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El
Jilguero de Cienfuegos
Siempre
que se habla de géneros en la música cubana hay que hacerlo con mucho
cuidado, porque el intercambio entre ellos ha sido y es enorme. Por tanto,
no diré que Inocencio Iznaga es uno de los principales intérpretes de
punto guajiro, sino de música campesina, que abarca un espectro mucho más
amplio.
Al principio no fue así. Mientras que en Oriente y La Habana (los grandes
polos de nuestra cultura) se desarrollaba una música más mestiza, en
Pinar del Río y Las Villas, provincias con mayor presencia de población
blanca, se instalaba el punto guajiro en sus múltiples variantes.
En su Discografía de la música cubana, Cristóbal Díaz Ayala
comprueba con cierto asombro que durante las tres primeras décadas del
siglo XX la presencia en discos de la música campesina era mucho más
importante de lo que sería en años posteriores. Y aunque desde el inicio
había cantantes negros, la mayoría eran blancos, como españolas eran
las tonadas, emparentadas con la música canaria, el galerón margariteño
venezolano o el trovo de la Alpujarra.
Durante muchos años, el punto guajiro conservó un alto grado de pureza,
entre otras cosas porque sus protagonistas no tenían oportunidad de
escuchar otras formas musicales.
Con la irrupción de la radio, primero, y la televisión, después, los
campesinos comienzan a tener acceso a otros géneros más vitales, como el
son, que marca definitivamente a la música campesina de las provincias
mencionadas.
Es en este contexto que hay que entender la que compone y canta Inocencio
Iznaga, más conocido como el Jilguero de Cienfuegos. Y ya que estamos
inmersos en la terminología heráldica cubana, tan recurrente en nuestra
música (el Bárbaro del Ritmo, el Guapo del Bolero, etcétera), no es del
todo incoherente afirmar que nació en la Perla del Sur, específicamente
en Arimao. Con la fecha no puedo ser tan preciso, ya que las tres fuentes
consultadas ofrecen datos dispares. Todas coinciden en el año, 1930, pero
mientras que Tony Évora menciona el 19 de diciembre, Helio Orovio
prefiere el 28 de octubre y María Teresa Linares el 29 de diciembre. Dada
la dedicación de esta musicóloga al tema campesino, acaso sea la más
fiable.
Inició Iznaga su carrera artística a muy temprana edad. A los 13 años
ya cantaba en emisoras de la provincia.
Se traslada a La Habana en 1948 y pronto es elegido Príncipe del Punto
Cubano (seguimos con la heráldica). Comienza a presentarse con el grupo
de Modesto Morejón en emisoras de radio de la capital. Algún tiempo
después inicia una relación sentimental con Martica Morejón, quien sería
su eterna compañera de aventuras, tanto sentimentales como musicales.
A partir de 1959 se instala, junto con un selecto grupo de intérpretes,
en lo que podríamos denominar el podio de la música campesina, que
comparte con Celina, Reutilio, Radeunda Lima, Coralia Fernández, Ramón
Veloz y Justo Vega. De todos ellos, es el único negro.
Aunque nunca ha abandonado del todo sus raíces y, cuando se lo propone,
puede ser un recio controvertista, la música que más frecuenta el
Jilguero es una mezcla en la que intervienen no sólo el son y la
guaracha, sino incluso formas de otros países iberoamericanos como el
porro puertorriqueño o el vallenato colombiano. Lo interesante, desde el
punto de vista musical, es que a pesar de la inclusión de percusiones y
de ritmos diferentes, nunca pierde su típico sabor campesino. Como ocurre
con Celina, cuando interpreta sones o guarachas no estamos escuchando a un
sonero de origen campesino, sino a un campesino villareño que interpreta
son. Lo mismo ocurre con sus letras (ya sea las que escribe o las que
adopta), deliciosas muestras de una forma de humor campestre, aunque no
bucólico.
Es interesante observar que mientras la música urbana incorpora desde
temprano las formas del habla popular, la música campesina siempre ha
pretendido el ejercicio de un castellano "correcto" que el
Jilguero incluso exagera con la pronunciación de unas sonoras erres que
forman parte de su inconfundible estilo: "¡...qué bárrrbaro!",
tan diferente de las erres cubanas, que se atenúan hasta convertirse en
eles o desaparecer, absorbidas por las consonantes colindantes: "¡...bábbaro...!"
También forma parte de su estilo un optimismo, una alegría, una
vitalidad que, reforzados por su potente voz y el humor de sus canciones
provoca siempre la sonrisa, aunque, creo, sin la descomunal fuerza que
caracteriza a Celina. Otro de sus atributos, no muy frecuente en la música cubana, es la ironía, una ironía que logra momentos esplendorosos en ciertos momentos, como en el punto cubano Siempre riendo, con letra del propio Iznaga y música de Chanito Isidrón. Se trata de una pieza evidentemente humorística que dice: Mi
vecino Chicho Mata Un
tipo tonto montó
En su interpretación, el Jilguero fuerza la risa (ja, ja, ajá, ja, ja,
ajá) de forma tan sobreactuada que lo que podría parecer un defecto se
convierte en sarcasmo. Este tipo de énfasis es común en el punto
guajiro, en el que también se imita el sonido de la guitarra (guambám,
guambán) u otros sonidos onomatopéyicos, como los emitidos por los
animales domésticos, en los que Iznaga es un experto.
Durante mucho tiempo, la música guajira ha sido despreciada por el público
urbano y confieso mi participación en ese disparate. No se puede
comprender la música cubana en su conjunto sin conocer un poco, al menos,
su vertiente campesina; una forma llena de riquezas, tanto musicales como,
sobre todo, en las letras. En ambos sentidos, el Jilguero de Cienfuegos,
alias Inocente Iznaga, es un rotundo ejemplo. Tomado de: Encuentro de la Cultura Cubana
www.cubaencuentro.com
Escrito por: Joaquín Ordoqui García, Madrid
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