Buda, hijo de un príncipe vecino del Nepal, fundador mientras vivía de una Orden, llegó a ser después de su muerte el dios de una religión universal. El aportó a la India, no una doctrina totalmente nueva, sin duda, sino un método basado sobre una verdad inexcusable: la Ley, el Dharma. El punto de partida es la evidencia del mal y del dolor. "Sólo enseño una cosa, decía, el origen y el fin del mal". Para combatir al dolor, lo ha perseguido en su causa, que es la acción, que nace del deseo, que depende a su vez de la ignorancia.
Esto ha llevado a los Bienaventurados a proclamar las cuatro verdades: la universalidad del dolor, la ignorancia del dharma, causa del dolor, la obligación de hacer cesar el dolor y por consiguiente, la supresión de la ignorancia bajo todas sus formas, indiferencia, inconsciencia o pereza. En efecto, la ignorancia supone que uno está engañado por la multiplicidad de las cosas, por su carácter opuesto y contradictorio. Buda se libra del dolor trascendiendo las formas. Y si, según él, es posible superarlo, es porque estas formas son "vacías" y la comprobación de este vacío es lo que conduce al Nîrvana.
Para el Budismo no hay entidades permanentes. "Nada de este mundo puede ser reconocido como el Si-Mismo (o el Espíritu)", ha repetido. Todo está constituido de agregados sin permanencia. Incluso el yo carece de realidad esencial, no es sino un haz provisorio de influencias transitorias. El individuo se destruye y se renueva sin cesar. Y si, como el Hinduismo lo enseña, hay transmigración, no se puede decir que exista alguna cosa que transmigre. Hay transmigración sin transmigrante, como hay apariencia del yo sin yo. Para ser más claros se podría decir que cuando un ser muere, el Si-Mismo, que es universal, transmigra, es decir, continúa animando a otras existencias contingentes. La Liberación no es, por consiguiente, para nuestro yo, sino para el Sí-Mismo, que jamás llega a ser alguien. La Liberáción nos alcanza cuando dejamos de ser nosotros niismos como individuos y hemos realizado la Identidad Suprema.
El sentimiento de esta inestabilidad del yo instaura un sufrimiento de donde, no obstante, puede surgir la Liberación, a condición de que se posea la lucidez, que es la exigencia más formal de Buda. En lo dicho, Buda es tan estricto como el Brahmanismo, o más aún, quizás, puesto que exige hasta un límite tal que hace de su método un rito esotérico. Una conciencia siempre alerta, una penetración intelectual sin desfallecimientos deben controlar todos nuestros actos. No es que el Maestro se incline hacia proezas heroicas, preconiza, por el contrario, una "vía media", pero pone el acento sobre la acción lúcida que deriva de la contemplación. "Se es brahmán por los actos", declara. Los seres son los herederos de sus actos.
Es natural que la virtud.suprema del Budismo sea una caridad cósmica, una compasión universal. Los budistas auténticos se distinguen por un desapego total hacia la vida, por una piedad profunda por los seres que son acosados por el deseo de la existencia y la ilusión de la felicidad. "Que todos los seres sean felices" es una de las máximas ejemplares del Budismo. En esto no es más que un heredero del Brahmanismo, como se ve en el sublime epilogo del Mâhabharâta en donde el héroe Yudhisthira rechaza entrar en el paraíso si su perro no es admitido con él.
Buda no abrigaba ninguna consideración por el sistema de las castas y nunca fue movido por el aspecto social de su acción, por lo que el Budismo fue lentamente eliminado de la India. Es muy lógico que la predicación de Buda concluyera en la fundación de una congregación de monjes consagrados a la contemplación. Pero, por esta misma razón, el Budismo adquirió una potencia de expansión y de recepción incomparable. En tanto que la doctrina védica se identifica en este punto con el alma de una raza para quien la conversión de un hombre de otra sangre que la hindú resulta inimaginable y hasta rechazada con horror, el Budismo, por el contrario, se mostró como un admirable instrumento de expansión de la espiritualidad. india, que de esta manera ha alcanzado con sus misioneros a la China, Japón, Tibet, Birmania y Tailandia, en donde ha llegado a ser la religión nacional.
Los monjes budistas tienen por finalidad, como su fundador, alcanzar el surgimiento del Nîrvana. Pero como sería presunción vana intentar esto de antemano, "La norma consiste en comprometerse en la vía de la "budeida", es decir, llegar a ser un bodhisattva, carácter que era el de Buda mismo antes de su iluminacion.
La realización budista implica muchas etapas con o sin formas. Nos limitaremos a enumerar los ocho senderos que consisten en: una visión justa, una reflexión profunda, un lenguaje exacto, una acción pura, medios de existencia honrosos, una voluntad firme, una atención lúcida y una contemplación perfecta. Buda se limitaba a mostrar el camino dejando a cada uno la responsabilidad de seguirlo. "Nadie puede ayudarte solo tú", había declarado. En efecto, el objetivo es una gnosis, un conocimiento incomunicable. Buda es un yogui, un "despertado" lo cual es el verdadero sentido de la palabra "buda". Permanecía fiel al espiritu del Hinduismo cuando declaraba: "'Tened al Sí-Mismo (o Espíritu) por lámpara y refugio... Para quien lo alcanza, nada existe más querido que el Sí-Mismo". En el Budismo, la idea de Dios es reemplazada por la de la Ley (Dharma), que en el fondo, es equivalente. En efecto, esta Ley se identifica con el Principio: - "Quien me mira, ha dicho, mira a la Ley".
El esoterismo intrínseco al Budismo le ha permitido adaptarse bien a formas exotéricas extra-indias, especialmente en el Tíibet en donde, al combinarse con las antiguas tradiciones Bôn-Po, las de los Bonetes Rojos, ha dado nacimiento al Budismo lamaísta. Aunque esta vía sea tan difícil como las otras, se considera más adaptada a nuestros tiempos. Antes de ser invadidos por la República Popular China, los religiosos consagrados a la vía vivian en ermitas protegidas por todos los medios en soledad, desde la reclusión en una habitación, hasta la cabaña aislada en una montaña sobre las altas cimas del Tibet.
Los ritos tántricos, están muy próximos a los del yogui pero las oraciones son budistas. Como Buda nunca ha querido negar el Principio, sin no obstante nombrarlo, sólo se expresa por la inestabilidad de los puntos de vista. Cada ser muestra cada vez sólo un estado del Ser. Si se considera desde el punto de vista de la materia, es materia, desde el de la energía, es energía, desde el espíritu, inteligencia, desde el tránsito, la inestabilidad. El Budismo es el camino de las "formas vacías" y concluye en el Nîrvana, puesto que su liberación consiste en la destrucción de todos los límites.
(Fragmento de El Esoterismo, Nova, Buenos Aires, 1969. Publicado en "Cielo y Tierra", nº 7, Barcelona, 1984).
