AGUA, AZUCARILLOS Y
        AGUARDIENTE

    Obra de Miguel Ramos Carrión, quizá no tenga la soberana solidez costumbrista de La verbena, pero en su madrileñismo teatral, un poco elaborado y caricaturesco, es uno de los libros más graciosos que produjo el género. No sólo los tipos populares y un tanto del bronce, como las aguadoras y sus hombres, sino aquellos otros como la poetisa cursi y redicha, el usurero, el pollo tronera, están trazados con un gran sentido de la comicidad.
Chueca consiguió al musicar aquel apunte, uno de sus grandes triunfos. la disputa de las aguadoras, el pasacalle final o el de los barquilleros o el dúo final de Asia y Serafín son extraordinarios de gracia y espontaneidad.
    La acción se desarrolla en Madrid, a fines del XIX. Asia, una muchacha extravagante, recita a su jilguero. Con su madre doña Simona se mudó a Madrid, donde llevan una vida miserable. Deben al casero el alquiler, cuando aparece la madre con una carta del tío que les aconseja regresar a Valdepatata. Allí Asia podría casarse con su primo, quien la ama ardientemente. Sin embargo Asia sueña con Serafín, hijo de un ex ministro.
    Pepa está sentada junto a su quiosco con su amigo Lorenzo, no tienen dinero para ir a divertirse. Sin embargo, en la víspera, había rechzado 100 pesetas que Serafín le ofrecía por echar un somnífero en la limonada de doña Simona. Lorenzo piensa cobrarle el dinero a Serafín y administrarle el somnífero él mismo. Crece la riña entre Lorenzo y Vicente y entre Pepa y su rival Manuela. Anteriormente, las dos parejas habían estado constituídas a la inversa. Pronto llegan Asia y su madre para pedir prestado a Serafín el dinero de la renta, quien está algo abotargado por el somnífero. La madre cae también en aparente sopor y el señorito se apresura a prometer el cielo a Asia. De repente la madre despierta y se encaminan como siempre, al Paseo de Recoletos. Serafín cae de repente en profundo y verdadero letargo, después de las explicaciones de Pepa, queda evidenciado su repugnante carácter. Desengañada, Asia está dispuesta a regresar a Valdepatata. Hacia la media noche, Pepa y Manuela se trenzan en una nueva riña, pero los amigos las separan; se dirigen a la quermese de San Lorenzo, pues el tesoro de Pepa ya ha ingresado en caja, en tanto que Serafín sigue roncando entre los arbustos, donde unos tunantes le roban su ropa y billetera. Despojado de todo lo que contribuía a darle encanto, cae en manos de una patrulla policíaca que lo detiene tomándolo por un rufián. Las protestas de Serafín, con voz adormilada, caen en el vacío.
    El estreno, en Apolo, se celebró al filo del verano, el 23 de junio de 1897, y en el se lucieron uno de los repartos clásicos de la compañía: Joaquina Pino, Isabel Brú, Pilar Vidal, Clotilde Perales, los Mesejo, Ontiveros, Sanjuán y Carrión.
 

Coro de niñas. 16,5´´

Tanto vestido blanco,
tanta parola,
y el puchero a la lumbre
con agua sola.
Arrión, tira del cordón,
cordón de la Italia,
¿dónde irás amor mío
que yo no vaya?.












Coro de Barquilleros : "Vivimos en la Ronda de Embajadores". 70,5´´

Vivimos en la Ronda
de Embajadores,
al lao de la Ribera
de Curtidores.
Pasamos nuestra vida
con los chiquillos
que son los que consumen
nuestros barquillos.
Cruzamos el Prao,
la plaza Colón
voceando: ¿quién los quiere
tiernecitos,
tostaítos
de canela y de limón?
Las niñeras y los soldaos
por nosotros están pirraos
y dan cuartos a los chiquillos
pa que se los jueguen a los barquillos,
y a los ocho u diez u doce
que les damos por favor
se los comen casi siempre
entre la niñera y el gastador.
Cuando viene un señorito
y nos dice: vamos a jugar,
en menos que canta un gallo
la trampa está prepará.
Como están los clavos flojos
y la máquina desnivelá,
por más que se vuelva mico,
que ni pa Dios que nos pué ganar.
!Sería un pueblo!
!U dos u tres!
Que un silbante ganar quisiera
a los barquilleros de Lavapiés.

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