Tarde apacible,
casi dominguera. Un enjambre de vendedores de camisetas nos hacen unos
pases mientras bebemos unas litronas antes de pasar a la plaza. Ya bajo
la sombra del cascarón aparecen en escena los más jóvenes
de la jornada: MAGO DE OZ. Dieron de sí todo lo que pudieron; muy
buena música ante un público entregado que en todo momento
intentaba emular al voceras del grupo (magnífico!). Además
de eso hubo algunos extras, como la malla-peto-aeróbic-rosa-fosforito
del batería o la panza a flor de camiseta del violonero. Una pena
la falta de luces y el mal sonido, pero vaya, unos cuantos bailables cayeron.
Al poco
apareció en escena el loco de Jose Carlos Molina ataviado cual bufón
de la corte y sus “¿nuevos?” ÑU. El vestuario del grupo no
tenía desperdicio. Como sacados de una representación de
instituto de Romeo y Julieta. El sonido mejoró y así pudimos
oir la maravillosa música de estos juglares; auténticos himnos
pertenecientes al heavy metal del medievo: la maravillosa Imperio de paletos,
la granja del loco, trovador de ciudad... Destacar el set acústico
con el Molina al laúd, la espada toledana que desenfundó
para cantar, como no, la espada y... la macro-bandera española que
sacó mientras se giñaba en los grupos guiris y en la organización
porque no le encendía las luces. El grupo sonó más
como antaño, no tan técnico como cuando estaba el Kakutani
ese.
Y de pronto, comienzan a rugir en la plaza los motores del avión
de su excelencia el BARON ROJO. El aterrizaje es tremendo: durante los
primeros acordes (la 1ª canción fue “Barón Rojo”) la
gente se inclina ante ellos como si fueran dioses. Para colmo, el cañón
de Armando de Castro lleva puestas en todo el frontón unas auténticas
gafas de aviador. Flipante. Después continuaron con Incomunicación,
metiendo más caña que un martillo neumático. Poco
a poco fueron cayendo todos los clásicos: Son como hormigas, Cuerdas
de acero, Los rockeros van al infierno (My heart is full of rock!, cantaba
alguno), y dos sorpresas que no me esperaba: Armando se cantó dos
temas (ya cantados por él en discos antiguos): Hermano del R`n`R
y Anda suelto Satanás (compuesta por Luis Eduardo Aute!). Llevaban
un batería que aporreaba muy, muy fuerte; al bajo estaba un exNiágara
(Manolo Arias, creo). Carlos de Castro, con la calva bajo un pañuelo
de pirata cantó muy bien, pero no es que sea muy comunicativo este
hombre.
Y ya por fín era la hora de los más grandes de la noche.
Como salidos de un museo de cera los DEEP PURPLE aparecieron tocando Pictures
of home, para después pasar a Women from Tokio, el acabose llegó
con Space Truckin`. Ian Gillan estaba pletórico, lleno de “swing”.
Se ha cortado el pelo y parecía el John Wayne. No paró de
contonearse por el escenario; parecía “la diva del hard-rock”: Incluso
cantó uno versos de Jesucristo Chuperestar al final de una canción
(take away this cup from me, `cos I don`t want to taste its poison), todo
muy bonito. El John Lord parecía un obispo, detrás del Hammond,
que hacía de altar. Todo el grupo estuvo muy bien, las canciones
sonaron de maravilla. También hubo un tema recuerdo para THIN LIZZY
y el pelma del Steve Morse se marcó un solo de guitarra a base de
pequeñas melodías de las más clásicas canciones
rockeras de la historia para, finalmente, dar paso al más famoso
de los riffs que han salido de una guitarra: el de Smoke on the Water,
casi ná. El pueblo pedía más, salieron, hicieron unos
bises, y a los autobuses, que ya estaba bien de viajar en la máquina
del tiempo.