Las tres funciones supremas en el Budismo tibetano

 

JOAQUÍN ALBAICÍN: LOS BOGD KHANES DE MONGOLIA: LA DINASTIA OLVIDADA DEL BUDISMO TIBETANO

yeticave@hotmail.com

 

 

UNA ESTIRPE DE TULKUS

En las afueras de Ulan Baatar, capital de Mongolia Exterior, se recorta contra el verdiazulado paisaje un palacio-templo-fortín donde, hace menos de cien años, habitó un lama venerado desde las tierras al sur del Gobi hasta las estepas de Siberia. Antes de, en homenaje al general Sukhbaatar, ser bautizada con su nombre actual (que significa "El Héroe Rojo"), Ulan Baatar ostentaba el de Urga (y, aún antes, el de Ta Khure -"Gran Monasterio"-, que nos indica sus orígenes de ciudad sacerdotal), y en ella vivía el Bogd Khan o "Buddha Viviente" (la traducción correcta sería "Santo Rey") de Mongolia, sobre cuya figura se extendiera con profusión el escritor e ingeniero polaco Ferdynand Ossendowski en su obra Bestias, Hombres, Dioses. La dinastía de los Bogd Khanes, Khalka Jebtsun Dampa ("Señor del Refugio"), Undur Gegen o Khutukhtus es, nos dice en El Rey del Mundo René Guénon, la "tercera" en la "cúpula trinitaria" del budismo tibetano, símbolo a su vez de la regente del Agarttha: el Bogd Khan sería la manifestación o emanación terrena del Mahânga ("símbolo de toda la organización material del cosmos"), en tanto el Panchen Rinpoche lo sería del Mahâtma ("representante del Alma universal") y el Dalaï Lama del Brahmâtmâ ("sostén de las almas en el espíritu de Dios"). Habría que precisar que dichos rangos, más que formar la "cúpula trinitaria" del budismo tibetano, componen la de la orden Gelugpa, sólo que la posición de preeminencia política -no espiritual- que esta detenta en Tíbet desde el siglo XVII (de ahí la alusión por Guénon a la función prestejuánida del Dalaï Lama) autoriza desde cierto punto de vista esa simplificación.

La estirpe de los Bogd Khanes (tulkus -y no, como impropiamente se dice, "reencarnaciones"- de sus predecesores, pero principalmente de Vajrapânî, el boddhisattva de la Potencia) tiene su origen en el viaje que el lama tibetano Sonam Gyatso realizó a Mongolia a finales del siglo XVI para encontrarse con Altan Khan, entonces autoridad suprema de los mongoles chingizkhánidas. Una antigua profecía señalaba a este soberano como tulku de Kubilai Khan, y al monje tibetano como tulku a su vez de quien fuera consejero de aquel (Pagspa, lama que, según Ossendowski, "estuvo en Agarthi"), por lo que el Khan inauguró con él en 1577 la dinastía de los Dalaï Lamas (aunque Sonam Gyatso contará en la genealogía como tercero, al ser ya el tercer "descendiente en línea directa" de Avalokitesvara desde Gadundub, sobrino de Tsong Khapa).

Este Sonam Gyatso, primer Dalaï Lama oficial, fue también quien, antes de regresar a Tíbet, instauró en la ciudad de Kuku Khot, como referente espiritual para los pueblos de las estepas, al primer lama-tulku de estirpe mongola. Cuando los khanes kalmukos, menos de cien años después, otorguen al V Dalaï Lama soberanía sobre todo Tíbet y se conviertan en protectores de Lhasa, aspirarán a establecer en las estepas el principal centro de irradiación del nuevo imperio mongol. De ahí que Gushi Khan, en torno a 1640-50, se lleve de Lhasa la Piedra Negra que el Rey del Mundo habría entregado al Dalaï Lama, así como el anillo de Chingiz Khan (confiado por Kubilai a Sonam Gyatso). A continuación, establecerá en la ciudad de Urga a un joven, hijo de un khan mongol, a quien el Panchen Rinpoche y el Dalaï Lama habían reconocido como tulku del gran maestro tántrico Taranatha (1) y estaba entonces, bajo la dirección de ambos, estudiando en Tíbet. Se llamaba Zanabazar (nombre derivado del sánscrito Jñanavajra), y fue el primer Bogd Khan. Como vemos, su legitimidad real se debe a los khanes kalmukos y, su investidura espiritual, al Dalaï Lama y el Panchen Rinpoche. Según narró a Ossendowski el príncipe Chultun Beyli, este primer Khutukhtu "había visitado al Rey del Mundo" de Agarthi, afirmación sin duda justificada por el hecho de que contara Zanabazar entre sus preceptores con el IV Panchen Rinpoche, cuyo antecesor fue el autor del célebre tratado El Camino a Shambhala (la tradición dice, por otra parte, que dicho Panchen Rinpoche era tulku de un Rey de Shambhala).

