David Delfín |
1.
INTRODUCCIÓN.
La culminación de
voluntades que supuso la recuperación de la fiesta del carnaval
en Málaga en febrero de 1980, entre otros importantes logros
ciudadanos (muy unidos todos a la recuperación de la Libertad y
las instituciones democráticas) consiguió además abrir las
puertas (cerradas durante demasiados años) de nuestra tradición
de cantar coplas de carnaval dentro de las múltiples
manifestaciones de nuestro variado acervo cultural andaluz. Con
la canción popular (en la mayoría de los casos, anónima y
oral) el cante flamenco y con la copla andaluza, la expresión
lírica carnavalesca se nutre de los elementos artísticos más
variados y que son el alma de cualquier cancionero tradicional:
vivencia, autenticidad, originalidad, tragedia, narración
lírica, humor, etc..., siendo estas manifestaciones culturales
distintas expresiones de una misma tradición cantada que tiene
sus raíces en la experiencia de la vida, reflejo ya sea de un
autor conocido o anónimo, y donde la copla de carnaval se
reviste para ser a un mismo tiempo canción popular y cante
flamenco y copla andaluza.
Es la observación
cuidadosa que he mantenido desde 1980 sobre la evolución de la
fiesta, la recopilación de documentos, libretos de coplas y
grabaciones, la que me permite exponeros un planteamiento
personal que quizá complemente los estudios que sobre el
folklore malagueño han realizado importantes historiadores
durante al menos el último siglo y donde muy pocas han sido las
referencias a la celebración del carnaval en Málaga y su
provincia. Cierto es, que en épocas anteriores (fines del siglo
XIX y principios del XX hasta 1936) los documentos conservados
han sido escasos: fotografías, algunas reseñas en la prensa
local, libretos en medida de octavo con la impresión de aquellas
coplas, y especialmente, los recuerdos orales de nuestros
mayores, lo que unido a un preclaro desinterés de estos
historiadores por discernir las formas y el contexto de
celebración popular del carnaval de entonces, han hecho agravar
una situación de por sí difícil cuando durante los años de
prohibición muy pocos en nuestra ciudad han sido quienes han
hecho referencias a esta celebración, salvo los nombres por
todos conocidos, y el propio pueblo en los corralones de nuestros
barrios donde nos consta que los amigos y familiares se reunían
de cuando en cuando a recordar aquellas coplas de Bollero, Rojas,
José Pinazo el Conejo, Francisco Bandera y tantos otros, un
fenómeno familiar que permitiría a unos adolescentes a aprender
unas coplas que al cabo del tiempo serían el repertorio y la
motivación perfecta para resucitar de nuevo el carnaval entre
1979 y 1980, un fenómeno al que no se le ha dado la importancia
que para esta ciudad y su provincia merece, tanto social como
culturalmente, una rehabilitación que no fue fruto de una
casualidad, sino de una memoria, porque entre los elementos que
empujaron el resurgimiento es primordial reconocer la memoria
conservada de las viejas coplas y músicas del periodo
republicano además del valor y reconocimiento popular de cuyas
atribuciones hicieron gala las primeras agrupaciones: Los maomas
sin h, Claudio y sus senadores, Caracola perchelera,
Los Chupitiras, Los colonos o Los niños de la Miga, entre otras
importantes agrupaciones que hoy reconocemos como el motor
popular de aquel importante resurgimiento de nuestra fiesta. El
más destacado problema al que debían enfrentarse los
historiadores y filólogos ante el viejo carnaval era la oralidad
de las fuentes a consultar, lo que hacía muy difícil poder
reunir todos los elementos festivos de aquella época de forma
ordenada. Sin embargo, una de las características del periodo
actual con respecto al de preguerra u otros anteriores, son sin
duda los avances tecnológicos de audio y vídeo, o los archivos
radiofónicos o televisivos, que nos permitirán siempre indagar
en nuestro folklore carnavalesco utilizando como ayuda
inestimable las grabaciones conservadas, además de las
referencias a la repercusión de las coplas en la ciudadanía por
parte de la prensa escrita, los libretos y la memoria personal de
los protagonistas directos, como un conjunto de ventajas que son
las que hoy me permite estar ante ustedes con la única vocación
de ofrecer un panorama básico sobre el que puedan investigar en
el futuro nuestros historiadores, esto es: el fenómeno de una
cultura viva que late bajo unas coplas que tienen como máxima
diferenciación su personalidad carnavalesca.
