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PÉRDIDA DE LA SEGUNDA REPÚBLICA EN VENEZUELA (1814)
Por DILIA CALDERAS / VENEZOLANA
El Palacio del Marqués de Riberas del Boconó y Masparro,
Don José Ignacio del Pumar, en Barinas, fue atacado,
y el día 22 de enero de l814, los realistas Puy y Ramos
procedieron a quemarlo;
la guardia que él conformó con patriotas barineses
protegiendo a la ciudad, fue ajusticiada en Palacio,
una vez rendido el Atila español, fiel a la causa;
aún cuando se le instó que a la misma renegara,
prefirió morir en prisión en la Cárcel de Guanare
y su familia marchó a San Sebastián del Pepino,
en Puerto Rico a refugiarse.

Ante aquella ola de crímenes, opinaba Coll y Prat,
Arzobispo de Caracas,
que su alma se conmovía, no podía soportar males
como era el hurto y rapiña, el saqueo, asesinatos
y también los homicidios, incendios y devastaciones;
vírgenes eran violadas;
llantos de viudas y huérfanos;
padres contra el hijo, armados;
cada uno buscando hermanos,
con el fin de asesinarlos;
feligreses emigrados; los párrocos, fugitivos;
cadáveres en caminos y huesos cubrían los campos;
batallas en que la sangre tanta se había derramado.

*

Poema de Dilia Calderas, publicado el 09 diciembre de 2007

^
Dilia Calderas «una persona sencilla, un poco timida, no me gusta la violencia, soy amante de la paz», aficionada a leer y escribir poemas, los que algunas veces trato de convertir en canciones. Entre sus autores favoritos: Andrés Eloy Eloy Blanco e Indalecio Liévano Aguirre, y su «Biografía de Bolívar». Colabora en el portal literario «MundoPoesía»
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Pasando al tema de su pasión:
Carta a Dilia Calderas, poeta venezolana
Antes de Martí, para 1826, Bolívar concibió un plan para liberar a Cuba y Puerto Rico durante el reinado de Fernando VII en España.

Con el tiempo, Martí acogió las ideas de Martí y las hizo suyas. Bolívar llegó a estar en México por meseses y en Cuba, unas 48 horas. También había estado en Puerto Rico, en la isla de Vieques, siendo muy joven, donde se atendió un barco en que viajaba y su tropa.

En cuanto a mí, le diré que tengo parientes cuyo ancestro es venezolano. Mi familia y yo nos hemos interesado en la genealogía familiar. La familia de José Ignacio del Pumar y Traspuesto, españoles en Venezuela, está entre los emigrantes a ese pueblo de El Pepino (Puerto Rico) que menciona y vienen autorizados por la Cédula de Gracias de 1815, ya que los Del Pulmar y Arteaga llegaron a este pueblo al emigrar las cepas de los López Arteaga y Arteaga del Pumar.

Los López y Arteaga, de origen venezolano y llegados a El Pepino, se asocian con sus genealogías al Marqués de las Riveras del Boconó y del Masperro (José Pumar). Título concedido en 1787. Don José Ignacio del Pumar y Traspuesto fue Caballero de la Orden Carlos III y, por igual, a él están relacionados Micaela del Callejo y Pumar, padres de Josefina Lucía del Pumar y Callejo, así como con los pepinianos de Bariñas, María Luisa de Arteaga (casada con Agustín Echeandía Mendoza), Fernando de Arteaga López, y entre otras damas con el apellido López y Arteaga, asociadas a esta familia Del Pumar y que llegarian a Pepino peara para 1840... De los Mendoza llegados a Pepino, hay parientezcos ligados a Iñigo López de Mendoza e Iñigo de Arteaga y Martin, progenie de la realeza de los Condes de Manzanares, por los menos 50 años antes de la colonización de América.

Vinculados a Prat-Coll, Ortiz-Vélez, Coll-Britapaja y Arvelo, hay familias venezolanas. Entre éstas, en los tiempo de la rebelión bolivariana, la del Dr. Carlos Arvelo y Guevara, médico-cirujano en jefe del ejército libertador.

Esta gente huyó de las rebeliones boliviarianas, mas no todas fueron leales a la Corona. Algunos se fueron a Cuba y Puerto Rico, las antillas más leales. En San Sebastian del Pepino, se asentaron más de una veintena de familias ricas de Venezuela, incluyendo los Cabrero (vascos y navarrenses), e; último Alcalde español Manuel Rodríguez Cabrero está emparentado por sangre con Simón Rodríguez, tutor de Bolvara. Esto, es Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar.

Bien, no quiero cansarla con historias. Pero seguiremos en comunicación.

Mis saludos,
CARLOS

* Publicada en 09/05/2008 en Foros
www.mundopoesia.com/
Ver
Bibliografía pepiniana / 13 Monografías /
Enfoque Heideggeriano a la Historia Oral del Pepino

Dr. Carlos Arvelo y Guevara, documentos inéditos

Biografía Dr. Carlos Arvelo y Echeandía, Rector de la Universidad Central de Venezuela / por Pedro José Manrique Lander, Academia Nacional de Medicina, 1984

Carlos Arvelo: médico-cirujano en jefe del ejército libertador

Ver / Cuento bolivariano
Cecilio, el desobediente
Por CARLOS LOPEZ DZUR

«La escuela del heroísmo conminará eternamente a la escuela de la fuerza y la aplastará... Juremos que cuando llegue el momento sabremos morir como héroes, porque el heroísmo es la única salvación que tienen tanto los individuos como las naciones»: Pedro Albizu Campos, 25 de octubre de 1935.
Cuando en Pepino vieron reaparecer a Marcianita, la hija de Cecilio, fue en 1936. El murió y vino a verlo antes que se lo comieran, bajo la tierra. los gusanos. Siendo que es el padre de ella, el primero nacido en Cidral, ha de ser uno de esos vástagos de la Real Célula de Gracias, Echeandías-Mendoza y Vélez.

