LAS ACTITUDES EN EL AULA
Con
frecuencia los profesores hablamos de la motivación o falta de ella de nuestros
alumnos y todos reconocemos que las actitudes que nuestros alumnos tienen
influyen de manera decisiva en su aprendizaje.
Sin embargo, y paradójicamente, pocas
veces le dedicamos tiempo a planificar las actitudes que vamos a trabajar en
nuestra aula o a pensar actividades para presentar esas actitudes a
nuestros alumnos.
Por
eso, el primer paso para trabajar las actitudes en el aula es querer hacerlo,
planteárselo de manera consciente.
El
procedimiento
a utilizar en el aula es básicamente el mismo que fuera de ella.
Primero, tratar de entender a los alumnos con los que trabajamos y
detectar las actitudes que están actuando para potenciar o impedir el
aprendizaje.
Normalmente,
cuando corregimos un error en un ejercicio de nuestros alumnos no nos limitamos
a indicar donde está la equivocación, sino que también
les indicamos la manera de hacerlo bien. En el caso de las actitudes es
más importante todavía no limitarse a identificar la actitud que
entorpece el aprendizaje y ofrecer siempre una actitud alternativa. No basta con
pedirles a nuestros alumnos que se quiten las
gafas que utilizan para ver el mundo, tenemos que ofrecerles unas de mejor
graduación o de lo contrario no tendrán ningún motivo para cambiar.
En el cuadro
siguiente he incluido algunas de las actitudes que con frecuencia me encuentro
en mis alumnos y las alternativas que les planteo:
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Actitudes
a contrarrestar |
Actitudes a potenciar
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Solo hay una
manera de aprender, así que cuando algo me sale mal tengo que insistir
en usar el mismo método durante más tiempo. |
Hay muchas
maneras de aprender, si la que utilizas no te da buenos resultados ha
llegado el momento de buscar nuevas estrategias. |
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Mis compañeros
aprenden más rápido que yo, no debo ser muy inteligente. |
Cada uno de
nosotros tiene su propio estilo y ritmo de aprendizaje. Todos
necesitamos buscar el sistema o sistemas que a nos funcionan mejor. |
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Se me da fatal
el Inglés. Yo soy así. |
Las cosas se
nos dan mejor o peor en función de las estrategias de aprendizaje que
utilizamos, no en función de como seamos. |
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Los errores
que cometo son muestra de mi fracaso. |
Los errores
que cometo me dan información sobre los pasos a dar a continuación. |
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Esta
asignatura es muy difícil. Es imposible conseguir resultados mejores. |
¿Qué tengo
que hacer la próxima vez para hacerlo mejor? |
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No me enteré
de nada, nunca podré aprender esto. |
Todavía no he
alcanzado el nivel que quiero, pero cada día aprendo algo nuevo. |

Mientras no se nos plantee, aunque sea como mera hipótesis, una
manera distinta de entender la realidad seguiremos utilizando la que ya tenemos.
Un mal mapa es mejor que no tener mapa.
¿Cómo podemos plantear actitudes
nuevas en el aula?
Podemos
ofrecer las actitudes alternativas mediante
comentarios casuales durante la clase, en respuesta a los comentarios
de los alumnos
Muchas
veces estamos tan ocupados explicando materia que nos resistimos a “perder
tiempo”. En el fondo se trata de que consideremos más importante en cada
momento, explicar un ejercicio, o intentar plantear nuevas actitudes.
Las
anécdotas,
cuentos e historias son buenos vehículos de presentación
de nuevas actitudes. Por una parte le hablan directamente al hemisferio
derecho, a nuestras emociones, al pensamiento metafórico, por la otra nos permiten presentar las ideas que nos
interesan sin aludir directamente a ellas, lo que evita el posible
rechazo.
Además
en las clases de lengua podemos seleccionar los textos
con los que trabajamos para que incluyan tanto los aspectos lingüísticos que
nos interesen como las actitudes que queramos promover en ese aula.
Además
de las clases de lengua, las reuniones de tutoría se pueden aprovechar para
realizar actividades, tanto individuales como de
grupo que fomenten nuevas actitudes.
En
cualquier caso es la forma de llevar la clase y nuestro
propio comportamiento los elementos que más influencia tienen a la hora de
reforzar unas actitudes u otras.