobierno que los detenidos sean fusilados. Éste, sorprendido, trata de hablar con Aramburu. La respuesta será celebre: "El Presidente duerme", le contestan a Lorio. Susana de Ibazeta, la esposa del coronel, recibe igual contestación cuando, contrariando la voluntad de su marido, trata de conectarse con Aramburu para solicitarle clemencia. Valle, por último, también es muerte pese a que cuando se entregó contaba con la palabra de Francisco Manrique, dada a un amigo común, de que su vida sería respetada". El fusilamiento del General Valle se hizo en cumplimiento del decreto firmado por Pedro Eugenio Aramburu, al mando de la Nación después de que un grupo de militares bombardeara la plaza de Mayo el 16 de junio de 1955, donde murieron más de un centenar de civiles. Ahí se empieza a contar una negra historia. En sus oscuros escritos se cuentan 27 muertes producidas entre el 9 y 12 de junio de 1956. |
El inicio de las acciones sería la lectura
de la proclama revolucionaria a las 23 del sábado 9 de junio, cuando en
el Luna Park peleaban el zurdo noqueador Eduardo Lausse con el chileno Loayza.
Un grupo de civiles se reunían en Lanús, con el pretexto de la pelea, para
escuchar la proclama.
El gobierno ya tenía redactado los decretos por los que proclamaba la ley
marcial y la de la lista de fusilados cuyos nombres no consignaba.
Los focos del alzamiento fueron Campo de Mayo, La Plata y La Pampa. Todos
los levantamientos ocurrieron entre las 22 y las 24 horas.
El gobierno estableció la ley marcial a las 0,32 del 10 de junio. El decreto
fue firmado por el Presidente y Vicepresidente, Pedro Eugenio Aramburu y
Isaac Francisco Rojas respectivamente, y por los ministros de Ejército Arturo
Ossorio Arana, de Marina Teodoro Hartung, de Aeronáutica Julio Cesar Krause
y de Justicia Laureano Landaburu.
Dice María Seoane en Clarín del 4 de junio de 2006: “Para aplicar la ley
marcial a los sublevados esta debía ser aplicado con retroactividad al delito
cometido, violando el principio de irretroactividad de la ley penal. Pocas
horas después, firman el decreto 10363 que ordena fusilar a quienes violan
la Ley Marcial”
Los civiles reunidos en Lanús, fueron llevados a los basurales de José León
Suárez y fusilados. Varios sortearon los disparos y huyeron. El testimonio
de uno de ellos, Juan Carlos Livraga, sería el inicio del libro de Rodolfo
Walsh, “Operación Masacre”, que inauguraría el género de “no ficción” y
cambiaría para siempre la vida del autor de “Esa mujer”. Dice el notable
escritor: “La primera noticia sobre los fusilamientos clandestinos de junio
de 1956 me llegó en forma casual, a fines de ese año, en un café de La Plata
donde se jugaba al ajedrez, se hablaba más de Keres o Nimzovitch que de
Aramburu y Rojas, y la única maniobra militar que gozaba de algún renombre
era ataque a la bayoneta de Schlechter en la apertura siciliana.
En ese mismo lugar, seis meses antes, nos
había sorprendido una medianoche el cercano tiroteo con que empezó el asalto
al comando de la segunda división y al departamento de policía, en la fracasada
revolución de Valle......
Tampoco olvido que, pegado a la persiana, oí morir un conscripto en la calle
y ese hombre no dijo: “Viva la Patria” sino que dijo: “No me dejen sólo,
hijos de puta” Seis meses más tarde, una noche asfixiante de verano, frente
a un vaso de cerveza, un hombre me dice:
Hay un fusilado que vive.
No se qué es lo que consigue atraerme en esa historia difusa, lejana, erizada
de improbabilidades. No sé por qué pido hablar con ese hombre, por qué estoy
hablando con Juan Carlos Livraga.
Pero después sé. Miro esa cara, el agujero en la mejilla, el agujero más
grande en la garganta, la boca quebrada y los ojos opacos donde se ha quedado
flotando una sombra de muerte. Me siento insultado, como cuando oí aquel
grito desgarrador detrás de la persiana.
Livraga me cuenta su historia increíble; le creo en el acto.”
Las muertes llevan a Valle a entregarse para parar la matanza con la promesa
que le formulan de respetar la vida de los sobrevivientes y la suya propia.
El Presidente duerme
Cuenta Roberto Bardini en una nota publicada en Argenpress: “En junio de
1956, Susana (Valle) es una adolescente de 17 años. Esa noche, le permiten
ver a su padre durante unos instantes en el patio gris de la Penitenciaría
Nacional. Mientras ella llora, lo ve llegar erguido, entero, sonriente,
rodeado de un grupo de Infantería de Marina que lleva puesto cascos de acero
y porta ametralladoras.
Los soldados parecen más asustados que el oficial que va a morir en veinte
minutos más. Las autoridades los dejan conversar en una sala fría, custodiados
por los infantes armados. El general se sienta en una silla y ella se coloca
en sus rodillas. En un cuarto contiguo, un enfermero militar tiene preparados
dos chalecos de fuerza por si el padre y la hija sufren un choque emocional.
Ellos no dan muestras de ningún quebranto, pero algunos de los jóvenes custodios
están a punto de desmayarse y otros deben ser retirados de la sala, víctimas
de crisis nerviosas. Valle le explica a Susana por qué decidió no asilarse
en una embajada y entregarse: “¿Como podría mirar con honor a la cara de
las esposas y madres de mis soldados asesinados? Yo no soy un revolucionario
de café”.
Antes de enfrentar el pelotón, el oficial tiene varios gestos. Renuncia
al ejército, pide ser fusilado de civil y rechaza al confesor que le han
asignado, Iñaki de Aspiazu, por ser capellán militar. En su lugar, solicita
la presencia de monseñor Devoto, el popular obispo de Goya.
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Cuando Devoto llega, comienza a sollozar
emocionado. Valle bromea: “¡Ustedes son todos unos macaneadores! ¿No están
proclamando que la otra vida es mejor?”
Y a su hija, que tiene las mejillas llenas de lágrimas, le dice: “Si vas
a llorar, andate, porque esto no es tan grave como vos suponés: vos te vas
a quedar en este mundo y yo no tengo más problemas”.........Un oficial dijo
“Ya es la hora”.
Valle se quitó el anillo que llevaba y lo colocó amorosamente en manos de
la muchacha. También le entregó algunas cartas: una dirigida a Aramburu,
otra para el pueblo argentino, y otra para su familia. Le dio un abrazo,
la besó y, aún más tranquilo que antes, se fue a paso firme por un largo
pasillo después de hacer un despreocupado ademán de despedida.
Eran las 22 y 20 del 12 de junio de 1956.
En esos mismos momentos la esposa de Valle imploraba clemencia apelando
al viejo amigo, ahora presidente.
La respuesta fue: “El Presidente duerme”
Al día siguiente un lacónico comunicado oficial informó: “Fue ejecutado
el ex general Valle, cabecilla del movimiento terrorista sofocado”.
El sueño se transformó en pesadilla
Nunca sabremos qué soñaba el general Aramburu cuando sus colaboradores impedían el acceso de la esposa de Valle porque “El presidente duerme”. Sí sabemos que los fusilamientos y la sangre derramada, los dieciocho años de proscripción de Perón, el ocultamiento del cadáver de Evita, las políticas económicas liberales, la aplicación de los innumerables planes de ajuste, el descenso del nivel de vida de la población abrieron las puertas a una pesadilla que tuvo una estación tenebrosa con la “ Revolución Argentina”, una primavera peronista iniciada el 25 de mayo de 1973 que duró hasta la muerte de Perón, previo paso por la masacre de Ezeiza, que fue un adelanto de la aparición de la siniestra banda paraestatal de la Triple A que adquiriría presencia omnipotente en los tiempos del dúo Isabel-López Rega.
Susana
Valle"A mi padre lo
fusilan a las 22.20 del 12 de junio [de 1956]. Pude despedirme
de él. Me vio llorar. Me paró. Y me pidió un pucho. Yo estaba
cuando el párroco de la iglesia Santa Elena, en la calle Seguí,
donde íbamos, viene a confesarlo. Era Alberto Devoto, que lloraba,
pobre. Mi padre le dice a Devoto: No llore, padre, si usted
me enseñó que en la otra vida se está mejor. ¡No me haga dudar
ahora!. Después viene un milico y me da 12 mil pesos. Yo le
dije: métase la plata en el culo. Pero mi papá dijo: 'Llevalo,
no se la vamos a dejar a éstos. Dásela a tu mamá.' El cuerpo
de mi padre me lo dan al otro día. Nos lo trae Devoto que después
fue obispo de Goya. Lo velamos en nuestra casa llena de espías
”. |
Pero los sectores económicos que acometieron
los sucesivos intentos de demoler el modelo de sustitución de importaciones,
los Del Carril y Agüero modernos, encontrarían la “solución final” con el
autodenominado Proceso de Reorganización Nacional.
La noche del horror, requisito indispensable para consumar la entrega, invadió
al país.
Un Comando Juan José Valle del grupo Montoneros ejecutó a Aramburu un 1°
de junio de 1970. Aramburu, transformado en político conciliador, había
hecho gestos de acercamiento a Perón, que luego concretaría Alejandro Agustín
Lanusse. En sus horas postreras tuvo gestos de dignidad que no exhibió hasta
esos momentos límites.
Según el relato de sus ejecutores, al preguntársele su último deseo, solicitó
que le ataran los cordones y cuando le informaron que procederían a fusilarlos
dijo secamente: “Procedan”.
El comunicado número 4 de Montoneros del 1 de junio de 1970 dice: “La conducción
de Montoneros comunica que hoy a las 7,00 horas, fue ejecutado Pedro Eugenio
Aramburu. Que Dios Nuestro Señor se apiade de su alma.
¡PERÓN O MUERTE! ¡VIVA LA PATRIA! MONTONEROS
Su cadáver fue secuestrado posteriormente por los Montoneros, el 15 de octubre
de 1974. Prometieron entregarlo a cambio de la repatriación del cadáver
de Evita que permanecía en Puerta de Hierro. Eso se produjo el mismo día
que trajeron al país los restos de Eva Perón. Apareció el féretro abandonado
en una camioneta.
Rodolfo Walsh fue asesinado al día siguiente de su magistral “Carta abierta
a la Junta Militar”, el 25 de marzo de 1977. Después de hacer un análisis
de una certeza formidable de lo que estaba ocurriendo, concluye: “Estas
son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno
he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser
escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que
asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”.
Su cuerpo y sus últimos trabajos continúan desaparecidos. El general Raúl
Tanco después de buscar apoyos infructuosamente en Berisso, consigue que
disminuya la persecución sobre su persona a través de una hábil jugada de
Arturo Jauretche, exiliado en Montevideo, quien se inscribe en un hotel
con el nombre de Tanco.
El 13 de junio al levantarse la ley marcial se asila en la Embajada de Haití
en Buenos Aires.
La furia y la falta de escrúpulos de los fusiladores no reconocen límites.
El general Domingo Quaranta a cargo de la SIDE, asalta la Embajada de Haití
para detener a Tanco y otros asilados.
El embajador y poeta Jean Briére de Haití, con apoyo de la Embajada Norteamericana,
impide que los asilados se sumen a la lista de ejecutados.
Julio Troxler uno de los sobrevivientes de los fusilamientos de los basurales
de José León Suárez, se interpretó a sí mismo, en 1971, en la película de
Jorge Cedrón, Operación Masacre.
Durante la gestión como gobernador de la Provincia de Buenos Aires del Dr.
Oscar Bidegain, se desempeñó como Jefe de la Policía de la Provincia, hasta
la renuncia del mismo por indicación del Presidente Perón, luego del ataque
terrorista a la guarnición militar de Azul el 19 de enero de 1974. Fue asesinado
por la "Triple A" el 20 de septiembre de 1974, en un paredón de Barracas.
Isaac Francisco Rojas murió naturalmente y a edad avanzada después que Carlos
Menem lo estrechara en un abrazo falazmente reconciliatorio.
(1) “La suerte de Dorrego, prisionero de Lavalle, no se decidió oficialmente.
Su ejecución fue obra del partido unitario reunido secretamente en una casa
particular bajo la forma de un Consejo de los Diez: Del Carril y Agüero
instigaron epistolarmente al general vencedor para que ejecutara al gobernador”
Vicente Fidel López “ Historia Argentina”
(2) Rodolfo Walsh “ Operación Masacre” página 65.

Susana
Valle, símbolo de la última resistencia peronista
Por María Seoane
mseoane@clarin.com
Tenía 70 años. Mantuvo viva la causa de su padre. Sufrió persecuciones.
Ninguna frase definiría mejor a Susana Cristina Valle como la que sentenció
el gran lingüista e historiador búlgaro Tzvetan Todorov: "Somos memoria".
Palabras que señalan el destino humano y, al mismo tiempo, la condición
de esta argentina que acaba de morir a los 70 años y luego de una operación
que derivó en una infección generalizada.
Susana Valle no fue cualquier memoria: su vida, su nombre y su muerte están
asociadas a la turbulenta historia de la Argentina del siglo XX. Hija única
del general peronista Juan José Valle y de Dora Cristina Prieto, nació en
Avellaneda en 1936. No nació en cualquier cuna, en cualquier tiempo, en
cualquier lugar. La familia Prieto era rica y conservadora, emparentada
con el poder económico y político de la Capital. Susana Valle creció entre
las sedas y el fraude en la década infame, llamando "tío" a un caudillo
conservador como Barceló —hombre que hacía los trabajos sucios al régimen
del presidente Agustín P. Justo— y estaba emparentado con sus abuelos maternos.