Cuentan que el primero que vino, por 1823, fueron los hijos de Juan Bautista e Isabel Mendoza. Cecilio Dámaso se hizo querido porque conoció el campo. De Cidral a Bahomamey. Del él se dijo que fue el hijo de Juan Bautista que no se quiso ir a Camuy. A él le gustó Pepino y alrededor del campo de los bahomameyes se inventó una fe, con una belleza como la que mencionara Doña Eulalia y su hija Dolores, fe en las avispas bravas, en las colonias sociales, donde la mujer es la reina. El se casó con Maria Marciana Rosalía Font-Feliú, gente de cepa rica y emprendedora. El, como Agustín, empezaron de abajo, arrendaron fincas y fueron labradores.

Como los primeros Echeandía, eran venezolanos y bolivarianos, como los Arteaga López. Agustín se casó con una de esas Arteagas aristocráticas, pero, en los años del Alcalde José Bartolomé de Medina, al decir de Lola, la Boquirrota, «cagaban con el culo cerrado», porque eran las hijas de María Isabel López y de Ramón de Arteaga Pumar. María Luisa era nieta de una marquesa.

Cecilio Dámaso siempre defendió a las primeras cepas de Echeandía, tanto a los de Pepino como a los de Camuy. Les llamaba 'revolucionarios'. Fuesen caraqueños o de su original Güigue (Carabobo, Venezuela), se sentían herederos de la tradición del Pronunciamiento del Comandante de Riego y, cuando hallaron a su paso, por Puerto Rico, venezolanos como Manuel Rojas, los abrazaban como hermanos y hablaban sobre las luchas de Bolívar.

Los hermanos Rojas eran venezolanos, caraqueños, y conocieron a la más valiente de las Abejas de Añasco, que fue Mariana Bracetti. Ella les preguntaba: «¿A qué clase de acumulos aspiran? ... porque hay un triunfo que lograr? ... y yo conozco al profeta que lo define y predice». Y uno había que lo enseñara en Puerto Rico. Era el Dr. Betances, masón de Cabo Rojo; él les hablaba de cierto Triunfo y para hablar sobre ese triunfo, Miguel Rojas se traía la muchacha, siempre peinada con dos trenzas. Cruzaba el campo desde Añasco a Lares y ella terminó casándose con él. Y aprendieron juntos a laborar en el negocio del café. A menudo, reuniéndose con los esclavos, aleccionándolos con Los Diez Mandamientos de los Hombres Libres. Los del Cristo mulato: Betances. Decía que era el Negro Briceño de Bolívar, pero, jugándoselas por Cabo Rojo y Lares.

Cecilio Dámaso no tuvo la suerte de conocer una Abeja Brava. Ni tuvo en su casa una mujer que bordara la bandera solidaria; él se codeaba con el poder colonial, aunque de joven, menos. Era estudioso, introvertido, amante de los árboles y el estarse solo; pero él les dijo, calladamente, a esos venezolanos de criterios subversivos, creo en ustedes. «Algo me dice que crea». Trataron de alentarlo, de vincularlo a la Misión del Porvenir, para que él visitara los panales y él se negaba, porque ya estaba casado y su mujer tenía miedo de esas cosas de lo subversivo. Ella no tuvo sus brazos de oro, ni sabía hilar con La Fe de la Bracetti, o los Brugman, o Betances. Era mujer de calmas, recelos y con la sola palabra secreto temblaba. Significaría problemas o cosas del Diablo.

Sin embargo, porque su padre era «hombre de La Fe», Marcianita Echeandía lo quiso. No salió como su madre, muy influenciable y maltrante. Eso solía decir él de todos los Font que le dio ella, excepto de Marcianita, su hija. Le agradeció el nombre que le puso. «Marcianita, para que halagara a su madre» por alguna cosa, pero él habría querido que se llamara Mariana, pensaba en la añasqueña que lo concitaba, con Miguel Rojas, a hacerse revolucionario. «Hay una buena raíz de los Font, pero son los del Barrio Hato Arriba», le decía Bracetti.

Cecilio Dámaso le contaba a Marcianita que no todos los Báez, aliados a Font, hicieron a su familia, sombra de maltratadores. Los que son malos son esos Feliú. También sucede que los Font tienden a ser estudiosos, calculadores, acumuladores. Sueñan mucho en las cosas materiales. No saben con quiénes se juntan, cuando de negocios se trata y quieren el poder más que cualquier cosa, a veces sin escrúpulos. El examina eso al observar a sus hijos. Dice que Getulio es un puerco. Son hijos enconados, rencorosos, así como fue Cheo Font-Feliú.

Y él se desesperaba con muchos de ellos. Los conoció, uno por uno, y decía: «Algo hay aquí que no mezcla, algo con genética mala». De su fe anti-colonialista parecía que ninguno de sus hijos había sorbido ni lomínimo. Todos querían lo suyo, lo que es externo, nada de su alma. En 1878, el primero que se acercó fue Pedro Antonio Echeandía Medina y, con él, Victor Martínez. Querían la finca de Bahomamey, las externas dimensiones de la hacienda. El secreto de «La Fe», no. Hasta los primos le desagradaban.

Tantos años y no poder decir a nadie en torno a este hecho. El ya supo el secreto de secretos. Se lo dijo María Luisa Arteaga López, la mujer de Agustín, y él no lo creía. Y los hermanos Rojas de Lares y la Bracetti, de Añasco, al reencomendárselo, le decían: «Ese ideal no lo abandones». Es un mandato. Antes que se abortara el Grito, su parentela que entroncara con Don José Ignacio del Pumar, Marqués de las Riberas de Boconó y Masparro, Visconde del Pumar y Caballero de la Real y Distinguida Orden de Carlos II, se lo informaban a través de los Mendoza. «Hay un asunto pendiente: Fue el anhelo de Bolívar, del Dr. Guillermo Mendoza y de la Coronela Dolores Dionisia Santos Moreno, quien nos instó a que se lo recordaran innumerables veces y para siempre a todos los Mendoza y Echeandía, Belazquide y Azpiazu, en nombre de las mujeres trujillanas, pilares de la Sociedad Secreta Comuna Hermanos»....

