
JOAQUÍN ALBAICÍN: HISTORIAS DE AGARTTHA: UN TEMPLO, UN HOMBRE, UN TALISMÁN (*)
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UN TEMPLO.-
Kharakhorum (hoy Kharkhorin, apenas un villorrio, un confortable hotel
-el Naran, 20 $ la doble en 1997- y un puñado de gers dispersas
en las cercanías del río Orkhon en cuyas aguas abrevara la caballería
nestoriana del Wang Khan Togrul) ha sido desde hace siglos el corazón
espiritual de Mongolia. La razón es que en este lugar, donde Chingiz Khan
fundara en torno a 1220 la capital de su imperio y se guardara el aceite con
que la Magdalena ungió los pies a Jesús, donde el maestro Guillermo de París
construyera para Mongke Khan un árbol de plata que manaba leche y miel y se
cocía el pan con harina del de la Última Cena, en este lugar hasta el que
peregrinaran los monjes desde Jerusalem por mandato divino, se alza el
monasterio tántrico de Erdene Dzu (1).
La fuerza telúrica y espiritual de Kharakhorum ha resistido los más
terribles golpes. Abandonada cuando Kubilai trasladó la capital a Pekín -pese a
lo cual le son atribuidos peregrinajes aquí por la tradición oral-, la antaño
capital del mundo fue arrasada por los manchúes, utilizándose sus restos para
levantar el monasterio de Erdene Dzu, que resume y concentra en sí, pues, toda
la tradición mongola. La construcción de Erdene Dzu se inició en 1586,
probablemente alentada por Altan Khan, instaurador de la dinastía de los Dalaï
Lamas en la persona de Sonam Gyatso, considerado tulku de Pagspa, el
lama que fuera consejero espiritual de la familia de Kubilai y, según la
tradición, "estuvo en Agarthi". De hecho, en Erdene Dzu -en
palabras de Ossendowski- también "vivió algún tiempo Pandita Khutukhtu,
que estuvo en Agarthi" y se manifestó en 1770 el mismísimo Rey del
Mundo (lo hará también unos ciento cincuenta años después en Narabanchi Khure,
del que los comunistas mongoles no dejaron piedra sobre piedra; en las mismas
fechas, en torno a 1930, asaltarán asimismo Erdene Dzu, dejando en pie sólo
tres de sus alrededor de trescientos templos).
La fecha de construcción del monasterio (1586) coincide, decimos, con la
muerte del Altan Khan que soñara con restaurar las glorias del imperio
chingizkhánida, mas Kharakhorum era ya lugar de culto muy antiguo para todo el
mundo turco-mongol, sin duda antes de que Chingiz Khan la fundara. De hecho,
Kharakhorum significa Trono Negro, lo que nos dice de un enclave
concebido como reflejo de la capital del Centro del Mundo, por lo cual su
relación con personajes vinculados al Agarthi no puede ser motivo de extrañeza.
Ya en el siglo VII fue capital de los uigures, a quienes desplazarían hasta
Kharakhot los kyrghyzes. Después lo sería de los kereyit, convertidos al
nestorianismo en torno al año 1000 y gobernados por el "Preste Juan"
Togrul. En Erdene Dzu, se conservan estatuas de bronce obra del Zanabazar que
en el siglo XVII estudió en Tíbet con el V Dalai Lama (ese Zanabazar que "vivió
algún tiempo" en Agarthi y "había visitado el Rey del
Mundo"). Merece la pena acampar en sus inmediaciones durante unos
días, tenderse boca arriba a contemplar el cielo sobre el manto de hierba bajo
el que, sentados en sus tronos, duermen la eternidad con sus caballos, sus
mujeres, sus siervos y sus armas los grandes paladines de la Horda Dorada.
