Grupo Scout Alba Lis
 

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Grupo Scout Alba Lis
Montaña

   
       
 
El Grupo Scout Alba-Lis que naciera allá en 1971, ha dicho el dia 18 de Febrero del 2006 un "hasta luego".
Han sido muchas las experiencias vividas, muchas ilusiones y esfuerzos compartidos, que sin duda, merecieron la pena.
A todos vosotros, que sois miembros de algún grupo scout, que tenéis más o menos responsabilidad dentro de vuestro grupo, quisiera deciros que el escultismo es milagroso, todo el tiempo invertido que no es poco, vuelve multiplicado en satisfacciones. Es un camino, que nos hace ser mejores, disfrutar más de la vida y construir un mundo mejor.
En Alba-Lis, tenemos por símbolo el morado y el amarillo que significan trabajo y alegría, para nosotros siempre fueron los valores referente para tirar hacia adelante, para superar las dificultades con alegría.
Si tuviesemos que dejar un legado, una lección que poder dejar a los demás sería esa "Trabajo y alegría"
Y así nos despedimos de todos vosotros con un fuerte apretón de mano izquierda y deseandos en vuestra vida scout:
¡Buena Caza y Largas Lunas!.
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Jose Luis Alonso Sanchez, Monitor de Pioneros 1992.

Estoy recopilando fotografias,videos y documentacion, para hacer una web del grupo Scout Alba Lis.

Telefono: 696 87 17 83.
email: adptresmares@yahoo.es


 
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D. Maximiano Santiuste Arce Sacerdote
(1931-2001)

Colegio María Auxiliadora
Salesianos, Santander

Al mediodía del 30 de diciembre de 2001, fallecía en esta casa, a los 70 años
de edad.

BIOGRAFÍA

Maxi había nacido en Burgos el 7 de febrero de 1931, en el seno de una familia castellana marcada por la religiosidad y el trabajo. Su padres fueron
Benjamín y Adelma. Él era labrador y ella, maestra. El matrimonio tuvo doce hijos,
pero sólo sobrevivieron seis: Gloria, Milagros, Rafa, Maxi, José María y Carlos. Las dificultades de la posguerra influyeron notablemente en la vida familiar.

LA PERSONALIDAD DE MAXI
Nuestra existencia está afectada por la gracia divina, que se manifiesta de
múltiples maneras en las criaturas. El creyente sabe y experimenta que es tan
grande la bondad de Dios para con nosotros que quiere que sus dones aparezcan
como méritos nuestros. Maxi fue un signo y un testigo de esta bondad divina.
Como cualquier ser humano tuvo sus límites y debilidades, pero todos ellos
quedaban postergados cuando contemplábamos los dones con que Dios lo agració y
que él supo cuidar y poner al servicio de los demás. Destaco algunos de los que
marcaron profundamente su personalidad.

