En la doctrina bien conocida
de los Tres Cuerpos del Buddha, a la manifestación física y terrenal se le
llama un nirmöa-kya, es decir, «un cuerpo de artificio»
o aún más literalmente un «cuerpo de medida»; así pues, como ocurre con las
imágenes y las demás otras obras de arte, se trata de un cuerpo hecho por
una «medición» (de la raíz m). En el Divyvadna, cap. XXXVII, la palabra nimittam se usa similarmente para la apariencia del Buddha,
que él mismo emana y proyecta para los pintores de Rudryaöa, que no pueden aprehender
su semejanza [del Buddha] sin ayuda. Puede observarse que la imaginería india
es una iconometría (tlamna) tanto o más que una iconografía;
y todo esto tiene una incidencia importante, en la teoría del iconódulo budista,
sobre la equivalencia pragmática de las manifestaciones verbales, carnales
y plásticas por cuyo medio el Buddha se presenta al mundo en una semejanza.
Sin embargo, nuestro objeto presente es señalar más bien lo que generalmente
no se ha reconocido hasta ahora, a saber, que los prototipos de las expresiones
nirmöa-kya y nimittam aparecen ya en los Brhmaöas y Sa×hits.
Tenemos, por ejemplo, ôg Veda Sa×hit III.29.11, «Esto, oh Agni,
es tu matriz cósmica, desde donde tú has brillado… Medido en la Madre (yad amim´ta matari), eres Mtari§vn», y X.5.3, «habiendo medido
el Bambino» (mitv §i§um). El Jaimin´ya Brhmaöa III.261-3 es aún más explícito. Aquí los Devas, a
punto de emprender una sesión sacrificial, proponen en primer lugar desechar
«todo lo que es crudo en nuestra esencia espiritual» (tad yad e·× krèram tmann[1] s´t), es decir, poner aparte
todo lo que son las posibilidades de manifestación física inherentes al
Espíritu; posibilidades que ellos proponen «medir» (tan nirmammahi). Por consiguiente, «Ellos lo midieron (nirmya) y pusieron lo que así había sido cercenado (sammarjam)[2]
en dos cuencos (§arvayoú, es decir, el Cielo y la
Tierra, dyvp¨thiv´)… De allí nació el benigno
(akhala)[3]
Deva… ciertamente, fue Agni quien nació… Él dijo, “¿Por qué me habéis traído al
nacimiento?”. Ellos respondieron “Para que presencies”» (aupadra·Êyya). Similarmente, en el Gopatha Brhmaöa I.1, el Brahman-Yak·a, siendo él solo,
reflexiona, «Mida yo a un segundo Dios de igual medida que mí mismo» (manmtra× dvit´ya× deva× nirmame); a este segundo Dios, es decir, Atharvan-Prajpati, se le instruye para que
emane y cuide de las criaturas, ídem.
I.4.
Así pues, aquí la
incorporación de Agni-Prajpati en el mundo es ya un nirmöa-kya, un cuerpo de medición
facticia. Que Agni es «para que presencie» corresponde por una parte a la
concepción védica del Sol como el «Ojo de los Devas», y por otra a la del
Buddha, a quien en los textos plis se le describe como el «Ojo en el Mundo» (cakkhu× loke),
cf. KaÊha Upani·ad V.11. «el Sol, el ojo de
la totalidad del mundo» (sarva-lokasya cak·us), y textos similares más
antiguos. Sin embargo, podemos ir más lejos. My, el principio de «magia»
por el que el mundo es naturado (my-maya), y mt¨, «madre», «matriz», son igualmente de la raíz m, «medir». Ciertamente, ¿quién, además de la Magna
Mater, en quien el hijo divino es «medido» y, de esta manera, «formado», tiene
pleno derecho a ser tratada como My-dev´?. El origen de este nombre
de la madre del Buddha puede rastrearse desde las fuentes budistas más antiguas
hasta el ôg Veda. La madre temporal del
Buddha, que, por supuesto, es la contrapartida terrenal de la Magna Mater, en
el mismo sentido en que «María en la carne» es la contrapartida de «María
Espiritual», «ella misma fue llamada “My” expresamente debido a que
su propia apariencia era como si hubiera sido medida por My» (my-nirmitam iva bimbam my-nma-sa×ket, Lalita Vistara, Lefmann, p. 27, 1, 12). En una relación muy
estrecha con este tenemos Atharva
Veda
VIII.9.5, «B¨hat´, la medida (mtr), fue medida (nirmit) desde la medida maternal (mtry mtur… adhi), My nació de My, y Mtal´ (=Matari§vn) de My». Esto apunta directamente
a la idea expresada en ôg Veda Sa×hit
III.29.11 y
X.5.3 citada arriba. Todo lo que el Lalita
Vistara
agrega al concepto del nirmöa-kya, a saber, del cuerpo
creado, facticio, o iconométrico del Buddha, es perfectamente lógico y, como
hemos visto, tradicionalmente se mantiene la presunción de que la Theotokos
temporal es ella misma un nirmitam
bimbam, una
semejanza creada e iconométrica —en el sentido de las palabras de San Agustín
«Yo me hice a mí mismo una madre, de quien nacer» (Contra V Haeresses, 5). Sin
entrar en la materia del detalle, sólo necesitamos agregar que en la teología
cristiana se han de encontrar concepciones similares, donde la creación y la
generación son uno y el mismo acto de ser in
divinis: es así, por ejemplo, como en Juan 1:4, quod factum est, «Lo que fue hecho» (por el arte divino), reemplaza
al griego Ð (X(g<g<, «Lo que fue engendrado».