UN HOMBRE.-
El legendario Dambin Jansang, a quien los mongoles rebautizarían como
Tushegun Lama ("Lama Vengador") y Dja Lama, nació de familia
nómada en algún lugar de los montes Altai en la década de 1870. Estudió desde
muy joven en lamaserías tibetanas, en India con yogis y en Pekín con maestros
chinos. Viajó mucho por Mongolia, donde fue extendiéndose su reputación de tulku
de Amursana, héroe que luchó en la zona occidental del país contra los manchúes
en la década de 1750. Este Amursana fue el caudillo kalmuko que envió a Urga,
al Bogd Khan, la Piedra Negra del Rey del Mundo: "Luego que Gushi Khan,
jefe de los kalmukos, terminó la lucha contra los gorros rojos, se llevó con él
la piedra negra milagrosa que el Rey del Mundo había regalado al Dalaï Lama.
Gushi Khan deseaba fundar en Mongolia occidental la capital de la región
amarilla, pero los olets (2) se hallaban en aquella época en guerras contra los
emperadores manchúes por el trono de China y sufrían derrota tras derrota. El
último Khan de los olets, Amursana, huyó a Rusia, pero antes de escaparse envió
a Urga la piedra negra sagrada. Mientras estuvo en Urga y el Buda Vivo la usaba
para bendecir al pueblo, ni la enfermedad ni las desgracias cayeron sobre los
mongoles; pero hace unos cien años, alguien robó la piedra sagrada y desde
aquel día los budistas la han buscado inútilmente por el mundo entero, porque
sin ella el pueblo mongol no puede ser grande" (3).
Acaso por ello, por saberse tulku de aquel mensajero del Rey del
Mundo, preciábase Tushegun Lama de ser el único hombre -tal vez quería decir el
único hombre vivo- que había visitado Agarthi (4):
-Sólo un hombre conoce su santo nombre (del Rey del Mundo), sólo un
hombre ha ido a Agarthi. Yo. Esta es la causa por la que el Santo Dalaï Lama me
distingue, y por la que el Buda vivo de Urga me teme. Pero en vano, porque yo
no me sentaré nunca en el santo trono del pontífice de Lhasa, ni atentaré
contra lo que nos ha sido transmitido desde Chingiz Khan hasta el jefe de
nuestra iglesia amarilla. No soy un monje, soy un guerrero y un vengador (5).
Idolatrado como combatiente, destacó como principal caudillo de la
revolución anti-china de 1911. Durante la toma de Kovdo, se dice que atacó la
ciudad desarmado y que sus ropas quedaron llenas de agujeros de bala. El Bogd
Khan, ante quien disfrutaba de "una posición casi independiente",
le nombró gobernador del Oeste, con capital en Kovdo, y le dio "el
mando de todas las tribus nómadas de la Mongolia occidental y de la Dzungaria,
extendiendo su dominio incluso a las tribus mongolas del Turkestán" (6).
En 1914, los cosacos tomaron Kovdo por sorpresa, hallando a Tushegun
Lama -dice la leyenda- sentado en su trono forrado con las pieles de los chinos
que había ordenado desollar. Permaneció encarcelado en Rusia hasta estallar
allí la guerra civil, cuando escapó y volvió a Mongolia, a reclutar y alzar en
armas a 10,000 jinetes en apoyo de su antiguo camarada de armas el Barón Ungern
fon Shternberg, jefe de la caballería del Bogd Khan en la guerra por la
independencia de 1911. Derrotado Ungern en 1921, Tushegun Lama se refugió con
sus seguidores en el oasis de Bayanbulag ("Fuente de la Riqueza"),
en el Gobi. Allí, en el desierto, edificó la ciudad fortificada de Tempei
Gyaltsen, que todavía Roerich viera, y un chorten de cuarzo.
Tushegun Lama, por su prestigio y fiereza, representaba un enorme
peligro para el gobierno ya filo-comunista de Sukhbaatar. De ahí que en 1922 un
agente llamado Baldan Doye fuese despachado al oasis para matarlo. Éste se
presentó a él haciéndose pasar por lama a quien el Bogd Khan enviaba para preparar
una revuelta. Fingiéndose enfermo, le pidió su bendición. Cuando Tushegun Lama
se acercó a su cama para impartírsela, le voló el pecho de un tiro. Acto
continuo, le cortó la cabeza, que llevó a Urga, donde, clavada en una lanza,
fue paseada por todo el país.
