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El proceso femenino / CONT. / 3

[Profecía de la mujer infiel]

Ví a la mujer que dijo a cada varón
que conocía: «No creo en tí».
En momentos de ira, ella gritaba:
«No te deseo», porque tenía
su jardín en la oscuridad de Occidente
y el Sol no llegaba a la huerta y los pétalos
de sus rosas se cortaban, si alguna vez cortados,
marchitos, escuálidos, con el color violáceo,
sin esplendor, de una llaga.

En la puerta de su casa, la más amplia
de las puertas que ví, había cerrojos
arriba, candados abajo, pestillos
y pasadores a los lados, y mucho polvo
y telarañas. Un rótulo leía:
«Prohibido Entrar», y en el interior,
si alguno entró antes que se clausuran
las ventanas, alguno sería que vivía en terror,
o en tentadoras indulgencias.

Dicha no había. La alegría
no estaba allí, sino la rutina,
la aridez, porque esa mujer no tenía
útero como la Madre Fértil que yo conocí.
Su feto fue el accidente de sus cautiverios.

Nadie la llamará Emperatriz
[a ella quien presume la ética de muchas
jefaturas, y siempre está en pie
con función ejecutiva]; nadie la llamará
Sacerdotisa porque no conoce los ritmos
de la Luna ni los plenilunios; una corona
ciñe su cabeza y son doce calaveras
como si fuera pirata en laguna del saqueo.

Codicia, ambición, sus lemas; nadie ha visto
su túnica, han dicho que es gris
y que sobre ella se orinan los gatos
(todos pardos en la noche eterna)
pero, utiliza una bandera multi-estrellada
de algún imperio que le dice Triunfadora.
A sus pies no hay espigas ni semillas
que se valga sembrar, ¿dónde?
sin el Sol, su huerto es un ortigal.

Nadie le dirá dueña de Abundancia
ni hija de Vav, ni conectora, ni bienechora
por su influencia en el mundo.
De legiones de sombras está rodeada
y la Cornucopia de las Delicias está vacía.
Sirvió en sus banquetes alimentos tan rancios
que ninguno de sus comensales aprobó
y la miran con caras largas, estómagos vacíos
y no catan el vino, siquiera el agua,
porque es agua de Mara.

Nadie la llamará Motivadora
porque sus mensajes agravian el placer
de vivir. Su demanda es la Lucha, rigidez;
su verbo son: Litiga. Castiga. Vence.
Corta la raíz. Abrete, mundo.
La puerta es ancha. Echalo, humíllalo.
Atosígalo. Niégate. Tírale tus ventosidades
a la cara. Házlo sentir innecesario, vale-poco,
inadecuado, insignificante, espurio.
Que viva la mujer en despecho.
Que viva el feminismo.
Ellas primero; yo, la mujer.

... pero ví que la Mujer no tiene armadura.
Ningún varón la protegerá porque a la inocencia
desolla como a carneros blancos
que huyeron a la distancia, curiosos de su jardín.
En tierra de cabos sueltos vive, con féminas
que le forman corifeo; pero que nada regulan
siquiera su lealtad. En tierra de elementos
caprichosos, ella dijo: «Estructuro, ordeno»,
y falsamente lo declara, porque su poder interno
es impulsivo y traiciona la Verdad
del Tzadik-emet.

Profecía doy de la Mujer que se fue de Tiferet,
esfera de Rajamim, misericordia, y se virilizó
con lo peor del varón y con quien no dio
de su ser a otros, morirá. Ninguno vendrá
en tiempo oportuno a consolar su amargura.
A la que cerró su útero para la benevolencia
costará que vuelva en teshuvá a Hashem.
Lento veneno será su falta de humildad.
Cárcel le será su homofobia
y sinceridad no tendrá de sus amantes.

Profecía doy de su caída con dolor
porque su hija vive en la orfandad
siendo Hija de Rey, hija de sacerdote
y él es un Carnero blanco, y la llama.
Espera a la que no vendrá.

*

10.
Homenaje a Hebe

Aquí pueden llegar los sedientos
de ideales, los cansados, los hambrientos
de cambios y direcciones, aquellos en fuga
de jolgorios, tedio y oprobio, desalentados
por tanta recholata, incómoda, vulgar y envilecente.

¡Navegantes con hambre de futuro,
conocedores de la oscura noche del alma,
compulsivos outsiders, realengos
pese a la afinidad social y compasión al grupo&,
aquí es la cita.

¡Vengan!
¡Se servirá del néctar de la Diksha!
Aquí se beberá la amrita gratis,
por gusto de transición contínua.
Hebe se inventó la resbalada.
Se ideó los túneles raquídeos.
Tropezó con el chasco
y repartió el deleite
de las copas sagradas.

2.


Esta es la tala.
Aquí llueve el ritmo sobre la calle mojada.
Se lubricó un pedazo de cultura.
Se está en riesgo de recibirla en kundalini.

