RAMÓN CAPÍN

Baudelaire y el hashish

 

En 1848 tras la Revolución Francesa, muerto el antiguo régimen, surge pujante la burguesía; una nueva "aristocracia" cuyo motor ideológico ya no provenía de lo religioso. Fue el desarrollo científico por acaecer, lo que dio contenido la inflexión que se estaba produciendo. Por primera vez la oposición occidental, hombre-naturaleza, cuenta con una herramienta de poder, una fuente proveniente del hecho tecnológico. Futuro industrial y organización del modus vivendi del nuevo cuerpo social: suburbios para alimentar la autofagia del desarrollo constante y sin pausa. En 1948 Baudelaire se une a los sublevados de la Revolución Francesa. Nueve años mas tarde aparece la primera publicación del manuscrito Las flores del mal, que fue secuestrado días después, iniciándose un proceso penal por publicación obscena contra Baudelaire. Vendrían después los intentos fallidos para ser admitido en la Academia Francesa. Ante la quiebra de su editor y debido también a la desconfianza de sus paisanos y un estado físico nada exultante, opta por exiliarse a Bruselas; para comprobar que el ambiente de provincianismo parisino también se perpetúa en la capital flamenca. De las obras de Baudelaire se destila lo que va a ser el primer poeta urbano del siglo y semilla de la poesía del siglo venidero. Sobre su obra de crítica Los paraísos artificiales y su postura con respecto al hashish apuntar, que la catadura moral que despliega es deudora del espíritu burgués del momento. Primera contradicción de una serie de ellas que iré apuntando; fuera del estamento burgués al uso, encorsetado y estricto, su labor de crítica representa el mismo prejuicio de cualquier burgués medio de la época. Los paraísos artificiales se dividen en dos partes, la primera de ellas titulada Acerca del vino y del hashish, publicada en 1851, será el embrión de un trabajo reanudado seis o siete años mas tarde, llevando el título de Los paraísos artificiales y que substituía ¨ Comparados como medios de multiplicación de la individualidad ¨. Es sin embargo la segunda obra, la que tiene más profundidad. Tras el capítulo tercero, “El Teatro de Serafín”, plagado de experiencias ajenas y no propias, encontramos otros dos capítulos cuyos títulos son: “El Hombre Dios” y “Moral” que cierran esta primera parte del libro y preceden a “Un Comedor de Opio” con información extraída fundamentalmente de la obra de T. Quincey, tras el estudio dedicado al Hashish. En ambos capítulos observamos el grado metafórico, superlativo para describir el sueño cannábico. Su descripción no es sosegada y todos los elementos que la caracterizan contienen un espíritu satisfecho en la dualidad que Baudelaire prefiere para el hombre, como el mismo cita: "perturbar su destino para substituirlo por una fatalidad de nuevo cuño". (En alusión al viaje alucinógeno). C. Baudelaire divide la realidad cotidiana del hombre y las experiencias alucinógenas; las incompatibiliza y seguramente va sentando las bases del futuro discurso racionalista. La tónica general del ataque hacia el Cannabis insiste en la peligrosidad de su consumo y la incapacidad para llevar la vida y deberes de todo ciudadano dentro de un estado. Desde la adhesión a este futurible de utopías del siglo XIX, por ejemplo: escritores como V. Hugo o Zola, reflejan en sus obras el panorama y vida cotidiana de las masas urbanas.De contenido naturalista, sus textos vienen empujados por la reciente revolución. El nuevo héroe es el urbanita situado en la base de la pirámide social. En los textos políticos de aquella época, Fournier y Proudhon son quienes están sentando las bases teóricas de un socialismo incipiente. Fuera de estos autores encontramos lo que sería la postura de otros creadores que optan por un rechazo a la cotidianidad de los nuevos días, expresándose desde su individualidad, como entes separados y no como masa gregaria. En esta postura, distante de la función del arte que V. Hugo podía mantener se hallaba la figura de C. Baudelaire, para la crítica literaria su obra es el origen de la poesía moderna. Fue un agudo crítico en lo tocante a estética y literatura, y difusor de la obra de E. A. Poe, quien constituía un referente en su vida. Hacia 1840, traba amistad con distintos poetas de la época, tiempo en el que adopta poses de Dandy, vividor, habitante de bares y cafés.Cuando toma posesión de la herencia paterna se independiza y dilapida la fortuna hasta llegar a una situación de penuria económica. Fuera del aspecto económico tiene nueva compañera, además de otros amores por las drogas en sus vertientes: Hashish, Vino, Láudano y Opio. Volviendo a las contradicciones, otra de sus ambigüedades se refiere a la preferencia por el Vino frente al Hashish del que dice que tiene el poder de cohesión, mientras al segundo lo llega a nombrar como arma de suicidio. Incoherencia que delata en ciertos aspectos, falta de información o necesidad polemista. Ya que las ingestiones de Hashish en su tiempo, en la mayoría de las ocasiones y registradas en la literatura, fueron colectivas. Citar el olvido olímpico de todas las culturas que en el tiempo han sido y que han recurrido al uso del Cáñamo en todas sus formas .Y otra vez, de forma colectiva. Cuando se refiere a su poesía como catalizadora de los supuestos aparentemente contradictorios que en la vida y en la naturaleza son, correspondencias y vínculos, que escapan a nuestros ojos; está describiendo en realidad, el mundo de espacio y tiempo dilatados por el Dawamesc1. Son elocuentes sus palabras: ¨ Los perfumes, los colores y los sonidos se corresponden ¨. El punto de partida de estas experiencias relatadas en Los paraísos artificiales se centra en las reuniones que los tomadores de Dawamesc celebraban en el hotel Pimodan. Por allí y en dichas sesiones-viaje, pasarían entre otros, buena parte de los literatos que hoy son clásicos; G. De Nerval, T. Gautier, A. Karr, H. Balzac, Baudelaire...Estos dos últimos supeditados al ejercicio de la voluntad para cancelar la puertas abiertas que el alucinógeno continuamente procura. De esta sensación de rechazo empecinado a la visión cannábica, fuera de sus torres de marfil poéticas, se desprende el ulterior mal viaje que en lo tocante a Baudelaire exudan los escritos contenidos en Los paraísos artificiales. En una carta de G. Flaubert a Baudelaire, el primero reprocha la severidad con que se ocupa del Hashish; estas son algunas líneas de dicha misiva: ¨Me parece que un argumento tratado desde un punto de vista tan elevado en un trabajo que marca el inicio de una ciencia en una obra de observación natural y de inducción, habéis ( y varias veces) insistido en demasía, sobre el espíritu del mal. Transluce de vez en cuando una especie de fermento católico”. ¿Es una pose la relación de C. Baudelaire con las drogas destinada a fomentar su imagen de maldito?