Y, ¿cómo es que el mismo Manuel Rojas lo supo, cómo que él reculara después que hizo promesas de servir en lo que fuese? ¿Por qué se hizo él tan escurrizo como gallo juidor, si el mensaje se le dio el día que pisó Cidral: El Marqués murió combatiendo contra el Rey. Toda su cuantiosa riqueza la ofrendó a la nueva Patria. A Venezuela no le negó sus hijos, su fortuna y su vida. Así fue Don José Ignacio del Pumar, Marqués de las Riberas de Boconó y Masparro, Visconde del Pumar y Caballero'... siempre probaba sus fidelidades. Concurrió con su apoyo a la rebelión de los comuneros del Socorro, siendo teniente de justicia mayor y alférez real y, por servir a la libertad, fue encarcelado en Guanare... y, ahora ya es tarde para recordar.

Marcianita ha llegado y él está muerto. Se enteró que ha muerto y vino de chiripaso. Ninguna de sus hermanas quiso avisarle, como si tratara de que vino de paso, a cobrar su parte de la herencia en irse. Ella sí lo amaba a él, por ser persona.

Desde ese astral fantasmal, desde el que ahora mira, él sabe que ante su féretro están sus hijos. Posan ya que, al fin, serán herederos; harán sus repartos. Ahí está Getulio, capitán de la Guardia, Teresa, Sara, Antonio, Emilio Chilín el Malo... y Marcianita, por supuesto. Desde la muerte, ya con manos cruzadas sobre el pecho, observará que a ella la están atropellando. La desprecian... Es tan distinta y única que pudo haberse parecido a María Regina Montilla del Pumar, emparentada con José Ignacio del Pumar, el Marqués, y simpatizante de la Sociedad Secreta de la «Comuna Hermanos», rival de las hordas españolas, desde las caídas de la Primera y Segunda República.

Oye. Le preguntan: «¿Qué vienes a buscar, Marciana? ¿Por qué no te quedaste en New York, echándole vivas a Alvizu Campos, a comunistas y mujeres modernas, putas y colmillúas que piden que se extienda el voto hasta para quien no sabe leer?»

Se burlan. Y la culpa es de Marciana Font, la madre blanda... «si hubiera sido como aquella que yo conocí, después que quedé viudo, mas era blanda, pobre mujer mía, mi viudita».

Se lamió los bigotes hasta en forma de cadáver y eso que Cecilio ya estaba viejo para esos romances tardíos con La Capitalina... ¿Recuerdas, Getulio? Te dije: házla que venga, que sea puta no me importa, yo sólo quiero que me haga recordar lo que hubiera sido ser valiente, como libertador, subirse a un caballo de los que el Marqués José Ignacio regaló a Bolívar, uno entre mil caballos, tener un segundo aire de vida... encomendaría a todos, entonces, proteger una Doncella, la Libertad... y recordó obsesivamente cómo hasta los Font fueron concitados a luchar contra el coloniaje y la opresión del negro.... Entre lo mejor de Hato Arriba, estuvo Manuel, Miguel, Ramón y Rodrigo Font Medina, hacendados que liberaron a sus negros (a Juan, Santos, Cruz, Félix y Aureliano) y a todos, esos antiguos Font-Medina, los educaron como revolucionarios, sea por la influencia de Pancho Méndez Acevedo y sus hijos, o por Manuel Rojas y su hermano, quienes les dijeron: «El verdadero triunfo es poner todo lo que tenemos por una patria libre. Una empresa propia de hermanos». Entonces, Marcianita habría sabido, por la boca de su padre, lo que cuentan los venezolanos de la antigua provincia de Bariñas: Somos bolivaranos.

Ahora que todos los secretos de María Luisa Arteaga están en la hacienda de Agustín y la rama santanderina de los Mendoza se mudó a Pepino, YO, CECILIO DAMASO ECHEANDIA VELEZ, ex-Juez de Pepino, gran propietario, cierro los ojos, por causa de la muerte, y me declaro culpable de no levantar un dedo por la causa de la libertad. Acaricié la idea, es cierto. Pero no hice nada. Tenía no toda, pero algo de la dote del Márques, que pasó a mis manos. La usé para mi beneficio. Soy como un ladrón. Quise educar bien a mis hijos. Les golpié con un látigo para ponerles vergüenza... pero cotéjese los hijos que me dio la vida, uno hasta asesino, delincuente... ¡Tanta riqueza que tuve y se me fue entre las manos! Mucha tierra, tierra con esclavos... y ahora se están peleando todos por un pedazo de la haciendita y las casas que me quedan. Han de querer sembrar más cañaverales... No puedo evitar lo que venga ni hacer nada desde la muerte...

«Déjame compadecerte, Marcianita! Acércate y dame un beso, como el de las Hermanas de la Sociedad Secreta en Trujillo... ¿Me recuerdas, con mi carácter duro, Marcianita? y tú más dura que yo, obstinada... Eras como la Coronela, la Santos Moreno de Trujillo»: verdadera amazona, una guerrera que habitaría a las orillas del Termodonte, en Capadocia, y admiraría la selva como el paraíso.

De entre aquellas guerreras que se amputaban el pecho derecho para que no les estorbara en el manejo del arco, una has de ser tú. Una de aquellas que el cronista Francisco de Orellana, cuando exploró en el gran Río de América, creyó encontrar en la selvas venezolanas y del Brasil...

Sin embargo, a El Pepino, cuando llegaron desde Bariñas estos Callejo-Pumar (los de Micaela) y los Pumar-Callejo (los de Josefina), estos Arteaga-López (de Fernando), ninguna intención tenían de recordar que en Sur América, como aquí en la islita, cada mujer campesina debió ser amazona. Y él, o alguno, trajo la fortuna, como ellas, sus heredades y vidas, que debían ponerlas al servicio de la lucha y las células de Hermanos. Los rebeldes de Camuy y Lares han esperado que esas familias respondan, no sólo él... «Toda la famila Echeandía-Mendoza».
«A la patria no dí nada, Marcianita». Cierto es: no he pedido dinero. No. Tampoco se me dijo que participe en las reyertas cuando se han dado. «¿Qué me han pedido?», me pregunto. «Te veo, Marcianita, hija mía, y entristezco al pensar que es tu vida».

