ANANDA K. COOMARASWAMY: ALGUNAS PALABRAS PîLI*
«Para una comprensión exacta del significado original de la mayoría de
los términos técnicos del budismo, es indispensable un conocimiento de su forma
sánscrita».
Max
Müller, Sacred Books
of the
East, Vol. 10, liv.[1]
En el siguiente artículo se
examinarán algunas palabras pli, con particular referencia a su tratamiento en el
PTS Dictionary** y a su traducción en los
volúmenes del Nikya de la PTS, ahora completados. Las referencias son a las
correspondientes ediciones, por volumen y página. Los estudios de Attha (artha), Rasa, Vyajana y Sahjanetta equivalen a un primer ensayo en el estudio
de la retórica budista, y deben leerse juntos.
akaniÊÊha. El Diccionario yerra completamente el significado
de esta palabra en su contexto, Sa×yutta Nikya V.237, Jtaka III.487, etc. No es «“no el
más pequeño”, es decir, el más grande, el más elevado», sino «entre quienes no
hay nadie más joven (o más pequeño) que otro». Los Devas en cuestión solo
pueden ser los Maruts, de quienes «Ninguno ha salido superior ni inferior, ni
ha sobrepasado la gloria media» (te ajye·Êh akani·Êhsa udbhido [2] madhyamso mahas vi vav¨dhuú, ôg Veda
Sa×hit V.59.6), sino que «como
hermanos han crecido juntos», ôg Veda
Sa×hit V.60.5. Al igual que Vyu es metafísicamente el
«Viento del Espíritu», así son estos Tempestuosos vientos «Ráfagas del
Espíritu». No se perderá de vista que en Maitri
Upani·ad II.1 B¨hadratha (del çk·vkuvaµ§a, también el del Buddha),
que está a punto de devenir un tmajaú (pli attaè ) y un k¨tak¨tyaú (pli katakicco, kataµ karaö´yam), es tenido por un Marut; y que en dem VI.30, donde él es efectivamente k¨tak¨tyaú («todo en acto») y entra a través de la Puerta del Sol adentro del
Brahmaloka, ya no es llamado por un nombre personal o de familia, sino solo
como «Marut». La frase budista akaniÊÊhgmin, que aparece con parinibbyin en una lista de las designaciones de los
«Nunca-retornadores» en varios contextos (D´gha
Nikya III.237, etc.), implica,
por consiguiente, la obtención del Brahmaloka y la compañía en iguales términos
de los Devas más altos, las «Ráfagas del Espíritu (Maruts)»,
entre quienes no hay ninguna distinción de superior o inferior o de entrados
antes o después. Enteramente análoga a esta es la posición del Comprehensor, de
quien se dice a menudo, por ejemplo, Sa×yutta Nikya I.12, que él no piensa de sí mismo como «igual, o mejor que, o
inferior a otros».
G. P. Malalasekera, en su Dictionary of Pli Proper Names
(Londres, 1937), cita de D´gha-Nikya Atthakath II.480, la explicación de akaniÊÊh dev de Buddhaghosa. En esta cita, sabbehÕeva debe ser sabbe hÕeva. Por otra parte, B. no da
dos explicaciones diferentes del nombre, sino solo una: las deidades akaniÊÊha se llaman así porque ninguno de entre ellos es
menor en realización y virtudes[3].
akliko. En Sa×yutta Nikya I.11-13, una Yakkh´ pregunta al Buddha lo que se entiende por la
designación del Dhamma como «intemporal» (akliko), es decir, «eterno». El Buddha responde que la vida eterna solo puede
realizarse con la comprensión de lo que-puede-decirse: «Aquellos que atienden
solo a lo que puede decirse (akkheyyam, es decir, a la narración
misma khynam), que se apoyan en lo que
puede decirse, que no comprehenden plenamente lo que puede decirse, estos caen
bajo el yugo de la Muerte: pero el que comprehende plenamente lo que puede
decirse, no hace ningún debate acerca del orador (akkhtraµ na maati, donde la referencia de akkhtro es al Buddha mismo, como en
Sutta-Nipta 167), puesto que reflexiona
para sí mismo (iti ) “Ello no es suyo”» (taµ hi tassa na hoti ),
y así no comete ningún error (yena naµ
vajj na tassa atthi )». La Yakkh´ no comprende y pide al
Buddha «que explique en detalle el significado de lo que se ha dicho resumido»
(saµkhittena bhsitassa vitthrena atthaµ
jneyyam). El Buddha expone
entonces, más explícitamente, la doctrina de kimcaa, por medio de la cual él ha respondido ya, a uno y
el mismo tiempo, a la referencia equivocada de la Yakkh´ al Buddha, como «rodeado
por otros Devats poderosos», y a su pregunta actual, en cuanto al
significado de «atemporal» (akliko): «Él [el Buddha] es
contrario (vivadetha, con referencia al vajj tassa precedente) a quien piensa
en términos de “igual, mejor o peor”», es decir, a quien considera al Buddha
como «alguien». Ella todavía no comprende (como antes). El Buddha dice más
explícitamente, «Al que ha acabado con el “número”, a l ni los dioses ni los hombres, ya sea aquí abajo o
ya sea allí en el más allá, pueden alcanzar» (pahsi saökhaµ… taµ… njjhagmuµ dev manuss idha
v huraµ
v ). Por último ella comprende
el significado del Buddha (attham): «atemporal» solo puede
aplicarse a una doctrina que no ha sido enseñada por «alguien»; el dhamma es akliko porque es, no la «opinión»
«fechada» de Fulano (que sea un hombre o una deidad personal, es irrelevante
aquí), sino la Verdad misma. Ni el Buddha ni el Dhamma están «en el tiempo»,
sino solo sus manifestaciones, que no deben tomarse absolutamente, sino que
deben ser penetradas y verificadas. La designación del Dhamma como «atemporal»
es la forma budista de la bien conocida doctrina india de la «eternidad del
Veda», para la cual hay buenos equivalentes cristianos, por ejemplo, San
Agustín, De lib.
arb. I.6, Lex, quae summa
ratio nominatur, non potest
cuipiam intelligenti non incommutabilis aeternaque videri; Santo Tomás, Summa Theologica I-II.91.1, divina ratio
nihil concipit ex tempore, etc. «Dhamma» difícilmente podría traducirse en Latín mejor que por Lex, quae summa
ratio nominatur… aeterna… divina ratio. La objeción del erudito
moderno a la doctrina de la eternidad de la Palabra, la Ley o el Dhamma, se
basa sobre una comprensión errónea de lo que se quiere significar; como observó
Santo Tomás, Summa Theologica, dem, «La Palabra Divina y la
escritura del Libro de la Vida (que corresponde a la vidy implicada en «Jtavedas» y a «Providencia») son
eternas. Pero la promulgación no puede ser desde la eternidad por parte de la
criatura que escucha o lee». La doctrina de la eternidad de la summa ratio es la misma que la doctrina
platónica de las ideas; la de su promulgación temporal corresponde a la
aparición de las sombras sobre el muro de la caverna. En los textos budistas
encontramos, de la misma manera, que el Dhamma se describe a la vez como sandiÊÊhiko, manifiesto, y como akliko, no en el tiempo. Pues, tomando las palabras de San Agustín, «Esta
sabiduría no es hecha; sino que ella es en este presente, como siempre ha sido
y como siempre será» (Confesiones IX.10). Hay otros muchos
textos en los que el Buddha identifica a él mismo, al Dhamma y a Brahma; el
Dhamma es, por consiguiente, temporal e intemporal, de la misma manera que el
Brahman, una única esencia con dos naturalezas, es kla y akla (Maitri Upani·ad VI.15, etc.), «tiempo y
sin-tiempo», y por lo tanto también sakala y akala, «con y sin partes». Expresado de otro modo, el
Brahman es, por una parte, el brahman audible = mantram, y por otra, silente: §abda
y a§abda, «vocal y silente».
akiriyavda. De la misma manera que en el brahmanismo
(por ejemplo, Taittir´ya Brhmaöa III.12.9.7-8; Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa I.5.1-2; Chndogya Upani·ad VIII.4.4; B¨hadraöyaka Upani·ad IV.4.23; KaÊha Upani·ad II.14; Kau·itak´ Upani·ad I.4; Maitri Upani·ad VI.18, 35; Bhagavad G´t V.15; etc.) y en el
cristianismo (I San Juan 3:9; II Corintios 3:17; Gálatas 5:18; Summa Theologica I-II.93.6 ad I y II-II.180.2), los valores éticos, en último
análisis, han de ser rechazados y toda responsabilidad cesa, así también en el
budismo pli (Majjhima Nikya I.135, 160; Majjhima Nikya II.36-39; Dhammapada 39, 267, 412; Sutta-Nipta 715, etc.); se sigue, ciertamente, como una
cuestión de hecho, que cuando se depone para siempre todo el fardo del kamma (la operación de las causas mediatas, o «fatum»),
los factores relativos de este fardo (lo que debía haberse hecho y no se hizo,
y lo que no debía haberse hecho y se hizo) se desechan igualmente; este
abandono de los valores éticos acompaña inevitablemente al abandono del «sí
mismo» psicofísico (pli apptumo, ppa att, anatt ), un abandono que se llama en el brahmanismo el «sacrificio de sí
mismo» o la «conquista de sí mismo» (tma-yaja, tma-jaya), en el cristianismo la «anonadación de sí mismo» («el alma debe
entregarse a la muerte» del Maestro Eckhart, «el odio a la propia alma» de
Cristo, y «la división entre alma y espíritu» de San Pablo), y en el budismo la
«conquista de sí mismo» (atta-jaya), la «doma de sí mismo» (atta-damatha), el «apaciguamiento de sí mismo» (atta-samatha), la «extinción de sí mismo» (atta-parinibbpana), o más explícita y
técnicamente la obtención de la «estación de no ser alguien» (akiµcayatana).
Se verá que la negación
última de toda responsabilidad es una posición puramente metafísica y
contemplativa: no puede tener ningún significado aplicable para quienquiera que
es todavía «alguien», que es todavía «activo» o, en otras palabras, que está
todavía «vivo». Argumentar que «yo», Fulano, no soy un agente responsable sería
una ridícula confusión de pensamiento: solo el yo que no es un Fulano está libre del fardo de la
responsabilidad, solo el nacido de Dios, y en el espíritu, no puede pecar.
Pretender que esto puede aplicarse a «mí» (Fulano), es interpretar la doctrina
de la filiación y de la theosis en el sentido satánico del paranoico. Sin
embargo, ha habido algunos eruditos modernos que han pretendido ver en el «Eso
eres tú» de las Upani·ads justamente una deificación tal como esta; y, por consiguiente, se han
«escandalizado»: y ha habido algunos otros, los Amaurianos, por ejemplo, que
fueron acusados de mantener que «como todo acto humano es el acto de Dios, no
hay ninguna distinción entre el bien y el mal, y de aquí que la Naturaleza no
debe ser rechazada en nada»[4].
Aquí solo estamos interesados en este último tipo de heréticos, aquellos cuya
herejía o «falso punto de vista» (micch diÊÊhi ) se llama en el budismo pli akiriyavda, es decir, la proposición de que, puesto que las obras se hacen sin un
hacedor[5],
no importa lo que «yo» hago, ya sea ello bueno o malo (D´gha Nikya I.53): en contra de esta
posición, el Buddha se proclama a sí mismo un kiriyavd´, y un akiriyavd´ porque enseña tanto lo que debe-hacerse como
lo que no-debe-hacerse (Vinaya-PiÊaka I.233 sig. y Aöguttara Nikya I.62); pero se proclama un kiriyavd´ slo en el sentido de «él que
enseña que hay un debe-hacerse» en oposición al akiriyavd´, cuya enseñanza es que no hay ningún «debe-hacerse» (D´gha Nikya I.115); estas distinciones
dependen de una división de la palabra, a saber, akiriya-vd´ (que enseña un no-debe-hacerse) y a-kiriya-vd´ (que no enseña un debe-hacerse)[6].
