arequita - Minas, Lavalleja, República Oriental del Uruguay

 

Juan Carlos "Zorro" Gómez y su culto a la amistad

 Comenzamos esta charla en su pequeño taller de bicicletas, diciéndonos que:

 - Nací en Minas el 29 de noviembre de 1934, tengo entendido que en F. Sánchez,casi Wáshington. Después viví en distintos barrios: el Olímpico, luego en la avda. Varela al iniciarse el repecho, otra vez al barrio Olímpico, de allá a la calle Batlle al 761, y de ahí a esta casa donde vivo desde hace 30 años, Intendente Lois 725. Lo que nunca lograron fue que me hiciera hincha de Sportivo... Mi cuadro es Barrio Olímpico. Mis padres se llamaban Juan Gómez Seré y María Oxley Rubí. Me quedan dos hermanos, José Ignacio y María Isabel. Si le preguntamos al vecino pegado a su casa por su nombre de pila es muy seguro que no sepa quién es. Pero si a su nombre completo le agregamos la palabra "Zorro", ya es otra historia.

 

Actividad deportiva

 - Fui jugador de fútbol hasta que aprendí... que no sabía nada. Jugué en Central, Barrio Olímpico, también hice básquetbol en el Club Barrio Olímpico, suplentean-do siempre. Me dediqué a la función de masajista, aunque antes hice ciclismo, trabajaba de mecánico en un taller de bicicletas. También en el taller de motos de la Ribel, con Uberfil Rancaño, Morello, en fin. En ciclismo estuve como diez años compitiendo, allá por la década del 50...

 - Habrás ganado algunas carreras en tu trayectoria...

 - En ciclismo no gané ninguna carrera. Yo corría despacio, que se apuraran los otros, si total, igual íbamos todos para el mismo lado... No, hablando en serio: usted ve ahí 4 copas, unas cuantas medallas, algunas gané, primero corrí por el Club Ciclista Minas, despues por Peñarol, por el Club Ciclista Deportes que se hizo en la cancha de Beretta, y después por el Club Ciclista Verdún.

 - Algunas caídas habrás tenido, de físico pesado como eras...

 - Sí, recuerdo una caída en calle Ellauri que me pasó por venir "boquiabierteando". Eso me sirvió para tener más cuidado... Pero para correr en bicicleta hay que recibirse de esclavo. No es como en el fútbol, porque en éste de repente le sacás una ventajita, por aquí o por allá, pero en ciclismo... - ¿Alcanzaste a disputar alguna Vuelta del Uruguay? - No como ciclista, sino como acompañante, estuve en diez Vueltas del Uruguay, las últimas Mil Millas donde ganó Luis Alberto Sosa y la primera edición de Rutas de América como acompañante de Rastoil Correa.

 - ¿Qué recuerdos tienes de Rastoil?

 - Tengo hermosos recuerdos y somos amigos todavía.

 - ¿Y de Waldemar Correa?

 - Con Waldemar fuimos muy amigos. Lo conocí desde muy jovencito, cuando corría por la Escuela Industrial, en la Doble Campanero y otras. Waldemar tenía la particularidad, cuando empezó, de caerse a menudo. Le armamos una bicicleta con César Castro y Morello, con piñón fijo y un freno solo y lo largábamos en el camino que entra a la Agropecuaria, entonces aprendió a organizarse mejor para pedalear y llegó a lo que llegó. Bueno, yo después empecé a masajear.

 - ¿Trabajaste con Waldemar?

 - No, con Waldemar anduve poco. Fui como masajista de él a una Doble San Ramón, cuando Waldemar se chocó con un tarro lechero... También colaboré con Juan Carlos Rodríguez y José Sosa Tabeira de Varela, eran épocas en que el ciclismo no estaba organizado y muchos no podían perderse una semana en la Vuelta, porque todos tenían que "arrimarle a la olla de tres patas"... Yo fui masajista de fútbol, ciclismo, básquet, pelota de mano...

 - Como masajista de fútbol, ¿qué trayectoria de clubes recordás más?

 - Bueno, los cinco años consecutivos de campeón que obtuvo Barrio Olímpico, a la vez con Lito, Nacional, Granjeros (dos veces alternadas campeón de la B), 2º con Central, la Rambla, Las Delicias, cuando se enfermó Julio González, fui hasta que se reintegrara Julio y después no me dejaron ir...

 

La enfermedad

 - ¿Cómo se produce tu problema de salud?

 - Fue una hemiplegia del lado izquierdo en el año 1996. Tenía presión alta y yo -muy porfiado- no le aflojaba a la "tomadera". Bueno, pasó y la cuestión ahora es no aflojarle. Yo no soy de quedarme quieto mirando televisión, postrado. Yo salgo, algunos traba-jitos hago en este tallercito. Pesaba 181 y medio y estoy en 87...

 - Me dijeron que has sido cantor de tangos...

