Otto Franke, en el Ostasiatische
Zeitschrift, IV, 1915-16, p. 10, concluía que «todos los siete Buddhas no
son sino paradigmas del Buddha dogmático… el Buddha dogmático no es sino el
obscuro reflejo de un antiguo concepto de la deidad». El mismo punto de vista
ya había sido expresado por otros, por ejemplo, por de la Vallée Poussin,
en Le Bouddhisme et les Évangiles canoniques,
p. 23, Nota 1, «No puede haber ninguna duda de que lo que encontramos es una
antigua concepción mitológica. El nacimiento del Sol es fatal para su madre,
la Aurora, que concibe al Sol como My al Buddha y Aditi a Vi·öu». El punto de vista contrario
lo expresa Windisch, Buddha’s Geburt;
aunque admite que el concepto dogmático del Buddha ya está desarrollado en
el Canon pli, y que debe haber sido familiar en el siglo tercero
a. C., sin embargo está convencido de que el Buddha fue verdaderamente un
hombre entre los hombres, y que la totalidad de los elementos míticos de la
leyenda del Buddha han sido sobreimpuestos sobre una figura histórica, ya
sea por los teólogos o ya sea por los poetas; se niega a admitir que el Buddha
«pueda ser considerado en ningún sentido como una forma o un desarrollo del
dios Sol» (p. 177).
Sería imposible probar que
nunca existió un maestro individual humano a quien pueda atribuirse al menos
una parte de lo que nosotros llamamos ahora la «doctrina budista primitiva». Al
mismo tiempo, son sólo los logoi los
que transmiten en su estilo una cierta sugestión de «personalidad»; de otro
modo, no hay un solo detalle registrado en la leyenda del Buddha que no tenga
un carácter evidentemente mitológico, y uno puede decir que si se eliminan de
la leyenda todos los elementos milagrosos y los epítetos solares, entonces no
sobrevive nada sino una sombra; y que, en no menor medida antes que después del
parinibböa, el Buddha «no es ni aquí
ni allí», sino que «es» sólo en el Logos-cuerpo, dhammakya (Milindapaha p. 73), con lo que deviene
eternamente verdadero que sólo «el que ve la doctrina Le ve». Si hubo entonces
un hombre, para nosotros, el hombre está perdido para siempre en su propia
divinidad; y si hay alguien a quien aflige una tal conclusión, que reflexione
que aquí puede decirse, como de Cristo, que hay «almas buenas y piadosas que
están retenidas del logro de su objeto propio por su demora en el santo gozo de
la forma humana de nuestro Señor». Como nosotros le conocemos, el Buddha es
humano sólo en el sentido de esa humanidad que no tiene conexiones con el
tiempo, y en el sentido en que el ôg Veda atribuye la humanidad a
Agni. El Buddha sólo puede ser considerado como un aspecto del Avatar Eterno, a
saber, como la forma inteligible de un Principio ininteligible.
El clan (gotta) del Buddha es îdicca
(ditya, Sol), su estirpe (jati) Ska (§ka, «capaz»), Sut. Nipta, p. 73; su nombre de familia, Gautama o
Gotama, es el de una subdivisión de los Aºgirases («Incandescentes»), de
donde que al Buddha se le llame a veces un îºgirasa («hijo
del Incandescente»). También se le llama dicca-bandhu, «Pariente del Sol», mah-purisa, «la Gran Persona», tathgata, «el Así-venido», buddha, «el Despierto», jina,
«el Conquistador», y arhat, «el Cualificado». Los Skas tienen dos sedes, Devadaha
(«la Fuente de los Ángeles») y Kapilavatthu («El lugar del Leonado»); entre
éstos está el Parque de Lumbin´, al cual acuden las gentes de ambas ciudades. El
padre del Buddha, Suddhdana, («Hervido de Arroz Puro») reside en Kapilavatthu;
su madre, Mahmy o My Dev´, es la hija de êkya
Subhèti, de
Devadaha (MV. 1.355); ella está en su camino de retorno a Devadaha cuando da
nacimiento al príncipe (kumra) Siddhrtha («logro de la meta») en el
parque de Lumbin´.