En Aöguttara Nikya II.232, Gotama es acusado
de a-kiriyavda, y el acusador mantiene que
él «enseña que no hay ningún debe-hacerse con respecto a ningún acto» (sabbakammnam akiriyaµ papeti ), y es de interés que en el curso de la refutación
el Buddha señala que akiriya (la palabra podría
traducirse aquí por «dejar hacer») equivale a una aniquilación del mundo (ucchedaµ… lokassa), «cuya subsistencia misma
consiste en la verdad, es decir, la eficacia causal, de la acción» (kammasacca, que ha de comprenderse, como en Aöguttara Nikya II.197-98, con respecto a
toda actividad corporal, vocal o mental, kya-, vc´- y mano-samrambha), un argumento que nos
recuerda a Bhagavad G´t III.8, §ar´ra-ytrpi ca te na prasidhyed akarmaöaú y III.24, uts´deyur ime lok na kuryµ karma ced
aham [7]. Ciertamente, es por esta
misma razón por lo que el Buddha pone en movimiento la Rueda, en respuesta al
deseo de todos los Devas, expresado por Brahm, que exclama que de otro
modo «¡el mundo está perdido!», nassati…, vinassati (Jtaka I.81, Sa×yutta Nikya I.136 sig., Majjhima Nikya I.168, etc.). También se
afirma expresamente que el Buddha «práctica lo que predica» (yathvd´ tathkr´, Aöguttara Nikya II.24, lo cual recuerda a ôg Veda Sa×hit IV.33.6, satyam ècur
nara eva
hi cakruú,
y a ôg Veda
Sa×hit IX.113.5, satya-vadam-t-satya-karman): es en tanto que el Arhat,
passim, como él (Buddha) ha «hecho
lo que tenía que hacerse»[8]
(katakicco, kataµ
karaö´yam, corresponde al brahmánico k¨tak¨tyah)[9].
Así pues, ahora podemos ver
fácilmente como puede ser que mientras que en Udna 70 se rechaza la noción de que «yo soy el hacedor» (ver ahaµkra), en Udna 45 se condena igualmente al
hombre «que cuando actúa dice que “yo no soy el agente”» (yo cpi katv na karom´ti cha). Como en la doctrina
cristiana, las virtudes morales no pertenecen esencialmente a la vida
contemplativa, sino solo dispositivamente, mientras que sí pertenecen
esencialmente a la vida activa.
att. (1º) Att puede igualarse con kya solo en el sentido reflexivo. Por ejemplo, en D´gha Nikya I.34, ao att dibbo
rèp´ manomayo corresponde a D´gha Nikya I.77, aaµ kyaµ… rèpiµ manomayam (también en Majjhima Nikya II.17). Esto no implica que att pueda traducirse por
«cuerpo», cuando cuerpo significa solo la carne; por el contrario, «cuerpo» se
usa para significar toda la personalidad psicofísica, de la misma manera que en
inglés nosotros hablamos de «somebody» [«algún-cuerpo» = «alguien»], y también
hacemos uso de soul [«alma»] de la misma manera
en expresiones tales como «not a soul was to be seen» [«no se veía un alma»]. Ao att y ao kyo son más bien lo que
nosotros entendemos por «otro hombre», un «ser nuevo», que «espíritu» o
«cuerpo», en el sentido más estricto de estas palabras. Kya se encuentra también en el sentido general de
«persona» (quisque) en Majjhima Nikya I.206, donde tres hombres
jóvenes están llevando la vida más elevada en mutua compañía: uno de ellos
dice, «Yo vivo en obediencia a la voluntad de estos venerables (camaradas), sometiendo
mi voluntad privada (sakaµ cittam);
nosotros, Señor, somos muchos hombres (nn… ky, varios “cuerpos”), pero
muy ciertamente una sola voluntad» (ekaµ cittam).
En Aöguttara Nikya I.168 (cf. II.68, D´gha Nikya III.61) encontramos tanto att como sar´ra (en lugar de kya) empleados en el mismo sentido de quis
o quisque = ka§cit: se suscita la objeción de que esto es el
perfeccionamiento de una única persona (ekam
attnaµ… parinibbpeti ), de que esto es una
adquisición de mérito que afecta solo a «alguien» (ekasar´rikaµ puapaÊipadaµ paÊipanno hoti ); el Buddha muestra que el
abandono del mundo por parte del monje, no solo le afecta a él, sino que es
«omni-efectivo» (anekasar´rik
).
El Diccionario sólo apunta
el significado quis o quisque, s.v. tuma (= att = sánscrito tman
= tman).
(2º) Uno de los ejemplos más
destacables de lo que C. A. F. Rhys Davids llamaría un «inciso» en la tardía
literatura pli aparece en Jtaka VI.252, donde kyo te ratha-sato… att va srathi corresponde a KaÊha
Upani·ad III.3, tmnaµ rathinaµ viddhi, §ar´raµ ratham
eva tu.
El texto es de suma importancia en conexión con la «Parábola del Carro» en
otras partes, notablemente en Sa×yutta Nikya I.135 y Milinda Paho XXVI sig.[10].
En el último pasaje, tan bien conocido, se muestra que de la misma manera que
no hay ningún «carro» aparte de la suma de las partes componentes a las que se
da convencionalmente el nombre de «carro», así no hay ningún «Ngasena» aparte de los componentes
psicofísicos del fenómeno variable al que se da convencionalmente el nombre de
«Ngasena»; el compuesto psicofísico es anatt, aquí y en todos nuestros textos; no hay nada sino un fenómeno (rèpa) al que pueda dársele un nombre (nma).
Obsérvese ahora, que de la
misma manera que los repetidos análisis de la constitución psicofísica del
presunto individuo acaban invariablemente con las palabras na me so att, «eso no es mi “sí mismo” o
“esencia espiritual”», así Ngasena muestra que en todo lo que puede ser nombrado, ya
sea «carro» o «Ngasena», no puede encontrarse ningún ser auto-subsistente
o substancia persistente. Ngasena no niega que pueda haber un auriga distinto del
carro, o un principio distinto de todo lo que puede ser llamado «Ngasena», y de la misma manera no
puede hacerse que las palabras na me so att signifiquen que «no hay
ningún att». Ngasena deja al auriga enteramente
fuera, debido solo a que su propósito inmediato, como el del Buddha en muchos
textos, es deshacer la creencia en un «sí mismo» que es ya sea físico o ya sea
psíquico. Él no tiene nada que decir, por lo tanto, sobre un auriga a quien no
puede darse ningún nombre, ese otro «sí mismo» (tman) de KaÊha Upani·ad II.18 que «jamás ha devenido alguien» (na babhèva ka§cit ), un sí mismo que solo
puede definirse por la eliminación de todo lo que él no es, pero que es,
verídicamente, la substancia de todos aquellos santos budistas que, como el
Buddha mismo, habían realizado que todos los fenómenos son anatt, y habían alcanzado la «Estación de No-ser-Alguien»
(kicayatana). Y nosotros podemos decir,
efectivamente, con Udna 80, que «si no hubiera este
Innacido, Indevenido, Inefectuado, Incompuesto, no habría ninguna vía de escape
de este mundo de nacimiento, devenir, efectuación y composición».
Si el Buddha mismo es el
«auriga más preeminente y luminoso» (srathi, Sutta-Nipta 83), si el Dhamma es el auriga (Sa×yutta Nikya I.33), si Att es el auriga (Jtaka VI.252), y el carro es inversamente,
«en-espirituado» (attaniya[11], Sa×yutta Nikya V.6), todas estas son
fórmulas equivalentes: el Buddha es el Espíritu, y solo cuando Él tiene las
riendas, solo cuando el Gran Sí mismo (mahatt, Aöguttara Nikya I.249) está en el control, solo entonces el contemplativo «sale lejos
de este mundo» en lo que se llama el vehículo-de-Brahma o el vehículo-del-Dhamma
(Sa×yutta Nikya V.6)[12].
attha (= artha). En Aöguttara Nikya I.151, las cualificaciones
del que enseña y del que escucha el Dhamma (la doctrina en tanto que enseñada, desitam, akkhytam, etc.) son que cada uno
separadamente y ambos juntos deben ser capaces de recibir (paÊisaµvedet´ )[13]
tanto el attha como el dhamma[14]. Woodward [traductor del Anguttara Nikya en la edición PTS] traduce
«debe ser capaz de penetrar tanto la letra como el espíritu de ambos» y agrega
en una nota que «Attha es el significado primario
o de superficie; dhamma el significado aplicado»[15].
No se da cuenta de que su palabra «de ambos» implica que hay un dhamma de un dhamma. No puede haber ninguna
duda de que lo que se quiere decir es «debe ser capaz de recibir tanto la
aplicación como la substancia» de la enseñanza.
En la sección inmediatamente
siguiente, se dice que las mismas cualificaciones son un requisito previo si el
discurso (kath ) ha de ser efectivo (pavattan´, traducido por Woodward como «provechoso» aquí y en
el contexto similar de Aöguttara Nikya I.125), es decir, si ha de mover al que escucha de modo que
resulte la acción.
Antes de proseguir,
observemos que el sánscrito artha es el propósito, la razón,
el uso, el valor, la aplicación y la función, tanto como el significado, de
cualquier cosa a la que se hace referencia[16];
y aunque en el pensamiento «primitivo» la función y el significado coinciden,
nosotros, que ya no pensamos en los términos de símbolos adecuados, somos
incapaces de tratar la función y el significado con un único acto de la mente.
Esto tiene un marcado efecto sobre nuestras teorías del arte, ya sea literario
o ya sea plástico. Debe entenderse que, tanto desde el punto de vista indio,
como desde el punto de vista escolástico, no puede decirse que el significado
de una frase ha sido transmitido, de otro modo que en la medida en que el que
escucha actúa respecto de lo que se supone que ha comprendido[17].
En otras palabras, el Dhamma no puede ser comprendido aparte de su aplicación.
Por consiguiente, en Aöguttara Nikya II.17 encontramos que el
hombre que ha aprendido sólo un poco, comprende, ya sea la aplicación (attha), o ya sea la substancia de la Ley (dhamma); y así, por su audición (sutena), es «innacido» (anuppanno, una expresión que recuerda vívidamente Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa III.14.8, «En verdad, es un hombre innacido hasta que no sacrifica»).
La versión de Woodward es «no conoce la letra (attham),
no conoce el significado (dhammam)», es decir, lo inverso
mismo de lo que se propone. En Udna 70, sin embargo, donde
tenemos «El ciego, el que no ve, no conoce el significado ni lo que no es el
significado (attham, anattham, es decir, como aplicar y como no aplicar), no conoce el texto mismo
ni lo que no es el texto» (dhammam, adhammam, es decir, no sabe cuando la doctrina ha sido expresada correctamente
ni cuando lo ha sido incorrectamente), la versión de Woodward «no conoce lo
provechoso (attham)… no conoce el dhamma» está mucho más cerca del acierto. En Udna 6, «Es puro, es un Brahman, aquel en quien están la
Verdad y la Doctrina (saccaµ ca dhammo ca)», saccam (= satyam) toma el lugar de attham, y equivale a vera
sentenzia.
Las interpretaciones
precedentes de attha y dhamma son confirmadas por dos textos Jtaka. En Jtaka VI.389 encontramos al Bodhisattva instruyendo a un
rey, donde Cowell y Rouse traducen atthaµ ca dhammaµ ca anussati por «solía instruir al rey en las cosas temporales y espirituales»[18];
la referencia es inequívocamente al Artha§stra y al Dharma§stra, un significado
completamente de acuerdo con los valores relativos encontrados arriba para attha y dhamma. Finalmente tenemos Jtaka VI.251-252, donde el rey ruega al Bodhisattva que
le enseñe atthaµ ca dhammaµ ca, «la conducta y la
doctrina» (Cowell y Rouse lo traducen erróneamente por «el texto sagrado y su
significado», invirtiendo el sentido de los términos). Por consiguiente, el
Bodhisattva le enseña cómo actuar; ha de proteger a los Brhmaöas y Samaöas; alimentar al hambriento;
no debe poner a trabajar ni a los hombres, ni a los bueyes, ni a los caballos
viejos, sino dar a cada uno su débito, puesto que ellos le sirvieron cuando
estaban fuertes; brevemente, ha de evitar la inrectitud y seguir la rectitud.