Se dice que su fantasma mora en el oasis. Muchos creen que un día
volverá para restaurar la vieja Mongolia.
UN TALISMÁN
Estamos de acuerdo con Guénon en que la representación exterior de la
jerarquía agártthica se remite en la tradición budista a las figuras del Dalaï
Lama, el Tashi Lama y el Bogd Khan, y en la cristiana a la Iglesia Nestoriana
(única facción cristiana que nombró un metropolitano para Tíbet ya en el siglo
VIII, habiendo incluso indicios de la existencia de un clero nestoriano local).
Mas, toda vez que nos encontramos ante una jerarquía externa, conviene
preguntarse si, cuando el Ungern de los últimos días envió una misiva al Rey
del Mundo demandando su ayuda, el destinatario de esta no fuera -como suele
pensarse- el Dalaï Lama, quien al parecer le contestó (7), sino, por el
contrario... ese "unico hombre que había visitado Agarthi", es
decir, Tushegun Lama, el taumaturgo "íntimo amigo y discípulo del
Dalaï Lama de Lhassa" que ante el Bogd Khan gozaba de "una
posición casi independiente" y cuya influencia "era
irresistible, pues se fundaba en el conocimiento de la ciencia misteriosa"
(sin duda, la "ciencia misteriosa de Om") y en "el
terror que inspiraba a los mongoles", pues "quien
desobedeciese sus órdenes, perecía" (facultad que nos recuerda la
omnipotencia e implacabilidad del Rey del Mundo). De sus propias palabras se
desprende que el Bogd Khan de Urga temía la eventualidad de poder ser
reemplazado por Tushegun Lama, como si estuviera convencido de que el lama
kalmuko poseyera mejor derecho que él para ser el líder espiritual de los
mongoles.
Como se informó a Ossendowski, la vía por que llegó a Mongolia la Piedra
Negra de Agarthi durante mucho tiempo custodiada en Urga por los Bogd Khanes
fue el pueblo kalmuko, algo nada raro, desde el momento en que: "Cuando
los olets destruyeron Lhasa, uno de sus destacamentos, recorriendo las montañas
del sudoeste, llegó a los límites de Agarthi" (8). En otro pasaje de
su obra, el ex-Ministro de Finanzas del Almirante Koltchak describe a los kalmukos
como uno de los pueblos de la Tierra a los que durante un tiempo fue concedida
la residencia en la morada del Rey del Mundo: "Aprendieron algunas
ciencias misteriosas y las trajeron a la superficie de la tierra. He aquí por
qué los olets y los kalmukos son tan hábiles magos y adivinos. Ciertas tribus
negras del Este se internaron también en Agarthi y allí estuvieron varios
siglos. Más tarde fueron expulsadas del reino y regresaron a la faz del planeta
poseedores del misterio de los augurios según los naipes, las hierbas y las
líneas de la mano. De esas tribus proceden los gitanos" (9).
Recordaremos, en calidad de dato periférico, que la historia, repleta siempre
de "coincidencias", deja constancia de cómo algunos autores, en
tiempos de nuestra aparición en Europa Occidental, conjeturaron que los gitanos
no éramos sino los dzungaros o kalmukos. En cualquier caso, las razones del
temor y respeto con que el Bogd Khan miraba a Tushegun Lama son claras: el
contacto de éste con Agarttha. De hecho, el Amursana de quien Tushegun Lama era
considerado tulku fue, como hemos dicho, el último khan de los kalmukos
y quien "antes de escaparse (de Lhasa) envió a Urga la piedra negra
sagrada".