Los epítetos explícitamente
solares no requieren ningún comentario. Ska o §kin se aplica a varias deidades,
especialmente a Indra, a quien muy a menudo se alude como operando por medio de
sus «capacidades» (§acibhih), o alternativamente por
sus «poderes mágicos» (mybhih). Gotama es el nombre de un
Profeta, a quien se atribuye el segundo libro de ôg Veda Samhit; el hecho de que se diga de
Indra que sedujo a su esposa Ahaly, identificaría efectivamente a Gotama como un
aspecto de B¨haspati, y a Ahaly como un aspecto de Vc. A la mayoría de las deidades del ôg Veda se
les mencionan como Aºgirasas o como hijos de Aºgiras; y a Agni en particular, y
ocasionalmente a Indra, se les llama aºgirastama, «El más excelente de los Aºgiras». La designación del
principio manifestador como Mahpuru·a es bien conocida en ôg Veda Sa×hit 10.90, y es muy prominente
en los Brhmaöas y Upani·ads. Tathgata no es como tal un epíteto
védico, pero expresiones tales como gata, «ha venido», con
referencia a Agni en ôg Veda
Sa×hit 10.53, 1, son comunes y gatam en el sentido de «actual», «llegado», aparece en êatapatha Brhmaöa 2.3.1. Budh, «despertar», se emplea constantemente con
referencia a todas las deidades védicas, y u·arbudh, «despertando en la
aurora», es un epíteto permanente de Agni; se recordará que el mahsambodhi tiene lugar en el final de la noche. Jina no aparece en ôg Veda, pero a las deidades se les
describe constantemente como «conquistando», de la raíz ji. Arhat es de ocurrencia común en ôg Veda y se aplica a diferentes
deidades, especialmente a Agni, y es «por su cualificación como los îdityas alcanzan su aeviternidad», arhaö… aµ¨tattvam na§uh, 10.63.4, una fórmula que
anticipa literalmente muchas expresiones característicamente budistas. Devadaha
= Devahrada, «La Fuente de los Ángeles»; hrada
casi nunca es un término técnico en ôg Veda, donde la Fuente de la Vida
y fuente del Río de la Vida es igualmente utsa,
pero en los Brhmaöas corresponde a la §ai§ava de la Sarasvat´, en la cual se rejuvenecen los poderes envejecidos, es decir, la
fuente de la vida. Suddhdana se menciona en el Buddha Carita 2.36-37 como un bebedor de soma y sacrificador, y tiene muchos rasgos
sugerentes de Tva·Ê¨, el padre de Agni e Indra, en cuyo hogar hay siempre odanam cociendo. Kapilavatthu parecería ser este mundo de
luz en tanto que se distingue de ese otro que toma su nombre de la Fuente de la
Vida; Kapila aparece solo una vez en ôg Veda Sa×hit, a saber en X.37.16 donde
es uno de los diez (¿îdityas?), «a quienes envían para fomento de su propósito»
(ta× hinvanti kratave pryya), o quizás «al otro lado,
acordemente a su propósito»; y, gozosamente, «la madre lleva en sus ijares la
bien establecida gema (garbham), calmándola tan pronto
como se mueve» (avenantam, es decir, “no siendo
todavía Vena”, el fulgente Sol). La expresión sugiere ôg Veda Sa×hit 10.72, 8-9, donde Adit´ lleva al Pájaro-Sol, aquí
el octavo îditya, «a proceder en nacimiento y muerte repetidos» (prajyai m¨tyave tvat punaú). El hecho de que el profeta Kapila, en la Epopeya,
es también realmente el Sol, está implícito en la identificación con Vasudeva,
y en que se le encuentre con el caballo sacrificial en las profundidades de la
tierra, Rmyana, Valak. 40, mientras que en
Mahbhrata 3.3.24 se le identifica con
el Sol; también en 3.47.18 se le identifica con Vi·öu y en 5.109.7 se le llama un
Deva; el kapilasya-kedra, «el campo de Kapila» de Mahbhrata 3.83.72, puede compararse a
Kapila-vatthu. La designación de My será examinada abajo. Subhèti puede compararse sólo con subhu = subhèta, un epíteto de Ap× Napt, es decir, de Agni ab intra, en 2.35.7. Kumra podría aplicarse a todo príncipe o hijo, pero en ôg Veda casi
siempre se refiere a Agni, y algunas veces a Indra. Siddrtha recuerda a ôg Veda 10.51.4
donde Agni habla de la «meta» (artham) que ve ante él; y para el
concepto general de artha, como el determinante del
nacimiento, cf. 10.106.7, y êatapatha
Brhmaöa
2.3.1.6, donde el nacimiento es yathrtham.
