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"Harry Potter y la Piedra Filosofal"

"Harry Potter y la Cámara Secreta

"Harry Potter y el Prisionero de Azkaban"

"Harry Potter y el Cáliz de Fuego"

*Libros de Texto: "Quidditch a través de los tiempos" y "Animales fantásticos y dónde encontrarlos"

5º En el deseo de todos/as (Harry Potter y la Órden del Fénix)

6º En el deseo de todos/as (Harry Potter y la Antorcha de la Llama Verde)

7º En el deseo de todos/as

 

 

Harry Potter y el Cáliz de Fuego 

Tras otro abominable verano con los Dursley, Harry se dispone a iniciar el cuarto curso en Hogwarts, la famosa escuela de magia y hechicería. A sus catorce años, a Harry le gustaría ser un joven mago como los demás y dedicarse a aprender nuevos sortilegios, encontrarse con sus amigos Ron y Hermione y asistir con ellos a los mundiales de quidditch. Sin embargo, al llegar al colegio le espera una sorpresa que lo obligará a enfrentarse a los desafíos más temibles de toda su vida. Si logra superarlos, habrá demostrado que ya no es un niño y que está preparado para vivir las nuevas y emocionantes experiencias que el futuro le depara..

CRÍTICA:

Así es como, bien entrada la novela, J. K. Rowling, declara la guerra a Harry Potter, al lector y a los últimos restos de la infancia de los personajes. Sólo una palabra de una maravillosa sonoridad e inequívocamente malvada, de ese tipo de maldad que provoca un ligero escalofrío de excitación. Los personajes han crecido, el lector ha
crecido y Rowling ha crecido en su dominio de la escritura y la trama.

Se ha dicho (yo incluido) que las novelas de Rowling son algo más oscuras de lo que permitiría suponer el público al que van dirigidas (sí, me repito, lo mismo dije de la anterior). No es que tengan esa cosa de "terror para
jóvenes" que muchas colecciones tienen como reclamo debido al éxito de determinados tipos de libro (con mis saludos al señor Stine, al que encuentro muy divertido) en el mercado infantil y juvenil. Me temo que lo de Rowling es aún peor. Mucho peor. No importa que el protagonista sea
un niño (preadolescente en esta) o que haya momentos de humor genuinamente inspirado o pequeñas batallas diarias típicas de estudiantes, exámenes, peleas en el patio y juego sucio en los deportes. Ni siquiera importa lo que yo opine acerca de lo buena que es esta novela, está por encima de lo que un ignorante como yo pueda opinar.
Lo único que puedo decir justificadamente es lo siguiente:

Esta es una magnífica novela acerca de la vida en tiempos de guerra.

