arequita - Minas, Lavalleja, República Oriental del Uruguay

 

Un minuano por adopción que enorgulleció a Lavalleja

Recordando a Santiago Chalar, ser humano, médico, artista... 

Una tarde del 94, el Dr. Carlos Paravis -mejor dicho Santiago Chalar- entraba en la galería de los inolvidables. Fue cuando se abrieron de par en par las puertas del sentimiento de dolor y de pena de la gente común, que hoy, por los barrios de Minas, por las rinconadas del campo, por entre sierras y valles, bajo el cielo de la Patria, se sigue sintiendo sacudida por esa pérdida que vive como propia. Es que Santiago tuvo el privilegio de entrar a una categoría de hombres diferentes. Aquellos que rápidamente establecen una corriente de afecto y de emoción muy fuerte con su gente. Una especie de relación tipo "apropiación": la gente siente que ese hombre, ese artista le pertenece y a su vez también este ser humano siente que la gente comienza a pertenecerle...

Este sentimiento hoy vaga por los campos y la ciudad, allí donde haya un ser humano para sentirlo. Inclusive gente que nunca cruzó palabra con él, estará hoy sentada en sus casas y a través de una fotografía de Santiago -a través de ese frágil nexo- mantendrá una comunión muy fuerte, que le hará sentirse dolida, huérfana de alguna manera de la presencia de aquel ser tan querido.

 En base a esos sentimientos de la gente, es que cremos que nunca es inoportuno traer un recuerdo humilde, sentido, del amigo que nos diera el adiós definitivo luego de sembrar no sólo su estilo de artista, sino la bondad de la cual tenía repleto su corazón.

 De Santos Inzaurralde a Santiago Chalar

 De aquel día de 1994 en que ocurrió su fallecimiento hasta setiembre de 1999 habían transcurrido cinco años, cuando sus restos retornaron a la ciudad donde cristalizaron sus sueños y donde sembró tantos amigos. En esa oportunidad, Santos Inzaurralde le dedicó algunas palabras que fielmente transcribimos:

 Bienvenido

 Santiago: ayer al mediodía los cerros comarcanos levantaron sus brazos, azufrados de marcelas, para estrecharte en ellos.

 Retornas como te fuiste aquella tarde de 1994.

 Las calles de Minas te ven pasar, custodiado por la caballería de la noble paisanada de la cual fuiste y eres parte. La multitud te acompaña paso a paso; los troveros de todos los pagos requintan sus guitarras, y entre Milongas y Serraneras encienden sus fogones para recibirte. 

Vas a la Morada de los Altos Cipreses de Campanero.

 Dentro de ella, Minas guarda, vivos e inmortales, a Juan José Morosoli y Santiago Dossetti.

 Posarán su mirada en el Recordatorio que la Intendencia Municipal, en nombre de tu pueblo, te ofrece para compartirlo con Adela. La guitarra trunca, concebida por tu amigo, el Arquitecto Carlos Fabini, desafiará a los siglos que crucen por la piel de su granito negro.

 En las tardes percibirás la presencia de Atadito, de Javier Ulises Benedetto, del Beto Vérez, del Polaco Rivero, de Aladino Gómez, y a lo lejos, desde el Mangrullo, Olimpia inclinará sus Banderas, y las Alas Rojas volarán a tu encuentro.

 Confundido en la honda emoción de la multitud, te estaré mirando una vez más. El alma te escribirá un Poema, y la Primavera te lo alcanzará resuelto en flor!...

 Santos Inzaurralde Rodrigo.


Lealtad y nobleza hasta el final del camino...

 Bautista Tolosa y su concepto de la amistad

 Bautista Tolosa, poeta nuestro, hombre sencillo, de campo, enemigo de la notoriedad, se ha prestado, no obstante, a los requerimientos de AREQUITA, dándonos algunos pantallazos de su amistad con Santiago, de la cual no oculta su sentimiento mezcla de orgullo y sufrimiento. Todos sabemos que fue compañero de ruta durante muchos años, con Santiago, en su eterno peregrinar por los caminos de la patria.

 Lo que quizás muchos ignoran es que Bautista Tolosa fue de los últimos seres humanos en estar junto a Santiago en sus horas postreras. Tolosa fue engranaje vital de una cadena de amigos que juramentaron acompañarlo, sabedores del cercano final. 