Pero también fue la hija tardía de Valle, que en los años 40 vira hacia
el nacionalismo católico de los militares que sostendrán a Juan Perón en
su meteórica carrera hacia el poder. En la década del 50, Susana Valle siguió
el derrotero de su padre. Estudió en Avellaneda pero también en Suiza. Entonces,
aprendió a vivir como una joven rica y a pensar como una militante peronista.
A ser amiga de los hijos del poder —entre ellos, los Aramburu— y a ser mimada
por Perón y Evita.
| Saludo
a la militante Susana Valle Querida Susana Valle, trataré de darte un humilde saludo, no de despedirte. Me he enterado a la distancia que tu salud flojeó y tu corazón finalmente se paró. Quizás no ha sido casual que dejaste flaquear tu cuerpo después de una serie de homenajes a tu venerado padre, el Gral. Juan José Valle. Con esos homenajes se había logrado ya una victoria importante. La dignidad de aquella muerte injusta marcó tanto tu vida como la del país y la mía propia. Nos hicimos hermanos en torno a la dignidad de tu padre fusilado. Pero quizás lo peor no fue el asesinato de aquellos patriotas, sino la difamación permanente desatada durante décadas por un poder oligárquico mezquino y miope. Reivindicar la dignidad de aquellos compatriotas fusilados liderados por el Gral. Valle fue una luz permanente para alumbrar tu vida de luchadora. Así te hiciste baluarte del peronismo revolucionario durante el resto de tu vida. Así aprendimos que luchar por la dignidad de la memoria de nuestros héroes y mártires es inseparable de luchar por la dignidad y la justicia para las futuras generaciones. En los 50 años que siguieron a aquel 1956 fuiste resistente ocupando un lugar en todas las malas y marginada de todos los cargos en todas las buenas ... Pero no importa, Susana, la historia no la hacen los que aparecen en las buenas para ocupan cargos. La historia es parida con el dolor de los luchadores que, como vos, como tu padre, como tantos compañeros que hicieron de la ética el fundamento de la política, son los militantes que se la bancan siempre. Por eso en un día como hoy te saludo de todo corazón, querida Susana, sin despedirme nunca de vos. 3 de septiembre de 2006 Mario Eduardo Firmenich |
El derrocamiento de Perón en 1955 fue una
tragedia colectiva pero también personal para los Valle. Porque el general
comenzó a preparar la rebelión contra la dictadura de su antiguo amigo,
el general Pedro Eugenio Aramburu. En junio de 1956, el mundo conocido por
Susana Valle estalló definitivamente. El levantamiento peronista comandado
por su padre fracasó, y fue fusilado en la Penitenciaría de la calle Las
Heras por orden de Aramburu. Ella fue la última que lo vio antes de que
fuera llevado al pelotón de fusilamiento.
Muchas noches debió haber leído la carta que le dejó su padre en la que
la comprometía a ser, a partir de entonces, una militante "de la causa del
pueblo". Desde entonces, a los 19 años, Susana Valle formó parte de la resistencia
peronista.
"Estuve presa antes de tener la llave de mi casa", solía contestarle a su
abuela materna. Susana Valle integró esos comandos y fue correo de Perón
tanto desde Caracas como desde Madrid, cuando el líder exiliado enviaba
instrucciones a la resistencia peronista. En los años 60, Susana Valle se
fue transformando en un símbolo del peronismo. A fines de esa década, Susana
Valle colabora con la formación de la guerrilla peronista, tanto de las
Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) como de Montoneros. Su rol nunca sería
militar sino político.
En 1974, integró la conducción del Partido Auténtico, una organización de
superficie del Movimiento Peronista Montonero. En 1976, logró esconderse
de la dictadura. En esos años, Susana Valle se casó. El ostracismo voluntario
se interrumpió en Córdoba en 1978. El general Menéndez la mandó a prisión
y la vigiló personalmente. Fue esposada a una cama de mármol en la morgue
de un hospital, embarazada, y sometida a picana eléctrica, se le provocó
el parto prematuro de mellizos: uno de ellos nació muerto y fue colocado
sobre su pecho y el otro, que nació vivo, fue colocado lejos de su alcance
pero a su vista, hasta que Susana lo vio fallecer. Hoy los mellizos descansan
en la bóveda del cementerio de Olivos, junto a su abuelo general. Un año
después tuvo a su hija, Soledad.
María Seoane, Clarín, 04/09/06
La
muerte del general Juan José Valle
Por Ricardo Eulogio Brizuela
"Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado",
le dice el general Juan José Valle en una nota al general Pedro Eugenio
Aramburu, poco antes de morir fusilado.
En el mes de junio de 1956 son ejecutados en distintos lugares de Buenos
Aires, un grupo de militares y civiles que protagonizaron un movimiento
en contra de la autollamada Revolución Libertadora, que derrocó al general
Juan Domingo Perón en el año 1955.
El general Juan José Valle se declaró jefe de los sublevados: murió frente
al pelotón en la Penitenciaría Nacional.
Detectado el alzamiento por los servicios de informaciones con bastante
tiempo, el gobierno dejó que los acontecimientos se desarrollaran. Cuando
el día 9 de junio se produjo la revuelta, en las guarniciones esperaban
a los complotados. Las ejecuciones tuvieron lugar entre los días 10 y 12
de junio.
Aunque el descontento estaba controlado, las autoridades de la dictadura
opinaron que una acción sumaria prevendría más adelante cualquier rebrote
de rebelión.
El día 11 se informó a la población del fusilamiento del coronel (R) Alcibíades
Eduardo Cortines, coronel (R) Ricardo Salomón Ibazeta, Teniente coronel
(R) Oscar Lorenzo Cogorno, capitán Dardo Nestor Cano, capitán Eloy Luis
Caro, Teniente primero Jorge Leopoldo Noriega, Teniente primero de banda
Nestor Marcelo Videla, suboficial principal Miguel Garecca, sargento Hugo
Eladio Quiroga, cabo primero músico Miguel José Rodríguez, sargento ayudante
de infantería Isauro Costa, sargento ayudante carpintero Luis Bugnetti,
sargento músico Luciano Isaías Rojas, Vicente Rodriguez, Nicolás Carranza,
Carlos Alberto Lizaso, Francisco Garibotto, Reinaldo Benavidez, coronel
Albino Irigoyen, capitán (RE) Jorge Miguel Costales, Clemente Braulio Ross,
Norberto Ross, Osvaldo Alberto Albedro y Dante Hipólito Lugo.
El día 12 de junio un comunicado oficial expresa: "Fue ejecutado el ex general
Juan José Valle, cabecilla del movimiento terrorista sofocado". Para dar
muerte al general Valle, que se entregó voluntariamente a las autoridades
militares, el gobierno de facto aplicó en forma retroactiva la ley marcial
ya derogada.
La masacre duró exactamente tres días y Lanús, Campo de Mayo, la Escuela
de Mecánica del Ejército y La Plata, se constituyeron en escenarios macabros.
En un basural de José León Suarez, varios escaparon milagrosamente, algunos
eludiendo el pistoletazo del remate.
El jefe de los sublevados, general Valle, escribió varias cartas antes de
morir. "Solo traiciones y venganzas me llevan a este fin", les dice a su
mujer, su hija, su madre y su hermana. En la nota dirigida a Aramburu, presidente
de facto, completa: " Debo a mi patria la declaración fidedigna de los acontecimientos.
Declaro que un grupo de marinos y militares, movidos por ustedes mismos,
son los responsables de lo acaecido . Para liquidar opositores les pareció
digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó
audacia o perversidad para adivinar la treta. Así se explica que nos esperaran
en los cuarteles apuntándonos con las ametralladoras, que avanzaran los
tanques de ustedes aun antes de estallar el movimiento, que capitanearan
tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución.
Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes escarmentar al
pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse
de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas
al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez más su
odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos.
Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía". Finalmente, Valle
cierra su carta con un ruego: "... que mi sangre sirva para unir a los argentinos.
Viva la Patria".
Los hechos de junio de 1956 quedaron registrados como una de las mayores
injusticias provocadas por la tiranía de la Revolución Libertadora. Generaron,
también, con el correr del tiempo, otros acontecimientos lamentables que
quedaron en la memoria colectiva.
Fuente: Equipo de investigaciones Rodolfo Walsh
El
otro cauce
Por Francisco José Pestanha
"Las crisis argentinas son primero ontológicas, después éticas, políticas,
epistemológicas, y recién por último, económicas." Fermín Chávez
La historia no es estrictamente unívoca ni unilineal y mientras el lecho
nacional iba determinando su propio itinerario, otro cauce divergente comenzaba
a emerger en forma paralela.
Ciertas corrientes historiográficas suelen presentar al pasado humano como
una sucesión de episodios motorizados primordialmente por seres providenciales.
Es la historia de los próceres, de los preclaros, de los ilustres, la de
los hombres que se "adelantaron a su tiempo". La versión mitrista de nuestra
historia, por ejemplo, pertenece a un tipo de relato histórico que coloca
al individuo –protagonista por sobre el proceso o el hecho social–.
Pero en realidad, la historia es mucho más que eso. Se constituye a partir
de una sucesión de eventos que en forma encadenada van aconteciendo en el
sustrato social y que, a la vez, convergen hacia otros a partir de una dinámica
pluricausal. Como enseña el maestro Fermín Chávez, "el principio de la pluralidad
de causas en la historia nos explica la mayoría de los hechos políticos
y socio-económicos". Pero además, la historia nos remite a una idea de totalidad,
ya que al decir del olvidado Saúl Taborda, a pesar de sus fragmentaciones
y sucesiones interrumpidas "conserva su sentido tal como los arcos rotos
de un puente conservan intacta la idea del puente".
Quienes examinan el peronismo desde la perspectiva descripta en primera
instancia suelen inferir que el movimiento liderado por Juan Domingo Perón
fue un fenómeno político y social impulsado fundamentalmente por las ambiciones
de un líder carismático que sustentó su poder en amplios sectores de excluidos
de la sociedad, y que ejerció un gobierno de tinte autocrático. Otros, desde
una posición un poco más "indulgente", se animan a describirlo como un acontecimiento
histórico donde gran parte de las masas empobrecidas de la Argentina se
recostaron en un líder obsequioso para obtener mayores porciones en la distribución
del ingreso.
Si recurrimos a la visión
de la historia que nos propone la segunda perspectiva, tendremos la posibilidad
de comprender con mayor precisión la verdadera dimensión del movimiento
iniciado en octubre de 1945. Para ello simplemente propongo ahondar en su
pasado inmediato y, en particular, concentrarse en la profunda revolución
ética y estética que comenzó a sembrarse en la década del ‘20 y que floreció
en la del ‘40. Esa generación que Juan W. Wally nominó como décima y, que
desde distintas vertientes del quehacer artístico, político y cultural,
sugirió una nueva mirada sobre y desde el país, fue tal vez la que cimentó,
consciente o inconscientemente, el cauce para que acaeciera aquella epopeya
histórica.
Para Wally, esa generación argentina de 1940 –la de los nacidos entre 1888
y 1902– "fue la de mayores riquezas individuales de nuestra historia: pensadores,
escritores, artistas, políticos, juristas, economistas. Esta generación
fue la protagonista de una gran transformación económico-social, de la revalorización
de nuestras raíces culturales, consagró el revisionismo histórico. Tuvo
a la justicia social como su valor dominante, acompañado por la soberanía
integral, en lo político-económico y en lo cultural".
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La fecunda elaboración cultural de una progenie tan concentrada en el ser y en la identidad colectiva tenía alguna vez que converger con aquella insatisfacción material y espiritual que emergía de enormes masas pauperizadas. Y así sucedió aquel 17 de octubre, cuando el cimiento básico de la Nación que asomó en su "tosca desnudez original" se apoderó de las calles, de las consignas, pero también de una vasta e inigualable producción artística que enriqueció su alma. Algunos de los que contribuyeron a construir el lecho se integraron efectivamente al subsuelo sublevado; otros simplemente atinaron a contemplarlo desde afuera, y sólo una pequeña minoría optó por repudiar la parición.
Desde lo político, la
tradición federal incorporada al yrigoyenismo y traicionada por el alvearismo,
convergió en Forja, una de las agrupaciones que aportó mayor lucidez al
pensamiento político argentino. ScalabriniOrtiz, Jauretche, Capelli, Del
Mazo y Manzi –entre otros-. diseñaron desde las catacumbas el cauce ideológico
de lo que vendría. Desde lo cultural Canaro, Contursi, Astrada, Doll, Manzi,
De Anquín, Magaldi, Castellani, Marechal, Arlt, Discépolo, Amadori, Celedonio
Flores, Spilimbergo, Molina Campos, Rosa y Pettoruti, entre otras luminarias,
aportaron voluntaria o involuntariamente con su obra a la sublevación popular.
Pero como la historia no es estrictamente unívoca ni unilineal, y mientras
el lecho nacional iba determinando su propio itinerario, otro cauce divergente
comenzaba a emerger en forma paralela. Era el cauce que empezaban a diseñar
aquellos que con mentalidad portuaria, y despreciando lo interior, bendecían
cuanto producto material y simbólico proviniera del exterior, el cauce de
los exégetas de turno, de inconfesos racistas, de los oscuros iluministas.