Esa llegada de los kalmukos a Agarttha parece haber tenido lugar en
torno a 1639, cuando, desde sus dominios del Kuku Nuur, Gushi Khan entra con su
ejército en Tíbet para someter al rey Desi Tsanpa, valedor de los kadampa que
ha defenestrado a los gelugpa, y, en una segunda campaña, al rey de Kham
paladín de los bon, garantizando con su victoria sobre ambos la hegemonía del V
Dalai Lama y la reunificación del país por vez primera desde Langdarma. Fue en
aquella su segunda incursión, en torno a 1642, cuando ocupó Lhasa y, por tanto,
cuando, muy probablemente, "uno de sus destacamentos, recorriendo las
montañas del sudoeste, llegó a los límites de Agarthi".
Entre 1643-45, Gushi Khan hizo entrega al V Dalaï Lama de la soberanía
espiritual de todo el país y éste, en agradecimiento, ordenó construir para él
un palacio en la colina donde antaño se alzó el Yumbu Lagan, residencia de los
antiguos reyes de Tíbet: fue el punto de arranque del Potala. Sin duda que es
en esta ocasión cuando Gushi Khan, presumiblemente por mandato del Agarttha en
que sus hombres y acaso él mismo habían penetrado, retiró al Dalaï Lama la
Piedra Negra del Rey del Mundo, piedra que debía estar en poder de las
autoridades espirituales tibetanas con mucha anterioridad a la llegada -incluso
al nacimiento- del budismo, desde el momento en que ya la tradición narra el
descenso desde el Cielo de Cintamani, entre otros objetos propiciatorios
contenidos en una cesta que fue a posarse en lo alto del palacio del rey en los
días de reinado de Latho tori nantsan, uno de los primeros monarcas bon y
manifestación de Kuntu Tsanpo, principal "deidad" del Tíbet
pre-budista (10). Parece, en principio, descartable que se tratara de una
apropiación, en el sentido vulgar del término, desde el momento en que Gushi
Khan no sólo era considerado por sus contemporáneos como tulku de Chana
Dorje (Vajrapani, el boddhisattva de la Potencia) y de Padma Sambhava, sino
que, según el Kahgyur, incluso alcanzó el estado boddhisátvico. Además,
el V Dalaï Lama es tenido por uno de los más eminentes entre cuantos han
ostentado su dignidad.
Como destaca Sarat Chandra Das: "No hay registros acerca de la
introdución del budismo en Hor (Mongolia) por ningún pandit o asceta de India.
La primera luz del budismo llegó de Tíbet" (11). El introductor formal
del budismo en Mongolia en 1248, invitado a ello por el Khan Guyuk, nieto de
Chingiz Khan, fue el lama tibetano Shakya Pandit, quien dotara al pueblo mongol
de su primer alfabeto escrito y fuera conocido como "el segundo
Buddha", título que comparte con el indio Nagarjuna. Hizo el viaje
acompañado por su sobrino Pagspa, quien, según se dijo a Ossendowski, "estuvo
en Agarthi". Justo tras la muerte de Guyuk y Shakya Pandit en 1252 y
con la sustitución como consejero de éste por su sobrino Pagspa, el nuevo Khan
Mongke decide en el kuriltai de 1253 iniciar la cruzada mongola por la
liberación de Jerusalem, de inspiración nestoriana y cuyo máximo héroe será
Kit-Buja, descendiente por línea directa de los Reyes Magos, cruzada que dará
en buena medida cumplimiento en el plano histórico a los rumores difundidos
desde 1144 en torno a la llegada del Preste Juan.
Este Pagspa será también con el tiempo consejero espiritual de Kubilai y
predecirá la expansión futura del budismo por el mundo gracias a un emperador y
un lama que renacerán como tulkus de ambos. Un descendiente de Kubilai,
Altan Khan, invitará a Sonam Gyatso a Mongolia, lo identificará como tulku
de Pagspa al tiempo que a sí mismo como ídem de Kubilai e instaurará en él en
1577 la dinastía de los Dalai Lamas (aunque Sonam Gyatso contará como tercero,
pues era considerado en Tíbet el ya tercer tulku por línea directa de
Avalokitesvara en un linaje en el que había sido precedido por Gadundub
-sobrino de Tsong Khapa- y Gadun Gyatso). Fue el caudillo mongol Altan Khan
quien le concedió el título de Lama "Oceáno/Lago" (Dalaï/Tale
en mongol, Gyatso en tibetano). El linaje dalailámico se remonta, pues,
no sólo a la voluntad del boddhisatva Avalokitesvara de permanecer en
este mundo, sino que entronca también por sucesión directa con aquel Pagspa que
"estuvo en Agarthi" de quien el primer Dalaï Lama oficial fue tulku,
y también con los khanes kalmukos, quienes serán desde el siglo XVII
protectores del Dalaï Lama y guardianes de la Piedra Negra (12).