Además de -como todos los Bogd Khanes- gran maestro tántrico y dotadísimo lector de presagios, Zanabazar fue un excelso escultor. En los principales museos y monasterios de Ulan Baatar, así como en el de Erdene Dzu (construido con los restos de la antigua Kharakhorum) pueden aún admirarse algunas de sus obras maestras, espléndidas figuras en bronce de Tsagaandar Ekh (Tara) o Chenrezig (Avalokitesvara), además de su propio autorretrato (en el Monasterio-Museo del Choijin Lama, hermano del VIII Bogd Khan).

A partir de él, serán los Bogd Khanes quienes custodien el anillo del gran conquistador mongol. Más de un siglo después, Amursana, último khan de los kalmukos, en el trance de tener -derrotadas sus tropas por los chinos- que refugiarse en Rusia, enviará al Bogd Khan de Urga la célebre Piedra Negra, en la que uno de sus sucesores leerá el destino al Zar Alejandro I.

DESDE LA INDEPENDENCIA HASTA LA REPUBLICA POPULAR DE LOS PUEBLOS DE MONGOLIA

A principios del siglo XX, el VIII Bogd Khan mantuvo varias reuniones con diversos príncipes y notables mongoles, el XIII Dalaï Lama y el brazo derecho de éste, Agvan Dorjiev, así como con el también buriato doctor Zhamtsarano, con el fin de preparar la unidad tibetano-mongola. La oportunidad llegó en 1911, al estallar la revolución en China. El Bogd Khan proclamó la independencia y se desató una victoriosa guerra de liberación, conducida principalmente por dos caudillos: el kalmuko Tushegun Lama (o Dja Lama) y el oficial zarista Barón Ungern fon Shternberg. Este último arrastra la pesadísima cadena de una leyenda negra en verdad horripilante y en su mayor parte injusta, mas lo cierto es que fue uno de los padres de la independencia de Mongolia, en la cual intervino -se cree- cumpliendo órdenes del gobierno ruso, pero también debido a su devoción budista y a la lealtad que como tal debía al Bogd Khan. Lejos ya el Barón de Urga y a pesar de las habilidades negociadoras desplegadas por Dorjiev, la independencia, debido a las componendas chino-rusas, quedó después reducida en el Tratado de 1913 a mera autonomía, mas no cabe culpar de ello a Ungern.

En 1921, en una nueva escalada de tensiones entre Pekín y Urga, el Bogd Khan fue hecho prisionero en su palacio por los chinos. A través del príncipe Djam Balon (quien, según Ossendowski: "Tenía el título de gran duque de los buriatos, sucesor de los antiguos reyes destronados por el Gobierno ruso"), se hizo conocer esta circunstancia a su antiguo jefe de caballería, el Barón Ungern fon Shternberg, estacionado en Siberia al frente de un contingente de cosacos, buriatos, kalmukos y miembros de otros pueblos mongoles, así como algunos japoneses, a los que se unieron setenta miembros de la guardia personal del Dalaï Lama, probablemente mandados por el príncipe Punzig, quien era el emisario habitual entre Urga y Lhasa. Resuelto a liberar al Khutukhtu, Ungern penetró en Mongolia y tomó el Palacio de Invierno en una heroica operación que ha sido magníficamente relatada por Peter Hopkirk.

El Khutukhtu se alzó, pues, como Jefe de Estado, con el soporte de una Mongolia que en su práctica totalidad formó piña en torno a su persona. Mas esa situación, debido a los abusos cometidos por algunos oficiales de Ungern a espaldas de éste -que mermaron la confianza de los mongoles en su caudillaje militar- y también al fin de la guerra civil rusa, duraría poco. Apenas tres meses después, los bolcheviques tomaban Urga y el Ejército Rojo se lanzaba a la caza de Ungern, quien finalmente desapareció de escena. El Khutukhtu fue mantenido durante un tiempo como cabeza nominal del Estado, incluso los bolcheviques se esforzaron por presentar el triunfo de la revolución como el cumplimiento de las antiguas profecías budistas anunciadoras del triunfo de Shambhala. Contra semejante absurdo, baste decir que la revuelta encabezada en 1932 contra el gobierno de Ulan Baatar no sólo por lamas, sino también por nacionalistas mongoles que en un principio colaboraron con Sukhbaatar, fue bautizada por sus instigadores y por cuantos a ella se sumaron como La Guerra de Shambhala...

