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arequita - Minas, Lavalleja, República Oriental del Uruguay |
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El recuerdo de una voz que se ha quedado dormida Hay seres que nacen con la estrella de ganarle al tiempo, de vencer al olvido, de granjear una colonia de amigos que continúan pregonando que sigue estando aunque se haya ido. Difícilmente alguien pueda ser recordado por no haberse brindado a los demás, por no compartir su vida con ellos. El primer día de noviembre de 2000 se llevó su bohemia insobornable, su vozarrón calificado, su estilo, pero pareciera que continuáramos viendo su caminar cansino o que siguiera vendiendo quinielas en 18 e Ituzaingó. Hablamos de Julio César Tellechea Villagrán, o para hacerlo más familiar, de "El Negro" Tellechea y es nuestro Personaje Entrañable de hoy. Como decíamos, hace pocos días emprendió el viaje sin retornos dejando una colección vívida de recuerdos y vivencias de un ser humano para el que nunca hubo apuro y que disfrutaba de entreverarse en ruedas de amigos porque siempre encontraba un tema adecuado para despuntar la madrugada. Mirta Tellechea fue su compañera de toda la vida –separación de por medio, incluso- y entre ambos forjaron un hogar de sacrificio y amor. Tuvieron tres hijos: Julio Noel (músico), Mónica María (a cargo del Coro de Utu Minas y funcionaria administrativa de dicha institución) y Oscar Norberto (Prof. de Educación Física). Una familia unida, como lo marca la tradición familiar que les antecede. Precisamente, dialogamos con Mónica (casada con Eduardo Berrueta, 2 hijos: Agustín y Cecilia), quien entre recuerdos, fotos y memoria, nos trazó una sentida semblanza sobre su padre, en una conversación distendida que entendemos como nuestro humilde reconocimiento al popular "Negro" Tellechea. Primero hay que decir que estamos hablando de "un músico de alma" que durante muchos años tuvo sobre sí la responsabilidad de ser el Director de la Banda Municipal. "Hizo toda la orquestación para cada uno de los instrumentos sin esperar dinero a cambio", recuerda Mónica. Su forma de sentir la música, de vivenciarla y disfrutarla hizo que esa pasión le quitara horas a la familia. Por ello, Mónica nos dice que "en verano teníamos solo una semana el placer de estar con él en la playa porque siempre tenía algo que hacer. Cuando lograba ir, lo hacía siempre con sus partituras a cuestas", agregando que "cuando niños nos quejábamos porque lo que queríamos era estar con él y, sin embargo, siempre estaba escribiendo música o buscando algún tema. Incluso ahora, en este último tiempo, escuchaba la radio y llegaba mi madre, le cambiaba la emisora porque se escuchaba mal y él le decía que esperara, que era tal o cual tema. Tenía realmente un oído muy fino y reconocía perfectamente cuando uno tenía una desafinación". También están de ejemplo los domingos en que la Banda Municipal tocaba en Plaza Libertad. Allí, su familia estaba siempre presente, "esperando que terminara. Cuando concluía su labor, él seguía con la Banda, llevando los instrumentos para algún lado y nosotros volvíamos solos a nuestra casa. Era una persona muy especial". En estos días en que los recuerdos aparecen casi sin convocarlos, muchas personas se acercan a los familiares del "Negro" para testimoniarles que atesoran en la memoria del corazón que él les haya cantado el clásico "Ave María", el día de la boda, tanto en la Catedral, como en los demás templos de Minas, inclusive en Villa Rosario. Hace unos veinte años, Tellechea comenzó a llevar una agenda de los casamientos en que su voz era requerida porque "las horas coincidían. Por ejemplo, si el casamiento era en la Catedral a tal hora, le pedía a la novia que llegara diez minutos más tarde porque él tenía que estar también en la Capilla Santa Teresita de Las Delicias. A su vez, los fotógrafos Ferreira, que siempre estuvieron a su lado, estaban al pie del cañón para trasladarlo y, de esa forma, no llegara tarde...". Cuando estuvo internado en el Sanatorio, las enfermeras iban a saludarlo y le decían que le había cantado el Ave María en su casamiento y hasta el último momento se lo hacían cantar, "aunque la voz un poco la había perdido porque en uno de los infartos había tenido parálisis en las cuerdas vocales", agrega su hija. Era una persona muy exigente y estricta. Mónica recuerda que a la novia le decía: "bueno, hasta tal hora te espero", pero claro, lógicamente, después terminaba esperándolas... En su estilo, ese carácter exigente y estricto lo mantuvo hasta sus últimos días en que Mónica le preguntaba acerca de algún tema para hacer con el coro y él la ponía a cantar y al mismo tiempo la corregía. Le decía: "no, estás fuera de tono". Su voz inconfundible era el centro de las nutridas reuniones familiares en tiempos en que al almuerzo familiar del domingo era "condenatorio" faltar. Allí unos tomaban la guitarra, otros -a falta de instrumentos- un cuchillo para golpear una botella y el domingo, mágicamente se convertían en fantásticos e inolvidables y así Mónica se los cuenta a sus hijos. "Mi abuela tenía un dicho", añora. "Ella decía: ‘lo bueno es que somos muchos pero ahora viene la hora de fregar’. Y a la hora de fregar había que ver a quién le tocaba la hoja de laurel. Al que le tocaba tenía que ir a fregar, entonces se la pasaban uno a otro y se armaba cada lío de novela. Ahí, finalmente, saltaba la abuela y decía ‘bueno, dejen que friego yo’... Después