Este hombre que tenemos junto a nosotros podría relatarnos con lujo de detalles, aspectos que hacen a esos momentos llenos de dolor e impotencia. Pero, de común acuerdo, hemos preferido que nos narre anécdotas de épocas felices que le tuvieron a ambos como protagonistas, rescatando vivencias, intentando dar un tono alegre, distendido, al recuerdo de Santiago, independientemente de la sensación espiritual que nos embarga con la sola mención de su nombre. Por otra parte, así, con alegría y esperanza, es que quiso él que lo recordaran, una vez traspuesto el umbral de la inmortalidad.

 Nos dice Bautista, brevemente, señalando sus comienzos y su trayectoria poética.

 "Empecé a escribir a los ocho años, con defectos de métrica y fue con el tiempo que aprendí lo que era una décima, una asonancia, una redondilla, una cuarteta libre. Edité tres libros de mi autoría (Tropeando Sueños, Pensamiento Blanco y Gaucho Oriental) y uno conjuntamente con Martita Suint (Cantos de Piedra y Sal)". Tolosa se desentiende de su historia particular para saltar a otra que sabe de memoria, por cuanto la tendrá grabada a fuego mientras viva:

 "Santiago paraba en un bar esquina cruzada con mi casa, el bar del "Bebe" Gómez. Allí se sentaba a guitarrear como si estuviera en el mejor de los escenarios y era un boliche humilde. En ese momento no me animaba a decirle que yo escribía. Cuando salió mi primer libro él se sorprendió y un día me pidió que escribiera algo, que quería grabar algo compuesto por mi. Así nace "Al maestro y su bandoneón" sobre un gran amigo como Aramís Arellano que Santiago grabó. Lamento una composición que se llevó el viento, un valsecito a la abuela Casilda. Al cumplir ella sus 90 años, escribí algo en su homenaje y quiso el destino que Santiago la musicalizara, pero lamentablemente no pudo ser grabado dado el diagnóstico simultáneo de su cruel enfermedad.

 Él sabía el mal que le aquejaba. En el festival de Tacuarembó, al cual acompañé a Santiago como su chofer, me dijo "de tres cosas tengo una". Entre ellas presentía que tenía un tumor cerebral lo que finalmente -y lamentablemente- aconteció. Bueno, pero yo te prometí contarte cosas alegres de Santiago y aquí van:

 

* Anécdota I)

 Él amanecía con los amigos, contando anécdotas, guitarreando, riendo y cantando, como fue su vida. Anécdotas hay un montón. Por ejemplo, a mi me gustaba el boxeo y yo hacía guantes todos los días con mis amigos. Un día estaba haciendo guantes con el chofer de Santiago, Julio Gómez. Él se enteró y le dijo a su chofer que le hubiera avisado porque él había sido boxeador. Al otro día apareció en casa a hacer guantes conmigo. Ni bien lo vi me di cuenta que tenía ring encima, por la forma de caminar, de cabecear. Empecé a cuidarme, tocaba y salía, él me tiraba pero siempre a destiempo. Cuando empezó a respirar con dificultad me dije "ahora es mío" y empecé a tomarle el pelo como lo hacía con los demás amigos. Entonces me arrinconó, me pegó dos "ganchos" en el estómago y se dio por satisfecho...

 

* Anécdota II)

 Recuerdo que un día, en unas criollas en Tupambaé, se pasó de copas y me dijo de manejar en una zona que yo no conocía. Me dio unas instrucciones y con una niebla impresionante logramos salir al camino. De ahí salí suavecito porque no conocía pero cuando tomé la ruta 8 que sí conocía, puse el Mercedes a caminar. Vine manejando hasta Varela donde me releva. Me acuesto a dormir y de repente escucho una frenada. Le pregunto por lo que había pasado y me dice que había pestañeado y que casi se había ido a la cuneta. De ahí en adelante no quise más relevos: seguí manejando hasta que llegamos de día a Minas...

 

* Anécdota III)

 Recuerdo otro viaje que hicimos y que venía manejando Santiago. Yo sabía que él se dormía conversando y por eso estaba algo nervioso. Le dije varias veces que cambiara con Julio hasta que accedió a mi propuesta. Bueno, pasada la tensión nerviosa que tenía, logré dormirme en el auto pero soñé que Santiago se había dormido manejando y que volcábamos. Me desperté gritando "a la derecha, a la derecha" y golpeando el asiento del conductor, hasta que me di cuenta que era solo un sueño..."

 

¡Hasta siempre Santiago!