Una gran humanidad
Todo salesiano ha de ser un experto en humanidad. Esto fue una realidad
notable en Maxi. Él no fue un intelectual, ni un hombre brillante en sus
exposiciones o en su misma forma de presentarse y de relacionarse. Pero era
cercano a todos: a los niños, a los jóvenes y a los adultos... Tuvo una gran facilidad
para caer bien y para hacerse querer. Se adaptaba a sus interlocutores. Entretenía
a los más pequeños, compartía con los jóvenes, conversaba o jugaba a las cartas o
al dominó con los mayores. Era un hombre del pueblo y para el pueblo.
Gracias a su gran humanidad, Maxi supo llegar al corazón de muchas
personas. Nos ha llamado la atención el gran cariño que le manifestaban sus
antiguos alumnos, casi todos provenientes de la Formación Profesional. Durante su
enfermedad recibió cartas y visitas de muchos de ellos, de sus novias o de sus
esposas. Algunas de estas cartas estaban llenas de afecto y de gratitud. Maxi, que
también era muy afectivo, las recibía y las escuchaba sin darles importancia.
Cuando iba a Ubierna, todos los chicos del pueblo estaban pendientes de él. Se
juntaban en la puerta de la casa familiar llenando el tiempo y la noche con cánticos
e historias. Organizaba paseos y salidas al monte, llevando tras de sí a toda la
chiquillería del pueblo. Allí era el “tío Maxi”.
Era un gran conversador y tertuliano. Se sentía a gusto si estaba
acompañado. Convirtió una zona del desván de la casa en un invernadero donde
cuidaba y catalogaba una notable variedad de plantas. Regalaba gran parte de
ellas, por lo que le servían para afianzar el afecto y la amistad. Durante los últimos
años de su vida, tuvo que ser internado bastantes veces en la clínica Mompía de
Bezana, próxima a Santander. Conocía cada rincón del lugar y se relacionaba
cariñosamente, y también entre bromas y guasas, con su personal. Algunas
enfermeras lucen en sus casas frondosas plantas regaladas por él. Cuando Maxi
volvía a la clínica se encontraba con el afecto de mucha gente que lo recordaba y lo
quería.
Los salesianos de esta casa también nos hemos beneficiado de la gran
humanidad de Maxi. Generaba un clima de alegría en la comunidad. No era discreto en el tono de su voz. Su buen humor animaba el ambiente. Seguidor desbordante del Real Madrid, siempre estaba a punto para un comentario chulesco, provocador o bromista a la vez. Estaba siempre dispuesto a animar las sobremesas comunitarias, que alargaba con sus cantos y con sus alegres tertulias.
Cuando había tiempo para ello, era el primero en organizar la partida de cartas o
de dominó. Le gustaba promover paseos comunitarios, que luego preparaba
concienzudamente. Estos y otros detalles, así como su carácter bonachón, hacían
que los hermanos lo trataran con cariño (algunos lo llamaban “abuelo”), pasando
por alto sus defectos.
Una concreción de la gran humanidad de Maxi fue su gran sentido práctico.
Una vez jubilado, asumió el mantenimiento más sencillo de la casa. Cambiaba
lámparas, acometía pequeñas reparaciones, realizaba sencillas instalaciones
eléctricas... Era el “chapucero” oficial del Colegio. Esto le gustaba y le entretenía a la vez. Le hacía sentirse útil y próximo a los demás. Se había hecho de una
colección de herramientas que le servían en estos trabajos. Los albañiles, fontaneros, carpinteros o electricistas que hacían sus obras en la casa siempre encontraban en él consejos prácticos sobre lo que deberían realizar. Este deseo de arreglar todo se mostraba en cualquier sitio. Incluso en las consultas médicas reparaba cerraduras y luces, colocaba cuadros, etc, provocando la sorpresa y la gratitud de médicos y enfermeras, que, a su vez, lo trataban con gran cariño.
Maxi se hizo querer. Cumplió así el ideal de todo salesiano, tal como lo vivió
Don Bosco. A pesar de estar jubilado, a pesar de su enfermedad, Maxi no estuvo
solo. Fue capaz de crear una cadena de solidaridad y cariño a su alrededor.