Mientras los excluidos comenzaban a disfrutar de los primeros beneficios
de su inclusión, ellos preparaban el otro cauce. Alianzas con cuanto Estado
extranjero estuviera dispuesto o obtener prebendas y beneficios infamantes,
críticas despiadadas, desprecio explícito, intereses inconfesos y confabulaciones
de toda laya constituyeron el alimento que nutrió el camino divergente.
Diez años de gobierno, el desgaste lógico, y ciertamente algunos errores
e infortunios permitieron que aquel 16 de septiembre de 1955, luego de una
de las mayores masacres de la que ha dado cuenta nuestra historia, el cauce
nacional fuera otra vez truncado.
El otro cauce comenzaba a partir de allí a demoler el Estado de bienestar
tan trabajosamente erigido mediante sucesivos estatutos del coloniaje y,
además, colocaba en la cúpula de la conducción del país, uno tras otro,
a nuevos personeros para garantizar el latrocinio. Volvían de esta forma
a convivir dos Argentinas, aquella que prefiere asentarse sobre el suelo
aceptando y valorando los componentes de un substrato que busca su grandeza,
y la otra, la que siempre renegó y aún reniega de su tierra y de sus posibilidades
colectivas, la qué intentó hacer "la Europa en América", la que pergeñó
la eliminación de la estirpe criolla.
Esa divergencia cohabita aún en nuestro suelo y se disputa una y otra vez
más el destino de una Argentina que espera con ansiedad sintetizarse en
una fuerza convergente y poderosa. Pero claro, no hay síntesis posible sin
un ser nacional profundamente aferrado en lo propio, afirmado en su existencia
y su vigencia, nacionalmente orgulloso de sí mismo y, por último, dispuesto
a transitar autónomamente su propio desarrollo evolutivo.
Fuente: www.sitioima.com.ar
La
Patria fusilada
Por Roberto Bardini
En la noche del sábado 9 de junio de 1956, a nueve meses del derrocamiento
del presidente constitucional Juan Domingo Perón por la autodenominada "Revolución
Libertadora", militares y civiles peronistas intentan recuperar el poder
por las armas. Los generales Juan José Valle y Raúl Tanco, junto con el
teniente coronel Oscar Lorenzo Cogorno, encabezan una dispersa rebelión
cívico-militar que tiene sus focos aislados en Buenos Aires, La Plata y
Santa Rosa, capital de La Pampa.
El intento es abortado en unas cuantas horas y concluye en un baño de sangre.
No se conoce el número exacto de rebeldes que participan del levantamiento.
Se ha especulado que, como máximo, son quinientos hombres; es posible que
no llegaran a los 200. Sí se sabe que les falta coordinación, actúan en
forma dividida en las tres ciudades y carecen de armas pesadas. También
se sabe que sus planes han sido descubiertos desde semanas antes por el
servicio de inteligencia militar, están infiltrados y, en síntesis, no tienen
ninguna posibilidad de triunfar. El régimen de la Revolución Libertadora,
sin embargo, los deja actuar para poder aplicarles una medida "ejemplificadora".
El domingo 10 de junio, a menos de veinticuatro horas del levantamiento
peronista y cuando ya no existen focos de resistencia, el gobierno de facto
encabezado por el general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac Rojas
lanza el decreto Nº 10.364, que impone la ley marcial. La pena de muerte
debía hacerse efectiva a partir de entonces. Sin embargo, se aplica reatroactivamente
a quienes se habían sublevado el sábado 9 y ya se han rendido y están prisioneros.
El artículo 18 de la Constitución Nacional vigente hasta ese momento aseguraba:
"Queda abolida para siempre la pena de muerte por motivos políticos". No
obstante, con una velocidad sorprendente el régimen de la Revolución Libertadora
ordena que en menos de 72 horas se efectúen 28 fusilamientos de militares
y civiles en seis lugares distintos. Los pelotones de ejecución gastan más
cartuchos que los que alcanzaron a disparar los rebeldes condenados.
Valle se hallaba oculto en el barrio de San Telmo. El general podría haberse
asilado en una embajada pero al atardecer del 12 de junio decide entregarse
para poner fin a la matanza. A pesar de que ha encabezado el levantamiento
antes de la instauración de la pena de muerte, lo fusilan a las diez de
la noche.
Aramburu, un católico a ultranza, no tuvo la más mínima piedad cristiana
con sus camaradas de armas alzados. Se dice que lloró al firmar -junto a
Rojas y otros tres militares de alta graduación- la pena de muerte de Valle,
quien había sido su compañero en el Colegio Militar. No obstante, cuando
la desesperada esposa del oficial condenado a morir fue a la residencia
de Olivos a suplicarle que lo perdonara, le informaron que el presidente
de facto no la podía recibir porque se encontraba descansando.
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Vencedores y vencidos
La "Revolución Libertadora" del 16 de septiembre de 1955 se dedica a desmontar
la maquinaria justicialista y a borrar todo lo que recuerde al gobierno
derrocado. El Partido Peronista es disuelto. El ejército interviene la Confederación
General del Trabajo y designa como responsable al capitán de navío Alberto
Patrón Lapacette. Más de cien mil dirigentes obreros son destituidos. Grupos
civiles, entre los que se encuentran conservadores, radicales y comunistas,
asaltan sindicatos. Se desata la cacería: funcionarios, dirigentes políticos,
empleados públicos, gremialistas, militantes y simples simpatizantes son
perseguidos y encarcelados; aumentan las denuncias sobre torturas brutales.
El 5 de marzo de 1956, el decreto 4161 decide que "en su existencia política,
el Partido Peronista ofende el sentimiento democrático del pueblo argentino".
La medida prohíbe en todo el país "la utilización de la fotografía, retrato
o escultura de los funcionarios peronistas o de sus parientes, el escudo
y la bandera peronista, el nombre propio del presidente depuesto, el de
sus parientes, las expresiones peronismo, peronista, justicialismo, justicialista,
tercera posición". La prohibición se extiende a "las fechas exaltadas por
el régimen depuesto, las marchas Los muchachos peronistas y Evita capitana,
los discursos del presidente depuesto y su esposa".
El nuevo régimen castiga con cárcel el hecho de nombrar a Juan Domingo Perón
y a María Eva Duarte, y de exhibir los símbolos partidarios "creados y por
crearse". Durante años, el periodismo escrito y radial se referirá al general
derrocado como "el dictador depuesto" y "el tirano prófugo".
Se destruyen monumentos y se queman libros escolares. La Ciudad Infantil
Evita es arrasada y se clausura la Fundación de Ayuda Social Eva Perón.
El militar que asume como interventor elabora un informe en el que menciona
el derroche peronista que significaba darles de comer carne y pescado todos
los días a los chicos y, además, bañarlos y ponerles agua de colonia. El
interventor contrata una cuadrilla para romper a martillazos toda la vajilla
con el sello de la institución.
Se crean 50 comisiones investigadoras. Al contrario de las normas del derecho,
no son los acusadores quienes tienen que probar el delito sino los acusados
quienes deben demostrar su inocencia.
Durante el mandato de Aramburu y Rojas se acusa a Perón de 121 delitos,
se le inicia un juicio por "traición a la patria" y se le prohíbe el uso
del grado militar y el uniforme. En las Fuerzas Armadas, comienza una depuración
que continuará durante varios años.
El cadáver de Evita, que aguardaba en el segundo piso de la CGT, en Azopardo
al 800, la construcción de un mausoleo, es vejado por un grupo de militares,
escondido en diversos lugares y, finalmente, sacado furtivamente fuera del
país.
El motivo: evitar que su sepultura se convierta en un lugar de peregrinación
peronista. Los profanadores mantendrán el cuerpo oculto en Europa durante
16 años. Durante esos largos años, ella también fue una desaparecida, una
tumba sin nombre, una N.N.
Favores que matan
Entre 1952 y 1955, el general Juan José Valle había sido profesor en la
Escuela Superior de Guerra y en sus clases explicaba a los alumnos la noción
de "pueblo en armas", tomada del militar alemán Colmar von der Goltz. En
junio de 1986, en una entrevista con un periódico, su hija Susana lo describió
así: "Papá era de los pocos militares no nazis. Su formación era otra, en
donde la izquierda no asustaba. Estudió en La Sorbona, vio de cerca el fascismo
en Italia y lo rechazó sin miramientos. Era un hombre que rara vez se vestía
de uniforme, no tenía custodia, ni coche propio, ni chofer, ni miedo (...).
Prefería hablar con los sectores civiles del peronismo, con los trabajadores,
con el pueblo, que reunirse con los militares".
|
Perón textual |
En las postrimerías del gobierno peronista,
cuando Valle era miembro de la Junta de Calificaciones del Ejército -en
virtud de que su alto puntaje lo ubicaba como el primero de su promoción-
había favorecido con el ascenso a general a su amigo Aramburu, que era uno
de los últimos de esa camada. Fue entonces cuando Perón le dijo: "Este hombre
le va a pagar muy mal. Estos favores siempre se pagan caros".
Luego del triunfo de los militares subversivos, Valle fue encarcelado en
el buque Washington de la marina de guerra. Ahí comienza a pensar en la
posibilidad de una rebelión en la que participen militares, gremialistas
y sectores del pueblo, y lo comenta con algunos camaradas de armas detenidos.
Algunos se suman a la idea; otros, desmoralizados por el confinamiento,
se apartan del oficial.
Después, el régimen de la Revolución Libertadora le impone un arresto domiciliario
y lo envía a 60 kilómetros de la Capital Federal. Susana, su única hija,
relata: "Se va a la casa de mi abuela materna, con guardián en la puerta.
Pero se les escapa. Nos escapamos todos. Mamá y yo por delante, porque no
estábamos detenidas, y mientras hacemos esto papá escapa por la puerta de
atrás, y se declara prófugo".
A partir de entonces -recuerda Susana- los tres deambulan de casa en casa,
duermen y comen gracias a la solidaridad que les abre las puertas de algunos
hogares, viven en villas miseria. El militar fugitivo se reúne clandestinamente
con camaradas peronistas más jóvenes, como los coroneles Cortines e Irigoyen
y el teniente coronel Cogorno. También entra en contacto con dirigentes
sindicales como Andrés Framini y Armando Cabo.
"Ellos lo fusilaron, yo me lo llevé en el corazón"
En junio de 1956, Susana es una adolescente de 17 años. Esa noche, le permiten
ver a su padre durante unos instantes en el patio gris de la Penitenciaría
Nacional.
Mientras ella llora, lo ve llegar erguido, "entero y sonriente", rodeado
por un grupo de Infantería de Marina que lleva puestos cascos de acero y
porta ametralladoras.
Los soldados parecen más asustados que el oficial que va a morir en veinte
minutos más.
Las autoridades los dejan conversar unos minutos en una sala fría, custodiados
por los infantes armados. El general se sienta en una silla y ella se coloca
en sus rodillas. En un cuarto contiguo, un enfermero militar tiene preparados
dos chalecos de fuerza por si el padre y la hija sufren un choque emocional.
Ellos no dan muestras de ningún quebranto, pero algunos de los jóvenes custodios
están a punto de desmayarse y otros deben ser retirados de la sala, víctimas
de crisis nerviosas.
Valle le explica a Susana por qué decidió no asilarse en una embajada y
entregarse:
"¿Cómo podría mirar con honor a la cara de las esposas y madres de mis soldados
asesinados? Yo no soy un revolucionario de café". Antes de enfrentar el
pelotón, el oficial tiene varios gestos. Renuncia al Ejército, pide ser
fusilado de civil y rechaza al confesor que le han asignado, Iñaki de Aspiazu,
por ser capellán militar. En su lugar, solicita la presencia de monseñor
Devoto, el popular obispo de Goya.
Cuando Devoto llega, comienza a sollozar emocionado. Valle bromea: "Ustedes
son todos unos macaneadores. ¿No están proclamando que la otra vida es mejor?".
Y a su hija, que tiene las mejillas llenas de lágrimas, le dice: "Si vas
a llorar, andate, porque esto no es tan grave como vos suponés; vos te vas
a quedar en este mundo y yo ya no tengo más problemas".
Mucho tiempo más tarde, Susana recordará otros detalles. Estaba sentada
en las rodillas del general, con sus manos entrelazadas y, a pesar de que
ella no fumaba en su presencia, su padre le pidió un cigarrillo. "También
recuerdo la temperatura de sus manos: no era ni fría ni caliente; estaba
absolutamente normal. Papá estaba convencido de lo que iba a hacer".
Un oficial dijo: "Ya es hora". Valle se quitó el anillo que llevaba y lo
colocó amorosamente en manos de la muchacha. También le entregó algunas
cartas: una dirigida a Aramburu, otra para "el pueblo argentino" y otra
"para abuela, mamá y para mí". Le dio un abrazo, la besó y, aún más tranquilo
que antes, se fue a paso firme por un largo pasillo después de hacer un
despreocupado ademán de despedida. Sus custodios, en cambio, marchaban en
forma vacilante, con las rodillas a punto de doblarse.
"Uno de los soldaditos salió de la fila y se me prendió llorando: "Te juro
que yo no lo mato". A ese chico lo tuvieron que retirar con un ataque de
nervios", relata Susana. "Después, me fui. Ellos lo fusilaron, yo me lo
llevé en el corazón".