Las comparaciones
precedentes son más bien sugestivas que conclusivas; sin embargo, bastan para
probar la dependencia de la terminología budista respecto de la terminología
védica; y cuando nosotros venimos a considerar la leyenda del Buddha como tal,
puede sostenerse que no sólo se basa en términos aislados, sino en secuencias
de eventos completos y en las frases correspondientes. Aquí nos proponemos
considerar en particular la Natividad, el Mar-dhar·aöa, y el Gran Despertar.
Para la Natividad nos
apoyamos en el Majjhima
Nikaya (Acchariyabbhuta-dhammasutta), D´gha
Nikya
(Mahpadna Sutta), Jtakas (Nidanakath), Mahvastu, Buddha Carita, y Lalita
Vistara.
Como lo muestra Windisch, estos textos, en su totalidad, están casi verbalmente
de acuerdo en cuanto a los detalles milagrosos de la Natividad. Al omitir tomar
en cuenta las Natividades védicas de Agni, Indra, y Sèrya, naturalmente omitió
también las fuentes de los textos budistas plis y sánscritos. Antes de
proceder a suplir esta omisión, debe señalarse que los textos budistas insisten
en que la manera del nacimiento milagroso no era en modo alguno peculiar al
caso de Siddhrtha, sino que era según una Ley de aplicación
universal. Así D´gha
Nikya,
a medida que se describen sucesivamente los detalles de la Natividad, agrega en
cada caso el estribillo siguiente, «Eso es así conformemente a la Ley», o como
lo traduce Mrs. Rhys Davids, «es la regla» (avam ettha dhammat): el Mahvastu justifica de la misma
manera cada acontecimiento diciendo que «esto es lo que acontece en el caso de
todo Bodhisattva»; Buddha
Carita cita
los nacimientos milagrosos de Aurva, P¨thu, Mandht¨ («que era como Indra
mismo»), y Kak·ivat, pero, más bien curiosamente, omite los de Agni, Indra, y el Sol.
Consideraremos ahora algunos de los detalles más notables de la Natividad
budista, aduciendo los evidentes paralelos védicos.
Todos los textos están de
acuerdo en cuanto a la visibilidad del niño en la matriz. La mayoría habla sólo
de que se le ve claramente, pero Buddha
Carita
1.22, compara el niño en la matriz de la madre a un destello de relámpago
soportado por un banco de nubes (mypi
ta× kuk·igata× dadhna vidyutvilsa× jaladval´va). De hecho, una luz
infinita (appamno… obhso) ilumina la obscuridad (andhakr timis) de todo el universo desde el momento de la
concepción del niño (D´gha
Nikya
17). El pasaje de Buddha
Carita es
difícilmente más que una paráfrasis de ôg Veda Sa×hit 6.16.35, donde Agni,
«destella como el relámpago en la matriz sempiterna de la madre, sedente en el
lugar de nacimiento del Orden» (garbhe
mtuú… vididvutno ak·are s´dann ¨tasya yonim), cf. 3.29.14, «brillaba en
el seno de la madre» (rocata mtur
upasthe).
Ha de recordarse que Agni se enciende en el final de la noche, y antes de la
aurora, y que desde su matriz-altar «llena el cielo y la tierra con su luz de
largo alcance… brillando visiblemente a través de las olas de la noche» ( yahpaprau jayamna urv´ dèredr§ bhs… èrmyyas tiraú §oci·a dad¨§e, 6.10.4), «luce en medio de
la obscuridad» (tira
tamºsi dar§ataú, 3.27.3), «destellando desde su sede» (didvutno sadasthe, 3.5.8), a saber, la «matriz del orden» (¨tasya yoni), la matriz de la aeviternidad (am¨tasya yoni), y el ombligo de la tierra (nbhir p¨thivy).
Agni es el do·vastar, el «iluminador de la obscuridad» (ôg Veda Sa×hit 1.7, etc.) que con su brillo
dispersa la obscuridad (arkeöa vi
babadha tamºsi, 10.88, 5) «ya manifiesto de noche» (dad¨§e naktay cit, ôg Veda
Sa×hit 4.11.1), «su llama jamás es
ocultada por la obscuridad» (na yas te
§ocis tamas ,…). «La noche es el mal, la obscuridad»… «es por la luz como ellos
cruzan la obscuridad, el mal» (Kausitak´ Brhmaöa 7.6 y 9). La matriz misma
es el símbolo de esta obscuridad (andham
iva vai tamo yoniú, Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa 3.9); él [es] el relámpago,
ella la nube, como en Buddha
Carita
1.22, citado arriba. El hecho de que todo esto es «por regla» corresponde a ôg Veda Sa×hit III.29.10 «ésta es la matriz
normal» (ayaµ te yonir ¨tyayah).
