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En contra de una actitud en contra.

1 Cada vez que visitamos un museo de arte contemporáneo o nos encontramos ante una obra de esta índole, regularmente tomamos una posición poco favorable para ella, una actitud en contra que no nos lleva a otra situación; una que nos explique qué hacer frente a “eso” que nos establecen como arte, una que nos mueva a disfrutar la obra, en cualquier sentido, lejos de despreciarla. Una que nos muestre un urinario como opción del arte.

2 Primero hemos de situar una diferencia entre lo moderno y lo contemporáneo, puesto que el arte moderno ya tiene cierta aceptación a diferencia del que nos atañe, y para ello Danto menciona que la modernidad marca un punto en el arte, antes del cual los pintores se dedicaban a la representación del mundo, pintando personas, paisajes y eventos históricos. Con la modernidad, las condiciones de la representación se vuelven centrales, de aquí que el arte, en cierto sentido, se vuelve su propio tema y entonces los artistas adoptan una postura filosófica en la producción artística y en ello se encuentran escritos -manifiestos- sobre lo que el arte debe de ser, situación que en la producción artística actual, la contemporánea, poco sucede.

3 Danto también declara que por mucho tiempo el arte contemporáneo fue simplemente el arte moderno que se está haciendo ahora. Moderno, después de todo, implica una diferencia entre el ahora y el antes: el término no podría usarse si las cosas continuaran siendo firmemente y en gran medida las mismas, y eso nos remite al término progreso, que parece no existir hoy día aunque la producción artística se intensifique. Entonces mientras moderno puede indicarnos un periodo o estilo en el arte, el concepto contemporáneo nos insiste a concluir en algo más que simplemente el arte producido en el presente; y en nuestro ahora, la producción de imágenes nos invade y eso nos transforma.

4 Así, en nuestra situación ante un mundo en donde lo que vemos es lo que comprendemos, y donde se instituye parte de esa percepción, nos molesta “no ver” algo que hemos de entender, esto es, un concepto arraigado en la historia de la humanidad: el arte; un meta-relato, que como muchos otros, ya no tiene cabida en una sociedad que ni siquiera sobrevive cavilando en la familia, la patria, la libertad... el arte u otros metarrelatos. ¿De qué forma confrontamos el discurso del arte con lo que se está mirando?

5 No debemos olvidar que, como dice Debray, las sepulturas de los grandes fueron nuestros primeros museos, y los difuntos nuestros primeros coleccionistas, y de la misma manera que las sepulturas fueron los museos de las civilizaciones sin museos, nuestros museos son tal vez las tumbas apropiadas a las civilizaciones que ya no saben edificar tumbas. Con esto, nuestros depósitos de imágenes, entre nosotros los modernos, se exponen a la vista y, muy importante, debemos interrumpir nuestras actividades para visitarlos. Esa irrupción de nuestra vida diaria para la actividad de visita al museo contiene una intención específica donde entran en juego muchos objetivos y no sólo el de mirar para entender.


6 Pero entender es parte de este proyecto, así que no hemos de dejar de lado nuestra crítica que debe corresponder a nuestra mirada, una que subyace a la razón y que olvida que el arte contemporáneo se debe a su presente y en ello es difícil reparar, por eso, se critica con supuestos del pasado.

7 Ahora, la situación del arte contemporáneo es muy distinta a la de la estetización de la vida cotidiana. La experiencia artística, como dice Acha, es una experiencia especializada que se separa de la mera percepción incluida en el ser humano, es aquella donde la educación es importante para el goce de la obra, para hablar de ella y con ella. Es un producto humano que requiere de un código para dialogar y en ello comprenderse, por eso es importante la labor de la crítica del arte como tal, puesto que es una manera de hacer arte; situación que se complica hoy día y que de manera profesional sucede poco. Aquí existe una invitación a la educación estética, que Schiller adopta y aborda de manera amplia y con acierto.

8 La producción artística, en tanto trabajo, se ha modificado. Ahora se eligen objetos para hacerlos arte. En un principio fue el collage; al pincel se hicieron paralelos nuevos instrumentos que permiten recortar variedad de materiales para después unirlos. El trabajo ya no consiste únicamente en la concepción marxista de la humanización del hombre y la naturaleza, sin embargo, el arte, la actividad artística, debería ser el modelo de EL TRABAJO, y esto hay que tomarlo muy en cuenta al enfrentarnos a una obra de arte. Entonces en el arte aparece una nueva forma de producción, donde la selección es la labor del artista, que se encuentra en un mundo inundado de imágenes de todos los tiempos listas para ser parte del arte contemporáneo, puesto que la plataforma de la creación en el arte contemporáneo es lo preconcebido.

9 Ese elegir implica modificar el objeto escogido, adoptado, y entonces nos topamos con otro elemento digno de reflexión en lo contemporáneo del arte, ya que la transformación del objeto implica una deconstrucción del mismo que nos permite mirarlo en otro sentido, situación poco probable en nuestro menester posmoderno y que el artista logra con esa modificación del tamaño, la posición, la textura, y tantas más.

10 La manera de pensar los objetos que nos rodean incluyen paradigmas que el artista contemporáneo modifica en su hacer y nos permite nuevas experiencias y nuevos pensamientos con ello, por eso podemos encontrar objetos de nuestra vida cotidiana en los museos y continuar esa simultaneidad de nuestro vivir diario como el artista pretende hacerlo en tanto finalidad del arte contemporáneo y así, el objeto adopta también una nueva, e inesperada, finalidad en el campo del arte.

11 Marchan Fiz retoma un evento importante y parteaguas en las nuevas concepciones del arte, aquél donde Duchamp envió la célebre obra titulada fuente y, que a causa de su rechazo, escribe:

“Algunos afirman que la fuente de R. Mutt es vulgar, otros que es un plagio, un simple artículo de instalación, pero la fuente del señor Mutt es tan inmoral como lo puede ser una bañera. Que el señor Mutt haya producido o no la fuente con sus propias manos es irrelevante, la ha elegido. Ha tomado un elemento normal de nuestra existencia y lo ha dispuesto de tal forma que su determinación de finalidad desaparece detrás del nuevo título y del nuevo punto de vista, ha encontrado un nuevo pensamiento para ese objeto.”

12 Quedan muchas cuestiones para enfrentarnos ante una obra artística como las mediaciones entre ésta y el espectador, o el arte digital como arte y también como arte contemporáneo, o los lugares destinados para la exhibición y consumo del mismo; y ni que decir del mercado del arte, sin embargo, ante todo lo anterior, no hemos de olvidar la función lúdica del arte, una que parece subsanarse ante esas de educación y reflexión social, y entonces saber que al estar frente a una producción artística contemporánea, lejos de molestarnos, podemos divertirnos.
 
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