Entonces, «la Gran Persona, habiéndole hablado en lo concerniente a la liberalidad
y a las virtudes (dna y s´la)… procedió a instruirle en la Ley (dhamma) por medio de la parábola del carro que otorga
todos los deseos». Esta parábola del carro comienza, «Tu cuerpo se llama el
carro», y concluye «El Espíritu es el auriga» (kyo te ratha-sato… att va srathi, casi verbalmente idéntica con KaÊha Upani·ad III.3; ver arriba, s.v. att [2]). Tenemos aquí un ejemplo literal de lo que se
implicaba con attha y de lo que se implicaba
con dhamma[19].
El análisis precedente será
esencial para los estudios de rasa y de vyajana, después; ver también sahjanetta.
attham (= asta). El pli attha
no es solo el sánscrito artha, significado, propósito,
etc. (ver vyajana), sino que algunas veces es
también el sánscrito astam, «casa». En este sentido la
palabra aparece en Sutta-Nipta 1074-76: el Muni, ido como
una llama se apaga con el viento, y liberado de la denominación y de la
incorporación, «vuelve a casa (attham paleti )[20] y no
renace» (na upeti
saökhaµ, ver saökha); entonces se pregunta, en el caso del así «ido a
casa» (atthaµ gato),
si él «es» o «no es» y si él está para siempre bien; y la respuesta es que
«para el “ido a casa” no hay ninguna medida, no hay nada por lo cual pueda ser
aludido[21],
cuando todas las cualidades se han borrado, todos los modos de expresión[22]
también se han borrado». La expresión «ido a casa» deriva de fuentes
brahmánicas, donde el Viento del Espíritu, la «Completud de la Divinidad», es
la «casa» a la que retornan el Sol mismo y todas las esencias separadas; para
más referencias ver Svayamt¨öö: Janua Coeli», nota 28.
anatam. El texto impreso de Udna 80 dice duddassam anattaµ nma, na hi saccaµ sudassanam, pero el que es admitidamente el mejor MS. (A), y también un
comentario al menos, dicen anatam por anattam, y aunque el comentador entiende por anatam «desatado», y de aquí nibbna (cf. Kindred Sayings, I, 236, nota 4), y aunque la traducción de Woodward dice «infinito»,
es casi seguro que el significado del conjunto es, «Es difícil discernir lo que
es falso, y no es fácil discernir lo que es verdadero», y que anatam representa aquí a an¨tam,
la antítesis regular de satyam en los contextos
sánscritos. La lectura como anattam puede explicarse de dos
maneras, ya sea como un error por parte del escriba, no familiarizado con la
rara palabra anatam (que no está en el
Diccionario, y que no puedo citarla en otros lugares aparte del enunciado de
arriba)[23],
o ya sea, menos probablemente, por el hecho de que lo que es anattam es también anatam
= an¨tam, como podría mostrarse
fácilmente partiendo de fuentes pli, por ejemplo, Aöguttara Nikya I.149, donde de los dos sí
mismos del hombre, el «limpio» kalyöa) es verdadero (saccam), y el «sucio» (ppa) es falso (mus
), Majjhima Nikya I.135, donde el ego
psicofísico es «irreal» (asat ), y similarmente Dhammapada 368; o, literalmente, partiendo de fuentes
brahmánicas, particularmente Vjasaneyi Sa×hit I.5 y êatapatha Brhmaöa I.9.3.23, cf. Aitareya Brhmaöa VII.24, y êatapatha Brhmaöa III.9.4.2 («Los Devas son la verdad, y los hombres, inverificables»).
ahaµkra. Udna 70, «Aquellos que prestan
oído a la noción “Yo soy el hacedor” (ahaµkra), o que están cautivos de la noción “Otro es el hacedor” (paraµkra), no comprenden este asunto, ellos no han
visto el sentido»; en Aöguttara Nikya III.337, attakra reemplaza a ahaµkra y significa la noción de que «un sí mismo, o uno
mismo, es el hacedor»; en Sa×yutta Nikya II.252 y en pasajes paralelos, se trata de comprender que «no hay
ningún “yo” que hace, ningún “mí mismo” que sea el hacedor, ningún “yo soy”
latente (ahaµkra-mamaµkra-
[asmi-]mnnusay na honti )», ya sea subjetivo o ya sea objetivo. El sentido
aclara que ahaµkra es en realidad un compuesto
Karmadhraya, y no literalmente el «ego-factor» o «yo-hacedor», sino la noción de
que «Yo soy el hacedor». No puede haber tampoco mucha duda de que lo mismo se
aplica en los contextos brahmánicos en los que, como en muchas otras
tradiciones, se rechaza la noción de que «Yo soy el hacedor» (kartÕham iti, Bhagavad G´t III.27, donde se debe a que
piensa así, por lo que el sí mismo del hombre es «engañado por ahaµkra»), cf. Bhagavad G´t V.8, Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa I.5.2, etc. Puede observarse que una verificación de «no ser el
hacedor» solo puede hacerla el que ha alcanzado la «estación de no ser alguien»
(kiµcayatanam). Este «yo no soy el
hacedor» es una posición metafísica, no una posición moral, y no debe
confundirse con la herejía akiriyavda, la del hombre que en Udna 45 «aunque actúa dice que “no es yo quien soy el
agente” (yo cÕpi katv na korom´Õti cÕha)», y como en D´gha Nikya I.53, donde, por
consiguiente, es una cuestión de indiferencia si uno hace el bien o el mal:
mientras «yo soy quien yo soy», «este hombre», yo no puedo deponer el fardo de
mi responsabilidad tan fácilmente; es solo al final del camino, en el fin del
mundo, y como uno «nacido de Dios», y no ya como «mí mismo», como yo «no estoy
bajo la ley» (Gálatas 5:18).
ahetuvda. Una micch diÊÊhi, en Aöguttara Nikya II.31, Sa×yutta Nikya III.73, Majjhima Nikya III.78, agrupada con akiriyavda y natthikavda. También en Majjhima Nikya I.408; y sinónima de ahetukavda en Sa×yutta Nikya III.210. La negación de la
causalidad, es decir, del kamma, en tanto que la operación
de las causas mediatas (cf. Aöguttara Nikya I.173 sig., pubbe katahetu, «por el efecto de lo que se hizo anteriormente»), es una negación del
núcleo mismo de la doctrina budista expresado en la presunta confesión ye dhamm hetupabhav…, Vinaya-PiÊaka I.405, y en incontables
inscripciones; una negación a ver las cosas yath-bhètam, a saber, solo como efectos. Contrariamente (hetuvda en Majjhima Nikya I.409 = kammavda en Aöguttara Nikya I.187), el Buddha es un
«causalista» (kammavdi
), es
decir, un «determinista» o un «fatalista» (en el sentido cristiano, donde «el
fatum [destino] está en las causas creadas mismas» y «es la disposición o serie
misma, es decir, el orden, de las causas segundas», Summa
Theologica I.116.2; cf. Boecio, De consolatione philosophiae V.6), en lo que concierne a todas las cosas que son anatt, es decir, el sí mismo psicofísico compuesto de los
cinco khandhas. Es doctrina tradicional
que «nada en los mundos acontece por azar» (San Agustín, De diversis quaestionibus LXXXIII.34, aprobado por Santo Tomás, Summa
Theologica I.116.1 ad 2); solo el hombre de poca comprensión (alpabuddhayaú) mantiene que el mundo no se produce en una
secuencia ordenada (a-paraspara-bhètam, opuesto de yath-bhètam), sino que es como es solo como el resultado
de un ejercicio del libre albedrío (kim anyat
kmahaitukam), y este punto de vista es
equivalente a una destrucción del mundo (k·ayya jagataú, Bhagavad G´t XVI.9). Puede señalarse que
solo sobre la base de un orden del mundo (6`F:@H, ¨ta) son inteligibles las nociones de una omnisciencia
y «Providencia» omnisciente (praj como en Aitareya Upani·ad V.3, y passim); si «nada acontece por azar», la posibilidad de una Providencia se sigue necesariamente. En
otras palabras, solo desde el punto de vista hetuvda, kammavda podemos comprender nosotros
Aitareya îraöyaka II.3.2, donde de los avijna pa§avaú (= los puthujjana budistas) se dice que
«devienen tales como son; en verdad, nacen de acuerdo con la Providencia» (etvant´ bhavanti, yath prajaµ hi bhavanti ); B¨hadraöyaka Upani·ad IV.4.2, donde el savijnam (§ar´ram) está «poseído por el conocimiento y las obras, y
la Providencia antecedente» (taµ vidya-karmaö´ samanvrabhete, pèrva-praj ca); y Bhagavad G´t XVIII.14, donde más allá de
las cuatro causas mediatas (hetu) de todo lo que un hombre
emprende se reconoce como una quinta, la causa «Divina» (daivyam, sc. prajnam, y admirablemente traducido
por Barnett como «Providencia»). Nuestro principal objeto en esta sección ha
sido mostrar la consistencia e interdependencia de las doctrinas budistas del kamma, por una parte, y de sabba, por otra.
akoÊita. En Sa×yutta Nikya II.281, koÊitni pacckoÊitni c´varni, la traducción más correcta
sería, pienso yo, «vestiduras de material lustrado por ambos lados».
sivisa. Según el Diccionario, «de derivación incierta». En
todo caso, la aparición de la palabra es una supervivencia interesante, como lo
es la de «ahi»; ambas palabras aparecen
juntas en el Mahvagga, Vinaya-PiÊaka I.24-25, donde el ahi-nga vencido por el Buddha en el templo del fuego de JaÊila se describe como ngarj iddhim siviso ghoraviso… makkham asahamno. La palabra aparece en Aitareya Brhmaöa VI.1, donde el sarpa·i y mantrak¨t Arbuda es un §ivi·aú, un «basilisco»; y en el Avesta como azhi-visha en Azhi-vishapa. En Sa×yutta Nikya IV.172, los asivis son las cuatro grandes
familias de serpientes, y representan los Cuatro Grandes Elementos. Visha es ciertamente «veneno»; si es probablemente el sánscrito §i o §is (quizás de la raíz §i, «afilar»), en el sentido de «colmillo». îsivisa significaría entonces «de colmillo venenoso», ya
sea como adjetivo calificativo a ahi, o como nombre = serpiente.
itthatt. La expresión nparam itthattya, que concluye
constantemente la serie kh´na jti, vusitaµ brahmacariyaµ, kataµ karan´yaµ, descriptiva del Arahat, se traduce usualmente por «después de este
mundo presente no hay ningún más allá» o por «no hay ningún después para él».
Estas versiones no transmiten el significado y, por el contrario, afirman lo
que es precisamente la herejía natthika, que consiste en la
negación de un más allá (ver natthika). El significado es que «en
adelante para él no hay ya ningún tal ni ninguna talidad»: no es que no haya
«ningún más allá», sino que, en adelante, es impropio (akallam) hacer ninguna afirmación o negación sobre el
estado del Arahat, ni puede decirse tampoco que no ve o no conoce (D´gha Nikya II.68)[24];
su modo es sin-modo, y nosotros no podemos decir lo que él es, debido a que él
no es ningún qu. Mucho mejor es la
traducción de nparam itthattya en Majjhima Nikya I.184 por «ya no hay más de lo que yo he sido»; esto, lo cual es
verdadero para toda muerte y renacimiento, es preeminentemente verdadero para
el completamente muerto, parinibbuto.
Puede observarse itthatt, en Aöguttara Nikya II.82, con referencia al cambio de ocupación: «Muriendo a eso, nace a
esto» (tato cuto
itthattam gacchati ): de la misma manera, en D´gha Nikya III.146, con referencia al descenso del Buddha del cielo de Tusita,
«muriendo a eso, entró en esta condición de cosas (tato
cuto itthattam gato)»: puesto que itthatta, en tanto que «esto», es el aspecto finito de tathatta, «eso», es decir, nibbna; de la misma manera que uno «viene a este»
estado de ocupaciones, así uno «prosigue su vía a eso»
(tathattya paÊipajjati, D´gha Nikya I.175 y Sa×yutta Nikya II.199).
