Que el género
chico no fue la expresión de las capas populares parece claro,
pero sí lo fue en muchos
casos
de una burguesía liberal, a menudo muy crítica con el sistema
establecido y, en todo caso, muy alejada de la autocomplacencia. En la
mirada hacia el pueblo, mirada cargada de sentimentalismo y moralismo pequeño
burgués, hay un intento de dignificar la imagen de los de abajo
que podemos encontrar igualmente en Galdós y en otros autores progresistas
de la época.
Por otro lado, no hay que olvidar la importancia
de la tradición carnavalesca, popular, en el género
chico. El mundo de la risa, de la burla, de lo grotesco, forma también
parte y se manifiesta en la importancia de la fiesta en los argumentos
( La verbena de la Paloma, Agua,
azucarillos y aguardiente y La Revoltosa
transcurren en días de verbena) y del ambiente festivo que engloba
todas las obras del género, con sus músicas fáciles,
pegadizas y sus bailes. La evasión es uno de los constituyentes
básicos de la fiesta, ese mundo aparte caracterizado por la suspensión
momentánea del mundo real y todas sus jerarquías, igualadas
por el rasero de la burla.
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