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La Escuela de Las Villas
La crisis económica y la lucha
antimachadista gestaron una revolución en el pensamiento y la obra de la
intelectualidad cubana que satisfizo las expectativas más exigentes. El movimiento de arte primitivo en Las
Villas, que más tarde se conocería como "la Escuela de las
Villas", coincide en el tiempo con esta llamada "década crítica". La fundación en 1922 del Ateneo de
Cienfuegos, proporciona un despliegue cultural acompañado de frecuentes
intercambios con la capital y el extranjero. Esta institución, que contaba con una
sección de artes plásticas bastante autónoma, patrocinaba numerosas
exposiciones de artistas locales, nacionales y extranjeros. Vinculados al Ateneo, durante la década
del veinte se destacan la pintora Blanca González, con su actividad
docente, y el dibujante Enrique Riverón, primero en reflejar en su obra
tanteos e influencias cubistas. El pintor y maestro español Alfredo
Meane López, llegado a Cuba por esa época, fue un verdadero promotor del
arte. Con su actividad artística y educativa consigue aglutinar
verdaderos talentos del centro de la Isla. Aupó a figuras que se
convertirían más tarde en pilares de la plástica nacional, como el
pintor Eduardo Carbonell, el escultor Mateo Torriente y el gran dibujante
y caricaturista Juan David Posada. Años más tarde, en 1934, fundó la
Primera Asociación de Artistas Plásticos cienfuegueros con el nombre de
"Círculo de Bellas Artes". En 1931 se produjo un hecho sin
precedentes en la plástica cienfueguera. El también español Gabriel
García Moroto, inaugura una Escuela de Acción Artística que fue un foco
de ideas estéticas para los artistas locales. Su repercusión tuvo altas
dimensiones a pesar de su corta duración. Su carácter antiacadémico
permitió a los discípulos una mayor libertad expresiva, vinculándolos a
las nuevas técnicas y contenidos de la vanguardia. Mientras esto ocurría en Cienfuegos, en
1937 Eduardo Abela fundaba en La Habana el Estudio Libre para Pintores y
Escultores. Se estrecharon entonces los lazos ya existentes entre los
artistas cienfuegueros y los de la capital. Entre el 5 y el 24 de febrero
de 1938, se expuso en el Ateneo una muestra de las obras realizadas por el
estudio habanero, que contribuyó a enriquecer los conocimientos de los
creadores locales. Mateo Torriente, recién llegado de
Europa, quien había visitado allí los más importantes museos y conocido
a artistas de la vanguardia europea, se relaciona estrechamente por esa época
con Samuel Feijóo. En 1940, por iniciativa del dúo
Torriente-Feijóo, surge la Academia del Bejuco, escuela libre de arte,
con sede en el estudio de Mateo, que funcionó bajo su dirección y con la
fuerte colaboración de Samuel. En ella se congregó un grupo entusiasta
de hombres y mujeres con intereses e inquietudes artísticas, salidos de
lo más humilde de nuestro pueblo, que predicaban una estética criolla.
Así comenzaron a aparecer los mitos populares en dibujos y acuarelas. El arte tuvo allí un sitio seguro. El
espíritu investigador de Feijóo estuvo presente en estas reuniones.
Visitaban, disfrutaban y recreaban el entorno natural de la ciudad y sus
alrededores, que luego reflejaban en sus obras, insuflándole imaginación
y originalidad. Recogieron las leyendas y mitos del campesinado
conservados a través de la tradición oral. Sin la labor de entrega realizada por
Torriente y Feijóo, sin su vasta cultura, rigor y creatividad, habría
sido imposible el surgimiento y desarrollo de esta primera promoción de
artistas primitivos entre los que sobresalieron Isabel Castellanos, Ángel
Hernández, Juan Vada, Horacio Leyva, Antonia Ñika Hernández, el
propio Samuel y Benjamín Duarte –su principal exponente–, entre
otros. Sus singulares manifestaciones plásticas,
caracterizadas por su profunda cubanía y sabor criollo, parten del naïf
surrealizante, del primitivismo cargado de folklore y de complejidades
vanguardistas. A finales de 1957 o principios del 58, se
estableció en Santa Clara otro grupo de artistas primitivos liderados por
José Seoane, que llegó a tener un estilo muy propio pero no el carácter
colectivo de su homólogo sureño. Samuel Feijóo, desde el departamento
folklórico de la Universidad Martha Abreu (hoy Universidad Central), y
enterado de la existencia de estos artistas, comienza a interesarse por
ellos; contacta con sus miembros y realiza el fructífero trabajo de
unirlos al grupo de Cienfuegos en lo que se conoce como la Escuela de Las
Villas. Para divulgar y estimular la obra de la
institución, funda y dirige la revista Signos. En sus páginas se
recogió el trabajo de estos creadores de los cuales Feijóo se hizo eco y
cómplice durante toda su vida. Tomado
de: Encuentro de la Cultura Cubana
www.cubaencuentro.com
Escrito
por: Lázaro Chávez Armenteros, Madrid
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