No parece haber ningún
fundamento suficiente para igualar la doctrina budista del nirmöa-kya con la herejía docetista.
El cuerpo «creado» tiene ciertamente el mismo grado de «realidad» que el de las
demás cosas creadas, y particularmente, el mismo grado de realidad que el mundo
mismo, al que tradicionalmente se le considera también como traído al ser por
una «medición» (de la raíz m con vi); como en ôg Veda Sa×hit V.85.5, donde es la «poderosa Magia» (my) de Varuöa con lo que él «midió la tierra» (vi yo mame p¨thiv´m), X.71.11, donde es la medida del sacrifico lo que «se mide» (yajasya mtr× vi mim´te), I.110.5, donde se mide el
«campo» (k·etram iva vi mamuú), y muchos pasajes en los
cuales se trata de medir la «atmósfera» (antarik·a) o los «espacios» (raj×si), es decir, de crear los
mundos. Así pues, cualquier «realidad» que atañe al mundo mágicamente naturado
(my-maya), atañe igualmente al
cuerpo mágicamente naturado, facticio, o creado del Buddha, nacido de My. Si en la tradición india
también se postula un «real de lo real» (satyasya satyam), es decir, una realidad más alta que la del mundo
creado o que la de algo manifestado en él, esto no implica un docetismo, sino
que corresponde al punto de vista de San Agustín cuando dice que «Comparadas a
Ti, estas cosas ni son buenas, ni son bellas, ni son en absoluto» (nec sunt, Conf. XI.4). Pero a nosotros no nos ocupa ahora en el problema de
los grados de la realidad; el punto es que el mismo grado de realidad que atañe al mundo, atañe a la
manifestación iconométrica del Buddha en el mundo, donde, como se afirma
expresamente, es de acuerdo con su dominio de todos los medios convenientes (upya) como él aparece a aquellos a quienes quiere
enseñar, en su propia semejanza [de ellos] —como dice San Agustín nuevamente, Factus est Deus homo ut homo fieret Deus.
* Publicado por primera vez en el Journal of the Royal Asiatic Society, (Londres), 1938.
[1] E·m krèram tmanaú corresponde a Maitri Upani·ad VI.8 prajpateú sthavi·Ê tanèr y lokavat´, «La forma más concreta de Prajpati, esa que es cósmica».
Caland traduce «von userem körper». Sin embargo, es el Espíritu, y no un «cuerpo», lo que es la propiedad común de los Devas: «El Espíritu es toda la propiedad de un Deva» (tm sarva× devasya, Nirukta VII.4). Lo que los Devas transfieren al reino de la medida son las posibilidades de manifestación formal del Espíritu.
La confusión del Espíritu con el sí mismo corporal se describe en Chndogya Upani·ad VIII.8.5 como una «doctrina diabólica». «El cuerpo» y «el campo» son expresiones alternativas (ida× §ar´ra×… k·etram), y el «campo» se describe como todo lo que nosotros entendemos hoy por «cuerpo y alma» (Bhagavad G´t XIII.1 y 5, 6): ¡así pues, con qué amargo sarcasmo êaºkara, al comentar sobre ídem XIII.2, observa de tales pandits «instruidos» como los que dicen «Yo soy fulano» o «Esto es mío», que «Su “conocimiento” consiste en considerar el campo mismo como su Espíritu» …ida× tat pö¶itya×, yat k·etra eva tmadar·aöam!. El «conocimiento» de muchos eruditos modernos es de este tipo.
[2] Es de la misma manera como la joven madre (yuvat´) de Indra le piensa «inefable» (avadyam) y le abandona (parsa), ôg Veda Sa×hit IV.18.5.8, y como en V.2.5, Agni es compadecido como un «mero mortal» (maryakam), cf. X.72.8, 9, donde Aditi «arroja» al Sol mortal al nacimiento y a la muerte repetidos.
[3] Con referencia a êiva. De lo que se habla es realmente de la incorporación de Rudrgni. La asimilación posterior del Buddha a êiva no carece en modo alguno de buenas razones.