«Hermanos, es la regla que
mientras que otras mujeres paren después de nueve o diez meses de preñez, la
madre de un Bodhisattva no pare; la «matriz de My Dev´ está más que llena» (paripuööa gabbh, Jtaka 1.52) cuando ha llevado al niño diez meses» (dasÕeva msni, D´gha Nikya § 23). Si no estamos equivocados, el gran
período de gestación y el nacimiento «repentino» (cf. sadyaú en 3.39.3, a§u
en Buddha Carita 1.24), tienen ambos la
misma significación, a saber, la de «el acto de fecundación latente en la
eternidad»; la concepción, la gestación, y el nacimiento no son acontecimientos
en el tiempo, sino en un ahora eterno. De la misma manera, en los textos
védicos se insiste frecuentemente en una preñez de diez meses; por ejemplo, ôg Veda Sa×hit 5.78.9 «Cuando el Príncipe
(Agni) había yacido diez meses en su madre» (da§a msccha§aynaú kumro adhi mtari) y Atharva Veda Sa×hit 1.11.6
«él (Agni) sale después de diez meses» (nir aitu da§amsyo bahi). El período de gestación en las natividades
védicas, cuando el período de diez meses no se menciona específicamente, es
siempre de gran duración; en 4.4, «su madre le llevó (a Indra) un centenar de
meses y muchos otoños», (en êatapatha
Brhmaöa
3.2.1.27 Indra nace «después de un año»); 10.51 recalca la tardanza de la
salida de Agni, en 5.2.2 «a través de antiguos otoños creció el niño no nacido»
(pèrvha garbhaú §arado
vavardha),
en 10.124.4, donde habla el no nacido Agni, dice «Muchos años trabajé yo
dentro», y 10.95.12 pregunta «¿cuándo nacerá el niño?»; en PB.7.6.1 + 5 el
«embrión permanece ab intra (antarhitaú) durante mucho tiempo». Lo mismo está implícito en
las expresiones «plenamente crecido» o «sobre-crecido»; Indra, hablando dentro
de la matriz, se refiere a sí mismo como prav¨ddha, 4.13.1, y se le llama tanv vav¨dhnah en 3.34.1; Agni nace surv¨ddham, 10.61.20.
La concepción milagrosa, el
gran período de gestación, y el nacimiento «repentino» (sadyah en ôg Veda
Sa×hit 3.39.3, a§u en Buddha
Carita
1.24), los poderes de comprensión plenamente desarrollados del niño recién
nacido, tienen todos una y la misma significación; el nacimiento divino es
eterno, es decir, es ahora, y no en el tiempo. Si nosotros asumimos también que
la leyenda del Buddha requiere una encarnación histórica modelada en la
operación eterna, se sigue que tenemos que tener en cuenta dos natividades, una
eterna y otra temporal, y un parentesco correspondiente, a saber, en el «cielo»
y sobre la «tierra», oculto y aparente. Este mismo problema se plantea en SP.
14. 44 y 48, donde, habiendo declarado el Buddha que él mismo ha madurado a las
huestes de los Boddhisattvas durante períodos eónicos desde su propio Despertar
en Gay,
se suscita la objeción, «Nacido en Kapilavastu, tu despertar en Gay fue hace solo muy poco
tiempo; es como si un joven de veinte años presentara como hijos suyos a una
congregación de centenarios». En ídem
15, el Buddha explica que su Despertar es desde la eternidad, y que la
apariencia de una vida eventual sobre la tierra se ha presentado por amor de la
humanidad.
El paralelo con el dogma Cristiano
es demasiado estrecho para ser ignorado. Como lo expresa Damasceno «Nosotros
confesamos dos natividades en Cristo: una del Padre eternal; y otra que ocurrió
en estos últimos tiempos por amor nuestro» (De
Fide Orthod. 3); seguido por Tomás, Sum.
Th. 1, q.35, a.2, y a.6 y 3 donde «en realidad hay una única filiación,
aunque hay dos en aspecto».