En 1924, tras fallecer el Bogd Khan, las autoridades declararon su linaje oficialmente "extinguido", prohibiéndose la búsqueda de su tulku. ¿Puede tal medida considerarse propia de un gobierno "shambhálico"? Las posiciones, no obstante, distaban mucho de ser totalmente nítidas en aquella época, signada por la vecindad y la "protección" de una Rusia cuya revolución había trastocado los cimientos del orden mundial. De hecho, si el Dalaï Lama envió hombres a combatir al lado de Ungern, quien funcionaba como la gran influencia moral en la sombra del gobierno progresista y pro-soviético mongol que había acabado con éste no era otro que su propio consejero principal, Agvan Dorjiev. Bodoo, primer Presidente de la nueva Mongolia, era un lama, y Sukhbaatar más un nacionalista con inquietudes reformadoras que un marxista, pero el primero fue ejecutado por "traidor" antes de un año, y el segundo apareció muerto en misteriosas circunstancias dos después... Era Choibalsan, fanático marxista-leninista obediente a Moscú, quien realmente controlaba las riendas del poder. Fue por ello que el posibilismo con alfileres de aquellos lamas no engañó a nadie, y a las proclamas gubernamentales anunciando que el esperado retorno de Gesar de Ling quedaba cumplido en la victoria del comunismo, respondieron las jerarquías lamaístas señalando a Lenin como una manifestación de Langdarma, el cruel rey que trató de extirpar de Tíbet el budismo, y el pueblo aclamó el regreso del héroe kalmuko Amursana en la persona del monje guerrero Tushegun Lama (por supuesto que anti-comunista furibundo), al que el gobierno ordenó asesinar, exhibiendo después su cabeza por todo el país antes de taxidermizarla y enviarla al Museo Etnográfico de Petrogrado (donde aún sigue).

Entre 1937 y 1939 fueron detenidas y, en su mayoría, ejecutadas o "hechas desaparecer" unas 30,000 personas en Mongolia (más de la mitad, monjes). Entre los infortunados se contaron los principales cerebros del eurasismo pan-mongol: Agvan Dorjiev y el doctor Tsiben Zhamtsarano, víctimas propiciatorias de su propia aventura posibilista. Los primeros ejercicios para este gran ensayo los inició Choibalsan en 1932. Señalemos además que sólo dos años antes nació quien estaba llamado a suceder al VIII Bogd Khan, lo cual permite interpretar estos hechos como una verdadera matanza herodiana de inocentes.

¿QUÉ QUEDA?

Al pie del Parque Nacional Montaña del Bogd Khan resiste aún a los zarpazos del tiempo y de la historia el viejo palacio de los Khutukhtus. El vuelo de un halcón, acaso enviado por el Barón Ungern, guía al paseante hasta allí. Aún pueden visitarse sus templos, el Palacio de Invierno de estilo ruso, la colección de animales disecados del viejo lama muerto ciego y bajo la amenaza de las bayonetas de la NKVD, su biblioteca (tal vez bajo algunos de esos paños se encuentren las tabletas sumerias a que alude Ossendowski, y los libros estudiados por el Ungern autoexiliado de Rusia que perseverara allí en su práctica budista) y, en las vitrinas, reconocerse algunos de los objetos descritos por Ossendowski: los sellos del Khutukhtu y la caja que contuvo el anillo de Chingiz Khan, la placa de cobre de Agarthi y la Piedra Negra. ¿Continúan estos talismanes -excepto la Piedra Negra, que, como se aseguró a Ossendowski, fue robada- ahí dentro? Lo dudamos.

Desde la muerte del Khutukhtu, hubo varios intentos nooficiales de ocupar su puesto, mas no será hasta Septiembre de 1991 que el XIV Dalaï Lama, a petición de varios monjes mongoles que tras la caída de la URSS le visitaron en Dharamsala, anuncie la existencia del sucesor en la persona de Jampal Namdrol Chokye Gyaltsen, nacido en la villa tibetana de Tromtsikang. Entronizado con toda solemnidad en Lhasa en 1992, fue reconocido como tulku de su predecesor ya en 1934, a los cuatro años de edad, por Reting Rinpoche, regente de Lhasa y encargado también en la misma época de la búsqueda del XIV Dalaï Lama, mas su identidad se mantuvo en secreto para protegerlo de los agentes comunistas. Sin embargo, la Mongolia donde en 1991 se inició una apresurada operación de desmantelamiento de cuanto oliera a Moscú, al menos la Mongolia oficial, no parece estar especialmente interesada en el retorno del Bogd Khan que custodiara tan prominentes reliquias como el anillo del gran Chingiz, la Piedra Negra y una placa de cobre grabada en Agarthi con el sello del Rey Mundo, y, en la actualidad, el anciano monje reside en Dharamsala, al frente de un instituto de enseñanza del Tantra de Kalachakra. Sólo una vez -en 1999- ha pisado Mongolia, en la agenda de cuyo gobierno sus visitas al país no constituyen ninguna prioridad.

Podemos constatar, en suma, que la jerarquía lamaísta ha sido duramente castigada, por no decir desgajada, por las fuerzas anti-espirituales del mundo moderno: el Dalaï Lama, cuya principal función es la de presencia protectora, alejado de su tierra y de su pueblo; el Tashi Lama, sin reconocer y reemplazado por un impostor marioneta de los ocupantes chinos; el Bogd Khan, asimismo lejos de Mongolia e ignorado por los políticos post-soviéticos; el Gran Karmapa, bajo la sospecha de ser un topo chino. ¿Vendrán, como en 1890 profetizara el Rey del Mundo en el monasterio de Narabanchi, los pueblos de Agarthi a desfacer el entuerto en 2030? Así lo esperamos.

 

EL ACTUAL BOGD KHAN

 

 

 

 

 

 

 

 

NOTA

(1) Muchos lamas-tulku no son "emanaciones" sólo de un lama relevante o de un ser no-humano, sino de ambos.

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