En cualquier caso, la Piedra Negra -saliese o no de Lhasa entonces-
quedó en poder de los khanes kalmukos, pues Gushi Khan se sentó en el Trono del
León, gobernando Tíbet sus descendientes hasta 1717, cuando otra rama kalmuka,
la de los celeuth, les hizo la guerra victoriosamente. A esta rama pertenecía
Amursana, último khan de los dzungaros, quien, derrotado, hizo llegar la famosa
Piedra Negra al Bogd Khan de Urga. La entrega debió tener lugar en 1757, cuando
Amursana huyó a Rusia ante el inminente y ya inevitable derrumbe del imperio
dzungaro ante los chinos (apuntemos que en 1688 el khan dzungaro Galdan había
permitido a sus tropas el saqueo en Kharakhorum del monasterio de Erdene Dzu,
lo que pudo desencadenar una pérdida de gracia y precipitar el fin del
imperio). Recordemos de paso que, si por su nombradía como guerrero Tushegun
Lama puede ser considerado el sucesor natural de los khanes kalmukos que
gobernaron el País de las Nieves, era, además, un tulku de Amursana,
último custodio entre ellos de la Piedra Negra de Agarthi.
En cuanto a dónde pudo ir a parar esta tras el derrumbe de la jerarquía
budista en Mongolia motivado por la toma del poder por Sukhbaatar en 1921,
digamos que el Bogd Khan podía preciarse de ser el depositario de, además,
otros dos talismanes de prosapia: el anillo de rubíes con la swástika de
Chingiz Khan y una placa de cobre grabada en Agarttha con el sello del Rey del
Mundo.
El arca que contuvo el anillo de Chingiz Khan (un cofre de madera no muy
grande en cuya tapa, sobre una placa dorada, hay grabado un dragón, animal
vigilante por excelencia) es, casi con toda seguridad, el que se halla expuesto
en una vitrina de la primera planta del Palacio de Invierno de Khutuhktu, hoy
habilitado como museo. Junto a él se exhibe una parte -explícitamente
mencionada por Ossendowski- de su contenido original: un pesado sello -nos
pareció que de hierro- con el emblema de Mongolia y, guardados en un pequeño
estuche, los sellos personales de Zanabazar, I Bogd Khan, heredados generación
tras generación por sus sucesores.
En cuanto a la placa de cobre, de procedencia agárthica, lo mismo que la
Piedra... ¿Quién la tiene en su poder? En el Palacio no descubrimos rastro de
ella. Puede que fuera destruida por los comunistas o entregada por estos a los
rusos cuando en 1924 murió el Khutukhtu y sus propiedades fueron confiscadas, a
no ser que, para evitar su caída en tan poco recomendables manos, el Buddha
Viviente -cuya extensa red de servidores no podía ser fácilmente desmantelada
por completo- la pusiese antes a salvo, lo que es tanto como decir que la
hiciese llegar al Dalaï Lama (si no a su lugar de procedencia: el propio
Agarttha, el Centro Supremo comprendido tanto desde su posición en el tiempo y
en el espacio como más allá de ambas categorías) .En este sentido, cabría
conjeturar que fuese devuelta a sus custodios tradicionales: los kalmukos, tal
vez a algún linaje de tulkus "emparentado" con Amursana y
Tushegun Lama.