Itthatta es así sinónimo de bhavbhava (devenir de una manera dada, o no devenir de una manera dada), pero no
de bhavaµ ca vibhavaµ ca (devenir y no devenir, es
decir, existencia y no-existencia). Así, en Aöguttara Nikya II.10, iti-bhavbhava… taöh (la sed de devenir así, o de no devenir así)[25]
es un obstáculo; la variante ittha-bhvaathbhvam = saµsra en los versos: en Sutta-Nipta 752, precisamente, es de este «ser de esta
manera y no ser de ninguna otra manera» de lo que se libera el no-retornador (nissito… ittha-bhvaathbhvam saµsram ntivattati ). Itthatta es, entonces, la condición característica del
mundo, de ser de una manera dada y de no ser de ninguna otra manera: uno no
podría esperar una definición mejor de «las cosas como ellas son en sí mismas».
uÊÊhna. Literalmente «levantamiento». En Majjhima Nikya I.354, donde es muy de
noche y el Buddha yace durmiendo en la postura del león, tenemos uÊÊhnasaaµ manasikaritv, que ha de traducirse por alguna frase tal como «atento al pensamiento
de levantarse (por la mañana)». La misma frase aparece en Udna 84, donde el Buddha ha yacido en la misma postura
en su lecho de muerte. En ambos casos es plenamente consciente y cognitivo. En
ambos casos, en tanto que es «alguien», nombrable por un nombre personal y de
familia, hay una muerte de una consciencia y el surgimiento de otra, de acuerdo
con Sa×yutta Nikya I.135 (citado, s.v. natthika), aunque hay esta
diferencia, que en nuestro segundo caso, el «levantamiento» que el Buddha
espera no ha de ser en el cuerpo; y esto nos lleva a llamar la atención sobre
el uso paralelo de utthna en Pacavi×§a Brhmaöa XXV.10.19-21, donde
significa la cesación de una operación ritual, y, principalmente, esa cesación
que está dentro del orden cuando los sacrificadores, en su viaje
contracorriente (ver samudda), han alcanzado su meta.
Similarmente en êatapatha Brhmaöa IV.6.9.7, sattrotthna. Aquí, por supuesto, utthna, en tanto que un «levantamiento», contrasta con sattra, en tanto que «sesión» sacrificial. Ahora bien, la
vida misma es tradicionalmente una sesión sacrificial (Chndogya Upani·ad III.17). Es de esta sesión
de lo que el Buddha espera un «levantamiento»; él no
está esperando «levantarse otra vez» en el sentido temporal y común de las
palabras, sino dejar la operación corporal para siempre. De hecho, quiere
saborear la «recompensa final» (uÊÊhna-phalam) del ugghaÊitau; y en este contexto (Aöguttara Nikya XI.135), uÊÊhna corresponde, muy estrechamente, al utthna de Pacavi×§a Brhmaöa citado arriba.
udda. El Diccionario expresa duda de si udda no puede ser «castor» en lugar de «nutria».
«Nutria» es presumiblemente el equivalente etimológico. Que udda es «nutria» queda fuera de toda duda en el Dabbhapuppha Jtaka, donde uddh caza y come pescado; y en el relieve de Bhrhut (Alexander Cunningham, The Stpa of Bharhut, Londres, 1879, lám. 46, fig. 2), inscrito Uda Jtaka, en el que se representan
dos animales, más semejantes a nutrias que a castores. Los castores son estrictamente
vegetarianos y no cazan ni comen pescado.
Uddraka en Jtaka V.416 es también «nutria».
uyyoga. Dhammapada 235-237 se dirige al hombre
en la puerta de la muerte, por quien han venido los mensajeros de Yama, y que
ahora se acerca a Yama. Las palabras «Tú estás en la puerta de la disyunción (uyyoga-mukhe), y no tienes provisiones para la vía (ptheyyam, “viaje”)» son ciertamente reminiscentes de KaÊha Upani·ad II.9, donde Naciketas está
en la puerta de Muerte (M¨tyu, Yama) desnutrido. Uyyoga
(udyoga) es principal y
literalmente una ruptura de vínculos tal como la que tiene lugar en una
partida, e implica también la partida: así Dhammapada Atthakath XI.252, uyyojesi es simplemente «partido» (similarmente udyuj en êatapatha Brhmaöa IV.1.5.7, y el «Udyoga» Parvan de Mahbhrata); aunque más específicamente, cuando se trata de la
muerte, udyoga es lo opuesto de ese saµyoga (Bhagavad G´t XIII.26) por el que el Conocedor del Campo y el Campo mismo están
conectados durante la vida. Udyuga en Atharva Veda Sa×hit V.22.11 puede ser simplemente «enfermedad mortal» en el mismo sentido
de «partida»[26]; udyuje en Atharva Veda
Sa×hit VI.70.2, obscuro para
Whitney, es simplemente «caminar con», y su sentido pleno es «como el elefante
camina con su pareja, manteniendo cerca el paso (padena
padam udyuje)»,
o si es literalmente, «separando (su) pie del pie de ella (hastinyú)», es decir, caminando al lado: pues udyuj con padam, en tanto que objeto,
corresponde a chid en pdacchida.
kalyöa. El Diccionario no señala el importante contexto, Aöguttara Nikya I.149, en el que el «Sí
mismo Limpio» (kalyöam attnam) se distingue del «sí mismo sucio» (ppam attnam); una distinción paralela a
la de Aöguttara Nikya I.249 entre el «Gran Sí mismo» (mahatt ) y el «pequeño sí mismo» (apptumo).
En «Amistad con el Limpio» (kalyöa-mittat ) y en «Amigo Limpio» (kalyöa mitto), me inclino a ver no solo
una referencia al entorno y a las relaciones humanas, sino también una última
referencia al «Sí mismo Limpio» de Aöguttara Nikya I.149, con el cual «Sí mismo», uno puede también ser «inamistoso» (Sa×yutta Nikya I.57, amitten-eva-attan; cf. Bhagavad G´t VI.5-6, bandhur tmaiva ripur
tmanaú). ¿De qué otra «amistad»
podría haberse dicho que «la amistad, compañía e intimidad con el limpio» no es
la mitad, sino la totalidad del Brahmacariya (Sa×yutta Nikya V.2), o que tal amistad es
«una condición singular» (ekadhammam) con la cual pude abrirse
el Óctuple Sendero Ario, o si ya está abierto puede ser perfeccionado (Sa×yutta Nikya V.37); o qué otro «amigo
limpio» podría haberse descrito como el principal factor externo en el
desarrollo de los siete «miembros de la sabiduría» (Sa×yutta Nikya V.101-102)?
Es ciertamente también el kalyöatt, mahatt —no el ppatt, apptumo— el que se entiende por att en Sa×yutta Nikya I.75 (= Udna 47) que, siguiendo a B¨hadraöyaka Upani·ad II.4, IV.5 y IV.3.21 (tmakma), alaba al attakmo, un término que puede traducirse por «amador de sí mismo» solo si se
comprende que ha sido excluido todo lo que «no es mi sí mismo» (na me so att ). Es en este sentido también como «un hombre, por
caridad, debe amarse a sí mismo más de lo que ama a toda otra persona… más que
a su prójimo» (Summa Theologica II-II.26.4); y similarmente Hermes, Lib.
IV.6b, «ámate a ti mismo, si quieres tener sabiduría»; cf. Aristóteles, tica a Nicmaco IX.8, sobre los dos significados del «amor de sí mismo». Como observa
Escoto Erígena (Hermes, II.145), «El hombre a quien el hermetista describe como
“amándose a sí mismo” corresponde al FB@L*"Ã@H de Aristóteles, que…
demuestra ser n\8"LJ@H en el sentido de que busca JÎ 6"8`< (= kalyöam) para sí mismo… (y) desarrolla eso que es mejor y
más elevado en sí mismo por la meditación religiosa» (es decir, jhna).
kmakra. «Hacer lo que uno quiere no pertenece al
común rebaño (na kmakro hi puthujjannam, Sutta-Nipta 351)». Esta negación del
libre albedrío al hombre natural tiene su paralelo en Vinaya-PiÊaka I.13, y en Sa×yutta Nikya III.66-67, donde la
proposición de que el cuerpo, la sensación, la volición, etc. son anatt, no yo, ni mío, ni mí mismo (na me so att ), se prueba por la consideración de que si ellos
fueran mí mismo o míos yo sería capaz de decir, «Que mi cuerpo (o sensación, o
volición, etc.) sea así, o no así», y ello sería así, puesto que absolutamente
nada puede llamarse yo o mío a menos que yo tenga pleno poder sobre ello. Sutta-Nipta 351 implica, por supuesto, que un Tathgata es kmakro, que puede hacer lo que quiere; y que esto
es así se hace explícito en otras partes en las listas de los iddhis, que empiezan con la fórmula aham bhikkhave yvadeva haökhmi, «Yo, oh mendicantes,
cualquier cosa que quiero…», Sa×yutta Nikya II.212, etc. La palabra no aparece en los textos brahmánicos antes de
las Epopeyas, pero es la misma en efecto que kmcrin, «movedor a voluntad», reconocible en ôg Veda Sa×hit IX.113.9, anukmaµ caraöam, y en adelante en toda la literatura, por ejemplo, Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa III.28.3, Chndogya Upani·ad VIII.5.4, Taittir´ya Upani·ad III.5.
kèÊa (como arma). KèÊa
en Milinda Paho 38 no es tanto el caballete de una casa, sino más bien sinónimo de su
clave de bóveda (kaööik
) en la que
todas las vigas convergen. Esta clave de bóveda, como lo hemos mostrado a
menudo, representa el Sol en el simbolismo arquitectónico cósmico, de lo cual
tenemos abundantes datos en la literatura india; y en el simbolismo
microcósmico representa el brahma-randhra, o foramen escapular, por
donde parte el espíritu cuando el moribundo «entrega el soplo»[27].
KèÊa es entonces, como kaööik, una semejanza del Sol, y puede asumirse que, como
el kaööik, el kèÊa puede ser una forma perforada. Por consiguiente,
podemos comprender que cuando el Yakkha de Jtaka I.146 «tiene un kèÊa de metal, un sol poderoso,
del tamaño de una clave de bóveda» (kaööika-mattaµ mahantam dittam ayakèÊaµ gahetv ), está empuñando lo que
puede ser un disco, pero más probablemente un mazo, con la forma familiar de
una cabeza discoidal, y provisto con un mango que pasa a través de su orificio
central, de la misma manera que el Axis Mundi pasa a través de la Puerta del
Sol, y como el eje central de una casa o el humo de su hogar central pasa a
través del ojo de su domo, o chimenea. Lo mismo ha de comprenderse en Jaimin´ya Brhmaöa I.49.9, donde una Estación,
un agente del Sol, se representa como descendiendo sobre un rayo de luz,
«armado con un mazo» (kèÊa-hastaú); y en êatapatha Brhmaöa III.8.1.15, donde «ellos no
golpean a la víctima con un mazo» (na kèÊena
praghnanti )[28].
Por otra parte, en Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa I.49.2 donde «uno debe
golpear a la víctima sobre el kèÊa (kèÊe hanyt
)», es a la
coronilla de la cabeza a lo que se hace referencia, de acuerdo con la analogía
microcósmica mencionada arriba.
gadha (¿por ga¶ha?).
En Sa×yutta Nikya V.41 se dice que los factores del Óctuple Sendero «se sumergen dentro
de lo Sin Muerte (amato-ghada), tienen su más allá en lo
Sin Muerte (amata-paryana), tienen su fin último en
lo Sin Muerte (amata-pariyosna)». El Diccionario no tiene gadha (del sánscrito gh, zambullirse o sumergirse), y trata amatogadha aquí y en otras partes como amatÕogadha, es decir, -avaga¶ha. La metáfora está estrechamente emparentada a la de
los ríos que llegan al Mar = Nibbna (ver samudda): y corresponde a la
palabra del Maestro Eckhart, «Sumérgete: esto es la sumersión» («en el mar sin
fondo de la Divinidad»). La distinción entre una sumersión en las Aguas
Superiores y una sumersión en las Aguas Inferiores es, por supuesto, bien
conocida; esta última corresponde al naufragio en ruta en Sa×yutta Nikya IV.179-180.
gavakkha. No está en el Diccionario. En Eastern Art, III (1931), 195, supuse
que no podía citarse ninguna referencia para un gavakkha pli, correspondiente al gavk·a sánscrito (por ejemplo, en Mahvaµsa II.36) y al gavekkha prakrito, «ventana de ojo de buey». La palabra aparece, sin embargo,
en Mahvaµsa IX.15, 17.
cetiya. El Diccionario omite mencionar que cetiya no es en modo alguno necesariamente un thèpa, sino que de hecho es más a menudo un árbol
sagrado. Debía haberse citado la definición de las tres clases de cetiyas en el Klingabodhi Jtaka (Jtaka IV.228). Cf. Coomaraswamy, Elementos de Iconografa Budista, 1935, y «La Naturaleza del
Arte Budista»; B. C. Law, «Cetiya in the Buddhist Literature» en Studia Indo-Iranica (1931), pp. 42-48; y V. R.
