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Historia del Ajedrez
EL AJEDREZ

La denominación castellana de ajedrez, viene del árabe al-sitrany, pero las otras lenguas románicas utilizan nombres derivados de la raíz latina scacurm (proveniente a su vez de la voz iraní shah, sustitutiva de la india rajah), que dará scacco en italiano. Así nacieron el escac catalán (registrado en Barcelona en 1058), el escaque castellano (luego desplazado por la palabra ajedrez), el esches anglo-francés, el eschac provenzal (1100) y el eschec francés. Las raíces árabes se conservan también en el grito victorioso que se lanza cuando se da mate al rey contrario: al—shah-mat (“el rey está muerto”), cuya pronunciación (“al scacmat”) se ha alterado hasta convertirse en “jaque mate”.

Las reglas aplicadas por los contemporáneos de As-Suli (siglo X) se refieren al Juego Antiguo, por oposición al Juego Nuevo, que se impondrá hacia finales del siglo XV: el shah (antiguo rajá y futuro rey) se desplaza una sola casilla cada vez y en todas las direcciones (como hoy). El fiz o visir (antiguo general al que reemplazará la dama, con renovados poderes) se desplaza en diagonal una casilla cada vez. El rokh (futura torre), la pieza más poderosa, avanza en línea recta en todos los sentidos. El fil (antiguo elefante y futuro alfil) se desplaza en diagonal y puede saltar por encima de cualquier otra pieza. El faras (caballo) puede saltar sobre todos los obstáculos (como hoy). El baidaq (peón) avanza sólo en línea recta y captura en diagonal (como nuestro peón actual), pero no avanza 2 casillas en el primer movimiento, no «captura al paso» y no puede ser promocionado.

LA HISTORIA DEL AJEDREZ

Los Tiempos Antiguos.
El ajedrez nació fruto de la combinación
entre la chaturanga, juego indio de azar y guerra, y la petteia, juego griego de lógica y estrategia.

Pocos juegos han hecho correr tanta tinta, generado tantas leyendas o suscitado tanta curiosidad y pasión como el ajedrez. Su misma dispersión mundial, facilitada por el gran interés que genera, hace que el ajedrez se acomode a la cultura, el pensamiento y el lenguaje de los pueblos que lo adoptan.

Pese a que fue privativo de una élite durante largo tiempo, el ajedrez ha conseguido entusiasmar también a las multitudes. Criticado, cuando no censurado, por las autoridades religiosas, ha inspirado a poetas y escritores, ha sido musa de artistas y orfebres, combate el aburrimiento, cura la neurastenia, provoca la exasperación e impulsa al crimen. Y sin embargo, no es más que un juego, ¡pero un juego que fascina a los hombres desde hace siglos!

LOS ORIGENES

A pesar de que resulta difícil fechar con precisión la remota aparición del ajedrez, todas las hipótesis coinciden en situar su origen geográfico en la India muy probablemente en Cachemira.

La leyenda India.
Para el gran poeta persa Firdusi, el origen indio del ajedrez no ofrece duda alguna. En su Libro de los reyes (finales del siglo x), se hace eco de una antiquísima leyenda india. Según ella, el juego se inventó a raíz de la polémica planteada tras una sangrienta guerra de sucesión entre dos hermanos. Entonces, un consejo de sabios decidió reproducir la batalla en la que sucumbió uno de los pretendientes. Un enlosado de teca y marfil representaba el teatro de operaciones; sobre él, los sabios enfrentaron una serie de estatuillas que comprendía 2 filas de infantes y, tras ellas, dispuestos en forma simétrica a uno y otro lado del rey y de su general en jefe 2 elefantes, 2 carros y 2 caballos con sus respectivos caballeros. Los sabios atribuyeron a cada una de estas fuerzas el papel que les había correspondido en la batalla, y lo simbolizaron mediante desplazamientos sobre las casillas. Tales desplazamientos prefiguran los de las piezas del ajedrez: el general en jefe no se aleja de su rey más de una casilla; el elefante avanza cada vez 3 casillas, franqueando los obstáculos para observar el campo de batalla en su conjunto, mientras que el carro lo atraviesa rápidamente; el caballo o caballero se desplaza 3 casillas en diagonal, y a él le corresponde el efecto sorpresa y la contraofensiva. En primera fila, cada infante avanza en línea recta con pasos lentos) golpeando a derecha e izquierda.