Cuando Jesús dice «Yo
desciendo del cielo» (Juan 6:38), se suscita igualmente la objeción «¿No es
éste Jesús el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos?», y
nuevamente «Nosotros conocemos a este hombre, sabemos de donde es» (ídem 42 y 8:26).
En D´gha Nikya 8.24 «Es la regla que mientras que otras
mujeres paren sentadas o tumbadas, la Madre de un Bodhisattva pare de pie».
Aquí está implícito el nacimiento costal, pero no se menciona explícitamente. Majjhima Nikya I.148.1 dice que todos los
Bodhisattvas, después de permanecer diez meses en la matriz, nacen «por el lado
derecho» (daksiöena pr§vena); en Buddha Carita I.25, el «Bodhisattva nace del costado de la madre,
por amor del mundo» (pr§vt
suto lokahitya jaje). Jtaka I.52 dice que el nacimiento
tuvo lugar en la arboleda de Lumbin´, y que Maúmy se sostuvo sujetándose a la
rama de un árbol sla, lo que, nuevamente,
implica la postura de pie, y un parto costal; con esto se corresponde Majjhima Nikya II.18.7, donde el nacimiento tiene lugar en el
parque del Rey, lugar al que la Reina en estado de preñez, ha acudido para
tomar parte en el juego §labhnjak. Incidentalmente, estos
textos bastan para explicar la iconografía de la Natividad cuando se representa
por la fórmula de la Yak·´ y el Árbol, sin indicación explícita del parto,
como en Bharhut y Bodhgay; o cuando se muestra a los Cuatro Ángeles
recibiendo al niño, con la misma fórmula, pero con la presencia del niño,
indicada por los pies que se ven en la tela en la que le reciben; como en Amravat´; o, más literalmente,
cuando se muestra al niño emergiendo del costado de la madre, como en el arte
de Gandhra.
Majjhima Nikya se cuida de dejar claro que
la madre no es dañada en modo alguno por su parto costal; el niño nace «del
costado derecho sin dañar a la madre» (mtaram abdhamno… dak·iöa pr§vena, 1.150.3); «su costado no
se rajó» (sa ta× pr§vam bhidyate, 2.13.7): y esto se explica
diciendo que el niño nació «en una semejanza intelectual» (manomayena rèpeö, 2.20.14). D´gha Nikya § 21 dice sólo que la madre no sufrió ningún
dolor durante la preñez. La expresión de Majjhima Nikya, donde se afirma, como arriba, que la madre no
sufrió ningún daño en el parto es sospechosa, y nosotros intuimos una adhesión
más estrecha a la tradición en Buddha
Carita
1.24, donde «El Bodhisattva salió repentinamente, rajando la matriz de nuestra
Señora (devyú kuk·i×
vibhidy§u [1] bodhisattvo vininyayau), pues esto explica naturalmente la pronta muerte
de la Madre, en cuanto a lo cual todas las tradiciones son unánimes, al mismo
tiempo que preserva también la fórmula védica, por ejemplo, TS. 6.1.3.6 donde
Indra «rompió la matriz» (yonim
cchinat,
cf. êatapatha Brhmaöa 3.2.1.29). Jtaka 1.52 es muy significativo: «Se debe (vasm) a que la matriz en la que ha morado un Bodhisattva
no debe (na sakk) ocuparla ni hacer uso de
ella ningún otro, puesto que de hecho es como un sagrario, por lo que (tasm) la madre del Bodhisattva murió siete días después
de su nacimiento», y retornó a la «Ciudad de Tu·ita»; pues se debe justamente a
que él reflexiona, «Esta matriz que me ha tenido es la de un héroe poderoso,
que ningún gran monstruo nazca de ella después de mí» (mahv´ry [2] v iya× yonir ymmammad´dharata, yad vai mtohmahad- evbhya× nnuprajyate), por lo que Indra
«desechándola violentamente, la rompió» (t× pratiparm¨§yve·Êvcchinat). Taittir´ya Sa×hit 6.1.3.6 tiene tasy anum¨§ya yonim cchinat, y agrega que la madre devino estéril después del
nacimiento; está implícito que tal era su intención. La matriz desechada
deviene una ocasión de fertilidad vegetativa general[3].