La intención es doble: por un lado el lector es puesto sobre aviso de que ciertas guerras no acaban nunca (más o menos desde que lector empieza a leer la primera página), en cualquier momento el enemigo puede presentarse a la hora del té. Y por otro lado, en esta novela mucha gente recuerda lo que hizo en su última guerra. Y por qué. Tanto es así, que esta novela no tendría sentido sin esos recuerdos. No es sólo que algunos personajes hablen de lo que les pasó, como sufrieron o a quienes perdieron: los recuerdos son necesarios -aunque tengamos que fisgar, como Potter, en la mente de los demás- para explicar el mundo que rodea a Potter, hallando la explicación a comportamientos quizás cómicos, quizás grotescos... pero terriblemente justificados en los contextos que Potter va descubriendo, contextos que el lector descubre con el personaje. ¿Otra vez revisionismo histórico dentro de la ficción de Rowling? Constantemente, pero con una habilidad que ya quisieran para sí muchos de los que tienen números uno en las listas de bestsellers. De todas formas, cualquier lector adulto de la serie que no se haya dado cuenta de que el mundo de Harry Potter está en guerra, es que no lo ha leído bien: cada libro es una batalla ganada o perdida... Rowling tiene la habilidad de configurar el mundo sobre el que escribe de manera que cada vez que lo hace, lo hace más coherente, reservándose, eso sí,
los mejores trucos para el final. Y desviando la atención con autentico oficio de prestidigitador.
Echemos un vistazo al título: Harry Potter y el cáliz de fuego. Si nos ceñimos a la fórmula de los libros anteriores (especialmente a los dos primeros), esperaremos que el cáliz de fuego sea un artefacto mágico que de alguna manera permea la trama, en una de las variantes de la épica del género fantástico: obtención del talismán, destrucción del mismo o ambas cosas (como la Piedra Filosofal del primer libro o la Cámara de los Secretos del segundo). Nada de eso. El cáliz de fuego es un McGuffin como la copa (perdón por la repetición) de un pino. Y nadie puede acusar a Rowling de engañar al lector. Si uno termina la novela y queda defraudado, sólo tiene que releerse los capítulos del Mundial de Quidditch para comprender que el McGuffin estaba preparado desde la primera página y que al lector se le han dado todas las oportunidades posibles para adelantarse a los acontecimientos. Y a Potter también. Exactamente las mismas oportunidades. El lector y el personaje trabajan sobre los mismos problemas con la misma cantidad de información, solo para que ambos se den de cabeza contra la pared (¿Cómo no me habré dado cuenta antes?). Rowling hace gala de una escritura tan retorcida que da la impresión de que bien podría haber escrito ella solita un clásico moderno de la novela negra, pero no lo hace porque considera que esto es mucho más divertido (y le da más dinero).

¿Qué otros rasgos destacaría yo de la escritura de Rowling? Los nombres de los personajes. Rowling le da a sus personajes nombres que cuadran perfectamente con sus cualidades principales. Severus Snape. Draco y Lucius Malfoy. Lord Voldemort. Nombres que despiertan la
antipatía del lector una vez que ha hecho las pertinentes conexiones. Parece que Rowling juega muy bien con la tradición medieval inglesa de la fábula y el mistery play y sus encarnaciones de maldades y virtudes humanas que se desenmascaran a sí mismas nada más abrir la boca.

Pero lo que en otro autor se convertiría en un estorbo, la tendencia a tipificar "nominalisticamente" los personajes, Rowling lo convierte en un elemento que juega a su favor. Si podemos reconocer a un determinado tipo de mal por su nombre... ¿qué pasa cuando la autora insiste en dar
nombre cargados de significado semántico pero moralmente neutros...? Rompe, como ha hecho siempre, las reglas sin violar ningún tipo de contrato con el lector. El lector ni siquiera se da cuenta de que ahí había una "regla", una pequeña convención narrativa hasta que ésta desaparece.

En el libro anterior no rompe esa regla: Sirius Black (presente también en este libro) es un nombre de poder, pero no necesariamente malvado, de forma que Rowling manipula alegremente al lector de un lado a otro pero sólo porque este se deja manipular... O el mismísimo Severus Snape, profesor de pociones y villano confeso... ¿O no? Severus es severo y actúa con flagrante mala fe, pero no hay en él la auténtica maldad que Rowling reserva para otros personajes. Me confieso mucho menos listo que Rowling: cuando en este libro se acerca un acontecimiento que el avispado lector de la serie puede presuponer que va a ocurrir (¡ algo que tiene que ocurrir para que haya libro!) Rowling se las arregla para aparentar que no va a ocurrir hasta que coge de sorpresa al lector.
¡Y eso que estaba sobre aviso!
Si yo fuera el tipo de crítico (no es que me autodenomine así, pero es el único sustantivo que cuadra con escribir este tipo de reseña) que admite a regañadientes que una obra como ésta es buena aunque lo niegue en público, posiblemente estaría empeñado en hacer un lamento por la formidable (o por lo menos pasable) escritora que ha perdido la literatura "seria". Pero como soy de otra manera y además la literatura es el único mundo donde el sabio Doctor Pangloss puede invocar a Leibniz sin equivocarse, decretando que "todo ocurre para mejor en el mejor de los mundos posibles", pues entonces los libros de Harry Potter son lo mejor en un mundo que puede convertir momentáneamente en el mejor de los mundos posibles. Al menos durante lo que tarda uno en leerlo. Creo que no puedo decir nada más.

