El hermano de Harry
Harry
y su hermano tenían casi la misma edad. Eran los dos únicos hijos de Marian y
John.
John tenia una tienda de esas que hay en los pueblos pequeños donde se
vende un poco de todo. Marian ayudaba a su marido en la tienda y se ocupaba de
las cosas de la casa.
Eran
una familia feliz. Hasta que murió Marian. La atropelló un conductor borracho
que se saltó el único paso de cebra que había en el pequeño pueblo done vivían.
John
y sus hijos quedaron destrozados. Sobre todo John. No podía entender lo que había
pasado, le parecía tremendamente injusto. Y John empezó a beber. Al principio
sólo un poco, pero después cada vez más. Beber le ayudaba a no pensar, y John
no quería pensar.
Harry
y su hermano se encontraron cada vez más solos. Nadie se ocupaba de ellos, ni
de hacer la comida, ni de encender la estufa, ni de lavarles la ropa. Nadie les
preguntaba si habían hecho los deberes ni si habían sacado buenas notas.
Empezaron
a faltar a clase,
y a pasar ese tiempo jugando en la calle. Cuando hacía frío se iban a
la sala de juegos. Le sisaban a John lo que podían para poder jugar. Pero de
todo se aburre uno.
Un
día de aburrimiento decidieron robar un coche. Y lo robaron. Se lo pasaron muy
bien hasta que les paró un policía, al que le extraño ver un conductor tan
joven.
Los
servicios sociales decidieron tomar cartas en el asunto y llevaron el caso a los
tribunales. El juez decidió que John no era un buen padre y, lo peor de todo,
que Harry y su hermano eran una mala influencia el uno para el otro.
Así
que el Juez los mandó a vivir a cada uno a un centro de acogida distinto. No
contento con eso,
les prohibió verse durante tres años.
Desesperados,
Harry y su hermano se prometieron buscarse uno al otro en cuanto acabará el
plazo impuesto por el juez. También se prometieron no olvidarse uno del otro.
Y
pasaron los días, y las semanas, y
los meses y por fin los tres años. El día que acababa el plazo impuesto
por el juez Harry estaba esperando a su hermano a la puerta de su centro.
Se
abrazaron. Y empezaron a hablar de cómo habían pasado esos tres largos años.
Un
hermano dijo:
"Prometí no olvidarte nunca, y lo cumplí. Pasé estos tres años
esperando este día. Había gente que quiso hacerse amiga mía, pero yo no quería
amigos. Me negué a participar en todas las actividades. Me ofrecieron hacerme
del equipo de fútbol del centro, pero tampoco quise jugar sin ti. Llevo tres años
cumpliendo mi promesa"
El
otro hermano le miro con grandes ojos de asombro:
"Yo tampoco te olvidé nunca. Me costaba tanto estar sin ti que
procure mantenerme ocupado continuamente para que el tiempo se me pasase más rápido.
Me apunté a todas las actividades que pude y aprendí muchas cosas. Ahora sé
ganarme la vida.
Cómo a ti te gustaba tanto la música decidí aprender a tocar la
trompeta y pertenezco a la banda de música del centro. Hice muchos amigos y con
todos hablaba de ti. Hablar de ti me ayudaba a sentirte cerca. Llevo tres años
cumpliendo mi promesa".