Anus en mole, átomos del aceite más puro
en la superficie del quiero y no puedo!
¡Caer de nalgas, levantarse y despedirse,
ab irato! Se denuncia, empero,
la incomprendida hebefrenia,
demencia precoz de cada pubertario:
¡la chiquilla está emputada
con tantas rascazones y martirios en vano!

3.


Comecandelas, anarquistas, ilusos,
inmaduros, quijotes, chalaos
—de todo cromo: ¡vengan a tiempo!
Los todavía insatisfechos con las cortesías,
incrédulos, no convencionales, los que ladran
hasta morder del rabo remilgos y ortodoxias,
¡aquí es la cita!

Vengan por su nuevo sentido de individualidad.
Si están introspectivos por la luna nueva
y se les llama apopléjicos, turulatos, heboides,
zopencos, vitocos, idiotas, pendangos,
¡enteráos! — Hebe se inventó
la rapada de coco,
el desgreñe,
la piojera,
el cartel provocador,
la iconoclasia.

Ella quemó el sostén
y tiró las pantaletas a los perros
y las águilas y los voyeristas.
¡Y le vale, le vale, le vale
tres cochos y diez remiendos!
porque ya vive sin mea culpa,
sin complejo, sin bochorno.
El susto ya pasó.
¡No cayó en balde!

José Clará y Ayats
—que es mi amigo en el mármol—
gritó: Juventa Vive y yo, con él, pigmalionaba.
José Llimona resolvió el Desconsuelo
al mirar la carita de tan modélica nymphette.
Creo que los tres la amamos cuando cayó
tan larga es y cuán cortamente fue vestida
entre las santas mugres del comportamiento.

En fin, que nos gozamos
las vasijas hechas trizas y a Hebe
que brinca,
que patalea,
que despotrica
y, por cuya causa, fluyó líquido
de eterna juventud a nuestros pies,
lavándonos con su tibia jalea de vulva
y agua celestial de luna llena.

4.

¡Mentira que seamos enteomaníacos,
partida de vulgares voyeristas, yo y los cheos,
taumaturgos en la pedofilia del cincel!

Fueron devas que nos dieron
de la Gñana inaccesible
—un momento tan solo,
un instante—
y salimos del microcosmos,
dualístico y externo,
es decir, del agüite de estos días
sin mínima poesía
hacia la puerta de escape del samadhi,
donde Leda y el cisne
nos agarraron la polla.

Otros la culparon ¡pobre Hebe!
—¡Qué anárquica, qué torpe, qué imprudente,
qué excéntrica, qué impúdica, qué pelos!
Las copas son divinas —se quejaron,
El vino es ambrosía, mil años añejada,
gota a gota (¿y ellos qué saben?)

Pero nosotros, por devas devorados,
la quisimos más, la descubrimos,
la deseamos; la sentimos
en los lícuos arrecifes de las perlas
y en todas las tormentas de los polos
—así y tan punky, tan guácalamente impredecible
y taruga y adorable y la gloria hecha pendejera
por tanto musgo y limo pegajoso y barranqueras
de su cuerpecillo de hidríade,
—supimos de su trotar de potrilla mañera
y de sus ganas de joder por amarnos.

5.

No lo sé, no me importa, ¿qué más da?
Se inventó el acomodo reológico del prâna
en nuestras copas... ¡es lo que vale!
¿Por qué con su salto sin pértiga hacia el alma?
Rara avis in terris, entre castas de rajputas,
así lo consumó, sin marometas
de tambores siderales ni torbellinos
de peroratas necias.

Fue el acto simple y súbito
por llevar las bragas en agaches del tobillo:
y, ¡qué obra maestra! cuando a címbalos
hizo un revoltillo con mi aliento y se inventó
the dishonest exposure.

Y los coros de ranas, pargos y guachinangos
(«comediantes» del Agora, como Nietzsche les llamara)
vieron su ombligo y dijeron:
«¡Qué asco!» y los prosudos sin raquis
se hicieron bolas a la vista del cóccix,
a la revelación de su magno coñazo.

Así es la turbulencia natural
de 50 billones de básicos instintos.
Los pobrecitos de hipotálamo,
santiguándose entre ellos, pidieron:
«¡Que sea sustituída de inmediato,
cubrid su endija, tapad su nalgatorio!»

Y los rebaños de la sadhana a Ganímides
ofrecieron el trabajo y él fue por las copas
de cualquier bebedizo, trago amargo...
mientras Zeus hizo vitatrones con el ego,
because the show must go on!

Entonces, La Ballena se llenó de gurudevas
y la flor de loto se destrozó sobre las lozas
y, siendo todos, amantes de utensilios
y mundarros cautelosos y códigos de moral
y gestos previsores, a Hebe la vistieron de hopalanda
y los pobres faquires le obsequiaron taparrabos
y las mojigatas ofrecieron sus velos
y alguna veterana comenzó una plegaria
en tiempo extra y fue cuando dijimos:
—¡Nos cagaron!

