El humor y la cultura son las dos aficiones fundamentales
de la familia Kitano, en cuya educación desempeñó un
papel preponderante la madre, una mujer carismática y de ideas avanzadas.
Uno de los hermanos estudió en la prestigiosa Universidad de Tokio,
en la cual acabó ejerciendo como profesor. Por el contrario, Takeshi,
que desde niño mostraba un carácter rebelde, estudió
varios cursos en la Universidad de Meiji, una de las más importantes
del Japón, pero su gusto por la bohemia y, sobre todo, su vocación
artística, lo impulsaron a introducirse en el mundo televisivo, donde
desempeñó los trabajos más diversos.
Fue intérprete de telenovelas, moderador de debates,
comentarista deportivo, presentador de concursos y, ante todo, un cómico
de los de mayor éxito en la televisión de su país. Programas
como Takeshi jo y sus colaboraciones con el cómico Akashiya Sanma convirtieron
al joven Takeshi Kitano en una celebridad. Adoptó entonces el seudónimo
de Beat Takeshi, nombre que sus admiradores japoneses pronunciaron
siempre como Bito Takeshi. Corrían los años ochenta
y pocas cosas parecían imposibles para la estrella, que alternaba su
trabajo en la pequeña pantalla con una vida social llena de excesos.
Sin embargo, con una ambición
artística que no parece conocer límite, desarrolló una
carrera paralela en el medio cinematográfico, animado por Nagisa Oshima,
quien pensó en él para dar vida al sargento Hara en su película
Feliz Navidad, Mr. Lawrence (1983). Más adelante, tras alguna otra
interpretación en films como Yasha (1985), de Yasuo Furuhata, decidió
convertirse en director, procurando definir un estilo personal en el cual
se advierten su admiración por el cineasta francés Jean Pierre
Melville y un gusto por la violencia que lo emparenta con el realizador chino
John Woo.
El
alcohol y las pasiones pasajeras fueron la norma habitual en una existencia
que incluso lo llevó, por un tiempo, a la cárcel. Casado con una
mujer que soporta sus devaneos con paciencia, Takeshi emplea las contradicciones
de su doble moral en los espectáculos que protagoniza, haciendo público
su arrepentimiento ante los espectadores, conocedores, por cierto, de todos
los detalles de su biografía gracias a la exitosa emisión de un
teledrama sobre su vida. No ha de extrañar esta falta de pudor si se
advierte la cantidad de horas que pasa ante las cámaras, con programas
diarios a distinta hora y de diverso contenido.
Rodó
en 1989 Violent Cop, a la que siguieron Boiling point (1990) y Sonatine (1993).
Gracias al éxito de Quentin Tarantino, admirador del thriller asiático,
y al reconocimiento internacional de cineastas chinos como John Woo y Tsui Hark,
estas películas de Takeshi lograron cierta distribución internacional,
sobre todo en el circuito videográfico. Por otro lado, la crítica
europea, volcada en la exaltación de cinematografías como la china
y la vietnamita, descubrieron en el cine de Beat Takeshi una suerte
de adaptación exótica del cine negro más actual, llena
de fatalismo y no exenta de ciertos toques de humor.
En
Estados Unidos, donde son muy populares los más violentos films de animación
japoneses, el cine de este realizador también cuenta con seguidores,
llegando a ser contratado para interpretar uno de los papeles del largometraje
de ciencia-ficción Johnny Mnemonic (1995), de Robert Longo. Ese mismo
año tuvo un grave accidente de motocicleta, originado por conducir a
gran velocidad bajo los efectos del alcohol. Así, mientras, a pesar suyo,
cultivaba esa imagen polémica en su país natal, los festivales
de cine europeos lo reconocían como un director de calidad, uno de los
pocos destacables dentro de la grave crisis creativa del cine japonés.
En 1997 logró llegar a la cima de su prestigio internacional tras ganar
su película Hana-bi el León de Oro en el Festival de Venecia
y el Gran Premio Félix de la Academia Europea.