de los tallarines del domingo siempre se armaba algún truco o la clásica salida al fútbol. "Papá siempre estaba en esas reuniones y nosotros con él, por supuesto", manifiesta Mónica. • Su bohemia, los amigos, el tiempo... La noche, una copa charlada, los amigos, en fin, la bohemia, sin límites, irrenunciable. Mónica nos comenta que tiene "una experiencia muy fuerte de la gente que nos encuentra en la calle y lo recuerda permanentemente. Pienso que a los amigos los corre o los va haciendo el tiempo. Papá fue una persona de estar siempre rodeado de mucha gente y eso hizo que no estuviera con la familia todo lo que nosotros hubiéramos deseado ya que él estaba en la Comedia Municipal o dirigiendo el Coro Municipal de niños, el cual afortunadamente fue integrado por muchos chicos. Guardo muchos recuerdos de aquella época, cuando ensayábamos en la vieja Casa de la Cultura, previo a la reforma. Luego, quienes salían del Coro Infantil pasaban a integrar el Juvenil que también era dirigido por él, hasta llegar al Coro de mayores". "Fue un hombre de mucho boliche, de mucha ronda de boliche, de conversaciones de teatro, él siempre encontraba un tema, siempre había algo para festejar, siempre había una rueda que lo estaba esperando", dice Mónica sobre su padre. • Tozudo, obstinado y de fuerte carácter Julio César Tellechea también dirigió la Comedia Municipal en obras como "Brujerías", por ejemplo. También a esa actividad se integró mucha gente, personas que todavía están entre nosotros, muchas de las cuales se acercaron a él en este último tiempo, pero él "no se quería dejar ver". Cuando el primer infarto, en el que perdió la movilidad de sus piernas, salió a la calle obligado, con la ayuda de dos bastones, y solamente porque Mónica se lo había pedido. "Si hubiera sido por él –añade su hija- se hubiera recluido desde ese momento en la casa. Era también una persona muy tozuda, muy obstinada, con un carácter muy fuerte". A título de ejemplo, Mónica señala que "una vez iba caminando por la ciudad con mi hermano Julio Noel –colaborador de AREQUITA, agregamos nosotros- y en ese trayecto pararon como diez automóviles ofreciendo llevarlo y él no lo aceptaba, seguía caminando, tratando de esa forma de ejercitarse como le había recomendado la Doctora para recuperar la movilidad. Hasta el final su orgullo fue inquebrantable". • Los años difíciles... Todo núcleo familiar transcurre entre buenos y malos momentos. Es seguramente la ley de la vida y debemos aceptarla. El matrimonio Tellechea – Tellechea se separó en 1980 y de los hijos, Mónica fue la que más en contacto estuvo con su padre. "A pesar de que se separaron –comenta-, mis padres mantuvieron una muy buena relación e incluso mi madre lo cuidó hasta los últimos días. Cristianamente se hizo todo lo posible y Dios, como siempre, sabrá porqué lo hizo". También por aquel entonces, un hecho golpeó fuertemente su ánimo ya que de "golpe y porrazo" no tuvo cabida en la Orquesta Municipal. "Ese fue un hecho que a él lo marcó mucho. El Intendente de Lavalleja en aquel momento, Barbé Saravia tuvo un entredicho con mi padre, o un mal entendido, no lo sé porque era bastante chica en aquel momento, y eso se manifestó en la Banda Municipal. No puedo descifrar de quien fue la culpa. Lo cierto es que eso lo afectó mucho porque mientras tenía la instrumentación de toda la música, que había hecho cosas que nunca le pagaron, encima de eso, lo sumariaron y -cosa rara- con derecho a trámite jubilatorio... Papá aún no tenía edad para jubilarse pero igualmente "lo sacaron del medio"... Emocionalmente eso le dolió mucho y es así que se vinculó al Sodre y comenzó a viajar a Montevideo dos o tres veces por semana. Eso fue entre 1980 y 1985. Él siempre se refugió en la música e intentó hacer teatro nuevamente". Cabe recordar que ingresó como músico a la Banda Municipal, tocando en aquel entonces el saxo. Luego se fue perfeccionando, estudiando y fue ascendiendo también por antigüedad, hasta llegar a la Dirección de la Orquesta Municipal. • Sus "recetas", la quiniela... Con su estampa a cuestas fue una persona que rehusaba concurrir al médico. "Con 71 años –nos dice Mónica-, nunca supo qué presión tenía. Se recetaba grapa con limón en ayunas para la tos, el cigarro en ayunas era lo mejor para su garganta... Cuando iba a cantar me hacía hacer un café con borritas porque era lo que a él le afinaba la voz y así se sentía tranquilo". Todos los días lo veíamos en la esquina de 18 de julio e Ituzaingó, en su puesto como vendedor de quinielas y loterías. El "Negro" Tellechea, hace muchos años, ayudó a su padre en la esquina de Ituzaingó y Batlle, donde éste vendía quiniela. "Después mi abuelo se retiró y mi padre logró tener una librería – quiosco en 18 de julio e Ituzaingó y terminó vendiendo en la vereda con su banquito y su mesa", nos contaba su hija. Determinados seres definitivamente le ganan al tiempo. Se imponen en vida, con su bohemia como estandarte, en el culto de la amistad sincera y sin pedir cosas a cambio. Siempre habrá una novia esperando que le cante el "Ave María", una rueda de amigos del boliche aguardándole, los tallarines del domingo, el mantel largo, la familia. Siempre se refugió en la música, su fiel compañera de ruta. Ahora, desde allá arriba continuará su vozarrón y sus partituras y levantará seguramente una copa de su "receta para la tos", repasará su vida y sentirá la satisfacción del deber cumplido y de haberle ganado al tiempo y al olvido... |