Para corroborar su demostración, Firdusi recuerda la composición del ejército comandado por el rey indio Paurava en el año 326 a.C. Éste intentó oponerse en vano a las ansias de conquista de Alejandro Magno y le presentó batalla a orillas del Hidaspo, con 3.000 infantes, 4.000 caballeros, 200 elefantes y 300 carros. Tal ejército se designa con el muy antiguo término indio de chaturanga (de chatur, «cuatro, y anga, «miembros»), que alude a los cuatro cuerpos que lo integraban: infantería, caballería, elefantes y carros. Pero qué importa que se trate de una leyenda o de una evocación de hechos verídicos. Lo sustancial es que el ajedrez se ha instalado en la memoria humana como un juego de guerra y estrategia.

Los antecesores del juego.
Desde siempre, los hombres han jugado a juegos de mesa, consistentes, en su mayoría, en una persecución del adversario que progresa mediante tiradas de dados. Es el caso del senet, que utiliza 30 casillas y que ya se jugaba en Egipto tres mil años antes de nuestra era, o del juego de las 20 casillas, practicado en Oriente Próximo en la misma época. Junto a estos juegos, en los que la suerte es decisiva para la marcha de las piezas, los griegos se dedicaban en la Antigüedad a un pasatiempo muy diferente, la petteia.

La petteia.
Este juego de mesa de la Grecia clásica no se basa en el azar, sino en la reflexión y la estrategia. En vez de utilizar los dados para que los peones progresen sobre el tablero, los jugadores modifican una y otra vez su táctica, en función de la que adopte el adversario, para conseguir dicho objetivo. Una pintura sobre ánfora (realizada a principios del siglo VI a.C.) representa a Aquiles y Ayax disputando una partida de petteia. Es probable que en esa época ya se jugase en la India a la chaturanga, un juego en el que interviene la táctica, pero con apoyo de los dados, lo que implica un importante margen de azar.

La chaturanga.
Este juego se practicó en el norte de la India, sin duda, mucho antes del siglo VII de nuestra era, época en que su existencia está comprobada. Las piezas que utiliza corresponden a los 4 cuerpos del ejército: infantes caballeros, elefantes y carros. El desarrollo del juego, copia de la estrategia bélica del ejército indio, consiste en matar al rey enemigo, o bien en derrotar a su ejército para conseguir la victoria. La partida se disputa sobre un tablero rojo y verde con 64 casillas; en él, 4 jugadores libran batalla progresando con la ayuda de los dados. El componente de azar que implica la utilización de éstos confiere un considerable atractivo a la chaturanga, pues permite que participen jugadores con niveles muy desiguales.

El encuentro entre los dos juegos.
El ajedrez habría nacido como una combinación de la chaturanga, juego de azar y guerra y la petteia, juego de lógica y estrategia. La invasión de la India por Alejandro, en el siglo IV a.C., posiblemente favoreció la influencia del segundo sobre el primero y la fusión de ambos juegos. Poco a poco, de la chaturanga desapareció el uso del dado y, con él, la noción de azar. La reflexión reemplazó al imprevisible golpe de suerte, y los competidores mediocres quedaron marginados. Los participantes pasaron a agruparse por parejas, pues el juego se desarrollaba entre dos. En su nueva acepción, el término chaturanga pasó a designar un juego de ajedrez que se encaminaba hacia su forma moderna. Las rutas comerciales y las invasiones propiciaron que este juego se expandiese desde la India a Oriente y Occidente.