... Tal vez sólo fue éso. Que instruyera en los Diez Mandamentos a los esclavos... El Marqués dio, por amor por la causa de Simón Bolívar mucho más. Dio 1000 caballos... «Y ustedes, nada, yo, nada, ninguno y muero triste, ni siquiera duré como alcalde». Los liberales de Andrés y Manuel Méndez Liciaga dicen que los Echeandía se comportan como represores. Hubo quien nos lo sacara en cara. Debió ser alguien bravo: Avelino Méndez fue uno. Uno de espuelas en Lares y, por igual, lo dijo en Pepino para que tuviera validez y doliera, antes que él, Don Genero Eleuterio López, a quien el Alcalde Chiesa Doria lo deportó a Vieques. Alguien que, desde 1842, por lo menos... que haya recibido informes de lo que el Marqués del Pumar Callejo, muerto en 1814, encomendó que se hiciera como apoyo a los Hermanos, la Causa criolla de El Triunfo y de La Fe, algo con dinero que Juan Bautista Echeandía trajo. «Es que ya, en cárcel y declarado insurrecto contra España, no habría tiempo para otra cosa que darlo todo a la Patria».

Desde 1784, mucho antes morir testó: «que el día que muera, o se me capture, a los míos comprometo, a que se vendan mis haciendas y se liberen mis esclavos, y son poco más de 400 esclavos, las 58 leguas cuadradas de tierras en hatos, no se las pueden llevar al Caribe, como una pieza en brazos; pero la cosecha anual de 4.000 novillos, véndanlas. Dejen los 2 palacios míos como recuerdo; hay 65.000 pesos en efectivo, varias haciendas, embarcaciones, prendas y muchos bienes; todos los caballos que sean para Bolívar y quien luche en sus ejércitos, los que decidan acogerse a la Ley de Gracias, vayan al Caribe, allá tengo amigos, algunos son socialistas utópicos».

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CARLOS LOPEZ DZUR / De EL PUEBLO EN SOMBRAS

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Carta de Dilia Calderas del 9 diciembre de 2007
Hola Carlos, disculpa que no te había respondido, el caso es que murió un amigo muy querido.

Carlos, en cuanto a tu opinión sobre los errores de las izquierdas en el pasado, pienso lo mismo que tú, la realidad es que no supieron aplicar bien los modelos; pero también es muy cierto que el poder económico y mediático siempre ha estado en manos de las derechas en el mundo, por ello ha costado tanto el surgimiento de las izquierdas que poseen el ideal de los libertadores de América; la desinformación mediática actual lo comprueba, fíjate como tratan a la mayoría de los presidentes de izquierda que han llegado al poder en los actuales momentos.

En cuanto al tema de los emigrantes españoles durante la guerra de independencia, te diré que tanto tú como yo tenemos ascendencia española, pues yo provengo de un pueblito llamado Michelena en el Estado Táchira, fundado por el Padre José Amando Pérez Arellano, descendiente del español Juan Evangelista Pérez y Gregoria Arellano. El referido padre fundó a Michelena luego de presentarse un terrible terremoto en la población de Lobatera, en el año 1848; le acompañaron familias como los Escalante, Guerrero, Hevia, etc.

Los Escalante se emparentaron con los Pérez, los Arellano y así mismo con los Guerrero, los Hevia. Mi bisabuela era de apellido Hevia, mi madre era de apellido Escalante por su madre y Guerrero por su padre; por ello te digo que tengo esa ascendencia española. En el libro de Michelena hacen referencia a que el Libertador en sus campañas decía «en honor al grito de Francisco García de Hevia»; lo único que se es que Francisco García de Hevia se denomina el Municipio La Fría, vecino de Michelena y mi bisabuela tenía el apellido Hevia.

Carlos, el caso es que durante la colonia existía mucha división entre los españoles conquistadores; fíjate, unos eran penínsulares, otros, blancos de orilla y otros blancos criollos. De la mezcla con africanos e indígenas surgieron los pardos y mulatos; pero los peninsulares prácticamente eran la nobleza, tenían que ser «puros» de sangre española y no tomaban en cuenta a los blancos de orilla que también venían de España, ni a los blancos criollos, descendientes de ellos mismos; mucho menos a los pardos, a los negros que eran sus esclavos, ni a los indígenas; de allí la guerra de independencia.

Nuestro Libertador Simón Bolívar, era descendiente de conquistadores, tales como Juan de Villegas, Juan Martínez de Villela, Bartolomé García, Francisco Martínez de Madrid, Alonso Díaz Moreno (fundador de Valencia), cuya hija, Beatriz de Rojas se casó con Antonio de Bolívar, hijo de Simón de Bolívar, bisabuelo de nuestro Libertador.

Por la rama materna figuran muchos otros conquistadores como Cristobal de Rojas, conquistador de Islas Canarias, descendiente genovés, Francisco Infante, Diego Vásquez de Escobedo, etc.

La familia Bolívar también fue desplazada en España en virtud de altercados con la iglesia y la corona, fue invadida en su propiedad y luego, así sería el poder sobre los ciudadanos que hasta le cambiaron su apellido por el de Rentería; luego retomaron su apellido como BolívarJauregui, y un hijo de Ochoa de la Rentería llegó a Venezuela y tomó el apellido que por origen les pertenecía, este fue Simón De Bolívar quien llegó en el año 1574.

Ha resultado interesante para mí conocer sobre José Ignacio del Pumar y Traspuesto, Marqués de las Riveras del Boconó y Masparro, las cuales deben estar ubicadas en Boconó, Estado Trujillo, vecinos del Estado Táchira de donde soy oriunda. Conocí en una oportunidad Boconó por cuanto estudié 6to. grado de primaria en Trujillo.