R. Dikshita, «The Origin and Early History of Caityas» en Indian Historical Quarterly, XIV (1938), 440-451. La sugerencia de que la raíz cit, considerar, así como la raíz ci, construir, entran en el significado de la palabra caitya, cetiya, ha sido hecha
independientemente por Dikshita y por mí mismo, sobre la base de textos tales
como ôg Veda
Sa×hit VI.1.5, donde Agni es cetyaú (de la raíz cit ),
y êatapatha Brhmaöa VI.2.3.9, donde los cursos del Altar del Fuego son «citayaú» (de la raíz ci ) porque fueron pre-conocidos de acuerdo con la
prescripción «cetaya-dhvam» (de la raíz cit ), y porque fue cetayamn (de la raíz cit )
como los edificadores preconocieron los cursos; y también porque el cetiya no es siempre de hecho una cosa «construida», pero
sí es siempre un soporte de contemplación (caitya,
como si proviniera de la raíz cit ).
jhna, samdhi. Jhna es siempre «contemplación», jhyin» (como dh´ra) es siempre
«contemplativo». La traducción habitual de C. A. F. Rhys Davids y de F. L.
Woodward por «meditación» o «meditación serena» debilita enormemente los
valores propios de estos términos[29].
Aún menos apropiada (y puede agregarse, más bien «Victoriana antigua») es la
traducción de jhyino, que hace Lord Chalmer, por
«aquellos que Ensueñan» y de jhy´ por «Ensoñación» (Sutta-Nipta 719, 638). Contemplación, una palabra de
significado preciso en los contextos europeos correspondientes, es todo menos
«soñar de día». Jhna tiende hacia, y alcanza su
fin en, samdhi [30].
Samdhi es etimológica y literalmente «síntesis», y
generalmente es así como mejor se traduce en contextos tanto budistas como
sánscritos: dharaöa, dhyna y samdhi corresponden exactamente a consideratio, contemplatio y excessus o raptus en Richard de S. Victor y
otros contemplativos cristianos; excessus y raptus implican, en el primer caso, una «salida de uno
mismo» y, en el segundo, un ser «sacado de uno mismo», y, en ambos casos, un
consecuente «estar en el espíritu» y así en el «Sí mismo» real de uno; pero, de
estos dos términos, el último es inadecuado para los contextos indios, pues el yoga es una disciplina «activa» en vez de una disciplina
«pasiva» o «mística».
En samdhi ya no hay ningún objeto de contemplación; en avitakka samdhi uno es lo que uno conoce; uno
conoce, ciertamente, pero no es una segunda cosa, otra que uno mismo, lo que
uno conoce; hay adaequatio rei
et intellectus, como in divinis [31]. Los valores sintéticos
implícitos en la expresión común ajjhataµ (adhytmaµ) susamhito, «completamente Auto-centrado»[32],
se muestran claramente en Aöguttara Nikya II.29 (que corresponde a Aitareya îraöyaka III.2.1), donde se dice que todos los poderes del alma (kusal dhamm
) convergen
hacia un único punto, en el que se unifican, de la misma manera que las vigas
de un domo convergen y se aúnan en la clave de bóveda (del techo). La posesión
de iddhis depende enteramente de jhna y de samdhi, los cuales iddhis son, hablando estrictamente, «poderes» del Espíritu
y no del sí mismo individual.
Tathgata. En apoyo del punto de vista de que la
referencia de esta palabra es al adviento del Buddha (cf. mi nota en Bulletin of the School of Oriental and African Studies IX) puede citarse Aöguttara Nikya II.23, donde el Buddha es «Tathgata» por virtud de su
omnisciencia, infalibilidad y porque, «como él enseña, así hace» (yath-vd´… tath-kr´, como también en Sutta-Nipta 357): en Sutta-Nipta 430 e Itiv, p. 122, el Buddha es tath-vd´. Tath-kri y tath-vdi son paralelos de tathgata; tatahgata sería entonces, desde este
punto de vista, «El que vino diciendo así y haciendo así». Sutta-Nipta 957 tiene buddham… tdim… gatam, «El Buddha viene aquí de una manera tal». Es
sugestivo Sa×yutta Nikya IV.195, yathgatamaggo = Óctuple Sendero Ario. Dhammapada Atthakath III.226, tusit… gato, es otro sentido en el que
él es «así-venido». Lalita vistara, cap. 26 (Lefmann, p. 423), tiene dharmacakram pravartitaµ, yasya
pravartant, tathgata ity ucyate,
«Es porque hace girar la Rueda de la Ley (o la Rueda Principial) por lo que se
llama “Tathgata”»; y esto confirma la explicación de tath-vd´, tath-kr´, puesto que es precisamente el Dhamma lo que él
enseña y el Dhamma lo que él “hace”. El texto es sin duda un eco de D´gha Nikya III.135 (= Aöguttara Nikya II.24), donde todo lo que
el Buddha ha dicho, desde el tiempo de su Despertar al de su Deceso, «todo eso
es así y no de otro modo, y por lo tanto él es llamado Tathgata. Pues, oh Cunda, lo que el Tathgata dice, hace; y lo que hace
es lo que dice (sabbaµ taµ
tathÕeva hoti,
no aath. Tasm tathgatoÕti vuccati. Yathvd´, Cunda, tathkr´, yathkr´ tathvd´ )»[33].
Otro tanto para tath. îgata
aparece tan a menudo en conexión con la venida del Buddha, como para hacer la
división de la palabra tath-gata muy improbable; una evidencia
adicional la proporciona el hecho de que gata se encuentre a menudo igualmente en conexión con Agni (gamana es precisamente «adviento»). El Tathgata es el «Así-venido» con referencia a alguno o
a todos los «modos» de su venida, pero especialmente con referencia a su
adviento como el que «practicaba lo que predicaba». Cf. sgatam (su-gatam), «Bienvenido», en sgataµ bhante bhagavato, D´gha Nikya I.179 = Majjhima Nikya I.481; que no ha de confundirse con sugata,
«bien-acaeciente» o «bien-acaecido», un epíteto común del Buddha.
tejanam. Durante mucho tiempo ha estado en mi ánimo
compilar un vocabulario de la terminología del tiro con arco sánscrita y pli. Las dos palabras más
difíciles son kulmala y tejana. Los contextos pli hacen suficientemente claro
el significado de esta última palabra. El Diccionario enfatiza el sentido de tij, «ser agudo», y hace de tejanam la punta o el astil de una flecha o la flecha misma: sin embargo,
veremos que a lo que se alude directamente es siempre a un «calentamiento» y
que lo que se implica es un «enderezamiento». Consideraremos primero los
contextos sánscritos. Tejanam es un factor en la
manufactura de una flecha, pero no una parte concreta de la flecha. En ôg Veda Sa×hit IX.111.22 el flechero (aquí simplemente karmra, «artesano») aplica su oficio equipado con «cañas secas, plumas de
pájaros, piedras[34] y fuego», dyubhiú, es decir, literalmente «con llamas», y, como
comenta Syaöa tejanrthbhiú, «con el propósito de
calentar» (por lo tanto, como en ôg Veda
Sa×hit I.53.4 etc., y en el
sentido 15 de Grassmann para div). Estos cuatro requisitos
corresponden a los cuatro factores de una flecha en Aitareya Brhmaöa I.25, donde Soma es el
astil (§alya), Varuöa las plumas, Agni la punta (an´ka) y Vi·öu el tejanam (como lo es también en Taittir´ya Sa×hit VI.2.3.1)[35].
En Aitareya Brhmaöa III.26, donde la flecha se resuelve en sus equivalentes, el tejanam deviene el «gusano ciego» (andhhi ). Atharva Veda
Sa×hit VI.57.1 es una protección
de la flecha «de un solo ardor y un centenar de astiles» (ekatejanµ §ata§alym) —por lo cual nosotros
comprendemos una descarga de muchas flechas que proceden de una única fuente
(como muchos rayos proceden de un único sol)— y más especialmente una
protección de la insolación. En Atharva Veda
Sa×hit VI.49.1, donde «el mono
devora el tejanam» (lo que quiera que ello
signifique), no hay necesariamente ninguna referencia a una flecha[36].
En Atharva Veda
Sa×hit V.18.8, los dientes son
metafóricamente flechas y son tapasbhidigdhú, literalmente «bien untados
de ardor», e dem 15, i·ur iva digdh… s brhmaöasye·ur ghor, «y como la flecha untada,
así es esa flecha del Brahman terrible». Generalmente se ha supuesto que digdha, en este contexto y en contextos similares (puesto
que B¨hd Devat V.133, explica ôg Veda
Sa×hit VI.75.15 lkta… i·vai; êatapatha Brhmaöa XIV.9.4.8; R II.30.23,
etc.), significa «untado de veneno», y esto es, sin duda, correcto en algunos
casos; en Majjhima Nikya I.429, sallena… savisena glhapalepanena es ciertamente «con una
flecha fuertemente untada de veneno», pero se verá que hay otros modos y otras
razones para que se «unte» una flecha.
Podemos ahora ocuparnos de
los contextos pli. En Majjhima Nikya II.105 y Dhammapada 80 y 145, «los irrigadores
conducen el agua, los flecheros enderezan sus flechas (usukr namayanti tejanam), los carpinteros labran (namayanti
) la
madera, los instruidos se ilustran a sí mismos (attnaµ damayanti paö¶it )». Se observará que nam no es aquí literalmente curvar, sino «doblegar», en el sentido de «control» o de
«manejo», y dar la forma apropiada a un material[37].
«Los flecheros enderezan sus flechas» es una traducción legítima, aunque no
literal, de lo que es realmente «los flecheros controlan su fuego»; y esta es,
en algunos respectos, una traducción mejor desde el punto de vista budista,
según el cual es precisamente por el control apropiado del fuego de la vida
como es rectificado el «sí mismo». Sin embargo, lo que es importante en el
presente contexto es la conexión de una palabra que implica calor con una
metáfora que se refiere enteramente a un enderezamiento, a un ordenamiento de
las cosas en la vía que deben seguir, es decir, directas a su fin.
Podemos concluir ahora con
el texto de Jtaka VI.66 y la representación
correspondiente del flechero trabajando, en Bharhut (Cunningham, lám. 44, fig.
2). Se trata de una «enseñanza» de uni-intencionalidad; el flechero ve mejor
con un ojo cerrado, mirando a lo largo de la flecha para ver si ella está
derecha, y desatendiendo lo que podría ser visto simultáneamente por el otro
ojo, si estuviera abierto. El texto dice, tasmin
samaye usukro aögrakapalle usuµ
tpetv kajikena temetv ekaµ
akkhiµ nim´letv ekenÕolokento ujuµ
karoti, «Por ello mismo, un
flechero, calentando una flecha sobre una fragua, y humedeciéndola con pasta,
tenía un ojo cerrado y mirando con el otro estaba enderezando la flecha».
Debería ser claro ahora por qué es esencial un calentamiento (tejanam o tapas) para la hechura de una
flecha, pero no una parte concreta de una flecha. Parece también que una flecha
puede ser untada, con miras a un reblandecimiento temporal, y no con veneno:
las expresiones tapasbhidigdh y digh en Atharva Veda
Sa×hit V.18.8, 15 implican,
entonces, más bien un enderezamiento que un envenenamiento de las flechas
verbales del Brahman, que son «terribles», no en tanto que venenosas, sino en
tanto que vuelan «directas al punto». No hay ninguna evidencia de que tejanam se refiera alguna vez al afilado de una flecha[38].
