La aparición de los teatros
por horas suscitó una demanda creciente de obras que pudieran
surtir los escenarios de esta nueva modalidad. Eran necesarias obras
cortas, de una duración cercana a la hora, bien " de verso", bien
líricas. Contaban los creadores del nuevo sistema con un repertorio
de obras cortas que servían de preámbulo o fin de fiesta
a las obras largas de los teatros de sesión completa, así
como con zarzuelitas en un acto que se habían desarrollado a la
par que la "zarzuela grande" a partir
de los años de1840-50.
El primer repertorio de Valles, Riquelme
y Luján incluía varias de estas obras: juguetes cómicos
como La mujer de un artista, La voluntad de la niña,
A
partir con el diablo,... zarzuelas como El estreno de un artista,
de Ventura de la Vega y Gaztambide, Los
dos ciegos, de Olona y Barbieri, La
vuelta del corsario, de García Gutiérrez y Arrieta, e
incluso parodias como Las damas de la Camelia.
Este repertorio muy pronto resultó
insuficiente, y empezaron a producir nuevas piezas breves una
pléyade
de escritores, algunos de ellos conocidos en el mundo teatral, pero la
mayoría provenientes de profesiones liberales, del mundo del periodismo,
del satírico o del pequeño funcionariado: José López
Silva, Tomás Luceño, Salvador Granés, Fernández
Shaw, José Pérez Zúñiga, Vital Aza, Ricardo
de la Vega, Carlos Arniches, y tantos otros.
En poco tiempo la producción
de obras cortas fue inmensa. Los autores, bien solos, bien en colaboración,
debían surtir la gran cantidad de teatros que exhibían diariamente
dos o tres obras que, en su mayor parte, tenían una vida efímera.
Inicialmente, "género chico"
era un término puramente descriptivo, que hacía referencia
a la brevedad de las obras. Sin embargo, poco a poco el término
fue tomando matices peyorativos y despectivos, de modo que se hace frecuente
la protesta de que "chico" no significa "de poca importancia".
La variedad de las obras cortas del
género chico es, aparentemente inmensa si atendemos a las distintas
denominaciones que los autores dieron a sus piezas y que pueden llegar
al centenar. Todas ellas pueden reducirse a siete tipos o subgéneros:
-Sainete o
pasillo
-Revista
-Juguete cómico
-Zarzuela
-Parodia
-Comedia
-Opereta
El sainete, sin duda el género
más popular entre los del género chico, es el heredero
del sainete dieciochesco, especialmente el de Ramón de la Cruz.
A esta influencia hay que sumar el costumbrismo típico del siglo
XIX y quizás ciertas dosis de realismo imperantes en la época.
Este sainete es exclusivamente madrileño,
frente a la zarzuela, que es siempre campesina y regionalista. La vida
del pueblo madrileño, representada por chulos y chulapas,
trabajadores de baja categoría y una clase media de tenderos, aparece
retratada en sus costumbres y lenguaje con precisión.
La revista es un género
muy especial, seguramente el más original y que no tuvo
continuidad en el siglo XX. Es uno de los más tempranos y de los
que primero se agotan.
Es una auténtica "revista de
actualidad", una obra en que se pasa revista a los sucesos de un año,
meses o días mediante escenas de poca ilación entre sí
y un nexo de unión que suele ser un personaje intérprete
que explica al público lo que ocurre. Es un género muy ligado
a la actualidad con evidentes conexiones con el periodismo, especialmente
satírico. Inicialmente dedicada a la crítica política,
pasó a ocuparse en los años 80 de todas las cuestiones de
actualidad, sin abandonar la sátira.
El juguete cómico es
un género de origen francés, que se popularizó con
las traducciones de los "vaudevilles" franceses antes del auge del teatro
por horas, y que se aclimató después perfectamente al
género chico. No tiene el elemento costumbrista del sainete, y no
suele reflejar la vida de las clases bajas. Su temática es fundamentalmente
amorosa y de enredo, y suele reflejar ambientes de clase media, sin pretensiones
realistas.
La zarzuela en un acto, típica
del género chico, tiene su origen en las primeras décadas
del siglo XIX en que coincide con la "zarzuela
grande". Su forma más tradional es la "zarzuela cómica
pueblerina", aunque puede haber "zarzuela cómica histórica"
y "zarzuela melodramática".
La parodia fue uno de los subgéneros
más populares del chico y, estaba ya presente en los orígenes
del mismo. Nacida en el siglo XVIII, Ramón de la Cruz fue ya autor
de parodias, pero es en el chico donde alcanza un desarrollo extraordinario.
Las hubo de todo tipo, especialmente de las obras de éxito, como
el Don Juan Tenorio, de óperas, como La boheme y de
los mismos éxitos del género chico, como La
verbena de la Paloma.
La opereta había precedido
al género chico en los "bufos madrileños" de Francisco Arderius.
Esta primera opereta, bajo la influencia de Offenbach, estuvo representada
por obras como El joven Telémaco de Eusebio Blasco. Más
tardía fue la influencia de las operetas vienesas de Franz Lehar,
a principios del siglo XX. Por entonces el género chico estaba en
franca decadencia y los autores vieron la posibilidad de revitalizarlo
con obras como La generala, El asombro de Damasco o El
niño judío.
A partir de 1910 el género
chico entró en un declive irremediable que lo llevaría a
la desaparición. Alguna de las mismas razones de su éxito
precedente serían las causas de su decadencia: había triunfado
entre otras razones, por el éxito de sus "cantables", con música
pegadiza, tarareable, hecha para servir al texto. Sus melodías van
desde lo bailable, gracioso, hasta lo sentimental y amoroso. Toda su música
se basa en el folklore español: boleros, jotas, seguidillas, soleás,
pasacalles, fandangos, habaneras, valses, mazurcas, polkas y chotis. Estos
cantables a partir de principios del siglo XX se empiezan a cantar por
separado, o con una ligera trama que una los diferentes números:
es el género ínfimo.
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