Un honor conocer la historia, Carlos, y gracias por tu generosidad en comentarla conmigo. Recibe besos y abrazos y lee proximamente «Origen de la familia Bolívar e Infancia del Libertador».
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a los dos Simones / Bolívar y Rodríguez

*

Desde 1808, ya que trabó amistad con Francisco de Miranda y, con él, es precursor de muchas cosas que pensadas y lichadas, a fin de conocer a Bolívar. «por ahí anda un hombre» que insiste en verlo. Dice que viene como enviado de una Escuela de Propagandistas, escritores y doctrinólogos de uno que otro asuntillo.

«Que tal vez te importe verlo, me dijo... Que de seguro uno (de los que abundan en los Talleres Literarios de Londres) te conoció, te menciona en sus círculos... Mencionó a Adams Smith, James Mill, Edward Gibbon, ¿alguno de ellos? Aún el recado me dio mala espina, Simón. Son ingleses, seguros que agentes de Lord Shelbourne.

Jeremías es quien te busca. Estuvo en México con gestiones de entrevitarse con revolucionarios; pero, España es celosa con las injerencias... Allá en México, como en España, han de conocerlo mejor de lo que lo conocemos. Y me pregunto, ¿quién es Jeremías Bentham si no un pobre diablo que imita la vileza y cinismo de Lord Shelbourne que lo apoya? Shelbourne, primer Marqués de Lansdowne, quiere brillar con grandes opiniones como Líder del Tesoro y de la Casa de los Lores y se rodea de sabios eminetes, o acreditados radicales; y Bentham se atreve a lo mismo porque tienes escritos, planes, proyectos,y consejos, que dar a todo el mundo... Yo lo veo que echa rayos; se filtra como una tormenta. Tiene más brazos que un pulpo y, si su cabeza es igual, los brazos de su cabeza son serpientes... Amigos intelectuales me han dicho que se escribe con argentinos, guatemaltecos, que tiene fascinados a O‘ Higgins, el chileno, y en Guatemala a José del Valle... Simón, entre las miles de cartas que escribes, se te hace familiar su nombre... En México, ni Gobierno ni resistencia rseparatista, dentro de la iglesia, lo recomienda conveniente por su fama de Nomoteta díscolo y utilitario, ateo según algunos. Por eso ha decido trasladarse a Venezuela, conocerte y de paso, reencontrarse con Miranda.

Pero yo celo tu cuerpo, Simón.

Visualizo en tu persona una diafanidad moral que no tiene los resabios del impulso ultramontano, pro-bestial, de esos discípulos y agentes de Shelbourne y Bentham que confunden la utilidad con el principio de la felicidad para el mayor número. Claro que el placer debe predominar el dolorl. Claro que hay que propiciar un cálculo de felicidad y quererlo como beneficio de la mayoría; pero, si ésto, es lo que Bentham pretende y por una concepción liberal de la felicidad es que trabaja, ¿por que no entiende que muhos alientan la obtención del placer son los mismos que animan el dolor en otros y evitan el plcer a que tienen derecho? Claro que hay que buscar la felicidad para el mayor numero', ¿peró como sabe acerca del dolor que debe evitarse quien no ha sufrido? ¿De veras la moralidad puede ser calculada matemáticamente como balance de satisfacciones y sufrimientos? ¿Es como dice que es 'la conciencia, cosa de existencia ficticia, o saldo de sensaciones al estilo de Helvétius, o David Hume, o Hobbes?

Te digo y verás si le das entrada... que él me ha provocado mala espina y, peor es la mala pedagogía que se desprende de lo que ha pensado... Una ética fatalmente basada en el sensualismo, el cJ;culo de placeres, y la búsqueda de lo más provechoso para el hombre. ¿Qué es provechoso para el hombre que evade sufrir y que no quiere sacrificios? ¿Qué sistema educativo orientará a las repúblicas nuevas? ¿Qué modelo de reclusión peninteciaria debe ser provisto? ¿Qué haremos con la usura y qué con los controles sociales que debe ser creados? Invocándose ideas abstractas de justicia y cálculos de placer y dolor, mira lo que han hecho los gobernantes de Norte: prohiíen la importación de esclavos a tierra continental mientras reprimen a los indígenas... La esclavitud la quieren en el Caribe, al Sur, y ese es el juego de los británicos benthamitas. Un delito formal es 'todo los que el legislador prohíbe' y, hace un par de años, en 1808, dijeron que es delito importar esclavos y que es 'delito sustancial, todo acto que debe prohibirse por razón de algún mal que produce o que pueda producir'; pero es retórica de cáculos, ningún esclavo de los ya comprados y explotados será declarado libre... Jeremías dice que la usura es una ofensa, pero si se comete con el consentimiento de la víctima, hay que conbsentirla. No sólo defiende la usura, también la pederastia, los campos de concentración de trabajo esclavo...

Puede que privar de libertad se resuelva sólo rediseñando una jaula... yo no entiendo, Simón, cuando dice que la envidia y los celos 'no son vicios ni virtudes, sino penas'... Si todo castigo es malicia y en sí mismo malos, si 'cada ley es una infracción a la libertad; si no hay castigar adicionalmente en el sufrimiento o la pena, ¿para qué él mismo propone tantas? Si 'el vicio es un error de cálculo en la búsqueda de la felicidad', ¿por qué hay que crear una dictadura constitucional, a solicitud de Jeremías? Si es inútil hablar sobre los intereses de la comunidad, sin entender cuál es el interés de la persona, ¿por qué es el demagogo que es?. Quiere lo más fácil y gratuito del Bien y del Mal. De ambos mundos. RacIonalismo represigvo y anarquismno al mismo tiempo, pero es indiscutible, Simón, que la vida no es de ese modo.


* * *

Simón Rodríguez, el que bendice el cuerpo de Bolívar con el rayo de la saniduría, guardó al fin silencio. Su amigo hace un gesto de reccobrar muchas fuerzas. Preguntó si había noticiasde Francisco de Miranda, héroe de una victoria en Valencia, segïn lo último que se supo. «Regresó a Cartagena», allí se refugió Bolívar, mas en lugar aparte para no confesar .la pena de desastres militares ocurridos.