Humanidad impregnada del carisma salesiano
Pero Maxi no fue sólo una persona simpática y agradable. Su gran humanidad adquiere auténtica dimensión desde su vocación salesiana. Este
hermano vivió la mayor parte de su vida desde las claves propias del espíritu de
Bosco. Como buen salesiano, entendió que su vida consistía en vivir con los
jóvenes como educador-pastor a tiempo pleno. Este “estar con los jóvenes” de modo
significativo lo realizaba como persona. El vivir con ellos se concretaba, según el
caso, en animación pastoral, en preparación cuidada de las clases (de religión, de
matemáticas y física y química), en convivencia en el patio, en animación del
tiempo libre... Muchos de sus alumnos de Formación Profesional lo escogieron
como sacerdote de la celebración de su matrimonio.
Esta dedicación salesiana a los jóvenes tuvo un hito significativo en el grupo
scout Alba-Lis, fundado y animado por Maxi durante años. Sólo lo dejó cuando las
fuerzas le fallaron y cuando sus pies no pudieron realizar las marchas organizadas
por el grupo. Llamaba la atención que, con su edad ya avanzada, se comprometiera
a buscar lugares de acampadas (tenía una gran facilidad para ello) y que
participara en las mismas como un auténtico animador. Entre sus pertenencias,
hemos encontrado abundante material de programaciones de campamentos, de
temas formativos impartidos en los mismas, de actividades al aire libre, de
veladas... Parecía que gran parte de lo que hacía estaba improvisado, pero no era
así. Puso una gran dedicación e ilusión en este grupo scout, con el que se sintió a
gusto de verdad. Tenía entre los chicos un notable prestigio, fundado en su gran
corazón. Su despedida del grupo fue solemne y emotiva. El 18 de julio de 1998 fue
objeto de un homenaje impregnado de cariño y gratitud “por todos los años (que
estuvo) al frente del Grupo Scout Alba-Lis”. Estos sentimientos no disminuyeron
D. Maximiano Santiuste Arce Sacerdote
con el tiempo. El grupo scout Alba-Lis, con sus pañoletas al cuello, veló el cadáver
de Maxi desde el primer momento, tomó parte activa en el funeral y despidió sus
restos en el mismo cementerio. Hicieron público su cariño a su fundador
publicando una esquela en la que aparecían como “tus hijos scouts”. Maxi fue
recordado como padre cuando todos dábamos gracias a Dios por su vida.
No quisiera pasar por alto otro elemento significativo del espíritu salesiano
de Maxi: su devoción a María Auxiliadora. Ésta se demostraba, no tanto en la
narración de vivencias o en el pronunciamiento de grandes discursos, sino en múltiples detalles sencillos, en consonancia con su espíritu práctico. Todo lo referido a la Virgen de Don Bosco le tocaba el corazón. Se preocupaba de que la
corona de la Virgen que preside el edificio del Colegio estuviera debidamente
iluminada los veinticuatro de cada mes y durante el mes de mayo. Quería que esta
imagen de María Auxiliadora fuera divisada por toda la ciudad y exteriorizaba su
alegría cuando algún antiguo alumno le decía que la veía desde Pedreña o Somo,
localidades situadas al otro lado de la bahía. Cuando se aproximaba la novena y la
fiesta de María Auxiliadora, se preocupaba de adornar el patio del colegio con
múltiples banderas y con crespones gigantes con su imagen. De este modo contribuía a crear un ambiente de alegría alrededor de una fiesta con gran resonancia en la ciudad. Sin contar con nadie, él solo, recogiendo muchos tubos fluorescentes y otro tipo de lámparas, dedicando a ello mucho tiempo, y casi en secreto, iluminó las cristaleras de la torre y de la cabecera de la iglesia. Todo el que venía hacia ésta por la noche contemplaba un espectáculo de luz y color, cuyo centro era una vidriera de María Auxiliadora situada en lo más alto. Algunas personas nos han dicho que nuestra iglesia desbordante de luz era una llamada a rezar a la Virgen. Maxi mejoraba contantemente la instalación. No tenía miedo a subirse al tejado, incluso utilizando escaleras inestables, lo que, a veces provocaba nuestras riñas. Y lo hizo hasta el final de sus días. El día de su muerte, aunque llovió por la tarde y por la noche, nos preocupamos de que todo estuviera
encendido como memoria de su devoción a María Auxiliadora.
Sus restos fueron depositados en la capilla de la comunidad. Muchas
personas pasaron por ella durante toda la tarde, hasta muy entrada la noche, y
durante la mañana siguiente. Percibimos, de nuevo, que eran muchos los que se
habían sentido queridos por Maxi. Destacaban los jóvenes del grupo scout Alba-Lis.

Fuente: Boletin Oficial del Obispado.