La expansión del juego en Oriente.
Entre los diversos países del mundo oriental siempre hubo un activo comercio. Por las rutas de la sal de las especias y de la seda circulaban de manera regular caravanas de negociantes al acecho de cualquier novedad susceptible de despertar interés y generar beneficios.Indirectamente, estos comerciantes favorecieron también la penetración de religiones y culturas de unos países en otros. En todos esos intercambios, China representó una etapa esencial hacia Extremo Oriente.

CHINA.

Muy pronto, entre el noroeste de la India y el norte de China se abrió una ruta comercial que atravesaba Cachemira, el paso del Karakorum y Turquestán. Así entraron en China el budismo y muchos otros elementos de la cultura india. Se conservan documentos chinos que mencionan la introducción del juego del chaquete a partir del siglo III. Aunque es muy difícil reconstruir con exactitud el camino seguido por el ajedrez parece verosímil imaginar que se trata de esta misma vía. Un argumento suplementario en favor del paso directo de la India a China lo proporcionan las semejanzas entre las primeras piezas de ambos países (carro, caballo, elefante y consejero). Sin embargo, algunos historiadores creen que el juego del ajedrez habría pasado por Irán antes de entrar en China.

IRAN.

En el Libro de los reyes antes citado, Firdusi se basa en textos anteriores para evocar la introducción del juego en Irán: en el siglo VI, el soberano indio Bevisara encargó a su embajador que ofreciera como presente al rey de Persia (Irán), Chosroes I (531-579), un precioso juego de chaturanga confeccionado con esmeraldas y rubíes. El embajador planteó a Chosroes I el reto de desentrañar la clave del juego. Todos los sabios del reino buscaron en vano la solución, hasta que uno de ellos no sólo explicó el sentido del juego y razonó su interpretación bélica, sino que además ganó la partida que disputaba con el embajador indio. Pronunciado en iraní el nombre del juego se convirtió en chatrang o ciatrang, y los iraníes se revelaron muy pronto como excelentes jugadores. Desde Asia, el luego llegó a las regiones occidentales por vías muy diversas.

EL MUNDO MUSULMAN.

Es el tiempo en que, obedientes al mandato de Mahoma (622), y después de haber sometido a la Arabia propiamente dicha, los árabes parten a la conquista de Oriente. La primera oleada los lleva a Siria (634), Mesopotamia o Irak (c. 636), Irán (c.638) y Egipto (c. 642). Luego se extenderían por el norte de África (c. 700/705). Durante la conquista de Irán, dirigida por el califa Omar, los árabes, muy dotados para la abstracción y brillantes matemáticos, se apropiarían del ciatrang, que ellos pronunciaban chatrandj, y pronto demostrarían una sorprendente habilidad en su práctica.

Un siglo y medio más tarde, bajo el reinado del califa abásida Harun al Rasid (766-809), Bagdad pasa a ejercer una considerable influencia. La corte del califa es un ejemplo para otros soberanos con los que aquél mantiene relaciones y a los que colma de regalos. El califa considera el tablero y sus piezas como objetos de gran valor, dignos de ser ofrecidos a quienes desea honrar, pues están confeccionados con materiales raros y adornados con piedras preciosas. Objeto de lujo para unos, el ajedrez pasa a convertirse en materia de estudio para otros. Los grandes jugadores desean comunicar su pasión y sus conocimientos del ajedrez.

Los escritos árabes. A partir del siglo VII, se encuentran descripciones del juego en obras árabes e iraníes. En efecto, el ajedrez suscita una abundante literatura que se difunde por los países bajo dominio musulmán. Resulta imposible citar aquí todos los escritos de la época que lo mencionan. Baste destacar el Libro del ajedrez de Al-AdIi (842), y el primer tratado de ajedrez digno de tal nombre (c. 890), obra de Abul-Abbas, médico de Bagdad. En cuanto a As-Suli, que explica los movimientos de las piezas tal como los practicaban sus contemporáneos, su manuscrito (siglo X) será referencia obligada durante seiscientos años.