Ahora bien, resulta
adecuado mencionar que para comprender mejor el sentido y la
singularidad de nuestras coplas no se olvide el contexto festivo
en que se manifiesta y que permite al pueblo tomar la palabra y
hacerse oír: EL CARNAVAL, un marco de libertad donde lo cómico,
como expresión cultural de una comunidad alcanza su punto más
álgido, sin duda por ser un testimonio humano que surge de la
observación y el sentir de la vida cotidiana, donde lo cómico
es a menudo una suerte de tragicomedias enlazadas, como si a esa
expresión cantada inherente a cualquier humano añadiéramos
nuestra condición de andaluces y los elementos que conforman el
carnaval, no sólo con el objetivo de reflejar la risa, sino
también las dificultades de vivir. El carnaval, una fiesta que
recuperamos después de un largo tiempo, no por una necesidad de
oposición al tiempo de Cuaresma posterior al mes de febrero, o
por un sentimiento anticlerical, no, una fiesta que recuperamos
gracias a la memoria de quienes habrían de ponerse a esa noble
tarea y a la necesidad de éstos malagueños por ocupar un nuevo
espacio (cultural y social) sin duda imbuidos por los
acontecimientos sociales que se vivieron a partir fines de 1975,
y que en nuestra ciudad activó la recuperación de tradiciones y
costumbres olvidadas o el cambio en la denominación de calles y
plazas, en suma, un dinámica renovadora y ciudadana en la que
encaja perfectamente la recuperación del carnaval y la
rehabilitación de sus coplas como uno de los activos más
indiscutibles del conjunto de elementos que constituyen la
fiesta, por ser integradora en sí misma de todos los demás:
grupo, disfraz, creación, mensaje, risa, máscara, etcétera.
Luego, antes de
profundizar en una visión más exacta de la copla y en su
lenguaje o sistema de signos que, a lo largo de estas dos
últimas décadas nos han querido transmitir un mensaje desde una
visión cotidiana y festiva donde se dan cita lo cómico y lo
reflexivo a un mismo tiempo, se hace necesario primeramente hacer
referencia a todo ese discurso de gestos (sociales y ciudadanos
de una etapa concreta de finales de los años setenta y principio
de los ochenta) que son los que hoy nos permiten descifrar el
fenómeno de la recuperación del carnaval y su posterior
evolución hasta hoy como una expresión social de una clase
media, que además de ser la protagonista de importantes cambios
sociales y políticos en toda España, en ese momento histórico,
encontrará en el carnaval (y no sólo en el carnaval, sino
también en otras manifestaciones religiosas y festivas de
Málaga) un modo de mostrar su talante participativo ante el
nuevo marco político que impulsaba estos movimientos y de los
que el carnaval debe considerarse uno más, aunque nuevo, y donde
no sólo estaba todo por hacer sino que además había que
definir sus formas y contextos sobre los que debía desarrollarse
y evolucionar, esto es, un nuevo carnaval para una nueva
sociedad.
Y en este mismo
sentido, de justicia es que no se olvide la destacadísima labor
que las peñas (como núcleo aglutinador de voluntades)
emprendieron cara a la celebración del primer carnaval en 1980
tras un largo silencio, en el que desde el primer momento se
manifestó la necesidad de ubicar la fiesta en un espacio urbano
propio, semejante al que ya ocupaban tras manifestaciones
sociales de la ciudad, del mismo modo que 1988, tras la
rehabilitación del Teatro Cervantes el anhelo por ocupar ese
espacio escénico con las luces y coplas del carnaval,
representará un modo inequívoco de volver a insistir ante la
ciudad sobre el renombre de la esta celebración pagana. Todo
ello, motivado por la necesaria expresión que como individuos
tenemos por definir dentro unos límites urbanos ciertos puntos
de referencia que nos ayuden a saber cuál es nuestro verdadero
lugar; del mismo modo, que coexistimos con un sentimiento de
barrio o cofrade, esto es, lugares desde donde somos y
compartimos una forma parecida de sentir con nuestros semejantes,
a la manera también en que se significaban en aquellos años de
finales de los setenta y primeros ochenta un verdadero
sentimiento asociativo en torno a una peña como una forma de
expresar la integración en un colectivo determinado y a su
abanico de referencias sociales y culturales. Y es justamente esa
misma necesidad de testimonio, la que propiciará desde 1980 el
obtener una espacio ciudadano propio, un lugar destinado a crear
un marco que pudiera ser transformado e identificado febrero tras
febrero con las percepciones del carnaval recién resurgido,
eligiéndose en aquella ocasión el Paseo del Parque y el recinto
musical Eduardo Ocón como el primer espacio público desde donde
difundir las coplas. Desde Miraflores llegaron Los maomas hasta
el Parque, al igual que aquellas peculiares majorettes de la
Peña Costa del Sol, y Claudio y sus senadores, y Los
blanquiverdes, y Caracola Perchelera, y los Chupitiras desde el
barrio de La Victoria, y como Manuel Ruíz el Papa
cientos de malagueños disfrazados, protagonistas de una velada
que hoy constituye uno de los acontecimientos carnavalesco más
recordados, quizá por la dimensión festiva alcanzada donde
apenas hubo reglas previamente escritas y donde se logró la
puesta en escena de un carnaval nuevo para una ciudad también
nueva. Aquella puede considerarse el primer paso de un carnaval
callejero impulsado por las Peñas y los grupos hasta al menos
1986, un carnaval callejero al que probablemente no le han
acompañado ni los tiempos, ni el modelo, ni el interés
institucional por encontrar el lugar y modos adecuados.
