CAPÍTULO 1.
APRENDIZAJE, ENSEÑANZA Y DESARROLLO.
Autor : Dr. José Zilberstein Toruncha.
“El hombre (...) no bien nace ya están en pie, junto a
su cuna con grandes y fuertes vendas preparadas en las manos, las filosofías,
las religiones, las pasiones de los
padres, los sistemas políticos. Se viene a la vida como cera y el azar nos
vacía en moldes prehechos (...) El primer trabajo del hombre es
reconquistarse.”
José Martí.[1]
¿CÚAL ES EL ESTADO DEL PROBLEMA?
A
fines del siglo XX la sociedad dirige marcadamente su atención al papel de la escuela en el desarrollo de las nuevas
generaciones, ya que no existe en todos los casos, total correspondencia entre
lo "se espera" que esta institución socializadora logre y el
"resultado" obtenido.
"La información sobre
rendimiento de los alumnos en diversos países de América Latina y los
antecedentes sobre altos niveles de repetición, especialmente en los primeros
grados, indican que la calidad de la educación (...) podría ser mucho mayor, en
especial para los niños de niveles socioeconómicos más bajos." [2]
En
muchos de nuestros países existe inconformidad acerca de lo que aprenden los
niños, adolescentes y jóvenes en la escuela. En América Latina 8 de cada 10 estudiantes repite algún grado en la
primaria y el nivel de eficiencia de la
secundaria básica, en muchos casos, es de menos del 50 %.
En
“América Latina y el Caribe se plantea
reducir el analfabetismo, que es hoy del 13,4
porciento y alcanza la cifra conservadora de 42,8 millones de personas,
junto a escolarizar al 100 por ciento de los niños en la educación primaria y
el 75 porciento de los jóvenes en la secundaria básica para el año 2010 ”.[3]. Nos parece esta estrategia importante, pero diez años es
mucho tiempo, ya que en ese período se estarán perdiendo en nuestro continente
cientos de miles de inteligencias.
Estudios
recientes apuntan deficiencias en el
aprendizaje de las asignaturas de la
escuela básica. Los resultados del TIMSS (1998) las señalan en las áreas de
Matemática y Ciencias, evidenciando dicho estudio que estos problemas no atañen
sólo a los países menos favorecidos por
el mercado globalizado neoliberal actual, como lo son las naciones de América
Latina. No siempre en todas las naciones se corresponden totalmente los
resultados con los “gastos” realizados
en la educación.
Los
resultados del Primer Estudio Internacional Comparativo realizado por el
Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (1998),
en el que participaron 13 países del área, reflejaron que existen “diferencias entre los países, tanto en los
niveles de logro, como en la distribución de los rendimientos (...) Cuba se
destaca significativamente entre los países de la Región” [4]
Algunas
de las insuficiencias expresadas anteriormente se deben, entre otras causas, a
que en la escuela actual persisten
elementos negativos de una enseñanza tradicional, (Silvestre
1999, Zilberstein 1999) caracterizada por:

En
muchas de las concepciones didácticas actuales no se aportan elementos
suficientes para desarrollar la clase con una concepción sistémica, a partir de considerar principios generales.
Algunas de las “nuevas tendencias didácticas”
niegan el carácter científico de la Pedagogía y como tal de la
Didáctica, absolutilizan los métodos
como los que resolverán el problema, y niegan toda posibilidad de establecer
regularidades, leyes o principios que rijan el acto didáctico, por lo que la
clase generalmente se basa en la improvisación.
A
veces, la forma mecánica y repetitiva en que se organiza la enseñanza trae como
consecuencia la desmotivación, lo que provoca repitencia y en otros casos
abandono escolar.
La
falta de laboratorios, de trabajo práctico con los estudiantes, las clases que
se imparten sólo dentro de los salones, sin vínculo con la naturaleza y el
entorno, unida a la insuficiente
preparación de algunos docentes, hacen que en la escuela básica muchos
contenidos estén desvinculados de la práctica y de la vida cotidiana.
En
otros casos, se trata de vincular la enseñanza al entorno, pero se utilizan
procedimientos que no permiten que el mismo adquiera un significado para el
alumno. Se desaprovechan, en otros momentos, las potencialidades educativas que tienen los miembros de la
comunidad en que está ubicada la escuela.
Por
otra parte, no existe aún en el accionar práctico de los que orientan y
supervisan al maestro, una concepción integradora en el control y asesoramiento
con relación a la clase, lo que provoca que se mantenga el enfoque de
"asignaturas aisladas”. La concepción de las relaciones intermaterias o
interdisciplinarias queda en el ámbito de declaratoria, ya que en aquellos
países que han estado trabajando en los últimos años por declarar “ejes
transversales del currículo”, aún son insuficientes las estrategias
investigadas para que puedan lograr su propósito.
Muchos
de los elementos expuestos en párrafos anteriores son causas de que en los
alumnos exista una tendencia a reproducir conocimientos y a no razonar sus
respuestas; que presenten pocas transformaciones en el nivel de su pensamiento;
y estén limitados en generalizar y aplicar los conocimientos (Silvestre 1999,
Zilberstein 1997, Zubiría 1998). En ellos es limitada la búsqueda de
procedimientos para aprender y planificar sus acciones, la mayoría se centran
en la respuesta final, sin percatarse del error y con pocas posibilidades para
la reflexión crítica y autocrítica de lo que aprende, lo que provoca una
limitada inclusión consciente en su aprendizaje, al predominar la “tendencia a
la ejecución” (Labarrere, 1994).
Ya es hora que los docentes dejemos de
preocuparnos, como ocurre en muchos casos, solo por la transmisión de más y más
información, sino que nuestra labor debe
encaminarse hacia la formación integral de la personalidad de los escolares.
La
escuela no puede estar ajena a los nuevos descubrimientos científicos y a lo
que estos significan en cuanto a volumen de información y utilidad que reportan
a la humanidad, pero tampoco a los
cambios económicos y sociales que se producen, que están trayendo como
consecuencia transformaciones en los valores que tradicionalmente se formaban
en la sociedad.
RELACIÓN ENTRE LA ENSEÑANZA, EL APRENDIZAJE Y EL DESARROLLO.
La
enseñanza, el aprendizaje, el desarrollo y la educación son categorías estrechamente vinculadas entre sí,
entendiendo esta última en su sentido amplio, como “un conjunto de actividades y prácticas sociales mediante las cuales, y
gracias a las cuales, los grupos humanos promueven el desarrollo personal y la
socialización de sus miembros y garantizan el funcionamiento de uno de los
mecanismos esenciales de la evolución de la especie: la herencia cultural”.
[5]
En
su sentido estrecho la educación, del
Latín, educare (conducir, guiar,
orientar) y educere (hacer salir, extraer, dar a la luz), es el
proceso que se organiza, desarrolla y se sistematiza en la institución docente,
en función de transmitir los conocimientos y la experiencia histórico social de
la humanidad y que debe conducir si se
estructura una adecuada enseñanza, a la instrucción, el aprendizaje, el
desarrollo y la formación de las alumnas y alumnos. “El fin de la educación no es hacer al hombre nulo, por el desdén o el
acomodo imposible al país en que ha de vivir, sino prepararlo para vivir bueno
y útil en él.” [6]
Mediante
el proceso del conocimiento humano (reflejo del mundo circundante por la
conciencia) el hombre conoce el mundo, para poder actuar y transformarlo.


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La
enseñanza es el proceso de organización
de la actividad cognoscitiva de los escolares, que implica la apropiación por
estos de la experiencia histórico-social y la asimilación de la imagen ideal de
los objetos, su reflejo o reproducción espiritual, lo que mediatiza toda su
actividad y contribuye a su socialización y formación de valores.
La
enseñanza cumple funciones instructiva,
educativa y desarrolladora, en cuyo proceso debe manifestarse la unidad
entre la instrucción y la educación.
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“La enseñanza
amplía las posibilidades del
desarrollo, puede acelerarlo y variar no sólo la consecutividad de las
etapas del mismo sino también el propio carácter de ellas.” [7]
El
aprendizaje es un proceso en el que
participa activamente el alumno, dirigido por el docente, apropiándose el
primero de conocimientos, habilidades y capacidades, en comunicación con los
otros, en un proceso de socialización que favorece la formación de valores, "es la actividad de asimilación de un
proceso especialmente organizado con ese fin, la enseñanza." [8]
La enseñanza y el aprendizaje
constituyen un proceso, que está
regido por leyes concatenadas (pedagógicas, psicológicas, lógicas, filosóficas,
entre otras), que interactúan y se condicionan mutuamente. Estas leyes deben
conocerse por los docentes, a los efectos que este se desarrolle como un
sistema.
La
actividad es el modo,
específicamente humano, mediante el cual el hombre se relaciona con el mundo.
Es un proceso en el cual este reproduce y transforma creadoramente la
naturaleza, a partir de la realidad objetiva mediada por la práctica.
En
la actividad está presente la abstracción teórica de toda la práctica humana
universal: "es modo de existencia,
cambio, transformación y desarrollo de la realidad social. Deviene como
relación sujeto objeto y está determinada por leyes objetivas" [9]
Así
por ejemplo, el pensamiento no debe considerarse solo como una de las funciones
intelectuales humanas, como diálogo del individuo consigo mismo, sino como la
totalidad de las formas de reflejo de la realidad en los diversos modos de la
actividad humana, incluyendo la actividad práctica,
gnoseológica, valorativa y comunicativa.
La
actividad del hombre contribuye a cambiar el mundo exterior, y esto a su vez es
condición para su propia autotransformación, que surge de la lucha entre dos
contrarios dialécticos, la
actividad
del hombre sobre el medio que lo rodea y la influencia de este medio sobre lo
que ocurre en el interior del individuo.