Todos estos textos remiten a ôg Veda
Sa×hit 4.18.1-2, donde Indra,
preadvertido de las consecuencias para la Madre, no obstante decide seguir «la
antigua vía encontrada desde antaño, por la que nacieron las Distintas
Deidades, de manera que pueda nacer uno-ya-sobrececido (prav¨ddhaú); yo no saldré por aquí[4]
(nham ato niray), por la (salida)
peligrosa, yo saldré desde el costado, transversalmente» (tira§cat pr§vn nir gamni). La madre sufre el
predicho padecimiento (pattave, en el verso 1), Indra
presencia como ella «parte» o «muere» (parvant´m) y exclama «Yo no la seguiré, yo no la seguiré en absoluto».
La Madre de Siddhrtha muere igualmente, siete
días después del nacimiento del Bodhisattva: «Es la regla, hermanos, que en el
séptimo día después del Nacimiento de un Bodhisattva, la Madre del Bodhisattva
muere (kla× karoti) y nace en una incorporación
de Tu·ita
(tusita× kayam upajjati, D´gha Nikya § 22), es decir, en ese mismo modo de ser
del que el Bodhisattva mismo ha descendido al tomar nacimiento (Buddha Carita 1.19 cyutoÕatha
kyt tu·itt); similarmente en Jtaka 1.52, la Madre muere y «es trasladada a la Ciudad de Tu·ita» (tu·itapure nibbattati = nirvartate), es decir, «va al cielo», como se expresa
literalmente en Buddha
Carita
2.18. Su lugar lo ocupa la «tía» del Bodhisattva, Pajpti, segunda reina de Suddhdana y hermana y co-esposa de My
Dev´, y según
la fraseología india una co-madre del niño, o como nosotros lo diríamos en
español una madrastra y ama de leche. La naturaleza y la relación de las dos
Madres se expone muy claramente en Buddha
Carita
1.15-18 y 2.19-20: «La reina de Suddhdana, My (dev´… my), que por así decir había
desechado sus poderes mágicos (mypagateva)[5],
cuyo bello fulgor dependía de su bello fulgor [de él], que era como el
esplendor del sol cuando emerge de la obscuridad en plena gloria[6]
…produjo, como una madre por amor de sus hijos (prajsu mteva hita-prav¨tt) …brillando sobre la familia del gobernante
como Laksm´,
había devenido la Diosa más alta en el mundo… habiendo abandonado, acordemente
a la Ley (dharmena)5 su propia
naturaleza sutil (sèk·man
prak¨tim),
había hecho que su propia semejanza fuera visiblemente presente» (§k·t vihit svamèrtiú). Percibiendo su
adecuabilidad, es a su matriz a donde el Bodhisattva recurre cuando desciende.
Así pues, cuando ella hubo visto la gloria de su hijo recién nacido, incapaz
entonces de contener su júbilo, «fue al cielo sin corrupción corporal» (avin§ya diva× jagma)[7].
Entonces, la hermana de nuestra Señora, que era indistinguible de ella misma en
naturaleza (bhvena) y afección, y de igual
fulgor (samaprabhv) que la Madre, crió al
Príncipe (kumra) que era tan parecido a la
estirpe de los Ángeles, como si hubiera sido suyo propio».
Se nos introduce así al
dogma de las «Dos Madres de Dios» y las dos «Consortes del Padre», dogma
característico de la teología india de principio a fin[8].
En el ôg Veda Sa×hit, a Agni se le llama frecuentemente como dvimt, «que tiene dos madres»; él «deviene el hijo
de ambas madres» (ubhe sa
mtror abhavat putra, 3.2.2); «una madre lame al ternero de la otra», 10.27.14. En 5.2.2 el
Príncipe (kumra, Agni), «a quien parió la Reina Principal (mahi·´)»,
es ahora llevado por la «madrastra» (pe·´)[9],
pues la Reina, como todas las Madonnas anteriores, ha decedido (palikn´r yuvatavaú, ídem 4).
En 6.59.2 Indrgn´, considerados como dos hermanos gemelos, se dice que
tienen «un padre común y una madre aquí, y otra allí» (´hh mtarau)[10].
Las dos madres son la Noche y la Aurora o el Día; el Cielo y la Tierra; una
allí, la otra aquí; una que está lejos, o que se retira tan pronto como se ha
cumplido su papel, la otra presente y que se queda. En la leyenda del Buddha,
puesto que se presenta históricamente, ambas madres deben parecer ser humanas,
pero su naturaleza real está solo muy tenuemente disfrazada; una concepción
milagrosa preserva la paternidad única. En los Evangelios cristianos, donde se
representan similarmente los acontecimientos de la vida de Cristo «como para
presentar, en un sola vida, toda la Epopeya de la Trascendencia del Destino
Humano» (Omikron, Letters from Paulos,
p. 219), la madre eternal, es decir «esa Naturaleza divina por la que engendra
el Padre» (Santo Tomás, Sum. Theol.