Sólo teniendo todo lo
dicho en cuenta, podremos comprender mejor la personalidad
festiva del carnaval que se ha alcanzado en todo este período. Y
especialmente, en la sucesión de acontecimientos propiciados
desde 1980 y hasta 1986, entre los que resulta imprescindible
destacar la importante creación de grupos de canto en un plazo
breve de tiempo (apenas en tres años); o la diversidad de actos
celebrados por las peñas tanto en sus recintos como fuera de
ellos; o la fundación de la Asociación Amigos del Carnaval y
los sucesivos presidentes y juntas directivas que la rigen hasta
1986; o la convocatoria del concurso de agrupaciones de canto en
1983 y la participación con ello de los grupos de la provincia:
Álora, Fuengirola, Marbella, Velez-Málaga, Alhaurín... como
condicionantes destinados a configurar la personalidad y la
puesta en escena de esta celebración, y en la que
principalmente, serán dos los elementos de comunicación que
establecerán una misma sintonía festiva entre participantes y
público: el disfraz en las agrupaciones y sus coplas.
Conviene primero,
antes de referirme al significado de nuestras coplas de carnaval,
una breve reflexión sobre el disfraz y la manera en que se
asimiló como elemento visual indispensable para la auténtica
comunicación carnavalesca, donde la evolución en todos estos
años ha sido admirable, tanto en grupos y dioses como en el
disfraz callejero. Dado que nos es posible mencionar con
exactitud cuál ha sido la trayectoria del vestuario popular
desde 1980, sí debe orientarnos la evolución del disfraz en los
grupos de canto. Se inició la andadura con disfraces en los que
se pretendía copiar la realidad con mensajes directos y
personajes puros, y se ha culminado la andadura con el
aprendizaje de la profunda significación que la palabra
fantasía tiene como medio para abordar la realidad o para
alejarse de ella, también para mudar lo que uno es por lo que
uno quisiera ser, momento en que el disfraz revela más de lo que
esconde representando la risa en la murga y el cuarteto antes de
oír sus coplas, o el tratamiento más alegórico del mensaje
principal en las comparsas, coros y grupos de desfile.