En el Libro de! ajedrez de Al-Masudi (934) aparece la célebre leyenda que atribuye la paternidad del juego al sabio Sissa ben Dahir. He aquí su esencia: deseoso de distraer a su soberano, aquejado de profundo aburrimiento, el sabio Sissa concibió el juego del ajedrez. Absorto en este sutil ejercicio, el rey se curó de su melancolía y, ansioso por recompensar a Sissa, le prometió concederle cuanto pidiera. «Trigo», respondió el sabio. «¿Cuánto?», le preguntó el rey, felizmente sorprendido por la modesta respuesta. «Me conformo, le contestó Sissa, con un grano de trigo en la primera casilla, 2 en la segunda, 4 en la tercera, 8 en la cuarta, y así en las siguientes, doblando el número de granos en cada casilla, hasta la última.» El rey jamás pudo cumplir su palabra: hubiera tenido que depositar 18.446.744.073.709.551.615 granos sobre el tablero, lo que exigiría sembrar de trigo todas las tierras del planeta durante setenta y seis años!

Esta leyenda ilustra perfectamente la progresión geométrica de los números, y subraya al mismo tiempo las virtudes terapéuticas del juego. Las mismas virtudes, y otras añadidas, que celebraron los poetas, como el califa de Bagdad, que en 1038 escribió:

..."¡Oh tú!, que censuras con cinismo
Nuestro juego favorito y de él te burlas,
Sepas que es pura y sutil ciencia.
Él disipa la aflicción extrema.
Reconforta al enamorado inquieto.
Y aparra al bebedor de los excesos.
Si acecha o amenaza el riesgo
Aconseja en su arte al guerrero.
Él nos presta compañía
Cuando nos domina el tedio...


Virtuosos maestros en el arte del ajedrez los conquistadores árabes siempre incluyen el tablero en su equipaje. Así, se convierten en uno de los instrumentos para la difusión del juego por el mundo occidental.

La expansión por la Europa medieval.

Los sarracenos —así llamaban los cristianos de la época a los árabes— se despliegan por el norte de África e invaden luego el sur de Europa. Pronto dominan España, Portugal y el sur de Francia Llegan incluso hasta Poitiers, donde Carlos Martel frena su avance en el año 732. Llevan consigo su religión, el islam su floreciente cultura, sus poetas sus astrónomos, sus matemáticos y sus jugadores de ajedrez.

EN EUROPA MERIDIONAL.

Antes de que los primeros cruzados favorezcan a su regreso a Europa la expansión del juego, que han aprendido de los turcos los árabes de España ya incluyen el ajedrez entre las materias que enseñan en sus universidades.

En España. Influidos por los maestros árabes, los cristianos y los judíos se interesan por este entretenimiento nuevo para ellos. Los textos más antiguos que se conservan son el testamento de Ermengol I —conde de Urgel, muerto en combate contra los árabes en Córdoba el 1 de septiembre de 1010—, que lega sus «piezas (de ajedrez) al convento de Saint-GilIes y el de Ermesinda, condesa de Barcelona y cuñada del anterior, que en 1058 cede sus piezas de cristal al mismo convento de Niza.

En el momento de la reconquista de la península Ibérica por los cristianos, los judíos de España desempeñan un importante papel cultural y, gracias a su capacidad para hablar y escribir varias lenguas, son el lazo de unión entre el mundo cristiano y el musulmán. También contribuyen a la difusión del ajedrez, un juego al que se entregan con entusiasmo tanto hombres como mujeres, ambos muy aficionados a los juegos de mesa, El ajedrez es incluso el único fuego permitido durante el sabbat, siempre que no medien apuestas. En los períodos turbulentos, cuando los rabinos prohíben todos los juegos, el ajedrez es el único que se salva.

