Lagartijo
Los toreros del 68

Lagartijo | Frascuelo | Guerrita | Espartero


 

«En aquella época, ya lejana… el público, poseído de enardecimientos fronteros a la locura, luchaba con ardor y discutía sin medida las cualidades y los méritos de los dos ídolos populares: Lagartijo y Frascuelo» (Natalio Rivas).

En aquella época, durante la que hubo una revolución, una Restauración y una guerra colonial (1868-98), dos eran las diversiones que llenaban los ocios y pasiones de los españoles: el teatro y los toros.

Fue una época de plenitud para el toreo: 

Porque toda ella está llena con los nombres de tres de los más grandes toreros de todos los tiempos: Lagartijo, Frascuelo y Guerrita

Porque en ella se reglamenta oficialmente el espectáculo (1880) en la forma que aún lo conocemos, aunque siguiendo los cánones establecidos por Costillares y enunciados por Pepe Hillo y Paquiro en sus Tauromaquias

Porque en ella, con Lagartijo, el toreo se hace arte y se aparta de la lidia. 

Porque, consecuentemente, en ella Guerrita impone el toro de cinco años, más adecuado al arte.

Porque en ella, con la muerte del Espartero, toma forma definitiva la leyenda de los Miuras.

Sin embargo, los hombres de la generación del 98, inspirados por la Institución Libre de Enseñanza, regeneracionistas y rebeldes, de espíritu ilustrado, están todos (con la excepción de Valle-Inclán) contra la Fiesta en la que ven lo peor de la peor España. 


 

Rafael Molina Sánchez, Lagartijo, el primer "Califa" de Córdoba (1841-1900), tomó la alternativa en Úbeda (1865) y desde entonces su nombre fue obligado en todos los carteles hasta su retirada en 1893.

Lagartijo«Fue más torero que matador. Con la capa, las banderillas y la muleta era insuperable… Hijo legítimo de la escuela sevillana que creara Costillares, sus donaires, jugueteos y filigranas entusiasmaban y enardecían al público hasta un extremo que sólo habiéndolo visto puede creerse… Dio muerte a cinco mil doscientos toros… y no tuvo más que seis cogidas, todas leves» (Natalio Rivas).

«De él se dijo muchos años que se podía pagar con gusto el dinero de la entrada, sólo por verle hacer el paseíllo... Hasta él la lidia había sido lucha, caza; con él empezó a ser un juego artístico con plástica y belleza» (Curro Meloja).

 Incluso Frascuelo, su principal rival en los ruedos, llegó a decir «que el cordobés es el mejor torero que ha parido madre».

Alardeaba de republicanismo, aunque sus votos y los de sus amigos iban a parar a las urnas de los candidatos que patrocinaba Romero Robledo, el gran elector de Cánovas. En 1889, en la primera de las corridas que se celebraron en París con motivo de la Exposición Universal (la de la torre Eiffel), se negó a brindar un toro a la destronada reina Isabel II «porque soy republicano».

Durante dieciocho temporadas estuvo en su cuadrilla José Gómez, el primero de los Gallos, así apodado por su gallardía y valor, tío de Joselito, que transmitió todo el saber del califa a su dinastía.


Salvador Sánchez Povedano, Frascuelo (1842-1898), era granadino de Churriana de la Vega; pero residió en Madrid desde niño, tuvo por maestro a Cayetano Sanz, el mejor y más elegante torero madrileño del siglo XIX, de quien tomó la alternativa (1867), y en Madrid murió de una pulmonía.

FrascueloMás próximo a la escuela rondeña, sobrio, arrogante y valiente hasta la temeridad, era la antítesis de Lagartijo, lo que explica la apasionada división de la afición en dos bandos irreconciliables. Mataba a los toros de volapiés fulminantes, según lo describe un crítico de la época: «Al formar la puntería para dar la estocada ponía un gesto tan duro, arrugando el entrecejo, que bien se conocía su decisión de matar o morir con honra.»

Fue partidario entusiasta del príncipe Alfonso, quien luego de ocupar el trono lo honró con su amistad, y colaboró a la restauración de la monarquía, figurando en las milicias alfonsinas como sargento en el batallón que se llamó del aguardiente.
 


Rafael Guerra, Guerrita, el segundo "Califa" (1862-1941), se retiró de los toros en una corrida de Zaragoza el 15 de octubre de 1899, cansado de la intransigencia del público y de la hostilidad de la prensa, hastiados ambos de su poderío y de su insolente soberbia: «Después de mí, naide; después de naide, Fuentes», había dicho.

Un desplante de GuerritaDestacó en la cuadrilla de Fernando, el Gallo, que le transmitió todo el saber de Lagartijo aprendido de su hermano José Gómez.

Torero enciclopédico, «sabía y podía más que nadie»; con la capa, las banderillas y la muleta no tenía rival, y con la espada muchas veces superaba a los mejores.

Impuso el toro de cinco años, más pronto, alegre y apto para el toreo artístico, exigido ya por el público, que el toro viejo que se lidiaba entonces, muy peligroso por sus resabios y reacciones inesperadas, lo que le permitió introducir cambios en la verónica, el cite de costado, y en el natural «para que una vez terminado el pase quede el diestro en posición de repetirlo» (Tauromaquia). Es decir, pone las bases de la ligazón de las faenas, seguramente inspirado en el toreo de su maestro Fernando el Gallo.

Había tomado la alternativa en 1887 de manos de Rafael Molina Lagartijo.

 


Manuel García Cuesta, Espartero (1866-1894), murió en la plaza de Madrid el 27 de mayo de 1894 de la cornada de Perdigón, un toro de Miura.

«Invasor de terrenos prohibidos y visionario de un tipo de toreo que aún tardaría unas décadas en hacerse realidad» (Paco Aguado), había llenado los ruedos con el arte depurado de su muleta y la alegría radiante de su sonrisa, con el asombro de su valor desmedido y la sangre generosa de sus heridas innumerables. Todas las mujeres estaban  enamoradas de él.

Lo llevó a la muerte el empeño de los sevillanos de enfrentarlo, en una rivalidad desigual e imposible, con Rafael Guerra Guerrita. Toda Sevilla lloró su muerte en coplas diversas.


 
Espartero, Esparterito,
no te vayas a morir,
que las niñas de la Alfalfa
se pondrán luto por ti.
Los toritos de Miura
ya no tienen miedo a nada,
que se ha muerto el Espartero,
el que mejor los mataba.
Vaya una pena 
que ha muerto el rey de los toreros;
de luto está Sevilla entera
y se han teñido los pañuelos
de negro todas las cigarreras.