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Harry Potter y la Piedra Filosofal

Harry Potter se ha quedado huérfano y vive en casa de sus abominables tíos y del insoportable primo Dudley. Harry se siente muy triste y solo, hasta que un buen día recibe una carta que cambiará su vida para siempre. En ella le comunican que ha sido aceptado alumno en el colegio interno Hogwarts de magia y hechicería. A partir de ese momento, la suerte de Harry da un vuelco espectacular. En esa escuela tan especial aprenderá encantamientos, trucos fabulosos y tácticas de defensa contra las malas artes. Se convertirá en el campeón escolar de Quidditch, especie de fútbol aéreo que se juega montando sobre escobas, y se hará un puñado de buenos amigos... aunque también algunos temibles enemigos. Pero sobre todo, conocerá los secretos que le permitirán cumplir con su destino. Pues, aunque no lo parezca a primera vista, Harry no es chico común y corriente. ¡Es un verdadero mago!

"Lectura recomendada del año... la comparación con Roald Dahl por una vez está justificada." The Sunday Times
"Todavía tengo que encontrar un niño que no esté completamente fascinado con Harry Potter." The Independent on Sunday
"Una lectura recomendable para todas las edades." Italia Oggi

CRÍTICA:

Últimamente el mercado español del libro infantil y juvenil me parece que está demasiado lleno de productos políticamente correctos o de clones a la estela del éxito de la serie Pesadillas de R. L. Stine. Harry Potter parece en realidad una mirada hacia atrás en el género de la fantasía para niños, pero
rescatando lo esencial y entretenido que se ha ofrecido en este tipo de libros, desde Erich Kätsner a Tove Jasson, pasando por toda la literatura inglesa de este tipo, desde Alicia hasta El hobbit.

Harry Potter no es quizá una historia demasiado original, cumpliendo casi a la perfección el paradigma de 'niño con destino criado por amenazadores e incomprensivos extraños'. Pero la lectura del libro es francamente entretenida, divertida y fascinante en ocasiones. Está lleno de detalles de ingenio -sobre todo en la descripción del colegio de magia donde Harry acabará estudiando las artes de la hechicería. Así, Harry, hijo de dos magos muertos en un enfrentamiento con el archienemigo de sus padres, Voldermort, es famoso desde pequeño por haber eliminado a ese mismo Voldemort -aunque él no tenga el más mínimo recuerdo del hecho- y es enviado a vivir con una desagradable familia de mundanos. Más tarde, Harry ingresará en el colegio de magia y a partir de aquí empezarán sus verdaderas aventuras, rodeándose de fieles amigos y enconados enemigos... aunque estás categorías no son siempre las que parecen a la primera. Para mí lo mejor del libro son las ocasiones donde Harry falla o está a punto de cometer un error imperdonable, sorteando la autora congracia y dignidad esas situaciones de forma que Harry no cometa un error que otros autores desarrollarían mediante una extensa redención del personaje que además sería innecesaria: Harry comete los errores justos y necesarios y también posee las dudas justas y necesarias (después de todo, el lector tiene que poder identificarse con el personaje, aunque sea un mago de destino evidente) y aprende de ambos lo justo y necesario.

Con esta curiosa mezcla de fantasía (dragones, unicornios y gnomos) y novela sobre niños en la escuela (matones, enemigos de patio de recreo y profesores hueso), la historia de Harry Potter se inscribe por derecho propio entre las mejores novedades de la literatura infantil. Además, es posible leerla a casi cualquier edad y disfrutar de ella, un logro considerable en cualquier género.

Tendré que buscar en la librería la segunda parte; Harry Potter es demasiado entretenido para perdérmelo.