Hasta 1986 en que ya
se observa una mayor fantasía y lujo en las confecciones de los
disfraces, recordemos a agrupaciones como: ALCAZABA, LOS
MALAVIDAS, LOS DANDY´S, SOLDADITOS DE PLOMO, AL SON DE LA PRIMA
Y EL BORDON, ANDALUCES DEL FUTURO, LOS DE LA ONU, GARROCHA,
SEMILLA Y FRUTO, JAZMINES DE LA AXARQUÍA, O HEROÍNAS, donde es
posible observar claramente la asimilación y evolución de
los temas alegóricos; o la referencia a temas de actualidad en NARAJITOS
82, PEROTES 82 Y PICO, LOS TRAPAJOSOS DE RUI-NASA, O LAGARTO SE
ESCRIBE CON V; o el modo en que se asimilaron los
temas clásicos en grupos como LOS CIRUJANOS, LOS PANCHITOS, LAS
COCINERAS, ANTIFAZ, LOS PITUFOS, LOS COLEGIADOS, LOS BUCANEROS,
LOS PANTERAS ROSA, BLANCANIEVES Y SUS ENANITOS; o el sentir local
expresado en agrupaciones como LOS CHUPITIRAS, CARACOLA
PERCHELERA, LOS MARENGUITOS, LOS MOLINEROS, PREGONEROS
MALAGUEÑOS, MORRALLITA PALEÑA, O REBALAJE; o aquellas que se
alzaron con una identidad especial como es el caso de la añorada
murga LOS TUMBAITOS, o aquellas que dieron rienda suelta a la
fantasía y al espíritu festivo, recordemos a LOS CHIQUI-CHOCAS,
LOS MASCAROTAS, LAS CHICAS DE ALIRÓN, O LAS LOCAS DEL CAN-CAN. Agrupaciones
con las que se dieron los primeros pasos hacia la evolución que
hoy observamos, fruto de la libertad creadora de unos sastres que
han sabido partir del mensaje intrínseco del grupo (y en
especial desde las sugerencias del autor) para realizar las
importantes creaciones que hoy acostumbramos a contemplar y que
han propiciado, entre otros importantes logros, la incorporación
de nuevos creadores y la espectacularidad de los dioses y diosas
que nos han regido cada mes de febrero durante al menos la
última década como unas autoridades fingidas que han exhibido
una forma de esculpir con telas y colores el mundo real y el que
no lo es, por parte de los otros autores del carnaval no cantado
que han sido nuestros sastres de carnaval.
3.2
EL LENGUAJE FESTIVO EN LAS COPLAS
Aludía al principio
de esta disertación cómo para comprender mejor el sentido y la
singularidad de nuestra música y coplas carnavalescas debíamos
tener siempre presente el contexto festivo en el que se
desarrolla y que permite al pueblo, entre otras licencias, tomar
la palabra y hacerse oír, constituyéndose de este modo un
guión de historia y memoria popular bajo el discurso y el tono
de unas coplas, que han sido, lo son hoy y serán siempre el
elemento perdurable de unas agrupaciones y de un autor que se
habrá servido de éstas como medio para transmitirnos su mensaje
en forma de observación general, unas veces compartida por el
pueblo oyente y otras no, aunque todas ideadas para expresar un
punto de vista o modo de reaccionar ante cualquier acontecimiento
cotidiano o extraordinario.
No es éste el
momento más adecuado para establecer unas bases pormenorizadas
sobre las que asentar el significado actual de nuestra fiesta
dentro del marco de lo que conocemos como música popular o
tradicional, definida verticalmente en el tiempo (afirmemos que
sólo lo antiguo es o puede ser tradicional) y no se olvide que
para que denominemos una canción como popular, debe
principalmente ser contemporánea, esto es, que nos hable de
cosas y sucesos de hoy, describiéndolos sin que exista la
intención de explicar sus causas o consecuencias; también
recordemos que sólo podemos llamar popular a la música que
emana de las clases populares y donde es palpable un matiz
realmente clarificador: SU FUNCIONALIDAD, sí, porque esta copla
sirve principalmente para retratar las relaciones con el poder
social de cada tiempo y la cultura dominante o culta. Un
fenómeno que es perfectamente identificable con el sentido de
las coplas de carnaval: momento histórico, renovación, autor
que surge de las clases populares, y una copla que, como hemos
podido presenciar en estos últimos veinte años, ha madurado y
se ha enriquecido con el paso del tiempo y la aportación de
nuevos autores.
Desde este
planteamiento, tomo como afirmación que en ese lugar común que
la música de carnaval comparte con el de nuestra tradición
musical andaluza, está el tronco común de una misma cultura que
canta para dar su visión del mundo, por muy lejano o cercano que
sea éste, si bien en el caso de la copla carnavalesca atiende
además a distintos caracteres según sea la forma interna de esa
copla: presentación, pasodoble, cuplé, estribillo y popurrí, y
que hacen de los grupos una amalgama de impresiones donde se da
no sólo la risa y la parodia, sino también el sentimiento y la
tragedia, la reflexión y la historia, la belleza y el piropo, la
crítica y la nostalgia. En suma, un sentimiento de festividad
cantada de fuerte repercusión colectiva, cuando llegado el mes
de febrero, primero en el teatro (y ya desde las emisoras de
radio y televisión) y días después en la calle, las coplas se
funden con un público que las asume y las siente, las canta y
las reinventa, provocando un efecto de conexión entre autor y
oyente, entre grupo y público, verdaderamente extraordinario, y
todo, porque el cancionero de carnaval, del mismo modo que la
poesía tradicional o popular (recuérdese el romancero) expone
el pensamiento de la colectividad y su sentir, narra con afán de
recreación y, en especial, es aquella copla que nace de la
inspiración individual y que si al ser escuchada por el pueblo
éste se identifica en ella, esa copla llega al lugar que ocupan
los sentimientos y verdades colectivas.