 (Extractado del libro "Cantos de Piedra y Sal"

 

Doctor de manos tendidas 

¿dónde andarás mitigando

 el dolor de los heridos

 en los trabajos de campo,

 o en qué fogón sideral

 estarás guitarra en mano

 con los moros de la historia,

 orgullo de nuestros gauchos,

 o cantándoles la yerra

 del gran poeta maragato?.

 Tus amigos en la tierra

 vivíamos equivocados

 te creíamos solo nuestro

 sin darnos cuenta, Santiago,

 que tú eras grande, tan grande,

 que acá te faltaba espacio

 si hasta por gusto cantaste

 en todo el globo terráqueo,

 tenías que llevarle a Dios

 el mensaje de tu canto...

 Naciste en Montevideo,

 te educaste en Maldonado

 y en las serranías de Minas

 encontraste el mejor pago.

 Allí hiciste tu querencia,

 entre los cerros huraños,

 en cualquier boliche humilde

 se te vio guitarra e mano,

 siempre rodeado de amigos,

 con whisky o con mate amargo.

 Fue un 21 de noviembre

 de mil nueve nueve cuatro,

 cerraste tus ojos buenos

 y tu alma encontró descanso.

 Tu pueblo te despidió

 con una salva de aplausos

 y el 25 de setiembre,

 día de tu cumpleaños,

 volviste por siempre a Minas,

 a descansar en el pago.

 En el cielo me imagino

 que habrás conocido al Mago,

 el más grande de los grandes.

 Criollos, cantores de tango,

 es fácil imaginarte,

 en celestial escenario,

 cantando mis flores negras

 a dúo con el tocayo

 con el marco musical

 del bandoneón de Arellano.

 Tu nombre anda y andará

 por siempre de pago en pago,

 en las domas, en las yerras,

 en la ciudad y en el campo,

 entre tus colegas médicos

 y tus colegas del canto.

 Y, cuando en las fechas patrias,

 cruza un desfile de gauchos,

 me parece que te veo,

 en tu brioso pingo zaino.

 Seguí cantando en el cielo

 que acá en la tierra, Santiago,

 en la voz de tus gurises,

 se prolongará tu canto,

 donde una mano amiga,

 en un gestos solidario,

 reparta el bien a raudales,

 sin reclamar nada a cambio,

 por allí andará tu duende,

 entre los necesitados.

 Yo no quisiera morirme

 sin ver en Minas, Santiago,

 una calle con tu nombre,

 te lo merecés, hermano.

 Minas no tendrá más nunca,

 ni aunque transcurran mil años

 otro cantor de tu talla

 ni otro médico tan gaucho

 ni otro zorzal tan humilde

 que pueda volar tan alto!

 Bautista Tolosa

 


 

El testimonio de Santos Inzaurralde Rodrigo

 Su amigo, su complemento, su "otra mitad"

 Confundido su nombre con el de Santiago, ambos están, hace mucho tiempo, en esa inmortalidad inmune, que nadie desconoce, grabada en el alma popular.

 Santiago Chalar- Santos Inzaurralde. O viceversa. Son ellos dos -artistas y seres humanos- irrepetibles. Llenaron de orgullo a su pueblo, a sus serranías, a sus valles, a su gente. Porque en Minas hubo -eso es indudable- un antes y un después en el caso de Santiago Chalar y Santos Inzaurralde Rodrigo.

 Ahora que Santiago no está, por haber emprendido el viaje sin retorno aquella tarde del 94, dejemos que su entrañable amigo Santos, compañero de rutas y de éxitos, nos pinte brevemente algunos instantes de aquella comunión espiritual que ambos mantuvieron a través del arte, pero más aún, a través de la existencia, de pie frente a la vida y peleando como lo hizo Santiago su desigual batalla con la muerte.

 -En este momento estamos aquí, en mi casa, tú como periodista y yo como partícipe de la historia, pero ambos emocionalmente girando en torno a la figura irrepetible de Santiago. Como comprenderás, hay un mar de anécdotas y de acontecimientos que me vincularon con él en más de 20 años de trajín. Pero, a tu pedido, vayan algunas de ellas:

 

* Anécdota I)