A menudo es posible traducir tejanam literalmente por «calor» o
«fuego». Es posible una traducción por astil o flecha si asumimos la serie de
ideas asociadas, a saber, calor para enderezar, derecho e ir directo (¨j´ta, ôg Veda
Sa×hit VI.75.12; ¨ju-ga, citado de un léxico como un sinónimo de «flecha»):
de hecho, es de esta manera como en ôg Veda
Sa×hit I.110.5, tejanena (a pesar del tik·aöena §astreöa de Syaöa) debe significar «con una
vara (derecha)», una vara comparada a una flecha o «astil» de luz, puesto que
aquí manus tejanena corresponde a ra§min… mame en ôg Veda
Sa×hit VIII.25.18; como tejanam en Atharva Veda
Sa×hit I.2.4 (donde es el Axis
Mundi, diva-skambha) es «pilar ígneo»; y el tejanam en Majjhima Nikya II.105 = §alym, «flecha», en Atharva Veda Sa×hit III.25.2, como puede verse claramente por el uso de la raíz nam en ambos contextos.
thèpa. En D´gha Nikya III.117 puede observarse el significado original de stèpa, cúspide, cima, cabeza, domo, etc., donde habiendo
muerto Nthaputta, la doctrina y disciplina Nigaötha está «descabezada y sin
protección (bhinnathèpe appaÊisaraöe). En Jtaka VI.117, se describe un vimna, palacio, como pacathèpa, «de cinco domos», un significado y referencia que se encuentra en el
Diccionario, s.v. thèpika. Pero el Diccionario no
hace ninguna referencia a thèpik de Mahvaµsa XXXI.13, que aquí parece ser un nombre que significa
«domo» —el domo, o chapitel, de un psda, palacio. El Diccionario
tiene conocimiento de thèpa solo como «tumba» y
«bóveda» (dhtu-gabbha). La tumba budista es dhtu-gabbha por la función, y thèpa por su forma en domo, la cual corresponde a la forma
del cráneo.
Dikkhita. El propósito del presente artículo es indagar si
la ordenación regular budista puede igualarse o no con la iniciación (d´k· )[39].
La raíz aparece en pli sólo muy raramente, en dikkhita = d´k·ita. En Sa×yutta Nikya I.226, un profeta (isi = ¨·i; la palabra se usa también
respecto al Buddha y a los monjes budistas) es cira-dikkhita, «iniciado hace mucho», explicado por el Comentarista como cira-pabbajita [40], «ordenado hace mucho como
un Peregrino». Cira-pabbajita contrasta, por supuesto,
con navo acira-pabbajita, «recientemente ordenado como Peregrino», y ambos términos son de
común ocurrencia en otros contextos. Jtaka V.138-39, que dice cira-dakkhita, se refiere a los «profetas» (isayo) en el séquito del Bodhisattva Sarabhanga-Jotipla, que es incuestionablemente
un principio solar; y esta ortografía es de interés debido a que conserva la
forma de la raíz dak·, «ser capaz», puesto que el
valor básico de d´k·ita, «iniciado», es
precisamente «ser capacitado».
Dando ahora por sabido el conocimiento
del lector sobre la significación de la iniciación en la India y otras partes[41],
argumentaremos que pabbajita tiene realmente el valor de
d´k·ita y, a fortiori, que upasampad tiene el valor de una iniciación más
avanzada. Las primeras ordenaciones fueron hechas necesariamente por el Buddha
mismo, que usó las significativas palabras «Entra, monje mendicante» (ehi-bhikkhu), reminiscentes de la bienvenida, «Entra (ehi )» dirigida por el Sol al aspirante que ha
respondido acertadamente a la pregunta «¿Quién eres tú?» (Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa III.14.5, cf. Rèm´, Mathnaw´ I.3602-3). Si designaciones tales como «Pariente del Sol» (dicca-bandhu) han de tomarse literalmente, como deben
serlo por todos aquellos que no están extraviados por la forma «histórica» de
la «leyenda del Buddha», esto es suficiente para mostrar que tales ordenaciones
eran realmente iniciaciones e invitaciones, en los sentidos etimológicos de las
palabras: el Buddha histórico es ciertamente una evemerización del Agni Védico[42],
que es igualmente «despertado» en la aurora (u·ar-budh) y que es la «deidad del iniciado» (agni
vai d´k·itasya devat, Taittir´ya Sa×hit III.1.3). Tampoco se cambia
nada en principio por la delegación del poder de ordenación o iniciación a
otros (a quienes se hace referencia constantemente como «Hijos del Buddha», por
ejemplo, Sa×yutta Nikya I.192), puesto que una transmisión tal es a la vez necesaria y regular
en las condiciones más incuestionablemente ortodoxas y, ciertamente,
inevitable, si ha de haber una transmisión de una verdadera gnosis de generación
en generación.
Las ordenaciones originales
habían conferido el pabbajj (el estatus de «Peregrino»)
y el upasampad (la «obtención plena», y
casi literalmente el estado de ser un «Adepto») simultáneamente. Después de la
delegación del poder encontramos que ambos se confieren todavía juntos, pero
por un «quórum» de los monjes mendicantes, a aquellos que habiendo sido
tonsurados y vestido el hábito, repetían tres veces la fórmula de la «Toma de
Refugio». Encontramos, entonces, que el upasampad solo puede ser conferido por la recomendación de un maestro, a un
monje más joven que ha venido a él como un pupilo. Al maestro se le llama upajjhya, literalmente «el que se acerca a»; al
pupilo se le llama un saddhivihrika, literalmente «residente
asociado», es decir, que vive con el maestro en intimidad cotidiana. La
relación es formalmente paternal; el pupilo rinde al maestro servicio personal.
Antes de que un maestro pueda recibir a un monje como pupilo, él mismo debe
haber sido plenamente ordenado, debe haber sido un «Adepto», al menos durante
diez años. Bajo estas condiciones puede, cuando lo ve conveniente, proponer al
pupilo, como un candidato para el upasampad, a la asamblea monástica; y
el pupilo, por su parte, debe solicitar formalmente a la asamblea «extraed-me»
(ullumpatu [43] mam),
una fórmula sugerente de la fórmula Brhmaöa «como una serpiente (ahi ) podría liberarse de (nirmucyeta) su piel vieja, o como uno podría sacar (viv¨het ) una flecha de su caña (mujt
), así es
él liberado (nirmucyate) de todo mal» (Jaimin´ya Brhmaöa II.134, etc.)[44].
Un monje plenamente ordenado o iniciado así puede, después de diez años,
recibir él mismo pupilos. La sucesión de tales maestros Vinaya, desde Upli a Mahinda, se da en el D´pavaµsa. Todo esto tiene la apariencia del sistema de
transmisión regular de padre espiritual a hijo espiritual (guru-parampar ), de generación en
generación, pero con una adaptación específica al carácter más comunal de la
orden de «Peregrinos» (pabbajita) budista, que, desde los
tiempos más remotos, se concebían como una «congregación» (saµgha), en lugar de como solitarios.
Hay también evidencias
internas. La ordenación implicaba el abandono del nombre propio y del nombre
familiar de uno (nma-gotta) —«de la misma manera que
cuando los ríos alcanzan el mar, abandonan su nombre y linaje (pajahanti nma-gottni
)…», y el
Peregrino devenía ahora un «Hijo del Buddha» (sakya
puttiya, Udna 55). La ordenación es, de hecho, un segundo
nacimiento: encontramos junto con yato jto, «desde el tiempo en yo que nací», expresiones tales como «yato ariyna jtiy jto, «desde el tiempo en que yo
nací del linaje Ario» (Majjhima Nikya, II.103), es decir, como un sakya puttiya, un «hijo del Buddha»; e incluso un pasaje más explícito, en el que
Kassapa habla de su perfecta maestría y se llama a sí mismo un «hijo natural
del Bienaventurado, nacido de su boca, nacido del Dhamma, formado por el Dhamma
y un heredero del Dhamma» (Sa×yutta Nikya II.221)[45].
No todo el mundo podía ser
ordenado de cualquier manera. Como un ejemplo de la cualificación intelectual
puede citarse el caso de los «Hombres de fuego de Largos cabellos» (aggik jaÊil, es decir, los ascetas brahmanes
cuya deidad era Agni) a quienes podía dárseles el upasampad inmediatamente, sin la prueba habitual de los cuatro meses (parivsa) debido a que ellos eran ya kammavdino y kiriyavdino
[46], es decir, debido a que
creían en la «originación causal» de todos los fenómenos cualesquiera que sean,
y al mismo tiempo que hay un «debe hacerse», que ha de ser contrastado con un
«no debe hacerse», o un «saber hacer» que ha de ser contrastado con un «dejar
hacer» (los opuestos de estas posiciones son «herejías» bien conocidas desde el
punto de vista budista). No necesitamos citar aquí la larga lista de las
descalificaciones del Cullavagga, sino decir solo que estas
pueden ser morales, intelectuales o físicas, y que las descalificaciones
físicas incluyen una gran variedad de deformidades y trastornos[47].
Donde, como en Burma, es la
regla que todos devengan monjes por un tiempo limitado, o cuando un rey budista
es ordenado temporalmente[48],
parece que este retiro temporal del mundo corresponde exactamente al del
sacrificador védico (yaja-mna)[49],
que se consagra a s mismo
y, una vez iniciado (d´k·ita), durante la operación ya
no es él mismo, ya no es «este hombre», un tal, hasta que se abandona la operación y él retorna
entonces a sí mismo, de la Verdad a la Falsedad, y deviene una vez más «quien
él es realmente» en el sentido mundanal, Fulano por nombre y linaje.
La ordenación budista, concluimos,
no solo tiene la apariencia sino también la significación de una iniciación. La
única alternativa posible sería considerarla como una pseudoiniciación o
incluso como una contrainiciación. Esta última alternativa está manifiestamente
fuera de cuestión[50]:
tampoco la primera puede ser mantenida por nadie que acepta los textos en su
integridad, textos en los que se describe al Buddha como más que un hombre y
como del linaje del Agni y Solar.
natthika. Literalmente un «There-is-not-ist» [un
«no-hay-ista»], o un poco más libremente, «positivista»; el término se usa,
igualmente en sánscrito y pli, para significar aproximadamente lo que se entiende
por nuestro «escéptico», «materialista», «pragmático» o «ateo». El hombre que
mantiene que «no hay ningún otro mundo» (natthi
paro loko)[51]
a pesar del hecho de que «hay ciertamente otro mundo» (santaµ yeva, kho
pana paraµ
lokam)[52]
y en contra de los «Arhats versados en el otro mundo» (paraloka-viduno) es «un malvividor, un hombre de visión
falsa (herético), un negador» (duss´lo… micch-diÊÊhi natthikavdo, Majjhima Nikya I.403, cf. Aöguttara Nikya II.31 y Sa×yutta Nikya III.73). Natthika, en Sa×yutta Nikya I.96, no significa «vacío de mano» o «uno que niega la limosna»(!)
sino un «negador» como arriba: no podemos comprender el comentario del
traductor «nosotros no encontramos ningún paralelo a este término». En Sa×yutta Nikya II.17 natthit, «no-ismo», y atthit, «es-ismo», son los dos puntos de vista extremos, de negación y
afirmación, que se mantienen popularmente con respecto a lo que puede llamarse
la cuestión de la realidad o persistente identidad del mundo o del individuo;
en conexión con lo cual se debate, además, si es el mismo individuo el que, en
esta vida o en otra, actúa y recoge a la vez la recompensa de los actos, o si
uno es el que actúa y otro el que recoge. El Buddha enseña una Vía Media[53],
de «Originación Causal» (paÊiccasamuppda), según la cual las «cosas»
han de considerarse sin nada «en sí mismas»[54],
y solo como fenómenos (rèpa) que han surgido de tal y
tal manera (yath-bhètam, «como-devienen»), a saber,
en una secuencia causal ordenada. La clave de esta doctrina (afirmada también
muy claramente en Majjhima Nikya I.421) ha sido admirablemente resumida por el traductor en Kindred Sayings [= Sa×yutta Nikya] II.22, nota: «El sujeto de
la experiencia resultante es, él mismo, el resultado de la experiencia causal;
a la vez tan idéntico y tan poco idéntico como es, digamos, el árbol y el
brote» (o el niño y el hombre). Para nosotros hoy día, que tenemos un punto de
vista animista y unos intereses psíquicos en vez de espirituales, y que, por
consiguiente, consideramos que hay una identidad senciente que persiste durante
toda la vida, o incluso después de la muerte[55],
esto sería una solución «es-ista»[56].