Era 1812, cuando Rodríguez le trajeron el recado del famoso británico, el Gran Jurista y Filósofo del Estado, ue quería verlo... Un negro enfermero, una vez terminara de curar heridas, lo dejó domir por días y el amigo de alma le hizo vigilia, estuvo leyéndole noticias en torno a este fantasma del británico loco.

«La naturaleza ha colocado a la humanidad bajo el gobierno de dos amos soberanos: el dolor y el placer. Ellos nos señalan lo que tenemos que hacer», era una frase de Jeremías. Bolívar despertó con ella, recordándola en la voz de Rodríguez, el Maestro.

«Si salgo de este dolor, recibiré a ese hombre. Algo será primero. El deber. Pasaré a Mérida, invadiré Venezuela y daré gracias a Cartagena, que me consoló en esten dolor. Ya no me sientio herido. Nueva España no puede ser libre si Venezuela no lo es primero. Queda la batalla. Guerra a muerte... y, entonces, eso que me dijeras, como exaltado... principios de felicidad, 'felicific calculus', que preocupan a Jeremías Bentham, no cuentan con dolor como el nuestro, parto de pueblos libres. El no cala el dolor del que hablo, pero ya da recetas. No sufrirá en la batalla por la felicidad; pero ya propone sus asesores. No se entregará la felicidad al mayor número / que juro que vive más dolor que el mío / si no se comienza por pisar los riesgos, trotar en los desastre... Tráeme papel y plumilla, Maestro. La lucha comienza y voy a manifestar que comienza en Cartagena, después de oírte».

04-11-2005
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Por celo de tu cuerpo, Simón
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Mantillita la Beata
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Indice: Rayos por celo de tu cuerpo
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En Campaña Admirable 1813
*
(Podéis cantarlo con la tonada de la música de
Alí Primera en «La Guerra del Petróleo»,
que comienza así:

«A mi me daría dolor, que nos matemos mi hermano,
ven amigo Colombiano, vamos juntos a luchar,
nuestros lazos de amistad
Eh Eh, por siempre perdurarán,
somos hijos de la Patria que nos dejó
el Libertador, y a defender con honor, su herencia nos llama»)
Por DILIA CALDERAS


BOLÍVAR EN CAMPAÑA ADMIRABLE 1813

Bolívar desconoció a Labatut en Barrancas,
con doscientos compatriotas, el Magdalena bajaba,
iban hacia Tenerife para enfrentarse en batalla,
solo que por Salamina, conoció a Lenoit Anie,
de París interactuaron y hasta amor se profesaron.

Fue a Tenerife y propuso luego la rendición,
pero en respuesta la rendición fue denegada,
diversos puntos asignó para la tropa,
y emprendió ataque de manera simultánea,
realistas abandonaron, hasta las embarcaciones,
que en Puerto habían amarrado.

Ante la ausencia de buenos jefes para la guerra,
con vigilancia de los realistas en las provincias,
marchas decide por enormes extensiones,
e hizar banderas en los sitios liberados.

Abandona el Magdalena, por el río César se interna,
en Provincia Chiriguana,
luego vuelve al Magdalena, rindiendo a Tamalameque,
en Puerto intensa es batalla.

En Cartagena Consejo de Guerra le preparaban,
pero alegría en la población triunfo ocasionaba,
por tanto marcha a Venezuela por la montaña,
en el Oriente le reciben en Ocaña y
Cuartel General instala.

Corría ya enero del año 1813,
informe de Tunja anuncia avance de Monteverde,
Correa y sus tropas iban camino a Pamplona,
y alegría por contrataque sintió Bolívar,
solicitarían ayuda y oportunidad sería,
para invadir Venezuela, mision que se proponía.

Manuel Castillo en la frontera solo quería,
lucha en provincias, por lo local, sin apoyo a Bolívar,
quien pretendía ataques conjuntos sobre Cúcuta,
para avanzar a la vía de San Antonio;
Castillo decía que encuentro,
con Correa solo ocurriría,
si avanzaba hasta Pamplona,
manteniendo defensiva.

Bolívar decía que la suerte de las naciones,
ligada estaba a destruir fuerzas en Venezuela,
opinión daba con respecto a la esclavitud,
decía que era una gangrena, comenzaba en una parte,
al todo se comunicaba y perecía el cuerpo entero.

Muy preocupado dividió ejército en dos cuerpos,
por serranía que separaba Hoya del Magdalena,
con cauces del Lago de Maracaibo y por la Aguada,
libró combates y por río Zulia a Cúcuta avanzaba,
por tal motivo envió a Ribas, quien venció a los realistas,
en alturas a la izquierda,
el Congreso granadino se sorprendió con victorias.

Aunque Castillo de incapaz acusó a Bolívar,
de arriesgar en empresas quiméricas a tropas granadinas,
Bolívar dijo al Congreso, que tenía su excelencia,
Cúcuta ya libertada y que ahora solo restaba,
vencerles en Venezuela, como en Pamplona y Santa Marta;
permiso solicitaba para continuar campaña;
el Congreso le nombró ciudadano en Nueva Granada,
también General en Jefe de Ejército de la Unión.

Aquí cambia la música para el cumpleaños colombiano: «Ay, vamos a cantar con emoción......» En mayo otorgan a Bolívar el permiso a Mérida y Trujillo, juró al Congreso y con tropas de Castillo, luego fue a San Antonio, Monteverde tenía al mando 6.000 hombres, Bolívar 700, pero hincapié hacía en sus soldados, que Venezuela respiración vería en sus villas.

Que en menos de unos dos meses,
terminaron dos campañas,
comenzando la tercera,
que él muy bien conocía
sus sentimientos magnánimos
por hermanos esclavizados,
que podrían darles salud y también la libertad,
pues con sus invictas armas podrían desaparecer
a las bandas españolas;
disiparian las tinieblas, delante a rayos del sol,
pues libertad, salvación, nuestra América esperaba;
«Corred a colmaros de gloria adquiriendo
el sublime renombre
de libertadores de Venezuela».