Si miramos la vista
atrás resulta muy notorio cómo los grupos de canto y sus
coplas, rápidamente se significaron como el elemento que mayor
interés despertaba entre participantes y público de la fiesta,
un fenómeno muy similar al del periodo republicano, y que
propiciaría la pronta creación de nuevos grupos (representando
a la mayoría de los barrios malagueños) y, en consecuencia, la
necesaria convocatoria del concurso de agrupaciones en 1983, un
fenómeno que vendría a acelerar la renovación y evolución
tanto letrística como musical de los grupos y a definir un
modelo de carnaval cantado que para quienes hemos seguido
de cerca el transcurso de los acontecimientos carnavalescos,
supone hacer referencia a la evolución y búsqueda de la
perfección casi de forma intuitiva en un primer momento
(1979-1984) con la asimilación de las viejas coplas de los años
treinta y la posterior creación propia; desde una mayor
conciencia a partir de 1985 y 1986 con la incorporación de la
técnica musical y letrística de otras provincias andaluzas de
forma casi unánime (sin olvidar, no obstante, que hasta 1990
hubo grupos de carnaval, especialmente murgas, con distintas
músicas de pasodoble y cuplé, o varios estribillos, en su
repertorio) y finalmente, hacia una consolidación
definitiva desde los primeros años noventa con la asimilación y
conjunción de todos estos elementos: grupo, autores de letra y
música, dirección y diseño de vestuario, hasta desembocar en
el momento presente, dándose hoy cita en el fenómeno de las
coplas de carnaval la grandeza de toda manifestación
humana: alcanzar la categoría de lo universal sin dejar de tener
un carácter localista y personal.
En cuanto a la
temática de las coplas a lo largo de estos últimos veinte
años, sus argumentos principales lo constituyen todos y cada uno
de los elementos ya reseñados: la recuperación de la fiesta y
la recreación de su clima festivo, resaltando además aquellas
vicisitudes que el desinterés municipal por la misma intentaba
dejar a un lado; la proclamación del tono alegre y pícaro como
fórmulas para inferir en la actualidad y en los acontecimientos
históricos; o el piropo a la ciudad, sus barrios, sus mujeres y
el recuerdo a las viejas tradiciones, costumbres y oficios del
pasado reciente como primeras muestras de un discurso local
orientado al sentimiento y a la memoria colectiva. Una expresión
cantada cuyo singular lenguaje propiciaría la celebración de
los primeros festivales y encuentros de murgas y comparsas, en
respuesta a esa necesidad que un colectivo tiene de reunión y
proclamación conjunta de su visión del mundo entre
quienes así la comparten y la sienten, y cuya desembocadura
será (como ya he mencionado) la convocatoria del concurso de
agrupaciones en el Teatro Alameda, constituyéndose allí un
espacio donde participantes y público establecerán un marco
festivo de aprendizaje carnavalesco durante al menos una década
y de cuyos importantes logros somos hoy testigos. Entonces
concebimos ese espacio como idóneo para la puesta en escena de
un carnaval cantado que haría de su repertorio de coplas el
altavoz para reclamar reconocimiento por parte de una ciudadanía
y unos gobernantes que sin duda observaban el fenómeno
carnavalesco tan ajenos como expectantes. Entonces concebimos ese
espacio como útil para considerar la copla como un legado
valioso del lenguaje popular con el que mostrarnos y definirnos
por determinadas ideas, creencias o raíces dentro de nuestra
ciudad. Entonces concebimos ese espacio como apto para la
evolución en el modo de acercarnos a la actualidad desde unas
coplas que siempre que tengan un marcado acento local nos
mostrarán la aguda sabiduría de quien las escribe
utilizándolas como el altavoz de quienes siempre tendrán
difícil el acceso a tribunas de mayor resonancia. Unas
coplas sobre la actualidad local que cuando convivan con otras
más universales, lo serán como una proyección más de esta
sociedad globalizada y mediática que estamos construyendo, en la
que resulta más accesible conocer los problemas lejanos que los
cercanos, más las dificultades ajenas que las propias. En
cualquier caso, no se olvide que en nuestra capacidad de
denuncia, estará siempre nuestra capacidad de respuesta.