1, q.45, a.5) ha sido olvidada, y sólo queda la madre temporal en su semejanza,
es decir, la madre de quien el Hijo toma una naturaleza específicamente humana.
No es sólo en la historia
del Buddha donde sobrevive el concepto de una maternidad dual, pues,
ciertamente, este concepto es inseparable de toda la teoría de la avatarana. La formulación védica se preserva aún más
claramente en la leyenda de la Natividad del Mahv´ra; el hecho de que el embrión
del T´rtha×kara sea transferido de la matriz de la brhmaö´ Devnand a la de la k·atriyn´
Tri§al,
corresponde casi literalmente a ôg Veda
Sa×hit
1.113.1-3, donde la Noche, «cuando ha concebido para la vivificación de Savit¨, cede la matriz (yonim) a la Aurora», y a 1.128.8, «La hermana cede la
matriz a la hermana más poderosa». En la leyenda de K¨·öa, las relaciones, aunque
menos literales, son igualmente patentes; K¨·öa nace de Devak´, la hermana de un Asura,
que permanece dentro del reino Asura, mientras que el niño es llevado a través
de la Jamun, que baja sus impetuosas aguas corrientes para permitir el paso (como
la Vips en ôg Veda Sa×hit 3.33, para la partida de
Indra); y, cruzado a la otra orilla, el niño es criado por Yasoda, que no sabe
que el niño no es suyo propio. En el caso de Siva, mientras que la anterior
esposa muere, la siguiente deviene la madre de Skanda. Uno bien podría decir,
con D´gha Nikya, passim, que «Es la regla en tales casos».
Apenas nacido el Bodhisattva
está en plena posesión de sus poderes, se tiene de pie, y da siete pasos; por
ejemplo D´gha Nikya, § sampatijto… sattapadavitihrena gacchati, Jtaka 1.53 paÊhaviyam
patiÊÊhya… sattapadav´tihrena gamesi, Buddha Carita 1.33 vikramöi… dhiröi padni sapta… jagma. Para la precocidad en el
primer aspecto, los paralelos abundan en ôg Veda Sa×hit, por ejemplo 4.18.8, donde, con referencia a Indra,
tenemos «apenas nacido, se puso de pie» (§i§ive ud astht), 4.6.10, donde, con referencia a Agni, «apenas
nacido mostró su poder», 3.3.10 «apenas nacido llenó los mundos», 10.115.1
«Cuando ella hubo parido, creció él a una, y al instante expresó su gran
mensaje». Para los «siete pasos» tenemos ôg Veda Sa×hit 10.8.4 donde Agni, «como uno
que conoce la Ley, dio siete pasos» (¨tvya
sapta dadhi·e padni); 10.123.3 donde «atraviesa las siete regiones» (sapta dhmni pariyan), y es evidente que éstos son los siete límites (sapta maryda) de 10.5.6, o en otras palabras los siete
mundos o planos del ser asumidos en el ôg Veda Sa×hit. En Majjhima Nikya 2.2.10, con referencia al
Bodhisattva, tenemos «apenas nacido, se puso de pie sobre el terreno, dio siete
pasos, y presenció los cuatro cuarteles», agregando ídem 2.20.18 sig. que los siete pasos se dieron «por amor de todos
los mundos» (sarvaloka-hitaú).
Aquí termina
este artículo inacabado de
A. K. Coomaraswamy
* Este artículo inacabado no se publicó nunca en vida del autor.
[1] Cf. ôg Veda Sa×hit 3.29.3 (Agni) sadyaú… jajna.
[2] Mahav´ry no es meramente «de gran energía» (como lo traduce Eggeling), sino más
bien «propio del Gran Héroe»; Mahv´ra es un epíteto esencial de Indra en ôg Veda Sa×hit 1.32.6, como lo es del
Buddha en Suttanipata po.543, 562.