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Harry Potter y la Cámara Secreta  

Tras derrotar una vez más a lord Voldemort, su siniestro enemigo en Harry Potter y la piedra filosofal, Harry espera impaciente en casa de sus insoportables tíos el inicio del segundo curso del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Sin embargo, la espera dura poco, pues un elfo aparece en su habitación y la advierte que una amenaza mortal se cierne sobre la escuela. Así pues, Harry no se lo piensa dos veces y, acompañando de Ron, su mejor amigo, se dirige a Hogwarts en un coche volador. Pero ¿puede un aprendiz de mago defender la escuela de los malvados que pretenden destruirla? Sin saber que alguien ha abierto la Cámara de los Secretos, dejando escapar una serie de monstruos peligrosos, los tres amigos tendrán que enfrentarse con arañas gigantes, serpientes encantadas, fantasmas enfurecidos y, sobre todo, con la mismísima reencarnación de su más temible adversario.

CRÍTICA:

La siguiente entrega de las aventuras de Harry Potter no defrauda. En realidad supera a la primera en ingenio y va camino de convertirse por derecho propio en un clásico de la literatura juvenil. Esta vez Potter tiene que hacer frente a otro curso escolar en la escuela de magia, a un monstruo invisible que ronda por la escuela a la caza de estudiantes y a un insufrible profesor de la asignatura de Defensa contra las Artes Oscuras. Insufrible en el sentido de creído; los buenos viejos enemigos de la escuela son una bendición comparados con este arrogante fotogénico. Y además, la Cámara de los Secretos, lugar donde reside una amenaza de limpieza étnica para con los estudiantes: uno de los fundadores de la escuela no estaba demasiado contento con que se enseñara magia a los que no provenían de familias de magos... y parece que dispuso las cosas para cortar por lo sano.

Este libro continúa allí donde terminó el primero y sigue atando los cabos sueltos de este: ¿Porqué expulsaron de la escuela a Hagrid, el encantador guardabosque? ¿Qué hizo Lord Voldemart mientras estudiaba en la escuela de magia? ¿Qué ocurre si se le hace tragar a una salamandra una bengala? Rowling derrocha ingenio con los diálogos (especialmente los de los gemelos Weasley) y las situaciones: un fantasma que no es admitido en un selecto club de decapitados por no estar lo suficientemente decapitado (siguiendo con la crítica de los sistemas de clases), el cultivo de mandrágora (de bebés chillones a adolescentes con acné), un mago empleado de un ministerio que regula el uso de magia sobre objetos mundanos que está fascinado con la mecánica (hasta el punto de hechizar un coche para que vuele) y que en palabras de sus hijos, si hiciera una inspección en su propia casa tendría que detenerse. Y la sombra de Lord Voldemart dando vueltas por todos lados...

La novela hace una crítica en su propio universo ficcional de los mecanismos de la segregación de una manera bastante efectiva, con la suficiente presencia para resultar una parte importante de la novela pero con el ingenio de no convertirla en un panfleto dirigido a niños sobre las virtudes de la tolerancia -después de todo, hay algunas personas que no pueden ser toleradas de ninguna manera, tales como Draco Malfoy, condiscipulo de Potter o la familia de éste. Y la trama es absorbente, mezclando la pura fantasía con la investigación detectivesca de una manera que recuerda a la de Enid Blyton. Después de todo, es la intención de la propia autora la de rescatar lo mejor de lo que ella leía cuando era joven, de recuperar ese espíritu de antes en la narración infantil. Otro detalle interesante de estos libros es su atemporalidad. Hay coches, aviones y teléfonos, pero no hay indicaciones exactas de fechas o de otras tecnologías, transcurren en algún lugar del siglo XX, y probablemente en Inglaterra, aunque el espacio de ficción es lo suficientemente amplio para adaptarse a cualquier lado... Cualquiera en casi cualquier lugar puede identificarse con Harry Potter, y supongo que este es el gran mérito de este libro.

