La leyenda de los Miuras se
fundamenta en:
Entre 1893 y 1917 don Eduardo Miura Fernández, el de las populares patillas, hijo de don Juan Miura, llevó la ganadería, que pastaba en la finca sevillana de "El Cuarto", a la cumbre de su fama. «Hay otras ganaderías sin esa
fama, cuyos toros han matado más toreros. La mala suerte para Miura es
que sus toros han matado a figuras, y por eso suena más.» La gente llegó a decir que los Miuras pegaban esas cornadas porque tenían el cuello más largo, porque tenían una vértebra de más. «El toro de Miura es recogido de barriga, largo, con el cuello flexible. Tiene algo de látigo en la facilidad con que se revuelve. Pero, a pesar de todo, eso no es lo importante. Lo que de verdad le diferencia es su personalidad, una especie de capacidad psicológica para darse cuenta de cuándo es dueño de la situación. Cuando sale el toro bueno, es bueno de verdad, te haces con él, y como son largos, de bonita lámina y bien armados, la corrida es un lujo. Pero si te achicas, se da cuenta y entonces va por ti. «Que no se dé cuenta de que le
tienes miedo. Sobre todo que no se dé cuenta, porque entonces abusa de su
poder y ya no tienes dónde meterte.» «Los Miuras tenían fama de
aprender muy rápido. Creo que, en mis tiempos, esa fama correspondía a
la realidad. No les podíamos hacer dos veces seguidas la misma cosa
porque, a la tercera, ya la habían aprendido y sabían más que nosotros.
A los Miuras actuales han logrado quitarles, en gran medida, esta
característica.» «Una vez, en Salamanca, El Estudiante se perfiló para matar y pinchó mal. A la siguiente entrada, el Miura ya había visto el estoque con absoluta claridad. Cada vez que El Estudiante ejecutaba el volapié, el toro derrotaba contra el estoque, se lo apartaba de delante y después le buscaba a él. Fue una angustia interminable. «Pero también es verdad que
esos toros tienen dificultades, que entienden lo que pasa y, sobre todo,
que ven si eres débil. Esa es la clave. A mí me ha revolcado algún
Miura, pero nunca he tenido una cornada grave. ¿Sabe por qué? Porque, si
he tenido miedo, no me lo ha notado. Me he puesto cerca, he apretado los
dientes.» Ricardo Torres Bombita promovió el llamado pleito de los Miuras entre 1908-1909 para conseguir que las empresas aumentaran los honorarios de los toreros cada vez que se corriesen toros de esa ganadería. Argumentaba que, si empresas y ganadero se beneficiaban económicamente de la fama de la divisa, justo era que también se beneficiasen los toreros. Su petición la firmaron los principales toreros, pero fracasó por la oposición de la afición, la habilidad de la empresa de Madrid y la falta de solidaridad entre los toreros. Todos los grandes toreros han
tenido a gala lidiar Miuras y han triunfado con ellos; porque, si es
cierto que «nunca ha habido toros más peligrosos ni de más sentido»,
también lo es que el número de ellos de calidad excepcional «ha sido
abrumador», lo que le ha valido ser la ganadería que más trofeos ha
obtenido. |