Entre los numerosos artistas del Ukiyo-e, Sharaku, contemporáneo de Utamaro, constituye una figura solitaria. Apareció entre 1790 y 1795, ejecutó algunas de las series de retratos de actores, de un estilo perfectamente personal, y desapareció, sin dejar otras huellas. Algunos afirman que esta excepcional carrera no duró más de diez meses.
Poco sabemos de su vida; excepto que primero había sido actor de teatro Noh y que había pertenecido a la agrupación de daimio de Awa. Se ignora cómo se hizo pintor y si tuvo algún maestro.

Sharaku fue el pintor más independiente, el único del Ukiyo-e que no se interesó ni por las escenas galantes ni por la vida de los barrios reservados.

En sus retratos de actores Kabuki, agranda los rasgos, hasta una tensión que raya en lo grotesco y la caricatura. La fealdad llevada de tal modo a su paroxismo, en vez de disminuir el expresionismo dramático del Kabuki, lo prolonga para, finalmente, alcanzar el patetismo.

En cierto modo, Sharaku llegó a fijar la movilidad de la mueca en un momento de intensidad tal, que adquiere una nobleza certera, en la cual pueden reconocerse las máscaras horribles de los demonios y ancianos del Noh y del Kyogen.

De sus retratos en primer plano, la serie de los Cuarenta y siete ronin (mayo de 1794) es probablemente la más conocida y la que recibió de Sharako lo mejor de su genio. Las otras dos series que ocupan la segunda mitad de su corta carrera y que están consagradas a los actores, no tienen ya la misma fuerza. Es como si Sharaku hubiera querido ponerse a la altura de un público algo desorientado por la audacia de sus primeros retratos.

El retrato del actor Ichikawa Danjuro, en el papel del daimyo Ko-no-Moronao, da un ejemplo bastante preciso de ello. Colocado en un fondo gris plateado, obtenido mediante polvo de mica, el dibujo, de extrema sencillez, procede con grandes superficies cortadas por algunas líneas, que a veces quedan como inacabadas. Los ojos negros y desorbitados, la boca afilada por un rictus reforzado con un pequeño toque de anaranjado son, en esta máscara lisa y lampiña, las únicas notas de una pasión exacerbada que pertenece al teatro y sólo al teatro. Bajo su ironía, se ha querido descubrir veleidades de una crítica dirigidas contra los monstruos sagrados del Kabuki; pero esto sería desconocer el propio genio de Sharaku y la sinceridad de sus intenciones.

TOSHIUSAI SHARAKU

 

 

 

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