Apenas quedan manuscritos de esa época. Un poema hebreo, atribuido al rabino español Abraham ben Ezra (1088-c. 1167) y traducido e impreso en latín tres siglos después, describe el movimiento de las piezas. A principios del siglo XII, Petro Alfonsi, judío converso y médico en la corte de Alfonso VI de Castilla, publica la Disciplina clericalis. La lista de las siete «disciplinas de la caballería» que en ella presenta incluye el ajedrez.

En Francia y Alemania. Como el latín es la lengua hablada en toda la Europa cristiana y las gentes viajan las ideas se propagan, las modas se difunden y el ajedrez se beneficia de estos intercambios. En la corte del rey francés Roberto el Piadoso (970-1031), es un juego muy apreciado. Un pasaje del Ruodlieb, poema escrito en 1030 por un monje de la alta Baviera refleja el interés que el mismo rey siente por él: éste invita a jugar al ajedrez al embajador de Enrique II emperador del Sacro imperio romano germánico, que teme disgustarle si lo gana.


EL NOMBRE DE LAS PIEZAS.

Los nombres de las piezas se fijan durante el Renacimiento. Así, el rey (roi en francés) re en italiano, könig en alemán, king en inglés), el caballo (cavalier, cavallo, springer, knight) y el peón (pión, pedone, bauer, pawn) sustituyen al shah, el faras y el baidaq
La dama ha seguido un camino más tortuoso. En la India, es el general (aparzen) quien ostenta el mando supremo. En Irán, donde el shah no delega el poder el sentido del nombre evoluciona, y el general se convierte en consejero o sabio, el farzin. Este se transforma en firzan, y luego en fir, fers y fierge, y de ahí en virgo o virgen, que dará en castellano dama (dame en francés, regina en italiano, dame en alemán, queen en inglés).
El rokh, término árabe que designaba al carro, es sustituido por el de torre (tour en francés, rocca o torre en italiano, turm en alemán, rook en inglés). Sin embargo, el rokh original aún persiste en el verbo enrocarse.
El elefante, al-fil, se conserva tal cual en castellano y dio origen al alfino italiano y al aufin francés, reemplazado más tarde por fou (“bufón»). El papel desempeñado por la pieza propiciará una diferente evolución fonética en inglés y alemán, idiomas en los que el al-fil pasará a llamarse, respectiva mente, bishop (obispo) y laufer (mensajero).


Nota: Tomado del “Larousse del Ajedrez”. Páginas 12, 13, 14, 15, 16 y 21
· APERTURA NUMÉRICA:
¿Cuántas jugadas posibles existen en la primera jugada de ajedrez en total, es decir, considerando todas las jugadas que pueden hacer las blancas primero y las posteriores respuestas de las negras?
No es un problema extremadamente complicado, pero si no tenéis bastante con esto, entonces podéis calcular el número de jugadas de que disponen las blancas en la segunda jugada, etc.


· LA PIEZA UNIFORME:
¿Cuál es la única pieza del juego del ajedrez que siempre, es decir, desde cualquier casilla del tablero (si no hay obstáculos) dispone del mismo número de movimientos o casillas posibles?



· PIEZAS INTOCABLES:
Probablemente conozcáis el problema de las ocho damas, es decir, situar ocho damas sobre el tablero escaqueado de manera que no puedan amenazarse o comerse entre ellas (si no lo habéis probado nunca a hacer es, al menos, entretenido).
Lo mismo podría plantearse con ocho torres, pero en este caso, es muy sencillo de hallar.
Yo quiero plantear, ahora, una variante con las otras piezas menores, los alfiles y los caballos.
· ¿Cuántos alfiles (de casillas blancas y negras a la vez) podemos situar como máximo en un tablero de ajedrez sin que se coman o se amenacen entre ellos? ¿Cómo?
· ¿Cuántos caballos podemos situar como máximo en un tablero de ajedrez sin que se coman o se amenacen entre ellos? ¿Cómo?

· EL REY VIAJERO:
¿De cuántas formas diferentes puede desplazarse el rey blanco desde su casilla inicial (e1) hasta la posición del rey negro (e8) empleando sólo siete pasos?

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