 - No siendo policía, o cura, he sido de todo. En cuanto a cantar, lo que pasaba era que cuando yo tenía 16 o 17 años en cualquier boliche había un guitarrero o dos. Y como todo el mundo cantaba, yo también me largué... Tenía un compañero que falleció hace poco, el salao González, con el que cantábamos a menudo. No hace mucho, les dije en son de broma (a él y a otro veterano): Estuve sacando cuentas y entre los tres cantores, juntamos doscientos años, nos van a tener que ir enterrando de a poco...

 - ¿Y ahora, que te ven no tan bien de salud, y seguramente no tan bien de bolsillo, aquellas amistades de antaño, te visitan, siguen alternando contigo?

 - Y... es como todo en la vida, algunos sí y otros no tanto. La gente de Las Delicias, los cantores de la radio, el turco Gilene, Nenín, esos son de una nobleza que no se puede decir con palabras. No digo que los demás no lo sean, pero se han perdido, dejamos de vernos, tal vez vayamos por otros caminos... Tampoco uno se va a olvidar de aquellos amigos del mostrador. No se olvidan nunca. ¿Cómo nos vamos a olvidar de aquellas cenas los martes de noche en El Suizo, con Nery Goñi a la cabeza, el cacho Cabral, el cacho Díaz, el nano Prieto, el palomo Del Puerto, el lagarto Trías, el Mincho Scampini, el cacho Olivera, el Pica González y tantos más. La cena la hacíamos el martes de noche porque tenía libre Medina -el mozo- y cocinaba yo y el yoyo Barreiro... De las Delicias tengo una legión de amigos, el Nerys Píriz, el cordero Correa, Quintín Correa, Cejas, y muchísimos más. ¡Si me "tirará" ese barrio que a pesar de mis "nanas", igual de vez en cuando me subo el repecho en bicicleta y me llego hasta allá!... Porque lo esencial, estés como estés, es no aflojar... De barrio Olímpico, también por nombrar algunos: el pichón Hernández, el gaucho Juan Carlos Fernández, Rafael Fernández, el pileta Perdomo que un día fue a practicar a Montevideo y anduvo muy bien, pero le dieron libre, se vino para Minas y nunca más se le antojó volver...

 Cuando le preguntamos si estaba arrepentido de algo, por ejemplo del hecho de no haber seguido en el ciclismo, o en el fútbol, nos contestó con una frase que encierra toda la sabiduría de la calle, la que solo se aprende ahí al descampado o en el mostrador, mejor dicho en la vida: "No estoy arrepentido de nada, porque como decía Tellagorry: "Cada cual es pa' lo que es... Y el canario, p'al arao..."

 

La anécdota

 - Cuando me despedí de masajista de Las Delicias, ya que volvía Julio González, y quise entregar la valija, se me acercó un hombre que le llamábamos el "cordero" Correa, que era ayudante de Nerys Píriz, y trabajaba en el corralón. Yo lo conocía poco, un tipo fisicudo y me dice: "No, compañero, ¡usted no se va!... Aquí en Las Delicias, el que empieza algo tiene que terminarlo". Me apreté. Como no lo conocía, yo dije: "Es capaz que el hombre se me enoja y me agarra a trompadas". Y me quedé, ¡qué iba a hacer? Pero después nos hicimos grandes camaradas con el tal "Cordero".... Con la muchachada de Las Delicias me quedó una gran amistad. Cuando fui en el 90 a ese cuadro, además de mis tareas de masajista, hacía de todo, inclusive fui asador, los niños iban a que yo les cortara el asado y me decían el Tata Zorro, el tío Zorro; los grandes ya más atrevidos me decían el sargento García... En esa época yo pesaba como 260 kgs...

 

Adiós, Ricardo

 Juan Carlos "Zorro" Gómez, ante la partida definitiva de su amigo Ricardo Arellano, ocurrida el 31 de diciembre de 1981, esbozó estos versos, surgidos de un corazón apesadumbrado e impotente ante la infausta noticia.

 

Te fuiste, hermano Ricardo,

 junto a tu fuelle querido.

 Tus amigos te lloramos

 y por más que procuramos

 ya no hallaremos consuelo.

 En este bendito suelo

 de ingratitudes tan lleno

 junto al ochenta y uno

 te has marchado,

 fuelle bueno.

 De tu familia en su seno

 llegue mi voz de pesar

 y en abrazo muy fraterno

 los quisiera consolar.

 Acongojado mi pecho

 casi se siente escritor

 pero al faltarle tu fuelle

 junto al tango murió mi voz.

 Lo ibas sacando a flote

 con tus amigos actuales.

 Volverá al anonimato

 nuestro tango nuevamente

 y el folklore echa de menos

 tu apoyo, hermano querido.

 Achicado me despido

 sin hallar resignación.

 Adiós, Ricardo Arellano,

 ¡se me estruja el corazón!

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