 Recuerdo el día en que nos tocó actuar en el gimnasio cerrado "Ernesto De León" de la capital del Yí, en el marco de otra edición del clásico Festival Nacional de Folklore, dado que estaba cayendo una lluvia torrencial y en el estadio de fútbol no podía desarrollarse el espectáculo. El mediodía de aquella jornada, como lo hacíamos habitualmente, nos reuníamos en "El Laurel", frente al Hotel Durazno un grupo de amigos entre los que estaban Abel Soria, Raúl Iturria que fue fundador del Festival, Javier Ulises Benedetto y otros amigos de Durazno. En determinado momento, Raúl –quien fue en dos oportunidades Intendente Municipal de aquel Departamento- me dice: "bueno, Santos, esta noche tenés que recitar ese poema que me comentaste hace un tiempo". El poema al cual se refería Raúl es aquel en el que yo, de alguna manera, digo de la necesidad de unificar las dos grandes corrientes políticas del país, dado que Carlos era colorado y yo nacionalista. Yo pensaba que no era lo más correcto pronunciar aquel poema en esa oportunidad, pero ante la insistencia de Raúl le dije que iba a necesitar dos ponchos, uno blanco y otro colorado. Iturria me dijo que sería bastante difícil encontrar un poncho colorado... En definitiva fue más fácil conseguir el colorado y mientras se llegaba el momento de la actuación, pasa un paisano con el poncho blanco que yo estaba precisando. Se lo manoteo, el hombre se da vuelta como para pelear y rápidamente comencé a explicarle que precisaba su poncho para poder cantar, hasta que este señor accedió con gusto a prestármelo... En aquella edición del Festival actuaron Cacho Tirao, Ariel Ramírez, Jaime Torres, artistas de primerísimo nivel pero, sinceramente, la ovación con que la gente saludó nuestra actuación fue estremecedora. Ese es uno los más gratos recuerdos, de los muchos que atesoro, de los vividos con Santiago.

 

* Anécdota II)

 En una oportunidad íbamos para Montevideo porque era el cumpleaños de Wenceslao Varela. Santiago iba en el asiento de adelante, cebando mate y yo iba en el de de atrás. En un momento saco un papel y empiezo a escribir "Pida Patrón" (trayecto Montevideo-San José). Cuando lo tenía terminado le digo a Santiago que me diera el mate y que leyera lo que había escrito. Hizo detener el auto, yo pasé adelante y él se sentó en la fila de atrás, tomó la guitarra y comenzó a musicalizar lo que yo había escrito... Era un hombre de una capacidad tremenda, un gran repentista. Llegamos a San José con el "Pida Patrón" ya pronto y se lo ofrecimos como obsequio de ambos a Wenceslao Varela...

 

* Anécdota III)

 En otro viaje salimos de Montevideo rumbo a Sarandí del Yi. Santiago iba estudiando en el viaje porque recuerdo que en aquel momento aún le quedaban dos o tres materias por rendir. Recuerdo que en mitad del trayecto, en un parador, Santiago me dice "¿se acuerda que el domingo tenemos que actuar en pueblo Ansina, en Tacuarembó?. Bueno, ¿por qué no se escribe algo sobre Ansina?". En el papel de astraza con que me envolvieron los bizcochos en el parador escribí el tema "Ansina". Santiago lo leyó, sacó la guitarra, la gente nos miraba porque pensaría que estábamos locos o algo por el estilo. Cuando llegamos al hotel de Sarandí del Yi recuerdo que nos encontramos con Washington Montañez, Aramís Arellano, Abel Soria, entre otros. A ellos les comunicamos lo que habíamos compuesto. Esos aconteceres simples, pero grandes a la vez fueron las que nos permitieron aquí, en la Argentina, en Brasil, en todos lados, y ser recibidos siempre con enorme cariño. Santiago fue grande como cantor. Grande como médico. Como amigo, como hombre, como ser humano... Con una mano siempre adelantada para ayudar a la gente. Nos guardamos un mutuo respeto y un mutuo cariño, y a pesar del tiempo, de la comunión espiritual, nunca, jamás nos tuteamos...

  

El significado de "Minas y Abril"

 "Minas y Abril" fue consecuencia de una de las tantas salidas a caballo que Santiago solía realizar junto a un grupo de amigos. Ese día rumbearon para la zona de Penitente. Al final de la tarde, en uno de los saltos del Penitente, mirando hacia la puesta de sol, a Carlitos Navas que integraba el grupo, se le ocurre decir: "por aquí bajó Dios". Me lo comentó al día siguiente Santiago y ello me dio la posibilidad de inspirarme para hacer el tema, recordar lo que era Minas en Abril, cómo se llena todo de hojas de plátanos que asemejan moneditas de oro viejo... Primero hice una versión la cual complementé para componer el tema definitivo. A los pocos días de haberlo terminado se lo presentamos a Don Rúben Lena en Treinta y Tres. Don Rúben quedó muy emocionado por lo que habíamos compuesto...  

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