[3] El hecho de que en el
ritual se empleen palabras «Por la labranza tú, por buenas cosechas», y que se
reciten las palabras «Por lo tanto que las plantas broten sin labranza» (tasmd ak¨·ta-pacya o·adhayaú pacyante) se refleja directamente en Buddha Carita 2.8, «Una copiosa cosecha brotó dentro de la
estación (yathartu) sin ningún trabajo de
labranza» (ak¨tenpi k¨·i§rameöa). Eso es la consecuencia
natural del nacimiento de un héroe solar; se debe a la aparición del gran rey
al que la estación, es decir, el año, sea un año de plenitud, cf. ôg Veda Sa×hit 2.38.4 donde Savit¨ vi ¨tun adardhaú, y 10.2.1 y 3, donde Agni es vidvn ¨tèn ¨tupati y ¨tun kalpayati.
[4] Atas es enfático; por esa salida por donde el nacimiento tiene
lugar normalmente en el mundo.
[5] Es decir, «siguiendo el
procedimiento acostumbrado en tales casos».
[6] Todo esto lo entiende y
presupone el lenguaje de ôg Veda
Sa×hit concerniente al matrimonio
de Sèry U·as-Sèry, para quien, al mismo tiempo, implica su muerte y
su recesión.
[7] En los términos de la
teología general, la «Asunción de la Virgen».
[8] Las dos esposas y madres
son la Noche y la Aurora o el Día, ver mi Darker
Side of Dawn, Smithsonian Institution, Washington, 1935, o en términos más
generales, Aditi absolutamente, y Aditi como su propia hija e hija del Padre.
En términos aún más generales, éstos son dos aspectos gemelos de la naturaleza
divina (prakrti, svabhava, vac, maya; creatrix, natura naturans), a saber, considerada (lº) como unida a la esencia
divina, y (2º) como remota de la esencia divina. Por una parte, «Eso por lo que
engendra el Padre es la naturaleza divina» (Santo Tomás, Sum. Theol. 1. q.45, a.5), es decir, la «Sabiduría» de los
Proverbios: «y en Dios, la naturaleza y la esencia son uno». Por otra, la
«naturaleza», en el sentido de materia prima, «en lo que concierne a su
potencialidad, recede de la semejanza a Dios» (ídem 1. q.14, a.11 ad 3), es decir, en tanto que el Cielo y la
Tierra están separados por el acto creativo, «aunque en la medida en que tiene
ser de esta manera (in potentia),
ella retiene una cierta semejanza a Dios» (ídem).
Es debido a esta semejanza «retenida» por lo que pueden aplicarse los mismos
nombres a la Madre y a la Hija. Para las intrincadas ecuaciones resultantes,
cf. Agustín, Contra Quinque Haereses,
5, «Yo me hice a mí mismo una madre de quien nacer», y «Oh Virgen Madre, hija
de tu Hijo» de Dante.
[9] La palabra pe·´ no aparece en otras partes, pero evidentemente se
deriva de pi·, aplastar, pulverizar,
destruir. Al mismo tiempo, el significado de «aya», «nurse», dado por Böhtlingk
and Roth, es ciertamente correcto en el contexto presente. No es en modo alguno
imposible reconciliar estos sentidos aparentemente contradictorios. La pe·´ es inequívocamente la «segunda madre» del modelo de
la natividad bajo examen aquí; y si también se la llama la «destructora», ello
se debe a que en tanto que el Día o la Aurora, hace receder o destruye a su
hermana la Noche. La raíz pi· se emplea más de una vez en
relación con lo mismo; por ejemplo, en ôg Veda Sa×hit 8.103.6 encontramos que se hace alusión a la
«destrucción» de Vc (purutra vca× pipi·ur
vadantaú,
cf.10.125, tm m vy adadhuú
purutr),
en 4.30.10 U·as huye lejos de su carro arruinado (sampi·Êt), en 2.15.6 Indra aplasta (sa×
pipesa) el
carro de U·as, y la raíz se emplea más generalmente en relación con la destrucción
de los poderes inauspiciosos; y mientras que estos casos se refieren a una
acción llevada a cabo por Indra o el Sol, los sentimientos de la Aurora hacia
su hermana rival la Noche se indican claramente en 10.145 y 10.159 donde, en
tanto que êac´, la triunfal esposa de Indra se refiere a sí misma como sapatnaghn´ y jayant´, como para no dejar ninguna
duda de la adecuabilidad de «pe·´» como una designación de la
madrastra.
[10] Idha
no significa aquí «por todas partes», sino específicamente «aquí en este mundo
y allí en el otro mundo».