Recordaba Bolívar que en patriotas, después del armisticio, Monteverde se cebó en su sangre y bienes y asesinatos hizo; maniatados morían a pistolazos, azotados y también con sablazos, en Guatire, Caucagua y Curiepe y también en vecindarios de Caracas; todas las calles parecían ornatos.

Cuando emprendieron la «Campaña Admirable» la fuerza enemiga actuaba, desde Trujillo con el Capitán Cañas, Oviedo en Barquisimeto y nuevos cuerpos en Coro; en Guasdualito 900 tenía Yánez, Tiscar tenía 1.500, para actuar desde Barinas y en San Carlos, Izquierdo con 1.500; evitar concentración quería Bolívar con Castillo en La Grita y ayudando Santander vence a Correa, pero lo hacía pues territorios defendían; luego del triunfo Castillo renunció, al notar que el Congreso, a Bolívar no desautorizó y la tropa quedó a cargo de Santander.

(aquí el verso pasa a ser joropo)

Ay, Santander se distinguía, estudió allí en Santa Fe,
partido «federalista», pero no se apasionaba
en organizar política;
Centralismo o Federalismo
no era lo que le importaba,
solo que las sociedades
libertad no confundiesen.

Decía que con anarquía, desgobierno
Con República o derechos con desorden;
Conocía muy bien derecho,
defendía obediencia a leyes,
mientras que a los hombres no;
estado que fuese fuerte, sin autoridad
despótica establecida en América.

Que conquistar Venezuela como Bolívar decía,
locura era, pues tropas insignificantes tenían;
le advertía que su propósito consideraba irrealizable,
ni para comprar tabacos para la tropa tenía,
por tanto no se extrañara
si deserción general en aquella tropa había.

Conociendo antecedentes Bolívar le dejó en frontera, para altos mandos nombró a Girardot, a D´Elhuyar, a Urdaneta y Félix Ribas, emprendiendo la campaña contra Mérida y Trujillo. A Girardot ordenó perseguir fuerzas de Cañas, activó reclutamientos con indultos, garantías a dispersos de Correa; cuatro pesos ofreció a los que se presentasen, con fusil y bayoneta, sin embargo en Venezuela no notó el mismo entusiasmo de juventud granadina; los campesinos huían para evitar la recluta; víveres, bestias y armas o soldados no conseguían,
la población lo escondía con pasiva resistencia.

Recordó al prócer Miranda, su trastorno y desaliento,
pero optó no abandonar y más bien crear conciencia,
pues de Francia el ideal había llegado en el 13,
a una capa muy pequeña, blancos criollos, minoría;
fuerzas no conformarían si obstáculo poderoso
como el odio se imponía,
donde luz y libertad fracasaban como vía.

Decreto de «Guerra a Muerte» a Españoles
y canarios por lo tanto establecía,
si no se unían a la causa y a americanos otorga vida.
En el Decreto expresaba, que hermanos les perdonaban,
aún cuando fuesen culpables, pues a ceguedad, ignorancia
autores habían inducido;
que no temiesen la espada que a cortar lazos venía,
con que ligados a suerte de verdugos les tenían;
aquella lucha de razas que desató el español,
requería mortal contienda para evitar
deserción que al español se sumaba.

Girardot venció en Obispos fuerzas del Capitán Cañas;
Bolívar tomó a Barinas, donde el Marqués de las Riberas
del Boconó y Masparro, Don José Ignacio del Pumar,
mostrando amor por la causa, le regaló 1000 caballos.

Ribas venció en las Mesitas las fuerzas que habían de Tiscar;
Órdenes dio Monteverde, que Oberto con sus 1000 hombres
actuara en Barquisimeto;
Izquierdo con 1200 que estaba en Barquisimeto
debía reunirse con él, ir de San Carlos a Araure,
a fin de cerrar el paso.

Al enterarse Bolívar dividió tropa en dos alas,
Ribas por la Cordillera siguió marcha hacia el Tocuyo,
con Girardot y Urdaneta, por los linderos del Llano,
en dirección a San Carlos,
para batir a las tropas de Monteverde separados.

Ribas ganó en Los Horcones, combatió fuerzas de Oberto,
también venció a Monteverde, quien defendía a Caracas.
Bolívar se fue a San Carlos cuando Izquierdo había huido
por la derrota de Oberto,
pero no obstante a Valencia Oberto fue perseguido.
Avanzó hasta Tinaquillo y en Taguanes le vencieron,
seis horas duró el combate, realistas se disolvieron;
hubo muchos prisioneros, muchos fusiles,
cartuchos y pertrechos consiguieron;
la infantería de Izquierdo toda pasó por las armas.

Ay, considerando Monteverde que perdería a Caracas,
dejaba a don Manuel Fierro, quien mandó a Francisco Iturbe
y al Marqués Casa de León como emisarios de paz;
Bolívar fue a La Victoria, abrazó a Francisco Iturbe
por ser él su protector, con pompas y ceremonia;
el armisticio firmó, aún cuando tenía objeciones,
pero entregada Caracas disipaban resquemores
pues la gloría conquistó.

En carro regio «triunfal» Bolívar entró en Caracas
y de pie con su uniforme, Bastón- insignia de mando;
adornadas ya las calles con flores, laurel y olivos
y en la cola de Nevado, hasta las flores lanzaban,
su gran perro que adoraba;
12 jóvenes le coronaron, pero una causó agrado,
fue Josefina Machado, morena y con bella tez,
cabello negro y encanto.

Buscaba oportunidad Josefina con Bolívar,
luego sintiéndose dueña
solucionaba eficaz manejos en el Estado;
solo que sus adversarios llamándole aduladora
como Holstein le criticaban.

Poco tiempo duraría el amor que profesaban,
al perderse la República, en el 14 se alejaban;
escuchen ahora la historia y aprendan a valorarla.

DILIA CALDERAS / VENEZOLANA
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Entrevista con Pablo Arvelo Latorre:
Notas y documentos de parientes venezolanos
«Entrevista con Pablo Arvelo Latorre»: éste, hijo del hacendado Juan Francisco Arvelo, del barrio Pozas, quien refugiaba a los que huyeron de las tropas invasoras y las Partidas Sediciosas en 1898. En su casa, se refugiaron las familias Méndez Cabrero y Méndez Liciaga.