En
el proceso de enseñanza aprendizaje las
alumnas y alumnos deben realizar todos los tipos de actividad: práctica,
gnoseológica, valorativa y comunicativa, ya que este proceso, al igual que
toda actividad humana, tiene como componentes las necesidades, los motivos, una
finalidad, condiciones para obtener esa finalidad y componentes (acciones y
operaciones).

Si
la conciencia es una forma superior de reflejo de la realidad objetiva,
atributo solo del hombre, la enseñanza
como proceso de organización de la actividad cognoscitiva escolar, permite
que los alumnos asimilen el contenido, las propiedades y cualidades de los
objetos y fenómenos originados por las generaciones precedentes; así como que
comprendan qué son las "cosas", por qué son así y para qué son (su utilidad e importancia).
Es
precisamente en la actividad, en la comunicación con el adulto y los
coetáneos (procesos de socialización),
mediante acciones que en sentido general,
pasan de lo externo
(material, con objetos), a lo verbal (lenguaje interno e externo) y
posteriormente al plano interno
(mental), que el alumno llega a apropiarse de la experiencia histórico-social
de la humanidad.

El
resultado del movimiento general del conocimiento del alumno se produce de lo
concreto (material), a lo abstracto (mental),
formándose en este la "imagen ideal" de los contenidos
incluidos en la realidad que estudia. Las acciones primeramente en el plano
material, luego verbal y finalmente mental de lo que el alumno conoce mediante
la enseñanza (Galperin, 1982), facilitan que pueda realizar nuevas acciones
externas con los mismos contenidos o con otros desconocidos; capacitan para que
pueda transformar creadoramente el medio que lo rodea.


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ACTIVIDAD

Un
proceso de enseñanza aprendizaje que estructure adecuadamente la actividad de
los escolares, la actividad de sus analizadores, la expresión de sus
sensaciones, entre otros elementos, provocará necesariamente su desarrollo. “El
primer trabajo del hombre es reconquistarse.” [10]
El
desarrollo es todo cambio esencial y
a la vez necesario en el tiempo. Como modo de manifestarse la materia es
infinito, pero a la vez existe como proceso aislado finito.
Debe
verse el desarrollo como un tipo de movimiento con tendencia ascendente, que
implica la aparición de lo nuevo con una cualidad superior; se cambia la
estructura interna del objeto, fenómeno o proceso.
La
fuente del desarrollo radica en la
lucha permanente de contrarios dialécticos que interactúan y a la vez mantienen
unidad relativa, de forma tal que ambas (unidad y lucha), se tienen que dar
para que ocurra el desarrollo.
La
contradicción es la fuerza motriz del
desarrollo, existe independientemente de la conciencia humana, el docente
puede enseñar a los alumnos a encontrar las contradicciones, lo que estimulará
su desarrollo intelectual.
El
sentido ascendente del desarrollo considera los retrocesos, sobre todo en los
casos de que en los portadores de los cambios intervenga lo subjetivo, como por
ejemplo, en el proceso de enseñanza aprendizaje la forma en que ocurre el
desarrollo es mediante la acumulación de pequeños cambios, no debiéndose ver como una línea continua sino con
intermitencia, cuya resultante como ya se mencionó, es el ascenso.
En
el desarrollo, la transformación de uno u otro fenómeno retoma lo anterior,
negando dialécticamente lo nuevo a lo viejo. Este proceso se comporta como un
"espiral", en el que en una fase más alta se retoman particularidades
de las fases inferiores. Esta concepción se opone a los puntos de vista
metafísicos, que consideran el desarrollo como simple aumento o disminución,
sin comprender su carácter contradictorio, también a las posiciones clásicas
del conductismo de no atender en el desarrollo humano, al aspecto cualitativo
interno, sino solo a la conducta observable.
El
desarrollo intelectual es un resultado
del proceso de desarrollo de la persona en su interacción con el medio social. En
la etapa escolar, en el proceso de
enseñanza aprendizaje, se da la unidad de contrarios, concretamente entre lo
que conoce el alumno y lo nuevo, lo que
sabe y puede ya hacer y lo que aún no sabe y no logra hacer, lo que actúa
como fuerza impulsora o motriz. Verlo
así nos lleva a interpretar el desarrollo escolar desde el punto de vista
interno, como automovimiento. Lo nuevo "aprendido" por el alumno
niega dialécticamente lo anterior y es a su vez fuente de nuevas
contradicciones que influirán en su desarrollo.
En
el proceso docente la interacción no sólo se da entre el alumno y el profesor,
sino entre los propios alumnos, con la familia, con los integrantes de la
comunidad. Debemos ver esto como una concatenación, en estrecho vínculo de interacción mutua.