 

Notas sobre esta crítica (Por J.P.):

He incluído el texto anterior por dos razones: la primera, porque para encauzar un hecho o personaje, hay que tratarlo tanto de un lado, como del otro; y la segunda -de ésta me he dado cuenta más tarde-, para que la gente sepa cómo no ha de redactarse una crítica. A la luz de la lectura de este artículo y teniendo sólo escasos conocimientos de la literatura -tanto narrativa como histórica- de la época, se puede decir que su autor está del todo equivocado. Los motivos por los que pienso esto son los siguientes:

Si bien es cierto que la literatura de la época describe el consumo de las sustancias de las cuales habla Los paraísos artificiales como actos colectivos, los libros de historia nos enseñan que existían ambas corrientes: la "comunitaria" (fumaderos de opio, clubs o sociedades, etc) y la "solitaria", como ocurre en la sociedad actual. No creo que Santa Teresa de Jesús se reuniese con las hermanas en una celda oscura a encender estufas de aceite de cannabis, ni que Platón hiciese lo mismo con sus paisanos -Aunque el segundo caso es más problable, la verdad-. Y digo esto porque en ambos casos está probado que así lo hicieron. Es completamente absurdo negar la probabilidad de que Charles Baudelaire experimentase de una forma solitaria y personal las sensaciones que producen ciertas sustancias; y más aún, tratándose de un escritor.

Del mismo modo, es completamente absurdo el preguntarse si Baudelaire publicó Los paraísos artificiales para fomentar su fama de maldito. Su fama de maldito nació con la primera publicación de Las flores del mal y esa fama de maldito le había llevado a renunciar a uno de sus mayores sueños: Ingresar en la Academia Francesa de las Letras. Fomentarla sólo serviría para verse más repudiado de lo que ya estaba. Recordemos que el poeta murió en la pobreza, tirando como podía de unas escasas subvenciones que le concedía el Gobierno francés y siendo reconocido como el gran poeta que ahora es sólo en los círculos que se vio obligado a frecuentar durante toda su vida.

Por otro lado, el poema "Correspondencias", al que el autor de la crítica alude como referencia al consumo de cannabis, nada tiene que ver con las drogas que Baudelaire consumía. Está demostrado que este poema es anterior a la iniciación de Baudelaire en estas sustancias. "Correspondencias" no es sino su declaración poética, el manifiesto de su poesía.

Y por último, en lo que respecta a la carta de Flaubert, el autor de la crítica obvia toda la obra de Baudelaire. El símbolo denominado "Mal" o su espíritu está muy presente en su obra y de forma muy escasa como algo negativo. De modo que Flaubert también podría haberlo obviado al escribirle esas palabras al poeta.

Esta es pues, una crítica sin fundamento que aporta sólo una visión muy ligera de Los paraísos artificiales. Para quien esté interesado en esta parte de la obra de Baudelaire, recomiendo leer por supuesto, el propio libro que se ha tratado, la biografía del autor, sus escritos autobiográficos, y alguno de los interesantes estudios que circulan por el mercado; pero, desde luego, más serios que éste.

 

 

Charles Baudelaire

Extractos

 

 

 

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