Nació el 26 de junio de 1883 y la entrevista con él fue realizada el 20 de octubre de 1977. El rememoró anécdotas referidas por su padre Juan Francisco Arvelo relacionadas al matrimonio de Abraham Vélez del Río (1826-1877) con Alejandrina Alers, madre de Aurelia M. de los Remedios Vélez (1871-1905).

Explicó los orígenes genealógicos de la familia de Higinio Arvelo, ex-administrador de Los Velez, en términos de inmigrantes venezolanos de Bariñas en 1820; y los parientes suyos, en términos de partidarios revolucionarios, de la misma cepa Echeandía.

Habló del por qué Margot Ortíz González, criada en la familia Ortíz-Alicea y Prat, viajaba a Venezuela, con su 'compañero' Gumersindo Arvelo; reuniéndose en familia, «en confort» durante la década de1940 a 1950. aunque por amor a parientes en Pepino, renunciaba a una vida más agradable y menos lujosa. Vivió las miserias de los '30 y en los '50, se empleada como doméstica en Pepino

«Juancho» Arvelo, el esposo, descendiente local de tal familia fue urgido por, por motivos religiosos, de casamiento como condición para heredar en Venezuela , según María L. Rodríguez Rabell vda. de Negrón, quien intercedió para que ambos contrayeran nupcias, después de muchos años de unión libre. Por razones deconocidas, Doña Margot y él prefiern no vijar más a Venezuela y vivir muy pobremente en Pueblo Nuevo. De su crianza con los Alicea y Arvelo, entre las llamadas familias respetables, el previo amasiato de la pareja les separó.

Arvelo Latorre refirió que su bisabuelo el Viejo Arvelo y su padre, Juan Francisco, rivalizaron con los Alers cuando Alejandro Alers fue el principal terrateniente del Pepino, por causa de las malandanzas de sus hijos Juan Bautista y Silvio Alers. Esta familia llegó, originariamente, a El Pepino por la vía de Santo Domingo (Guarico, República Dominicana). Fueron padre de ellos Juan Bautista Alers Bracetti, casado con su prima Ana Amelia Alers Larronguín. También, procedentes de Santo Domingo, antes de 1800, y se establecieron en Aguada, Eugenio y María Alejandrina Alers. Otro de ellos, Juan Francisco Alers, se estableció en Añasco. (L.D.S. Microfilm #1389445).

El entrevistado tuvo vagas nociones sobre el origen dominicano de éstos; pero sí recordaría los duelos en ranchería (Mirabales) y el motivo de los mismos. Advirtió que, en tiempos de sus abuelos y bisabuelos, los agricultores más ricos fueron Venancio Esteves, Felipe Arana, la familia Vendrell y Manuel Prat, «hasta que los Cabrero y Echeandía, la gente de las Bariñas, vencieron con la apuesta de quedarse con todo». Según contó, «los catalanes y mallorquines por ser muy abusadores con peones y negros, se ganaron la mala voluntad de mucha gente decente y también de otros agricultores ricos; nadie quería trabajarles la tierra ni darles crédito y, poquito a poco, la peonada se iba para trabajar con los Echeandía y Cabrero, antes que con Alers, Prat y Arana... Quien vino a pagarlo fue doña Lala, la última dueña de la hacienda Los Velez. (A ella) quemaron antes que a ninguno otro, cuando la revuelta de Lares y, entonces, se hizo una apuesta para perjudicar a los catalanes y mallorquines. Le dijeron a Vidal, Arana y Vendrell: ¡se van a tener que ir! Igual que Manuel Prat, pero él no se fue y Casildo (Vélez del Río), ése sí»

El entrevistado, quien proveyó algunas de las coplas sobre la familia Prat que utilizamos en este libro, coincidió con González Rodríguez en explicar que, después del Grito de Lares, en El Pepino hubo una «conspiración silenciosa», alrededor de la cual se hacían apuestas, «para sacar de los campos a los esclavistas y maltratadores de sus peones; el deseo era que se quedaran los mejores hacendados, los que ya eran criollos y liberales», e.g., los Echeandía y Cabrero.

Las familias Arvelo, Prat y Latorre tendían a casarse entre primos, según Pablo Arvelo, «para proteger los bienes y dones de sangre, práctica que adquirieron de los catalanes originales de Mirabales».

Algunos al comenzar el régimen norteamericano, se hicieron anexionistas, adviniendo como asambleístas municipales (e.g., Pablo Latorre, en 1932; Anacleto Arvelo, en 1950; Antonio Latorre Arvelo, en 1960, etc.)
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Carta de David Alicea Marxuach, 12 de febrero de 1978
La Carta de David Alicea Marxuach, 12 de febrero de 1978, informa 0por correo ordinario, desde Brcelona, España, las relaciones del Dr. Fermín Alicea G. y Britapaja con el Instituto Pasteur y el Dr. José de Letamendi de Manjarrés. Este médico y polígrafo barcelonés, a cuyo amparo colaboraba el Dr. Alicea, nativo del barrio Furnias (hoy sector de Mayagüez), ha sido considerado uno de los precursores de la Medicina Sicosomática y propuso un Plan de Reforma de la Patología General.

David Alicea es uno de los nietos de Rita Eulalia Alicea Prat (1852-1917), esposa de Arsenio Bastide. Según la genealogía de la familia que Alicea Marxuach preparaba, la pepiniana Dominga Prat y su esposo el Dr. Fermín Alicea G. y Britapaja, procrearon cinco hijos: Rita Eulalia (1852-1917), Servando (n. 1853-1922), Francisco José (n. 1854-1914), Cielo José (n. 1856-1899 y Salvador (n.1857-1931), todos fallecidos en España.

En la carta se hace mención de los aportes médicos del Dr. Ramón E. Betances y el interés de los médicos Alicea y Letamendi por conocerlos.
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carloscald.lopez4@gmail.com