De tal modo, que
ante esta realidad insalvable, no nos quede otra aptitud que
admitir la envergadura de una tradición cantada que pervivirá
en la medida en que constituya un sostén más en el avance de
una Málaga viva socialmente y de un modo específico, en los
campos de la sensibilidad, la cultura, las costumbres y todo
cuanto determine el perfil de vida de este pueblo, no
resignándose a ser una forma más de cultura oficial, sino un
medio para dominar y disuadir a los sistemas en el poder, para
proyectar las realidades y aspiraciones populares. En suma, unas
coplas que serán siempre, observadas en su conjunto, una manera
de conocer la otra versión de los hechos como quien al
reflexionar estuviera autorizado para recoger un suceso
histórico o intrascendente y convertirlo en un hecho jocoso o en
toda una revelación. Un fenómeno de memoria popular cantada que
constituirá una guía con el que podrán revisarse los
acontecimientos y sucesos especialmente locales que, sin duda,
nos revelarán el devenir de una Málaga versionada según sus
coplas de carnaval.
5. ANEXO I: SELECCIÓN DE COPLAS DE CARNAVAL 1980-1996
Destino la glosa final de estas palabras
al repaso de algunos de los acontecimientos o sucesos que han
pasado de la actualidad a las coplas desde 1980, aliviando con
ello la densidad de cualquier tiempo presente:
·
1979. Se han iniciado las obras del primer proyecto de
construcción de un futuro aparcamiento en la Plaza de la Marina.
junto
a las caracolas debajo del mar
la
gente dice que acabarán las obras
cuando
toítos los burros consigan volar.
(Comparsa Pepeleshe, 1979)
· 1980.
Tras muchos años de silencio, Málaga recupera la celebración
de su célebre carnaval.
Aquí
estamos Los maomas
cantando
sus cuchufletas
queremos
que todos rían
y se
olviden de las letras...
Y
vamos a recordar
que
los buenos cachondeos
se
daban en carnaval.
(Los maomas sin h, 1980)
· 1981.
Se anuncia la próxima construcción de la nueva necrópolis de
San Gabriel.
Tenemos un Ayuntamiento
con mucha gracia y salero
en vez de hacer escuelas
quiere hacer un cementerio.
Han comprado unos terrernos
que valen una milloná
y los pobres malagueños
los tenemos que pagar. (...)
Estos niños de la Miga
no sabemos qué decir
pero por lo que más quieran,
que nos dejen vivir.
(Los
niños de la Miga, 1981)
· 1982.
Concluyen las obras de construcción en las playas de
Pedregalejo.
Unos lindos espigones
han construido en Pedregalejo
para que las parejitas
puedan cojerse sus cangrejos. (...)
Así que en los espigones
que hay en Pedregalejo
al disfrutar de la brisa
se te pone tieso el pellejo.
(Los
niños de la Miga, 1982)
· 1983.
La fiesta de carnaval ya sufre del mal de las convocatorias y los
jurados.
Este año en el carnaval
hay varios concursos para participar,
ya se ha convocado el de las letrillas
el de los carteles y pronto habrá más.
Esperamos que en el jurado
se hagan las cosas con sinceridad,
ya que todos los participantes
estamos luchando por el carnaval.
(Los
Dandy´s, 1983)
Los grupos recuerdan la tragedia del avión DC-10 accidentado en el aeropuerto.
Vamos a contarle
lo que aquí ha sucedido
porque un lunes por la mañana
quedamos todos sobrecogidos...
cuando levantaba el vuelo
un avión DC-10
el comandante algo raro vio
quiso parar al momento
pero pista le faltó...
(Los
bucaneros, 1983)
También en 1983 la guerra fría entre rusos y americanos helaba el cuerpo a todo el mundo, menos al autor de esta copla:
El mundo está muy liao
y más que se va a liar,
americanos y rusos
no paran de controlar.
Se meten unos con otros
porque ambos son muy potentes
pero cuando van al water
allí se caga hasta el más valiente.
(Los
biznagueros escoceses, 1983)
· 1984.
El paro y la crisis económica copan el interés nacional, tanto
que afectó a nuestra representante en Eurovisión.
Vaya si hay crisis aquí en España
se nota que cada día vamos a peor,
pudimos verlo hace poco tiempo
cuando nuestra Remeditos salió en Eurovisión.
Que no es mala artista, tiene cualidades,
pero a ella la crisis también le afectó
porque iba desclaza
y era pobre su canción
y llevaba un vestido descolorido
que en la playa dos días ante se lo vi yo.
