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Mercedes Matamoros La Ofelia que lanzó sus alas al vuelo Por: CARY VIERA Tiene solo siete años de edad cuando muere su madre, y el padre marcha
con ella a la villa de Guanabacoa. Allí vive hasta el adiós final, el 25
de agosto de 1906, cuando le acompañan algunos amigos y Antonio Comoglio,
aliento de sus últimas letras. Había nacido el 13 de marzo de 1851 en
Cienfuegos.
José Martí Ofelia fue el seudónimo que eligió al iniciar su carrera literaria. Con
notable éxito, gracias a una vasta cultura y al dominio de varios
idiomas, tradujo al español obras de grandes poetas ingleses, irlandeses,
franceses y alemanes. Hacia 1879 su poesía alcanza gran reflejo en la
prensa cubana y es también incluida en revistas de Europa y Sudamérica.
De esa época son sus poemas Sensitivas: "Yo la encontré del
monte en la espesura / entre abrojos y zarza confundida, / y al tocarla,
plegó sus blandas hojas / la tierna sensitiva(...)." Mientras, prestigiosos críticos y las más importantes publicaciones
de la época, en la Isla, loan tanto la profundidad de sus ideas como la
bella forma de sus versos y aseguran que sus sonetos tienen pocos rivales
en la lengua castellana. Amor, desengaño y muerte son constantes de la mayor parte de su obra,
apuntan sus estudiosos. En esa tendencia se señala la influencia de los
maestros universales de la poesía romántica, pero tal vez la vida hizo
lo suyo, imponiéndole a destiempo el dolor. Creció física e intelectualmente durante la segunda mitad del siglo
XIX, etapa de consolidación de la cultura y la identidad nacionales, y de
las guerras por la independencia de la Patria. Fue contemporánea de Julián
del Casal, Juana y Dulce María Borrero, Enrique José Varona, y del Héroe
Nacional José Martí, quien escribió sobre un abanico de la poetisa
hermosos versos, dedicados a ella. María de las Mercedes Dolores Matamoros y del Valle, con los cabellos
sueltos y un lazo azul en la cabeza, en señal de cubanía, estuvo entre
el público del teatro Villanueva la noche del 22 de enero de 1869,
cuando los cubanos allí presentes hicieron sentir su apoyo a la lucha
independentista que se libraba en la Isla desde el 10 de octubre de 1868.
Existen testimonios de que, durante los diez años que duró la guerra no
publicó nada, para no hacerlo en medios favorables a la metrópoli. Y, en
la triste hora de Dos Ríos, fue de los primeros en rendir lírico tributo
al Apóstol. En sus rimas late el drama de los aborígenes barridos por la
colonización; el del cimarrón asesinado, para quien no desea la
resurrección si es para que vuelva a ser esclavo, y el fervor por la
Patria. Significativamente dedicó sus Siemprevivas a los ocho
estudiantes de Medicina fusilados el 27 de noviembre de 1871. No siempre la realidad permite a la poetisa el libre vuelo de la
imaginación; penosos avatares atan sus alas. El padre pierde la razón, víctima
del caos financiero que en 1884 le deja sin empleo ni caudal, y Mercedes,
a quien la estrechez económica no abandonará ya más, consagra sus horas
a cuidarlo hasta que él muere, en 1893. En su retorno a la poesía se presenta desafiante. En carta a un amigo
critica la hipocresía que obliga a la mujer a "leer en secreto lo
prohibido" y confiesa que ella se ha lanzado "a escribir cada día
con mayor libertad". Razones tiene: El último amor de Safo,
poemario publicado en 1902 en su breve libro Sonetos, hace ahora un
siglo, marca el giro; pero ha debido excluir los versos de "La
Bestia": "(...) nuestro lecho, Faón, he preparado, / ¡de mi
pecho el volcán se ha desbordado! / ¡De la fiebre fatal ya siento frío!
/ (...) Es el amor que humilla y que deprava¡ / ¡No importa! Lleva a
Safo entre tus brazos / donde loco el placer la rinda esclava!
(...)".
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