Pero para el budista (como para Platón, Banquete 207DE; cf. Plutarco, Moralia 392[57])
esto no es consistente: la persistencia de una identidad, incluso de un día
para otro, no es un «hecho», sino meramente una «verdad convencional»; el hecho
es que, como en la parábola del mono de Sa×yutta Nikya II.95, «voluntad, mente y
conocimiento (cittam, mano,
viöam»,
es decir, toda la personalidad mental), esto, cada día y cada noche, surge (uppajati ) como una cosa y se destruye (nirujjhati ) como otra»; y como en la parábola del carro[58],
Sa×yutta Nikya I.135, donde se dice que el nombre de «esencia» (satta) se da solo convencionalmente (sammucc ) a lo que no es realmente una substancia
simple, sino un agregado. De la misma manera, a la muerte, «el alma-y-cuerpo
que fue en un devenir previo, se destruye sin residuo, y otro se adelanta» (purimabhave nma-rèpam asesaµ
niruddham, aam uppannam, Visuddhi Magga 413)», y es una herejía
mantener que «esta consciencia (idaµ viöam) concurre y migra (saµdhvati saµsarati
) sin
pérdida de identidad (anaam, Majjhima Nikya I.256)»[59];
y, sin embargo, no puede decirse que la muerte es una liberación automática del
mal y de las obras (Milinda Paho 72) debido a que «los seres (satt ) son los herederos de los actos (kamma-dyd )»[60].
Nunca debe perderse de vista que
la doctrina tradicional no hace ninguna distinción en principio entre nuestras
muertes y nacimientos diarios y la muerte y el nacimiento «cuando llega la
hora»: esto, junto con una comprensión de lo que se entiende por los dos sí
mismos[61]
(en el budismo, el gran sí mismo o el sí mismo limpio, y el pequeño sí mismo o
el sí mismo sucio) es esencial para una comprensión de toda la escritura india.
En cuanto a la supervivencia de la personalidad, ya sea de un día para otro o
ya sea de una vida a otra, el Buddha enseña una Vía Media de comprensión —la de
la continuidad sin identidad.
Solo queda agregar que se
encuentran en contextos Brahmánicos los correspondientes sánscritos nastika y nstikya = natthit. En Maitri Upani·ad II.5, nstikyam está agrupado con temor, hambre, cólera,
ignorancia, etc., en una larga lista de cualidades tmasa; Bhagavad G´t II.42 da el sentido del pli natthika, pero no la palabra misma, así, «El estólido pronuncia palabras
floridas, y su deleite está en el sentido literal de los Vedas, diciendo “No
hay nada más” (nnyad ast´ti
vdinaú)». De la misma manera KaÊha Upani·ad II.6, aunque sin mencionar
el término nstika, define de hecho al
«positivista» con palabras idénticas a las de Majjhima Nikya I.403 y de Jtaka V.228 citado arriba, a saber, como «el que sostiene
que “no hay ningún otro mundo que este” (ayaµ
loko nsti para iti
mn´ )», es decir, el que niega
que hay otras posibilidades que las posibilidades de manifestación. Para Mnava Dharma§stra, nstikya es un ahetuvda y, efectivamente, un ucchedavda: encontramos en Mnava Dharma§stra III.65 que «por la negación
de la causalidad, las familias se destruyen pronto» (östikyena ca karmöµ kulny §u vina§yanti ), lo cual entendemos que
significa que negar la herencia del carácter kármico del padre por parte del
hijo es negar la realidad de la filiación, y así «destruir la familia», como la
familia se comprende tradicionalmente: pues desde este punto de vista, donde no
hay ninguna transmisión hereditaria de una vocación y de un carácter, no hay
ningún linaje de familia. De la misma manera Mnava Dharma§stra VIII.22, donde se destruye
un reino infestado de nstikas; en II.11, y III.150, los nstikas son agrupados con los ladrones, los burladores del
Veda, los descastados, los §èdras, etc., y en IV.163 y XI.67 nstikya es emparejado con la burla del Veda y con el crimen[62].
Concluimos que el nstika es un nominalista, un negador de todo, excepto de
las verdades empíricas: y que la palabra puede traducirse acertadamente por
«escéptico», una palabra que tiene la ventaja adicional de corresponder en
valor al pli diÊÊhika, generalmente en el mal
sentido del que mantiene opiniones falsas.
nga. Aunque en la vasta mayoría de los casos nga, como tipo o epíteto del Buddha u otro Arhat, es
«elefante», hay un texto de especial interés, el Vamm´ka (Valm´ki ) Sutta, Majjhima Nikya I.142-145, en el que el kh´ösava bhikkhu, es decir, el Arahat, se tipifica por un nga, que es incuestionablemente una cobra. Un cierto Deva se aparece al
anciano Kumra Kassapa y dice, «mendicante, mendicante, esto es un termitero que
llamea de día y humea de noche». El Brahman responde, «toma una azada, Sumedha,
y excávalo»[63]. El Deva
cava, y desentierra una variedad de objetos, que se le dice que rechace, y que
cave más. Al fin él llega a una cobra (nga), y dice, «una cobra, su reverencia (bhadante)». El Brahman responde, «déjala, no le hagas daño, venérala».
En este punto falta algo;
debe comprenderse que el Deva hace quince preguntas sobre lo que se ha
encontrado, y que Kassapa no puede responderlas. El Deva dice entonces a
Kassapa que haga las preguntas al Buddha, cuya respuesta será convincente. Él
así lo hace, y el Buddha explica que la interpretación (adhivacanam) del termitero es «el cuerpo», del fuego «los
actos», del humo «los pensamientos», del Brahman «el Tathgata, el Arahat, el
Plenamente-despertado»; de Sumedha un «mendicante que es todavía un pupilo», de
la azada el «conocimiento Ario», del cavado «el esfuerzo heroico»[64],
de los diferentes objetos «las ataduras, etc. que han de ser rechazadas», y de
la cobra (nga)[65]
«el mendicante liberado de las salidas sucias (kh´ösava bhikkhu): Déjale, no le hagas daño,
venérale». Nosotros sabemos por Jtaka I.148 y Dhammapada Atthakath III.147 que como un
resultado de estas interpretaciones Kassapa devino un Arahat.
En otro contexto (Sa×yutta Nikya V.47, cf. V.63), la
obtención de la madurez por los mendicantes se compara al desarrollo de
serpientes jóvenes (o anguilas)[66],
que nacen en las colinas y bajan al mar por la vía de los lagos y ríos, y que
solo alcanzan su pleno desarrollo en el mar, que es aquí un equivalente de nibbna, amata (ver «samudda»).
Se establece así firmemente
que nga, en el sentido ofidiano,
puede ser el símbolo de un Arahat o Buddha. Una evidencia adicional la
proporciona Dhammapada 179, «A ese Buddha cuya
“pradera” es infinita (ananta-gocaram), puesto que es sin pies (apadam, una metáfora para “serpiente”, y que implica
también “sin dejar ningún rastro”), ¿por cuál rastro puedes tú rastrearle? (kena padena nessatha)». Este texto es estrechamente afín a B¨hadraöyaka Upani·ad III.8.8, donde el Brahman
es acak·uú§rotraµ tad
apöy apdam… anantaram, y a Muö¶aka Upani·ad I.1.6, donde el Brahman es ad¨§yam agrhyam agotram avaröam acak·uú§rotraµ tad apöy apdam, etc., y, puede agregarse,
a Shams-i-Tabr´z, «el último paso, que hay que dar sin pies» y «en mí no hay ningún
“Yo” ni ningún “Nosotros”, yo soy nada, sin cabeza, sin pies» (Rèm´, D´wn, pp. 137, 295).
Al mismo tiempo hemos
querido señalar el paralelo en la mitología griega, donde no solo Zeus (= Dyaus
Pit¨ = Varuöa = apara Brahman = Buddha parinibbuto) puede ser representado como una serpiente, sino que el Héroe
entumbado es también una serpiente: Jane Harrison, Prolegomena to the
Study of Greek Religion (3ª ed., Cambridge, 1922),
fig. 96 (la serpiente está, ciertamente, dentro
de la tumba) es la pintura misma de un thèpa
indio, tal como se erige para el Buddha (passim),
o para todo parinibbuto bhikkhu (Udna 8). Sin llevar el tema más
adelante, solo precisaremos que si la serpiente es el símbolo, a la vez de una
naturaleza imperfecta que se ha de abandonar y de una naturaleza perfecta que
se ha de realizar, esto corresponde al doble valor del «no ser» (1º) como un
mal natural del que se ha de escapar y (2º) como un bien sobrenatural que se ha
de alcanzar, y a la polaridad que es propia a todos los símbolos «negativos», y
que implica, por una parte, una privación, y por otra, una liberación de toda
afirmación limitativa.
niccakappam. En Majjhima Nikya I.249, donde, después de
dar un discurso, el Buddha dice que él compone y concierta su corazón, le
enfoca y le sintetiza (cittaµ saöÊhpemi sannisdemi ekodi-karomi samdahmi ), y que esto está en
conformidad con el primer samdhi, «en el que niccakappaµ niccakappaµ viharmi», el traductor lo traduce
por «en el cual Yo siempre moro». Esto es confundir niccakappam con niccaklam: el significado es «el cual
Yo gozo, o en el cual Yo reposo, cuando quiera que Yo quiero». «Siempre» contradice a la vez el sentido del
presente contexto, en el que el Buddha habla de sí mismo como entrando en este samdhi en un cierto tiempo, y el de pasajes tales como Majjhima Nikya I.482, en el que el
conocimiento del Buddha, en tanto que un hombre, en tanto que «Gotama, ora
despierto y ora durmiendo», difiere de su conocimiento en la contemplación.
nibbyati, nibbna. Es familiar que nibbna = nirvöa implica la extinción de una
llama. Nirvöa es literalmente
«no-soplando», o más técnicamente, «despiración»: donde nibbutam = nirvatam corresponde así a avtam en ôg Veda
Sa×hit X.129.2, tad ekam n´d avtam, y esto es el equivalente
exacto de la palabra del Maestro Eckhart, D diu zwei
apgrnde in einer glicheit sweben
gegeistet und
engeistet («igualmente espirado,
despirado»), d ist
ein h¯hez
wesen (ed. Pfeiffer, p. 517). El
Diccionario, s.v. nibbna, comienza, sin embargo, con
la afirmación errónea de que nir-v significa «soplar»,
ignorando el valor regularmente privativo de nis.
Así pues, en tanto que nibbna depende de nirv, nibbna implica una extinción o
muerte por cesación de soplar, es decir, por cesación de respirar, y no una
extinción por soplado, «proceso este que», como señala el Diccionario con
pertinencia inconsciente a la historia de la idea, «tiende más bien a incitar
el fuego que a extinguirle»: De hecho a Agni se le considera muy a menudo como
«vivificado» (jètaú) o «atizado» (mathitaú) por el Viento (del Espíritu)[67],
Vta,
Vyu,
Mtari§van, con quien también puede identificarse, de acuerdo con el principio de
que tanto Agni como Vyu son «auto-encendidos» (ôg Veda Sa×hit I.12.6; Aitareya Brhmaöa II.34). Además, las
referencias más antiguas en el Diccionario son «al fuego que brota, en vez de
al fuego que se apaga», para lo cual hay excelentes razones metafísicas además
de las razones «éticas» a las que se refiere el Diccionario. La cuestión de un
ser «apagado [de un soplido]» no surge, de hecho, en ningún tiempo en conexión
con la historia de nirv. El Diccionario, s.v. nibbpeti (causativo de nibbyati ), tiene, ciertamente, «enfriar por soplado» (esto repite el error
señalado arriba) y cita ôg Veda
Sa×hit X.16.13 nirvpaya, dirigido a Agni, a quien se implora,
efectivamente, que enfríe el terreno que ha quemado, la pira todavía humeante;
pero aquí nirvpaya (imperativo causativo) no
es en modo alguno «enfría soplando», sino «cesa de respirar», o «cesa de
soplar», y de esta manera él extingue sus propias llamas. «Enfriar», aunque no
por un «soplado» (que no enfriaría, sino que
más bien avivaría la llama) es entonces un sentido propio de nirv, causativo; y así aparece en Jtaka III.157 sabbaµ nibbpaye daram, «enfría toda mi fiebre», y
sobrevive en Brajabuli, por ejemplo, n nibhy hiyra guni, «Él no puede apagar la llama en mi corazón» (S. Sen, History of Brajabuli Literature, Calcuta, 1935, p. 406). No
puedo creer que nibbyati o nibbna tenga nada que ver con la raíz (v¨ ) que significa «cubrir»; por ejemplo Jtaka VI.196 jla… nibbyati es simplemente «el fuego cesa de tirar», y
así «se apaga».