De no haber sido esto logrado, quizá mereciese la pena ahondar en las
informaciones dadas por Alexandr Dugin acerca de una "logia" o
agrupación ocultista que en tiempos de Stalin fue constituida en Moscú por aparatchik
del PCUS, especialmente si tenemos en cuenta que el nombre de dicha
"logia" era... Agarttha. ¿Llegó a manos de sus miembros la reliquia
de que hablamos? ¿Tuvieron dichos individuos, al menos, conocimiento de su
existencia luego de haber sido la placa "confiscada" por el régimen
marxista-leninista de Ulan Baatar? ¿Fue el nacimiento de tal "logia"
consecuencia de esta apropiación? Nada preciso podemos afirmar al respecto.
Añade por su parte Richard de Grandmaison en un no muy sólido artículo
que Himmler habría encargado a Ernst Schaefer, jefe de la expedición de la
Ahnenerbe al Tíbet en 1938, la misión de dar con una misteriosa piedra en que
estaría escrita "la historia de la swástika" (sin duda, un
fragmento de la piedra Cintamani de Shambhala con la que los Bogd Khanes
mongoles escrutaban el destino). Según el autor del artículo, la encontró, y
"figura en los inventarios reunidos después de la guerra" y "guardados
hoy en Moscú" (13). Ernst Schaefer, que finada la contienda se
encontró con el Dalaï Lama a quien conociera niño en Lhassa, falleció el 21 de
Julio de 1992. Tal vez aclarase algo al respecto en las conferencias que sobre
su expedición pronunciara en Berlín. Desconocemos también el contenido de los artículos
aparecidos en el París ocupado en el diario Pariser Zeitung, firmados
por un tal "Walter Schrey" (acaso el propio Schaefer, quien firmó
como "Walter Hagen" Operación Bernhard y otras novelas sobre
sus actividades de espionaje pro-Eje)... Nuestra opinión es que nos parece
bastante improbable que fragmentos de reliquias de esta clase fueran entregadas
en Tíbet con tanta facilidad al primero que pasara por allí contando fantasías,
llamárase Ernst Schaefer o Nikolai Roerich ("mensajero de Shambhala"
que afirmó poseer un fragmento de la Piedra sin haber estado jamás en Tíbet y a
quien, por cierto, como él mismo honestamente reconoce en su obra El corazón
de Asia, el XIII Dalaï Lama denegó sin contemplaciones la entrada en el
país después de su visita a la URSS como embajador de "los
Mahatmas").
Añadamos, para finalizar, que entre los talismanes gitanos tradicionales
se cuentan dos "piedras" de entre las negras por excelencia: el
azabache y el imán.
NOTAS
(*) Este texto es una revisión corregida del publicado bajo el mismo
título en el nº 7 de la revista Letra y Espíritu.
(1) Ver el relato del viaje de Guillermo de Rubruck, en Juan Gil En
demanda del Gran Khan (Alianza, Madrid 1993).
(2) Olets es una defectuosa transcripción de oirats, uno
de los nombres de los kalmukos, también conocidos como dzungaros.
(3) Testimonio escrito conservado en la biblioteca del Bogd Khan en su
Palacio de Invierno en Urga, transcrito por Ferdynand Ossendowski en Bestias,
Hombres, Dioses (Ed. Dédalo, Madrid 1944) (Nueva traducción: En tierra
de demonios, Abraxas, Madrid).
(4) Utilizamos la acepción mongola -de creer a Guénon- para designar el
Centro o Morada del Rey del Mundo. La versión india, Agarttha, si bien no es
propiamente una palabra sánscrita, tiene acaso parentesco con dos voces
sánscritas: garta (que significa "agujero, fosa, sima"
y recuerda la "localización" subterránea de Agarttha) y agrahya
(que significa "inaprehensible" y nos habla de un
"lugar" de naturaleza espiritual, no palpable, accesible sólo a los
espiritualmente cualificados). En la acepción mongola, se aprecia la influencia
del mongol agüi ("caverna").