Al día siguiente, un lacónico comunicado oficial informó: "Fue ejecutado
el ex general Juan José Valle, cabecilla del movimiento terrorista sofocado".
"Se
acabó la leche de la clemencia"
En uno de los párrafos de la carta dirigida a Aramburu, Valle expresa:
Declaro que el grupo de marinos y militares, movidos por ustedes mismos,
son los únicos responsables de lo acaecido. Para liquidar opositores les
pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente.
Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta. Así se explica que
nos esperaran en los cuarteles, apuntándonos con las ametralladoras, que
avanzaran los tanques de ustedes aun antes de estallar el movimiento, que
capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra
revolución. Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes escarmentar
al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse
de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas
al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez más su
odio al pueblo. De aquí esta incontenible ola de asesinatos.
Más adelante, el oficial condenado al paredón agrega:
Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un
gran triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación
incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán
de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos
matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto
a las instituciones y templos y personas. En las guarniciones tomadas no
sacrificamos a un solo hombre de ustedes.
El 21 de junio, el ministro consejero de la embajada de Estados Unidos,
Garret G. Ackerson, envía un despacho confidencial a Washington en el que
destaca: "Al principio el Presidente describió la revuelta como peronista
y neoperonista, pero luego él y otros miembros del gobierno insistieron
en su naturaleza esencialmente comunista y expresaron la convicción de que
sus líneas de conducta apuntaban al Comunismo Internacional. (...) Las ejecuciones
por rebelión han sido muy pocas en la historia argentina. Se había convertido
en una especie de tradición no ser fusilado a sangre fría por participar
en movimientos revolucionarios".
En esos días, el socialista de derecha Américo Ghioldi afirma eufórico en
las páginas del periódico La Vanguardia: "Se acabó la leche de la clemencia".
El político, apodado popularmente Norteamérico, también es autor de otra
frase elocuente: "La letra con sangre entra". A partir de entonces, los
peronistas rebautizan al régimen militar subversivo de septiembre de 1955
como la "Revolución Fusiladora".
"El gobierno de la Revolución Libertadora había esperado que el intento
militar se realizara para provocar un mayúsculo escarmiento", escribe Ernesto
Salas en La resistencia peronista: la toma del frigorífico Lisandro de la
Torre. "En un país donde no existía la pena de muerte y los fusilamientos
por motivos políticos parecían cosa del pasado, donde la permanente agitación
golpista no había cobrado consecuencias graves en los cabecillas militares,
las reglas del juego fueron súbitamente dejadas de lado. La misma noche
de la conspiración varios militares y civiles fueron pasados por las armas;
algunos luego de juicios sumarios, otros ametrallados por la espalda en
los basurales de José León Suárez. La orden de fusilamiento partía de un
decreto que no podía ser aplicable a los prisioneros, ya que se había dictado
con posterioridad a su detención. El general Valle fue fusilado unos días
después, pese a los pedidos de perdón lanzados por distintos sectores, contra
los muros de la antigua prisión de la calle Las Heras. Lo que constituía
un horroroso crimen, falto de antecedentes, no impidió que una parte de
la sociedad argentina y la mayoría de los partidos políticos, siguieran
rindiendo homenaje a las obras de la Revolución Libertadora".
Pero la historia tiene sus vueltas. Cuando 18 años más tarde, en junio de
1970, Susana se enteró de la muerte de Aramburu a manos del Comando Juan
José Valle, de los Montoneros, según declaró al semanario La causa peronista
el 20 de agosto de 1974 sintió que "sólo la cirugía estética le podría borrar
de su cara la alegría".
El
fusilamiento de Valle en su legajo militar
Por Marcos Lohlé y Julio Raffo*
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"No puede ser que no existan
documentos escritos respecto de los fusilamientos de 1956." Con esa premisa
llegamos al Archivo General del Ejército sin saber bien qué podíamos encontrar.
El coronel a cargo del organismo mandó a buscar el legajo del general Valle
mientras le informamos sobre los objetivos de nuestra investigación. Al
rato, nos entregaba una carpeta envejecida, voluminosa y prolijamente atada
con dos vueltas de hilo sisal; en ella se lee: "Legajo Personal Original
del General de División Juan José Valle".
En las primeras páginas hay una hoja del Boletín Oficial del Ejército, en
el que se registra su egreso en 1922 (como oficial combatiente) junto a
los demás integrantes de su promoción enumerados en orden de mérito. Bastante
más abajo figura el nombre –mal escrito– de "Aramburo"; consta así que ambos
fueron compañeros de estudio y mantuvieron una relación estrecha durante
muchos años.
Sin foliar encontramos su partida de defunción. En ella consta que su muerte
tuvo lugar en "Las Heras tres mil cuatrocientos" (la Penitenciaria Nacional),
el día 12 de junio de 1956, a las 22, por causa de "herida de bala". El
documento se extendió por declaración de un señor Simón Argüello y tuvo
como testigo a Juan Napolitano, "... quienes han visto el cadáver". No se
sabe quién presentó esa partida ni por qué razón ello se hizo dos años después
de su fusilamiento.
La muerte del general Valle se registra en su legajo con muy pocas y elusivas
palabras, en ningún lado se dice que fue fusilado, ni por qué ni por quién.
Desde 1950, casi con exclusividad, su actividad había consistido en realizar
"visitas de inspección" a unidades de todo el país: ¿Se trataba de meras
inspecciones técnicas o él iba a tomarle el pulso político a los cuarteles
que visitaba?
Producida la "Libertadora", el 1º de octubre de 1955 lo pasaron "a disponibilidad",
pero no consta el motivo de esa decisión. El 14 de mayo de 1956 fue declarado
"en rebeldía" sin que se mencione la razón, pero es obvio que "estaba en
la mira". Fue fusilado el 12 de junio y, extrañamente, el 22 de ese mes,
Aramburu firma el Decreto Nº 11.148 por el cual se "deja constancia" de
que Valle había sido dado de baja el 14 de mayo de ese mismo año; es decir
que primero lo hizo fusilar y, diez días después, formalizó su baja del
Ejército.
La primera mención de su muerte aparece el 4 de agosto de 1956, en una nota
de remisión del legajo, en ella se lo menciona como "... el extinto ex general
Juan José Valle". La segunda mención aparece diecisiete años más tarde,
en el Decreto Nº 1763/73, por el cual se dispone su ascenso post-mortem
al grado de "Teniente General"; este decreto lleva la firma de Raúl Lastiri,
presidente interino por la renuncia de Cámpora. Ni el decreto de Aramburu
ni el de Lastiri son publicados en el Boletín Oficial.
La única vez que un militar utiliza allí la palabra "fusilado" es en 1996;
en una escueta nota que firma el jefe del Archivo y en la cual afirma que
no existe en ese organismo una "nómina del personal fusilado en 1956" pero,
para cumplir con su deber de informar, el funcionario adjunta una lista
con el nombre de dieciséis militares fusilados y de dos con orden de captura
(Valle y Tanco). Con pulcritud castrense, aclara que esa información fue
"... obtenida del diario Clarín del lunes 11 de junio de 1956".
En los legajos de Valle y sus compañeros del levantamiento, lo obvio y principal
no se menciona. No obstante, en ellas podemos percibir rasgos de sus vidas
que no están asociados al destino que tuvieron como soldados. Esos hombres
–héroes de carne y hueso– se ven reflejados en fotos juveniles, enfermedades,
licencias, accidentes, pedidos de autorización para casarse, nacimiento
de hijos, fallecimientos de familiares y permanentes cambios de destino
que deben ser interpretados.
Rodolfo Walsh dijo que "algún día se escribirá, completa, la trágica historia
de la matanza de junio. Entonces se verá cómo el asombro rebasanuestras
fronteras", y ésa es una tarea pendiente, facilitada y orientada por su
célebre libro Operación Masacre, (1957) y talentosamente ampliada por Salvador
Ferla en Mártires y Verdugos (1964), ambas realizadas en los difíciles tiempos
de la proscripción del peronismo y sus defensores. Enrique Arrosagaray publicó,
hace ya diez años, La Resistencia y el general Valle, con valiosos testimonios
de protagonistas de aquellos hechos. En muchos de los legajos que revisamos
encontramos su nota pidiendo acceso a los mismos, pedido que fue atendido
en forma limitada: se le brindó información parcial y preparada para el
caso. Recién en estos tiempos se abrió el acceso incondicionado a esos documentos,
que contienen parte de las claves necesarias para comprender aquellos episodios
y la violencia política de los años ’60 y ’70. Su análisis ayudará a entender
el papel y actitud de los militares nacionales fusilados en junio del ’56
y sus vidas podrán ser reivindicadas políticamente no sólo por aquellos
que nos emocionamos con su gesto y nos conmovemos con su destino sino, también,
por la institución que eligieron como camino para "servir a la Patria",
que los mató y que silenció sus memorias.
* Esta nota constituye el punto de partida de una investigación histórica
de los autores en base a los legajos y actuaciones oficiales que contienen
información sobre el levantamiento del 9 de junio de 1956 y los fusilamientos
de ese año.
Fuente: Página/12, 10/06/06
Ultimos
secretos de los fusilamientos de 1956
El 9 de junio de ese año, militares y civiles se sublevaron contra el gobierno
del general Aramburu. La represión fue cruenta: la mayoría de los insurrectos
fueron asesinados ilegalmente. Aquí se revelan testimonios exclusivos y
cómo se adulteraron los registros oficiales para legalizar el fusilamiento
de Valle.
María Seoane
mseoane@clarin.com
Emplazan
un busto del general Valle en un cuartel del Ejército
(Marzo 2007) El Ejército emplazará en la Escuela de Ingenieros de la fuerza un busto del general Juan José Valle, quien fue fusilado en 1956 tras encabezar un fallido levantamiento cívico-militar contra la Revolución Libertadora. La ceremonia se realizará a las 11 en dicho establecimiento, que desde el año pasado lleva el nombre del militar. El acto será presidido por la ministra de Defensa, Nilda Garré, quien estará acompañada por el Jefe del Ejército, Roberto Bendini. Como parte del homenaje, el Director de la Escuela de Ingenieros recibirá el sable y un arma que pertenecieron a Valle, y que ahora pasarán a ser parte del patrimonio de esa institución. Valle fue uno de los líderes del levantamiento cívico-militar de 1956 contra la Revolución Libertadora, y que tuvo el objetivo de restaurar el orden constitucional tras el derrocamiento del gobierno de Juan Domingo Perón, ocurrido un año antes. La rebelión fue rápidamente sofocada por el gobierno de facto, que fusiló a 18 militares -entre ellos Valle- y 13 civiles, entre el 10 y el 12 de junio de 1956. Fuente: Clarin.com Palabras
del jefe Estado Mayor General del Ejército General Bendini
Ver: http://generalvalle.blogspot.com/2007/04/busto-en-la-escuela-de-ingenieros-12.html |
Podría llamarse "la evidencia" este libro
titulado "Detenidos especiales, 1956" de la Penitenciaría Nacional- bajo
la órbita del Ministerio de Justicia, en el archivo del Servicio Penitenciario
Federal- que está hoy guardado en el Museo Penitenciario, en el barrio de
San Telmo. Contiene una prueba que ratifica, medio siglo después, que la
represión estatal al levantamiento revolucionario de militares y civiles
peronistas comandados por los generales Juan José Valle y Raúl Tanco y el
teniente coronel Oscar Lorenzo Cogorno entre el 9 y el 12 de junio de 1956
fue ilegal y se buscó la impunidad de los delitos al borrar u ocultar registros.
Este libro es, sin duda, una huella más de lo que se supo ya entonces a
través de la investigación del periodista y escritor Rodolfo Walsh, publicada
en artículos desde enero a marzo de 1957, y que luego constituyó su célebre
libro "Operación Masacre". Pero ratifica que los procedimientos usados por
la Revolución Libertadora, comandada por el general Pedro Eugenio Aramburu
y el almirante Isaac Rojas, que derrocó al gobierno constitucional de Juan
Perón en setiembre de 1955, fueron un anticipo, aún excepcional pero premonitorio,
de los métodos represivos clandestinos que amplificaría hasta la tragedia
el estado terrorista nacido en marzo de 1976.
Los hechos
Corría noviembre de 1955. Perón había comenzado su exilio que se prolongaría
17 años. El cadáver de Evita había sido secuestrado de la sede de la CGT
donde reposaba, embalsamado. Por ley no se podía nombrar a Evita ni a Perón
ni al peronismo, entre otras prohibiciones. Había sido anulada la Constitución
de 1949, que daba rango constitucional a los derechos económico-sociales
y había miles de presos políticos. Muchos militares peronistas fueron encerrados
en el vapor-prisión Washington, anclado a varios kilómetros aguas adentro
del Puerto de Buenos Aires. Allí estaban castigados y aislados los generales
Valle y Tanco, entre otros oficiales. Allí comenzaron a conspirar para diseñar
un movimiento que exigía el cese de la persecución al peronismo; la restitución
de la Constitución de 1949 y la libertad a los miles de presos políticos.
Esa fue la génesis del movimiento que comenzaron a gestar con fuerza en
el verano de 1956. Los jefes indiscutidos del movimiento eran los generales
Valle y Tanco y oficiales como los coroneles Cogorno, Alcibíades Cortínez,
Ricardo Ibazeta y el capitán Jorge Costales, entre otros.