Podemos proceder ahora a
examinar algunos de los contextos pli y sánscritos en los que nibbyati, o sus equivalentes, significan claramente
un «apagarse» el fuego, lo cual es una muerte, en el mismo sentido en que
nosotros hablamos de un fuego «que no tira». De hecho, el sentido de que el
fuego «se apague» es casi siempre parabólico, y su referencia es a la extinción
de la llama de la vida. En Majjhima Nikya I.487 el fuego «se ha apagado por falta de combustible» (anhro nibbuto)[68],
ese alimento o combustible con el que la consciencia empírica se sustenta
durante toda la «vida»: Sa×yutta Nikya I.159 habla del «apagarse de una llama» (pajjotassa nibbnam): Sutta-Nipta 19 dice «Mi techo exhala abierto, el apagado
de mi fuego» (vivaÊ kuÊi,
nibbuto gini ).
No hay necesidad de decir que hay muchos tipos de «fuego», y que en muchos
casos es específicamente el fuego de la cólera (kodha,
Aöguttara Nikya IV.96), o más a menudo los fuegos de la pasión, el engaño y el defecto
(rga, moha, dosa, Sa×yutta Nikya IV.261) los que se
extinguen. En los contextos sánscritos v, y nirv se encuentran usualmente
haciendo referencia directa a la espiración, por ejemplo, Kausitak´ Brhmaöa VII.9, donde se trata de
los «soplos» (pröú), y estos «aunque soplan (vntaú) en múltiples direcciones no se extinguen» (na nirvnti; versión de Keith)[69].
Cuando se trata específicamente del apagado de un fuego, que ya no «tira», el
verbo usual es udan [70], en el que se combinan los
significados de «aspirar» y «expirar»: así en Chndogya Upani·ad IV.3.1, yad agnir udvyati vyum apyeti,
«cuando el Fuego entrega su tiro (cuando muere), entra en el Viento», lo cual
recuerda a êatapatha Brhmaöa X.3.3.8, «cuando el Fuego se apaga (yad agnir anugacchati ) es dentro del Viento donde se apaga (vyuµ tarhi anèdvti ), por lo cual ellos dicen que “Él ha expirado” (udavs´t )». De la misma manera, por lo que respecta
al Sol, a la Luna y a los Cuadrantes, «ciertamente, establecidos en el Viento,
nacen nuevamente del Viento» (vyor… punar jyante, «nacen del Espíritu»). «Y
el Comprehensor de esto, cuando parte de este mundo… entra en el Viento con su
soplo de vida, y estando en él y siendo de él (etanmaya eva bhètv ), él deviene cualquiera de estas divinidades que él quiere, y se mueve
a voluntad» (ilayati, Syaöa saµcarati, ce·Êati )[71].
De la misma manera, Pra§na Upani·ad III.9, «Para aquellos cuya energía ígnea ha expirado, de modo que sus
energías ígneas están apagadas (tejo ha v udnas tasmd upa§ntatejú) hay una regeneración (punar bhavam), por vía de la
consistencia de los poderes del alma en el intelecto». No cabe ninguna duda de
que el nibbyati budista preserva los
valores que están contenidos en los textos antiguos sobre la despiración.
Sin embargo, nuestro
propósito principal en esta nota es recalcar que nibbna, y a fortiori parinibbna, es siempre una muerte o
transformación, y aclarar en qué sentido la muerte es un summum bonum, y coincidente con una
regeneración y el poder de resurrección. De hecho, parinibbna es sinónimo del parimara de Aitareya Brhmaöa VIII.28, êökhyana îraöyaka IV.12-13, y Kau·itak´ Upani·ad II.12[72], donde
«entrados en el Viento, y estando muertos, ciertamente no mueren, porque surgen
de nuevo», lo cual se aplica igualmente a las divinidades y a uno mismo. Pari- no es tanto «en torno a» como (1º) «completamente»,
en el sentido en que «el Reino de Dios no es para nadie sino el completamente
muerto»; y (2º) «hacia» o «en», como cuando nosotros hablamos de morir en el Señor»: que, en estos contextos, como en los
citados arriba, es el Brahman identificado con «El que sopla (vti ) aquí», es decir, Vyu, el mismo que no sopla allí
(êatapatha Brhmaöa VIII.7.3.9), sino que, como tad ekam,
«Ese Uno», «sopla y no sopla» (an´d avtam, ôg Veda Sa×hit X.129.2), y que nunca «vuelve a casa», puesto que él mismo es la
«casa» (astam) a la que todos los otros
retornan (Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa III.1.1-3; B¨hadraöyaka Upani·ad I.5.22), sin exceptuar al
Muni liberado, tanto de lo mental como de lo físico (nmaky vimutto = nmarèpay vimutto), que, «como una chispa llevada por la fuerza del viento, «vuelve a
casa» y ningún registro puede tenerse ya de él» (Sutta-Nipta 1074); ellos han «partido con el viento»; y, como nosotros sabemos,
esta expresión (vyogataú)[73]
es lo mismo que «unificado» (eko bhètv ) puesto que estas expresiones son dos modos comunes de decir «muerto»
en la literatura india.
Sin embargo, debe
comprenderse que hay muchas muertes, de entre las cuales, esa muerte en el
curso debido, después de la cual uno es depositado sobre la pira, es sólo una
muerte entre muchas otras. Todo cambio es un morir, y al mismo tiempo implica
el nacimiento de un hombre nuevo (que puede ser mejor o peor que el viejo;
pero, en nuestros contextos, que conciernen solo a los verdaderos Viajeros, es
siempre un hombre mejor)[74],
como ello es explícito en Sa×yutta Nikya II.95, donde «voluntad, pensamiento, discriminación (citta, mana, viöa), todo esto surge como uno y se destruye como otro,
cada noche y cada día», y en Aöguttara Nikya II.82, donde, con referencia a un cambio de ocupación y estatus, se dice
que un hombre «muere a uno y nace a tal otro» (tato
cuto itthattam gacchati )[75].
Es desde el mismo punto de vista como debe comprenderse la aplicación de nibbuto y parinibbuto a seres humanos todavía
vivos. El Mahsambodhi, como un nibbna, es la muerte del
Bodhisattva, y el nacimiento de un Buddha, el Despierto[76];
y similarmente en el caso de otros de quienes se dice que son nibbuto o incluso parinibbuto [77] aquí y ahora.
Así pues, parinibbyati implica, no meramente la muerte de un sí
mismo, sino, como todas las muertes, cualesquiera que sean, la traída al
nacimiento[78], o el hacer
devenir (bhvan ), de otro sí mismo. Cada
paso en la Vía usa un «sí mismo muerto», que ahora se ve como no siendo «ni
mío, ni yo», como un escalón o un peldaño; y es así como el verdadero Sí mismo
del Viajero viene al ser (bhè·öur-tm, Aitareya Brhmaöa VII.15), y se revela cada
vez más claramente (vistarm-tm, Aitareya îraöyaka II.3.2): y el producto
final, «cuando se ha hecho todo lo que tenía que hacerse» (katakicco, kataµ karaö´yam, passim; k¨tak¨tyaú en Aitareya îraöyaka II.5 y Maitri Upani·ad VI.30)[79], es el
Espíritu todo mismidad, un Sí mismo acabado y perfecto (bhvitatt, passim, k¨ttman como en Chndogya Upani·ad VIII.13)[80].
Parinibbyati, en este sentido de «llevar
a la perfección», aparece repetidamente en el llamativo texto Majjhima Nikya I.446, donde la palabra se
usa en conexión con cada una de las diez etapas del entrenamiento de un noble
alazán (y no debe perderse de vista que el Mendicante cuyo sí mismo más bajo ha
sido puesto bajo un control completo [att sudanto] se compara a menudo a un
corcel bien entrenado). Lo que hemos querido mostrar, entonces, es que parinibbuto, en el sentido de «muerto», no tiene el valor
limitativo que se asocia comúnmente a esta palabra[81],
sino que implica también «regenerado». Parinibbuto tiene los dos valores que son inherentes a la palabra «acabado», la
cual puede significar o «muerto» (como en la expresión, «eso fue su fin») o
«llevado a la perfección» (en el sentido en que nosotros hablamos de un
«producto acabado»)[82].
Apenas necesitamos decir que toda perfección y toda paz implican de esta manera
la muerte de todo lo que había sido imperfecto o no estaba en paz[83];
toda moción acaba cuando alcanza la meta hacia la cual se dirigía; Muerte es el
«Acabador» (antaka), pero también el Eros
solar, el Gran Espíritu (mahtman) que da la bienvenida al
perfecto en el Fin del Mundo. Parinibbuto, literalmente «despirado»,
es así «acabado» en los dos sentidos de la palabra; y solo si nosotros
entendemos esto podemos comprender plenamente por qué el fiel budista, cuando
ve la tumba (thèpa) del Buddha, no es movido
por la pena, sino por el «estremecimiento» (saµvejana) de la comprensión, y exclama triunfantemente, «Aquí el Tathgata fue enteramente acabado (parinibbuto) con esa obtención de la despiración (nibbna) que es sin residuo de asunción».
nettiy. Bhava-nettiy no es, como se ha traducido
al menos una vez, «el Ojo de la Existencia», sino los conductos de la
existencia (o del devenir, o del nacimiento). De la misma manera que en Majjhima Nikya II.105, etc., udakaµ hi nayanti nettik, «los irrigadores
(hacedores de canales, o “conductos” para el agua) conducen el agua». Bhava-netti se explica correctamente en el Diccionario como
«conductor a una existencia renovada». Pero en êökhyana îraöyaka II.336, cf. D´gha-Nikya Atthakath 127, etc., se explica como rajju, «cuerda»: y bhava-rajju es la cuerda que le ata a uno a devenir o a una existencia renovada.
Similarmente en Aitareya îraöyaka III.2, donde se afirma explícitamente que este rajju = netti es la cuerda «con la que los seres, como ganado
atado por el cuello, son conducidos a tal o cual existencia». El Tathgata es el cortador de este netti, que es la sed de existencia (D´gha-Nikya Atthakath 128), y así la cuerda que
lleva a ella, hasta que es cortada. Cf. Itivuttaka, p. 94, netticchinna bhikkhu, el que ha cortado el netti, y para quien no hay
ninguna existencia, sed o ansia, taöh, renovada, puesto que está
completamente limpio de ella, Udna Atthakath 272. Nosotros nunca nos hemos encontrado con la expresión bhava-cakkhu (solamente maµsa-cakkhu); y el pli netta = netra es más a menudo «eso que
conduce», por ejemplo, «riendas» (nettni, Sa×yutta Nikya I.26), que literalmente
«ojo», el cual, en todo caso, es un significado secundario y no primario de la
palabra.
pacchi. En kilaja-pacchi, Jtaka VI.370, «cestas de juncos»; no, como lo traducen Cowell y Rouse,
«rollos de estera». Las cestas de Jtaka VI.370, con sus tapaderas,
se muestran claramente en Bharhut, Cunningham lám. 25, fig. 3. El Diccionario
piensa que la etimología es «dudosa», pero la raíz es ciertamente pracchad, cubrir, envolver, ocultar.
pdavra y pdacchida. Dhammapada Atthakath III.216 describe el ascenso del Buddha al Cielo de los Treinta y tres, desde Svatthi. «levantó su pie derecho y le puso sobre la cima del Monte Yugandhara, después levantó su pie izquierdo y le puso sobre la cima del Monte Sineru (Meru), y así, en solo tres compases (tayo va pdavr ) y dos zancadas (dve pdacchidni