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Harry Potter y el Prisionero de Azkaban

Por la cicatriz que lleva en la frente, sabemos que Harry Potter no es un niño como los demás, sino el héroe que venció a lord Voldemort, el más temible y maligno mago de todos los tiempos y culpable de la muerte de los padres de Harry. Desde entonces, Harry no tiene más remedio que vivir con sus pesados tíos y su insoportable primo Dudley, todos ellos "muggles", o sea, personas no magas, que desprecian a su sobrino debido a sus poderes.
Igual que en las dos primeras partes de la serie -"La piedra filosofal" y "La cámara secreta"- Harry aguarda con impaciencia el inicio del tercer curso en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Tras haber cumplido los trece años, solo y lejos de sus amigos de Hogwarts, Harry se pelea con su bigotuda tía Marge, a la que convierte en globo, y debe huir en un autobús mágico. Mientras tanto, de la prisión de Azkaban se ha escapado un terrible villano, Sirius Black, un asesino en serie con poderes mágicos que fue cómplice de lord Voldemort y que parece dispuesto a eliminar a Harry del mapa. Y por si esto fuera poco, Harry deberá enfrentarse también a unos terribles monstruos, los "dementores", seres abominables capaces de robarles la felicidad a los magos y de borrar todo recuerdo hermoso de aquellos que osan mirarlos. Lo que ninguno de estos malvados personajes sabe es que Harry, con la ayuda de sus fieles amigos Ron y Hermione, es capaz de todo y mucho más.

CRÍTICA:

Las entregas de Harry Potter crecen con el público. En todos los sentidos. No sólo con el público supuestamente infantil al que iban directamente destinadas sino que también crecen conforme más adultos leen las obras de J. K. Rowling. Este libro es un buen ejemplo de ello. Una fantasía juvenil que sin embargo es lo bastante "madura" para que casi cualquier lector pueda disfrutarlas. Y no sólo disfrutarla, sino que parte de su atractivo está en la forma en la que obliga al lector a reflexionar sobre la trama de la novela, a desaprender todo lo que ha conocido sobre la misma serie antes y como enfrentarse ante los dilemas, situaciones y complejidades que salpican la vida de Harry Potter.

Para ser una serie de novelas destinadas a un público juvenil, Rowling hace gala de un sano y absoluto desprecio por lo políticamente correcto: la gente la palma de maneras verdaderamente espantosas y a veces los villanos quedan sin castigo, los adultos son aún peores que algunos niños y la visión del mundo es tanto dulce como amarga al mismo tiempo; se ignoran los valores morales inculcados que normalmente se asocian a la literatura juvenil: Potter debe tomar sus decisiones él mismo, actuar a-legalmente e incluso i-legalmente para mantener un equilibrio entre el mundo y su propio sentido
de la justicia que es interno al personaje y no aparece dado por ninguna figura mentora (aunque las hay, pero como representantes del poder establecido, Potter se encuentra en la incómoda situación de tener que moverse al margen de tales poderes). Y sobre todo, Potter se equivoca y actúa con responsabilidad frente a sus errores. En el mundo de Potter no hay Hadas Madrinas para sacarle las castañas del fuego, cosa extraña tratándose de una fantasía mágica de niños hechiceros y malvados todopoderosos. Pero es un mundo duro, pese a todo, adulto, en el que existen guerras y víctimas inocentes y traiciones y venganzas, y a veces no es posible el final (completamente) feliz.