Por otra parte, se nos ha recordado un dato traído en su día a colación
por Jean-Pierre Laurant. En su Liber Memorialis, el autor latino del
siglo III Lucius Ampelius menciona un centro espiritual emplazado en las
Fuentes del Nilo: la ciudad de Agartus Oppidum, donde hay "una
estatua de brazos de marfil y portando una límpida esmeralda sobre su rostro; a
su vista, los animales quedan aterrorizados".
(5) Palabras citadas en F. Ossendowski, op. cit.
"Religión amarilla", "iglesia amarilla", etcétera, son
expresiones comunes en el Occidente del momento.
(6) Op. cit.
(7) Además, su emisario fue el príncipe Punzig, quien, según
Ossendowski, oficiaba como mensajero habitual entre Urga y Lhasa: "tuvimos
la buena suerte de tropezar con la caravana del joven príncipe mongol Punzig,
que iba en misión sagrada portador de un mensaje del Buddha vivo de Urga al
Dalaï Lama de Lhasa" (op. cit.).
(8) Op. cit.
Ya sabemos -por Guénon- que denominaciones como "negros",
"pueblo negro" o "cabezas negras" designan en
un contexto tradicional a pueblos vinculados al Centro del Mundo. Así etíopes ("cabezas
negras"), así kâlamukha (también "cabezas negras"
o, mejor dicho, "rostros negros", modalidad shivaíta de
ascetas errantes), así kale ("negros") o roma
(de la raíz sánscrita râma, "color oscuro") para designar a
los gitanos, así kharakhitan para los mongoles del Kyrghyzstán medieval,
así egipcios, chinos, caldeos y celtas (autocalificativos que, en las
respectivas lenguas naturales, nos remiten igualmente al concepto de "pueblo
negro")... Resulta interesante, en este sentido, la convergencia
fónica -aunque, obviamente, no etimológica- de kâlamukha con kalmukos.
Léase R. Guénon Kâla-Mukha y Los "Cabezas Negras"
en Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada (Eudeba, Buenos Aires
1988), obra recientemente reeditada por Paidós Orientalia.
(9) En romanó, "profundidad" es xoriben, lo que
etimológicamente recuerda claramente a Hor, antiguo nombre autóctono de
Mongolia (en romanó, la x se pronuncia como la j en castellano, e -ipen/-iben
es un sufijo característico de la lengua romaní).
(10) De hecho, el Centro del Mundo es referencia imprescindible de todas
las doctrinas tradicionales, y los Bon aseguran haber sido quienes
mostraron a los budistas el mapa de Shambhala con motivo de las justas
doctrinales libradas en el monasterio de Samye en tiempos de Tisron detsan,
entre Shanta Raksita y Padma Sambhava de un lado, y los dialécticos Bon
de otro.
(11) Sarat Chandra Das Tibetan
Studies (K. P. Bagchi & Company, Calcutta/New Delhi 1984).
(12) A esto hay que añadir la filiación tradicional y, pues,
"agártthica" en sí del propio budismo. Las apreciaciones de
Saint-Yves D´Alveydre acerca de la "traición" al Rey del Mundo de
Shakyamuni, ante quien las puertas del Agarttha se habrían cerrado, son a
nuestro juicio fruto de una defectuosa comprensión nada inhabitual en el mundo
de la videncia, cualidad que en ciertos aspectos parece que el francés manifestó
a ráfagas desde temprana edad. Según Ossendowski, el Rey del Mundo se manifestó
en Siam y las Indias en los días del primitivo budismo, lo que priva de sentido
a toda posible descalificación de dicha doctrina como "herejía" o
"desviación". Evidentemente, de igual modo en que Amitabha no puede
entrar en el nirvâna hasta cumplir su promesa de que hasta la última
brizna de hierba lo haya hecho antes que él, tampoco Shakyamuni podrá volver a
Agarttha hasta que esa misma misión, asumida avatáricamente por Siddhartha,
haya llegado a su conclusión.
(13) R. de Grandmaison Los magos que engañaron a Hitler, en Historia
y Vida nº 115 (Barcelona 1977).
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