Dizque su hermano, argumentó:
«Ven a la trincha; ayúdame o aléjate»
y verbalizó del shrutis su odio a la pudenda.

Fue que vimos el ojo más caliente de la hornilla
y adivinaron la katutsha en medio de las cejas
y fue que los vellos horizontes púbicos de Hebe
parecían avionetas y volaron como arañas al tejado
y por su tamal se reveló su doble torta
y el hazteallá se quejó: ¡Qué extravagancia!
ya que su clítoris fue tamaño escarabajo
(¡qué carnoso hesperidio para chupar en privado
y sus nalgas, dos joyas, duplicado deseo al chintamani
(¡qué hermosura! ...házme el favor — yo me la llevo)
y los richis se purgaron el nabo
como obreros del pulmón llenos de cuitas
y se vinieron cuando apenas se habían ido
y los chelas, bebechelas tan chalados,
sustituyeron la amrita por chicoria
y esa noche salieron vomitados
por acusar a la flor inmarchitable
cuando Hebe los puso parejitos,
inventándose, en fin,
que la corrieran.

6.

Así, tan desmadrosa, fue su Diksha
(y la nuestra). Quiso irse sola.
Salir por el ojo invisible de la esquina.
Verse renunciada de estos puercos de kama
para quienes la noche de La Ballena fue chasco.
Mas —digo yo— Hebe fue
lo mejor de miles de ocasiones:
relámpago en la matriz del mundo.

Se quitó el mandil y quedó en cueros
y lanzó la copa del Olimpo sobre el hombro
y cayó redondita como jarro de OM
que flota con su gracia y se arrenja entre olas
como loto en el cieno o la nenúfar
sobre colcha de espuma.

¡Qué agasajo lunar, qué wahine!
Hebe cruzó hasta la salida de los baños
porque su padre la aplastó como a una mariposa
y dijo, voz de trueno:
—¡No sirves para nada, niña!

7.


Esta es la senda renovada de Hebe.
Sígala el que oye el sonido primario que ella invoca,
el que guste que sus pies sean refrescados
por la espontánea viña del ritmo de la lira.

Aquí es la cita y vengan todos,
excepto el hazteallá,
el bufón de precauciones saturninas,
el déspota, el sabihondo infalible
con cerebro de bula y privilegios de Papa...

(Basta que existan en los jolgorios del artha),
aquí que no vengan, ni consigo traigan
a los gananciosos, satisfechos de quemón,
ni a los veristas académicos, asalariados sin AUM,
ni a los remendones de posibilidades al azar
ni a los puritanos,
cantores de puranas.

Que vengan mejor los de sucios pies
porque aquí, donde Hebe está,
el supernéctar es agua
y canción de torrentes,
revolcón de olas,
rock del salpiqueo, estrofa de lluvia fría,
derrame contínuo, bautismo,
estanque y ánfora de versos,
sangre de profecía y vida,
ritmazo de meada, disparo de semen.

Lo mejor del caldo, la saliva,
el sudor, la adrenalina
lloverá sobre el cuerpo y desde el cuerpo
y el manantial será mano y pies
en pos de las doncellas
y la ninfa irá en pos del varón que ama y comprende.

Aquí se riega ella, Juventud,
y con ella la regamos.
Las ninfas chapotean
y Venus trae el pomo hecho trizas.
Juventa se rebela contra renacuajos y guabinas;
pero algunos, sumergidos en gozo por su causa
y, por susto de su regazón,
en su lugar, llenos de pelos y vibra,
aplaudiremos.

Cortaremos su paso.
Con ella y por ella, larguémos al tubo,
a la cloaca,
al desmadre,
a donde quiera que se ubique su carajo.
Ella sí que es ambrosía
para los que escuchamos la lira de Apolo
y el canto de los manantiales.

¡Con ella, somos como ella!
jóvenes, desafiantes, enérgicos, impredecibles,
orgullosos, candidatos a otros oficios, lugares y ciencias,
donde el amor echa pelos y se cuelga de la estrella,
y danzamos así con las musas y las Horas
y vamos a las islas encantadas
en aras de las hembras de los mares
y salimos de La Ballena
—¡despedidos!
pero llenos de porvenir y dignidad.

1-9-1993


Carlos López Dzur

El autor de este poemario titulado «El proceso femenino» tiene más de una decena de libros inéditos. Ha publicado los libros «El hombre extendido» (premiado en el Certamen Literario Chicano de la Universidad de California, Irvine), en 1986, «Yo soy la muerte» (recientemente publicado por la editorial Alebrijes), dos libros de cuentos y una investigación de historia. Es profesor de Historia y Filosofía Contemporánea. Reside en California.

Ver
El proceso femenino / 1

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El proceso femenino / 2
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