El historiador Norberto Galasso contará que tanto Aramburu como Rojas, su
vicepresidente, tenían información de la conspiración: que decidieron no
abortarla para "dar un escarmiento". Tal es así que en la noche del 8 de
junio de 1956 son apresados cientos de dirigentes gremiales para restar
base social al movimiento. Aramburu viajó ese día a la provincia de Santa
Fe, pero dejó firmado el decreto 10.362 que decretaba la Ley Marcial, y
preparados los decretos 10.363/56, que establecía la pena de muerte, y el
10.364 que daría los nombres de los que serían fusilados. Los decretos estaban
preparados porque eran correlativos y fueron publicados así en el Boletín
Oficial con posterioridad.
Valle y Tanco, que estaban ya en la clandestinidad, deciden lanzar antes
de que fuera tarde la asonada. La señal la daría la lectura de la proclama
revolucionaria, a las 23 del 9 de junio. A esa hora comenzaba la tradicional
noche de boxeo sabatina en el Luna Park, lo que hizo que la instrucción
a los insurrectos para lanzarse a la acción debía ser escuchar la pelea
de Lausen. El equipo de Valle para esa tarea estuvo comandado por el coronel
José Irigoyen, fue secundado por el capitán Costales y se sumaron varios
civiles. Eran las diez de la noche. La radio debía instalarse en la Escuela
Técnica N° 5 "Salvador Debenedetti" en Avellaneda. A las 22.30, un comando
del gobierno los arrestó a todos. La proclama sólo pudo ser escuchada en
La Pampa, donde actuaba el coronel Adolfo Philippeaux.
Otros lugares de la rebelión- ver infografía Rebelión y represión ilegal-
fueron: Campo de Mayo, sublevado por los coroneles Ricardo Ibazeta y Eduardo
Cortínez; el Regimiento II de Palermo, bajo la dirección del sargento Isauro
Costa; la Escuela de Mecánica del Ejército, comprometida por el mayor Hugo
Quiroga; el Regimiento 7 de la Plata, responsabilidad de Cogorno y el grupo
de civiles, entre otros, que debía operar en Florida, en la calle Hipólito
Yrigoyen 4519, donde se reunieron los Lizaso, Carranza, Garibotti, Brión
y Rodríguez y Troxler, entre otros. Además, hubo civiles armados y militares
que intentaron sublevarse en Santa Fe- Rosario y Rafaela-, Río Negro-Viedma-,
para citar algunos. Excepto en La Pampa, la mayoría de los jefes de la sublevación
fueron apresados. Ante el fracaso del levantamiento, el general Tanco se
dirige a Berisso para lograr apoyo, inútilmente, y debe luego huir y esconderse.
Mientras el general Valle se oculta en la calle Corrientes, en la Capital,
en la casa del político mendocino amigo, Adolfo Gabrielli, ante la certeza
de que el movimiento había sido delatado y había fracasado.
Todos los levantamientos ocurrieron entre las 22 y las 24 del 9 de junio.
El gobierno estableció a las 0.32 del 10 de junio la Ley Marcial, un decreto
firmado por Aramburu, Rojas, los ministros de Ejército, Arturo Ossorio Arana,
de Marina; Teodoro Hartung; de Aeronáutica, Julio César Krause y de Justicia,
Laureano Landaburu. Es decir, que para aplicar la ley marcial a los sublevados
ésta debía ser aplicada con retroactividad al delito cometido, violando
el principio legal de la irretroactividad de la ley penal. Pocas horas después,
firman el decreto 10.363 que ordena fusilar a quienes violen la Ley Marcial.
Los fusilamientos estaban decididos por el gobierno de Aramburu. En la madrugada
del 10 de junio, entre las 2 y las 4, se asesina a los detenidos en Lanús.
Horas más tarde, en los basurales de José León Súarez, la policía bonaerense,
a cargo del teniente coronel Desiderio Fernández Súarez le ordena al jefe
de la Regional San Martín, comisario Rodolfo Rodríguez Moreno, que fusile
a 12 civiles, de los cuales siete logran huir pero cinco mueren. Uno de
los sobrevivientes,, Juan Carlos Livraga, será el "fusilado que vive" que
permitirá a Walsh reconstruir la historia. En la Escuela de Mecánica del
Ejército, el general Ricardo Arandía consulta telefónicamente a Aramburu-
que había regresado ya a Buenos Aires el 10 al mediodía-sobre los detenidos.
En Campo de Mayo, en tanto, el general Juan Carlos Lorio preside un tribunal
que realiza un juicio sumarísimo. Concluye que los sublevados no deben ser
fusilados. Pero Aramburu ratifica su decisión. Lorio pide que se deje por
escrito. Aramburu y su gobierno, entonces, firman el decreto 10.364 que
detalla la lista de once militares que deben ser fusilados. Este es el único
documento que queda oficialmente inscrito en la historia. No existen registros
de esos juicios sumarios. No existe hoy registro del informe forense que
debió determinar la causa de la muerte de esos argentinos.
El 12 de junio, Valle decidió entregarse a cambio de que se detuviera la
represión a su movimiento y se le respetara la vida. Le toca al antiperonista
capitán de navío Francisco Manrique, enviado de Rojas, ir a buscarlo. A
las 14 horas de ese día, Valle ingresa con su amigo Gabrielli y Manrique
al Regimiento I de Palermo donde es interrogado y juzgado por un tribunal
presidido, también, por el general Lorio. Después, Valle es enviado a la
Penitenciaría Nacional. El actual director del Museo Penitenciario, Horacio
Benegas, entonces recién ingresado al servicio, recuerda que "el 11 en la
madrugada fueron fusilados tres militares" en la vieja cárcel de la Avenida
Las Heras. Que Valle fue alojado en el sexto piso. Que el clima en el penal
se "cortaba con una gilette" por lo tenso. Que recuerda que la última que
lo vio con vida fue su hija Susana Valle (ver "Que digan nomás..."Pág. 35)
Ese 12 de junio, a las 22,20 Valle fue fusilado por un pelotón cuyos nombres
fueron guardados como un secreto de Estado. No hubo orden escrita ni decreto
de fusilamiento. Ni registro de los responsables.
El 13 de junio, cesó la ley marcial. El general Tanco con otros sublevados
logró, el 14 de junio, asilarse en la Embajada de Haití en Buenos Aires,
a cargo del embajador Jean Briere. Pero el jefe del Servicio de Inteligencia
del Estado (SIDE), general Domingo Quaranta, invadió la delegación para
secuestrar y detener a los asilados. Briere logró salvarlos. El saldo de
esas setenta y dos horas de junio del 1956 fue trágico y premonitorio: 18
militares y 13 civiles asesinados. (ver Rebelión y represión ilegal. Pág.
35)
La evidencia final
El 24 de mayo de 2006, el patio del Museo Penitenciario estaba iluminado
por el sol del otoño. El alcalde Benegas despliega el libro de "Detenidos
especiales". Se asombra ante la pregunta:
- ¿Alcalde, por qué la entrada de Valle a la Penitenciaría y su fusilamiento
el 12 de junio del 56 aparece intercalado en los registros del 57?.
- No sé, me extraña. Pero esto no lo manejamos directamente nosotros.
Lo cierto es que quien manejaba ese registro en 1957 debió anotar apresurada
y desprolijamente el nombre de Valle para legalizar que había sido fusilado
allí. ¿Por qué? El registro de Valle es el de preso político 4.498. Está
asentado debajo del registro 4.497 que corresponde a un tal Amílcar Darío
Viola, ingresado al penal el 26 de abril de 1957. Luego, el registro salta
al 4.499, de un tal Carlos Vázquez, cuyo ingreso ocurrió el 8 de octubre
de 1957. ¿Qué ocurrió en abril de 1957 para que el registro de Valle fuera
introducido atropelladamente? Por esa fecha, Walsh ya había logrado que
estallara la polémica por los asesinatos en los basurales de José León Suárez.
El 24 de abril de 1957, la Corte Suprema de Justicia dio un fallo en el
caso Livraga: pasar todas las actuaciones a la Justicia Militar. Al mismo
tiempo que pasaba la responsabilidad estricta de esos fusilamientos a los
militares, cerraba el camino en la justicia civil. En abril de 1957, además,
Arturo Frondizi hacía un pacto con Perón para ganar en las elecciones que
terminarían con la dictadura de Aramburu.
Comenzaba otro tiempo. Por poco tiempo.
Las pruebas olvidadas
El libro de Detenidos especiales, o presos políticos, corresponde a los
archivos de la desaparecida Penitenciaría Nacional. El libro ahora reposa
en el Museo Penitenciario que dirige el alcalde mayor retirado Horacio Benegas.
Sus páginas contienen los ingresos, la proveniencia, por orden de quién,
tiempo de prisión y egreso de los presos políticos del año 1956 y 57. Allí
se lee el ingreso del general Juan José Valle bajo el número de preso político
4498. Se asienta que lo trajeron de la División Motorizada del Ejército,
por orden del Poder Ejecutivo el 12 de junio de 1956 y que fue fusilado
en esta unidad el mismo día. Pero esa fecha está intercalada, alterando
la cronología de otros registros que corresponden al año 1957.
"Que digan nomás: 'El Presidente duerme'"
Valle y Aramburu ingresaron juntos al Colegio Militar de la Nación. Allí
se conocieron, eran compañeros de banco hasta que egresaron como subtenientes.
Entonces, los unía una fuerte amistad. Compartían juntos con sus familias
largos veraneos en Mar del Plata. Años más tarde, con otros generales, participaron
en la constitución de una sociedad para la construcción de un edificio en
las calles Presidente Perón y General Urquiza, en Mar del Plata. Pero tomaron
caminos diferentes: Valle fue un peronista de la primera hora en 1945. Aramburu
mantuvo el alineamiento liberal conservador que marcó al Ejército argentino
siempre. La esposa de Valle imploró clemencia la noche el 12 de junio de
1956, apelando al viejo amigo. La respuesta fue la consigna: "El Presidente
duerme", que después el poeta José Gobello transformará en una poesía que
exprese de alguna manera toda la tragedia humana que envolvió a los Valle
y que, cuando Aramburu sea asesinado por la guerrilla de Montoneros en 1970,
también atravesará a la familia del Presidente que calló a la hora señalada.
Susana Valle: "El cuerpo lo trajo el cura Devoto"
Tenía 18 años cuando lo vio a su padre por última vez en una celda de la
Penitenciaría Nacional. Medio siglo después recuerda: "A mi padre lo fusilan
a las 22.20 del 12 de junio. Pude despedirme de él. Me vio llorar. Me paró.
Y me pidió un pucho. Yo estaba cuando el párroco de la iglesia Santa Elena,
en la calle Seguí, donde íbamos, viene a confesarlo. Era Alberto Devoto,
que lloraba, pobre. Mi padre le dice a Devoto:
-No llore padre, si usted me enseñó que en la otra vida se está mejor. ¡No
me haga dudar ahora!.
"Después, viene un milico y me da 12 mil pesos. Yo le dije: métase la plata
en el culo. Pero mi papá dijo: 'llevala, no se la vamos a dejar a éstos.
Dásela a tu mamá.'. El cuerpo de mi padre me lo dan al otro día. Nos lo
trae Devoto, que después fue obispo de Goya. Lo velamos en nuestra casa,
llena de espías".
Fuente: Clarín, 2006
El
pasado que rebota al presente
Por Luis Bruschtein
Después del alzamiento del 9 de junio de 1956, el gobierno militar del general
Eugenio Aramburu fusiló a 27 personas. En el caso de los fusilamientos de
civiles, se utilizó un procedimiento por "izquierda" que luego se convertiría
en la principal herramienta represiva de las sucesivas dictaduras, hasta
llegar a su máxima expresión en el ’76. Aun en el caso de los fusilamientos
de militares, se aplicó un decreto emitido por Aramburu que declaraba el
estado de sitio cuando los rebeldes ya estaban detenidos. Es decir que,
de manera inconstitucional, se les aplicó ese decreto con retroactividad.
En esos días, el dirigente socialista Américo Ghioldi publicó una frase
que se hizo célebre: "Se acabó la leche de la clemencia". Y a Jorge Luis
Borges se le atribuye otra frase en una conversación con su amigo Adolfo
Bioy Casares: "Se hizo lo que debía hacerse". No eran los únicos que pensaban
así, entre los no peronistas era un sentimiento extendido.
Existe un consenso mayoritario en la historiografía y la sociología sobre
una lectura de la Argentina reciente que tiende a colocar al peronismo en
el lugar de la barbarie, los excesos, lo no institucional, el exabrupto
y lo violento. Y pone a sus adversarios en el polo antitético: defensa de
la institucionalidad y la racionalidad, de la pacificación y el respeto
de la ley.
Es inquietante la manera en que esa lectura se revierte constantemente sobre
la actualidad. Lo que inquieta es la incapacidad de esa lectura, o de quienes
la realizan, de sobreponerse a su contexto social aun después de tantos
años, como si permanentemente se tratara de justificar el papel que jugó
ese mismo contexto en aquel momento.
La primera parte de esa lectura, la que compete al peronismo, es cierta
en gran medida. Pero la segunda parte, la que alude a sus opositores, es
falsa en gran medida. La oposición, los partidos que la integraban, fue
más salvaje aún que el peronismo. El revanchismo antiperonista, desde los
bombardeos a civiles en la Plaza de Mayo hasta los días posteriores al golpe
del ’55, la violencia, la humillación y la represión fueron más alevosos,
desprolijos, inconstitucionales y antidemocráticos que lo que podría reprochársele
al peronismo. Los fusilamientos constituyen un hito en esa historia. El
peronismo no había fusilado a nadie.