(Antifaz,
1984)
· 1985.
El Ayuntamiento quiere recuperar las antiguas y célebres fiestas
deportivas de invierno, por cierto acordándose del carnaval.
Creo que el Ayuntamiento
piensa ya en colaborar
quiere en las fiestas de invierno
incluir el Carnaval.
Pero cuidado, señores,
no nos metan en un lío
y recuerden que en febrero
siempre hace mucho frío,
porque estaría gracioso
que con su buen hacer
pusieran a los murguistas
a jugar al balompié...
A lo señores del pleno
les queremos recordar
que una cosa es el deporte
y otra el carnaval.
(Los
chiqui-chocas, 1985)
· 1986
Nos recuerdan las coplas
que desde hace sólo unos meses España se ha incorporado a Europa.
La fiel historia demuestra
que siempre fuimos primero.
Así que no porque ahora
seamos comunitarios
seremos más europeos.
España siempre ha vivido
sin esos hijos de Europa
que siempre nos humillaron
y ahora nos hacen la pelota.
(Entre
tomillo y romero, 1986)
· 1987.
La feria de agosto inicia su explosión popular.
Cuando llega la feria
esto no se puede aguantar,
la gente se pone loca
que hasta el alcalde quiere bailar.
Que bonita calle Larios
llena de gente por las mañanas
y por la noche en la feria
lleno de polvo hasta las pesteñas.
(Abanicos
y soplaores, 1987)
· 1988.
Se incendia el Teatro Alameda, y el Cervantes quedaba inagurado
hace sólo unos meses por Su Majestad la Reina.
Este año el Cervantes por fin ya se abrió
a este empeño muchas horas se dedicó,
pero al que ahora quiero cantarle
es al teatro Alameda que en carnavales
a andar me enseñó.
(Guay
del paraguay, 1988)
·
1989. Las obras en la plaza de la Marina duran ya varios años
tanto como las molestias a los ciudadanos.
Hoy he vuelto a pasar por la plaza del Marina, aquello no se termina
¡vaya obra complicá!...
Cuando salgo del Parque
hasta que llego a la Alameda
se echa el mismo tiempo
que ir andando hasta Antequera.
A ver si el Ayuntamiento
acaba las obras de ese aparcamiento
que ya son dos años
lo que lleva levantá
parece que están haciendo
el Monasterio de El Escorial
que se me va a romper el 600
antes que pueda allí aparcar.
(Siempre
tiesos, 1989)
Se prohibe la captura y venta de nuestro tradicional Chanquete frito.
El tema de los chanquetes
bastante tinta ha derramado
pero como todos sabemos
se los han comido por todos lados.
(Con
estilo propio, 1989)
Este año en la Rosaleda
no gana el Málaga ni una vez
malas puñalás le den,
pierde más puntos
que una tuerta haciendo crochet.
Ah, y alguien se le ocurre el famoso slogan: Málaga, la gran ciudad del sur de Europa.
Cuando
puso de moda
nuestro
querido Alcalde
esa
famosa frase:
La
del Sur de Europa...
estoy
más que seguro
que no
estaba pensando
en ese
lado oscuro
que no
sale en las postales
ni se
enseña a todo el mundo.
· 1990.
Las coplas recogen los sentimientos de dolor e impotencia por las
terribles inundaciones de noviembre del año 1989, eso sí con un
poco de humor.
La
pasada inundación
al
Alcalde lo cogió
en
Japón dando una vuelta
lo
llamó el Gobernador
pa
preguntarle el color
que
debía poner la alerta.
Mientras
sí o mientras no
el agua
aquí destrozó
mucho
más que un terremoto
y es
que el Gobernador
nos
parece más inútil
que el
cenicero de una moto.
(Que
carne crece..., 1990)
Y por fin en 1990, las coplas se refieren a la
inauguración de las obras de la Plaza de la Marina.
Como soy un bestia
y me gusta hablar muy claro
a nuestro sr. Alcalde
vamos a pegarle el palo.
Pedrito te has pasao,
que la gente está que trina
con la maldita obra
de la plaza de la Marina...
Y tanto tiempo esperando
para ver esos faroles
que de veras son más feos
que la calva de Curro Flores.
(Pa
pegá er palo, 1990)
· 1991.
A las playas de la Malagueta se le hecha una capa inmensa
de arena.
