RUBEN

 

¿Cómo podría librarme de ella?

Hacía meses que me atormentaba con su insistencia, no se despegaba de mí lado ni de día ni de noche. Es como una obsesión. Nunca se deja ver, pero yo sé que siempre esta allí, detrás, acechándome. Solo cuando duermo estoy seguro; cierro los ojos e intento no pensar en ella aunque a veces también en sueños tengo que soportarla.

Siempre había sucedido lo mismo, pero hasta hace poco no me daba cuenta de la necesidad de librarme de ella, quiero estar solo, sin compañía, quiero moverme libremente y hacer lo que me venga en gana, sin necesidad de llevar un lastre que vigile mis movimientos, todos mis pasos son seguido por ella, no hay momento de descanso, nunca se queja, ni me habla, ni sonríe; pero allí esta siempre. Es como un espíritu insatisfecho, persiguiéndome hasta que un día consiga volverme loco.

¿Por qué no me deja en paz?

Mi psiquiatra me aconseja que no me atormente por ello, que no es mala y no puede hacerme ningún daño. Simplemente ahí está. Con ella nunca me sentiré solo; eso es lo que me dice D. Alberto.

El cree que no debo preocuparme por esto, dice que es insignificante. Creo que piensa que estoy loco, el lo llama "pequeños desequilibrios", pero sé, que en el fondo, piensa que estoy perdiendo la cabeza.

El es el que está desequilibrado: con ese tic en el ojo derecho y esa manía de poner todo en orden, aunque ya lo esté.

Pero yo, yo quiero estar solo, no necesito compañía, solo necesito soledad para estar conmigo mismo.

Hace tiempo que voy reduciendo mi círculo de amistades. Solo busco tiempo para pensar; para pensar y para olvidar aquel terrible accidente de automóvil.

Ibamos por la carretera nacional con destino al aeropuerto. Pensábamos disfrutar unas magnificas vacaciones en una de las islas, cuando algo se cruzó en la carretera, obligándome con ello a girar el volante hacía la derecha. Había un terraplén por el que el vehículo comenzó a rodar. Las maletas rígidas nos golpeaban con fuerza la cabeza y parecieron pasar horas en vez de segundos.

Finalmente caímos en una laguna; el coche había quedado volcado y se iba sumergiendo. Poco a poco fue entrando agua por las ventanillas; cuando se hubo llenado, desabroché el cinturón de seguridad e intenté salir por una de ellas. El agua se enturbiaba a medida que iba buceando hacia la superficie, descubriendo que era sangre que brotaba de una herida que debía haberme hecho en alguna parte del cuerpo. Miré hacia abajo y pude ver una silueta que subía lentamente detrás de mi. Pensé, satisfecho, que mi amigo también había logrado salir del coche. Le hice señas con la mano, para que no se demorase y saliese a la superficie lo mas rápidamente posible. En unos momentos pasaron por mi mente diversas imágenes de mi vida; mis amigos, mi familia, mi trabajo. Fueron segundos, pero ahora lo que me preocupaba era que a Rubén le diese tiempo suficiente para salir. Volví a mirar para abajo pero sólo conseguía ver su silueta, luchando por salir. Cuando pude respirar noté que cada vez sangraba mas la herida pues había todo un cerco alrededor de mi cuerpo de color rojo. Como pude llegué a la orilla y allí me desvanecí.

Me desperté en el hospital a los dos días. Había perdido mucha sangre y tenía una herida en la cabeza bastante considerable. Pregunté a la enfermera por mi amigo. Me contestó que no me preocupase en esos momentos por el y que debía recuperarme. Volví a preguntar a otra enfermera y me dijo lo mismo.

A la semana me dieron el alta médica y todavía no había podido saber nada de él. La casa de Rubén me cogía de paso hacia la mía, así que hice una parada para preguntar a su madre por el. Llamé a la puerta y me abrió su hermana, con cara demacrada y lágrimas en los ojos me contó lo sucedido: Rubén no pudo desabrochar su cinturón de seguridad pues se quedó inconsciente con los golpes y murió ahogado.

No podía comprender nada, yo había visto una silueta subiendo hacía la superficie, era el, le hice señas para que se diese prisa.... y me dicen que no pudo salir del coche...¡no es verdad¡, ¡me están engañando¡. Yo le vi..

Él había sido mi mejor amigo desde la infancia, habíamos jugado juntos, estudiado, viajado, vivido, siempre juntos; incluso llegamos a enamorarnos de las mismas chicas.

Y ahora me decían que el no estaba. No podía ni quería creerlo...

Desde entonces quiero estar solo el máximo tiempo posible. Quiero reír solo, llorar solo, pensar solo...

Por eso me atormenta ella: no me deja respirar, nunca cesa en su intento de estar presente en todos los momentos de mi vida, me sigue y persigue insistentemente, me atosiga y me ahoga. A veces apago la luz para no verla, pero siento sus latidos, oigo su respiración...y sus pasos..

La odio, no quiero volver a verla nunca mas.

Don Alberto me dice que no es mala, que me acostumbre a ella, pero es superior a mis fuerzas, es como una pesadilla de la que nunca me despierto.

¿Su nombre?

¿Me preguntas por su nombre?

SOMBRA, ella se llama SOMBRA....

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