La vocación institucional de las fuerzas opuestas al peronismo es una construcción
cultural, es expresión de una visión hegemónica dentro de los intelectuales
y las capas medias que tomaron como propio el discurso de los grupos de
poder. En todo caso, el antiperonismo fue más "institucional", porque a
partir del ’55 utilizó a las Fuerzas Armadas para agredir al resto de las
instituciones democráticas.
La calidad institucional, la "institucionalidad" como valor en la política
argentina ganó peso específico recién después de la última dictadura y constituye
una gran mentira interpretar esa historia como si hubiera habido un sector
destacado que hubiera representado ese concepto como se lo entiende en la
actualidad. Lo real es que no hubo ángeles democráticos y demonios violentos.
Todos los actores se movieron con los criterios de una sociedad si se quiere
primitiva en cuanto a su visión de sí misma, incluyendo a la izquierda.
Video documental para descargar: La revolución fusiladora
![]() ![]() 1955. Capítulo del largometraje "Perón, sinfonía del sentimiento", de Leonardo Favio. Fuente: ARCOIRIS TV, duración: 15,30 minutos Cortesía de Roberto Di Chiara Elige una opción de descarga: |
A partir de esa lectura de un
solo ojo, todo el mundo sabía lo que tenía que hacer el peronismo-populismo
para enmendarse y mejorar. Es decir, tenía que hacer lo que siempre hicieron
sus detractores dizque más republicanos y democráticos. El problema es que
la misma historia está diciendo que, con otras vestiduras y formalidades,
lo opuesto al peronismo actuó con un gran desprecio por las instituciones.
Sin embargo, el peronismo hizo lo que le pidieron que hiciera: la renovación
trató de ser un remedo de la Coordinadora radical –que fue el paradigma
de los ’80– y más tarde, con Carlos Menem, se asimiló a una especie de republicanismo
conservador popular que finalmente agotó su verdadero impulso. En el prólogo
de Operación Masacre, Rodolfo Walsh aclaró que había tomado la matanza de
civiles en los basurales de José León Suárez, separándola del resto de los
fusilamientos, porque en ese caso no podía haber ninguna justificación por
parte de los fusiladores. Se trataba de una masacre clandestina de civiles
desarmados que sólo tenían una participación lateral en el alzamiento.
Lo real es que salvo excepciones como las de él mismo, que en 1956 todavía
no se asumía como peronista, o la del escritor Ernesto Sabato, que publicó
su investigación, la denuncia de los fusilamientos no conmovió demasiado
al universo no peronista. La izquierda no peronista ni siquiera ahora recupera
a esos trabajadores fusilados como parte de los mártires del pueblo en su
lectura de las luchas populares. Y tampoco lo hace con los civiles que murieron
en los bombardeos de Plaza de Mayo.
Por el contrario, para la generación que se incorporó a la militancia en
los años ’70 constituían momentos tan emblemáticos como la Semana Trágica,
igual que después lo fueron los fusilamientos de Trelew y los treinta mil
desaparecidos. Esa incongruencia en un discurso de izquierda que ignoraba
dos de los hechos más terribles del pasado reciente fue uno de los factores
que ayudó a la peronización de la mayoría de esa generación.
Hay hilos convergentes entre los sucesos de 1956, los años ’70 y la última
dictadura. Varios de los sobrevivientes de los fusilamientos o sus familiares
formaron parte de la Tendencia Revolucionaria del peronismo o de sus organizaciones
armadas, como Julio Troxler y los hermanos Lizazo, y fueron asesinados por
la dictadura o por una Triple A en la que muchos de sus integrantes también
eran peronistas. Hace pocos días fue detenido el comisario mayor de la Bonaerense
Juan Fiorillo, que desapareció a Felipe Vallese en 1962. Y ese mismo policía,
después integró la Triple A y luego fue colaborador estrecho del genocida
Ramón Camps. Los militares que participaron en el golpe del ’55, respaldados
por los partidos no peronistas, de izquierda y derecha, protagonizaron la
escalada de asonadas y golpes militares que van del ’55 al ’66 y del ’66
al ’76. El peronismo estuvo proscripto 18 años, en tanto los demás partidos
aceptaban una especie de democracia tutelada, donde ellos mismos –además
de dirigentes peronistas– decidían sus diferencias cruzando contactos en
los cuarteles y regimientos. Y los civiles más militaristas eran casi siempre
los que más declamaban su republicanismo. Todos los golpes y asonadas militares
se hicieron en "resguardo" de la democracia.
En la actualidad la antinomia peronismo-antiperonismo es anacrónica. Ni
uno ni otro alcanzan por sí solos para describir o interpelar a una sociedad
que afronta otras problemáticas y complejidades. Las corrientes de nuevas
mayorías se construyen necesariamente sobre otros contenidos que los atraviesan
y contienen. En ese sentido, la cultura va muy por detrás de la realidad,
porque mantiene esa mirada hegemónica y caprichosa sobre el pasado a pesar
de que tanto en el oficialismo como en la oposición conviven sectores que
provienen de ambas puntas de esa antinomia histórica.
Un síntoma de ese retraso en la cultura política es que el recuerdo de los
fusilamientos del ’56, al igual que de las víctimas de los bombardeos en
Plaza de Mayo, termina encuadrado en ese contexto como un acto peronista
o properonista. Es legítimo que la reivindicación de los ideales y principios
por los que lucharon los caídos sea tomada por quienes piensan así. Pero
hay una tarea ciudadana democrática, no partidista, en el reconocimiento
de quienes fueron víctimas de esa masacre como una forma de poner distancia
con la intolerancia y el desprecio a la vida que llevaron a justificar la
usurpación de instituciones para eliminar a quienes se les oponían. El repudio
a los fusilamientos del ’56 no debería ser una acción solamente peronista,
sino de la ciudadanía en su conjunto.
Fuente: Página 12, 10/06/06
Proclama
revolucionaria del Movimiento de Recuperación Nacional del General Valle
Las horas dolorosas que vive
la República, y el clamor angustioso de su pueblo, sometido a la más cruda
y despiadada tiranía, nos han decidido a tomar las armas para restablecer
en nuestra patria el imperio de la libertad y la justicia al amparo de la
Constitución y las leyes.
Como responsables de este Movimiento de Recuperación Nacional, integrado
por las Fuerzas Armadas y por la inmensa mayoría del pueblo -del que provienen
y al que sirven- declaramos solemnemente que no nos guía otro propósito
que el de restablecer la soberanía popular, esencia de nuestras instituciones
democráticas, y arrancar a la Nación del caos y la anarquía a que ha sido
llevada por una minoría despótica encaramada y sostenida por el terror y
la violencia en el poder.
Conscientes de nuestra responsabilidad
ante la historia, comprendemos que nuestra decisión es el único camino que
nos queda para impedir el aniquilamiento de la República en una lucha estéril
y sangrienta entre hermanos, cada día más inevitable e inminente.
Deploramos que precisamente desde el gobierno se haya cerrado sistemáticamente
toda posibilidad de pacificar la República y alcanzar la armonía entre los
argentinos, en contraposición con el sentido de responsabilidad, la tolerancia
y la paciencia patriótica del pueblo.
La Nación entera, y con ella la tranquilidad, el bienestar y la dignidad
de los argentinos han caído en manos de hombres y de fuerzas que aceleradamente
retrotraen a la patria a épocas de sometimiento, de humillación y de vergüenza.
Su acción nefasta ha desquiciado y lesionado profundamente el orden político,
económico y social de la República.
Este Movimiento de Recuperación Nacional, se lanza a la acción revolucionaria
con objetivos claros y un programa concreto para restablecer la soberanía
y la justicia social y devolver al pueblo el pleno goce de su libertad y
sus derechos.
Declara objetivos fundamentales de su acción:
En lo político
Han violado y desconocido el imperio de la Constitución y de las leyes,
sustituyéndolo por un llamado "derecho de la Revolución", que no es otra
cosa que el entronizamiento de la arbitrariedad, sin más normas ni vallas
que la omnímoda voluntad de los que detentan el poder.
Se han avasallado así las garantías y derechos individuales, sustituyéndose
a instituciones y personas de la jurisdicción de sus jueces naturales, sometiéndolos
a tribunales y comisiones especiales expresamente prohibidas por la Constitución.
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Se ha perseguido, encarcelado
y confinado en verdaderos campos de concentración a miles de argentinos
no sometidos a proceso y privados del derecho a la defensa, por razones
ideológicas o políticas.
Por idénticas razones se ha privado a miles de argentinos de derechos esenciales,
como el acceso a los empleos públicos y la participación activa en la vida
cívica de la Nación, sin que tan graves penas provengan de la decisión de
la justicia y ni siquiera del juzgamiento de la conducta de los inculpados.
Como consecuencia de esta arbitrariedad discriminatoria, que divide a los
argentinos en réprobos y elegidos, se ha privado de sus empleos a miles
de ciudadanos, sin tenerse en cuenta ni su antigüedad, ni su idoneidad,
ni su conducta.
Se ha excluido de la vida cívica del país a la fuerza mayoritaria con el
pretexto de inmoralidades y desviaciones en la conducta de algunos sus dirigentes;
verdadera aberración jurídica y moral que podría llevar a la exclusión de
todos los partidos, desde que todos padecen o padecieron en algún momento
de males similares.
Se ha fomentado y organizado desde el gobierno la delación y el espionaje
contra personas e instituciones, inclusive contra las Fuerzas Armadas.
Se ha impedido la libertad de prensa, uniformada al servicio del gobierno,
interviniendo y entregando arbitrariamente los diarios y revistas a sectores
políticos minoritarios adictos al mismo, clausurando los desafectos e impidiéndose
la aparición de nuevos órganos de opinión independiente.
Todo ello unido a la monstruosidad totalitaria de un decreto-ley que bajo
penas gravísimas prohíbe a los ciudadanos hasta el uso o empleo individual
de palabras, fechas, símbolos, fotografías, nombres y expresiones que se
proscriben, configuran los hechos más salientes de un plan siniestro, destinado
a ahogar la libre expresión de la ciudadanía, y entronizar en el poder a
minorías antinacionales que en su hora enajenaron el patrimonio del país
y traficaron con el hambre y el dolor de los trabajadores argentinos.
Este desborde de la arbitrariedad ha culminado con la abolición de la Constitución
Nacional vigente, sancionada por una Convención Reformadora libremente elegida
por el pueblo, con la participación de los mismos sectores políticos que
apoyan a la tiranía, Constitución que juraron acatar y defender los mismos
que hoy la vulneran y suprimen a espaldas del Pueblo y al margen de su libre
voluntad soberana, con el evidente propósito inconfesable de abolir disposiciones
como las del artículo 40, que impiden la entrega al capitalismo internacional
de los servicios públicos y las riquezas naturales del país, juntamente
con otras también fundamentales como las que sancionan los derechos del
trabajador y las que estatuyen la función social de la economía y la riqueza.
Por un acto arbitrario y despótico se reimplanta una Carta Fundamental ya
superada por la realidad política, económica y social de la República, al
amparo de cuya imprevisión y laxitud fue posible en otras épocas la entrega
del país a las fuerzas internacionales del capitalismo y el sometimiento,
el hambre y la humillación de nuestro pueblo.
Y para hacer más evidente la burla a la ciudadanía y la prepotencia de la
arbitrariedad, ni siquiera se la reimplanta en todo su vigor como norma
de convivencia o valla del poder, sino "en tanto y en cuanto no se oponga
a los fines de la Revolución", vale decir, en cuanto no se oponga a la voluntad
omnímoda e Incontrolada del gobierno. Jamás, en toda la historia, gobierno
alguno ha tenido el descaro de hacer semejante profesión de tiranía y despotismo.
En lo económico
Se han tomado medidas tendientes a quebrantar la industria nacional, depreciar
la moneda, crear el desaliento en la inversión de capitales útiles, elevar
los precios acentuando el desequilibrio entre éstos y los salarios, provocar
sectores importantes de desocupación, que llevarán por hambre a los obreros
a someterse a la voluntad del capitalismo.
Todo ello unido al desprestigio internacional de nuestra economía por el
propio gobierno, a la acelerada contratación de empréstitos extranjeros
y a la adopción de determinados compromisos anteriores, constituyen etapas
de un plan destinado a retrotraer al país al más crudo coloniaje, mediante
la entrega al capitalismo internacional de los resortes fundamentales de
su economía.
En lo social
Se han desconocido legítimas conquistas de los trabajadores, se ha destruido
la organización sindical -base indispensable de la paz social y del progreso
del país-, mediante la intervención a la Central Obrera y a todos los sindicatos.
Se ha perseguido, encarcelado y confinado a miles de trabajadores, y se
los ha privado arbitrariamente del derecho elemental de intervenir activamente
en la vida de las organizaciones a que pertenecen.
En síntesis, desde el propio gobierno se ha realizado una acción sistemática
tendiente a destruir la organización sindical y anarquizar a los trabajadores,
acción que persigue la finalidad inconfesable de debilitar el frente social
para posibilitar el camino del sometimiento del pueblo, y con él, del sometimiento
de toda la Nación.
En las Fuerzas Armadas
Se ha tratado en toda forma de minar su unidad y su armonía y se han desquiciado
sus cuadros con la baja o retiro obligatorio de centenares de jefes, oficiales
y suboficiales que honraban a la institución por sus virtudes morales y
su capacidad profesional.