Fui a dar una vuelta, para poder ver
esa playa que acaban de hacer...
y me quedé de corcho
viendo una señora que iba a bañarse
y que decía, que lejos han puesto, leche,
la playa del lavachocho.
(Los
dioses de los limpio, 1991)
1991, Hay guerra en el Golfo pérsico, a Picasso se le relaciona con esta fiesta, la ciudad está patas arribas,
no hay quien pague los premios del carnaval, y aquí todo el mundo está que trina.
Recuerdo, como si lo viviera,
aquel gran entusiasmo y aquellas ilusiones,
las ganas, los mil sudores,
las horas derrochadas en sueños y quimeras,
esfuerzos de los que nadie sabe,
siempre por una causa
llamada carnavales...
No hay quien se suba al carro
y aporte aires nuevos,
y aún nos siguen mirando
como a titiriteros
de estar siempre luchando
me estoy quedando sin aliento,
qué es lo que hay que hacer
para que los malagueños
le dejen un rinconcito
al carnaval de mis sueños,
que mis versos por febrero
lloran por todas las esquinas,
porque no los oye el pueblo
ay qué feliz sería,
si viera algún día el carnaval de moda,
yo a cambio te daría,
lo juro aquí mismo, cien años de coplas.
(Tu
pequeño mundo, 1992)
· 1992.
El cuarteto del Palo deja pruebas de su maestría al referirse a
la Iglesia y a la Monarquía.
-Dimitió el Obispo don Ramón
¿por qué? No aguantaba al Málaga
en segunda división.
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-El Rey estaba esquiando en Baqueira y Beret...
-¿Majetad otra vez se ha caído usted?
-Fue cuando iba a dar un saltito...
-Majestad, se cae usted más que los amasquillos.
(Una
olimpiada de tacos, 1992)
· 1993.
Las coplas de este año miran para otro lado, porque se refieren
al año pasado.
Ya se nos fue por fin
el año noventa y dos,
con sus olimpiadas
y su gran exposición.
Fue el año de Mastrich
el año de la ilusión
el año de la autovía
y el de la alta definición.
Y después de tanta evolución
yo sigo igual...
ay si no fuera por el paro
y la ayuda familiar.
(Este
año de lateros, 1993)
Se ve que tienen bulla,
ya han terminado
el Guadalmedina,
por un charco de agua
la que han formado,
es cosa fina.
Daremos un paseo por esas orillas,
que un día será un bulevar,
y para cruzar el río
una barca nos pondrán.
Lo malo es que cuando llueva
no sé lo que va a pasar,
a la mierda la barquilla
adónde irá el bulevar.
(Verde
que te quiero verde, 1994)
· 1995.
Se anuncia la boda de su alteza, la Infanta Elena.
En la próxima primavera
una boda habrá de renombre
es la de nuestra Infanta Elena
que ya por fin
ha encontrado a su hombre
(Déate
de pegote, 1995)
· 1996.
A la alcaldía ha llegado una alcaldesa, pero de esta ciudad se
siguen marchando las empresas.
Y haciendo comparaciones
vamos siempre a la cuneta
en vez de echarle pantalones
dejamos que nos hagan la puñeta.
Poquito a poco vemos morir
Intelhorce y Puleva
Citesa, Amoniaco y la Azucarera.
(Ojo al parche, 1996)
Sin necesidad de tratados y discursos, hoy proclamo el valor que debemos concederle a la copla de carnaval como la herencia de una cultura viva que podamos legar a quienes nos sucedan, porque su lenguaje habrá servido no sólo para la risa y el divertimento, sino también de advertencia y guía al sentido común por los siglos de los siglos.
Dime, febrerillo ¿qué me has hecho?
que me encierras otro año,
con mi gente en un local.
Noches cargaditas de requiebros,
con mil notas de guitarra y platillos al compás.
En julio, sueña el autor con darle vida a un disfraz.
Después de feria, en Agosto se empieza a ensayar.
Septiembre, ¡callaté ya, que aquí manda el director!
Octubre, nuestra comparsa va tomando color.
Niño, tápate bien la boquita,
que Noviembre ya es fresquito y nos tenemos que cuidar
Pronto, se nos cuela aquí diciembre
y cambiamos villacincos por coplas de carnaval.
Siempre quedarán simples detalles
que en enero, con los nervios, se deben solucionar.
Siento que me embarga un gran consuelo,
pues febrero está llamando a mi puerta una vez más.
Y colorín, colorao... otra año disfrazao.
Muchas
Gracias.
Málaga, a 14 de enero de 2001