Sirius Black, un personaje mencionado de pasada en el primer libro de la serie, escapa de la terrible prisión donde se le ha encerrado por su asociación con Lord Voldemort, el villano arquetípico del mundo de Harry Potter, y por haber provocado una gran cantidad de muertes de inocentes ciudadanos en su ciega rabia (y además, traicionó a los padres de Harry). Es imposible que haya escapado. Es imposible que haya permanecido cuerdo. Pero ha hecho ambas cosas y su próximo objetivo parece ser el mismísimo Harry Para entender la necesidad que siente este personaje de temible nombre de acercarse a él, Potter tendrá que indagar en el pasado, un pasado cuyas heridas aún están demasiado recientes en el mundo que le rodea (y en él mismo: la muerte de sus padres) para obtener una nueva visión de la Historia que le concierne, que en el mundo de Harry Potter se haya sujeta a un continuo revisionismo histórico sin llegar por ello a constituir un libro de non-sequiturs. Al contrario, Rowling cambia las reglas, pero lo hace siguiendo unas reglas más grandes que el conjunto de ellas que gobierna la narración individual de los libros como entidades separadas, Rowling escribe de acuerdo con unas reglas que afectan a toda la narración como un conjunto orgánico, que crecen y que culminan en una novela que tiene una peculiar maestría, un estilo brillante dentro del género (el juvenil) que ha elegido, si es que ha elegido género y no se está inventando uno nuevo, el Bildungsroman de género: de libro infantil a libro casi adulto. En vez de la novela de educación de personaje, Rowling educa al género en el que escribe llevándolo poco a poco a la madurez. En esto tiene algo en común con otro libro de una escritora más conocida: Ursula K. Leguin. Su libro Un mago de Terramar comparte ese pulso aparente en Rowling de una novela más adulta amenazando con aparecer entre las páginas de una fantasía juvenil, para desasosiego del lector desprevenido.

Un asesino suelto, un peculiar (y por una vez eficiente) profesor de Defensa Contra Las Artes Oscura (la asignatura maldita de la escuela de magia), el profesor Romus Lupin, el desarrollo del personaje de Potter (sus amistades, ambiciones y enemigos incluyendo al inaguantable Draco Malfoy y a Severus Snape, Profesor de Pociones) y una increíble denuncia de las paraciencias, ¡dentro de un libro que habla de magia!, son los elementos argumentales con los que J. K. Rowling construye la hasta la fecha mejor novela de Harry Potter. Y es más oscuro de lo que creéis. Licantropía, traiciones, intrigas, muerte, una prisión mágica con unos guardianes que hacen que los cenobitas de Clive Barker parezcan un poco como aficionados ¡dentro de un libro para niños! y el miedo al miedo mismo -una imagen recurrente dentro de la novela- son los ladrillos temáticos con los que remata la faena de esta pequeña obra maestra, en la que hay una apología de la inocencia -en el sentido de libre de crimen- y una demoledora demostración de que no es suficiente para no ser declarado culpable.

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Quidditch a través de los tiempos

Si alguna vez te has preguntado de dónde proviene la Snitch dorada, cómo adquieren vida las bludgers o por qué los Wigtown Wanderers llevan un cuchillo de carnicero dibujado en el uniforme, entonces querrás leer este libro. Esta edición limitada es una copia del ejemplar que está en la biblioteca del Colegio Hogwarts y que los jóvenes fanáticos del quidditch consultan casi a diario.

Los beneficios de la venta de este libro se destinarán a Comic Relief, que utilizará tu dinero para continuar salvando y mejorando vidas, un trabajo que es aún más importante y sorpredente que los tres segundos y medio que tardó Roderick Plumpton en capturar la Snitch dorada en 1921.

 

Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos

Hay un ejemplar de Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos en casi todos los hogares magos del país. Ahora, sólo por cierto tiempo, también los muggles pueden descubrir dónde viven los quintapeds, qué come el puffskein y por qué es mejor no dejar leche fuera de casa para un knarl.

Lo que se origine de la venta de este libro se destinará a Comic Relif, lo que significa que los euros, dólares y galeones que pagues por él producirán una magia que está más allá de los poderes de cualquier mago. Si consideras que ésta no es razón suficiente para desprenderte de tu dinero, sólo me queda confiar en que, si alguna vez te ataca una mantícora, los amgos que anden cerca se sientan más caritativos.

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