Al mismo tiempo se ha obligado a muchos oficiales al desempeño de funciones
civiles incompatibles con su estado militar, creándose hacia la institución
un lógico resentimiento y desconfianza del pueblo, difícil de superar, y
que es la semilla más criminal que podía haberse sembrado para dividir y
anarquizar a la Nación.
Esto es, en lo fundamental, el panorama trágico de las horas difíciles que
vive la República. La proliferación de conflictos sindicales, los actos
diarios de sabotaje en todo el territorio del país y el continuo descubrimiento
en toda la República de planes subversivos o actos de insurrección, denunciados
por el propio gobierno, no son (como él pretende, para encubrir su responsabilidad
y engañar a la opinión) fruto de la acción aislada de personas perturbadoras,
sino síntoma del clima de opresión y subversión en que vive la República
y expresión evidente del espíritu indomable y de la decisión del pueblo
de reconquistar su libertad.
Tan grave estado de cosas impulsa nuestra determinación y nos decide a recoger
el clamor unánime del pueblo, antes de que la República desemboque en una
lucha fratricida que terminará por destrozarla.
El programa del Movimiento de Recuperación Nacional
I - En lo político
Restablecer el Estado de derecho mediante la vigencia plena de la Constitución
Nacional y el imperio de la justicia en un ambiente de real libertad y pura
democracia.
Consolidar la soberanía popular mediante la realización de elecciones generales
en todo el país en un plazo no mayor de 180 días, con plenas garantías para
todos los partidos políticos en el proceso electoral y preelectoral, incluida
la utilización con iguales derechos de todos los medios de expresión y difusión.
Prescindencia absoluta del gobierno en materia electoral y fiscalización
de los comicios por las Fuerzas Armadas.
Libertad efectiva y absoluta de prensa para todos los sectores de la opinión.
Amnistía general y derogación de todos los decretos y medidas discriminatorias
dictados por razones ideológicas o políticas.
Libertad de todos los presos políticos y sometimiento a la justicia competente
de los que hubiesen cometido delitos comunes.
Reincorporación de los empleados y obreros eliminados arbitrariamente por
razones ideológicas o políticas.
Levantamiento de las interdicciones a personas y empresas e intervención
de la justicia en los casos de violación de las leyes en vigor.
Rehabilitación de los partidos políticos privados de personería v plena
libertad para la formación de nuevas fuerzas, dentro de las normas establecidas
por la legislación vigente.
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II - En lo económico
Revisión de las medidas de carácter económico y financiero que pudieran
lesionar los intereses nacionales.
Revisión de las medidas económicas y financieras que afectan seriamente
el desarrollo de las actividades productivas.
Restablecimiento de la plena ocupación y adopción de medidas para contener
el alza del costo de la vida.
III - En lo social
Devolución del gobierno de los sindicatos a los trabajadores y elección
por los mismos de las autoridades de la Central Obrera en un plazo de 45
días.
Libertad inmediata a todos los dirigentes y obreros detenidos por razones
políticas o gremiales.
Renovación de los convenios de trabajo, de común acuerdo entre los trabajadores
y empresarios, mediante los procedimientos determinados por la legislación
vigente al 20 de setiembre de 1955.
Derogación de los decretos y medidas discriminatorias que impiden a miles
de obreros su participación en la vida de los organismos gremiales.
IV - En las Fuerzas Armadas
Reestructuración de las mismas con vistas a las necesidades de la defensa
nacional.
Reincorporación de jefes, oficiales y suboficiales que poseyendo valores
profesionales y morales hayan sido dados de baja o retirados por razones
políticas o ideológicas.
Mantenimiento de los actuales cuadros con la única excepción que determinen
los tribunales y organismos competentes que establece la ley.
V - En el orden internacional
Respeto y cumplimiento de todos los convenios, pactos y compromiso internacionales
concertados por el país dentro de las normas constitucionales y legales.
Suspensión de la ejecución de aquellos compromisos contraídos en violación
de tales normas, a fin de que oportunamente sean considerados por las autoridades
legalmente constituidas por los órganos y procedimientos que estatuye la
Constitución Nacional.
Sosteniendo tales principios y comprometiendo ante el pueblo de la República
el fiel y estricto cumplimiento de los objetivos señalados, el Movimiento
de Recuperación Nacional toma las armas, en defensa de la patria, decidido
a pacificar la nación por el camino de la verdadera libertad, en el respeto
de la Constitución y la Ley.
No hacemos cuestión de banderías porque luchamos por la patria que es de
todos. No nos mueve el interés de ningún hombre ni de ningún partido.
Por ello, sin odios ni rencores, sin deseos de venganza ni discriminaciones
entre hermanos, llamamos a la lucha a todos los argentinos que con limpieza
de conducta y pureza de intenciones, por encima de las diferencias circunstanciales
de grupos o partidos, quieren y defienden lo que no puede dejar de querer
y defender un argentino: la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria,
en una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.
¡Viva la patria!
Buenos Aires, 9 de junio de 1956
Irigoyen
y Costales, hombres del general Valle en Avellaneda
Los alzados en la escuela de Avellaneda
Rubén Mauriño tenía quince años y su padre Miguel Angel era jefe de la Resistencia
Peronista. El coronel José Albino Irigoyen y el capitán Jorge Miguel Costales
debían emitir la proclama desde la escuela. Los dos militares fueron fusilados.
La escuela todavía tiene el emisor que iban a utilizar.
Por Enrique Arrosagaray
Rubén Mauriño recibió la orden de su padre Miguel Angel. "Vos andá a la
esquina de Mitre y Vélez Sarsfield, por ahí te pasa a buscar una camioneta,
retirás el transmisor de la casa que te anoto acá y lo llevás a la Escuela
Técnica. Se lo entregás a Lugo y te vas. ¿Entendiste? Te volvés a casa."
Rubén, con apenas 15 años en esa noche del 9 de junio de 1956, le hizo caso
en todo a su papá menos en una cosa: se quedó con el paraguayo Dante Lugo
en la Escuela.
En la Escuela Técnica "Salvador Debenedetti" –esquina de Alsina y Paláa,
pleno centro de Avellaneda– ya estaba desde unos minutos antes un comando
encabezado por el coronel José Albino Irigoyen y por el capitán Jorge Miguel
Costales –jefe de inteligencia del estado mayor de Valle–, que tenía por
misión instalar lo necesario para transmitir por radio la Proclama que toda
la población escucharía en el momento que comenzaba la pelea del argentino
Lausse contra el chileno Loaysa. Es decir, a las once de la noche de ese
sábado. Muchos núcleos civiles antidictatoriales esperaban esa señal radial
para sumarse al alzamiento.
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MACHADO Y ZUBIRI,
DOS PROTAGONISTAS DEL ALZAMIENTO |
El coronel Irigoyen tenía 43
años y había nacido en La Matanza. No tenían buen concepto de él en el Ejército.
Su legajo incluye comentarios como el de "retraído, poco vivaz (...) y en
general, sus condiciones intelectuales son apenas suficientes". En años
posteriores se recibe de ingeniero en comunicación y da clases en la Escuela
de Comunicaciones en la Guarnición de Ejército de Campo de Mayo. "Este oficial
–dice su legajo en noviembre de 1941–, a pesar de haber trabajado con dedicación,
ha desmejorado apreciablemente en el rendimiento de sus estudios." Lo ascienden
a coronel en diciembre de 1955.
Su especialidad y sus convicciones lo llevaron a estar al frente del grupo
que debía garantizar la emisión de la Proclama.
"Cuni" Ercolano es hoy el bufetero de esta escuela. Cuando Irigoyen golpeó
la puerta de su casa, que era la misma escuela, ya que eran los caseros,
él tenía diez años y vio cómo su padre les abrió, amenazado, "porque entraron
a punta de pistola. Me acuerdo de que ése de traje militar –Irigoyen– le
preguntó a mi padre si era peronista y le contestó que no, que era socialista".
Al rato, Ercolano fue testigo de la entrada por la misma puerta de docenas
de policías que se llevaron detenidos a los hombres de Valle, pero también
a su padre, a su hermana de 19 años, a quien los diarios de la época mencionaron
como "la secretaria de Valle" y a un hermano. "Irigoyen se portó muy bien
porque dijo en la comisaría que mi familia no tenía nada que ver, que los
dejaran libres", cuenta "Cuni" Ercolano a Página/12.
Junto a los dos oficiales del Ejército mencionados estaban los hermanos
Clemente y Roberto Ros, de Lanús; el paraguayo Dante Lugo, que trabajaba
en el Comando L113 de la Resistencia Peronista con base en Quilmes e influencia
sobre Berazategui, Solano y Varela –cuyo jefe indiscutido era Miguel Angel
Mauriño–, y Osvaldo Albedro.
Gracias a que el joven Ruben Mauriño se quedó de prepo, pudimos saber algunas
cosas ocurridas dentro de la escuela, ya que todos los mencionados serían
fusilados pocas horas después, salvo él por ser un pibe.
El coronel Irigoyen, vestido con ropa militar, daba las órdenes. Una de
ellas fue la de que este jovencito, por su agilidad, trepara una torre que
la escuela tenía desde años antes para conectar la antena. Cuando comenzaba
a bajar escuchó ruidos, golpes, gritos. Miró y vio docenas de hombres uniformados
invadiendo la escuela y deteniendo a sus amigos. A él lo hicieron bajar
a los gritos, apuntándole. Los llevaron a todos a la comisaría 1ª por sólo
unos minutos; de ahí a la Unidad Regional de Lanús de la policía provincial,
en la esquina de Córdoba y Juncal. "Estaba todo traicionado –nos contó una
vez Ruben Mauriño–, con el tiempo me enteré de que debía haber habido ahí
cincuenta policías para apoyarnos, pero fue al revés. Nos cargaron en un
camión del Ejército."
A una cuadra de la Escuela Técnica, en la calle Alsina al 100, estaba el
comando de la Segunda Región Militar –algo así como un distrito militar–,
que debía ser tomado por el coronel Modesto Leis al frente de un grupo de
conspiradores.
En su casa, el coronel le dijo a su mujer que salía y que llegaría tarde;
venía de la Capital, cruzó el viejo Puente Pueyrredón a pie porque allí,
en la puerta del cine Colonial –Mitre 141–, debía ver a un contacto que
tendría el dato de un coche con armas; pero el contacto no estaba y ni rastros
de un coche. Caminó hasta las inmediaciones buscando rostros conocidos,
pero nada. Por el contrario, vio movimientos que le hicieron desconfiar.
Desandó sus pasos hacia la avenida y por fin vio una cara amiga, la de otro
oficial de apellido Ricagno, quien venía con algunos hombres. Hablaron caminando
y cambiando información cuando notaron que otros los rodeaban, amenazantes.
Ricagno pudo deshacerse de su pistola, que traía dentro de un diario, tirándola
en una boca de tormenta. Todos fueron presos y los sumaron al mismo camión
que los capturados en la escuela.
El coronel Leis estuvo en la cola de los que iban fusilando.
"Al primero que llamaron fue al coronel Irigoyen –contó aquella vez Leis–,
se ve que durante algunos minutos lo interrogaron, pero al rato se escuchó
una ráfaga de disparos y enseguida un tiro aislado. ¡Se imagina que pensamos
lo peor! A los minutos se llevan al capitán Costales y otra vez, varios
tiros y, luego, lo que sería el tiro de gracia. Luego fusilaron a Lugo y
enseguida se llevaron a uno de los Ros. Me acuerdo de que se abrazaba con
su hermano. Qué crueldad. Luego fusilaron al otro Ros y después a Albedro.
A partir de ese momento los minutos de silencio fueron más largos, y cuando
notamos que no venían a buscar a nadie fue inevitable pensar que habían
parado de fusilar. Nos mirábamos, casi no hablábamos. A las horas, sería
a la tarde, nos dijeron que nos fuéramos. Yo creí que nos aplicarían la
ley de fuga, pero no. Era increíble, adentro se fusilaba y en la calle,
como si nada."
Por fortuna e inexplicablemente, los represores se olvidaron el receptor
que formaba parte del equipo que usaría el comando de Valle en esa escuela.
Las camadas de autoridades y profesores lo guardaron y lo protegieron a
través de medio siglo.
"Este equipo es un Hallicrafthers de 10-20-40-80 metros, norteamericano,
de amplitud modulada", le cuenta a Página/12 Mario Mansalido, uno de los
profesores que saben el valor técnico e histórico. El equipo sobrevivió
ya medio siglo, a los hombres que lo quisieron usar.
Fuente: Página/12, 10/06/06
Aramburu
y el juicio histórico
El 29 de mayo de 1970 un comando montonero secuestró en su domicilio al
teniente general Aramburu. Dos días después esa organización lo condenaba
a muerte y enumeraba los cargos que el pueblo peronista alzaba contra él.
Los dos primeros incluían "la matanza de 27 argentinos sin juicio previo
ni causa justificada" el 9 de junio de 1956.
El comando llevaba el nombre del fusilado general Valle. Aramburu fue ejecutado
a las 7 de la mañana del 1º de junio.
La ejecución de Aramburu provocó una semana más tarde la caída del general
Onganía, cuya dictadura ya había sido resquebrajada otro 29 de mayo el año
anterior por la epopeya popular del Cordobazo, y postergó momentáneamente
los proyectos de los sectores liberales que veían en el general ajusticiado
una solución de recambio para la fracasada Revolución Argentina.
