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La
historia del descubridor del microbio
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El modesto genio
de Koch
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| Por
Miguel
Angel Sabadell.-
El 24 de marzo de 1882 se celebró en una pequeña
sala de la Sociedad de Fisiología de Berlín una reunión
trascendental. Allí se reunieron los más ilustres científicos-luchadores
contra las enfermedades de Alemania. Y entre ellos, el más
ilustre de todos: Rudolph Virchow.
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Todos estaban para escuchar la disertación de un
hombrecillo arrugado y con gafas que, con paso cansino, se acercaba al
estrado. Desde allí leyó con voz temblorosa las notas que había
garrapateado en unas cuantas cuartillas. Con una modestia admirable Robert
Koch expuso ante la brillante audiencia la sencilla historia del
descubrimiento del invisible microbio que mataba a una persona de cada
siete que morían.
Sin ningún
tipo de inflexión de voz típica de los grandes oradores, dijo que los médicos
del mundo entero podían conocer ya todos los hábitos del bacilo de la
tuberculosis, el más pequeño y más salvaje enemigo del ser humano. Koch
indicó también los escondites de este taimado microbio así como sus
puntos débiles y la forma en que podría ser combatido.
El
gran Virchow se había burlado del pobre Koch y sus bacilos patógenos
tiempo atrás
Al terminar su presentación, este pequeño gran
hombre que empezó a interesarse por el mundo de los seres diminutos
porque su mujer le regaló para su vigésimo octavo cumpleaños un
microscopio, se sentó a la espera del inevitable debate y discusiones que
este tipo de reuniones suele tener. De hecho, espera un duro ataque. El
gran Virchow se había burlado del pobre Koch y sus bacilos patógenos
tiempo atrás.
Sin embargo, sucedió lo
impensable. Nadie se levantó para discutir sus descubrimientos. No se
escuchó ni una palabra. Los ojos de los allí reunidos se volvieron hacia
Virchow, el zar de la ciencia alemana, aquél que con un simple
fruncimiento de cejas era capaz de arruinar cualquier idea sobre las
enfermedades. Pero Virchow no hizo nada.
Simplemente
se levantó, se puso el sombrero y salió de la estancia. No tenía nada
que decir. Koch había demostrado que los microbios son nuestros más
mortales enemigos. El mundo entero se revolucionó. Científicos de todo
el mundo viajaron para verle y el modesto Koch únicamente respondía:
“Este descubrimiento que he hecho no tiene, después de todo, demasiada
importancia”.
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