Es
necesario materializar la concepción de la enseñanza y el aprendizaje como un proceso,
en el que interactúan, aprenden mutuamente, alumnos y docentes.
El
proceso de enseñanza aprendizaje debe lograr formar
personalidades que busquen el
conocimiento y lo apliquen con carácter creador en beneficio de nuestros
pueblos americanos, que se conozcan a sí mismos y aprendan cómo autorregularse;
que sientan, amen y respeten a sus semejantes; que se expresen libremente y con
conocimiento de causa de lo que dicen y hacen, hombres que como dijera José
Martí, digan lo que piensan y lo digan bien.
Somos
partidarios de una enseñanza
desarrolladora, que promueva un continuo ascenso en la calidad de lo que el
alumno realiza, vinculado inexorablemente al desarrollo de su personalidad.
Esta
enseñanza llega a establecer realmente una unidad entre la instrucción, la educación y el desarrollo, le da un peso decisivo, en el desarrollo de
los escolares, a la influencia de la sociedad, a la transmisión de la herencia
cultural de la humanidad, mediante la escuela, las instituciones sociales, los
padres y la comunidad.
Este
modo de enseñanza contribuye a que cada
alumno no solo sea capaz de desempeñar tareas intelectuales complejas, sino que
también se desarrolle su atención, la memoria, la voluntad, a la vez que
sienta, ame y respete a los que le rodean y valore las acciones propias y las
de los demás.
Será
necesario transformar la escuela actual, adoptar una nueva postura educativa de
mayor alcance y potenciadora de valores culturales, sociales y morales, y, y
transformar nuestros tradicionales procedimientos de enseñanza.
La
enseñanza desarrolladora debe trabajar no sólo por potenciar la “zona de desarrollo próximo” (Vigotski)
de cada estudiante, sino también actuar sobre la “zona de desarrollo potencial del grupo” (Zilberstein, 1995) al que
pertenece. En investigaciones realizadas como parte del Proyecto cubano TEDI
(1993-1997) pudimos comprobar que favoreciendo los procesos de comunicación en
los grupos de estudiantes, además de motivarlos a aprender, se constituía en
una “fuerza” que los “impulsaba” a realizarlo.
Estimular
la “zona de desarrollo potencial del grupo”, conlleva al planteamiento de metas
comunes, intercambio de opiniones, acciones de autocontrol, control y
valoración colectiva, discusión abierta, respetando los criterios y puntos de
vista de los demás, todo lo cual favorece un aprendizaje reflexivo y creativo.
En
los últimos 30 años diferentes autores en Cuba se han referido a este tipo de
enseñanza que promueva el desarrollo de los escolares: J. López (1974,1989),
A. Labarrere (1977), M. López (1989),
M. Martínez (1990), O. González (1992), M. Silvestre (1992), L. Morenza (1993),
entre otros. Muchos de ellos a partir de las ideas de L.S.Vigotsky (1896-1925).
Una
enseñanza y un aprendizaje que tenga en cuenta su efecto en el desarrollo
escolar, permitirá formar una nueva
generación de hombres que contribuya a la transformación creadora del mundo que
necesita la humanidad a las puertas del siglo XXI, que sean más sabios no sólo porque tengan más conocimientos sino también
porque amen y respeten a sus semejantes, protejan su entorno y transformen la
naturaleza de manera creadora.
[1] José Martí, Citado
por J, Chávez en Educación, No 81, Cuba, 1992.
[2] Schiefelbein,
E;Castillo, G y Colbert, V, Guías de aprendizaje para una escuela deseable.
[3] Ministerio de Educación de Cuba, Informe a la Asamblea
Nacional del Poder Popular y la Legislatura
[4] UNESCO, Primer
Estudio Internacional Comparativo,
Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación,
1998, pág. 12.
[5] Cesar Coll, Algunos
Desafíos de la Educación básica en el Umbral del nuevo milenio, página 4.
[6] José Martí, Ideario
Pedagógico.
[7] Josefina López,
Educación y Desarrollo sensorial.
[8] Talizina, N,
Psicología de la enseñanza.
[9] Pupo, Pupo, R, La
actividad como categoría filosófica
[10] José Marti, citado por Justo Chávez en Libertad, Inteligencia y creatividad.