El dramatismo de esa muerte aceleró un proceso que suele llevar años: la
creación de un prócer. En cuestión de meses los doctores liberales, la prensa,
los herederos políticos canonizaron a Aramburu mediante el uso irrestricto
del ditirambo y la elegía. Paladín de la democracia, soldado de la libertad,
dilecto hijo de la patria, militar forjado en el molde clásico de la tradición
sanmartiniana, gobernante sencillo y probo que rehuía por temperamento los
excesos de autoridad, son algunos de los conjuros que escamotean a la historia
el perfil verdadero de Aramburu. Dos años después tenía su Mausoleo, ornado
de virtudes.
La matanza de junio ejemplifica pero no agota la perversidad de ese régimen.
El gobierno de Aramburu encarceló a millares de trabajadores, reprimió cada
huelga, arrasó la organización sindical. La tortura se masificó y se extendió
a todo el país. El decreto que prohibe nombrar a Perón o la operación clandestina
que arrebata el cadáver de su esposa, lo mutila y lo saca del país, son
expresiones de un odio al que no escapan ni los objetos inanimados, sábanas
y cubiertos de la Fundación incinerados y fundidos porque llevan estampado
ese nombre que se concibe como demoníaco. Toda una obra social se destruye,
se llega a cegar piscinas populares que evocan el "hecho maldito", el humanismo
liberal re trocede a fondos medievales: pocas veces se ha visto aquí ese
odio, poca s veces se han enfrentado con tanta claridad dos clases sociales.
Pero si este género de violencia pone al descubierto la verdadera sociedad
argentina, fatalmente escindida, otra violencia menos espectacular y más
perniciosa se instala en el país con Aramburu. Su gobierno modela la segunda
década infame, aparecen los Alsogaray, los Krieger, los Verrier que van
a anudar prolijamente los lazos de la dependencia desatados duran te el
gobierno de Perón. La República Argentina, uno de los países con más baja
inversión extranjera (5% del total invertido), que apenas remesaba anualmente
al extranjero un dólar por habitante, empieza a gestionar esos préstamos
que sólo benefician al prestamista, a adquirir etiquetas de colores con
el nombre de tecnologías, a radicar capitales extranjeros formados con el
ahorro nacional y a acumular esa deuda que hoy grava el 25% de nuestras
exportaciones. Un solo decreto, el 13.125, despoja al país de 2 mil millones
de dólares en depósitos bancarios nacionalizados y los pone a disposición
de la banca internacional que ahora podrá controlar el crédito, estrangular
a la pequeña industria y preparar el ingreso masivo de los grandes monopolios.
Quince años después será posible hacer el balance de esa política: un país
dependiente y estancado, una clase obrera sumergida, una rebeldía que estalla
por todas partes. Esa rebeldía alcanza finalmente a Aramburu, lo enfrenta
con sus actos, paraliza la mano que firmaba empréstitos, proscripciones
y fusilamientos.
Fuente: NAC&POP
Palabras
sobre la Resistencia Peronista
Por Andrés Framini
(...). A la Resistencia se suman los militares. Qué garantía para nosotros
con la experiencia que tenían los militares para esos caso as¡. Teníamos
contacto con los compañeros, con la mayoría que después fueron fusilados,
con Costales, con el Coronel Cogorno, con los hermanos Yrigoyen, con todos
los militares que se habían sumado a esto y que tanta importancia tenían
para la Resistencia. El Gral. Valle estaba preso, preso en un barco, pero
desde ahí ya había empezado a preparar la revolución. Había ido buscando
contactos y cuando salió en libertad, juntamos a todos los sectores que
representaban la Resistencia y resolvimos tres cosas importantes: la primera,
seguir adelante y hasta el fondo para derrocar la dictadura; la segunda:
llegamos al convencimiento de que por la vía democrática no los sacábamos,
entonces el único camino que nos quedaba era el de la revolución y decidimos
prepararnos en el terreno de nuestros enemigos; tercero: se reconoció como
jefe del Movimiento al General Valle y al General Tanco.
| Penitenciaría:
una historia de fusilamientos bajo gobiernos de facto El 1 de febrero de 1931 fueron fusilados en la Penitenciaría los militantes anarquistas Severino Di Giovanni y Paulino Scarfo, bajo la presidencia de facto de José Félix Uriburu. Bajo otro régimen de facto, el de Aramburu, el 11 de junio de 1956 fueron fusilados, a tiro de fusil Máuser 7,65 mm. Mod. Arg. 1909, el suboficial Isauro Costa, el sargento carpintero Luis Pugnetti y el sargento músico Luciano Isaías Rojas. Al día siguiente corrió la misma suerte el general de división Juan José Valle. |
Elegimos el día: el 9 de junio. Recuerdo
que el 8 estaba con Valle y, en el café de "Los Angelitos" nos encontramos
con los suboficiales que eran los encargados de tomar la radio donde íbamos
a lanzar la proclama que era el primer golpe que íbamos a dar para salir
a combatir. Y a hora que hablo de la proclama quiero recordar (ustedes han
leído lo que es esa proclama, el contenido de la proclama que es lo más
incruenta posible), que fue revisada hasta el último momento por dos grandes
compañeros peronistas, porque les teníamos fé y confianza, dos peronistas
de raza, dos compañeros comprometidos hasta el tuétano con la revolución:
los compañeros José María Castiñeira de Dios y Enrique Olmedo.
El comando estaba en la calle Alsina, en Avellaneda, enfrente de la plaza.
La primera resolución del comando fue nombrar una comisión que saldría a
tomar la escuelita que estaba al lado de la cancha de Racing y que, desde
allí se largaría la proclama por radio; entre algunos de la comisión estaba
el gran compañero Costales, Pepe Yrigoyen, Lugo y otros más. A los diez
minutos nos llaman y nos dicen "Ya tomamos la escuelita", pero a la media
hora nos dicen: "no hablen más para acá porque estamos rodeados". Pasa una
hora y el asesino de Rojas anuncia por radio el fusilamiento de los revolucionarios
y dá los nombres que eran los de los compañeros que habían tomado la escuelita.
No había pasado una hora cuando aparece otra información: en Lanús son asesinados
otros compañeros entre los que estaban los hermanos Ross. Por si fuera poco,
después nos llega la noticia del fusilamiento del Coronel Cogorno en La
Plata. La única buena pero que no alcanzaba era que el Capitán Filipaux
había tomado Santa Rosa. Por suerte después él se salvó del fusilamiento.
Lo último fue cuando levantaron a los compañeros que simulaban estar mirando
una pelea, los cargaron, los llevaron a José León Suárez y mientras bajaban
del camión, los mataban fusilándolos por la espalda.
Relato
de la esposa de Mario Brión
[Relato de Adela Cabaña de Brión, esposa de Mario Brión, asesinado en los basurales de José León Suárez, sobre las actividades del grupo y de su marido previas a las jornadas del 9 al 12 de junio de 1956]
Desde el golpe de 1955, siempre comentábamos
con mi marido, que la vida estaba cada vez peor, y él siempre me decía que
prefería morir a servir de rodillas ante un gobierno de facto, antinacional.
Comencé a darme cuenta de que -en algo andaba cuando sus llegadas a casa,
luego del trabajo, se hacían cada vez más tarde, ya entrada la noche, él
era un hombre que trataba de llegar temprano para estar más tiempo junto
a mí y a nuestro pequeño hijo (Daniel).
Le pregunté, entonces, por el motivo de esas llegadas tarde que se habían
hecho cada vez más frecuentes y me contó su verdad. Me dijo que estaban
formando un grupo en la zona, en el barrio, para luchar contra la tiranía
intentando retomar la soberanía del pueblo sojuzgado.
Comentamos también que se realizarían reuniones en varias casas de los alrededores,
incluyendo la nuestra, le di todo mi apoyo y colaboré con él en la medida
de mis posibilidades: callando, guardando silencio y secreto del tema, ni
nuestros demás familiares supieron lo que estábamos organizando.
Fueron varias noches de reuniones en nuestra casa (Franklin 1812 en Florida),
recuerdo que todos llegaban caminando, Rodríguez, Don Horacio (Di Chiano)
y también tengo presente una moto en la que unos jovencitos llegaban y dejaba
en el jardín, los Lizaso (Jorge y Carlitos).
Mientras ellos aguardaban la llegada de otros compañeros, Mario (Brión)
los convidaba con una picadita de jamón y queso, que compraba, antes del
regreso, en el frigorífico Armour donde en ese momento trabajaba.
Pasaron los días, las noches, y la orden no llegaba. Yo acostaba al nene
(algunas veces lo tenía en brazos) y espiaba desde detrás de la persiana,
apenas entreabierta, vigilando cualquier movimiento raro, por suerte nunca
sucedió nada en esos momentos.
Un día Mario me dijo: Prepará la habitación porque el General Tanco se va
a quedar unos días con nosotros. Pero no sé y nunca pregunté el por que
finalmente no vino.
En el comedor teníamos un hogar a leña, que tenía semioculta una puertita,
allí dentro yo guardaba las armas que todos los compañeros traían, como
mi esposo no tenía una propia un vecino muy querido le entregó un revolver
para que el utilizara.
Por fin, el 9 de junio Mario me dijo que la reunión de ese día era en la
casa de Don Horacio (Di Chiano), recuerdo que lo pasaron a buscar el mismo
Don Horacio y Rodríguez.
Era una noche muy fría, se puso una polera que yo acababa de tejerle, me
dio un beso, abrazo a nuestro hijo y me dijo que escuchara la radio, que
ese sería el día.
Los tres se fueron caminando despacio, yo lo dije a Rodríguez (que era muy
corpulento) cuídelo. Cerraron la puerta y yo seguí, tras la persiana, espiando.
No me acosté, seguí escuchando la radio y en la madrugada del 10 un comunicado
informaba a la población que se había descubierto un levantamiento para
derrocar a ese gobierno y que declaraban la ley marcial.
Pasaban las horas, y el movimiento en la calle, de autos que iban y venían
era cada vez mayor.
Salí al jardín y mirando hacia la esquina de Hipólito Irigoyen, donde era
la reunión, vi estacionado un colectivo con vigilantes alrededor que después
arrancó.
Llamé entonces por teléfono a mi vecino comentándole que Mario no había
regresado, el me dijo que no saliera, que él mismo se fijaría. Así hizo
y primero dio vuelta la esquina para pasar por casa y tratar de tranquilizarme,
luego al querer ir a comprobar que pasaba, estando ya en el jardín de su
casa casi lo detienen a él también así como estaban deteniendo a todos los
que encontraban en las calles de los alrededores.
A la mañana siguiente, bien temprano, salí al jardín para ver si lograba
verlo regresar, pasó una mujer que yo no conocía- y me dijo, quédese tranquila,
su esposo está bien, jamás la volví a ver ni supe quien fue.
Pasan las horas y la radio dio la noticia de los que murieron en San Martín,
yo pensé que ellos no podían ser pues estaban en Florida.
Mario no regresaba y creyendo que estaba preso, subí al altillo que teníamos
en la casa y saqué todos los recuerdos que él había guardado desde el 17
de octubre, diarios La Época, la antorcha del 17 de octubre, fotos con Evita
en la Fundación, papeles que pudieran comprometerlo y, sin pensarlo dos
veces, quemé todo.
El libro del plan quinquenal y una foto de Evita dedicada a Mario y otra
de Mario y Evita en la Secretaría de Trabajo y Previsión junto a otros compañeros
se lo entregue para que lo escondiera a una amiga del barrio y hasta estos
días jamás pude recuperarlos ni se que se hizo de esa amiga.
Más tarde llamaron mis hermanos, preguntándome por Mario y cuando les dije
que desde la noche pasada no había regresado me vinieron a buscar y me llevaron
a casa de mis padres junto con mi hijito.
Desde allí traté de localizarlo, recién después de 3 o 4 días, no recuerdo
bien, mi hermano mayor lo localizó en la morgue del Policlínico de San Martín.
Fue entonces que me enteré que estaba muerto.
Me preguntaron si quería verlo y, por supuesto, dije que si. Entramos y
fuimos directo a la morgue y allí estaba, con los ojos entreabiertos y una
pequeña sonrisa en los labios, apenas se le veía la cara. Le di el último
beso y lo llevamos al cementerio de Olivos para enterrarlo.
Debimos seguir al furgón donde lo trasladaban (ya que no permitieron cortejo
fúnebre) a una cuadra de distancia pues tampoco se nos permitía seguirlo
de cerca.
Llegamos al cementerio rodeados de policías (¿habrán pensado que aún muerto
se podía levantar y escaparse?), mi hermano compró un ramo de flores, pero
no me permitieron ponérsela sobre el cajón aún así, cuando lo cubrían, yo
logré arrojarlas y quedaron sobre el ataúd.
Volví a casa de mis padres a vivir con ellos, no podía volver a vivir en
lo que fue nuestro hogar. El dolor hizo que cayera enferma, estuve más de
dos meses en cama, perdí el embarazo que tenía en esos momentos, mis amigos
no se podían acercar, me tuvieron vigilada muchísimo tiempo.
Hoy me doy cuenta, que fue el temor lo que finalmente alejó a casi todos
de mí, pero no les guardo rencor, el miedo y el temor impuesto era general,
así nos hicieron vivir.
Imagen: Obra de Ricardo Carpani en homenaje
a los fusilados en 1956.
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